Disclaimer: Nada de esto me pertenece, todo es obra de Rumiko Takahashi y yo hago esto sin ánimo de lucro.

''Érase una vez, hace mucho, mucho tiempo, vivían dos tengu en lo alto de una montaña, uno rojo y uno azul. Estos seres mágicos –hay quien diría seres demoníacos - viven en las cumbres más inhóspitas y en los bosques más oscuros. Son fácilmente reconocibles por su gran nariz y por su cuerpo, con rasgos humanos y rasgos de ave, bien unas alas o unas piernas terminadas en zarpas. Sin embargo esta peculiar apariencia no les hace inútiles. Son, de hecho, grandes expertos en artes marciales, ya que se dice que fueron ellos quienes enseñaron a los mortales las diferentes técnicas.

Pues bien, estos dos tengu en particular tenían una armoniosa amistad. Pero veían a los humanos a los pies de su montaña y en los 500 años que los observaban apreciaron en los mortales un gran cambio, un avance. Reflexionaron acerca de por qué ellos permanecían inmutables. Los vigilaron durante otros cinco siglos, intentando averiguar qué les hacía tan especiales.

Los mortales son seres extraños. Pero hay algo que hacen todos ellos: discuten, riñen entre ellos, destruyen sus ciudades y vuelven a empezar. –dedujeron al final.

Pues entonces lo haremos nosotros también. A lo mejor el cambio viene después de la discusión…

3. Los herederos

Parte 1

El cuerpo de Ranma Saotome cayó pesadamente sobre el suelo de madera del dojo Tendo. Enfrente, sus dos contrincantes esperaban, atentos. Akane Tendo, se puso en pie con dificultad pero trastabilló y volvió a caer de rodillas.

–¡No, Akane, déjame a mí!

El joven intentó ponerse en pie, sin éxito. Al fondo, apoyados en la pared del dojo, sus padres y Kasumi observaban la escena con el rostro descompuesto. A un lado, los herederos de la Escuela de Artes Marciales Todo Vale. Al otro, dos chicos, vestidos con ropas idénticas: unos pantalones y una blusa blanca conformaban el suzukake y por encima llevaban un chaleco amplio de color marrón. Ambos relajaron sus posturas de ataque.

–Creo que el resultado final es claro, ¿no?– preguntó uno de los dos chicos, el más bajito. Ambos eran atléticos, con un par de años de diferencia en su edad y llevaban una larga melena negra recogida en la parte baja de la cabeza. Sus rasgos eran similares.

–Lo es. – murmuró Nabiki con voz trémula.

Se encontraba de pie, en medio del dojo, entre los dos chicos y Ranma y Akane. Miraba con tristeza a su hermana y su prometido: Akane estaba sentada en el suelo , su pie derecho se estaba empezando a hinchar alarmantemente. En su rostro, surcado por las lágrimas, había restos de sangre. A su lado Ranma, volvía a intentar incorporarse. Tenía un aspecto espantoso, con varios cortes por la cara pero el que más preocupaba era el de su ceja derecha, que estaba abierta y sangraba profusamente. El ojo lo tenía hinchado y le impedía ver bien. El resto de su cuerpo no debía estar mejor, porque se llevaba la mano izquierda al costado y había cojeado durante los últimos minutos de la pelea.

–¡No Nabiki! ¡Aún no he terminado con ellos! – gritó– ¡puedo seguir!

Pero Nabiki miró apenada la escena y luego a los dos jóvenes.

–Lo siento, chicos.– se dirigió a los rivales –La victoria es clara. Declaro a Akiyama y Tomoki Yamabushi, de la escuela Sohei, justos vencedores. Iré a por el nombre del dojo para que os lo llevéis.

–¡No! ¡No lo traigas Nabiki! Aún puedo ganar.– Ranma intentó levantarse mientras Akane, que se había acercado a él, lo ayudaba.–¡No tenéis honor! ¡Luchar contra una chica!

El chico más alto, Akiyama, lo miró fijamente.

–Ella estaba avisada y quiso luchar en igualdad de condiciones. Mi hermano Tomoki es más joven que ella y sin embargo ha ganado justamente.

Akane permaneció muda mientras observaba a su hermana acercarse con el cartel de madera del dojo y se lo ofrecía a los dos chicos. Ellos lo aceptaron con una inclinación de cabeza y se dispusieron a coger sus pertenencias para irse. Su mente iba a toda prisa, a su lado Ranma miraba el suelo con lúgubre expresión, pero levantó la cabeza decidido.

