Disclaimer: Nada de esto me pertenece. Todo es obra de la grandísima Rumiko Takahashi y yo hago esto sin ánimo de lucro.

La adolescencia es una etapa dura, llena de cambios. Te cambia el cuerpo, te cambia la voz y te cambia hasta la mente: de repente, ese chico que tantos dolores de cabeza te provocaba te hace reír y te preguntas si realmente esta flirteando contigo y qué sabor tendrán sus labios. Las cosas que antes te apasionaban ahora te aburren y prefieres estar con tus amigas a pasar todo el domingo con tu familia. Dudas de todo y a la vez de nada; tienes toda la razón y no dejas que nadie te convenza de lo contrario. Sabes que quieres algo y lo quieres para toda la vida, aquí y ahora: a tus amigas, ese tatuaje que te encanta y el chico que te ha robado el corazón. Sólo que a veces notas una punzada en el corazón que te parealiza ¿estás segura de…? ¿Y si tus amigas no son para siempre? ¿Y si me arrepiento? ¿Y si voy demasiado rápido?

Y es que con las dudas pasa algo: a veces te pueden, te sobrepasan, te aterrorizan tanto que acabas sumida en una intensa oscuridad. Como decía aquel escritor, como si estuvieses en el corazón de las tinieblas.

Sólo que yo lo tenía a él para inundarlo todo de luz.

4. ¿Cómo sabes si…?

–¡Ey Akane! Nos vamos a celebrar a la heladería del parque, ¿te apuntas?

Akane Tendo cierra su maletín y dirige su vista hacia el pupitre de su amiga Yuka. Sayuri, su otra amiga también se encuentra allí, sonriente a la espera de su respuesta. Su vista se escapa hacia la izquierda, donde está su prometido Ranma, éste le dirige una mirada fugaz antes de verse abordado por Ukyo Kuonji.

Mira de nuevo a sus compañeras y les dirige una deslumbrante sonrisa. Coge su maletín, sabiendo que su mesa está completamente vacía y que nada queda atrás para ella.

–¡Por supuesto!

Cinco minutos después se encuentra sentada en uno de los cubículos rojos de la heladería. Una copa gigante con tres bolas de sus helados favoritos (vainilla, chocolate y fresa) le hacen olvidar todo lo demás . Sólo cuando nota el dolor punzante del frío del helado en la cabeza se lo toma con más calma y presta atención a sus dos amigas, sentadas frente a ella en la heladería.

–¿….os lo podéis creer? ¡Oficialmente somos estudiantes de último curso!–exclama Yuka.

Sayuri la mira pensativa mientras coge otro poco de su helado de naranja.

–Bueno, técnicamente no, Yuka. Hasta que dentro de un mes no volvamos a clase no seremos de último año.

Yuka pone los ojos en blanco y Akane aprovecha ese momento para robarle un poco de su helado de frambuesa. Está casi tan rico como el de fresa, piensa.

–Como si lo fuera, si desde hace – mira rápidamente su reloj de pulsera – treinta y cinco minutos que hemos acabado el penúltimo curso.

–No te alegres tanto, Yuka, que el último es el peor– añade Akane – El último año es durísimo, los profesores nos exigen más que nunca. Nabiki ha estado estudiando hasta tarde hasta hace dos días.

–¡Es verdad, Nabiki ya se gradúa! ¡Qué envidia!– exclama Yuka y Sayuri suspira de forma soñadora.

Akane mira a sus dos amigas interrogante.

–¿Envidia por qué? Si a mí ya me parecía que este año nos estaban cargando mucho de trabajo…

–¡Por la universidad, claro! ¿Ya sabe dónde va a estudiar?

–Ah, eso. Estudiará aquí, en Tokio, pero irá a una residencia de estudiantes porque las clases son todo el día y perdería mucho tiempo en el transporte. Mi padre está bastante contento porque dice que se pagará ella la residencia, aunque no nos ha dicho cómo. Dice que vendrá los fines de semana…

–¡Ay, la vida de universitaria! –repite Yuka mientras Sayuri asiente, completamente de acuerdo.

