Disclaimer: Nada de esto me pertenece. Todo es obra de la grandísima Rumiko Takahashi y yo hago esto sin ánimo de lucro.
¿Alguna vez te has preguntado lo que sienten los fuegos artificiales justo antes de explotar? Es un sentimiento intenso y como todos los sentimientos son imposibles de describir: tienes que vivirlos. Yo creo que es algo parecido a lo que yo sentí aquella noche. Sólo notas el calor rodeándote por todas partes, cada célula de tu piel se enciende ante el roce de sus manos y se te eriza el corazón cuando tu aliento se entremezcla con el suyo. Una luz tan pura que te ciega casi por completo; sólo lo ves a él, sus ojos, sus manos, su boca. Sólo él y sólo tú. Con cada beso, con cada toque, aumenta más la temperatura entre vosotros y dudas de si tu corazón soportará siquiera otro latido más; no sabes si es posible que explote de amor pero es una sensación por la que estás dispuesta a arriesgarte. Y ni la más fría luna invernal consigue apagar el calor de la habitación porque esa noche sois fuegos artificiales.
Y lo vais a quemar todo.
5. A punto de explotar
Ranma mastica los últimos pedazos de su comida y nota sus pulsaciones bajando poco a poco. El enfado remite lentamente y sólo queda el sabor amargo tras la discusión, como de costumbre. Ya debería estar habituado, piensa, tras seis meses discutiendo con Akane de esta forma. Nunca han sido de términos medios: o están muy bien o se tiran los trastos a la cabeza; pero, afortunadamente, él ya sabe lo que tiene que hacer. Atrás quedaron esas primeras discusiones, que a veces empezaba él y otras veces ella, tras las que quedaba paralizado por el miedo. ¿Lo habían dejado ya, Akane lo odiaba? ¿Tan poco iba a durar su felicidad? ¿Iba a aplastar Akane su corazón con sus pequeñas manos? Afortunadamente, parecía que su novia tampoco era capaz de controlar su genio siempre, por lo que habían marcado una serie de pasos tras las discusiones. Y de momento les funcionaba.
Lo principal y que estaba terminantemente prohibido era irse a dormir enfadados. Cuando habían empezado a verse Ranma había pasado noches en vela, atemorizado por ver sus sentimientos pisoteados por Akane. Y era muy consciente de la necesidad que tenía de ella; sabía que tras haber probado un solo beso con Akane nunca podría dejarla ir. Era como una droga para él, una necesidad, y no cambiaría nada de ella, ni siquiera ese carácter endemoniado que tenía. Así que, por una vez en su vida, fueron capaces de hablar en uno de sus entrenamientos, que habían continuado tras las Navidades, y ambos estuvieron de acuerdo: nunca irse a dormir enfadados. También fue ahí cuando Ranma le pidió torpemente que fueran novios y Akane aceptó feliz, pidiéndole sólo que fuera un secreto de los dos. Esto se relacionaba con la siguiente condición: nada de meter a otros en sus peleas, ni celos ni malentendidos.
Eso implicaba seguir con las discusiones, porque seguían siendo unos celosos enfermizos y no soportaban que nadie se acercase al otro con intenciones románticas (o lo que ellos consideraban romántico, que era prácticamente todo). Al menos con eso y con las peleas diarias, como la que acababan de tener, su norma funcionaba: a veces se sentía como una bomba, a punto de explotar, y tras la detonación volvía a la calma. Aunque últimamente, una vocecilla en su interior le preguntaba incesantemente ¿qué pasará cuando tengamos un obstáculo grave entre los dos?
Deja el bol vacío en la cocina discretamente y con todo el sigilo de que es capaz salta desde el jardín hasta la ventana de Akane. Espera unos minutos, expectante, hasta que por fin la puerta se abre y un haz de luz se cuela desde el pasillo; de seguido su prometida cierra la puerta y lo ve. Parece dudar unos instantes al verlo, pero acto seguido cierra rápidamente el pestillo de su puerta, enciende la luz y cruza la habitación para abrir la ventana. Ranma pasa por delante de ella y ella mueve la cortina para que no se les vea desde el exterior.
–Hola–dice secamente el chico y, con un movimiento fluido, aparta la silla del escritorio y se sienta de mala manera, de forma que apoya sus manos en el respaldo.
Primero verá el humor de su fierecilla y luego actuará, piensa para sus adentros.
La chica se sienta frente a él, sobre su cama. Se retuerce las manos mientras mira al suelo, hasta que finalmente habla y cada palabra que dice hace que el corazón de Ranma se encoja más y más.
–Tienes razón, lo siento. Soy una pésima artista marcial, un peligro para los demás…
Akane parece tan abatida que todos los reproches que podían ocurrírsele se desvanecen. Se levanta con rapidez y se sienta junto a ella en la cama. Le pasa un brazo por encima del hombro, frotándole la espalda, y Akane se apoya en él.
–No Akane, perdona tú. Soy un bocazas, como siempre.– Akane hipa– No eres una mala artista marcial.
La joven levanta su rostro y le mira con ojos brillantes. Se siente un ser repugnante por ser el causante de esas lágrimas y, a pesar de todo, no lo puede evitar: es tan guapa que quita el aliento.