–¡Parad! ¡Os desafío de nuevo!

–Ríndete, chaval. Habéis intentado ganar por separado y juntos, y eso en buenas condiciones. En este estado no durarías ni un minuto. –contestó calmado Akiyama.

Akane se irguió entonces, limpiándose una lágrima traidora de la cara, pero habló con voz firme:

–Escúchame bien, ''chaval'' – el chico más alto se mantuvo impasible pero su hermano menor enarcó una ceja– Puede que hayáis tenido suerte y nos hayáis vencido. Pero nosotros somos Ranma Saotome y Akane Tendo, herederos de la escuela de artes marciales estilo ''Todo Vale'' y no lo dejaremos pasar. Para restaurar nuestro honor…exigimos otro combate.

Los hermanos se miraron unos instantes y se alejaron unos pasos. Hablaron entre ellos en voz baja durante un momento y luego se dirigieron a los demás.

–De acuerdo, ya que insistís en recuperar el honor. Aunque queremos dejar claro desde ya que vuestra derrota ha sido honorable.

Ranma soltó un bufido de incredulidad. Akane, en quien se apoyaba, le apretó ligeramente el costado.

–Pero ha de ser una lucha justa, tenemos nuestras condiciones – dijo Tomoki.

–¿Qué condiciones?- preguntó Ranma.

–El combate será dentro de diez días, en nuestro templo del monte Takao, al atardecer. Y, para que sea lo más justo posible, debéis llegar en el mismo estado que en el día de hoy. Nada de pedir ayuda a ningún amigo o maestro para que os enseñe técnicas nuevas. Sólo vosotros dos contra nosotros dos.

–Parece justo– repuso Akane.

Ranma dio un paso al frente y dejó de apoyarse en ella.

–¿Cómo que debéis?– preguntó con rabia– Me enfrentaré a vosotros yo solo. Akane queda fuera de esto.

–Ranma– se sorprendió Akane.

–Pues entonces no habrá combate, Saotome. Son nuestras condiciones, las tomas o las dejas.

–Las toma – contestó rápidamente la joven.

Pero los Yamabashi continuaron mirando fijamente al joven de la trenza. Éste miró a su familia: su padre le parecía decepcionado, su madre estaba terriblemente triste y Soun tenía una mueca de incredulidad, como si no se acabase de creer lo que veía. Kasumi los observaba la escena atentamente, la preocupación se apreciaba con claridad en su rostro. Nabiki, mucho más cerca de ellos, era la única que parecía ligeramente aburrida. Y junto él, Akane, que lo miraba magullada pero decidida. Se sentía derrotado.

–Acepto.– dijo finalmente.

Los dos chicos se giraron y se dirigieron hacia la puerta del dojo. Cogieron sus pequeñas bolsas de viaje marrón y se pararon en el umbral del dojo. Akiyama detuvo a su hermano con una mano y se dirigió a sus rivales.

–Diez días, pareja.

Y se alejaron sin volver la vista atrás.

. . .

Los siguientes dos días transcurrieron con relativa tranquilidad. Ranma y Akane permanecieron cada uno en su cuarto, recuperándose de la batalla librada contra los hermanos de la escuela Sohei. El doctor Tofu los había visto (Genma y Soun prudentemente habían mandado a Kasumi a la cocina a preparar un pastel para evitar más tragedias) y el diagnóstico era menos grave de lo que parecía en un principio. Ranma tenía un ligera fisura en una costilla pero con unos días de reposo se recuperaría. En cuanto a Akane, su pie precisó de un vendaje y le recetó una serie de ingredientes para hacer un ungüento. Increíblemente Nabiki había cogido la lista y había ido a buscarla sin pedirles nada.

Las prometidas de Ranma no habían hecho acto de presencia, pensó Akane aliviada. No sabía cuál era la razón – era extraño que Shampoo o Ukyo no se acercaran cuando llevaban dos días sin ver a Ranma. El día anterior había escuchado un pequeño revuelo en la planta baja pero cuando horas después Nabiki le acercó un bol de sopa afirmó no haber estado en casa.

