Disclaimer: Esta historia está inspirada, en parte, en el universo detallado en la saga cazadores oscuros de Sherrilyn Kenyon, mezclado con el universo de Harry Potter de J.K Rowling. Salvo algún que otro personaje de mi invención, todos los ambientes, personajes, argumentos, hechizos y todo lo reconocible pertenece a las dos autoras, yo solo los tomo los mezclo y agrego cosas.

**CLARACIÓN: NO ES NECESARIO LEER O HABER LEIDO LA SAGA DE CAZADORES OSCUROS PARA ENTENDER LA HISTORIA, YA QUE LAS PARTES IMPORTANTES DE LA TRAMA SERÁN EXPLICADAS. **

*SI LEISTE LA SAGA: puede que algunos personajes y/o destinos de los mismos hayan sido levemente modificados por el bien de esta trama.*

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Epílogo:

Draco observaba, asombrado, el dorado anillo de casado en su mano izquierda. Aun no podía creer que el destino hubiese puesto nuevamente a Hermione en su camino y le hubiese permitido conservarla para siempre.

Había pasado poco más de diez meses desde aquella fría noche de diciembre, en la que una aguerrida y muy enojada mujer había descendido de su motocicleta en el estacionamiento del santuario y lo había retado, con su mirada, para que la insultase.

Habían pasado diez maravillosos meses de ella intentando estructurar su caótico nuevo mundo. En ese tiempo ellos no habían vuelto a separarse. Hermione lo había estado ayudando aceptar y desarrollar sus habilidades de lucha, ahora que ambos habían perdido la capacidad de hacer magia con varita.

Hermione aun conservaba los poderes de sus días como cazadora oscura, pero la magia no había vuelto cuando recuperó su alma. El núcleo mágico estaba vinculado a la energía vital, y dado que ella había estado por tanto tiempo en un estado de "muerte reanimada", su magia había decaído definitivamente.

Draco había tenido unos días bastante malos intentando usar la aparición y teniendo que caminar para buscar cada uno de los objetos que necesitaba y estaban fuera de su alcance. Hacía años que no montaba en escoba, pero al saber que no podría hacerlo nunca más, también lo había deprimido un poco.

A veces tenía ese hormigueo en su mano, como si la magia aun estuviese allí. Según Hermione aquello podría ser como el síndrome del miembro fantasma, que sienten algunas personas con partes de su cuerpo amputadas. Draco intentaba disimular la molestia, pues Hermione sentía culpa porque Apollymi había tomado su magia a causa de ella.

Ambos habían tenido problemas para adaptarse a sus nuevas condiciones y sobre todo Xamira, que era demasiado joven y nunca antes había estado vinculada a nadie. La demonio había necesitado de varias conversaciones profundas con Simi para aprender cuales eran los síntomas de peligro inminente, en el cuerpo de su Akri.

Draco y Hermione habían estado bastante horrorizados cada vez que Xami aparecía de la nada en la habitación, ya sea emergiendo del cuerpo de Draco o entrando por la fuerza al cuarto, cuando ellos tenían sexo. Los carontes vinculados monitoreaban constantemente los latidos del corazón de sus akris, y para Xami era difícil diferenciar una agitación debido al peligro, de una debido a otras actividades más placenteras.

Acheron había deseado con fuerza que la tierra decidiese abrirse bajo sus pies, y lo tragase, cuando Simi le explicó a la demonio de Draco como distinguir el miedo del sudoroso sexo humano. Por suerte Draco y Hermione habían resultado ser discretos en extremo y no habían hecho preguntas sobre como Simi había aprendido todo aquello.

Habían sido los diez meses más asombrosamente locos de su vida, y eso era mucho decir dado que él había estado viviendo por diecisiete años con una manada de osos Katagaria, en un santuario que cobijaba a toda clase de seres mitológicos.

Como Acheron había previsto, mamá Nicolette lo había buscado la semana siguiente de que Hermione hubiese regresado y les había dado la bienvenida nuevamente al santuario. Aunque para ser más exactos, ella había exigido que Draco volviese a casa, con su familia.