–¿De verdad lo piensas?– se seca una lágrima con el dorso de la mano.
Lleva una de sus manos al rostro suave de la chica y ella cierra los ojos ante el contacto. Cuando los abre ya no hay rastro de lágrimas.
–Claro, boba. ¿No ves que te está entrenando el mejor? – pregunta, intentando hacerla sonreír.
Su comentario funciona, Akane le brinda una de sus deslumbrantes sonrisas. Ranma se inclina hacia ella y le da un beso suave para hacer las paces. Como siempre, en ese simple roce nota la suavidad de los labios de ella y ese aroma propio que reconocería en cualquier parte: aprovecha y le da un leve toque en la nariz y su novia suelta una risita.
Y a ese piquito suave le siguen otros y lo que comienza siendo un beso inocente se profundiza y se transforma lentamente en algo más íntimo.
Los labios se abren ligeramente para dejar paso a las lenguas que se abren paso tímidamente, para luego enredarse. Las manos de Ranma parecen cobrar vida propia y le arden; las lleva a ambos lados del rostro de Akane, intentando por todos los medios que permanezcan allí y que no se aventuren a explorar el cuerpo de la chica, como lleva meses soñando. La noche, ya de por si calurosa, parece aumentar varios grados más y una pequeña parte de Ranma –la que no piensa únicamente en el sabor de Akane, en el tacto de su lengua junto a la suya- se da cuenta de que el calor comienza a acumularse en ciertas partes de su anatomía. Y entonces, cuando Ranma se inclina un poco más hacia la chica, intentando saciar su necesidad de ella, Akane se incorpora sin separar su boca de la suya y coloca cada pierna a los lados del chico, sentándose a horcajadas sobre él.
Ranma se ve completamente sobrepasado por el pasional beso. Akane lleva sus dos manos por encima de su cuello y las de él bajan lentamente, deleitándose del contacto, por la piel suave de su cuello y después por sus hombros y su costado. Con los meñiques roza el pecho de su prometida - ¿es encaje eso que abulta por debajo del uniforme escolar?– y ante ese contacto la chica suelta un suspiro y echa su cabeza hacia atrás, separando sus labios por fin. Y Ranma pierde la razón.
Privado de su boca de fresa, lleva la suya a su cuello y siembra de besos la nívea piel mientras Akane se deshace en suspiros. Sus manos suben de nuevo, desde la cintura, pero esta vez no se contiene, las lleva hacia los pechos de la chica y cuando nota el bulto duro del pezón se le escapa un gruñido. Ante ese sonido Akane vuelve a besarle, parece que le quiere devorar entero. Sus besos son adictivos, esto será su perdición. Porque ahora que sabe que Akane lo quiere besar así ¿cómo narices se va a contener?
Las manos de Akane se deslizan y siente los dedos de su prometida en sus abdominales, tímidamente empieza a acariciarlo por debajo de la ropa. Aumenta el calor en su cuerpo y una sensación de tirantez en la entrepierna le indica que todo él está activo.
Aparta sus manos del pecho de la chica –juraría que Akane ha hecho un gemidito de protesta mientras se separa ligeramente– y las lleva a las piernas de la chica. Ambos se miran con deseo y Ranma acaricia los muslos de la chica mientras sube, sube, y sube, hasta que finalmente sienta el tacto de la tela de la ropa interior de la chica. Con más brusquedad de la que querría, sujeta a la chica por las nalgas, deslizando algún dedo por debajo de la goma y la acerca aún más a él.
El contacto entre sus intimidades entre sí es exquisito, tanto que a pesar de la ropa de ambos en el medio, se les escapa un gemido. Vuelven a acercar sus rostros, dispuestos a devorarse hasta el amanecer, pero antes de que se puedan saborear de nuevo…
–Akane, cielo, ¿estás bien? He oído un ruido.– la voz de Kasumi resuena al otro lado de la puerta y los dos adolescentes observan con terror la manilla de la puerta baja, aunque sin éxito.– ¿te has caído? ¿Akane?
Akane se incorpora alarmada, colocándose la ropa y el pelo a toda prisa y se acerca a la puerta. Sigilosamente Ranma se levanta tras ella y comprueba con alivio que la chica había echado el pestillo.
–Sí, Kasumi, ¡estoy bien!–exclama Akane con voz más alta de lo normal– se me cayó uno de mis libros.
El pasillo se mantiene en silencio, parece que Kasumi se ha contentado con la respuesta. Conteniendo la risa por la excusa tan estúpida, Ranma abraza a la peliazul por atrás y comienza a besar su cuello, ante lo que Akane se gira y lleva sus manos al cuello de él.
–Akane, si es por Ranma… Él no está en casa, ¿quieres que hablemos? ¿Preparo un té en la cocina?– la voz de Kasumi los paraliza de nuevo cuando ya pensaban que se había ido.
Akane lleva uno de sus dedos a la boca de Ranma, indicándole silencio. Por respuesta el chico besa suavemente el dedo fino de la chica mientras la acerca más por la cintura.
–Mmmm… ¡de acuerdo! Ahora bajo a por ese té.
