Disclaimer: Nada de esto me pertenece, todo es obra de Rumiko Takahashi y yo hago esto sin ánimo de lucro.
3. Los herederos
Parte 2
Y entonces la idea aparece como un rayo por la mente de Ranma. Van a estar una semana solos, en el bosque, con una única tienda de campaña y solos de verdad, se repite.
Una semana muy larga, piensa Ranma, mientras Akane saca contenta un par de sobres de comida instantánea de su macuto.
–¿Sopa de fideos?– Akane se dirige a él, risueña.
–Sí, gracias.
La joven comienza a preparar la cena: vacía el contenido de los sobres en dos vasos de plástico y pone una de las teteras de Ranma a calentar encima del fuego; unos minutos después el silbido del aparato les avisa de que el agua ya hierve y reparte el contenido en los vasos. Le pasa uno a Ranma, que ha permanecido callado durante toda la operación y se sienta junto a él.
–Gracias – responde secamente el chico.
El silencio se vuelve a apoderar del campamento mientras sorben la sopa, pero esta vez es denso y pesado y pronto empieza a ahogar a Ranma.
–Dijiste que tenías unas notas de esos tipos, ¿no? – pregunta, un poco desesperado por romper esa extraña atmósfera que se ha insatalado entre ellos.
Por respuesta, Akane posa su vaso en el suelo y se estira hacia el lado opuesto de Ranma, donde está su agujereada mochila; saca de ella un pequeño cuadernito marrón y vuelve a su posición original, con sus estilizadas piernas cruzadas.
–Sí. Empiezo por el más joven y tú me vas interrumpiendo para completarme, ¿te parece?– le pregunta entusiasmada y Ranma asiente – Tomoki Yamabushi, 14 años. De la escuela de artes marciales Sohei. Entrenado por los monjes del monte Takao. Alrededor del metro sesenta, delgado, muy rápido. Tiene un buen juego de pies, pero evita el combate aéreo. Usa ambas manos pero, en general, me pareció que casi siempre golpea con el pie derecho.
–Sí, casi siempre lo usa. –Akane aprovecha la interrupción del chico para dar un largo trago a su vaso– También se apoya en ese pie a la hora de fintar. Tú te centrarás más en Tomoki, ¿de acuerdo? Yo me ocupo del otro.
–Akiyama Yamabushi, unos diecisiete años y sobre el metro ochenta, creo –continua sin estar muy segura– Igual que su hermano, entrenado por los monjes de Takao y de la escuela Sohei. Es el líder, pero me fijé que muchas veces se distrae con lo que está haciendo su hermano. Sí que utiliza más el combate aéreo…
Y así, pasan un largo rato, analizando las diferentes técnicas y posibles estrategias que podrían utilizar. Akane se siente feliz, no sólo Ranma ha aceptado bastante bien su presencia (aunque no se lo puede impedir conoce la terquedad del chico) si no que además la escucha, casi como a una igual, en lo referente a las artes marciales. No es tonta, sabe que está a mucha distancia del nivel de su prometido, pero por una vez consiguen hablar sin insultos ni peleas, son solo dos amigos hablando de lo que más les gusta. Al final, llegan a un acuerdo, Akane se centrará en el chico más joven, Tomoki y Ranma se ocupará de Akiyama.
Una vez que llegan a ese acuerdo, se vuelven a quedar callados. Han pasado varias horas desde que ha anochecido y el cansancio del día se empieza a apoderar de Akane, por lo que se ve obligada a plantear el tema que lleva un buen rato evitando en su cabeza. Mira de reojo su mochila, agujereada por el ataque del jabalí y se pregunta cómo hacer para no violentar a su prometido con la situación. Pero, por una vez, Ranma la sorprende y se adelanta.
–Esto…Tu tienda de campaña, ¿puedes usarla?– le pregunta casualmente, mirando de nuevo a la hoguera y sonrojándose ligeramente.
Akane, por respuesta, la saca de su mochila y se la enseña: está destrozada por varias partes y luce inservible.
–De acuerdo. Quédate tú con la tienda y yo dormiré fuera.
Ranma hace ademán de levantarse pero Akane lo coge por un brazo y le obliga a sentarse.
