Disclaimer: Black Clover y sus personajes pertenecen a Yūki Tabata.
-Malentendidos-
Charlotte se miró en el espejo del tocador de la habitación de la casa de sus padres. En ese preciso instante, recordó por qué no solía visitarlos a menudo y sí, era por sus constantes presiones sobre los pretendientes y el matrimonio.
Casualmente, esos pretendientes con esas propuestas insistentes de matrimonio eran siempre hombres. A veces, le gustaría que una mujer la pretendiese solo para ver la cara de sus padres, pero ese día no había llegado aún. De todas formas, sabía que daba igual cuántas personas quisieran conquistarla, pues su corazón pertenecía a alguien desde hacía muchos años.
Pero solo eso. Su historia con Yami se había resumido en un amor silencioso, oculto en su interior y que no tenía posibilidades. Así lo veía ella.
Había pasado por un período de valor y convicción total, en el que se juró a sí misma que le contaría a Yami lo que sentía por él, pero todo se esfumó, se convirtió en humo y determinación vacía, porque al final no fue capaz de hacerlo. Y estaba segura de que, a esas alturas de su vida, jamás iba a poder hacerlo. Solo le quedaba entonces la resignación, no solo de no aspirar a nada con Yami, sino también de estar sola.
Así lo estaba haciendo, hasta que una de sus mensuales visitas a sus padres le truncó los planes. Porque ellos habían decidido organizarle una cita con un noble, cuyo padre era su íntimo amigo, y que no podía rechazar por lo tanto. Tenía claro que la cita no iba a trascender mucho más porque ella lo iba a rechazar, pero tenía que ir sí o sí.
Suspiró con pesadumbre y después se miró de nuevo en el espejo. Llevaba el pelo suelto y un vestido violeta que su madre se había encargado personalmente de escoger. No podía negar que era bonito al menos; su madre tenía muy buen gusto. Sus ojos, sin embargo, tenían un brillo impregnado de decepción y angustia. Le gustaría ponerse esos vestidos y salir a citas, pero con otra persona. Y lo más frustrante era que esa persona ni siquiera era capaz de notar su presencia si no era para burlarse de ella.
Se levantó con hastío y salió de la habitación. Ya casi era la hora en la que debía estar en el restaurante y, como ella odiaba la impuntualidad, tampoco le gustaba hacer esperar a los demás.
Mientras recorría el pasillo de la inmensa mansión, su madre la interceptó, llamándola para que se detuviera antes de marcharse.
—Charlotte, ¿te vas ya?
—Sí —respondió ella de forma escueta. No tenía muchas ganas de conversar.
—Bien. No olvides que esta oportunidad es muy importante y no solo para ti, sino para la familia en general también.
—Mamá, sabes que voy por compromiso y cuál será el resultado de este teatro, así que no eleves demasiado tus expectativas, por favor.
Después de decir eso, Charlotte se marchó. Se dirigió hacia el restaurante donde tenía la cita. En la puerta, su joven pretendiente ya la estaba esperando. Podría tener perfectamente unos ocho o nueve años menos que ella y aun así, sus familias se empeñaban en emparejarlos.
El chico era atractivo, eso era innegable. Y se veía educado y hasta podría que fuera simpático, pero ambos estaban perdiendo su tiempo con esa pantomima que no llegaría a ningún lado.
Ocuparon la mesa que tenían reservada y él comenzó a hablar sin parar. Parecía que no quería que la situación fuera demasiado incómoda o tensa, pero Charlotte simplemente no estaba de humor y se limitaba a contestar con monosílabos o respuestas sumamente cortas. En un momento, el chico ya no tuvo más que decir y el silencio los engulló, creando así una atmósfera casi insoportable.
—Creo que tanto tú como yo sabemos que esto no va a ningún sitio, así que deberíamos dejar las cosas claras, ¿no?
—Eh… ¿qué quiere decir, señorita Charlotte? —titubeó él.
—Yo estoy aquí por mis padres y espero que tú también porque no hay posibilidad alguna de que suceda algo entre nosotros.
El joven suspiró y después se frotó el rostro con alivió. Temía que su padre especialmente siguiera presionándolo para quedar con esa mujer, pero tenía pensado decirle que la cita no había ido bien y que no volvería a repetirse. Se sintió increíblemente tranquilo al escuchar a Charlotte diciendo esas palabras. Después, sonrió y sacó un retrato pequeño del bolsillo interior de su chaqueta.
—De hecho, yo tengo pareja.
Charlotte se quedó mirando el retrato que el chico le dejó encima de la mesa. En él aparecían dos chicos abrazados por el hombro y sonriendo. Uno de los dos era la persona que tenía enfrente. Lo miró por un segundo. Se le veía un poco avergonzado. Ella sonrió inmediatamente para que se calmara.
—Hacéis muy buena pareja. Espero que seáis muy felices.
—Muchas gracias, señorita Charlotte —contestó mientras guardaba de nuevo el retrato—. No estoy preparado para contárselo a mi padre aún, así que por eso accedí a hacer esto. Lo siento mucho.
—No te preocupes —dijo la mujer con comprensión mientras llevaba la mano hacia la del chico, que descansaba sobre la mesa, y le daba un apretón cariñoso y comprensivo.
Entonces, sintió una presencia abismal a su lado. Giró su rostro y su mirada se congeló. Yami los miraba directamente con cara de pocos amigos. Su reacción fue apartar la mano de forma automática, pero no entendió bien por qué lo hizo. Ni tampoco por qué la cara de Yami tenía ese gesto tan serio.
—Ey, Reina de las Espinas, ¿hay un sitio para mí aquí?