Cuando escuchan los pasos de Kasumi alejándose de nuevo, se separan de nuevo, esta vez de forma más real. Con una sonrisa en los labios observa a su chica, feliz por la situación que acaban de vivir, pero Akane no lo mira a él, al menos no a los ojos. Su boca forma una O perfecta y su mirada permanece clavada en la entrepierna de Ranma. En el marcado bulto de su entrepierna, más precisamente.
Inmediatamente el rostro de Ranma se vuelve de color grana y se gira, muerto de vergüenza, dándole la espalda a la chica. Cruza de dos pasos la habitación, abre la ventana y murmura un buenas noches antes de escapar de la bochornosa situación.
Un pensamiento surca su mente ¿es que no se había dado cuenta antes? . Y cuando ya está en su diminuto cuarto, agradeciendo que sus padres ya no lo compartan con él para no tener que disimular su erección, la realidad le golpea como una losa. He asustado a Akane.
…
….
…..
…
Tras varias horas dando vueltas en su futón inútilmente con el sueño evadiéndole, Ranma finalmente se da por vencido. Ha pasado una noche de perros y conseguido dormir sólo un par de horas.
Una vez vestido con su ropa deportiva nueva y unas zapatillas sale a la calle. Pronto será el amanecer y con él llegará el calor, pero de momento el ambiente es fresco, perfecto para una buena carrera matutina. Necesita urgentemente descargar adrenalina, tensión o lo que fuera que tenía. En su cabeza se sucedían los pensamientos de que la había cagado del todo con Akane y la había asustado (acojonado era la palabra que se le venía a la mente) yendo tan rápido con ella. Por otra parte, las imágenes del día anterior le parecían lo más excitante que había visto nunca: aquellos besos locos que le había dado que parecía que se lo iba a comer entero, sus gemidos, la reacción de sus pezones a su contacto… Se maldijo a sí mismo, aumentando la intensidad de la carrera en vista de que su mente iba por otros derroteros.
Él se sentía tan inexperto como ella, aunque era cierto que Akane parecía mucho más inocente que él. No en vano él llevaba luchando contra sus sentimientos desde aquel primer día en que la vio desnuda. Y pensar que durante tanto tiempo la había llamado marimacho… Luego decían que no sabía mentir. Estaba loco por ella, vivía con ella y tenía 17 años; todo ello era un cóctel explosivo que había tenido que ir aliviando como podía. Por eso, desde el principio se había propuesto que ella marcara el ritmo en lo referente a su relación física. Y había funcionado hasta que la situación se le fue de las manos completamente.
Se para junto al canal del río al que tantas veces ha acudido con ella. Se agacha, intentando recuperar el aliento y cuando se incorpora el sol del amanecer se cuela en el horizonte. Medita sobre sus opciones, que básicamente ha reducido a dos. Puede hacer como si no hubiera pasado nada y tratar a Akane tal y como haría habitualmente contando con que la rutina normalizaría la situación. O puede actuar como un hombre y hablar con ella del tema: será incómodo y le dará vergüenza, pero ya es hora de que Akane sepa el efecto que tiene en él. Joder, al final va a llamarme pervertido con razón, piensa. Pero es hora de madurar y ser un hombre, por mucho que la reacción de Akane le aterre. Hablará con ella y se enfrentará a la situación de forma adulta. Como se nota que ya tiene 17 años.
En la carrera de vuelta a casa se siente más liviano tras haberse quitado el peso de encima. Al entrar de un salto en el jardín de los Tendo ve luz en la ventana de la cocina, seguramente sea Kasumi preparando el desayuno. Su prometida estará seguramente durmiendo, tal vez con un pijama corto, que deje ver sus sinuosas curvas…. Está claro que aún debía hacer más ejercicio para controlar esos pensamientos en particular. Se dirige hacia el dojo, dispuesto a quemar esa energía sexual sobrante y su sorpresa es máxima al ver a la causante de todos sus desvelos golpeando a un saco.
Akane se gira al escuchar el ruido de la puerta al cerrarse. Lleva uno de esos pantaloncitos cortos tan monos que se pone para hacer ejercicio en verano de color negro y una camiseta ajustada deportiva de color amarillo, a juego con sus zapatillas deportivas. Debe llevar un rato golpeando al saco (que para su alivio no lleva la trenza que acostumbra a ponerle cuando está cabreada con él) porque tiene surcos de sudor en la camiseta. Hace un esfuerzo consciente por mirarla a la cara y no a sus piernas kilométricas o a las gotitas de sudor que recubren su cuello.
Sin darle tiempo a saludar se acerca y le planta un beso a los labios, después la coge de la mano y tira de ella para sentarse ambos en el suelo del dojo, bajando la voz.
–Hola. Escúchame y no digas nada aún, intenta no enfadarte conmigo que ya sabes que no soy muy bueno con las palabras. – toma aire y la chica, obediente, permanece impasible mirándole– Sé que lo de ayer te ha asustado y de verdad que lo siento, pero es algo que no puedo controlar. Es algo natural. Ayer hicimos cosas que…no habíamos hecho nunca pero la verdad es esta, Akane. Lo de ayer en tu cuarto es algo que me había imaginado muchas veces, incluso soñado con ello. Pero no tengas miedo, no haré nada que no quieras. Me gustas toda tú, tu cuerpo me gusta muchísimo pero también tu forma de ser. –suelta de golpe y nota como la sangre va hacia su cara, pero intenta mantener el control de su voz. No puede creerse lo que va a admitir en voz alta– Por ti soy un pervertido.