Todos los Peltier habían estado extremadamente felices de verlo regresar, y habían recibido a Hermione como si ella fuese una más del clan. Que la hubiesen recibido de aquella forma implicaba que sus hermanos la protegerían, incluso con sus vidas, si a él le pasaba algo algún día.

Las mujeres de sus hermanos, y sus hermanas Aimee y Kayla inmediatamente habían congeniado Hermione, y ella había aceptado unirse a ellas en la noche de chicas que organizaban cada cierto tiempo.

Todo había resultado perfecto luego de que Apolo huyese, y ahora ellos estaban casados y festejaban en el gran salón del club. La cerveza corría como ríos y Xamira diezmaba el banquete junto a Simi.

Hermione lo abrazó desde atrás y lo apretó con fuerza.

- ¿Qué estás haciendo aquí tan solo?

Draco se dio vuelta para poder contemplarla aun enfundada en su vestido de novia. Había un dicho muggle que decía "donde fueres, haz lo que vieres", y Hermione había decidido acatarlo al pie de la letra.

Dado que la boda se realizaría en un bar de motociclistas, ella había optado por un sencillo vestido blanco que resaltaba todas sus hermosas curvas, y para cubrir sus hombros usaba una campera de cuero negra que hacia juego con sus botas de tacón que, Draco sabia, tenían escondidas armas como para conquistar un pequeño país por la fuerza.

- observaba todo esto- Señaló a la pista con su mano.- y pensaba en ti, en nosotros.

Ella le dedicó una sonrisa que lo desarmó y a la vez lo hizo sentir el ser más poderoso de la tierra.

- ¿tú también quieres que abandonemos la fiesta y salgamos corriendo?

Él soltó una carcajada. Hacía diez meses que dividían su tiempo entre el santuario, katoteros y el pantano, pero ella aun no se sentía demasiado cómoda rodeada de tanta gente.

- ¿queee?, Solo cuatro personas de esa monstruosa multitud son invitados míos, el resto son tuyos.

De todos los cazadores oscuros que Hermione había conocido a lo largo de su vida, solo algunos perros de la guerra habían podido asistir, dado que los demás se hallaban lejos y no eran lo suficientemente fuertes como para estar cerca por demasiado tiempo.

Chi y Janice habían sido las primeras en confirmar su asistencia a la boda y Patroclo les había enviado un regalo que, según la nota, debían abrir en privado.

Draco le pasó el brazo por los hombros mientras Hermione lo guiaba de nuevo hacia el interior de la pista de baile. Al ritmo de los Howlers, la banda residente del Santuario, los ciento cincuenta miembros del clan Peltier bailaban, comían y hablaban. Papá y mamá Peltier estaban sentados en una mesa con la mujer de Dev, Sam, riéndose de
alguna cosa que Xamira había dicho.

Luego de un par de canciones, Hermione dejó a Draco por un momento para acercarse a Chi, quien había estado conversando muy animadamente con Quinn, uno de los hermanos de Draco que aun no se había emparejado.

Remi, Zar, Savitar y Acheron lo rodearon. Eros, el dios griego de la pasión, lo felicitó.

- te has sacado la lotería chico. Esta es de las que merecen la pena.- dijo Eros y luego observó sobre su hombro. – pero no le digas a Psique que dije eso porque me hará dormir un milenio en el sofá.

Draco sonrió y luego asintió. Hermione definitivamente valía toda las penas.

- así, es. Ella lo vale.

Demonios –le dijo Zar con tono melancólico–. Voy a echar de menos nuestras chácharas de las tres de la mañana y nuestras competencias por quien lanzaba más lejos al borracho.

Draco sonrió al recordar las divertidas noches que había pasado custodiando las puertas del club. Los Peltiers aun no estaban al tanto de que él y Hermione habían decidido trabajar en el bar mientras Acheron no los necesitase.