–No seas tonto, no voy a hacerte dormir fuera de tu propia tienda. –Akane mira reflexiva hacia la tienda de Ranma, pegada a ese pequeño risco y protegida del frío invernal–¿Es la que compartes con tu padre cuando vais de viaje, no?
–Sí– responde Ranma, un poco perdido con ese comentario de Akane.
La joven toma aire unos instantes antes de comenzar a hablar, sus mejillas se tiñen de rosa.
–Podemos dormir los dos ahí, ¿no? No juntos, quiero decir, yo tengo mi saco de dormir intacto, y sería como dormir con tu padre y no pasa nada, ¿no?– termina diciendo nerviosa.
Sólo que sí pasa algo, piensa Ranma. Porque su padre ronca, es feo y le pega patadas al dormir y no tiene unos ojos marrones brillantes y una piel blanca y suave que promete oler a jazmín. Porque con su padre duerme a pierna suelta y sabe que en el momento en que ponga un pie dentro de esa tienda todos sus sentidos se despertarán. Porque por su padre no siente nada romántico - ¿romántico? ¿en serio esta pensando eso? Sacude la cabeza, intentando alejar esos pensamientos de su mente. Abre su boca, esa que tantos problemas le da y casi puede ver un brillo de decepción en los ojos de Akane, como retándole a decir algo hiriente. Como siempre, sólo que esta vez están solos, sin observadores ni familiares entrometidos y será así por una semana. Y no quiere acabar como siempre.
Finalmente asiente atontado y cree escuchar un suspiro de Akane. Ella rápidamente se levanta, sin mirarle. Así que, como un autómata, se levanta tras la chica, mientras ella coge el saco de dormir de su mochila y se dirige al interior de la tienda sin volverse. Levanta la tetera y vacía su contenido sobre la hoguera, quedándose inmediatamente a oscuras en el exterior. Pero Akane ha debido sacar una de esas lámparas de luz solar, porque una tenue luz en el interior de la tienda le sirve de guía. Entra y cierra tras de sí.
Cuando se gira comprueba que tenía razón, una lámpara solar colocada en el medio ilumina la pequeña tienda. Akane está en uno de los lados, metida ya en su saco de dormir y observándolo con timidez, sus mochilas están en el medio junto a la lámpara, separando a su prometida de su propio saco. Se mete rápido en su propio saco, sin ponerse el pijama como hubiera hecho si estuviese solo y cuando se tumba estira un brazo para apagar la luz. Pero en vez de tocar la fría lámpara siento unos pequeños dedos tibios y aparta la mano rápidamente.
–¡Perdón!– exclama el chico, antes de que Akane le atice con el mazo.
Espera unos instantes, en tensión, pero la chica se limita a murmurar un ''no pasa nada'' en voz baja. Durante unos minutos sólo se escucha el ruido de sus respiraciones y algún que otro ulular de lechuzas. Cambia de posición, incómodo con el pesado ambiente de la tienda y por la respiración irregular de Akane sospecha que ella tampoco puede conciliar el sueño. La oye moverse y su voz suena en la oscuridad.
–Esto es absurdo, ya hemos dormido juntos más veces. ¿Te acuerdas de cuando Ukyo vino a dormir a casa?
–Sí –dice con alivio, aferrándose al tema de conversación – Pero se hace raro no dormir en casa.
Akane se incorpora un poco y vuelve a hablar, con una nota de curiosidad en su voz.
–Pensé que estarías acostumbrado a dormir en el bosque, con tantos viajes de entrenamiento. –Ranma resopla–¿Tan malos eran?
–Malos no, pero el viejo no es el mejor ejemplo paternal. Quiero decir, nunca pasé frío y siempre me cuidó cuando era más pequeño, pero a veces era difícil estar peleando por la comida–Ranma permanece callado unos momentos, reflexionando–Creo que sí me hubiera gustado echar raíces en un sitio antes.
Akane se mantiene en silencio unos segundos antes de preguntar con curiosidad:
–¿Y ahora las tienes?
–Supongo que sí –responde Ranma – Llevo casi un año y medio en Nerima, creo que papá y yo no habíamos estado tanto tiempo en ningún sitio. Y ahora con mamá en casa parece que él está mejor. Se siente casi como una familia. Aunque es una familia rara. –añade al final.