La chica se mantiene seria y Ranma la toma por los hombros, sacudiéndola con suavidad.
–¡Akane, por favor dime algo! ¡Contesta! ¡O al menos pégame con el mazo!
–¿Ah, ya puedo hablar?– dice con burla y el chico se detiene de inmediato, sonriendo al ver que la chica parece de buen humor– Tienes algo de razón, supongo que me asusté. Era la primera vez que yo…bueno, ya sabes, te vi así. –duda, ruborizada –¿Es la primera vez que te pasa estando juntos?– pregunta en voz bajita.
Ranma resopla y responde mirando al suelo, todavía ruborizado.
–Es la primera vez que tú te das cuenta.
–¿Nada mal para ser una marimacho, no?– pregunta dándole un golpe cariñoso en el hombro y sus ojos marrones brillan, alegres– Más que asustarme, supongo que me sorprendí.– Pero nunca tendría miedo de ti.
–Akane, yo esperaré el tiempo que tu ne…
–No, no, no quiero que pienses eso. Yo– su prometida mira al suelo, roja también ella– no quiero que esperemos.
Ranma traga saliva, intentando asimilar la información. La mira directamente a los ojos, intentando ver si la chica está agobiada o presionada.
–¿Quieres que repitamos lo de ayer?
Akane aparta su rostro y clava la mirada en el suelo, mientras su rostro se pone tan rojo como un tomate.
–No. Quiero más.
Más. Ranma la observa detenidamente: Akane parece avergonzada pero cuando levanta la mirada lo hace con decisión. Y mientras la mira, la chica, quien sabe si conscientemente o no, se muerde el labio en un gesto nervioso que mina el autocontrol de Ranma.
Se lanza, ávido de esos labios que lo tienen loco, y le da igual que él haya corrido hasta la extenuación y que Akane esté toda sudada. Se besan apasionadamente, su sabor es delicioso y su tacto es aún mejor; esta vez se lanza sin más preámbulos y desliza una de sus manos bajo la camiseta ajustada, tocando la húmeda piel de su vientre en la que lleva pensando horas.
–Espera…aquí no…pueden entrar–dice la chica con voz entrecortada.
Es entonces cuando se da cuenta de lo precario de su situación, a la que no sabe cómo ha llegado. Akane se encuentra debajo de él, con la camiseta medio levantada, al igual que él. Se levanta rápidamente y ofrece su mano a su prometida. Ella no le suelta y, con ojos brillantes, lo arrastra a la parte de atrás del dojo, hacia el espacio que usan como almacén y que está más resguardado de la puerta. Una vez a salvo de miradas indiscretas, Akane lo empuja con suavidad contra el armario y le besa con ansia. Se cuelga de su cuello y Ranma la coge por las nalgas, levantándola en el aire y haciendo que ella entrelace sus piernas en su cintura….
–¡Akane! ¿Estás aquí? –la voz de Nabiki les llega de forma algo distorsionada.–¡Ya está el desayuno listo!
Los dos tortolitos separan sus rostros y se miran con miedo; de entre todos sus familiares, Nabiki es la peor y si los pilla pueden darse por muertos. O por casados más bien. Instantes después escuchan algo que les hace pasar del miedo al terror: pasos adentrándose en el dojo.
Se produce una especie de confusión entre los dos jóvenes porque ninguno sabe muy bien qué hacer. Finalmente, tras unos cuantos ruidos sordos y un par de choques, Ranma termina escondido encima del armario, tapado por unas cajas. Justo cuando se esconde tras los cartones, aparece Nabiki con esa mirada de sospecha que ha aprendido a temer. Akane, en el centro del almacén, la mira con fingida inocencia. Se recompone rápidamente su ropa.
–¿Qué haces aquí? ¿No me has escuchado llamarte?– Nabiki suena perpleja.
–¡Hola Nabiki! Estaba buscando uno de mis antiguos sacos de boxeo. ¿No lo habrás visto, por casualidad? ¿Me has llamado? ¡Qué raro, no te he oído!
Ranma maldice para sus adentros y se pega aún más a la pared. La reina de la sutilidad, ésa es su Akane. Nabiki debe pensar lo mismo, porque entrecierra los ojos mientras comienza a pasearse por el cuarto. Parece un perro buscando un hueso.
–Sí, te he llamado varias veces.–husmea tras el aparato de saltar el potro y distintos cachivaches alrededor, observa Ranma aterrado– Debías estar muy concentrada aquí, tu sola Si quieres te ayudo a buscarlos. Has mirado… EN EL ARMARIO – Nabiki abre el armario de sopetón, provocando en Ranma, que se acaba de inclinar hacia el borde, un mini infarto.
