Comiendo
~Venatrix~
Ani se encontraba en la cocina. Concentrada y atenta, porque quiere hacerlo bien. No puede ser tan jodidamente difícil, es solo seguir instrucciones.
Muy bien. Muy bien. La receta es simple. No más de cinco ingredientes. Avan se encuentra en el patio jugando con sus hijos, así que no hay interrupciones.
Puede hacerlo…
Hasta que la figura que baja desde el techo, hace que se le desviara la vista.
Aundrey había llegado. Y… bueno, ¿Qué cosa deliciosa? ¿Qué se había comprado? ¿Chaqueta? Dioses, se le veía condenadamente bien. Su vampiro de verdad sabía vestirse muy bien. Ropa del siglo pasado, pero lo llevaba como si fuera la última moda, y… no. No.
¿Qué estaba? ¡Oh sí, la receta!
Ok, Harina… ¿Estaba usando los pantalones de cuero? Dioses, ¿Qué quería? ¿Sobrecalentarla? ¡Concéntrate! ¿Dónde dejo los polvos…? Hmmm un polvo… ¿Por qué se está haciendo una coleta? Las coletas son para ella. Oh, va a jugar… ok, ok, muy bien.
―Te veo un poco distraída― se mofó una voz a su lado. El susto que le dio el bastardo hizo que saltara desparramando la harina a su alrededor.
―¡Leion! ―le gritó molesta, agarrando un paño y sacudiéndose la ropa.
―¿Te gusta lo que ves?
―Condenado seas, ¿Por qué me asustas así? ―regañó lanzándole el trapo de limpieza.
―Simplemente estabas comiéndote a Aundrey con los ojos. ―se burló Leion sonriendo con maldad. Ani se sonrojó terriblemente.
―Déjame en paz. Sal afuera ahora ―ordenó, apuntando al patio y fuera de su cocina, el pelirrojo salió sonriendo como un gran gato malicioso.
Avergonzada por ser pillada infraganti por nadie más que el molesto pelirrojo, se enfurruñó aún más cuando Aundrey entro en la habitación con una sonrisa sabionda de alguien que sabía lo que había ocurrido. Lo miro por el reojo y siguió batiendo la mezcla.
Ignorándolo lo mejor que pudo.
Aundrey se deslizó por su espalda, colocando sus dos manos alrededor, sin tocarla, pero invadiendo todo su espacio personal. Y su mejilla casi a la altura de la suya, mirando la mezcla.
―¿Por qué estás rumiando? ―preguntó tan cerca de su oído que se le calentaron aún más las orejas. Podía sentir los ojos burlones de Leion no mucho más allá.
―No estoy rumiando. Eso lo hacen las vacas, yo estoy maldiciendo.
Este se acomodó un poquito más, dejando su mejilla apoyada a la suya. Lo fresco de su piel alivio un poco el calor.
―Estás muy guapo― murmuró quitándose este peso de encima llamado: decirle a su vampiro que esta comestible o iba a explotar.
Seguía mirando la mezcla de su biscocho que debió agregar a la máquina hace cinco minutos.
―¿Hmm? ¿Muy guapo?
―Ajá― replicó sin mirarle. Concentradísima en cada burbuja que hacía al batir.
―¿Qué tanto?
Masculla una maldición, y detiene su batir.
Se gira entre sus brazos, porque este no tiene ninguna intención de dejarle enderezarse. Sus caras quedan a la misma altura y esa sonrisa presumida hace cosas terribles en su estómago, pero aún está molesta porque Leion le pillo, así que solo le queda una opción.
Y es la venganza.
Ani suspiro con fuerza, y levanto los brazos para pasar sus manos por el cuello de su vampiro y enterrar sus dedos entre su holgada coleta. Aundrey suspiro con fuerza mientras Ani presiona deliciosamente las puntas de sus uñas en su piel.
Su vampiro sisea y antes siquiera de dejarlo reaccionar, le presiona aún más y le mueve la cabeza hacía atrás. Dejando su cuello expuesto.
Sus músculos se tensan deliciosamente, y le muerde con fuerza.
Aundrey se eriza, maldice y se aleja de golpe. Puede ver sus pupilas completamente dilatadas, el gris tormentoso brillando como un depredador, las aletas de su nariz tensas mientras aspira con fuerza. Completamente caliente por una simple mordida.
Se ve salvaje y enojado. Y ella se siente como una reina.
―¿Oh? ¿No estábamos jugando?
Se gira para tomar su cuenco, ignorándolo.
Cuando la mano de su vampiro hace exactamente lo que ella había hecho, enredarse por su cabello, moviendo su cabeza hacia atrás. Exponiendo su cuello, pero Aundrey estaba mirándola con toda su altura desde atrás.
―Ay…
No se alcanza a quejar cuando el vampiro la besa. La besa como si no quedara un mañana.
Abriendo su boca con la punta de su lengua y robándole cada jadeo que escapa de ella. Con su lengua, con sus colmillos mordiendo sus labios, su mano aferrada con fuerza a su cabello, y la aprieta contra la encimera sintiéndolo tenso y duro contra la curva de su trasero.
Se le encorvan las puntas de los pies y si no la estuviera apretando, las rodillas no le mantendrían en pie.
El vampiro se aleja de golpe, soltándola. Y ella hace un terrible esfuerzo para agarrarse a la encimera antes de caerse. Con la respiración acelerada, el cuerpo caliente y el corazón en sus oídos. Le retumbaba la cabeza de puro calor.
Se gira aturdida hacía el vampiro que se aleja hacía el otro lado de la cocina. Tiene ese temple entre el enojo y la profunda satisfacción.
―Oh… ¿No era un juego?
Va a seguirlo y terminar esto.
―¡Mamiiiiii! ―el agudo grito de su hijo menor hace que se le enfrié la cabeza, volviéndola en sí. Kayx entro como un torbellino hacía la cocina, jadeando y despeinado.― ¿Me das juguito, por favor?
Se tranquiliza y mira a su cachorro que espera impaciente a su lado. Sus grandes ojos dorados llenos de inocencia.
Maldice para ella y saca tres juguitos para sus hijos y Neox.
Cuando se gira hacía la ventana dos pares de ojos estaban sonriendo como un par de guasones.
Avan y Leion sonriendo como si hubieran visto todo el maldito intercambio. Y se le funde un circuito.
―Ustedes dos… ―comienza a amenazar.
―¡Ven Kayx, te toca en el arco!
―Vamos a jugar cachorro.
Gritan los dos esperpentos y ella gruñe con fuerza.
Mira la maldita mezcla, la bota y hace una llamada para dos cajas de pizzas.
¿Dónde estaba su maldito vampiro?
Iba a morderlo otra vez, solo para vengarse de semejante humillación.
Lo iba a morder mucho.