Akane mira a las dos chicas fijamente, expectante. Como sus amigas permanecen en silencio las insta:

–¿Y bien? ¿qué es lo que os da tanta envidia?

–Pues vivir fuera de casa, claro– Yuka la mira como si estuviera loca.

–Sigo sin ver las ventajas.– Akane saborea su helado y le dedica una mirada rápida: si tuviese que cocinarse ella siempre seguramente moriría envenenada o de hambre.

–Dime, Akane, ¿a ti no te gustaría estar sola una temporada?–pregunta Sayuri a la vez que aparta la copa de helado ya vacía.

–No tener que cuidar a nadie- interrumpe Yuka, cuyos hermanos pequeños eran un poco revoltosos.

–Entrar y salir de casa sin tener que decir a dónde vas o con quién vienes… –continúa la otra chica.

–Y los más importante…–Yuka coge a Sayuri de la muñeca mientras la mira con los ojos muy abiertos.

–¡LOS CHICOS! –exclaman ambas a la vez, provocando que el resto de comensales se las quede mirando.

Las tres chicas sueltan una carcajada ante la situación y se acercan un poco más, bajando el tono de voz.

–¿Qué pasa con los chicos?– pregunta Akane, ligeramente perdida. – Son sólo un año mayor que los del Furinkan, no me parece que sea para tanto el cambio….

–¡No es por eso! ¿No te das cuenta?

–¿Darme cuenta de qué?

Yuka suspira antes de contestar.

–Podrá estar con chicos a solas en su casa.

La joven fija sus ojos castaños en ellas, comprendiendo de repente a qué se refieren sus amigas.

–¡Buf!– responde Akane, con un deje de molestia–¿Nabiki? Sólo le he visto mirar con deseo al tipo ése de los billetes de 10000 yens y creo que murió hace un siglo. Además ¡quién querría estar con un chico a solas en casa!

–Claro, lo dice la que vive con su prometido desde hace dos años.– dice Sayuri y Akane le dedica una mirada de aburrimiento – La primera vez que quedé con Takeshi, el de las clases de refuerzo, tuvimos que pasar la tarde en el parque. ¡Era enero! ¡Casi me congelo mientras nos besábamos!

Yuka se ríe e incluso Akane suelta una sonrisita.

–Y menos mal que eran sólo besos. Cuando tengas que empezar a pensar en hacer cosas con menos ropa, verás –añade Yuka – Al menos ahora puedes quedar con Takeshi, que estamos en verano ya y no se te va a congelar el culo.– Le pega un codazo a Sayuri mientras ésta se ríe. – Tú con Ranma no tienes ese problema, qué suerte tienes…

Akane aparta su copa vacía y se apresura a contradecir a sus amigas

–Ranma y yo no tenemos ese tipo de relación. ¡Es un compromiso…!

–…organizado por vuestros padres, sí, Akane, lo sabemos –interrumpe Sayuri. –Pero no hablamos sólo de Ranma, puede ser con cualquier otro chico.

– Como ese que viene a veces al Furinkan, ¿cómo era?– Yuka las mira, como buscando inspiración. – Alto, pelo castaño, colmillos para fuera…

–¡La bandana amarilla y negra!

–¡Hibiki! – exclaman ambas chicas a la vez y Akane niega con la cabeza.

–No digáis tonterías, Ryoga es un amigo, no lo veo de esa manera. Además, tiene novia, una chica que se llama Akari y es guapísima.

Sus dos amigas la miran risueñas, no muy convencidas, pero la dejan perdida en sus pensamientos. Akane juguetea con la cuchara del helado de nuevo y sus dos amigas continúan la conversación.

–¿Has llegado a tanto con Takeshi, Sayuri? Pensaba que habíais dejado de veros.

