Disclaimer: Nada de esto me pertenece, todo es obra de Rumiko Takahashi y yo hago esto sin ánimo de lucro.
''La vida es un sueño y la muerte es el tiempo de despertar, y el hombre camina entre uno y otro como un fantasma''
Proverbio oriental
2. Vuelta casa
China, unos meses después
El tren procedente Qinghai avanzaba veloz por las interminables llanuras chinas, casi parecía volar por encima de los raíles de metal. Había salido casi de madrugada y sólo unas horas le separaban al fin de su destino: la ciudad de Shanghái, la enorme metrópoli china. Los pasajeros pasean por los pasillos o en las cafeterías y los más afortunados aprovechan la privacidad de sus compartimentos pero, en general, el bullicio es constante.
Excepto para un grupo de seis personas que viajan silenciosamente en el compartimento 12. Cuantas más horas y kilómetros pasaban, más se distanciaban del Monte Fénix, de Saffron, del horror. Algunos habían ido allí voluntariamente dispuestos a salvar a una amiga, alguno hipnotizado e incluso uno de ellos había sido secuestrado en su propio dormitorio pero, por fin, la pesadilla se había terminado. Volvían a casa.
Akane sigue el recorrido del tren con la mirada perdida: a lo lejos se distingue la silueta de una ciudad. Han pasado varias así pero el tren bala sigue su camino, imparable. Está en China, ella, que nunca ha salido de Tokio más que en los viajes de la escuela, pero le invade una sensación de distorsión. De pronto el paisaje cambia a un fondo negro ¿cuándo se han acercado tanto a una montaña? Y mientras el tren atraviesa el túnel, aparta la mirada de la ventana y observa a su alrededor. Al menos pueden realizar el viaje en la intimidad, gracias a la generosidad del guía de Jusenkyo, si bien es verdad que gracias a ellos el monte Fénix estaba a salvo.
Junto a ella está el asiento vacío de Ryoga que hace horas se ha ido al baño; si no fuera porque viajan en un tren sin escalas diría que su orientación le ha vuelto a fallar. Aprovechando ese espacio extra Genma ronca sin ningún disimulo apoyado en su gastado macuto de viaje. Frente a él se encuentra Mousse, que parece perdido en sus pensamientos aunque de cuando en cuando mira a la joven china que está a su lado, en el asiento del medio, y sonríe porque al fin es dueña de sus actos. No se arrepiente de haber usado el espejo. Shampoo dormita también, su bello rostro está relajado y con el vaivén del tren ha ido acomodándose; su cabeza se apoya en la mochila que ha colocado entre ella y Mousse. Y junto a ella y frente a Akane se encuentra Ranma.
Parece terriblemente cansado aunque no lo ha visto cerrar los ojos en todo el viaje. Las ojeras se enmarcan en su rostro y casi parece un extraño; por más que hace memoria no logra recordar cuando lo vio así. Unos ojos enrojecidos acompañan a las ojeras y su piel no tiene ese tono bronceado de siempre. Él también mira por la ventana aunque Akane ha notado todo el viaje que a menudo desvía su mirada hacia ella. Sin embargo no dice palabra alguna ni le sonríe, más enigmático que nunca, sólo un ligero suspiro parece agitar su pecho cuando vuelve su atención al paisaje. Aún no han estado a solas desde que ella despertó – o consiguió moverse más bien- y en estos momentos todo lo sucedido le parece un mal sueño. Sabe que tendrá que enfrentarse a los acontecimientos pero por ahora prefiere dejarse llevar, permitir que Jusenkyo quede atrás. También sabe que Ranma y ella deben hablar, es más consciente que nunca de lo que siente por él y por fin conoce los sentimientos de su prometido, aunque no se los haya reconocido. No en vano ella iba a morir por él y él iba a matar por ella.
