Disclaimer: Esta historia está inspirada, en parte, en el universo detallado en la saga cazadores oscuros de Sherrilyn Kenyon, mezclado con el universo de Harry Potter de J.K Rowling. Salvo algún que otro personaje de mi invención, todos los ambientes, personajes, argumentos, hechizos y todo lo reconocible pertenece a las dos autoras, yo solo los tomo los mezclo y agrego cosas.

**CLARACIÓN: NO ES NECESARIO LEER O HABER LEIDO LA SAGA DE CAZADORES OSCUROS PARA ENTENDER LA HISTORIA, YA QUE LAS PARTES IMPORTANTES DE LA TRAMA SERÁN EXPLICADAS. **

*SI LEISTE LA SAGA: puede que algunos personajes y/o destinos de los mismos hayan sido levemente modificados por el bien de esta trama.*

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Acheron Parthenopaeus.

Monte Olimpo: Siete años después de la boda de Draco y Hermione:

Las puertas dobles del hall del palacio de Artemisa prácticamente saltaron de sus goznes cuando Acheron usó su poder para entrar a la fuerza. Ella estaba fuera de control y él no se había alimentado por demasiado tiempo. Ash era una bomba de tiempo a punto de explotar.

El sequito de la diosa, compuesto de al menos doce hermosas mujeres llamadas koris, salió corriendo entre chillidos al ver a un hombre penetrando el sancta sanctorum de Artemisa. Cualquiera diría que luego de once mil años ellas se acostumbrarían a verlo rondar por ahí. Al parecer no era el caso.

Ellas siempre solían hacer eso de chillar y correr cuando lo veían. Dado que Artemisa era una diosa "casta", sus sirvientas también lo eran y se ofendían completamente cada vez que Acheron ponía un pie en el templo. Probablemente ellas creyesen que Ash profanaba el aura virginal de su diosa.

- ¿por qué lo hiciste?

Si bien Artemisa sabia de que hablaba Acheron, eligió alegar demencia. Siete años antes se había repetido aquel escándalo en su templo y había tenido que dar muchas explicaciones dentro de su panteón. Haber irrumpido en la boda de Britomartis no había sido una buena jugada.

- no sé de que hablas Acheron y por favor baja la voz.

- si los sabes. Has enviado nuevamente a las furias contra humanos inocentes. Sabes que ellas no se detienen ante nadie. No solo asesinarán a su objetivo, también a cualquiera que esté a un kilometro a la redonda. No necesitamos otra masacre, Artie.

Artemisa rodó sus ojos. Hasta que Acheron llegó, ella había estado felizmente recostada en su mullido trono. Ahora que él estaba allí, ella se había sentado completamente erguida y su relax había desaparecido.

- ah… eso… Tenía que hacerse. La chica que dejaste vivir ha reiniciado la búsqueda que su familia dejó trunca. No debiste dejar ese clavo suelto Acheron. Yo solo me estoy encargando de que todo sea puesto en su sitio.

- Asesinar humanos inocentes no es encargarse, Artie.

Durante la boda de Draco y Hermione, Artemisa había aparecido movida por los celos y con la intención de vengarse por el hecho de no haber sido invitada. Después de todo, Britomartis era su hermana; y reencarnada o no, la ex cazadora debió al menos sugerir su invitación.

- ya aniquilaste a toda la familia de la chica y a cien personas más en ese naufragio. Discúlpame por no haber sido tan cruel de dejarte matar también a una niña de trece años, a la que ya habías dejado huérfana.

- si me hubieses dejado matarla, ella no hubiese sufrido por la pérdida de su familia. Dime que eso no es compasión…

- tú no conoces la compasión Artemisa.

- si que la conozco, Acheron. Es por eso que hice todo aquello. Siento compasión por ti y es por eso que protejo tu dignidad hace siglos… La familia de la chica estaba muy cerca de dar a conocer la ubicación real de la Atlántida. Ellos ya tenían algunos de los diarios de Ryssa, ¿Qué hubieses hecho si ellos lograban traducirlos?

Su dignidad… era irónico que Artemisa hablase de proteger su dignidad cuando era ella quien sistemáticamente lo había humillado hasta el hartazgo.

Si bien era cierto que los diarios de su hermana contenían información extremadamente delicada de su pasado, estaba seguro de que muy pocos seres en la tierra podrían traducir el dialecto de la isla griega en la que él nació como humano. Aquella era una lengua muerta hacia tanto tiempo que Acheron no veía la necesidad de asesinar personas cuando había métodos menos drásticos para seguir protegiendo sus secretos.

- quien sabe lo que la puta de Apolo pudo haber escrito allí. El diario que destruimos hace más de cinco mil años revelaba demasiado de tu pasado. No quise arriesgarme nuevamente, Acheron.

- eso ya lo hemos discutido Artie. Con destruir los diarios hubiese sido suficiente. Asesinar a una familia completa fue innecesario.

- ahí está el problema. La pequeña zorra que no dejaste que mataran, ha crecido y ha retomado la búsqueda de la Atlántida. Ella se está acercando nuevamente. ¿Qué sucedería si ella rompe el sello y libera a Apollymi?

Acheron tragó grueso. Artemisa tenía un punto. Siete años antes, él le había prohibido que asesinase a una niña que se encontraba en un internado a mil quinientos kilómetros del barco en el que su familia pretendía realizar la expedición hacia el fondo del mar. Ellos querían ir a donde las ruinas de la Atlántida esperaban a ser desenterradas.

Si aquel barco no hubiese estallado, seguramente el doloroso pasado de Acheron hubiese salido a la luz e incluso su estatus de dios podría haber sido revelado.

Ahora la chica había crecido y según sabia, ella era una mente brillante que había logrado su doctorado en lengua e historia antigua en un tiempo asombrosamente corto. Su pasado estaba en riesgo pero, aun así, el asesinato no le parecía la forma correcta de proceder.

- Ryssa sabía demasiado. Apolo confió demasiado en ella y la estúpida vomitó su vida en unos absurdos diarios que ahora ponen todo en peligro. No correré el riesgo de que la pequeña zorra libere a Apollymi y mucho menos que descubra algo que pueda involucrarme si llega a traducir los diarios.

- ¿así que es eso lo único que te importa?, proteger tu culo es lo único importante para ti, Artemisa.

La desidia y el egoísmo de la diosa estaban haciendo hervir su sangre. En condiciones normales, él estaría dispuesto a dialogar con ella hasta que comprendiese las implicancias de asesinar inocentes, pero ese día no sería así. Ese día los niveles de paciencia de Acheron estaban demasiado bajos como para soportar los delirios de Artemisa.

- ¿Cuál es el problema, si es así?

El desdén con el que Artemisa hablaba de la vida o la muerte de una chica de veintiún años, estaba abriendo heridas que al parecer nunca lograban sanar del todo. Él mismo había tenido veintiún años cuando ella lo había dejado morir a manos de su hermano y ver cuán poco le interesaba la vida humana hacia que su inestable humor fluctuase hacia la ira demasiado rápido.

Artemisa podía ver como pequeñas venas azules comenzaban a formarse en el cuello y alrededor de los ojos de Acheron. Ella sabía que él llevaba demasiado tiempo sin alimentarse y el estado de profunda ira en la que estaba sumido solo lo volvía mas y mas peligroso con cada segundo que pasaba.

Aunque ella sabía que no debía empujarlo más no estaba en su naturaleza dar por zanjada una discusión tan fácilmente. Ella estaba protegiéndolo y él solamente decía que lo que había hecho estaba mal. Acheron solo la ofendía y pisoteaba sus esfuerzos.

Había llegado a un punto de quiebre. Había jugado peligrosamente sus cartas cuando decidió dejar pasar tanto tiempo sin alimentarse y ahora el monstruo que tanto luchaba por doblegar estaba tomando el control. Cuando Apolo asesinó su forma humana, su forma divina tomó el control volviéndolo aun más peligroso y despiadado que Apollymi.

En un arrebato de ira él había hundido Dídimos, la isla griega en la que había nacido como humano. La última gota de compasión que había tenido en ese momento la había usado para dejar que los hombres y mujeres inocentes se marchasen sanos y salvos. La destrucción que hizo luego había sido tal que nada que probase la existencia de la isla había quedado en pie.

Él estaba a punto de continuar el trabajo de la Gran Destructora cuando Artemisa había aparecido ante él. Aprovechándose de su estado vulnerable, ella lo había engatusado y lo había convencido de beber su sangre para aplacar la ira que lo dominaba.

Las intenciones de Artemisa nunca fueron inocentes. Los dioses se basaban en el "quid pro quo" que significa "una cosa por otra". Mientras que Acheron conseguía alimento y algo que aplacase su naturaleza iracunda, Artemisa conseguía parte de los abundantes poderes que Ash había heredado de sus padres.

Lo siguiente que Ash supo es que ella lo había convertido en un ser que dependía de ella para volver a ser humano y compasivo. Desde ese momento él se había vuelto completamente dependiente de Artemisa salvo que quisiese volver a ser el que una vez fue.

Acheron había sufrido un aberrante tipo de esclavitud durante toda su vida humana y al morir solo había cambiado esa por una nueva forma que era igual o más humillante que la primera.

Que ella quisiese asesinar a una chica inocente que tenia la misma edad que él cuando fue destripado a sus pies, fue la gota que derramó el vaso de la paciencia que Ash destinaba para la diosa.

- eres un ser completamente despreciable, Artemisa. Realmente me das asco. Dime, ¿qué es lo que me detendría ahora si yo quisiera asesinarte? Has arruinado mi vida de tantas formas que aun no entiendo por qué no he terminado contigo.

Artemisa sintió pavor. Acheron había alcanzado su punto de quiebre. Su piel estaba cada vez mas azulada y sus ojos, antes del color del mercurio, ahora eran rojos y prometían más dolor del que una diosa podría llegar a imaginar.

Ash había perdido casi toda su cordura. Lo último de su conciencia humana había sido utilizado para interceder por la vida de la chica. Ahora el hambre y el enojo lo estaban gobernando. El monstruo que lo habitaba quería sangre, quería muerte y la desesperación de la diosa solo lo hacía salivar.

En un acto desesperado, Artemisa abrió una vena en su muñeca y vertió un poco de su sangre en un grial que materializó. Ella se había acurrucado en el extremo más lejano del salón mientras que Acheron caminaba hacia ella con un paso lento que lo hacía ver mucho más peligroso.

Cuando él le arrebató la copa de oro y bebió de ella, Artemisa sintió que el peligro podría haber cesado ya. Sin embargo, al parecer, solo una copa no bastaría esta vez.

- buen intento Artie. Pero eso no es suficiente.

- NO PUEDES MATARME ACHERON. NO PUEDES HACERLO.

- dame un motivo.

Artemisa sabia que la alimentación no sería un motivo valido para él. No había nada del dulce chico que tanto amó en el furioso dios que la miraba desde las alturas. Solo tenía una opción. Ella nunca hubiese hecho aquello si no fuese porque su vida peligraba. Artemisa había protegido ese secreto de todo y todos con uñas y dientes. Pero ahora si no confesaba, Acheron podría asesinarla.

- NO PUEDES MATAR A LA MADRE DE TU HIJA…

El grito de Artemisa fue suficiente para detenerlo en sus intenciones por un momento. La frase que ella había lanzado lo descolocó y fue suficiente para que ella tuviese tiempo de correr alejándose de él.

