CAPÍTULO III: ENFRENTAMIENTOS Y MALAS DECISIONES

Su rutina se ha vuelto la misma: se levanta, se prepara un café sin azúcar y pan tostado, se baña y se alista, y luego va a la habitación de Shion a ver si Atena tiene alguna nueva misión o alguna cosa por hacer. En parte sí es porque el Santo de Acuario suele caracterizarse por ser bastante responsable, incluso ahora que no hay guerras ni problemas entre dioses, pero una parte de Camus sabía que estaba constantemente preguntándole a Shion si hay algo que hacer porque necesitaba distraerse, específicamente liberar su mente de cierto escorpión que no dejaba de aparecer en sus pensamientos.

Camus siente gran afecto por Milo, lo acepta y lo admira desde que lo conoció. Admira la furia que despide su mirada centelleante, y esa chispa que siempre lo ha diferenciado. Milo no solo es un caballero honorable, sino también un excelente amigo y un buen amante (en varios sentidos). Camus está consciente de que se ha estado alejando de Escorpio, y esta distancia ha empezado a afectar su relación, pero si era honesto consigo mismo; Camus tenía miedo. Es irónico que un caballero que suele ser visto como alguien tan frío y orgulloso tenga miedo.Y aún peor, miedo de sus compañeros de armas. Pero era una realidad que a Camus le dolía, y que quería evitar a toda costa. Por eso se encuentra donde está actualmente, entrando a la sala principal ante la mirada algo agotada de Shion (era como la quinta vez en la semana que Acuario iba a pedir tareas). El patriarca de Aries suspiró y se levantó de su asiento, dirigiéndose hacia Camus con cierto hartazgo.

-"¿Qué se te ofrece, Camus?" Preguntó Shion, a pesar de que ya estaba casi seguro de la razón detrás de las visitas de Camus.

-"¿Dónde está Atena, hay alguna misión reciente?"

-"Te había dicho ayer que está con los Caballeros de Bronce de vacaciones, Camus. No va a regresar hasta la siguiente semana." Shion era paciente, pero también quería aprovechar este tiempo para volver a interactuar con los Caballeros Dorados, ningún caballero había tenido la oportunidad de estar presente en tiempos pacíficos. Y, aunque siempre estarán ahí para defender a su diosa, Shion quería aprovechar esta nueva vida con sus nuevos compañeros. Y quería que Camus también aprovechara esta oportunidad.

-"¿No hay ninguna misión pendiente?"

-"Camus, no hay nada. ¿Por qué no mejor vas y tratas de convivir con tus compañeros?" Ante esto el rostro de Camus se ensombreció.Detrás de ese miedo había un sentimiento más: culpa. Y es que Acuario aún se sentía culpable de todo lo ocurrido, y aunque sus compañeros pudieron seguir adelante, él se sentía estancado, aislado en un pasado que se aferraba a su persona y del que no se podía despegar. A pesar de la culpa, Camus no tenía intenciones de abrirse con nadie al respecto, no solo porque indicaría verse vulnerable, sino porque no quería generar más problemas ni generar lástima. Shion notó que tocó una fibra sensible al ver la reacción de Camus, y se acercó hacia él, colocando una mano en su hombro en señal de amistad.

-"¿Qué tal si te quedas a comer con nosotros? Dokho fue al rodorio de paseo pero en cuanto llegue haremos una pasta, ¿qué opinas?" Camus no se veía tan convencido. Agradeció a Shion por el ofrecimiento, pero declinó la oferta y salió de la sala del patriarca.

Mientras Acuario se encontraba con el patriarca, cierto gemelo de Géminis se encontraba caminando hacia el octavo templo en busca de Milo. Aún se sentía bastante avergonzado por aquella noche, sin mencionar la resaca que lo tumbó todo el día anterior. Honestamente, no se arrepentía de haberse acercado a Milo, y aunque no le gustaría ser partícipe de un engaño, un lado cínico de él se sentía victorioso al haber atraído la atención del bicho. Se encontraba confundido, sabía que no estaba bien interponerse directamente. No quería una situación en la que Milo corriera llorando a sus brazos y que Kanon entonces tuviese dudas. Milo, aunque nunca lo admitiría en voz alta, se encontraba vulnerable y volátil. Y el gemelo no quería que Escorpio acudiera a él solo por no tener otra opción, no solo por el bien de Milo, sino también por el suyo. ¡Pero es que era tan frustrante! le daban ganas de gritarle a Camus y alejarlo de Milo (aunque, hasta cierto punto, Acuario se estaba encargando de hacer eso él mismo). Seguía divagando en su dilema amoroso cuando se encontró con Aioria, quien seguramente iba hacia el mismo lugar que él para visitar a su amigo. Ambos se miraron fijamente, casi telepáticamente sabiendo que los dos querían ver a Milo, pero antes de que alguno pudiera enunciar una palabra, Shura se les acercó, probablemente buscando al caballero de Leo. Los tres se quedaron en un silencio incómodo que nadie sabía cómo romper, y que Kanon, imprudentemente, trató de romper con un comentario fuera de lugar.