Pero el tiempo pasa y cuando se dan cuenta ya están en la estación de Shanghái, con sus pequeñas mochilas de viaje, en la última etapa del viaje en China. Se ocupan de tener bien agarrado a Ryoga antes de que se pierda en la enorme terminal, no quieren retrasar el viaje más que lo imprescindible. Mousse y Shampoo se encargan de todo en su país natal, de forma que en unos minutos ya están camino del puerto, provistos de billetes de barco con camarotes individuales –los más baratos, pues les ha quedado lo justo- en dirección a Tokio. ¿Han pasado minutos o han pasado horas? Sospecha que lo segundo, porque el cielo está más oscuro y la luna comienza a reflejarse en el mar que tiene ante ella, pero lo ve todo como un programa de telerrealidad de esos que tanto le gustan a Nabiki: su mente está a cien, no, a mil pasos de allí. Pero se deja llevar, se deja llevar y solamente es consciente de la mirada azul de Ranma, que nunca se desvía demasiado.
Sus amigos hablan, charlan, felices de comenzar la última etapa del viaje que les llevará a casa. Genma vuelve a telefonear a la familia para informarles de que al día siguiente estarán allí y Shampoo y Mousse se despiden con una mirada nostálgica de la tierra que les vio nacer. Ryoga se dirige a ella y Akane asiente sin saber muy bien a qué, sus sentidos están embotados.
Únicamente cuando se encuentra a solas en su camarote, bajo el agua templada de una ducha occidental, esa extraña sensación de estar en un sueño desaparece con el agua cayendo sobre su piel y con cada gota que cae se nota más aquí. De pronto se siente más viva que nunca, los latidos constantes de su corazón, sus pulmones llenándose de aire, el hormigueo en su piel por el calor de la ducha. Toda ella está llena de vida. Debe ser esto lo que llaman una epifanía, una revelación. Sí, realmente casi muere. Pero está a salvo. Gracias a él.
Permanece así un largo rato hasta que finalmente cierra el grifo y sale al pequeño cuarto de baño. Frota el espejo con la mano para quitar el vaho y su reflejo le devuelve la mirada; parece la misma de antes. ¿Acaso lo es? Siente que no, que ella ha cambiado, que debe aprovechar esta terrible experiencia para sacar algo provechoso. Que todo el miedo que ha pasado, por ella, por él, debe servir para algo bueno. Y así lo decide, mientras se prepara para ir a dormir. Porque a terca no le gana nadie: ha tomado una decisión y se atendrá a ella.
Contempla el techo de su diminuto camarote y el cansancio comienza a pesarle en su cuerpo. Y cuando una solitaria lágrima sale de sus ojos y muere en su almohada, parte de su miedo muere con ella. Por Ranma, lo volvería a hacer.
Se encuentra en su camarote, tumbado en la cama. Sus ojos azules han observado el pasillo y lo han analizado; ahora mismo podría recorrerlo completamente a oscuras: 5 pasos largos al frente y un giro a la derecha. En menos de ocho segundos podría estar en la habitación de Akane. Es lo único que le preocupa o que le obsesiona más bien. Desde que han salido de Jusenkyo ha ido analizando cada situación, cada uno de sus movimientos, anticipándose a distintos peligros y contrincantes. No la quiere perder de vista ni un instante. Es curioso cómo funciona la mente humana, sabe cuál es el camarote de Akane pero no es capaz de recordar de qué era el bocadillo que ha cenado o dónde se encuentra la habitación de su padre, como si todo lo demás fuera insignificante para él. Aunque por prudencia, ha fijado en su memoria cuál es camarote de Shampoo y se ha cuidado mucho de que ella no averiguase cuál era el suyo.
Ranma se tumba en su cama, cansado hasta el extremo pero incapaz de dormir. No se encuentra bien. Nota un hormigueo en la punta de los dedos y vuelve a sentir lo mismo que unos días atrás, cuando el hilo de Saffron comenzó a enrollarse entre sus dedos. Una sensación parecida a una pluma acariciando sus dedos, una necesidad imperiosa de aferrarse a algo. O a alguien. La ha sentido desde que comenzaron el viaje.