- Deja de llorar Zar. No he muerto, y ten por seguro de que estaré aquí presente cada vez que haya que arrojar borrachos por la puerta trasera.

Zar Peltier, el oso Katagaria que guardaba una gran semejanza con Draco, lo despeinó y le dio uno de sus fuertes abrazos que hubiese roto los huesos de hombres menos entrenados que él.

Acheron bebió un sorbo de cerveza.

- ¿Qué piensas hacer ahora que eres un señor casado?

Draco observó a Hermione, que había tomado a uno de los cachorros más pequeños, hijo de Remi, y bailaba con él. Algún día ella seria, nuevamente, una madre estupenda.

- viviré mi vida. Procuraré que Xamira no se coma a ningún turista y curaré tu feo trasero cada vez que alguien decida patearlo…

Para todos los efectos, Draco era el nuevo escudero oficial de Acheron. Todos los cazadores oscuros estaban al tanto de eso. Ash había pasado once mil años sin tener un escudero, así que todos habían estado en extremo sorprendidos cuando el antiguo mago fue puesto en la nomina. Aunque como todo, con el tiempo el asombro pasó.

Draco y Ash rieron hasta que Hermione se acercó a ellos con expresión contrariada.

- ¿Qué pasa nena?

- mmmm… creo que deberías ver esto.

Ambos hombres la miraban expectantes.

- ¿el qué? - la instó Draco.

- hay una flota de furgonetas de entregas de paquetes estacionadas en la entrada del club.

Todos se miraron, extrañados, antes de encaminarse a la puerta, donde siete furgonetas esperaban alineadas mientras sus conductores descargaban paquetes de las partes traseras.

Uno de los conductores se acercó a Draco.

- ¡Hola! – Saludó – Estoy buscando a la señora Hermione Peltier.

Dado que Draco usaba el apellido de los osos, Hermione había tenido que conseguir todo un juego de identificaciones nuevo. Por doscientos años ella no las había necesitado, pues vivía de noche y eran sus escuderas quienes se encargaban de cualquier papeleo que tuviese que hacer. Pero ahora, que volvía a caminar a la luz del día, necesitaba documentos que no dijesen cuan vieja era ella en realidad.

- Esa seria yo. - contestó Hermione.

- bien. ¿Me dices donde podemos dejar la mercancía?

El conductor le entregó un recibo con los nombres de todos los que enviaban objetos.
– Kyl Smith, Scorpio, Dragon, Patroclo, Zoe, Blade Fitzwalter, Diana Porter, Cael, Brax, Samia, Arien, Kyros, Rogue, Kell, Xander St. James, Alexei Nikolov, Badon Fitzgilbert...

La lista seguía y seguía con los nombres de todos los cazadores oscuros que Hermione había conocido y sobre todo de todos aquellos Perros de la Guerra con los que había combatido desde su renacimiento como Cazadora oscura.

- ¿sabes una cosa Draco? - comentó Ash entre risas – Creo que deberías empezar a construir una casa más grande.

- Si. – afirmó Zar, pensando en la enorme mesa de regalos que ya tenían dentro de la casa. - pero espera a que tengan hijos. Apuesto lo que quieras a que será el doble de esto.

Todos estallaron en carcajadas y Hermione se acercó más a Draco mientras él la rodeaba con los brazos.

- Creo que tus amigos cazadores van a echarte de menos. ¿Estás segura de que no te arrepientes de haberlo dejado?

Hermione se elevó en puntas de pie y le dio un ligero beso en la mejilla.

- para nada. ¿Y tú?

- Jamás.

Acheron observó cómo los recién casados se perdían en el interior del club, sin dar ningún tipo de explicación.

¿Apostamos dónde van? –preguntó Zar.
Ash se rió.
Yo no apuesto. Ya lo sé. –Se dio la vuelta para mirar al conductor y le dijo que dejara los regalos en el salón– Creo que mi regalo de boda va a ser contratar a una compañía que se encargue de desenvolver paquetes.
Voy a decirles dónde colocarlo todo para que Mamá no se cabree cuando vea todo esto. – Dijo Zar
Te ayudo. –le dijo Eros.