–Hace unas semanas que no lo veo, Yuka, porque ha estado estudiando y de viaje con su preparatoria. Y no me ha mandado ni un solo mensaje en este tiempo, así que creo que no quiero nada más con él. Ya sé que no estábamos saliendo en serio, pero es demasiado pasota. Me alegro de que la cosa no haya pasado más que de unos besos tontos en el parque… Mi culo tendrá que buscarse a otro con quien congelarse. –finaliza, intentando quitar hierro a la situación.

Yuka asiente, comprensiva. Akane mira a su alrededor y, tras comprobar que no hay nadie en las mesas cercanas, intenta poner cara de indiferencia y no de curiosidad extrema. Es el momento idóneo para plantear algo que le preocupa desde hace un tiempo y que no sabe con quién hablar.

–Yuka, ¿tú cuando te diste cuenta de que querías más que unos besos tontos en el parque?– pregunta procurando darle un tono casual a sus palabras, aunque no surte efecto y las dos chicas se acercan a Akane por encima de la mesa, ávidas de información.

–¿Hay algo que quieras contarnos, Akane?

–¿Es por Ranma, ha pasado algo entre vosotros?

–¿O es por el chicos de los colmillos?

–Si es por las novias, no te preocupes, las novias se dejan.

–¡Ay dios! ¡Dime que es por Ranma!

–No me digas que es por Kuno, no me imagino teniendo que comer con él. Aunque seguro que tiene la casa libre, tu culo no pasará frío…

–¿Qué? ¡No, claro que no! !No a todo! Entre Ranma y yo no hay nada de eso – interrumpe Akane, antes de que sus amigas se inventen más películas. Su cara está del mismo color que la mesa: rojo absoluto y continúa desesperada. – Cómo va a pasar algo entre ese tonto y yo…Y no se te ocurra pensar eso de Kuno o vomitaré. ¡Y no lo menciones! Cada vez que lo nombras mucho, aparece. –finaliza Akane con un escalofrío.

–¿Entonces por qué lo preguntas? – interroga Sayuri, levantando una ceja.

Akane mira a sus dos amigas, intentando disimular. Si ellas dos supieran… Pero no en vano lleva ocultando información seis meses, y así va a continuar.

–Era sólo por curiosidad. Ya sabéis, como yo no he estado con chicos antes… – añade con voz triste, buscando darle un poco de pena a sus amigas.

Eso parece aplacar su interés por Ranma. Sayuri la toma de la mano y la observa con cariño.

–Supongo que es algo que sabes, así sin más. Yo en las Navidades pasadas llevaba saliendo a distancia con Tomoe unos meses, pero me gustaba mucho de verdad y él sentía lo mismo. Y supe que estaba lista después de tener una cita perfecta en Año Nuevo. Y aunque ahora ya no estemos juntos, no me arrepiento.– Yuka dice esto con la mirada fija en la mesa y cuando levanta su rostro sus ojos lucen un poco más brillantes de lo normal.– Siempre será mi amigo de la infancia, a lo mejor si no nos viésemos solamente en las vacaciones escolares, tal vez. Hace un par de semanas me preguntó si iba a pasar por Osaka este verano, a casa de mis abuelos, pero creo que este verano mis padres quieren ir por Europa… Quizás sea lo mejor.

Akane asiente, insegura. Pues vaya aclaración, piensa para sus adentros. Yuka era su única opción para hablar el tema con alguien; Sayuri tenía más o menos la misma experiencia que ella. Y desde luego, Nabiki y Kasumi estaban más que descartadas. Sigue con las mismas preguntas que antes, o incluso más. ¿Cómo saber qué está preparada para algo más? ¿Será muy pronto o muy tarde? A veces ella se siente muy mayor y sin embargo en otras ocasiones, como cuando Kasumi le cepilla el pelo, se siente niña de nuevo. Es como estar en el limbo y tiene pavor a las dos cosas por igual, avanzar o quedarse inmóvil. Se siente perdida.

Después, Sayuri cambia de tema y aunque las otras dos chicas se ríen y celebran el final de curso, ambas centran sus pensamientos en dos chicos muy diferentes.