Su familia se comportaba con extraña amabilidad y más de una vez Akane los había pillado en algún momento de cuchicheo en el pasillo. La vergüenza se apoderó de ella cuando supuso cuál era el tema de conversación: su inexplicable derrota ante aquellos dos chicos. Había tomado la determinación de no decirle a Ranma nada sobre el tema. Quién sabe cómo estaría el orgullo de su prometido, sólo sabía que él estaba como ella, recuperándose en el cuartito del fondo del pasillo, que antiguamente había sido el cuarto de costura de su madre teniendo así un poco de intimidad con sus progenitores. A los dos les subían las comidas para que no tuvieran que hacer ningún movimiento y no había querido preguntar por él a Nabiki ni a Kasumi, aunque esta última sí le había contado las lesiones del chico tras la pelea.

La pelea. Aún no era capaz de determinar en qué momento se había torcido todo. Unos días antes, los hermanos Yamabashi se habían presentado en el dojo y habían estado hablando con sus padres mientras ellos estaban en la escuela. Sus padres les informaron a su llegada: dos chicos querían luchar en el dojo. Pertenecían a la escuela Sohei y habían entrenado con los monjes del templo Yakuo-in durante años. Unos turistas les habían hablado de diferentes dojos de la ciudad y habían ganándose los nombres de los diferentes gimnasios. Todo parecía muy normal, desde la fatídica no boda habían tenido varios contrincantes así. Normalmente se ocupaba Ranma de luchar pero aquel sería un combate doble. Su prometido no parecía muy contento con la perspectiva de este tipo de combate pero, como bien había recordado ella, era heredera del estilo Todo Vale también y aceptó a regañadientes. Y en la pelea había intentado apartarla varias veces de la acción por lo que todo fue un completo desastre.

Era ya el tercer día de reposo absoluto y finalmente el doctor Tofu les había dado el alta. Era una suerte que se encontraran de vacaciones de Navidad aún, sólo quedaban unos meses para que comenzase su último curso y no podían permitirse ausencias durante tantos días. Su pie estaba como nuevo, había caminado de su habitación al cuarto de baño para asearse e incluso bajado las escaleras que la llevaban a la salita y sólo había sentido algún pinchazo ocasional. Así que bastante contenta entró en la salita donde el resto de su familia se hallaba reunida.

Su padre y los señores Saotome ocupaban uno de los lados de la mesa cuadrada, junto a ellos se hallaba Nabiki, con un hueco a su lado en el que suponía que estaba su hermana mayor. Al otro lado se encontraba Ranma, cuyo rostro lucía varias marcas del combate, aunque las postillas parecían temporales. Se sentó a su lado dando los buenos días a su familia.

–¡Akane! – Kasumi apareció en ese momento con una bandeja con el desayuno –¿Cómo sientes el pie? El doctor telefoneó a primera hora para preguntar si te haría falta más vendaje.

–Hija mía, qué alegría que te hayas levantado. – Soun interrumpió la conversación que estaba teniendo con los Saotome.– Parece que los dos os habéis recuperado con rapidez.

–Creo que no, Kasumi. Por cierto, dale las gracias por el vendaje.–Kasumi asintió con la cabeza– Me encuentro bien, papá.

–Sí –dijo Ranma con voz monocorde. Se quedó callado unos instantes, mirando a su alrededor, para luego anunciar – Os aviso de que esta tarde me iré a entrenar. Yo solo –añadió cuando su padre abrió la boca.

–Hijo mío, ¿no crees que deberías intentar hablar con Happosai? Además, está el tema de tu prometida – Nodoka miró de reojo a la chica, que masticaba con seriedad – Deberíais entrenar aquí, los dos juntos.

Ranma tomó aire. Llevaba pensando en esta conversación dos días y sabía cuál sería la reacción de sus padres, así que también había pensado en una réplica.

–Creo que Ranma tiene razón, tía- – intervino Nabiki– Si se queda aquí pronto vendrán las demás, Cologne… ¿no juraste que nadie más intervendría en la pelea, por tu honor? Yo podría ayudarte con todo, por un módico precio claro.

–Nabiki, ¿no podrías dar tu ayuda desinteresadamente por una vez? –preguntó Kasumi, negando con la cabeza mientras Nabiki se reía.

–Yo también iré, Ranma. –Akane dejó los palillos en la mesa, decidida y lo miró.

Ranma bufó, exasperado.

–He dicho yo solo. ¿Qué parte de yo solo no se entiende?