Yami miró al cielo. Ya era de noche y se le había hecho tarde. Encima estaba recorriendo una de las partes de la capital que más odiaba, que era la que estaba destinada al ocio para los nobles. Decidió acelerar el paso para marcharse de una vez por todas de allí, pero, mientras caminaba por una de las plazas más transitadas del Reino del Trébol, se fijó en alguien que estaba dentro de un restaurante.
El local tenía una cristalera gigante, así que pudo verla perfectamente. Era Charlotte. Estaba vestida formalmente, con esos vestidos elegantes que las nobles usan en ocasiones importantes, y hasta llevaba el pelo suelto. Estaba acompañada por un hombre. Se estaban sonriendo y ella incluso tenía su mano sujetando la del chico.
No pudo controlarse. En otra situación, habría ignorado el panorama y simplemente se habría ido. Si eso hubiese sucedido con otro capitán, no le cabía duda alguna de que lo habría hecho. Pero con Charlotte, eso era imposible. Y lo era porque, aunque había renunciado a ella suponiendo que lo aborrecía, él la amaba. No sabía cuándo ni cómo ese sentimiento había surgido, pero ahí estaba, arraigado en su corazón con una fuerza que abrumaría a cualquiera.
Entró y se acercó a la mesa en la que estaban sentados. Después de preguntar si había un lugar en la mesa para él de forma seria pero irónica, vio a Charlotte poniéndose nerviosa. Incluso soltó el agarre de la mano y movía los ojos sin control de un lado hacia otro.
—¿Ya-yami? —preguntó mientras la voz le temblaba. Después, la vio carraspeando y cerrando los ojos—. ¿Qué haces aquí?
—Nada, te he visto desde fuera y quería unirme. Parecía que lo pasabais bien.
Yami fue a por una silla que estaba al lado de la mesa y se sentó mientras sujetaba el respaldar entre sus manos. Miró al chico, que casi temblaba de miedo, y después a Charlotte. Sonrió de forma sardónica.
—Nadie te ha invitado a unirte. Vete, por favor.
—¿Por qué? El chico quiere que me quede. Chico, ¿cómo te llamas?
—James…
—Bien, James… ¿Por qué estás aquí con Charlotte?
—Ya vale —dijo la mujer, claramente molesta.
Se levantó y sujetó a Yami del antebrazo para que la acompañara. Arrastrándolo casi, salieron del restaurante y lo condujo hacia uno de los callejones cercanos a la plaza, donde solía pasar menos gente porque además estaba poco transitado y algo oscuro.
—¿Me puedes explicar qué estás haciendo? No es un buen momento para que te rías de mí.
—¿Qué hacías ahí con ese hombre, Charlotte?
El tono de voz que Yami usó la descolocó. Solo se lo había escuchado en batallas, cuando estaba realmente concentrado en acabar con un algún enemigo y realmente serio. ¿Por qué lo estaba usando en esa situación y con ella precisamente?
—No te importa. Nada de lo que haga te importa.
Yami dio dos pasos, haciendo que la espalda de Charlotte chocara con la pared del callejón y que su corazón latiera velozmente en su pecho. Y no sabía si se debía a la emoción, a los nervios o al enfado que sentía por la actitud del hombre, que no dejaba de mirarla a los ojos ni un instante.
De un momento a otro, sintió la mano masculina colándose por su mejilla. Le apartó un mechón de pelo que le rozaba cerca de la ceja y se lo colocó detrás de la oreja, acariciando después su cuello con delicadeza, pero su mirada no cambiaba. El cuerpo de Charlotte se estremeció completo.
—Ahí te equivocas. ¿Quién era ese tipo?
—No hables así de James. Es un buen chico.
—O sea que sí hay algo entre vosotros.
Yami se apartó un poco de Charlotte y el momento, finalmente, se quebró.
—No.
—¿Dónde vive? —preguntó Yami de mal humor mientras intentaba marcharse del callejón—. Bueno, mejor entro al restaurante y le pregunto yo.
—¿Quieres parar ya, Yami? —dijo Charlotte con indignación mientras volvía a sujetarle el antebrazo—. A James ni siquiera le gustan las mujeres.
Yami se dio la vuelta y la miró. Después, sonrió algo incómodo.
—Oh… Lo siento. No… no me ha gustado verte con otro hombre, eso es todo.
—¿Otro…? —cuestionó Charlotte con confusión. ¿Cómo que otro si ella nunca había estado con ningún hombre?
—Otro que no fuera yo.
La mujer enrojeció y después el labio le tembló. Esas palabras solo tenían una interpretación posible, pero le parecía tan surrealista que se quedó sin habla. Tampoco hizo falta que dijera nada, porque sus labios fueron cubiertos con la boca de Yami, que la acercó hacia él mientras le acariciaba la cintura y profundizaba el beso.
Desde fuera del callejón, James los observaba con una sonrisa en el rostro. No sabía por qué, pero esa mujer había sido la única persona en la que había podido confiar para contarle que tenía una relación con un hombre. Se veía que ella también tenía a alguien especial en su vida. Realmente, esperaba que le fuera bien, porque se notaba que era buena persona y que lo merecía.
—Yo también espero que sea feliz, señorita Charlotte.
FIN
Nota de la autora:
La verdad es que yo me imagino a Yami como un hombre bastante celoso, pero no a Charlotte. Y podréis decirme que en el anime se ve que sí es, pero realmente esas escenas de celos nunca ocurren en el manga, así que no son canon. Y yo, por mi parte, no la veo como una persona celosa, la verdad.
Espero que os haya gustado y nos leemos en la próxima.