- buen intento Artie. Pero ambos sabemos que yo no puedo tener hijos. Tu hermano me castró, ¿lo recuerdas?

Eso era verdad. Artemisa aun tenía pesadillas de Apolo cometiendo tales aberraciones con Acheron. Pero lo que él no sabía es que al renacer como un dios todas sus heridas habían sanado, incluyendo aquella que le impedía ser padre.

- ¡KATRA!, KATRA VEN.

Una hermosa muchacha de cabellos rubios y penetrante mirada color esmeralda apareció entre Artemisa y Acheron. Al ver a su padre frente a frente por primera vez, supo que su madre había ido más allá de todos los límites y había jugado su última carta para obtener el perdón.

Acheron observó a la chica frente a él. Ella no aparentaba ser mucho mayor que él, e iba vestida con un peplo purpura igual al que usaba las koris de Artemisa.

- vete de aquí, kori. No quiero hacerte daño por culpa de tu señora.

- Solren, por favor escúchala. Es verdad, yo soy tu hija.

La palabra que jamás pensó oír lo golpeó con tanta fuerza que tambaleó unos pasos hacia atrás. La chica de cabellos dorados había usado la palabra atlante para padre y, aunque aun no podía creerlo, había sido suficiente para aplacar momentáneamente su sed de venganza contra Artemisa.

Katra escudaba a su madre. Artemisa no era una buena persona, pero había sido una madre decente y jamás dejaría que su padre la dañara.

Ella había nacido exactamente nueve meses después de que su padre renaciese como el dios que era. Su madre había hecho lo imposible para atraerlo a su templo para que la conociese, pero Acheron había estado tan enojado que solo había aceptado volver al Olimpo casi dos mil años después. Cuando Katra ya era una adulta.

Para cuando Acheron aceptó volver a estar en presencia de Artemisa, ella había decidido vengarse de su ausencia escondiendo la existencia de Katra. Ash jamás sospecharía que ella había nacido y eso, pensaba Artemisa, era suficiente castigo por haberla dejado sola.

Katra observaba asustada al hombre extremadamente alto y su niña interna solo quería correr hacia él y que le diera el primer abrazo de su vida. Su madre jamás le había escondido la identidad de su padre y Katra había pasado más de nueve mil años espiándolo cada vez que iba al Olimpo. Ella había estado ayudándolo anónimamente cuando estaba en aprietos y añorando el cariño paterno que jamás tuvo ni tendría.

Aprovechando la conexión visual que se formó entre Katra y Acheron, Artemisa puso pies en polvorosa. Si una cosa sabia del atlante, es que jamás dañaría a la carne de su carne. Kat estaría a salvo con él.

Los ojos de la chica se llenaron de lágrimas y él luchaba por asimilar la información que había recibido. Su bestia interna había retrocedido, pero su confusión era extrema. Ella le impedía indagar en su mente y emanaba un poder equiparable con el suyo. Sin dudas ella no era una kori normal. Aunque seguía sin creer que fuese su hija.

Él se veía confundido. Por primera vez en su vida Katra podía decir que el gran Acheron Parthenopaeus se veía desconcertado y eso lo hacía verse aun más joven de lo que se veía normalmente.

- imagine esta escena millones de veces a lo largo de los siglos. En todas ellas algo salía completamente mal y tú odiabas cada célula de mí. Confieso que estoy terriblemente aterrada de que esas fantasías se cumplan en este momento.

- ¿entonces es verdad?

Kat asintió y dio un paso hacia atrás. Ella podía tener más poder que su madre y su padre combinados, dada su mezcla sanguínea, pero él era tan imponente que hacía que se sintiera como una niña pequeña e indefensa.

- ¿me odias?

- yo… eh… no te odio Katra. Pero debes comprender que esto va más allá de toda mi experiencia.

- te comprendo y entendería si necesitases un momento para descargar tu enojo. Aunque debo pedirte que no dañes a mamá en el proceso. La abuela Apollymi casi destruye Kalosis cuando supo de mí.

- ¿ella lo sabe?

- lo siento. Hace unos cuantos miles de años me presenté ante ella. La abuela y Simi estuvieron de acuerdo con que decirte la verdad solo te causaría dolor.

- ¿Simi también lo sabe?

- fue un accidente. Ella me reconoció una vez que te seguía porque quería conocerte.

- ¿todas estuvieron de acuerdo con esconderme tu existencia?

El enojo de Acheron comenzaba a elevarse nuevamente al darse cuenta que todos a su alrededor habían escondido información vital.

- no queríamos herirte, papá. Lo siento.

La palabra "papá", lo desarmó. Ella podía verse como una mujer adulta pero en su corazón él sabía que ella le pertenecía. Que ella muchacha era su hija. Carne de su carne, sangre de su sangre.

- me perdí toda tu vida, Katra. No sé nada de ti aunque tú pareces saberlo todo de mí.

- no te has perdido nada papá. Fui una adolescente desgarbada, fea y con demasiado acné. Créeme, esta es la mejor versión de mi misma que jamás verás.

Eso hizo que Ash sonriera. Ella tenía un sentido del humor muy similar al suyo por lo que podía ver. Pudo reconocer sus propios rasgos en ella y su alma maldita bramó por la injusticia de haberse perdido de conocerla todo ese tiempo.

Katra se sintió tímida de repente. Estaba a punto de pedir algo con lo que había fantaseado desde que lo había visto a escondidas por primera vez.

- ¿puedo pedirte algo?

- dime.

- ¿me darías un abrazo?

Por toda respuesta, Acheron abrió sus brazos y ella devoró la distancia que los separaba. Ash solo había experimentado una sensación similar con Simi.

Katra era una cabeza completa más baja que él y olía como jazmines de lluvia. Nunca había pensado en cómo se sentiría abrazar a una hija propia, no tenía sentido hacerlo sabiendo que jamás sucedería. Él tenía a Simi y la consideraba como su hija, pero en el fondo sabía que no sería lo mismo. También tenía a Lyra, su ahijada, pero era hija de Draco y Hermione, no suya.

Por primera vez Acheron estaba recibiendo un abrazo completamente sincero, sin recelos, miedos o segundas intenciones. Su corazón amenazaba con estallar. No sabía por qué, pero tenía la sensación de que Katra era segura para él. Así que se permitió cerrar los ojos, bajar la guardia por un instante y permitirse disfrutar de ese contacto.

Desde el día en que nació, Acheron jamás había podido bajar la guardia como estaba haciendo con Katra. En el instante que respiró por primera vez fuera del vientre de su madre un enemigo había aguardado en cada sombra.

Aquel abrazo era mucho mejor que cualquiera de sus más locas fantasías. Los fuertes brazos de su padre la envolvían y el tranquilo latido de su corazón le daba paz. Sin quererlo comenzó a llorar.

- ¿Qué sucede?, ¿por qué lloras?, ¿Te he hecho daño, Katra?

- No. para nada. Es solo que desee tanto esto. Esperé por tanto tiempo el poder conocerte. Me siento realmente abrumada.

- ¿fuiste querida?, ¿creciste bien?

No necesitaba usar su poder para leer los horribles pensamientos que cruzaban por la cabeza de su padre. Él había endurecido sus facciones. Seguramente imaginaba que ella había sido infeliz en el pasado.

- si lo que preguntas es si Artemisa me trató bien, la respuesta es sí.

Katra puso su mano izquierda sobre el rostro de Acheron y le trasmitió uno de sus más preciados recuerdos al lado de su madre.

Ella tenía aproximadamente diez años en ese entonces. Su madre había hecho que todas las koris se fuesen del templo, había conseguido una manta y algunos de sus platos favoritos para que ambas disfrutasen de un picnic en uno de sus bosques consagrados en Grecia.

Cuando Katra se había cansado de perseguir mariposas, se había tumbado junto a su madre sobre la manta. Artemisa se veía nostálgica mientras observaba el cielo del mundo humano.

-"¿Que te entristece matisera?"

-"no estoy triste, amor mío. Solo estoy recordando un momento feliz y eso me hace sentir un poco nostálgica."

-"¿Qué es?"

- "yo solía venir aquí con tu padre, cuando él aun me quería. En este claro construí algunos de los recuerdos más preciosos de mi vida."

- "¿crees que papá me querría si supiera que existo, matisera?"

- "creo que él incluso te querría mucho más que yo. Él es como tu, Kat."

- "¿puede mostrar recuerdos?"

- "no, no es eso. Él tiene un corazón tan grande como el tuyo y una bondad que yo ni siquiera puedo comenzar a comprender. Tu padre tiene una capacidad infinita de amar y estoy segura de que te amaría desde el primer instante en que supiese de tu existencia."

-"si es así, ¿por qué no está aquí con nosotras?"

- "ya sabes por qué hija. Le hice tanto daño que yo misma me he exiliado de su corazón. Tenía el mundo en mis manos, no supe protegerlo y ahora no tengo idea de cómo hacer para contarle de ti..."

Artemisa guardó silencio por un momento y luego se incorporó para ver a su pequeña hija a los ojos.

- "Nunca sigas mis pasos Katra, sigue los de tu padre. Si tomas su ejemplo como faro, jamás te equivocaras."

Cuando el recuerdo terminó, Acheron también lloraba. No tanto por el recuerdo en sí, sino por haber tenido la oportunidad de vislumbrar algo de la infancia de su hija.

- no quería lastimarte papá. Sabía que si me presentaba ante ti y simplemente te decía quien era, te causaría un dolor innecesario. Moriría antes de hacerte daño, a ti o a mamá.

Padre e hija conversaron por un momento más. Ambos sabían que jamás recuperarían los once mil años perdidos. Pero Acheron estaba dispuesto a intentarlo. Deseaba con todas sus fuerzas llegar a conocer a Katra.

Cuando Katra se fue, Acheron caminó lentamente hacia el sitio que solía usar para ir y venir del Olimpo. Allí se encontró con Artemisa que refregaba sus manos en gesto nervioso.

- puedo alimentarte si lo deseas.

Ella lo observaba con gesto culpable y, en vez de serenar su ánimo, esto lo enervó.

- yo te amaba, Artie. Hubiera muerto por ti. De hecho morí por ti. Hubiera hecho cualquier cosa que me pidieras en este mundo. Pero el problema es que no estabas satisfecha con eso. Tú solos sabes tomar, exigir. Nada nunca es suficiente. Que los dioses se apiaden de ti, yo no puedo hacerlo. Me rindo contigo.

Cuando alcanzó la última frase ya no había odio en su voz. Solo amargura y una profunda desilusión que partió el corazón de Artemisa, haciendo que su primer impulso fuese atacar para defenderse.

- no necesito tu piedad o tu compasión, Idiota.

Esas palabras aplastaron cualquier tipo de duda que Ash tuviera. Cualquier misericordia que tuviera dentro de sí en lo que a Artemisa concernía, se había disipado. Había gente allí afuera a la que ninguna cantidad de compasión o amor podía salvar y era tiempo de encarar el hecho de que Artemisa era una causa perdida.

- y yo no necesito la carga que representas en mi vida.

- ¿así que no necesitas esta carga? - dijo señalándose a sí misma. - me necesitas Acheron, ¿quién te alimentará si no soy yo?, ¿Tomarás la sangre de la mujer de tu escudero?, ¿comenzarás a matar humanos hasta saciar tu sed?, ¿dejarás que tu naturaleza gane y destruirás el mundo?