Akane se ríe con suavidad.
–Sí que es un poco extraña, pero yo ya os considero parte de la familia. Aunque creo que tu madre y su katana me siguen intimidando un poco.
–¿Mi madre te intimida? ¿Pero tú has visto a Nabiki? – sonriendo, Ranma vuelve a escuchar la risa de Akane y sigue, aprovechando la oscuridad– Si es capaz de chantajear a todos. Bueno, a Kasumi no. no he visto nunca que la chantajease. Pero creo que es imposible hacerle algo malo a Kasumi. ¿Y tú padre, que llora hasta por un resfriado vuestro? Y luego estás tú…
Se calla a tiempo, pero Akane insiste.
–¿Yo, qué?
Piensa en cómo poner palabras a sus pensamientos. Ha pasado varias desde la última vez que han podido hablar así, a solas y a oscuras y le resulta más fácil cada vez que lo hacen. Antes hubiera aprovechado para escabullirse del tema, insultándola u ofendiéndola, pero no esta vez. No después de Jusenkyo, no después de la fatídica boda, no cuando les queda una semana a solas por delante. No está preparado para decirle lo que siente y que Akane se ría de él o peor aún, le tenga lástima, como a ese cerdo de Ryoga. Así que opta por una verdad a medias.
–No eres como Nabiki o a Kasumi. Son como unas hermanas mayores que te cuidan o te hacen de rabiar.–se detiene unos instantes mientras agradece el silencio de la chica – Y tú… nos hemos metido en situaciones raras de narices, con un montón de locos. Pero creo que en lo importante siempre nos hemos ayudado. Eres con la que mejor y peor me llevo en casa, no sé si me entiendes.– Ranma espera algún sonido de parte de la chica, pero sólo tiene obtiene silencio. Así que de perdidos al río, piensa el chico. – ¿y tú? ¿qué piensas de mí?
Akane se toma su tiempo también para responder, eligiendo las mejores palabras. Así que cuando habla es breve y directa.
–Yo nunca te he visto como un hermano.
Ranma saborea esas palabras, mientras nota como su corazón se acelera y cien mariposas revolotean en su estómago.
Espera unos segundos, deseando que ella continúe, pero sólo escucha la respiración acompasada de Akane.
–¿A qué te refieres con eso?–pregunta con voz contenida.
Sin embargo, la espera es inútil, parece que la joven ha debido dormirse en el mejor momento. Ranma se incorpora ligeramente y observa el bulto que es su prometida: en la oscuridad es incapaz de apreciar si duerme o sólo finge. Se recuesta de nuevo y, poco a poco y con mil pensamientos diferentes en su mente, finalmente cae dormido.
–¡NO, NO, NO! Joder, Akane, te he dicho mil veces que tienes que apoyarte solo en la puntera. PUN – TE- RA ¿Cómo puedes haberlo olvidado?
Akane se aparta el flequillo de la frente sudorosa mientras mira con furia a su prometido: está tan guapo como siempre, pero en estos momentos lo que le gustaría sería darle un golpe con su mazo y no un beso. Él también suda, a pesar de que el sol se está poniendo y la temperatura comienza a bajar rápidamente.
Llevan así cinco días; entrenando ambos sin descanso. Ranma ha preparado un plan de entrenamiento personalizado para cada uno y además ha estado corrigiendo las manías adquiridas tras tantos años de práctica con su padre. Y, tras varios días, los roces comienzan a multiplicarse.