Bum-bum, bum-bum, bum-bum. Con cada latido parece que su corazón se acelera, que late con demasiada fuerza. Cierra los ojos pero da igual, las imágenes se suceden en su cabeza: Akane siendo arrojada por Kima, Akane girando el círculo de oro, su camiseta vacía cayendo, convertida en muñeca y lanzándose hacia Saffron. Akane, con los ojos cerrados en sus brazos, fría e inmóvil como el hielo.
El ritmo de su corazón se acrecienta y el hormigueo ya no se encuentra sólo en la yema de las dedos; parece que le va a reventar el cuerpo de pura necesidad de verla. Un pensamiento cruza su mente y se incorpora rápidamente. ¿Y si Jusenkyo tuvo algún efecto secundario? ¿Y si los han vuelvo a encontrar? ¿Y si no llega a tiempo? ¿Y si…?
Antes de que se pueda dar cuenta ha abierto la puerta y volado por el pasillo: 5 pasos largos al frente y un giro a la derecha. Abre la puerta sin problema: no está echado el pestillo y eso no hace más que aumentar su miedo. La habitación está en penumbra y sólo la luz de la luna que entra por la ventana redonda le permite ver una figura acostada en la cama. Se acerca con cuidado, necesita comprobarlo por sí mismo.
Bum-bum, bum-bum, bum-bum. Su corazón se desboca, llega al punto de no retorno y justo en ese momento se produce, con dolor se salta dos latidos.
Respira.
Y con cada tranquila exhalación de ella se aligera el peso que siente en su corazón, se aclaran las tinieblas de su mente. Desaparece el temblor de sus manos, ese que no se sabía que tenía. Observa su pecho subir y bajar y el alivio que siente es tan intenso que debe sentarse en el suelo, no muy lejos de ella, justo al alcance de su mano. Siente la tentación de tocarla, de sentir la tibieza de su piel y el latir de su corazón.
Y lo hace. Con el mayor de los cuidados – porque sigue siendo Akane y si se despierta volará sin avión hasta Nerima – pasa sus dedos por su pelo, el mechón negro se desliza con suavidad.
Akane está aquí y está viva.
Ranma no sabe cuanto tiempo permanece así, mirándola dormir cuando un ruido en el pasillo le devuelve a la realidad. Se siente estúpido, qué pensará ella si despierta y le pilla aquí. ¿Cómo explicarle que sólo necesitaba comprobar que estaba bien? Se levanta y se dirige hacia la puerta cuando el ruido en el pasillo se hace más fuerte, parecen unas ruedas siendo arrastradas. Una voz lejana le confirma sus sospechas:
–¡Eh, el de la limpieza! ¡Es en este baño de aquí! – Maldición, se ha encendido una luz a sus espaldas
–¿Ranma, eres tú? – oye una voz soñolienta y se gira despacio. Akane lo mira mientras se incorpora en la cama.– ¿Qué haces aquí? ¿Ha ocurrido algo?
Abre la boca y la cierra, inseguro.
–No, todo está bien – dice al fin. Akane le sigue mirando, sus ojos marrones confundidos.
Vuelve a sentir el hormigueo en sus manos de forma más intensa que nunca. Y entonces hace algo sin pensar, sin importarle las consecuencias porque la sensación es insoportable. Cruza el camarote y abraza a Akane con fuerza, apoya su cabeza en su hombro y cierra los ojos.
El hormigueo que siente en sus manos desaparece en el mismo momento en que la estrecha entre sus brazos. No se preocupa de su mazo ni de lo que pensará ella, sólo siente que ha calmado esa necesidad imperiosa de sentirla. Nota el cuerpo de Akane relajarse tras unos segundos de tensión, su cabeza acomodándose en el hueco entre la clavícula y su cuello y él aspira el olor de su cabello.