Más tarde, Akane se despide de sus amigas, con promesas de quedar a lo largo de las vacaciones. El calor de la tarde ha disminuido y Akane vuelve a casa por su ruta habitual, junto al canal por el que discurre el río. Pronto anochecerá pero el verano se siente como un caramelo recién sacado del paquete: aún no ha empezado y está a punto de ser disfrutado. Es su momento favorito del año. Un súbito movimiento a sus espaldas la saca de sus pensamientos.

–Hola.

La chica se gira ansiosa al reconocer la voz de su prometido. Ranma se encuentra ante ella, con su camiseta sin mangas morada y su pantalón negro. Tiene el pelo alborotado y marcas tanto en la cara como en los brazos, incluso parece que haya sangrado hace poco por la nariz. A la espalda lleva su maletín del Furinkan, de modo que no ha pasado por casa.

Da un paso vacilante hacia él y pasa su mano por su rostro, acariciando las magulladuras recientes del chico, él cierra los ojos un segundo ante el contacto suave. Y así permanece cuando le pregunta:

–¿Dónde estabas? Te llevo buscando un buen rato.

Akane aparta su mano del rostro de Ranma y continúa el camino mientras él salta a la valla, como lleva haciendo desde que se conocen.

–En la heladería. Fui con Yuka y Sayuri. Te hubiera avisado pero Ukyo estaba contigo.–añade con un poco de retintín.

Ranma dirige una mirada a los alrededores antes de responder.

–Lo siento, me ha costado un poco quitármela de encima. Luego ha llegado Shampoo y detrás Mousse, llevo toda la tarde intentando esquivarlos a todos, pero hasta que no me he peleado con Mousse no he conseguido librarme.

Akane asiente y Ranma salta a su lado. La agarra del brazo con firmeza, pero de forma suave y se adentran en uno de los callejones de la calle. Se esconden tras un contenedor de ropa, fuera de la vista del resto de transeúntes. Un sitio que conocen muy bien a estas alturas del año.

–¡Ranma, aquí nos…!

–He pasado por aquí antes, no había nadie antes y ahora tampoco, te lo aseguro. –se acerca de forma ansiosa al rostro de su prometida, pero se detiene al ver que ella mantiene el rictus de seriedad. – Espera, ¿acaso estás enfadada?

Ranma coge las dos manos de Akane y acaricia el dorso con los pulgares mientras espera la respuesta de Akane. El maletín de la chica cae el suelo, pero Ranma lo ignora por completo.

–Sí. No, ¡Agh! – bufa ella apartando sus manos y Ranma sonríe ligeramente, volviéndolas a tomar entre las suyas– No lo sé. Es que no soporto que Shampoo y Ukyo te sigan rondando como si nada.

Ranma clava sus ojos azules en ella.

–¿Es que has cambiado de opinión? ¿Quieres decírselo a la gente? –pregunta el chico preocupado.

La joven medita unos segundos antes de responder.

–No, no es eso. Si nuestros padres lo supieran… No estoy preparada. La boda, las peleas… todo otra vez no. Pero no me gusta ver como otras chicas se acercan a mi no… a ti–se interrumpe a tiempo– y tú no puedes decir nada para quitártelas de encima.

Ranma la observa con una pequeña sonrisa. Después de seis meses le nota un brillo diferente en sus ojos azules cuando tienen estos momentos y está casi segura de que se trata de cariño. Suelta su mano derecha y la lleva al rostro de la chica; la acaricia de forma tan suave y dulce que no nota las durezas de sus manos y Akane cierra los ojos ante ese contacto.

Si hace seis meses le hubieran dicho que Ranma podría ser tan cariñoso con ella se hubiera caído de culo de la risa.

–Tonta. –susurra acercándose y nota su aliento muy cerca de sus propios labios– Sabes que tú eres la única chica que no me quiero quitar de encima.

Los labios de Ranma tocan los suyos con suavidad y Akane agradece que Ranma le suelte la otra mano y la pose en la espalda; siente que si él no la sostuviera se podría caer. Cada vez que se besan así - y llevan besándose seis meses- siente las mismas mariposas en la boca del estómago.