–Fue el primer sitio donde busqué–desde su nueva posición, más pegado a la pared, no alcanza a ver los rostros de las chicas, pero escucha a Akane y Nabiki moverse por el cuarto y se arriesga a levantar un poco la cabeza. Ranma se pega a la pared de nuevo todo lo posible, al ver que Nabiki echa un vistazo por encima del hombro. –Estoy acordándome, creo que los había guardado en el armario del pasillo…
La voz de las chicas se aleja y Ranma espera un tiempo prudencial para salir del dojo. Se asea como puede, se cambia de ropa y media hora más tarde entra en la salita que da al jardín donde esta su familia, evitando mirar a Akane en todo momento.
Sus padres ya han desayunado y juegan al shogi tranquilamente. Por el rabillo del ojo ve que Akane está sentada en su sitio habitual. Nabiki está desayunando mientras revisa varios papeles con aburrimiento y Kasumi se acerca sirviéndole unos panecillos. Todo parece tranquilo.
–Ranma– Kasumi se dirige a él– ¿te importaría hacerme un favor? Necesito que lleves a correos esta carta certificada. ¿Por qué no vas con Akane? Así aprovecháis para hacer las paces.
Ante la mención del nombre de su prometida, Ranma levanta la cabeza e inevitablemente su mirada se cruza con la avellana de Akane. Y en esa milésima de segundo sabe que ha cometido un desliz y están perdidos sin remedio.
Nabiki los observa alternativamente, con la misma expresión que un tiburón acechando a los pececillos que se quiere comer.
…
….
…..
…
El cielo de Nerima se encuentra ya salpicado de estrellas cuando Ranma sale sigilosamente por la ventana de su cuarto y salta al tejado. Ha esquivado a Akane durante todo el día(aunque la chica se lo ha puesto fácil, evitando cruzarse en todo momento con él) pero ahora aprovechará la discreción de la noche para ir a verla. Y durante todo el día ha estado preguntándose en cómo narices ha podido Nabiki darse cuenta de lo que pasa justo ahora, cuando llevan semanas ocultándolo en casa.
Con el mayor de los cuidados se dirige por el tejado al otro rincón de la casa, donde está el cuarto de Akane. Se asoma, dispuesto a deslizarse por la ventana abierta, colgándose de las manos. Y cuando tiene ya medio cuerpo dentro…
–Buenas noches, cuñadito. ¿Haciendo una visita secreta a tu prometida?
Del susto, Ranma se suelta de las manos y cae, afortunadamente no se golpea demasiado fuerte en la espalda. Permanece así, con la mitad del cuerpo en la habitación de Akane y la otra mitad colgando por la ventana. Nabiki le mira apoyada en el marco de la ventana contigua, como si acostumbrara a vigilar la luna cada noche y una sonrisa triunfal bailando en su rostro. Intenta mantener una pose casual, como si fuera algo habitual en él entrar en la habitación de Akane a hurtadillas.
–¡Nabiki! Escuché un ruido y vine a comprobar que tu hermana…
Le arrastran con fuerza de los pies y se cae de culo en la habitación de su prometida, que lo mira con un rictus de terror. Se incorpora frotándose la espalda dolorida, echando pestes en su interior la delicadeza de la chica.
–¿Un ruido que yo no escuché pese a que comparto pared con Akane?–la duda tiñe las palabras de Nabiki en la noche.
La joven de pelo azulado pasa por encima de Ranma y saca medio cuerpo por la ventana.
–¡Nabiki! ¡Métete en lo tuyo!– sisea Akane.
–¿Qué pensarán vuestros padres si se enteran de estas visitas secretas a altas horas de la noche?– casi puede notar la inocencia en la pregunta lanzada por Nabiki. –Quizás sea buen momento para desearle buenas noches a papá y contarle las últimas novedades…
Ranma se asoma por detrás de Akane, que mira furiosa a su hermana.
–¡No hay nada que contar!
–Por supuesto que no, cuñadito. Pero por si acaso no hagáis ruido, que no quisiera tener que explicar mañana en el desayuno por qué razón no he dormido bien.
Les guiña un ojo y cierra su ventana muerta de la risa. Ranma se gira hacia Akane con expresión culpable. Ella le devuelve la mirada, con un mohín de pena en su bello rostro y Ranma acaricia su mejilla para intentar deshacerlo.
–No te preocupes, lo arreglaremos. Yo me ocuparé de todo.– intenta asegurar toda la confianza que puede reunir.
Y es que si algo tenía claro Ranma a estas alturas es que Nabiki Tendo era un enemigo temible. Y que, para todo aquello que acaba de descubrir junto a Akane, el hogar que comparten queda completamente descartado.
Los días pasan y el nerviosismo de Ranma aumenta conforme Nabiki va soltando indirectas cada vez con más frecuencia..
La primera de ellas fue en el desayuno del día siguiente, donde Nabiki bosteza constantemente, quejándose de la falta de sueño y les dedica miradas burlonas. Ranma está casi a punto de saltarse ese momento sagrado para él, glotón sin remedio, pero finalmente aguanta el tipo. No puede decirse lo mismo de Akane, que parlotea nerviosa de cualquier tema. Afortunadamente, sus padres parecen estar más centrados en su partida matutina de shogi que de los posibles comentarios mordaces de Nabiki.