Permanecen así varios minutos. Finalmente, Akane se mueve y se separa de él aunque su pequeña mano izquierda sigue sujetando la suya. Tira de él hacia la cama y se sientan, ambos miran hacia la pared.
– ¿Has dormido algo?– le pregunta Akane. Ranma niega con la cabeza.
Akane le aprieta la mano con suavidad y le mira sin reproches
– Sabes, deberías descansar, creo que nunca te había visto tan…
– Akane yo… –la interrumpe Ranma y la joven se queda callada –¡Lo siento! Yo… no quería que te metieran en esto. ¡Intenté alejarme! Todos estos líos, estos problemas , estos chalados ¡todo es mi culpa! Allá dónde voy los problemas parecen seguirme. Tenía que saber que estás bien.– Ranma la mira con intensidad – Akane, si te pasara algo, yo….
–Ranma…
Se queda callado y vuelve a mirar a la pared con turbación, al parecer las palabras lo han abandonado. Akane observa sus manos entrelazadas mientras intenta expresar lo que siente, no quiere que Ranma se sienta culpable.
–Ranma, mírame, estoy aquí, estoy bien. – el joven de la trenza la mira de reojo. – Tú no me llevaste a China y si estoy viva es gracias a ti – le tiembla la voz en estas últimas palabras.
Ranma vuelve a mirarla.
– Me salvaste la vida. – musita él.
Por toda respuesta Akane vuelve a apretar su mano. Parece que la timidez de ambos los ha abandonado en el camarote y les ha dejado ser sinceros uno con el otro. Pero no se siente extraño, si no increíblemente natural. Mañana volverán a ser los de siempre, pero por ahora…
-No te culpo Ranma, nunca lo he hecho. Si te digo la verdad… de veras me alegro de que llegaras de China. Nerima era muy aburrido sin tantos locos.– dice Akane, intentando quitar hierro a la situación. Ranma intenta sonreír pero le sale una mueca.
Se quedan callados unos instantes. Con timidez pero recordando su decisión, Akane acaricia con su pulgar el dorso de la mano de su prometido.
–Siento que no te hayas podido curar de tu maldición.
Ranma niega con la cabeza y ambos vuelven a mirar al frente.
–No había tenido tanto miedo en mi vida. – habla tan bajito que Akane no sabe si lo ha dicho de verdad o si son imaginaciones suyas.
–¿Quieres quedarte un rato más?
Ranma asiente con la cabeza y Akane apaga la luz de la lámpara. Siguen sentados y apoyan su espalda en la pared. Ranma por fin siente la pesadez en sus ojos. Sabe que debería irse, que si su padre o Shampoo los pillan ahí tendrán problemas y que ese ataque de sinceridad que ha tenido con Akane no durará para siempre. Pero nota su mano cálida y fina y poco a poco sus problemas van quedando atrás, se hunden en ese mar que están atravesando. Duerme sin pesadillas. Y mañana… mañana será otro día.
Los primeros rayos de sol iluminan la habitación cuando un golpeteo en la puerta despierta a Akane.
–¿Akane, estás despierta? ¡Desembarcamos en 20 minutos!
– ¡Ya voy, tío Genma!
Se levanta con rapidez: lo bueno de haberse dormido sentada es que tardas menos en levantarte. Lo malo es la rigidez de cuello y el agarrotamiento del cuerpo en general. Ranma ha desaparecido aunque ya se lo imaginaba, su timidez volverá a jugar en su contra. Mientras se lava los dientes y guarda su improvisado neceser en la mochila -todo nuevo, cortesía de Jusenkyo- piensa en qué actitud mostrar con los demás. No quiere contarle a nadie lo sucedido, además tampoco considera a los demás grandes amigos, sólo Ryoga puede entrar en esa categoría. De todas formas, él no lo entendería (siempre es bastate malpensado en lo que concierne a Ranma) y la verdad es que prefiere guardarse este pequeño secreto sólo para ella.