Ash los observó alejarse; Zar abría la marcha delante de los
conductores y Eros los seguía a un paso más tranquilo. Savitar, como siempre, había desaparecido sin rastros. Mientras tanto, a sus oídos llegaban los sonidos de la oscuridad y de la noche que conocía tan bien. De repente, sintió un ligero estremecimiento a sus espaldas.
Se trataba de una presencia que conocía mucho más íntimamente que la misma noche.
Apuró la botella de cerveza antes de hablar.
– ¿Qué estás haciendo aquí, Artie? No sabía que estabas invitada.

Una mano delicadamente esbelta se posó en su hombro y su calor se filtró a través de su camisa negra. La diosa era de una altura poco común entre los humanos y se movía con la gracilidad y la sensualidad del viento. Era elegante y delicada. Y capaz de destruir cualquier cosa si se agitaba demasiado.

Soy una diosa –le dijo con su acento griego suave y refinado– No necesito invitación.

Acheron giró la cabeza y vio que Artemisa estaba a su izquierda. Su espeso cabello de color cobrizo brillaba bajo las luces de la entrada al club y esos ojos verdes, iridiscentes, lo miraban lanzando destellos.

Espero que hayas venido a desearles buena suerte –le dijo
Acheron.

Ella lo miró de soslayo mientras jugueteaba de forma distraída con un mechón de su cabello, recién teñido de negro. En sus labios se dibujaba una ligera sonrisa.

Por supuesto. Britomartis es mi hermana, después de todo. La pregunta es. ¿Y tú?

Ash se tensó por la indirecta.
– ¿Qué tipo de pregunta es ésa? Ya sabes que les deseo lo mejor.
–Sólo quería comprobar que ese pequeño monstruo de ojos grises, a la que llamas madre, no te metía ideas en la cabeza.
Él la miró con los párpados entornados.
–El único monstruo que conozco eres tú.

Ella jadeó al escucharlo, sin dejar de sonreír.
¡Ooooh! –Canturreó con un tono definitivamente erótico. - Acheron se está volviendo grosero con la vejez. –Apoyó la barbilla en su hombro y comenzó a acariciarle el mentón con una uña pintada de rojo– Menos mal que me gustas porque, de otro modo, ahora estarías estofado.
Ash dejó escapar un suspiro.

–Sí, qué suerte tengo… Y, por cierto, se dice "frito".

Artemisa nunca conseguiría adaptarse al vocabulario callejero, pero parecía disfrutar mucho usándolo. O, pensándolo bien, haciendo un mal uso de él. Acheron sospechaba que, en ocasiones, lo hacía intencionadamente para retarlo a que la corrigiera.

Mmm –murmuró ella, abrazándolo por la cintura en actitud retozona– Me encanta cuando te pones tan agresivo.
Acheron se alejó de ella.
- ¿a qué viniste en realidad?

Savitar decidió hacer una entrada triunfal y Acheron agradeció al universo por ello. Había estado disfrutando de la boda hasta que ella apareció par arruinar toda su diversión.

Artemisa –dijo el amigo de Ash, a modo de saludo.
Savitar –contestó, ella con frialdad– No sabía que estabas aquí.
Lo mismo digo. No sabía que a la diosa que tenía un voto de castidad y celibato le gustasen las bodas… - había suficiente veneno en la voz de Savitar como para matar una pequeña población.
Bueno –los interrumpió Acheron–. Ya veo que las presentaciones no son necesarias.
La diosa lanzó una amenazadora mirada a Savitar.
Sí, bueno. Me gustaría quedarme pero no puedo.

Antes de desvanecerse, se inclinó hacia Acheron y le susurró algo al oído. Él se quedó petrificado al escucharla. Artemisa se esfumó dejando un rastro vaporoso tras ella. A veces era la zorra más grande de la tierra. Savitar lo miró, alzando una ceja.
– ¿Qué te ha dicho?
–Nada.