Akane lo intenta, de verdad que sí. Y conoce a Ranma lo suficiente como para estar segura de que ha llevado su paciencia a límites nunca vistos. Pero, sencillamente, parecen incapaces de estar más de 5 horas sin discutir. Los dos primeros días pasaron con algún comentario velado por parte de uno y de otro; sin embargo la tensión ha ido en aumento. Por las noches tienen un acuerdo tácito: sin peleas, cenan en silencio junto a la hoguera algún sobre de comida precocinada o algún pez pescado por Ranma y asado lentamente en el fuego y, tras eso, ambos entran en silencio en la tienda y se duermen agotados en sus sacos. Si unas semanas atrás a Akane le hubieran descrito la situación se hubiera sorprendido: estando como está colgada hasta las trancas de Ranma (aunque ni muerta dejaría que él supiese todo lo que gusta), una semana a solas con él, sin prometidas entrometidas y sin embargo no han avanzado ni un ápice en su relación, pese a su decisión tomada semanas atrás. Pero es completamente incapaz de no contestarle mal cuando le dice alguna impertinencia o de picarle cuando se le suben los humos demasiado. Así que, lo que prometía ser una ocasión única de avanzar se ha transformado en más de lo mismo. Qué suerte tiene.
El entrenamiento avanza y pronto es el sexto día: mañana por la mañana deberán volver a la estación y coger el tren que les llevará de vuelta al dojo Tendo; dos días después harán el mismo recorrido pero esta vez irán directos al templo a enfrentarse a los hermanos Yamabushi.
El último día empieza regular. Ranma ha dormido poco por culpa de un terrible ardor de estómago. Lo que ha empezado con unos reproches infantiles de tu pescado era venenoso, es por tu culpa, que eres un pozo sin fondo ha ido cocinándose a lo largo de las horas. Una indirecta por aquí, una corrección de más por acá y así sucesivamente. Así que cuando llega la hora de apagar la hoguera e irse a dormir, la tensión acumulada después de toda la jornada amenaza con rebosar. Esta vez, la discusión empieza por quién debe apagar la hoguera.
–Te toca a ti apagarla, yo llevo haciéndolo 3 días.
–De eso nada Saotome, yo lo hice ayer. Después de devolver al río el último pez.
–¿Cuál, el que estaba tan crudo que volvió a la vida y escapó de tus venenosas manos?
–¿Cómo te atreves?– vocifera Akane entre avergonzada y furiosa– ¡No estaba crudo, estaba poco hecho! Hay gente a la que le gusta así. ¿O es que no sabes lo que es sushi?
–¡Pero como va a existir el sushi de trucha! –Ranma se lleva las manos a la cabeza, exasperado–¿Tú estas tonta o qué? Admite de una vez que no se te da bien cocinar, Akane. La chica menos femenina de todas.
–¡Perdona, pero seguí las instrucciones de Kasumi al pie de la letra!–ve a Ranma abrir la boca burlón, así que sigue– he memorizado el libro de recetas de Kasumi, para que lo sepas. Y para femenino ya estás tú ¡fenómeno!
Akane saca su mazo e intenta acercarse a Ranma, pero él la esquiva con facilidad.
–¡Serás marimacho!–el mazo silba alrededor del pelinegro, pero lo vuelve a evitar.
–¡Nadie te obligó a comerte nada!–otro intento frustado de golpearle y Ranma vuelve a alejarse un poco más.–¡De hecho cenaste el doble que yo!
–¡Porque gasto mucha energía intentando enseñarte!Eh!¡Cómo se puede ser tan bruta?– el mazo surca el aire, justo en el sitio en que se encontraba Ranma unos instantes antes.
–¡Yo no soy bruta! Soy una chica normal, eres tú – nuevo golpe fallido– ¡que me cabreas!
Con el último movimiento el joven de la trenza se coloca al lado de Akane.
–Vas de niña buena y luego no haces más que intentar envenenarme y golpearme con tu mazo. ¡BURRA!–salto hacia atrás de Ranma y aumento de furia en Akane.
–¡Eres un desconsiderado y un idiota! –Ranma vuelve a esquivarla– ¡Argh! ¡Quédate quieto de una vez!
–¿Para qué, para que me golpees? – Akane vuelve a voltear su mazo y Ranma se mueve unos milímetros a la izquierda mientras sonríe, sabiendo que eso enfurecerá más a la chica– Vamos, pecho-plano, si tanto te has esforzado esta semana tendrías que ser capaz de arrearme con ese martillito tuyo.
Akane grita de pura frustración mientras vuelve a intentar golpearlo. Cuando falla, lanza el mazo con fuerza hacia atrás y éste queda incrustado en el tronco de un árbol. Mira hacia Ranma y pone los brazos en jarra, mientras él la mira con enfado.