- sinceramente no lo sé. Solo sé que saldré de aquí e intentaré con todas mis fuerzas no volver a pensar nunca más en ti y en lo que has hecho. Solo por Katra no tomaré represalias contra ti. Pero debes saber que no vales la sal de mis lágrimas o el poder cerebral que me llevaría conjurar tu rostro.

- ¿y los cazadores?, ¿dejarás a la deriva a esos que dices amar?

Sin que sus padres lo advirtiesen, Katra escuchó la conversación que tenían. Había visto a su padre discutir con ella miles de veces, pero jamás él había dicho que ya no volvería. Definitivamente su padre había cortado todas las cadenas que lo ataban a su madre. Los amaba a ambos por igual. Pero sabía que su relación estaba lejos de ser sana, o normal. Kat era una chica grande y era realista, ver a sus padres juntos no era uno de sus sueños. Entre ellos solo había resentimientos.

- No, no lo hará mamá. A partir de ahora yo seré quien interceda por él en los asuntos de los cazadores oscuros. Relevaré a papá en ese trabajo. ¿Estás de acuerdo solren? Tú me dirías que necesitan los cazadores oscuros y yo hablaría con mamá.

- ¿Qué haces aquí Katra?, Esto no es de tu incumbencia. Además sabes que no deben verte.

-ya déjalo madre. Todo el mundo sabe quién eres en verdad. Mi existencia es un secreto a voces. Incluso Zeus suele abrazarme con cariño. No lo dice, pero sabe que soy su nieta.

Artemisa usó una mano para tapar su boca y con la otra tocó su pecho en gesto anonadado. Su hija se estaba poniendo del lado de su padre, ella pretendía tomar la única rienda que tenia sobre Acheron y dejarlo que se fuera para siempre. Katra la estaba traicionando.

- bien. Entonces ambos deben irse. Váyanse, no los necesito.

Acheron no lo dudo y en un instante desapareció, necesitaba un tiempo fuera para poder pensar.

-o-

Ash estaba sentado en una antigua silla blanca de madera, meciendo a un bebé que dormitaba en su regazo mientras una niña de seis años dormía en su cama de princesa junto a él.

Acheron sostenía un biberón azul medio vacío entre sus piernas mientras el bebé, vestido con un traje enterizo que imitaba a un león, chupaba su diminuto puño en el refugio de sus brazos. Hermione había visto aquella imagen suficientes veces como para estar acostumbrada, pero por más que el tiempo pasase ella no lograba asimilarlo completamente.

Parecía totalmente incongruente que un hombre vestido con cuero negro y cadenas, con largo cabello negro y un pendiente de daga en su oreja izquierda se deleitase cuidando a un bebé. Y ahí estaba él, sentado en un cuarto amarillo lleno de juguetes velando el sueño de sus dos hijos.

Hermione y Draco habían aceptado el regalo de Ash y habían tomado una noche libre de niños para festejar su aniversario de bodas. Hermione era reticente a dejar a sus hijos sin su supervisión pero Draco había insistido que no había lugar mas seguro para ellos que Katoteros y Ash haciendo de niñera.

Ni siquiera el santuario, que estaba lleno de fuertes osos katagarias que matarian o moririan por ellos, era tan seguro como el cielo atlante donde el padrino de los niños era dueño y señor.

- Hola.

- shh. Recien se ha dormido.

Acheron dejó el biberón en el suelo y se incorporó de la silla mesedora. Con sumo cuidado caminó hasta la enorme cuna y recostó a Leo. Luego siguió a Hermione hasta el pasillo, fuera de la habitacion.

- ¿han dado demasiada batalla?

Acheron negó. Si él había sobrevivido a Simi siendo bebé, dos pequeños hechiceros no serian un obstáculo. Lyra comenzó a removerse en la cama y las cobijas se estaban deslizando de su pequeño cuerpo. Bastó una mirada de Ash para que las escurridizas mantas volviesen a su sitio y evitaran que la niña perdiese calor.

- Katra está esperándote en el salón del trono.

- Gracias Hermione. Iré en un momento.

Cuando la ex cazadora ingresó a la habitación, Acheron caminó despacio hacia el salón del trono de su palacio en Katoteros, el reino que Apollymi le había dado cuando obtuvo sus poderes divinos.

Hacía poco más de seis meses que se había enterado de que tenía una hija. Él aun no se había recuperado completamente de aquel golpe y Katra procuraba darle el espacio suficiente hasta que lo asimilase.

En esos meses Artemisa había enviado a Katra con viales de su sangre como ofrenda. Ellos habían vuelto a punto muerto y usaban a su hija como intermediaria, cosa que lo irritaba pero no sabía cómo evitar.

Acheron conocía aquella rutina. Sus primeros dos mil años de inmortalidad la había vivido, solo que esta vez no era una kori cualquiera la que le daba su alimento sino que era Katra, la hija que había engendrado siendo humano y cuyo crecimiento se había perdido completamente.

- Hola papá.

Katra se veía algo nerviosa. En esos seis meses había llegado a comprender cada gesto que tenia y ella ahora se veía exactamente igual que Artemisa cuando sentía culpa por algo que había hecho.

- ¿Qué sucedió cariño?

- la mujer que me pediste que cuide de las furias...

- ¿la han atrapado?

- no. las furias pensarán dos veces antes de atacarla mientras esté bajo mi protección.

Eso era cierto. Katra había sido la mejor arma de Artemisa durante once mil años. Ella combinaba los poderes de dos panteones y estaba lo suficientemente entrenada como para patear el trasero de cualquiera que le hiciese frente.

- ¿entonces?

- ella está armando una expedición a la Atlántida, papá. Conoce su ubicación, y tiene un diario de la tía Ryssa. Está decidida a encontrar a alguien que la ayude a traducirlo. Yo… yo entré en pánico y le dije que conocía a alguien que podría ayudarle.

Acheron rodó sus ojos. Definitivamente eso era heredado de Artemisa. Katra era una mezcla perfecta de ambos y desgraciadamente había obtenido la impulsividad de su madre.

- ¿Dónde debo hallarla? He de asumir que ese alguien que la ayudará soy yo.

- ¿Cómo lo sabías?

- has venido a buscarme, hija. No veo otra razón por la que estarías tan nerviosa mientras me cuentas esto.

Katra sonrió. Su padre a veces era escalofriantemente asertivo cuando hablaban. Él había dicho que no husmeaba en su mente, pero a veces parecía que sabía lo que pensaría incluso antes que ella.

- te espera en el café Suvlaki, en Mykonos.

- ¿a qué hora?

- hace cerca de media hora que ha llegado.

- ¿por qué no viniste antes a buscarme?

- tenía miedo de que te enfadases.

Katra podría tener más años que la injusticia pero la sola presencia de su padre la hacía sentir como una niña y aun temía que él la rechazase por ser hija de su madre.

Acheron caminó hacia la mujer rubia que se paraba frente a él como un pequeño cervatillo indefenso, aunque poseía un poder equiparable al suyo. Besó su frente y le indicó que le avisase a Hermione que se marcharía. Simi quedaba a cargo de Draco y su esposa cuando él viajaba.

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Deyanira Kyriakidis luchaba con la envoltura del quinto chocolate que comería en esa media hora. Ella solía hacer eso cuando estaba nerviosa. La persona que estaba esperando estaba demorada y comenzaba a creer que aquello era una pérdida de tiempo. Otro hombre la dejaba plantada.

Estaba pensando seriamente en marcharse. Al día siguiente su equipo de excavación y ella saldrían a navegar con la intención de posicionarse sobre el sitio que su padre había marcado en el mapa antes de morir. Debía descansar y seguir esperando a alguien impuntual solo agregaría estrés a su muy abultada suma de sentimientos revueltos.

Si todo salía como esperaba, al día siguiente ella sería la primera arqueóloga que pondría sus manos en el sitio que la humanidad había estado buscando desde que la historia había comenzado a escribirse.

Haber obtenido sus títulos y doctorados en Arqueología, Antropología y lenguas muertas antes de los veintidós años había sido sencillo. Lo difícil había sido lograr descifrar las caóticas notas del trabajo de su padre que se habían salvado.

Deyanira había tenido solo trece años cuando toda su familia había muerto en un naufragio cerca de la costa de Grecia. En ese entonces, ella había estado en un internado para mentes privilegiadas y por eso se había salvado.

Su bisabuelo había perdido a sus padres durante un gran incendio que se había desatado en la Isla de Eubea, en Grecia. Él solo había tenido siete años y había sido salvado de las llamas por un hombre que no solo lo cuidó hasta que logró dar con un pariente lejano en Estado Unidos, sino que le contó maravillosas historias sobre la Atlántida para poder calmarlo y entretenerlo durante el viaje.

Al crecer, Alcander Kyriakidis había contado aquellas historias a sus seis hijos y ellos habían emprendido la imposible empresa de encontrar la desaparecida Atlántida.

Por muchos años varias generaciones de Kyriakidis se habían encargado de perseguir la esquiva ubicación de la desaparecida nación y cada vez que se acercaban a ella, una desgracia sucedía. Ahora solo Deyanira quedaba de la otrora enorme familia y se había autoimpuesto la enorme misión de triunfar allí donde su familia había fallado.

Desde los trece años había estado luchando por traducir una especie de diario que contenía un dialecto inteligible. Su padre se lo había enviado el día antes de morir y era una de las pocas pruebas que poseía sobre la existencia de la isla.

Por los últimos seis meses ella había estado buscando algún otro especialista en lenguas muertas que pudiese ayudarla debelar la información que aquel diario contenía. Luego de mucho buscar había conseguido quien financie su búsqueda y traducir el diario era de vital importancia. Había sido su compañera de cuarto en la universidad quien le había ofrecido ayuda para que contactase a alguien que podría ayudarla.

Al parecer el idioma del diario era algún dialecto perdido del griego. Y según Katra, su amigo podría ser capaz de ayudarla a traducirlo. Si eso era cierto, estaba a punto de conocer una eminencia en su campo. Solo esperaba que su edad no hubiese hecho que el especialista en traducción decidiese dejarla plantada.

A sus veintidós años habían sido más las veces en las que grandes profesores y doctores en historia la habían humillado por ser una mujer joven, que las que había recibido halagos por su inteligencia fuera de lo común. Cruzó sus dedos bajo la mesa y rogó porque aquel tipo no la dejase plantada.

Deyanira estaba casi segura de que el diario estaba escrito en atlante o alguna variante antigua del griego y alguien con un nombre tan griego como Acheron Parthenopaeus quizá fuese la respuesta a todos sus problemas.

-o-

Ash destelló en las afueras de la ciudad de Mykonos, en un sitio seguro. El café que Katra le había indicado estaba a unos diez minutos a pie así que hizo que una de sus motocicletas apareciese. Si demoraba más tiempo en llegar, puede que la chica decidiese irse.

Aparentando la mayor normalidad posible, dado lo particular de su vestimenta y lo peculiar de su altura, Ash se presentó en el bar e inmediatamente comenzó a buscar entre los turistas que ocupaban las pequeñas mesas del café.

Deyanira estaba a punto de marcharse cuando oyó el profundo ronroneo de una motocicleta que se aproximaba. Siempre había sentido fascinación por esos vehículos, pero jamás había tenido la oportunidad de subirse a uno.