Poco a poco, él profundiza el beso. Lo que empieza siendo un roce de labios va cambiando lentamente y entreabre sus labios, siente la lengua de Ranma enredándose con la suya, provocando que su cerebro tenga un cortocircuito. Nota el hormigueo en los dedos y lleva sus manos al pecho de él, su corazón latiendo al compás. Podría besarle hasta el infinito.

Permanecen así unos minutos, enfrascados en su beso, hasta que el ruido de una moto los sobresalta. Pronto, demasiado pronto para ambos, se separan y se miran. Ya no hay rastro de la vergüenza de los primeros besos, pero se miran y sonríen, felices. El chico de la trenza lleva sus dos manos al rostro de Akane y lo acaricia como si se tratase de un tesoro valiosísimo.

–Tú eres mi novia –dice Ranma– y las demás me dan completamente igual. Y por esa sonrisa – la sonrisa de Akane se acentúa– sería capaz de todo.

Es en esos momentos cuando Ranma más la descoloca. Lleva toda su relación con una naturalidad que ralla lo obsceno. Lo que a ella le ha costado un mundo: confesarle sus sentimientos, besarle, cogerle a Ranma parece resultarle sencillísimo. Ella no es consciente de que Ranma, en su simpleza, se ha quitado un peso de encima: Akane siente por él lo mismo que él por ella así que simplemente se deja llevar como siempre quiso, sin miedos ni dudas.

Akane le da un beso fugaz en los labios y se separa de él.

–Bobo.

Empieza a caminar y sale del callejón; pronto será la hora de cenar y no quiere dar motivos de sospecha a su familia. Al momento Ranma camina junto a ella y se lleva las manos detrás de la cabeza, despreocupado.

–Yo seré bobo, pero tú estás tan loca por mí como las demás. Y te encanta que te diga esas cursiladas.

–Hum– contesta Akane de forma evasiva. No va a alimentar su ya de por sí enorme ego.

El joven de la trenza se lo pone delante y la hace detenerse repentinamente. La mira con burla y sus ojos se ven más azules que nunca, con el sol del atardecer reflejándose en ellos. Akane cree que no lo ha visto tan guapo jamás. Tiene su mirada de tengo-un-reto-y-no-me-pararé-hasta-que-lo-consiga.

–Vamos, Akane, admítelo.– se vuelve a acercar peligrosamente y Akane se desconcentra por completo.

–¿Admitir el qué?

–Que . Estás. – se pausa con cada palabra, acercándose poco a poco a la chica– Loca. Por. Mí.

Se aproxima aún más, sus labios están a milímetros. Y cuando casi se saborean…

–¡Miaaaaauuuuuuu!

Varios gatos salen corriendo del callejón cercano, haciendo que la pareja se sobresalte y Akane empuja tan fuertemente a Ranma que aleja varios metros de ella y se golpea contra la pared de cemento del edificio. Afortunadamente, los gatos se alejan de ellos.

–¡Joder, Akane! ¡Serás burra! –exclama levantándose, mientras se lleva una mano al hombro.

–¡No seas idiota, ha sido sin querer!

Los dos vuelven a dirigirse hacia casa, aunque esta vez el ambiente entre ellos ha cambiado drásticamente, ya que van echándose pestes hasta que llegan a su casa. No se detienen a mirarse, si no que continúan despotricando uno contra el otro.

–¿Pero no ves que vengo de una pelea? ¿Cómo puede una chica ser tan bruta?

Ranma la mira ceñudo mientras abre la puerta del Dojo Tendo y deja pasar delante a Akane. Ambos se encaminan hacia el salón. Akane guarda ordenadamente sus zapatos en la entrada y Ranma lanza su maletín de cualquier manera.

–¡Ya sé que vienes de una pelea! ¡Me he asustado, ha sido un acto reflejo!

–Hola, chicos, cuánto habéis tardado hoy.

Kasumi les saluda saliendo de la cocina y les deja pasar al salón, donde está el resto de la familia reunida. Al ver que vienen enfadados se produce un breve silencio tenso. Nabiki es la primera en romper el hielo.