–¡Ése es el problema, que tú no me consideras una artista marcial! ¡Me tratas como si fuera una molestia!
–¡Pues claro que eres una molestia! ¡Si no hubiera sido por ti, hubiera ganado aquel combate! –exclama Ranma.
–¡Ya estamos otra vez! ¡Te recuerdo que tú tampoco pudiste con ellos!
–¡Estaba casi a punto de ganarles!– grita Ranma – ¡Pero tú no ayudaste en nada!
–¡Si tan inútil me crees deberías haber pedido ayuda a Shampoo o Ukyo! ¡Ah no, que ellas no son del Estilo Libre! ¡IDIOTA!
–¿Pero qué pintan ellas aquí? –pregunta Ranma, perdido con la repentina salida de Akane.
–¡Pintan que ellas no te molestan! ¡A ellas no las apartas de las peleas, las tratas como a un igual!
Ambos dan un paso adelante, con sus cuerpos tan cerca que notan sus respiraciones agitadas.
–¡Maldición, Akane! ¿Cómo puedes estar tan ciega? ¿Es que no te das cuenta de la diferencia? –pregunta Ranma con desesperación.
Vuelven a dar un minúsculo paso y Akane casi siente el calor de la piel de su prometido e incluso puede ver unos diminutos destellos negros en su mirada azul.
–¿Cuál, la de que ellas sí son artistas marciales y yo no?
–¡No, tía terca! ¡La diferencia es que por ellas no siento nada! –suelta Ranma enrojeciendo hasta la raíz.
Boom. La verdad golpea a Akane, por fin. ¡Ranma siente algo por ella! Lleva demasiado tiempo queriendo escuchar esas palabras, soñando con el momento en que Ranma y ella por fin se declarasen sus sentimientos. Se avergüenza de ello, pero hasta tenía un romántico (Nabiki diría que cursi) discurso en el que ella le confesaba su amor al chico de la trenza y él le respondía con otra azucarada confesión. Nunca ha admitido sus pensamientos acerca de Ranma, ni siquiera ante sus amigas Yuka y Sayuri, pero en su cabeza ha visto este momento cientos de veces: Ranma arrodillándose en un acantilado al atardecer, llegando con un ramo de rosas a su habitación, besándola tras salvarla de algún peligro e incluso montando a galope en un corcel negro mientras le susurra poemas de amor. Sólo que la idea de que pasara tras llamarla terca nunca se le había ocurrido. Por eso, la respuesta que sale de sus labios tampoco es la que había ideado.
–Ah.
–¡AH!– exclama Ranma, mirándola con enfado, aún algo sonrojado. Se gira, dispuesto a apagar la dichosa hoguera que lo ha empezado todo.
Y en ese segundo que pasa, la mente de Akane va a toda velocidad. Ranma ha dado el paso que ella nunca pensó que iba a dar (seamos sinceros, lo del corcel negro era demasiado para él) y ella se queda tan impactada que no le confiesa nada. ¿Y lo va a dejar así? Ella es una Tendo, no se echa atrás ante nada. Tiene todo lo que hasta ese momento más ha querido, justo al alcance de su mano.Y ha tomado una decisión y se atendrá a ella. Así que, reuniendo todo el valor que puede, agarra la mano de su prometido y de un tirón lo hace girarse. Y sin atreverse a decir nada más y quizás con un poco de brusquedad, estampa sus labios en los de Ranma.
Ranma se queda estático al principio, pero al menos no la aparta. Tomándolo como una buena señal, sube su mano izquierda (la otra sigue en la mano callosa de Ranma) y acaricia con suavidad la cara del chico, como suelen hacer en las películas que ve con Kasumi. Un leve suspiro sale del chico y el aliente cálido de él choca con la piel fría de ella. Entonces Ranma parece volver en sí, sus manos se colocan a la altura de sus riñones y la acercan aún más a él. Akane entreabre ligeramente sus labios y es entonces cuando Ranma profundiza el beso.
No saben cuanto tiempo pasan así, besándose, pero cuando se separan Ranma apoya su frente en la de ella y sus narices están tan cerca que se tocan.