Pero a Savitar le resultaba muy difícil de creer. Que la perra no le hubiese dicho nada para aguarle la fiesta era tan difícil como imaginar que Artemisa lo dejara en paz durante un tiempo.

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Hermione le apartó el rubio cabello del rostro a Draco mientras lo besaba en los labios. Su vestido de novia y la chaqueta de cuero yacían en el suelo, junto con las ropas de él. Ella aun permanecía con las botas puestas, ninguno había tenido la paciencia suficiente como para desprender la multitud de hebillas.

Ambos estaban enredados entre las sabanas de la cama del antiguo cuarto de Draco en la casa Peltier, anexa al santuario.

- ¿no crees que tu familia se ofenda por haber abandonado la fiesta? - Preguntó Hermione y Draco sonrió

- No lo creo. Al menos hemos venido a la habitación y no al cuarto que Dev insonorizó para llevar mujeres, cuando era demasiado urgente

Ella soltó una carcajada y, cuando él la besó, se olvidó del resto del mundo. Abajo, su fiesta de boda se estaba llevando a cabo y a Hermione no podía importarle menos.

- Hermione.- le dijo Draco mientras mordisqueaba la piel sensible de su cuello, justo bajo la oreja. - ¿En serio no echarás de menos ser cazadora oscura?

- en absoluto. ¿Y tú?

- yo nunca he sido un cazador.

Hermione arrugó graciosamente su nariz y luego pellizcó suavemente la piel desnuda del pecho de Draco.

- ya sabes a lo que me refiero. ¿Echas de menos ser un mago?

- a veces sí. Pero prefiero mil veces más poder estar contigo.

- ¿lo dices en serio?

Draco se incorporó para mirarla a los ojos. A esos ojos avellana que tanto amaba.

- Desde el fondo de mi alma y mi corazón. Si Apollymi hubiese tomado todos y cada uno de mis poderes, aun así seria feliz si tu estuvieras ahí para tomar mi mano.

Tibias lágrimas comenzaron a correr por las mejillas de Hermione. Había pasado siglos royendo su rabia y haciendo pagar la pérdida de su familia a cualquiera que se acercase. Solo había bastado reencontrarse con Draco para que su atribulado corazón encontrase la paz que antes no había tenido.

- Bien. - le susurró ella, besándolo de nuevo. - de todas formas me alegra que ella te haya dejado parte de tus poderes. Porque ahora, el bebé y yo, necesitaremos que nos cuides.

Draco se quedó helado.

-¿Qué?

Hermione sonrió de oreja a oreja. Guardar aquel secreto de un hombre capaz de realizar legeremancia, aun sin su magia, había sido extremadamente difícil. Solo Acheron había logrado convencer a Simi y a Xamira para que guardasen el secreto.

–Estamos embarazados, señor Draco. De ocho semanas.
Su nuevo esposo la besó con ansia y la encerró en un fuerte abrazo.
–Ésa, señora Hermione, es la mejor noticia que he recibido en la vida.

Ella le tomó el rostro entre las manos.
–Te amo, Draco Peltier, Malfoy o como sea que quieras llamarte. No quiero perderte jamás.
–Te amo, Hermione y te juro que jamás me apartaré de tu lado.

Hermione volvió a besarlo y supo, en ese momento, que sí existía lo de "ser felices para siempre". Aunque, para conseguirlo, hubiera que ser secuestrada por un dios y luego ser marcada como propiedad de otro.

Fin.

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n.a: hemos llegado al epilogo y casi todos han obtenido su felices por siempre. He estado pensando en hacer un episodio extra, en algunas semanas, con un post epilogo para Ash. Pero no estoy segura, lo dejaré sujeto lo que decidan quienes siguieron esta historia. No sé si les guste la idea o no, ya veremos. ¡HASTA LA PROXIMA!