–Papá, te he dejado los últimos papeles en tu habitación, son para formalizar la matrícula. Los necesito para esta semana –informa y Soun asiente con la cabeza.

–Claro, lo que querías era rematarme después de los golpes de Mousse.

–Kasumi, las empanadillas de pulpo te han quedado deliciosas.–interviene Soun, mirando alternativamente a Ranma y Akane, como si esperase que captasen la indirecta.

–¡Pero como eres tan egocéntrico! Ya te he dicho que no fue queriendo. No voy por ahí haciendo daño a la gente, aunque sean tan plastas como tú. – Akane continúa, aparentemente ajena al hecho de que su familia intenta obviar su discusión.

–Gracias, papá. ¿tío Genma, cuándo vuelve Nodoka?– Kasumi levanta un poco la voz, intentando ahogar la discusión entre su hermana y Ranma. Para ayudarla, Nabiki canturrea y su padre sube un ligeramente el volumen del televisor.

El panda saca un cartel con tristeza en el que se puede leer ''No sé, no me lo ha dicho'' y Kasumi le da unas palmaditas en el brazo peludo.

–Pues si eres tan artista marcial ¿cómo es que haces daño a los demás sin querer? Eres una burra.

–¡Pesado insensible!– Akane se pone en pie. El resto de comensales la mira fijamente.

–¡Bestia! –ahora es el turno de levantarse de Ranma y cuatro cabezas se mueven en otra dirección, como si estuviesen en un partido de tenis.

–¿Cuándo podremos disfrutar de una cena tranquila? –Soun lanza la pregunta al aire. Realmente echa de menos las cenas calmadas en las que no tiene que temer por el mobiliario de la casa. Cuando está Nodoka suelen comportarse algo mejor, pero lleva casi una semana sin aparecer.

Por respuesta Ranma coge su bol de comida y sale en dirección al jardín de dos brincos. Con toda la familia pendiente de sus movimientos, Akane termina de cenar sin participar en la conversación con su familia, que charlan más tranquilos sobre los planes de verano. Antes de acabar de tragar el último trozo, murmura unas disculpas y se dirige rápidamente a su habitación, sin ni siquiera darse un baño como acostumbra.

Cierra la puerta y se apoya en ella, con la vista fija en el suelo y sumida en la oscuridad. Cuando levanta la cabeza, su prometido está al otro lado de la ventana, mirándola con seriedad.

Hola a todxs!

¿Qué tal estáis? Espero que esté mes de septiembre haya empezado con buen pie. Aquí el verano ha terminado y he empezado con la rutina, así que tengo mucho tiempo para escribir. Y aquí estoy, entre este fic y un UA que estoy empezando a idear y que tengo muchas ganas de empezar.

En principio, este capítulo y el siguiente iban a ser uno solo, al final me he decidido hacerlo en dos porque la trama necesitaba un poco de desarrollo. El siguiente lo tengo casi casi (esta vez sí!) y como me está gustando cómo me va quedando espero poder subirlo muy pronto.

Respecto a los comentarios ahora sacaré más tiempo así que mi intención es ir contestándolos. Como siempre, muchas gracias por cada review, follow o favorito, es una alegría enorme para mí.

Pido disculpas si se me escapa alguna falta de ortografía grave (o pequeña). Lo reviso todo, pero si veis algo comentadme sin problema y lo intento cambiar.

Sobre el capítulo, hay una cosa que me encanta leer en los fics y es a Ranma cariñoso pero sin dejar de ser él. Para mí, el problema de Ranma es su inseguridad con respecto a Akane, así que no me cuesta imaginármelo siendo dulce con ella una vez que está seguro de lo que ella siente por él. ¿y vosotros? ¿cómo os imagináis la relación entre ellos? ¿cuál es vuestro fic favorito en el que se describa la relación? Contadme, que siempre me gusta leer fics de la parejita.

Si sigues leyendo hasta aquí, muchas gracias por continuar y un abrazo muy fuerte para todxs.

Nos vemos por Nerima ;)