–Entonces, tú… –comienza Ranma con timidez-
–Tú también me gustas.– responde Akane con sencillez.
Sonriendo, Ranma vuelve a apoderarse de sus labios mientras las llamas de la hoguera bailan, casi tan felices como los corazones de los dos adolescentes.
–Espera, Tanako, que estoy en la cocina con Kasumi y pongo el manos libres, así nos escuchas a las dos, ¿te parece?
Sin esperar respuesta, Nabiki Tendo toca la pantalla táctil de su móvil mientras su hermana mayor Kasumi sirve dos tazas de humeante té y se sienta a su lado.
–…tiempo que hace que no hablo con Kasumi– la aguda voz de Tanako resuena de repente en la cocina, mientras Nabiki posa el móvil encima de la mesa y le guiña un ojo a Kasumi.
–¿Qué tal estás, Tanako? Gracias de nuevo por la bufanda, es increíble que esté hecha a mano. –Kasumi se inclina ligeramente hacia la mesa.
–Me alegro de que te guste, Kasumi.–repone la otra chica. Tras unos segundos de silencio, vuelve a hablar–¿Y bien? ¡Nabiki, no te hagas de rogar! Prometiste contarme lo que pasaba con la parejita más famosa del Furinkan
–¡Nabiki! –reprende Kasumi– ¿acaso vas contando a tus amigas las intimidades de tu hermana?
–Por favor Kasumi, ni que tú no lo hicieras con tus amigas –responde Nabiki con aburrimiento, mientras al otro lado del teléfono la otra joven suelta una carcajada.–Además, se tratan de intimidades contadas en la más… estricta intimidad. Tanako no contará nada, ¿a que no, Tanako?
–Para mí son como mis hermanos, Kasumi –afirma la chica al otro lado del teléfono con solemnidad.
La aludida suelta un suspiro mientras Nabiki hace una cuenta atrás con los dedos de su mano.
–¿Y bien? –pregunta la otra chica cuando Nabiki baja el último dedo, triunfante– ¡No me dejéis así, contadme!
–¿Dónde te habías quedado?
–Lo último que supe fue que Akane salió tras Ranma para el entrenamiento.
–Ah, vale. Pues sí, Akane salió tras Ranma. Nabiki la siguió hasta la estación de tren y, efectivamente , subió en el tren que debía subir.
Nabiki mira a su hermana enarcando una ceja y continúa informando a la joven:
–Yo me encargué de que las otras pelmas se mantuviesen alejadas del cuñadito. Y gratis, Tanako, gratis. Con lo que yo he sido…Lo que hace una por su hermana pequeña.
–¿Y después?
–Pues como te puedes imaginar, una semana a solas en lo más recóndito del bosque… –un gritito de emoción hizo sonreír a Kasumi y alentó a Nabiki– Lo siguiente que supimos fue que Akane y Ranma volvieron del tren, más acaramelados que nunca y diciendo que se quieren casar este verano.
–¿EN SERIO? ¡Ay, que emoción!
–Por supuesto que…no – contesta cruelmente Nabiki tras una pausa dramática, sabiendo que la sonrisa de su amiga al otro lado del teléfono ha desaparecido. – Ni que no los conocieras, Tanako. Volvieron como siempre, discutiendo y enfadándose. He perdido una oportunidad de oro, ¡de oro! para ganar dinero de las otras prometidas.
Kasumi hace un gesto de cansancio.
–Es verdad, ellas vuelven a rondar por aquí, hoy me he encontrado a Shampoo en mi cocina queriendo preparar un desayuno para su airen. He tenido que limpiar dos veces, porque había pelos de gato por todos los lados…– finaliza, mientras Nabiki aparta con asco la taza de té de su boca mientas la mira con ojo crítico.
–¿Y el combate? ¿hay esperanza de que en el fragor de la batalla se líen estos dos? –pregunta la otra chica con un deje de desesperación.– ¡si están hechos el uno para el otro!
–Ah, el combate. Kasumi también tenía esperanzas en él.
–Sí, pero mil ilusiones acabaron como las tuyas, Tanako. –la mayor de las Tendo suspira con pesar–Ganaron el combate, holgadamente, pero no sirvió para nada. Bueno sí, para volver a discutir.