-"Así que, díganme ¿ya lo hicieron o aún no?". Los dos caballeros presentes enrojecieron y, si se pudiera asesinar solamente con las intenciones, Shura seguramente ya lo habría hecho.

-"¡Cállate, gemelo metiche!" Aioria estaba a punto de reprochar más cuando Shura lo detuvo (aunque bien le hubiera gustado que el gato le diera una lección a Kanon por su insolencia), tomó aire, contó hasta tres, y habló.

-"¿Por qué no mejor nos vamos por un café o algo? Ambos regresando pueden ver a Milo, y no me miren así, es obvio que querían ir a verlo." Con un leve reproche de parte de Kanon y un puchero de Aioria (que le pareció tierno a Shura), los tres se encaminaron de regreso al rodorio, no sin antes asomarse una última vez escaleras arriba. Ninguno se percató de que, mientras se dirigían al café del rodorio, cierto peliazul se encontraba rondando exactamente la misma zona.

Shura pidió una mesa en la esquina para poder platicar a gusto, y porque prefería evitar el barullo del lugar. El café del rodorio era un lugar muy vivo, con un excelente olor a pan recién horneado y granos de café que podía atraer a cualquiera que pasara por aquella calle. El lugar era bastante modesto, pero muy animado, la gente solía ser bastante amable pero algo ruidosa, por lo que aquel lugar al lado de la ventana en la esquina era idóneo para convivir en paz. (Y Shura tenía el beneficio de mirar cómo los rayos dorados de la tarde impactaron con el hermoso cabello de Aioria, reflejándose a través de bellos destellos). Kanon miró divertido lo embobado que estaba Shura y casi se burla de nuevo, pero esta vez se contuvo, más por querer seguir el chisme que por precaución o cortesía. Los tres ordenaron y se instalaron en lo que hacían sus pedidos. Aioria fue el primero en romper el silencio inicial (que francamente, aún así no iba a durar mucho).

-"Así que, ¿quieres con el Bicho? Dime, Kanon. ¿Solamente quieres dártelo o quieres algo más? Porque suficiente tiene con la hielera como para añadirle otro problema." Kanon esperaba una reacción similar. Después de todo, Aioria es gran amigo de Milo, y tenía que ser inteligente en sus respuestas. Aunque ahora hay paz y los caballeros han decidido dejar atrás los rencores pasados, no significa que todo iba a ser tan sencillo, pero el ex marino estaba preparado para esa interrogación. Es más, hasta cierto punto le aliviaba saber que Milo tenía gente que se preocupaba por él, así que contestó con la verdad.

-"Quiero a Milo, y francamente hace tiempo que me había empezado a atraer. Es fuerte, noble, bello por dentro y por fuera. Es orgulloso y tiene un sentido de la justicia tan hermoso que hasta hoy en día me sigue sorprendiendo. ¡Encima es divertido! Claro que quiero algo con él, pero no me subestimes, Aioria. No pienso ni quiero generarle problemas, ¡Pero me desespera Camus! Teniendo a alguien como Milo, lo ignora." Aioria, al escuchar la respuesta sonrió. Kanon no terminaba de convencerlo, pero tenía la corazonada de que sí quería al escorpión. Sin embargo quería asegurarse, aparte Milo tiene que ser quien decida qué hará (aunque cómo le gustaría que ya dejara ir a Camus). Shura permaneció callado, sabía de la amistad entre Aioria y Milo, y que esta conversación era necesaria, así que se limitó a asentir y escuchar. Él también había sido perdonado por el león, y ese viejo rencor poco a poco se iba transformando en algo hermoso, algo diferente. Milo había pasado por mucho con Camus, se merecía alguien que estuviera dispuesto a enfrentar sus errores pasados y atreverse a vivir y compartir con Milo el presente y el futuro. Eso sí, jamás se lo perdonaría a Kanon si solo interfiere por mera atracción, aunque la mirada del gemelo mostraba un afecto y respeto mayor, lo que le tranquilizaba un poco.