–¡Mi honor de artista marcial también está en juego! –Akane se puso en pie, furiosa– ¡Te recuerdo que fui yo quien consiguió la revancha!

Su prometido también se levantó, llevándose las manos a la cabeza. El resto de la familia miraba estática la escena.

–¡La revancha y la derrota! ¡Si no te hubiese apartado del peligro en la pelea los hubiese ganado!

–¡Pues yo vi otra pelea diferente, porque nos han vapuleado a los dos, no solo a mí! ¡Yo también soy una artista marcial, no necesito que me apartes de ningún sitio!

Se miraron con furia unos instantes. Finalmente, Ranma suspiró y volvió a hablar.

– Que quede claro a todos. Voy a irme, yo solo y volveré en una semana para el combate. –ahora miraba a toda la familia. – No quiero que nadie se inmiscuya. No quiero al viejo libindoso, ni a la momia, ni a padres ni chicas de ningún tipo. Volveré y recuperaré el nombre del dojo, sin ayudas de nadie, sin Nekoken, sin técnicas ni ayudas de ningún tipo. Ahora, si me disculpáis, me voy a preparar mis cosas. Kasumi, todo delicioso, como siempre– miró a Nabiki de forma significativa e hizo un gesto con la cabeza y salió de la sala apresurado.

. . .

Horas después, Akane terminaba de revisar su mochila de viaje. La dejó junto a la ventana, junto con la carta que acababa de escribir a su familia. Ya lo tenía todo, sólo le faltaba conocer su destino y para ello debía recurrir a una persona. Tomó aire, y salió de su habitación para picar a la puerta de la habitación contigua. Dio unos golpes suaves y tomó el picaporte tras escuchar un ''adelante''.

Nabiki la miraba triunfal, sentada en su cama junto a unas cuantas revistas. Únicamente le faltaba acariciar un gato, pensó Akane, para parecer una auténtica villana de película.

–Y bien, hermanita ¿qué te trae por aquí?

–Necesito tu ayuda.

–¿Ayuda en qué exactamente? ¿Se te han complicado las tareas de trigonometría de las vacaciones?–preguntó con fingida inocencia, mientras volvía a prestar atención a su revista.

–Vamos Nabiki, lo sabes de sobra. No me hagas decirlo.–respondió Akane. Su hermana la miró con una sonrisa petulante, así que finalmente continuó – Ranma. Quiero saber dónde ha ido Ranma y quiero ir a entrenar con él.

–Ay Akane, ¿ves? La verdad nos hará libres. ¿Y qué te hace pensar que yo sé dónde está Ranma?– cerró su revista mientras fijaba su atención en ella.

–Porque tú lo sabes todo de nosotros. –admitió Akane. – y porque me imagino que Ranma vino a verte antes de irse.

–Cierto. –Nabiki se levanto y sacó un folleto del cajón de su escritorio– Tu prometido vino a verme hace dos horas, pidiéndome discreción en su destino, especialmente con sus prometidas. Él habló, yo escuché, lo que dijo me pareció razonable así que accedí.

–¿Sus prometidas?

–Eso es– Nabiki asintió– Quería asegurarse de que las prometidas no lo encontraran. Hicimos un trato, yo le dije dónde ir y que guardaría silencio.

–¿Y me lo vas a decir, sí o no?

–Qué ansiosa, Akane –Nabiki le entregó el folleto, que resultó ser un mapa de los alrededores de Tokio con una pequeña cruz marcada– Deberías apresurarte si quieres llegar antes de que oscurezca.

Akane esperó unos instantes.

–¿Y ya? ¿Cuánto me va a costar esto, Nabiki?

–Como ya le dije a Ranma, las fiestas navideñas han llenado mi corazón de buenos sentimientos. Por una única vez, os lo dejo gratis. –contestó sonriente Nabiki. Ante la mirada incrédula de Akane añadió– Sin trampas, lo juro.

Akane cogió el folleto que Nabiki le tendía. Se dirigió a la puerta pero antes de salir se paró y le preguntó.

–¿Y por qué me lo has dicho a mí? ¿Por qué me ayudas?

Nabiki se acercó a ella y la empujó suavemente fuera de su habitación.

–Tengo mis motivos.– dijo enigmática y cerró la puerta, dejando a una confundida Akane en el pasillo.

. . .