A partir de ahí, las indirectas se van sucediendo. Akane, qué guapa estás hoy, te noto un brillo especial en la mirada o He visto un anillo de diamantes precioso, cuñadito son los primeros e inocentes pero con el paso del tiempo la situación parece ir acrecentándose, al igual que la desesperación de Ranma. Porque Akane, no sabe si intencionalmente o no, le lanza miradas suplicantes por encima de la mesa o le pone ojitos al otro lado de la sala sin embargo, y a pesar de los modelitos de verano que se pone –y que ahora sabe lo que ocultan- luce más inalcalzable que nunca. Y poco a poco, hora a hora, Ranma toma una decisión que cambiará su vida para siempre.
…
….
…..
…
Cuatro días después de aquel desayuno y varias insinuaciones de matrimonio por parte de Nabiki (Kasumi, ¿no crees que estos vestidos de dama de honor son una preciosidad? se ha escuchado hoy durante el desayuno, haciendo que Akane se atragante con su tazón de leche ), Ranma se encuentra frente a la habitación de la mediana de los Tendo.
Es una mañana calurosa de verano, sus padres están ocupados limpiando en el dojo, donde pronto empezarán las clases de verano, y Akane ha accedido a ayudarlos y desde la cocina se oye a Kasumi trastear con la comida. A diferencia del resto de la semana, Nabiki no ha aprovechado para salir por la mañana, si no que se ha cerrado en su cuarto después del desayuno. Parece la ocasión perfecta, piensa cuando golpea con los nudillos la puerta, al igual que hace seis meses cuando se vio en la misma situación. Una voz suave le indica que pase y así lo hace, cerrando la puerta con cuidado tras de sí.
Nabiki se encuentra en idéntica pose a aquella vez, sentada en su escritorio. Se gira en la silla hacia él, con esa sonrisilla inocente que acostumbra a poner aunque Ranma sabe que el día en que el día en que repartieron la inocencia Nabiki se encontraba claramente de fiesta . Mantiene silencio, esperando que Ranma se explique, pero con la misma actitud que mantiene jugando a los cartas: como si tuviera la mano ganadora y un par de comodines de refuerzo.
Y Ranma, consciente que es un pésimo jugador de cartas (y sabedor también de cuál es su fallo en el juego) pero experto en combates, empieza su ofensiva.
–Akane y yo llevamos seis meses viéndonos a escondidas de todos.– suelta como si tal cosa, mientras se sienta en la pulcra cama de la chica.
La boca de Nabiki se abre ligeramente, pero media milésima de segundo después se recompone.
–Sólo lo sabes tú. –continúa el joven de la trenza–Ni amigos, ni padres, ni enemigos sabe o sospecha nada. Y mientras no tengas pruebas será tu palabra contra la nuestra y lo negaremos.
–¿Y qué pasará cuando tenga las pruebas?–pregunta Nabiki echándose el flequillo hacia atrás– Vamos Ranma, no seas tonto, sabes que es cuestión de tiempo que consiga una fotografía o un vídeo comprometido vuestro. No querrás exponer a Akane a ese ridículo.
–Cuando tengas pruebas y lo cuentes a todo el mundo, entonces nos obligarás a casarnos. Con dieciesete años y obligados a casarnos, tus padres se emborracharán, Kasumi y tú iréis de damas de honor y mi madre vigilará que sea un hombre o tendré que cometer seppuku; sabes lo que pasará si Akane piense que podría pasarme algo, porque ya ha ocurrido antes. –Ranma mantiene el semblante serio – Las otras locas destrozarán tu casa, como pasó con lo del pastillero de mi madre. Y Akane, Nabiki, tu hermana pequeña, se casaría cuando no quiere. Ella misma lo ha dicho. No querrás tú exponer a Akane a esa vida.
Nabiki le mira en silencio durante unos instantes y por primera vez Ranma siente un pequeño rayo de esperanza que ilumina la ordenada habitación de la joven, tan diferente a la de Akane. Tal vez su estrategia de decir la verdad les saque de este atolladero…
–¿Y qué pretendes que haga con esta información? No pensarás que me voy a callar gratis. – pregunta Nabiki de nuevo.
–La idea de que quisieras proteger a tu hermana de todo esto se me pasó por la cabeza, si te digo la verdad. –La chica le dirige una mirada de aburrimiento mientras se levanta del escritorio y Ranma sigue, consciente de que necesita atraer su atención con algo jugoso – Pero podríamos hacer un trato.
–Cuñadito, ni en un mil de años tendrías yens para pagar este secreto …
–¿Y si no habláramos de dinero, sino de otra cosa? – al fin, un brillo de curiosidad en la mirada castaña de Nabiki– ¿Y si te diésemos la exclusiva?
–¿La exclusiva, exclusiva? ¿En todo?
–Piensa en todo el dinero que podrías conseguir dando pequeñas pistas a las chaladas. A Kuno, al cerdito de Ryoga. Sólo con una condición y esto no es negociable.–Ranma se levanta también de la cama y se acerca a la chica, levantando un dedo La seguridad de Akane es lo primero de todo.