-"Bueno, ¡más te vale ser prudente porque esa noche lo pudiste besar ahí mismo, a Milo!"

-"¿¡Besaste a Milo!?" Las bebidas estaban a punto de llegar cuando un caballero conocido se acercó a la mesa, azotando las manos sobre la superficie y llamando la atención de los presentes. Resulta que Camus, intentando despejarse un poco, fue al rodorio a ver si de pura casualidad Dohko seguía por ahí, y pasó por aquel café que tanto le gustaba a comprar un té y un poco de pan. La señorita que traía las órdenes se sobresaltó y casi tira todas las cosas del susto. Afortunadamente solo se derramó un poco de café sobre la mesa. La chica limpió rápidamente el café y se regresó rápidamente a la barra. Camus, por su parte, estaba furibundo. ¡¿Qué carajos hacía Kanon besando a Milo?! Estaba esperando su té cuando alcanzó a escuchar la conversación, aunque lamentablemente solo alcanzó a escuchar el 'besar ahí mismo, a Milo.' Aioria y Shura se encontraban petrificados mientras algunos visitantes los miraron con extrañeza por el escándalo. A Kanon le hervía la sangre, ¡encima de que ignora a Milo, ahora se molesta!

-"En primer lugar, no lo besé. Y en segunda, ¡eres un maldito hipócrita, Camus!" Esto estaba subiendo de tono, Shura se apresuró a pagar la cuenta, y miró a Aioria como pidiéndole que los sacara de ahí, pero nadie se movía.

-"¿Ah, ahora yo soy hipócrita? ¡Yo no ando provocando infidelidades y encima lo niego como si nada! ¡Serás un pinche cualquiera! ¡Interrumpiendo donde nunca te llamaron!" Ahora Camus verdaderamente estaba enojado. Ambos caballeros ahora estaban parados frente a frente mientras Aioria trataba de sacarlos del local y Shura pagaba la cuenta lo más rápido posible.

"¡Al menos yo sé qué pasa con Milo! ¡No como tú que nunca estás ahí para él! ¿¡Quién diablos crees que eres, Acuario?!" Dicho esto Kanon rió con sorna y dijo burlón. "¿Ahora el señorito es demasiado bueno para todos nosotros? ¿Cuándo fue la última vez que estuviste más de un día con él? ¡No te lo mereces! ¡Y no nos mereces a nadie!" Ese último comentario ahora había provocado la ira de Shura, porque Camus podía estar cometiendo errores, pero sigue siendo su amigo.

-"¡Cálmate Kanon! ¡Es nuestro compañero y lo respetas!"

-"¿Y por qué lo voy a respetar si solo lastima a Milo, eh? No es mi amigo ni mi compañero. Y lo repito, ¡no lo mereces!" Ante esto Camus, furioso, golpeó la mejilla del Marino, lo que provocó que Kanon contrarrestara y se el fuera encima. Shura se metió y Aioria, desesperado, intentaba separarlos a todos, llevándose algunos moretones de paso pero logrando llevar la pelea afuera del local. ¡Y decían que Leo era el salvaje! El escándalo alertó a la gente, pero al ser caballeros dorados nadie quería interferir. Kanon seguía gritándole a Camus, Shura golpeaba a Kanon y Aioria, ahora enojado, estaba comenzando a lanzar erráticos golpes a diestra y grupo de personas fue a alertar al santuario, y no fue hasta que llegó Dokho y encontró la pelea que las cosas se comenzaron a calmar. Esa tarde los cuatro se encontraban en la sala del patriarca, quien estaba sumamente enojado y decepcionado. ¡Se supone que habían dejado las batallas atrás, y menos aún entre ellos mismos!

-"¡¿Pero qué diablos pasó?! ¡Son Caballeros de Atena, carajo! Esas cosas ya no deberían pasar. Ni siquiera sé por qué tengo que ocupar mi tarde en esto, parecen niños y ni siquiera honorables caballeros. ¡¿En qué estaban pensando?! ¡Y encima asustaron a la gente del pueblo!" Kanon fue el primero en hablar.

-"Camus fue el primero en golpearme"

-"¡Cállate que tú me provocaste! Kanon me estaba calumniando e insultando. Que yo sepa eso tampoco es muy honorable."