Cuando la motocicleta se detuvo pudo ver que el conductor era uno tipo de esos que son capaces de curar el hipo con solo sonreír. Básicamente era el tipo de hombre que jamás le dedicaría dos miradas consecutivas. Con el porte de quien es dueño del mundo, aquel hombre caminaba en su dirección y destacaba como una mancha de sangre en la nieve.

Su cabello era completamente negro, vestía una holgada camiseta negra de una banda de rock antiguo, gafas de sol y unos pantalones de cuero que dejaban muy poco librado a su fértil imaginación. El tipo parecía haber saltado de la portada de una de esas revistas de moda que su compañera de casa amaba.

- buenas tardes, ¿es usted la doctora Kyriakidis?

Deyanira casi sufrió una embolia cuando la sedosa voz de Acheron llegó a sus oídos. Ella no era el tipo de mujer a la que los hombres apuestos se acercaban. De hecho era el tipo de mujer a la que los hombres le temen porque su inteligencia solía intimidarlos. En veintidós años, solo había tenido tres primeras citas y todas habían sido un terrible fiasco.

Normalmente su extraordinario cerebro intimidaba a los hombres a su alrededor. Pero ahora que estaba frente a un hombre que se veía igual que como debían verse los dioses, su cerebro decidía irse de paseo y convertirla en un manojo de hormonas balbuceantes.

-hmm…, si. ¿Y usted es?

- Acheron Parthenopaeus. Katra me dijo que usted tenía algo para mí.

"¿Qué si tengo algo para ti?, Pídeme lo que quieras y te lo daré en bandeja. Con esos bíceps solo tienes que pedirlo y se te concederá". Definitivamente la legendaria mente de Deyanira estaba de paseo.

- ¿no es demasiado joven como para ser doctor en lenguas muertas?

- le aseguro que soy mayor de lo que aparento, Doctora, y si vamos al caso usted también es demasiado joven…

Acheron observó a la muchacha. Ella tenía un bonito rostro en forma de corazón con labios llenos color rosa, el cabello de un color castaño muy común y los ojos del color del chocolate. Bajo su vestimenta formal él podía adivinar que no era excesivamente estilizada, más bien era del tipo curvilíneo, pero sin exagerar.

- tiene usted un buen punto. Tome asiento por favor. Katra me ha hablado maravillas de usted. – bien aquello no era cierto, pero él no tenía por qué saberlo. – tengo un diario muy antiguo del que no he podido traducir ni media frase.

Antes de que Acheron pudiese responder, un mozo llegó hasta él y le preguntó que deseaba beber. Eran las cinco de la tarde y hacía calor, así que decidió pedir lo único que bebía cuando se hallaba fuera de casa.

- una cerveza, por favor.

Antes de que el mozo pudiese hablar, Acheron sacó una identificación falsa del bolsillo trasero de su pantalón y se quitó las gafas para que pudiese constatar que tenía más de veintiún años.

- enseguida...

El mozo se retiró inmediatamente para buscar el pedido de Ash y él tomó asiento mientras esperaba a que Deyanira extrajese el diario de su bolso. Ahogó una risa cuando cientos de papeles y objetos extraños comenzaron a salir disparados del enorme maletín que ella había llevado al encuentro.

- lo… lo siento. Suelo ser algo torpe a veces.

- no se preocupe, doctora. Tómese su tiempo, no iré a ninguna parte.

Un minuto entero después, Deyanira logró dar con lo que buscaba y se lo tendió a Ash. Él lo tomó con manos trémulas. Por primera vez en once mil años volvería a ver la letra de su hermana Ryssa. La única de la familia humana en la que había nacido como tal, que lo había amado.

Artemisa había hecho rastrear y destruir al menos tres diarios que una sirvienta había robado y se había llevado de la isla de Dídimos antes de que Acheron la hundiese.

Deyanira observó a Ash mientras él estudiaba el diario. Aunque no se había quitado las gafas de sol, ella aun podía observar la perfección de cada una de las líneas su rostro. Definitivamente el apuesto historiador estaba muy por encima de su liga. Ella tenía un aspecto tan corriente que seguramente él la olvidaría un segundo después de que se hubiese ido.

Acheron tragó grueso al leer las primeras líneas que su hermana había escrito. Lo que ella narraba allí era doloroso, pero ni de cerca tanto como haberlo sufrido en carne propia.

"Padre me ha engañado todo este tiempo. No es verdad que Acheron es feliz en la casa del tío Timeus. No es cierto que nuestro tío lo esté educando para ser un guerrero. El príncipe de Dídimos ha sido convertido en un esclavo.

He visto con mis propios ojos como lo mantienen encadenado día y noche a un poste. Hombres que doblan su tamaño se turnan para descargar el látigo sobre su magullada espalda. Agua y comida es vertida a la fuerza por su garganta para evitar que se debilite y muera por las heridas.

Padre ha vendido a su propio hijo como chivo expiatorio. El orgulloso príncipe de Dídimos yace encadenado como un animal en la casa de un pariente que reside en la Atlántida.

¿Cómo he podido ser tan ciega?, He dejado que mi hermanito sufriese un violento destino desde que tenía siete años. El bebé al que juré proteger cuando fue abandonado a su suerte en un enorme palacio, es ahora un chico resentido que solo suplica por su muerte…"

Acheron tragó intentando deshacer el nudo en su garganta. Había tenido doce años cuando Ryssa había llegado de improviso al palacio que su tío Timeus tenía en la Atlántida y había presenciado una de las flagelaciones públicasque él solía organizar.

En ese tiempo Ash no sabía que era un dios y a los atlantes le llamaba la atención la forma en la que sus heridas sanaban por si solas. Él podía soportar días y noches de tortura sin morir o emitir alguna queja.

Antes de poder hablar, el mozo llegó a la mesa cargando la cerveza que había pedido minutos antes. Definitivamente debía tomar un trago antes de enfrentar el resto de esa reunión. Claramente no se embriagaría aunque bebiese un camión de aquello, pero ayudaba a sentirse reconfortado.

-¿no es demasiado temprano para beber alcohol?

Acheron clavó sus ojos aun cubiertos por las gafas oscuras sobre el rostro de Deyanira y sonrió felinamente.

- no lo sé. Estoy casi seguro que en algún sitio del mundo ya es media noche… a su salud doctora…

Deyanira rodó sus ojos. Para ser quien decía ser, él no parecía ser más que un adolescente rebelde que solo pensaba en su motocicleta, bandas de rock y romperles el corazón a chicas como ella.

seeeh… su amiga Katra tenía razón ella había nacido con un alma vieja. Nunca jamás se había dado la oportunidad de ser una adolescente normal y ahora sus veintidós años rápidamente se dirigía a ser el estereotipo de solterona que cuidaba de sus treinta gatos. Lo peor es que a ella ni siquiera le gustaban los gatos. Ahogó sus pensamientos de autocompasión.

- ¿sabes qué dice?

Era hora de improvisar. La muchacha no tenía por qué enterarse la cruda verdad que allí había sido escrita.

- es el diario de una adolescente. Habla sobre telas, joyas y chismes de la corte.

- ¿es atlante?

- lo siento.- Negó. - Es un dialecto griego…

- ¿Cómo sabes?

- se podría decir que crecí hablándolo… proviene de la parte rural de la isla de Naxos.

Ash sintió empatía por la chica cuando su ilusión se hizo añicos. Él le había mentido para esconder su secreto y eso había roto el corazón de Deyanira. Era extraño, pero la muchacha le inspiraba un sentimiento protector que no alcanza a comprender todavía.

Una agradable conversación nació entre ellos. Para Ash era refrescante tener la oportunidad de conocer a alguien que no lo reverenciase, temiese o quisiese meterse dentro de sus pantalones.

Deyanira podía verse joven pero tenía una mente extraordinaria. Acheron pagaría por ver un debate entre ella y Hermione. Al parecer, ambas eran enciclopedias parlantes.

Los vellos de la nuca de Acheron se erizaron cuando vio de reojo como tres motocicletas doblaban la esquina a toda velocidad. Eran las furias y estaba seguro de que venían por Deyanira. Alecto, Tisifone y Megara iban vestidas como motociclistas y usaban cascos sobre sus rizados cabellos oscuros. Acheron sabía lo que ellas estaban a punto de hacer.

Las demoniacas mujeres abrieron fuego con pistolas semi automáticas y Ash no tuvo tiempo de hacer nada para evitar que los turistas quedasen en la línea de fuego. Él solo atinó a escudar con su cuerpo a la chica e hizo lo posible para que ningún otro humano saliese herido.

Las motos comenzaron a girar en la esquina y era obvio que pretendían volver a lanzar otra oleada de balas contra ellos. El sobreviviría, Deyanira no. así que envió discretamente una onda de poder que desestabilizó la motocicleta de Tisifone y aprovechó la distracción para tomar el diario, a Deyanira y montar su motocicleta.

Hubiese sido más sencillo destellar con ella pero no estaba dispuesto a que su moto quedase allí ni le agradaba la idea de jugar con la mente de la chica. Así que estaba atascado con una mujer indefensa y actuar como humano era su única opción.

Deyanira no podía salir del estado de shock. Tres motociclistas habían abierto fuego contra el café y por poco había muerto en aquel sitio. En un instante ella intentaba cubrir su cabeza mientras los cristales estallaban a causa de las balas y al siguiente Acheron la había montado a su motocicleta y corrían una demencial carrera por las calles de Mykonos.

- para, para. ¿A dónde crees que vas?

Buen punto. Él no tenía una base en la isla y un hotel seria una invitación abierta para que cualquiera de las furias fuese directo a liquidar a la chica.

Había comenzado disminuir la marcha pero al ver hacia atrás divisó a Megara que los seguía de cerca. Tisifone y Alecto estaban rezagadas pero pronto les darían alcance. Ash estaba feliz de haber elegido aquella motocicleta ese día. Era la más veloz del mercado y con cierta ayuda de sus poderes no le costaría demasiado perder a las tres furias momentáneamente.

- CREO QUE TIENES ENEMIGOS DEYANIRA. ¿DONDE TE HOSPEDAS?, NECESITAMOS SALIR DE LA CARRETERA.

Deyanira solo podía sostenerse con todas sus fuerzas del duro abdomen de Acheron y luchaba contra su propio miedo. Ella siempre había querido subirse a una motocicleta pero hacerlo en una persecución no era el escenario ideal. Ahora solo quería bajarse de allí y no volver a despegar sus pies del suelo.

La chica casi lo deja sordo cuando dio una vuelta demasiado cerrada y tuvo que usar una de sus piernas para evitar que la moto terminase derrapando en el pavimento. Si hubiese sido mortal probablemente tendría una horrible fractura expuesta. Había preguntado varias veces por donde vivía ella, pero Deyanira no podía emitir una oración coherente. Tendría que improvisar porque su pierna dolía.

Siempre había fantaseado con recorrer los caminos rumbo al atardecer en una gran motocicleta mientras sus manos acariciaban un abdomen con forma de barra de chocolate. Ahora que estaba viviendo su fantasía, solo deseaba que parase.

Las motociclistas que habían disparado contra el café, los habían perseguido por largo tiempo y juraba que había oído como las balas pasaban rasantes por sus oídos. Mientras emprendían el escape más cinematográfico de la historia. Más tarde se preguntaría por qué la policía no se había dado por aludida de aquel raid.