Pasaban unas horas del mediodía cuando Akane se internó en el bosque a las afueras del monte Takao, en el cual tendría lugar el combate en una semana. Era una tarde fría, el sol apenas había brillado y se encogió en su abrigo, alegrándose de haber cogido toda su ropa térmica. Llevaba la mochila cargada a tope de prendas cálidas y sobres de comida instantánea –desde que había aprendido la receta de hervir agua del libro de recetas de su madre podía sobrevivir sin la comida casera de Kasumi- pero se internó con energía entre los árboles. Lo primero sería buscar el pequeño río que lo cruzaba y que aparecía en su mapa; estaba casi segura de que sería el lugar donde Ranma estaría instalado y de no ser así, le permitiría acampar y pasar la noche tranquila, ya buscaría al día siguiente a ese cabezota.

No entendía el por qué de esa obsesión de Ranma de apartarla de la pelea. No era de cristal, él lo sabía, ella era fuerte y resistente y una artista marcial. ¿Cómo iba a llevar un dojo si era protegida hasta el extremo? Una parte de ella quería pensar que esa era la única razón de la cabezonería de Ranma, que se preocupaba por ella y no porque la considerase un estorbo en las artes marciales. Desde Jusenkyo, unos meses atrás, Ranma y ella tenían menos peleas serias aunque ambos seguían discutiendo por sus habituales tonterías. Cuando eso ocurría, ella evitaba sacar su mazo y se separaban durante un rato, nunca llegaban a pedirse perdón, simplemente hacían como si la discusión no hubiese tenido lugar. Sólo hubo una excepción, en el día de la no boda, Ranma y ella se habían visto en el dojo de madrugada. Ranma la había abrazado por sorpresa, como aquel día, y ambos se susurraron un perdón apresurado antes de que llegase Nodoka con su katana. Estaba casi segura de que Ranma sentía algo por ella, pero era ese casi el que la tenía expectante y por el que no se atrevía a dar el paso. Y así, perdida en sus pensamientos, llegó finalmente al pequeño riachuelo del mapa.

Miró a su alrededor: había una serie de arbustos silvestres, un pequeño claro y tras ella, el extenso robledal. Se agachó en la orilla del riachuelo para beber, el agua estaba en movimiento y al meter una de sus manos comprobó que estaba realmente fría. Un ruido la interrumpió cuando se llevaba las manos con agua a la boca; a su derecha, de detrás de unos arbustos, salieron dos pequeñísimas crías de jabalí.

–¡Hola, pequeños! ¿Qué hacéis aquí vosotros solos? –estiró una de sus manos hacia las crías pero entonces se dio cuenta– Ay, no…

La mamá jabalí salió disparada desde un punto a su espalda. No le dio tiempo a volverse: la embistió con fuerza, golpeando su mochila con sus colmillos. Akane gritó intentando ahuyentarla, parecía que se había enganchado con su mochila y tras unos cuantos movimientos de la criatura acabó cayéndose en el arroyo. Eso la salvó, la protectora madre no se adentró en el agua, sino que corrió hacia sus dos crías y huyeron de la zona.

Sentada en medio del arroyo y helada hasta los huesos, Akane profirió una maldición. El entrenamiento no podía empezar peor.

–¿Qué haces tú aquí?

Cuando se volvió, se encontró con Ranma que la observaba con el ceño fruncido.

. . .

Miraba a la joven empapada revisar su mochila, agujereada, con una mirada desolada. Se había instalado al otro lado del arroyo, en un pequeño hueco con forma de cueva tras un risco y estaba encendiendo su hoguera cuando unos gritos lo habían alarmado. Cuando llegó allí se encontró a Akane cayéndose de bruces al arroyo y a una madre con sus crías escapando del lugar.

Akane, qué testaruda era. Había hablado con Nabiki, le había prometido discreción y al final todo su empeño había sido inútil: su mayor distracción estaba allí, tiritando en el atardecer de los primeros días de enero pero con esa mirada decidida que tenía. Por supuesto, se había negado por completo a darle ninguna otra explicación aparte de la de que ella era también un artista marcial. ¿Cómo iba a poder concentrarse con ella allí? Todo era culpa de Nabiki, pensó malhumorado, no debió confiar en ella. Quién sabe cuánto tardarían en aparecer todos los demás chiflados. Pero de momento tenía otras cosas de las que preocuparse.

–Anda, ven.