-"¡Ya te dije que no lo besé! Y ahora menos me hubiera arrepentido si sí lo hubiera hecho!"

-"Pero-"

-"¡SILENCIO!" Determinante y ahora enojado, Shion prosiguió. "Si Dohko no los hubiera encontrado seguirían peleando, si tienen problemas que arreglar háganlo ustedes solos. ¡Pero por el amor de Athena no metan a los vecinos! No puedo creer esto. ¿Es por Milo, no? Ni se les ocurra interrumpir. Shura, ve por el Caballero de Escorpio, y tampoco creas que estoy contento contigo. Nunca esperé que te involucraras así. ¡Esperaba incluso eso más de Leo!"

-"Voy por Milo, su señoría. Pero si me permite, Aioria solo trataba de separarnos. Él no tiene la culpa." Aioria se sorprendió, no esperaba que Shura lo defendiera abiertamente, y menos frente al patriarca. Se encontraba conmovido, aunque seguía algo molesto de que Shura se lanzara contra Kanon así. Pero lo entendía, si alguien hubiera golpeado así e insultado a Milo, él hubiera hecho lo mismo.

-"No lo exime de la culpa, al final terminó uniéndose también. Pero está bien, ahora ve al octavo templo".

-"Sí patriarca Shion" El patriarca suspiró, estaba decepcionado y agotado. Encima se supone que Camus intentaba llevarse con sus compañeros, ¡no pelearse con ellos!

-"Y tú Aioria, ¿qué tienes que decir? te noto muy callado" El león se encogió de hombros.

-"Lamento el incidente, su señoría. Es cierto que no intervine como hubiera podido." Unos pasos y una conocida presencia se sintió en la sala. Milo había llegado acompañado de Shura, quien no le había querido comentar aún nada aunque el Escorpio le pedía respuestas.

-"¿Solicitó mi presencia, patriarca? ¿Qué ocurre? ¿Por qué están todos golpeados?" Milo frunció el ceño, preocupado. Miraba a los presentes buscando alguna respuesta.

-"Sería mejor que ellos te explicaran, Escorpio. Pero tus compañeros aquí presentes se acaban de involucrar en una pelea infantil. Tienen que hablar las cosas, pero por ahora como castigo Kanon, Camus y Shura tienen prohibido salir de sus templos hasta nuevo aviso. Aioria puede salir de Leo pero no puede salir del santuario, y mucho menos ir al rodorio." Milo miraba a todos, intentando entender por qué se pelearon, aunque algo le decía que seguro tenía que ver con él.

-"Sí patriarca." Dijeron todos al unísono.

-"Bien, ahora los dejaré retirarse. Y más les vale resolver sus problemas y hablar como corresponde y como adultos maduros. ¿Entendido?" todos asintieron y pasaron a retirarse. Milo, sorprendido y sin saber qué demonios estaba pasando, se acercó a Camus para acompañarlo a su templo. No sin antes dirigirle una mirada de advertencia a Kanon para que no interviniera.

-"¿Pero qué demonios pasó, Camus? ¿Por qué se golpearon todos?" Acuario tragó saliva, no sabía ni por dónde comenzar.

-"Milo...¿Besaste a Kanon?" El escorpión palideció, recordando aquella noche en el bar. Pero al saber que ese beso no ocurrió, negó con la cabeza.

-"¿No, te dijeron que lo había hecho?"

-"Creí escuchar eso" Camus estaba perdido, sentía mucho enojo pero ahora ni siquiera sabía que sentir. Estaba frustrado, cansado, y solo quería encerrarse en su templo, tenía el castigo de excusa.

-"Camus, no besé a Kanon. Aunque, honestamente, si hubieras estado presente lo sabrías".

-"¿Estás insinuando algo, Milo? Mejor dilo bien."

-"No sé si te has dado cuenta, pero no has estado muy presente que digamos. ¿Por qué Camus? Se supone que nos decimos todo, pero has actuado raro y estás como si nada.¡Y ahora resulta que te peleaste! ¡¿Y por celos?!"

-"¡No son celos! Solo me molestó que Kanon se entrometa así." Milo no sabía qué pensar. Tomó la cara de Camus entre sus manos y lo miró a los ojos, dándole un dulce beso en los labios, frotando con suavidad sus dedos en las mejillas inflamadas.

-"¿Sabes que te quiero, no?" Camus le trató de sonreír, pero su sonrisa se antojaba falsa.

-"Sí"

'O, eso creo.'