Ash nunca había sido atrapado por una boa constrictora, y no es que desease probarlo, pero estaba seguro de que al menos la boa no tendría dos senos abundantes que se pegaban a su espalda, ni dos largas piernas que se envolvían a sus caderas.

Al parecer habían perdido a las furias momentáneamente y se estaba permitiendo aminorar la velocidad mientras los excesivos niveles de adrenalina descendían a valores normales. Y aunque su magullada pierna dolía no recordaba haberse sentido tan vivo como en ese momento.

En sus más de once mil años había tenido demasiadas experiencias peligrosas como para saber que esa no había estado ni cerca de ser potencialmente mortal para él. De alguna forma aquella persecución lo había puesto eufórico y habían sido tan pocas las veces que había experimentado esa sensación que no estaba muy seguro de cómo manejarla.

En Mykonos no había santuarios, así que no había algo así como sitio completamente seguro para la doctora Kyriakidis. Si dejaba marchar a la chica, las furias la atraparían en un instante. No había recorrido con ella media isla, siendo perseguido por esas tres perras, como para abandonarla en la primera parada.

Cuando finalmente apagó la motocicleta, Deyanira no lo notó. Ella aun seguía aferrada con todas sus fuerzas al tipo que la había salvado de una muerte segura.

- ¿Deyanira? Es seguro, puedes soltarme.

- no. me caeré. – dijo sin aflojar su agarre ni abrir los ojos.

Ash podía sentir las mejillas de ella firmemente pegadas al espacio entre sus omoplatos y veía sus pequeñas manos entrelazadas en torno a su cintura.

- muy bien chica koala. Has lo que quieras. Pero debo advertirte que la gente te mirará raro si permaneces colgada de mí como si fueses un abrojo.

Deyanira volvió a gritar cuando sintió como Acheron cruzaba una de sus piernas por encima del asiento de la motocicleta y descendía de ella como si cargar el peso de una mujer adulta en su espalda no fuese nada.

Una densa y excitante corriente eléctrica lo recorrió cuando ella finalmente se deslizó centímetro a centímetro por su espalda, hasta quedar parada en el pavimento.

Cuando se vio liberado, se giró para observarla. Ella estaba pálida pero sus mejillas se habían sonrosado debido al azote del viento. Su piel suave y cremosa no estaba hecha para las inclemencias del clima. Sus labios rosas se veían hinchados y rojos porque los había mordido. Nunca había deseado tanto besar a alguien.

Cuando el peligro inminente cesó sintió la arrebatadora necesidad de sentirse protegida. Cuando era pequeña y algo la asustaba su madre solía abrazarla hasta que sus miedos cediesen. Casi por instinto se abrazó al atlético cuerpo de Acheron y su perfume la envolvió dándole una sensación de paz que no había experimentado en demasiado tiempo.

Ella temblaba como una hoja al viento y sin previo aviso se arrojó a sus brazos. Ash podía contar con los dedos de una sola mano las personas que lo habían abrazado de ese modo. Simi, Katra y Lyra. Sus dos hijas y su ahijada habían sido las únicas en darle abrazos que no pretendían ser sexuales o buscaban conseguir un favor de él.

La chica estaba al borde del colapso nervioso y él demoró un par de instantes en recordar que tenía el poder de calmarla si lo deseaba. Él tenía por costumbre evitar el contacto físico de otras personas pero extrañamente el abrazo de Deyanira era algo que no estaba listo para dejar ir.

Acheron la conocía hacia solo dos horas. Estar abrazado a ella en la acera no era moral. Además, él estaba maldito y era tan viejo que toda la vida de ella no representaba ni un céntimo de la suya.

Contra su propia voluntad usó su poder para calmarla y demasiado pronto ella salió del refugio de sus brazos. La tibieza que lo había embargado se fue demasiado rápido y el frio en sus viejos huesos se hizo más patente que nunca.

Se obligó a no reír cuando un fuerte tono de rojo inundó el rostro de la chica. Él estaba acostumbrado a manejar mujeres que no tenían una pisca de modestia, timidez o que deseaban seducirlo. Deyanira era toda una novedad para él. Su cuerpo no entendió razones y se inclinó para tomar sus labios en un suave beso.

Cuando se apartó de ella Acheron quería patearse a sí mismo. Sabía que no debió hacer aquello pero en el fondo no estaba realmente arrepentido. Deyanira no sabía que decir o hacer así que optó por omitir que el beso había sucedido. Su cerebro no podía procesarlo adecuadamente.

- yo… ehh. Gracias por sacarme de allí. Nunca creí que ese anónimo fuera cierto.

- ¿anónimo?. - Ash estaba confundido.

- he recibido amenazas. Al parecer hay personas que no quieren que siga investigando la Atlántida. Sospecho que debe ser alguno de los otros arqueólogos. Ellos dicen que por ser mujer no debería hacer lo que ellos hacen…

Ash maldijo a Artemisa mentalmente. Ella no solo no había retirado a las furias, sino que también había decidido aterrorizar a la chica como una mafiosa cualquiera. Se obligó a recordar que había prometido no dañar a la madre de su hija.

- un momento. ¿Ellas no regresarán a dispararme otra vez?. Solo pretendían amedrentarme, ¿no?

- no estoy seguro, pero mientras más tiempo permanezcamos al aire libre hay más probabilidades de que eso ocurra.

- gracias por ayudarme Acheron.

- dime Ash.

- Gracias por ayudarme, Ash. Creo que debería volver a casa ahora. Permanecer afuera no parece ser seguro.

- ¿tienes una casa aquí?, tenía entendido que eras de Estados Unidos.

-lo soy. Mi bisabuelo era griego, pero todos los demás nacimos y nos criamos en Nueva Orleans. Hace algunos años mi familia adquirió una pequeña casa para volver al sitio donde mi familia surgió.

La última frase hizo eco en su mente. Ya sabía quién era ella. Su familia no hubiese existido si no fuera por él. Ella estaba equivocada, su familia no había surgido en Mykonos si no en Eubea. Pero si le decía que había conocido a su bisabuelo cien años antes, ella comenzaría a sospechar su naturaleza paranormal.

Ash no estaba listo para dejarla ir. Trató de convencerse a sí mismo de que no estaría segura mientras las furias estuviesen tras ella y lo más conveniente era protegerla un tiempo más. Por lo menos hasta que Katra apareciese para relevarlo. El problema era que la había besado solo dos horas después de conocerla y ahora las cosas se habían tornado un poco incomodas entre ellos.

- si lo deseas puedo llevarte.

- oh, no. no. he descubierto que soy una chica de cuatro ruedas y tu eres un demente sobre dos. Gracias pero prefiero caminar o tomar un taxi.

-Este demente sobre dos ruedas te sacó sana y salva de una balacera… creo que merezco algo de crédito.

Deyanira decidió retractarse. Al parecer había ofendido a Acheron. Él jamás se había quitado las gafas de sol, pero podía adivinar que en realidad no estaba frente a un mal tipo. Darle su dirección no sería el peor de sus males. Teniendo en cuenta que casi había muerto bajo una lluvia de plomo y que él le había dado lo que seguramente sería el mejor beso de su vida.

Acheron volvió montar su motocicleta y le tendió una mano a Deyanira para que se subiese tras él.

- Vamos Deyanira, déjame llevarte. Prometo que una tortuga renga irá más rápido.

Ella cedió ante la deslumbrante sonrisa de Ash y se montó tras él en la monstruosidad de dos ruedas. Como había hecho antes, ella cruzó sus manos sobre el duro abdomen masculino y pudo apreciar cuán bien formado estaba él. Un calor sobrenatural la recorrió cuando él posó una de sus grandes manos sobre las de ellas para asegurarse de que estuviera bien sujeta.

Él olía estupendamente y si no fuera porque sabía que Acheron jugaba completamente por fuera de su liga, hubiese hundido su nariz entre los omoplatos y se hubiese embriagado del perfume que él desprendía. Él la había besado sin pedir permiso, ¿Qué tendría de malo si ella frotaba su mejilla en la espalda masculina intentando quedarse con su aroma?

Nunca deseó tanto que un viaje se extendiese en el tiempo. el suave contacto de Deyanira era más de lo que sus sentidos podían soportar. Luego de once mil años él se estaba sintiendo como un adolescente otra vez. O mejor dicho, por primera vez en su muy larga vida él se estaba sintiendo como un adolescente.

Deyanira frotaba sus manos con nerviosismo mientras intentaba esconder sus repentinos nervios. Acheron le sacaba dos buenas cabezas de altura, y era tan imponente como bello. Se sentía cohibida.

Si ella fuese más linda, más alta o rubia, intentaría conquistar a Ash. Un ramalazo de celos injustificados la golpeó. Quizá él tuviese algo que ver con Katra y por eso había insistido en que él sabría ayudarla. Deyanira intentó convencerse de que él no podría ser tan bueno como aparentaba si tenía algo que ver con Kat y la había besado de todos modos.

Si, podía imaginarlo. Ambos debían verse bien juntos. Katra era desmesuradamente hermosa, tenía una personalidad efervescente, su cabello rubio era anormalmente perfecto y sus ojos verdes cautivarían a cualquier hombre que estuviese a un kilometro a la redonda. Al lado de su amiga ella era el patito feo.

Tenía que espabilar. Conocía al tipo desde hacía dos horas, no podía estar celosa. No sabía nada de él. Solo sabía que vestía de negro, tenía una gran motocicleta, unos abdominales donde con gusto lavaría su ropa y que probablemente era igual o más inteligente que ella dado que sabía tanto de historia.

Tenía que ser una adulta. Era una arqueóloga en busca de un traductor. Tenía que concentrarse en otra cosa que no fuera la arrebatadora sonrisa que él tenía en su rostro. El diario. Sí, eso era. Tenía que concentrarse en traducir el diario y luego eliminar al masivo hombre de su sistema.

- lamento la interrupción en el café. ¿Quisieras pasar y continuar hablándome de lo que el diario decía?

Ash se puso rígido de pronto. Por un momento había olvidado el apestoso diario y se había puesto a fantasear con Deyanira estando desnuda. ¿Qué le pasaba?, Él no había hecho eso desde que había conocido a Artemisa y de eso habían pasado tantos milenios que no recordaba poder hacerlo.

- sí.

Su lengua fue más rápido que su mente. Santos cielos, ¿Qué le sucedía? ¿Desde cuándo Acheron Parthenopaeus hablaba antes de pensar?. Necesitaba invocar a Katra urgentemente y que lo relevase del cuidado de la humana. Debía irse pronto o su cerebro podría decidir apagarse finalmente.

La casa de Deyanira era la típica casita mediterránea. Todo en ella era en tonos blancos, arenas y azules. Ash sintió paz. Él solo sentía aquello en algunas ocasiones cuando visitaba a Draco y Hermione en el pantano.

- Puedes sacarte las gafas, Acheron.

Ash estaba reticente, pero seguramente ella no dejaría de incordiarlo hasta que lo hiciese. Decir que era extremadamente sensible a la luz solar solo funcionaba en sitios abiertos, dentro de la casa esa excusa era inútil.

- tus ojos… son…

- ignóralos, es un desafortunado defecto de nacimiento.