Un mini atisbo de sonrisa amenaza con aparecer en los labios de Nabiki, pero las comisuras se tensan ligeramente y vuelve a su rictus serio. Aunque si Ranma pudiese ver dentro de su mente – y de su corazón, aunque la gran mayoría de las veces es acusada de no tenerlo- vería que la ternura está a punto de hacer de las suyas. Ranma es un tonto y un insensato, pero, conmovida, se da cuenta de que está ante uno de esos ataques del chico, en el que se muestra más enamorado de su hermana de lo que él mismo cree. Pero Ranma no sabe nada de esto y espera la respuesta de la chica.
–La exclusiva en todo lo relacionado con vosotros. Y si la situación se descontrola y los padres os obligan a algo, yo me ocuparé de todo.
Extiende su fina mano hacia el chico y éste la toma, pensando en que posiblemente sea mejor hacer tratos con el demonio antes que con esta chica a la que, extrañamente, ha aprendido a apreciar.
–Trato hecho.
Ranma se gira y se dirige a la puerta y cuando su mano roza el picaporte la voz de Nabiki le hace detenerse.
–Sólo una cosa más, Ranma. Con trato o sin él, que sepas que yo nunca dejaría que a Akane le pasase nada grave.
Y el joven abandona la habitación en silencio, con el corazón más ligero que cuando entró en ella.
& . & . &
Nerima, unas semanas después.
Por fin.
Habían sido unas semanas difíciles, pero finalmente lo habían logrado. Su padre y su tío casi no habían podido contener el júbilo(habían tenido que recurrir a Nodoka y su katana para lograrlo), incluso a ella, con toda su calma habitual, le había costado mantener su actitud de siempre y no abrazar a su hermana, feliz por su nueva situación. Sólo Nabiki se comportaba como siempre aunque ella, que la conocía mejor que nadie y sabía de qué pie cojeaba, había llegado a ver un brillo genuino en sus ojos después de tanto tiempo.
Y lo mejor de todo es que esos dos no sospechaban nada.
Aunque no les quitaba el ojo de encima, Kasumi, la más maternal y atenta de las Tendo, apenas había sido capaz de pillarles en una situación comprometida. Ranma y Akane se comportaban como siempre, peleándose por sus tonterías y, a pesar de todo, eran capaces de dejar el rencor a un lado con tal de proteger al otro. Kasumi les envidiaba. Ojalá ella, algún día… Pero nunca tendría el valor de declararse.
Cerró su pequeña maleta y echó un último vistazo a su habitación, intentando revisar todo mentalmente. Cogió la nota, tantas veces revisada por todos y, con su eterna sonrisa, se dirigió a la entrada de la casa, donde el resto de su familia esperaba al taxi con las maletas preparadas.
–Termas de Hakone, ¡allá vamos! – exclamó Nabiki, mientras el vehículo se alejaba.
& . & . &
''Akane, hemos tenido que salir. La tía abuela de papá Haruka se ha puesto enferma y hemos cogido el tren para ir a verla. Nabiki y yo queríamos esperarte pero papá lloraba al pensar en la factura del taxi para siete personas. Llegaremos mañana sábado al mediodía. Nodoka ha obligado al tío Genma a acompañarnos.
He dejado cena preparada en la nevera y un mazo extra grande bajo tu cama. No dejes que Ranma se aproveche de ti.
Nabiki insiste en que no nos prepares nada de comer, ya cocinaré yo cuando lleguemos.
Ten cuidado. Recuerda lo del mazo.
Kasumi.''
–¿Tu padre tiene una tía abuela que está viva? – pregunta Ranma con incredulidad a la vez que lanza su cartera del Furinkan de cualquier manera.– ¿será tan mayor como la vieja momia?
Akane levanta la mirada de la nota que reposa en la mesa de la entrada y la dirige a los ojos azules del chico.
–En mi vida había escuchado el nombre de esa mujer.–responde la chica y se lleva su índice a la barbilla, pensativa.– Aunque sí que me suena que tenía parientes vivos en Konosu…
Ranma se lleva una de sus manos detrás de la cabeza en un gesto muy típico en él.
–¿A ti no te huele todo esto muy raro? Una tía que no conoces, toda la familia escapando… Suena a encerrona.
Akane medita unos instantes.
–Puede. Pero, por si no te has dado cuenta, estamos solos en casa hasta mañana.
No ha terminado de pronunciar estas palabras cuando la mano de Ranma coge la suya con fuerza y más que arrastrarla la teletransporta a su habitación en la planta de arriba. Su novio coge con rapidez la mochila que acostumbra a llevar en sus viajes y se la lanza antes de desaparecer de nuevo.
–¡Prepárate!– exclama desde su cuarto. –¡Salimos en 5 minutos!
Con rápidos pasos la chica atraviesa el pasillo y se asoma al cuarto de su prometido: Ranma se mueve veloz en el pequeño y desordenado espacio, guardando de cualquier manera algo de ropa y otros enseres.
–¿Salimos? – pregunta perpleja –Yo p-pensé que era esta la oportunidad que esperábamos… –finaliza azorada.
El joven detiene su frenética labor y toma a la chica por los hombros, mirándola fijamente.