–¡No!
–Sí, tía, sí. Ranma se puso a recriminarle no sé qué de que no se había apoyando en la puntera, Akane se cabreó con él y le dijo que era un maestro horrible… En fin lo de siempre. –Nabiki se mantiene en silencio unos segundos, a la espera de la respuesta de su amiga.–Tanako, ¿estás ahí?
–Sí, sí, estoy aquí. Tenía puestas tantas esperanzas esta vez…–Kasumi mira apurada a Nabiki y ésta se encoge de hombros–Nada, la próxima vez será. Yo sigo apostando por ellos.
–Ayame y Melae están contentísimas, por otra parte. – dice Nabiki. Ante la mirada interrogante de Kasumi le aclara – Ellas dos han apostado a que Ranma acaba con Shampoo o Ukyo, respectivamente.
Kasumi niega con la cabeza.
–Uf, ya hablaré con ellas yo.–la voz del teléfono suena triste.– Bueno, te dejo, voy a ayudar a mi madre con la cena. Un beso, chicas.
Ambas se despiden de su amiga y Nabiki se asegura de que la llamada está finalizada.
–¿Y bien, Kasumi, tu qué opinas? Siento que hemos tirado el dinero contratando a esos hermanos Yamabushi. Al menos no mentían, son los mejores luchadores de todo Singapur.
–Yo también lo pienso. Para una vez que nos ponemos los cinco en casa en un plan para juntar a estos dos…
–¡Y dándoles intimidad!–responde Nabiki con fastidio.– Era una de mis mejores jugadas. ¿Sabes lo complicado que ha sido preparar toda esa historia con los monjes? ¿y lo que me llevó el decorado del templo y todo eso?
–Hablé antes con tía Nodoka y ella tampoco nota nada extraño en Ranma. Supongo que nos equivocamos esta vez: aún no están preparados.
–Pues yo me estoy empezando a cansar de toda su tontería, por eso he ayudado esta vez ¿sabes la de dinero que hubiera podido ganar?– dice Nabiki, estirándose hacia atrás en la silla mientras Kasumi la mira con pena.
–Te digo lo mismo que le dije a la tía hoy, paciencia. Tarde o temprano esto tendrá que ir hacia delante y Ranma y Akane verán lo que vemos todos: que son unos cabezotas enamorados.
Nabiki asiente con la cabeza, dándole la razón. Pero las dos desconocen que en la planta de arriba, dentro de la habitación de su hermana pequeña, hay una pareja escondida en el armario, en el que se han estado encontrando desde su vuelta de entrenamiento. Ranma y Akane se besan entre risas y cuchicheos, confirmando las sospechas de las dos hermanas.
¡Hola a todxs!
Lo primero de todo, siento mucho, mucho, mucho la tardanza en actualizar. Dije que ya lo tenía casi listo y tenía pensado subirlo, pero cada vez que me ponía cambiaba alguna cosa y … al final he rehecho casi todo el capítulo. Con su declaración me pasa como a Akane, me la he imaginado tantas veces que nada me convencía… Sí que tenía claro que tenía que ser con una discusión, porque ellos dos son así. Al final me he decidido por esta versión. ¿Vosotrxs, cómo os imagináis ese momento? Me encantaría leer vuestras versiones, así que si quereis dejármelas en los comentarios o donde puedo leerlas en ffnet.
Muchísimas gracias a todos los que habéis perdido un momento de vuestro tiempo en comentar o seguir la historia. Cada vez que veo en las notificaciones el aviso de un comentario o un follow nuevo me llevo una alegría! Así que encantada de recibirlos ;)
Espero subir muy pronto el siguiente capítulo. Nuestros tortolitos están en plena nube pero hay algo con lo que no contaban y que sufren la gran mayoría de adolescentes: la falta de intimidad. A ver si tienen suerte…
Pido perdón también si se me ha pasado alguna falta de ortografía: reviso todo varias veces pero seguro que se me escapan algunas. Si veis algún fallo muy grande avisadme que intentaré corregirlo.
Un abrazo grande a todos los que habéis llegado hasta aquí y repito lo de siempre: mucha salud para vosotrxs y vuestras familias.