¿Y Ranma, qué pensará él? Conociéndolo como lo conoce, se retractará o la insultará o las dos cosas. Así que al final opta por tomar el camino más lógico, hacer como si la conversación de anoche no hubiera tenido lugar.
Cuando llega al vestíbulo de su zona del enorme barco sus compañeros de viaje ya se encuentran allí. Ranma la mira de reojo y le dedica una inclinación de cabeza, cohibido.
–¿Has dormido bien, Akane?
–Perfectamente, Ryoga, gracias. Ayer me sentía un poco cansada pero creo que el sueño me ha sentado bien.
–¡Airen! – la amazona se cuelga del brazo de Ranma, reclamando su atención. –¿Cuándo llegar a Nerima tener cita, sí?
–¡Saotome, préparate a morir!
-¡Ranma, cómo puedes hacerle esto a Akane! ¡No tienes honor!
Y cuando parece que la trifulca, es inevitable, que esos tres se van a pelear allí, en medio del vestíbulo, una voz femenina les interrumpe y se quedan estáticos.
–Estimados pasajeros, les anunciamos que en el día de hoy a las 8:00 hemos llegado al puerto de Harumi. – la voz de megafonía suena educada pero autoritaria– Por favor, diríjanse a las terminales más próximas. Nuestros compañeros les indicarán por dónde efectuar la salida, en caso de duda…
Con aquellas palabras la multitud se pone acción y pronto es como una marea humana. Akane, la más menuda del grupo, pronto se ve rodeada por desconocidos y se mueve con ellos. Hasta que una camisa roja se planta justo delante de ella: es Ranma, que le da la espalda y mantiene los brazos un poco separados de su costado. Agradecida, se aferra a su ropa y camina pegada a él
–Gracias, Ranma.
Y así bajan del enorme barco y únicamente cuando la multitud de viajeros se empiezan a disipar en la enorme explanada son capaces de encontrar a sus compañeros de viaje. A todos excepto a Ryoga, en algún punto entre el vestíbulo y la bajada Genma lo ha perdido así que como bien comenta Mousse lo más probable es que se encuentre ya rumbo a Hokkaido.
–¡Ranma, hijo mío! ¡Genma! ¡Akane!
El rostro de Nodoka aparece entre la muchedumbre junto a Kasumi. Incluso se sorprenden al ver a la abuela Cologne unos metros detrás de ellas. Pero Akane apenas puede vislumbrar nada más porque los brazos de Kasumi la envuelven en un fuerte abrazo. Por fin se siente en casa.
No sabe que en su casa, donde permanecen su padre y Nabiki, la situación está a punto de cambiar drásticamente. Soun se acerca al pasillo donde su hija permanece de pie junto a la pequeña mesita.
–¡Papá! Es para ti – dice la mediana de los Tendo mientras le pasa el télefono.–Dice que es el guía de Jusenkyo.
¡Hola a todxs!
Lo primero, si has llegado hasta aquí, muchísimas gracias por leer. Aquí sigo con esta serie de viñetas sobre mi pareja favorita. Esta viñeta es un poco más corta que la anterior pero la siguiente será más larga.
Siempre me he preguntado qué pasaría entre Ranma y Akane tras el episodio Jusenkyo. Ellos no son de hablar de sus sentimientos pero en este caso yo creo que tuvo que ser inevitable. Demasiado drama para dejarlo pasar… ¿Vosotrxs qué pensáis?
Quiero agradecer a todxs los que habéis dedicado unos minutos a escribir review, leer o añadir a favoritos la historia. Es un motivación grandísima para mí así que muchas gracias .
Y si habéis visto alguna falta de ortografía os pido disculpas, reviso varias veces el texto pero alguna se me escapará.
Un saludo a todxs, nos vemos por Nerima ;)