–Akane. Piensa un momento. Cuando los demás se enteren de que estamos solos en casa, ¿cuánto tiempo crees que tardarán en venir y arrasar?
Por respuesta, la joven castaña se da la vuelta con rapidez y se aleja gritando ''¡Sólo un minuto! que resuena en la casa.
& . & . &
En un bosque indeterminado a las afueras de Tokio, muchas horas después.
El sol del amanecer comienza a iluminar los árboles del pequeño claro del bosque, en cuyo centro una pequeña tienda de campaña marrón permanece en silencio, aunque sus dos ocupantes comienzan a despertar tras una agitada noche.
Y es que si los pequeños animales del bosque pudieran hablar… Sin duda comentarían acerca de las sonidos que se escucharon dentro del habitáculo: risas nerviosas, algún que otro No Ranma, que a mí eso no me entra ahí, declaraciones susurradas… y finalmente varios gemidos, algún que otro joder Akane contenido y las voces de dos adolescentes enamorados que se han aguantado las ganas que se tenían desde hace demasiado tiempo.
–Tengo hambre.
Ranma se gira en el saco de dormir hacia su prometida. La chica se encuentra como él, tapada hasta debajo de las axilas con la manta que les cubre su desnudez. Su piel, esa que ha recorrido con sus manos y su boca hasta hace pocas horas, con tacto exquisito, está caliente y aún desprende ese aroma de dormir. Está más guapa que nunca, con el pelo desordenado y los ojos brillantes, quien sabe si es por la felicidad del momento o porque se acaban de despertar, perezosos. Y toda la vergüenza que pensaba que iba a tener en este momento parece haberse esfumado después de esa primera vez.
Suya. Por fin Akane había sido suya.
–Eso es porque estás descuidándote.
–¿Descuidándome en qué, exactamente? – inquiere Akane, incorporándose levemente sobre sus codos y sujetando la manta con una de sus manos.
Ranma sonríe, ufano.
–En tu forma física. Está claro que esta noche no has aguantado los tres..asaltos, por decirlo así.
–¡Serás cretino! ¡He aguantado perfectamente! – responde ella, dándole un ''suave'' manotazo que hace que Ranma se frote el pecho descubierto con dolor. Él no parece estar apurado en taparse como la joven castaña. – El problema es que después no me has dejado dormir con tus ronquidos
–La que ronca como un gorila resfriado eres tú.
Akane levanta ambas manos para intentar estrangularlo, pero Ranma, que esperaba justo ese momento, aprovecha para arrebatarle la manta que sujetaba y lanzarla al otro extremo de la tienda. Cuando la chica suelta un ruido, sorprendida, se acerca más a ella y la sujeta con ambas manos por las muñecas.
Su pelo enmarca ese rostro de muñeca que no es tan inocente como aparenta, o al menos ya no, después de esa noche de juegos, y sus labios están algo hinchados después de los mil y un besos que se han podido dar a lo largo de las horas. La ve tragar saliva, turbada, y se miran fijamente, sin que ninguno desvíe la mirada hacia los sus torsos que se tocan, con los pezones duros de ella rozando suavemente su pecho con cada respiración agitada. Ranma respira con dificultad e intenta no perder la cabeza.
–Es broma. Pero prefiero escuchar otros ruidos de tu boca y no insultos. Y para que me perdones, luego te hago el desayuno. Pero antes– añade sonriendo, mientras se coloca encima de la chica y hace que vuelva a tumbarse bajo él – vamos a por ese cuarto asalto.
¡Hola de nuevo a todxs!
Quiero disculparme por la tardanza: había prometido subir pronto el capítulo y aquí estoy, un año después! El ordenado había decidido dejar de funcionar, he tardado en recuperarlo y entre el trabajo y la familia he estado muy liada, aunque ahora ya puedo volver a ffnet. Así que pronto me pondré al día de todas las historias que tengo pendientes de leer, que son muchas, y las nuevas que me están esperando : si alguien quiere recomendarme algún fic, vuestro o de otra cuenta, de nuestra parejita estaré encantada de pasarme por él. Así de paso me dejáis un review que me hace mucha ilusión ;)
Prometo volver más a menudo, quiero terminar este fic (ya le quedan unos pocos capítulos nada más) y estoy empezando un AU que, si me va gustando como me queda, lo subiré también.
El capítulo de hoy es algo que me intimidaba bastante: la primera vez de la parejita. He leído en varios fics y yo, al menos en este caso, me imagino que la primera vez sería un poco desastre, como cualquier cosa que haces por primera vez.
Como dice el dicho, una de cal y una de arena, en el próximo capítulo a los enamorados les tocará sufrir. Aunque esperemos que el amor todo lo pueda…
Y lo de siempre: pido perdón si hay alguna falta ortográfica: reviso todo varias veces pero seguro que alguna se me escapa. Si alguien ve algo y me avisa, lo edito sin problemas.
A los que me dejáis comentarios: muchíiiiiiiisimas gracias, me ha hecho mucha ilusión recibirlos. Creo que he ido contestando a todos y los que me faltan me iré poniendo al día.
Un abrazo grande, ¡nos vemos por Nerima!