En silencio, Akane se levantó y lo siguió entre los árboles. Un poco más adelante, se hallaba ante el risco bajo el que se encontraba su campamento. Las rocas lo refugiaban del crudo frío y la hoguera crepitaba y prometía un calor maravilloso. Tiritando, Akane se sentó junto a ella y estiró sus manos hacia el fuego.

–Deberías quitarte esa ropa mojada. –Akane levantó la cabeza asustada hacia él, ¿tan mal había sonado? Joder, seguro que ahora pensaba que era un pervertido – ¡y ponerte ropa seca! Yo…te dejo a solas mientras voy a por algo más de leña.

Dejó a la chica y se adentró entre los árboles. Recogió leña durante unos minutos y cuando sintió las manos entumecidas volvió al campamento. Akane ya estaba cambiada y sentada abrazándose las rodillas junto a la tienda de campaña de Ranma, su ropa mojada extendida en el suelo y su propia tienda de campaña echa un guiñapo junto al suelo. Se sentó junto a ella, mirando al fuego.

–El jabalí me ha roto la tienda de campaña. –dijo con voz trémula.

–No deberías estar aquí, Akane – empezó Ranma con voz cansada

La chica negó con la cabeza.

–Te guste o no, voy a entrenar y voy a pelear; también es el estilo de mi familia. Tú decides si quieres hacer esto por las buenas o por las malas, Ranma. Yo estoy cansada de hacerlo por las malas. Realmente prefiero llevarnos bien– terminó con timidez.

El joven de la trenza la observa: la luz de la hoguera ilumina su rostro y baila hipnóticamente en sus enormes ojos. Es tan guapa, tan frágil por su propia seguridad… Y tan testaruda. Si la deja ir por libre, si la deja entrenar sola, quién sabe qué le podría pasar: ya la ha atacado un jabalí. Y la pelea sigue ahí, ante ellos; conoce a Akane de sobra y sabe que se presentará en el templo en una semana. Así no tiene ninguna posibilidad. Pero si la entrena, si supiera defenderse, quizás…

–De acuerdo– dice al final – Entrenaremos juntos.

–¿En serio?¿me entrenarás?– una enorme sonrisa comienza a aparecer en el semblante de la chica y a Ranma se le acelera el corazón– ¡Gracias Ranma!–exclama Akane y se abalanza para darle un abrazo.

Le rodea con un brazo con torpeza; Akane entonces se debe de dar cuenta de su precaria postura y le suelta azorada.

–Tendremos que trabajar tu velocidad y tu postura defensiva. Con esa fuerza de gorila no tenemos mucho que hacer –intentó cambiar de tema rápidamente–Pero teniendo en cuenta que seré yo quien te entrene seguro que tus habilidades mejoran.

–Um – repuso Akane, intentando obviar el insulto– Estos tres días he estado pensando acerca de la pelea y los Yamabushi, su estilo de pelea y alguna de sus técnicas. He tomado algunas notas que quizás nos sirvan para contrarrestarlos.

–Seguro que sí.

Se quedan en silencio unos instantes, con el ulular de las lechuzas de fondo. Es una noche fría, pero la hoguera cumple su función.

–Una semana– dice Akane contenta.

Y entonces la idea aparece como un rayo por la mente de Ranma. Van a estar una semana solos, en el bosque, con una única tienda de campaña y solos de verdad, repite.

Una semana muy larga, piensa Ranma, mientras Akane, ajena a sus pensamientos, saca contenta un par de sobres de comida instantánea de su macuto.

¡Hola a todxs!

Lo primero de todo, siento la tardanza en actualizar. El capítulo se me ha complicado un poco, pero ya está más o menos encaminado y espero subir la segunda parte (y final) del capítulo en unos días, ya que estoy oficialmente de vacaciones. Intento dedicarle cada ratito que tengo libre así que espero volver muy pronto.

Gracias a todxs los que perdéis un poco de vuestro tiempo en leer, comentar, hacer follow.. Es una gran motivación para mí y me hace muchísima ilusión.

Hoy traigo el capítulo 3 de la historia, que está dividido en dos partes porque me quedaba muy largo. En total tengo planteados 7 capítulos, cada uno relacionado con algún momento importante de la parejita. ¡Espero que os guste!

Un abrazo grande a todxs y, sobre todo, mucha mucha salud.

Nos vemos por Nerima :);)