- iba a decir que son preciosos. Nunca vi otros iguales.

Deyanira acortó las distancias, los ojos de Ash la cautivaron y necesitaba verlos de cerca. Él se sentía acorralado. La menuda muchacha de un metro setenta y cinco lo estaba intimidando hasta los huesos y la loca idea de besarla nuevamente acudió a su mente.

- Gracias.

Por suerte la cordura tocó a su puerta y noto a tiempo que estaba demasiado cerca de él y que una de sus manos estaba sobre su pecho mientras se paraba en puntas de pie para acercarse más a su singular mirada. Era momento de poner espacio entre ambos.

- ¿puedo ofrecerte té, café, o un refresco?, ¿algo para comer quizás?

- si tienes una cerveza, para mi estaría bien.

Deyanira estaba indignada. Conocía al tipo hacia dos horas, y él ya había tomado una cerveza y participado en una persecución a o toda velocidad. He aquí su defecto. Todos los hombres tenían uno. Seguramente él fuera un alcohólico empedernido.

- Si sabes que no estamos en china, ¿no? Allí puede ser media noche, pero aquí aun es de tarde.

Ash no necesitaba leer su mente para saber lo que ella pensaba. Pero no tenia forma de decirle cuan equivocada estaba. Él era un dios, y los dioses no se embriagan, ni pueden morir de hambre o sed. Eso lo había aprendido por las malas siendo demasiado joven.

Siendo humano había sido forzado alimentarse cada vez que intentaba morir de inanición. Su dueño no estaba dispuesto a perder una pieza clave de su propiedad así que era forzado a alimentarse cada vez que intentaba dejar de comer para terminar con su tormento.

Ash había desarrollado una tensa relación con todos los alimentos. Es por eso que para aparentar normalidad solo bebía cerveza esa era la única bebida que no le traía malos recuerdos.

Disimuladamente desvió la atención de Deyanira. Él jamás había tenido problemas para manejarse con las personas. Sobre todo porque ellas se intimidaban tanto ante él que no solían percatarse de que no comía o bebía en sus presencias.

Por más de tres horas, y dos cervezas, Acheron estuvo junto a la joven arqueóloga traduciendo partes inocentes del diario de Ryssa. Ella había dicho que al día siguiente tenía planeado salir a navegar rumbo a la ubicación exacta de la Atlántida y Acheron había tenido que cobrar algunos favores.

Afortunadamente Poseidón atendió su llamado cuando se excusó para ir al baño. El viejo lobo de mar lanzaría una tormenta sobre el mediterráneo para evitar que Deyanira zarpase el día siguiente. La Atlántida estaría oculta un día más.

Katra llegó a la casa justo a tiempo para que Acheron pudiese marcharse y no tuviese que buscar una excusa para no quedarse a cenar. Por suerte su hija era mejor que él en eso de la actuación y lo sacó de apuro rápidamente cuando no se le ocurrió como explicar de dónde se conocían.

-o-

- Draco, Draco ven.

- ¿qué pasa Hermione?, ¿les sucede algo a Lyra o a Leo?

Draco había estado trabajando en construir nuevos espacios de guardado para el cuarto de Simi en Katoteros cuando Hermione lo llamó apurada.

- no, no. los niños están bien. Simi, Xamira y ellos están en la playa ahora. Es Acheron quien me preocupa. ¿Has ido a verlo ya?

- no. ¿Está herido?, iré por las pociones y…

-no, ve a verlo y dime que notas de raro.

Draco rodó sus ojos exasperado. Hermione tenía por costumbre hacer que fuera él quien dedujera los acertijos. A veces estar casado con la mente más brillante de su generación, que también fue ministra de magia y era una sabelotodo empedernida fatigaba su cerebro promedio.

- se bueno y averigua que le sucede.- besó su mejilla como si ese fuera todo el pago que merecía.- Estoy segura de que es algo de chicos.

- ¿si sabes que Acheron es más viejo que el polvo, no?

- lo sé. Pero ustedes los hombres tienen un agudo retroceso a la adolescencia cuando se trata de líos de faldas.

- ¿insinúas que Ash…?

- estoy casi segura. Pero necesito que lo compruebes por mí.

En esos siete años como escudero oficial de Acheron, Draco había aprendido a leer los estados de ánimo de su jefe. Y estos iban de la ira a la indiferencia y rara vez rozaban la profunda alegría.

Sus momentos de alegría habían aumentado desde que había descubierto la existencia de Katra. La chica era sumamente divertida y parecía hacer frente común con Lyra, Simi y Xamira para hacerlo reír. Draco y Hermione también adoraban a la hija del jefe a pesar de quien era su madre y sobre todo su tío. Por suerte Apolo no había vuelto a aparecer en siete años ya que Apollymi le habia dado un susto de muerte.

Lo que Draco veía en ese instante nada tenía que ver con la ira, la indiferencia o la alegría. El Acheron que él había conocido por casi veinticinco años jamás había suspirado y observado el horizonte melancólicamente. El líder de los cazadores oscuros no era melancólico y mucho menos tocaba baladas románticas en su guitarra eléctrica.

- hey Ash. ¿Todo bien?

Como si hubiese sido pescado infraganti, Acheron dejó de lado su guitarra y se puso de pie rápidamente.

- ¿eh?

- no me digas que he tomado desprevenido al gran Acheron Parthenopaeus.

La ira pasó fugazmente por sus ojos, y luego la calma indiferencia lo inundó. Sep, Draco había resuelto el acertijo. A Acheron le sucedía algo y estaba seguro que Hermione tenía razón. Un gran lio de faldas se avecinaba y si Artemisa se enteraba las cosas se pondrían realmente feas.

- ¿qué quieres Draco?

- venía siguiendo una orden de mi esposa. Pero ahora que he visto lo que ella vio debo decir que necesito saber que te sucede.

- no me sucede nada…

- vamos, Ash. Ambos sabemos que el dios atlante del destino final no toca canciones románticas. ¿Quién es ella?

Acheron no respondió y dejó el salón del trono con gesto airado. No estaba listo para discutir lo que bullía en su interior desde hacía un par de semanas. Desde que había conocido a Deyanira su bien ordenada mente era un caos.

La tarde anterior había seguido un impulso y había dormido con ella. Ahora se debatía entre volver o no. En el pasado él se había condenado a una eternidad de algo similar a la esclavitud por solo un beso. Tenía terror de haberse condenado a algo mucho peor después de haber tenido sexo con Deyanira.

Acheron no era un cobarde. No desaparecería sin dar una explicación o al menos sin haberla visto una vez más. En vez de destellar en el depósito de Mykonos, donde había guardado su motocicleta la tarde anterior, apareció un par de calles abajo de la casa de la chica y decidió caminar.

Desde hacia quince días Ash iba cada tarde a casa de Deyanira y le dictaba fragmentos del diario de Ryssa mientras él tomaba cerveza y ella alguno de esos refrescos a los que decía ser adicta. Acheron la besaba al menos una vez cada tarde. El día anterior ella había estado cansada de copiar la traducción y no supo cómo pero terminaron en su cama.

Durante las últimas semanas Katra y Poseidón se habían encargado de que el barco que haría la expedición a las ruinas de la Atlántida no zarpase. La tormenta marina había durado una semana gracias a Poseidón y luego Katra había lanzado una inocente peste entre los tripulantes de la nave que Deyanira pretendía usar en su travesía.

Cada tarde, Katra aprovechaba la visita de su padre para ir al Olimpo e intentar convencer a su madre de que hiciese algo para que las furias dejasen en paz a la chica. Dado que Ash no había vuelto al Olimpo en varios meses, Artemisa estaba más que reticente en abandonar sus empeños de ver a la arqueóloga muerta.

Deyanira siempre se había jactado de su analítica mente pero hasta el momento no había deducido que Acheron y Katra se turnaban para protegerla. Ella había crecido prácticamente sola así que había estado encantada cuando su amiga le pidió asilo hasta que la expedición se hiciese y cada una volviese a casa.

Ella tampoco había notado que Katra solo permanecía unos instantes en la casa cada vez que Acheron llegaba. Y ninguno de los dos notaba las miradas suspicaces que Kat les dirigía cuando ambos se enfrascaban en la lectura del diario de la tía Ryssa.

Katra había hecho un muy poco maduro baile de la victoria cuando descubrió a Acheron besando a su amiga en el sofá. Ellos no la habían visto pero Kat estaba más que feliz de que las cosas marchasen bien entre ellos. Deyanira era buena persona y nunca lastimaría a su padre.

Camino a la casa de Dey, como había aprendido que le gustaba ser llamada, Acheron decidió comprarle algo para comer. Desde hacía semanas ella procuraba una provisión constante de cervezas y era justo que él le comprase algo como retribución. Refrescos, chocolates y flores le pareció una buena combinación.

El clima en Mykonos estaba particularmente feo ese día. Las nubes amenazaban con lanzar su contenido liquido y Ash sabía que eso entristecía en sobremanera a Deyanira. Había aprendido que ella odiaba el mal clima pues le recordaba al día que su familia había muerto.

Ella amaría Katoteros pues allí el clima jamás variaba. El cielo era siempre azul y nunca hacia demasiado frio o calor. Con la intención de animarla, él compró un ramo de flores amarillas. No podría darle un día soleado, pero al menos le llevaría un pequeño ramo de sol.

Cuando Kat se fue. Deyanira lanzó todo su guardarropa sobre la cama buscando algo decente para ponerse. Estar con Acheron la hacía sentirse la adolescente que jamás fue y quería verse lo más bonita posible para el hombre que la volvía loca. Ignorando lo extraño que debía verse ella olió la almohada que aún conservaba el picante aroma de Ash.

Más nervioso que nunca, Ash tocó la puerta y esperó unos minutos hasta que Dey apareció. Vestía unos vaqueros negros ajustados y una camiseta negra que resaltaban todos sus atributos. Ella había optado por vestirse para combinar con él y aunque lo alagaba el gesto, Ash la prefería con sus vestidos floreados de tela suave y colorida, o desnuda. Si, definitivamente él la prefería desnuda.

Después de quince días ya solo quedaban las últimas páginas del diario. Estas eran las más difíciles de traducir para Ash. No porque no entendiese el dialecto, sino porque hablaba de los momentos previos a su muerte, la de Ryssa y la de su sobrino recién nacido.

Con las mejillas arreboladas Dey los guió a ambos hacia la sala. Era la primera vez que un hombre le regalaba flores. La noche anterior se la había pasado rogando a quien quisiese oírla que Acheron no quisiese solo un revolcón y luego desapareciese de su vida como todos los que vinieron y se fueron antes que él.

Cuando todo estuvo dispuesto. Deyanira tuvo que disculparse con Ash. Debido al mal clima ella no había ido al mercado y su provisión de cervezas se había reducido a cero.

Él jamás había tomado un refresco. En su tiempo no existían y a lo largo de los siglos no había sentido la necesidad de probarlos. Ellos no le traían malos recuerdos, así que no vio razones para rechazar algo que Deyanira le ofrecía.

- ¿por donde íbamos?

- por la parte en la que la chica ve como los guardias se llevan a su hermano al calabozo, por orden de su esposo.

Acheron había omitido que ese hermano era él y que el esposo era nada más y nada menos que Apolo. La bilis trepaba a su garganta cada vez que Ryssa lo nombraba y sin darse cuenta comenzó a beber el refresco que Dey le había dado.

El líquido era dulce y delicioso. Ash jamás había probado algo parecido y no se dio cuenta de que accidentalmente había dado con la única cosa capaz de embriagar a un dios.

Ash estaba perdiendo la cabeza y no notaba cuan exorbitados estaban los ojos de la chica mientras él cambiaba el rumbo de su relato. Él había dejado de leer para contar su verdadera historia.

- ¿sabes lo gracioso de eso Deyanira?, Que el hijo de puta me ató al caballo y me arrastró de espaldas por las calles de la ciudad hasta el templo de Artemisa. La mujer humana que me dio a luz escupió a mi paso y su marido lanzó vinagre hacia mí. Solo Ryssa rogaba por mi vida.

Artemisa caminó junto a mi todo el tiempo sin dejar que alguien la viese… si ella hubiese dicho o hecho algo, la tortura hubiese parado. Ella no hizo nada, no dijo nada. Lo que más dolió no fue mi espalda cortada por las rocas del camino, fue verla observando mi dolor con gesto indiferente.

Ella decidió seguir la corriente. No entendía que estaba pasando pero él parecía necesitar contar aquello.

- a veces creo que debería vengarme, pero no quiero hacerle daño a Katra. ¿Sabes que Katra es mi hija?, mía y de la diosa vaca, como dice Simi. Simi también es como mi hija pero es una demonio caronte.

Ok, eso se estaba volviendo demasiado extraño. ¿Podía un hombre que bebía cerveza como agua emborracharse con refresco de lima?

- Simi. Toma forma humana… llevaremos a Deyanira a la ATLANTIDA!

Cuando Simi emergió de Ash, él se desmayó. Deyanira corrió a esconderse. No podía creer lo que sus ojos veían. Estaba casi segura de que no había perdido la cabeza y que no había consumido nada alucinógeno. La mujer alada y con cuernos parada en su sala no podía ser un producto de su imaginación.

Katra luchaba con las llaves de la casa. Le hubiese sido demasiado sencillo aparecerse directamente adentro pero no quería sobresaltar a Dey. La chica era demasiado buena no quería que acabase enloqueciendo pensando que gente iba y venía del living de su casa sin atravesar puertas.

- ¿Simi?

- ¡akra-Kat!, debes ayudarme a convencer a akri. Akri quiere llevar a Dey-Dey a la Atlántida. Sé que a akra-Apollymi le gustaría la idea, pero akri se sentirá muy mal si su mamá sale a destruirlo todo. Se lo he dicho, pero él insiste. ¡Hip!

Al parecer, si Ash se embriagaba también Simi lo hacía. Katra corrió hasta su padre. Él estaba sentado en el sofá con la mirada perdida mientras Deyanira le tendía agua. Inteligentemente ella había deducido que mas refresco solo empeoraría las cosas.

- ¿papá?, ¿papá estás bien?

- hola cariño. Iremos a visitar a tu abuela. Quiero que Deyanira conozca la Atlántida. ¿Vienes?

Katra llevó su mirada desde su padre a la chica. Ella parecía haber tomado las cosas con más calma de las que se podría esperar. No todos los días tenías un dios atlante ebrio en tu sala.

Qué bueno que su abuela le había dado el don de despejar la mente. Al principio Katra lo había aceptado como un obsequio cualquiera pero ahora veía lo útil que era.

La situación era en extremo delicada. Artemisa había dicho que las furias no estaban siguiendo sus órdenes. Ellas estaban, valga la redundancia, furiosas porque una simple humana pudiese escapar tantas veces de la muerte.

Con un simple movimiento de su mano Katra le devolvió la sobriedad a su padre. Él se veía sumamente apenado cuando cayó en cuenta de toda la información que había revelado mientras no era dueño de sus impulsos.

- creo que lo mejor será que yo me vaya.

- oh, no. Acheron Parthenopaeus. Tú de aquí no te vas. La casa está rodeada por "tres furias furiosas" y unos cuantos demonios muy molestos.

Oh, sí. Ash podía ver el aire intimidante heredado de Apollymi en su hija.

-mierda.

Katra estaba de acuerdo con su padre. Los cuatro estaban jodidos y por suerte ella había llegado a tiempo. Si alguien entraba a la casa estando su padre ebrio las cosas hubieran salido mucho peor que mal.

- creo que lo mejor será evacuar a Deyanira. ¿Dónde crees que sería más seguro?

- ¿si saben que no soy un paquete al que puedan transportar sin consentimiento, no?, todos poderosos o no, sigo siendo una persona que puede decidir por sí misma.

Los dos se giraron para ver a la chica que los fulminaba con la mirada mientras tenia ambos brazos en la cintura. Ella los observaba con gesto serio. Padre e hija no podían creer que ella estuviese hablándoles así, teniendo en cuenta todo lo que Ash le había revelado minutos antes. Lo mínimo que esperaban de ella era un shock histérico.

- ¿Estas enojada conmigo nena?

- estoy furiosa Kat. Aun no he tenido tiempo para tener un colapso nervioso, pero cuando lo tenga serás tú y tú… ¿padre?, quienes paguen el cuarto con paredes acolchadas. Y por su bien espero que la camisa de fuerza sea bonita.

- Dey…. – ella lo interrumpió.

- no estoy lista para hablar contigo Acheron. Tú has tenido once mil años para adaptarte a todo esto. Yo llevo menos de dos horas sabiendo de la existencia de tu mundo.

- Deyanira…

Ella comenzó a caminar de un lado a otro en el salón mientras Simi, Kat y Ash la observaban.

- Deyanira nada, Ash. Debes comprenderlo. Ponte en mi lugar. Hasta hace dos horas yo tenía un ¿un qué?, ¿un novio? un extremadamente sexy novio que tenía mis mismos intereses, que sabia tanto o más de historia que yo y que besa como los dioses.

Ahora descubro que sabe tanto de historia, porque él mismo estuvo ahí. Y a todo eso debes sumarle que La madre de Kat quiere matarme por ir tras las ruinas de la Atlántida. Que, oh casualidad, la hundió mi… ¿suegra?

Como siempre, Simi acudió en auxilio de su akri. Ella seria quien lo sacaría de aquel apuro.

- Dey-dey. La Simi entiende que estés asustada. Pero Akri y Akra-Kat no te dijeron quienes eran porque te pondrías toda enojada. Simi sabe que debes estar confundida, Simi se enteró hace unos años que no era la última demonio Caronte y al principio Xami no le caía bien a Simi. Ahora Xami y Simi son las mejores amigas.

Prometo que lo raro se irá rápido. Dey-dey es una humana de calidad y Simi puede ayudarla a entender lo que ocurre. Si la diosa vaca intenta hacerte algo, Akri dejará que se la coma. Y en cuanto a las furias… Simi tiene mucha salsa barbacoa.

Simi caminó hacia Deyanira y pasó un brazo por sus hombros. Luego señaló a Ash.

- Akri Draco dice que hay que ser valientes para admitir haber estado equivocado y arrepentirse. Pero hay que ser más valientes aun para perdonar a los que estaban equivocados y se arrepintieron. Mira mi akri, él tiene cara de estar muy arrepentido de haberte mentido sobre quién es. Perdónalo Dey-dey. ¿Sí?

Alguna vez le habían dicho que había que abrazar lo absurdo y seguir viviendo. Ella ya sospechaba que Acheron era demasiado perfecto para ser un simple mortal y resultó que no lo era. Aceptar a Ash tal y como era no sería tan irracional, dado que él parecía aceptarla aunque fuera el bicho raro que todos habían dicho que crecería para ser.

Deyanira había decidido. Acheron era más de lo que alguna vez ella llegaría a merecer y sea lo que fuera que estuvieran construyendo no lo arruinaría solo porque él fuese un poco mayor. Bien, él era mucho más que mayor que ella pero todos decían que había nacido con un alma vieja así que no era quien para juzgar. A demás, para ser un hombre tan mayor, él podía curar el hipo con solo echarle un vistazo.

Acheron anotaba mentalmente que al llegar a Katoteros debía darle a Simi algunas tarjetas de crédito más. Ella se había hecho cargo de la incipiente crisis de Deyanira y con un par de palabras había hecho que le volviera a sonreír. El corazón no le cabía en el pecho cuando Dey hacia eso.

Él había creído que alguna vez amó a Artemisa pero Katra tenía razón. Con la diosa solo habían tenido un mutuo encaprichamiento y todos los engaños habían fracturado su relación mucho antes de formar algo real.

Ninguno estaba listo para lo que sucedió a continuación. La puerta de entrada estalló en mil pedazos y las tres furias entraron a la casa flanqueadas por dos perros cerberos de tres cabezas.

Lo absurdo había alcanzado todo un nuevo nivel. Las tres mujeres que habían intentado asesinarla un par de semanas atrás habían irrumpido en su casa y estaba segura que no deseaban tomar el té.

Acheron y Katra se pusieron instantáneamente frente a Deyanira. Las furias no parecían estar dispuestas a tomar rehenes.

- Katra Agrotera y Acheron Parthenopaeus... La sirvienta y el juguete sexual de Artemisa unidos para proteger a una humana. ¿Si saben que ya no nos interesa la pequeña mortal?

La perra con aires de superioridad no nos manda, lleva siglos usándonos como sus chicas de los mandados, pero eso se acaba. Estamos aquí para quitarle lo que más quiere.

Ninguno entendió lo que Tisifone acababa de decir. Ellos no estaban al tanto de que Artemisa había obtenido el servicio de las furias debido a que había asesinado a su madre en combate cuando ellas eran demasiado jóvenes. Aquella guerra había sucedido en un tiempo en el que ni siquiera los mitos eran recordados.

Megara, Tisifone y Alecto habían servido pacientemente a la diosa por eones pero nunca habían sido leales a ella. Le habían servido mientras esperaban a que Artemisa dejase ver alguna debilidad. Una debilidad que pudiesen usar para destruir a la diosa como ella había hecho con su madre.

Ahora lo sabían. Artemisa les había prohibido dañar a Katra Agrotera cuando les encomendó la misión de matar a Deyanira. Podrían asesinar a quien quisiesen pero no a Katra. Cuando la misión se extendió, Artemisa las había convocado y el líder de los cazadores oscuros había sido agregado a la lista de personas que no debían sufrir rasguños. Habían dado con las dos debilidades de la diosa.

Deyanira comprendió lo que sucedía. Hacia minutos había aprendido que Artemisa era la madre de Kat y que ella era una perra maldita. No necesitaba ser una genio para comprender que las furias iban tras su amiga.

La daga surcó los aires. Aquella arma había sido forjada por Hefestos a partir de un rayo divino de Zeus. Artemisa la había conseguido de su padre cuando apenas era una niña. Con esa arma cualquier dios olímpico, o que tuviese algo de sangre olímpica en él, caería en un instante.

La diosa se la había entregado a las furias en una oportunidad en la que su enemistad con Eris, diosa de la discordia, había escalado a tal punto que una guerra se había desatado entre ellas. Artemisa había olvidado reclamar su daga cuando la pelea terminó.

Cuando Simi y Ash se movieron hacia Katra la daga había hecho blanco. Se había clavado profundamente en el pecho de su víctima y roja sangre brotaba sin que nada pudiese hacerse para detenerla. Katra dio dos pasos hacia atrás cubierta de sangre.

En ese instante Artemisa se materializó en aquella sala. Había sentido el peligro que rodeaba a su hija y no dejaría que nada ni nadie la lastimase.

- con mi hija no. ¡PERRAS! – las tres furias y sus demonios cayeron fulminadas bajo un rayo divino.

Artemisa no debería tener el poder de matar dioses. Ella era una diosa de la cacería y sus poderes eran de curación, los partos y no mucho más. Pero al haber intercambiado sangre con Acheron por tanto tiempo había adquirido alguno de sus poderes. Entre ellos el de asesinar dioses con solo desearlo.

- ¿Qué es esto? No, no, no. esto no puede estar sucediendo.

Artemisa se giró hacia donde Katra y Acheron estaban. Ambos acunaban a la mortal que se había interpuesto entre las furias y su hija. Ella debería estar agradecida de la chica pero no podía estarlo. No estaba en su naturaleza el sentir empatía por un mortal. Luego de asegurarse de que Kat estaba ilesa, Artemisa simplemente se marchó.

Katra y Acheron lloraban sobre el cuerpo de Deyanira. Ambos habían estado intentando revivirla por un tiempo. Ninguno de sus poderes de sanación había funcionado. La chica había muerto irremediablemente. La daga de Zeus enviaba las almas que tomaba directo al tártaro y de allí solo Hades podría permitirles regresar.

-o-

Dos semanas habían pasado desde la muerte de Deyanira. Draco y Hermione habían sido los encargados de organizar un entierro digno para ella dado que no tenía familia alguna que pudiese encargarse.

Acheron jamás había sido tan miserable como en ese tiempo. Jamás había sentido tanto dolor como en ese momento y más de una vez se vio tentado a seguir los consejos que Apollymi susurraba en su oído. Ash estaba siendo tentado a destruir la tierra para aliviar un poco su dolor.

Él se había dejado engañar nuevamente a causa de su soledad. Jamás había conseguido un trozo de felicidad sin tener que pagar con una parte de su alma por ello; y la felicidad que Deyanira le había dado en esas pocas semanas había sido demasiada como para que él saliese indemne.

Para los cazadores oscuros Acheron estaba desaparecido en combate, lo cual no era inusual. Por el momento Draco era el encargado de recibir todos los pedidos y, hasta hacia un par de días, Katra se encargaba de interceder ante Artemisa para conseguir lo que necesitaban. Ahora hasta Kat había desaparecido también.

Hermione había sido quien sugirió que Ash se quedase en la cabaña del pantano por un par de días. Aquel sitio apacible aun estaba bajo un fidelio y nadie más que él podía revelar su ubicación. Ella y los niños se quedarían en Katoteros para acompañar a Simi, que no podía estar sobre Acheron sin ser afectada por su tristeza.

Xamira y Draco estaban estacionados en el Santuario. Los Peltiers al completo estaban ayudando a los cazadores, ahora que su líder estaba temporalmente indispuesto para pensar en algo que no fuese su propio dolor.

Apollymi sufría al ver triste a su hijo. Su corazón de madre se estrujaba pensando que Apóstolos se convirtiese en una mala copia de ella. La destructora todavía lloraba la muerte de su bebé aun sabiendo que él estaba a salvo en la tierra. Lo malo de amar con tanta intensidad, como ellos amaban, es que las perdidas dejaban heridas más grandes. Heridas que jamás dejaban de supurar.

Acheron llevaba una semana recluido en la casita del pantano. Ya no lloraba. Sabía que si él lo hacía, eso afectaría a Simi, así que reprimía su dolor con toda la fuerza que le quedaba. Solo había estado con Deyanira por un corto tiempo pero la luz que ella le había dado a su vida solo había servido para hacerle ver cuán oscura era su realidad.

El teléfono de Acheron comenzó a sonar. Se suponía que allí la señal no llegaría, que nada podría molestarlo en esa cabaña. No estaba listo para aconsejar a sus cazadores porque él estaba más perdido que ellos.

- ¿Qué quieres Draco?

- "Solren. Soy Kat. ¿Podrías salir de la cabaña?. Draco me explicó que solo tú puedes mostrarme donde está".

- cariño no estoy de humor para hablar ahora.

- "Lo sé, solren. Prometo que es solo un momento y luego me iré".

Luego de un par de suplicas de Katra, Acheron accedió a verla. Sabía que estaba comportándose como un crio. Pero había decidido que después de once mil años él merecía un tiempo fuera para lamer sus heridas en soledad.

-o-

Acheron salió de la cabaña a regañadientes para ver a Katra. Solo vestía un pantalón de cuero y su cabello se veía opaco y de un gris poco saludable. No estaba de humor para hablar con nadie y ver todas las personas que acompañaban a su hija le dio rabia.

- aquí estoy…

Hermione, Simi, Draco y Katra estaban parados lado a lado aguardando la salida de Ash. Habían aparecido allí con el fin de realizar una intervención. Acheron había tenido tiempo suficiente como para sumirse en la miseria y ellos estaban ahí para sacarlo. Los cazadores oscuros necesitaban a su líder. Katra y Simi necesitaban a su padre.

Katra estaba extremadamente nerviosa. Jugaba histéricamente con sus manos mientras su padre caminaba hacia ellos. Había movido literalmente cielo e infierno para conseguir aquel favor. Su padre merecía aquel regalo que estaba a punto de darle.

Había sido Perséfone quien la había ayudado. Su amiga de la infancia se había conmovido con la historia de Deyanira y había convencido a Hades de darle una nueva oportunidad.

Hades al principio no había estado de acuerdo en dejar libre el alma de Dey. La daga de Zeus la había enviado a lo profundo del tártaro y ni siquiera él se aventuraba a ese sitio. Por suerte Katra había sido capaz de influir en su esposa y Hades había descendido hasta las profundidades del infierno con tal de que Perséfone no cumpliese su promesa de marcharse a casa de su madre, Deméter, dos meses antes de lo pactado.

Mientras estuvo en el tártaro, Deyanira se había mantenido firme frente a los demonios que intentaban torturarla. Ella estaba aterrada, pero no les dejaría ver cuánto miedo sentía. La convicción de haber hecho lo correcto hacia que se mantuviese en pie, aunque solo quisiese llorar y acurrucarse.

- agradezco que hayan venido. Pero necesito más tiempo. Prometo que pronto regresaré con ustedes. Aun no estoy de humor para hablar con nadie…

Draco y Hermione se hicieron a un lado y captaron la atención de Ash. Por un instante él no notó quien estaba parada tras ellos.

- ¿ni siquiera conmigo? Tu hija ha cruzado todo el infierno para traerme, no nos eches ahora.

Acheron no quería creer lo que sus cansados ojos veían. Parada a unos metros de él se hallaba la visión más perfecta del universo. Usando un vestido rosa y zapatillas bajas, Deyanira Kyriakidis le sonreía expectante.

Ash corrió hacia Dey y comenzó a tocar su rostro para asegurarse que fuese real. Había soñado con vivir aquello y temía que su mente le estuviera jugando una horrible pasada. Si eso era solo una alucinación no sabía si lograría recuperarse.

- ¿realmente eres tú?, dime que eres tu Deyanira.

- soy yo Acheron. Soy yo.

-dime que no volverás a irte. Por favor Deyanira, no vuelvas a irte.

- no volveré a hacerlo Ash. No a menos que tú vayas conmigo.

Necesitaba sentirla cerca. Así que la atrajo para darle aquel beso que había quedado dormido en sus labios a la espera de volver a verla. Él no quería soltarla, tenía miedo que se evaporase en sus manos.

Katra había hecho todo aquello solo para ayudar a su padre y aunque adoraba verlo feliz, observar como besaba a una mujer le daba cierto asco. Después de todo no importa qué edad tengas, nunca pensarás a tus padres como seres capaces de otro tipo de amor que no sea el fraterno.

Draco y Hermione desaparecieron del pantano rumbo a Katoteros. Ellos habían perdido sus capacidades de hacer magia pero Ash les había dado el poder de ir y venir del cielo atlante a voluntad. Tenían que contarle a Simi y a los niños las buenas nuevas. Katra volvió al Olimpo para pasar tiempo con Artemisa.

Hades había liberado a Deyanira pero solo como una simple mortal. Había sido Artemisa quien la había vuelto inmortal. Katra había convencido a su madre de que sin ella no hubiese sobrevivido al ataque de las furias y que si alguna vez había amado a su padre no lo dejaría soportar aquella perdida.

Artemisa no estaba lista para liberar a Acheron. Ella aun pensaba que seguía amándolo pero por Katra haría cualquier cosa. Incluso hacer inmortal a la amante de su padre. Ella incluso le había explicado a la chica como lograr que Acheron saciase su sed. Le había dado la llave de la libertad de Acheron solo por amor a Katra.

Cuando quedaron solos, Ash hizo que Deyanira lo siguiese a la cabaña. Necesitaba sentirla cerca y asegurarse de que nadie fuese a separarla de él nuevamente. Mataría sin remordimientos a cualquiera que amenazase el bienestar de la mujer que amaba.

- Deyanira, ¿te quedarías conmigo aun sabiendo lo que soy?

- no lo sé Acheron. ¿Tú te quedarías conmigo aun sabiendo que en la mañana seguiré siendo solo yo? ¿Que en la mañana seguiré siendo solo una humana corriente?. Sin poderes, sin belleza divina…

- me quedaré contigo solo porque tengo la certeza de que en la mañana seguirás siendo tu. No deseo otra cosa.

Volvieron a besarse y Deyanira tuvo una idea en aquel instante.

-Ash. -dijo, su voz entusiasta - ¿puedes hacer algo por mí?

- Cualquier cosa, Dey. Dilo y es tuyo.

- Hazme hermosa. Quiero ser bella para ti.

Acheron le dio un beso en los labios que prendió fuego su sangre y retirándose le sonrió.

- Ya está. Eres la mujer más bella del mundo y eres solo mía.

Deyanira caminó hacia un espejo cercano, muriéndose por ver como lucía. Habiendo visto a Artemisa estaba ansiosa por conocer el aspecto que Ash le daría. Siempre había deseado ser hermosa pero las cirugías estéticas la aterraban. Ser la novia de un dios tenía que tener algún beneficio. Cuando se vio a sí misma, frunció el ceño. Nada había cambiado.

- ¡Ash!

-¿Qué? - Le pregunto inocentemente, tirando de su espalda contra su pecho a fin de que pueda mirarla en el espejo.

- No hiciste nada.

Su mirada se encontró con la suya y la sinceridad en esos remolinantes ojos de plata la quemaron.

- Tú eres la mujer más bella del mundo, Deyanira. Esta es la mujer de la que me enamoré y no hay nada acerca de ti que yo cambiaría.

-¿De verdad?

-Por supuesto y espero que algún día tengamos una casa llena de niños que luzcan como tú.

Fin.
-o-

N.a: fin del epilogo de Ash. Espero que les haya gustado. Con este capítulo llegamos al verdadero fin de esta historia. Deyanira una adaptación muy libre de la heroína que la autora le dio a Acheron en su libro. La autora dice que Ash había tenido suficiente de diosas y una humana normal era lo que el necesitaba. Gracias a todos/as por haber llegado hasta aquí. Esta historia acaba, pero nos seguiremos leyendo en otras. ¡HASTA SIEMPRE!