Sueños

~Venatrix~

«Ani puede sentir el fuego de su hogar golpeando su rostro y manos. Las lagrimas se secan y estrían su rostro apergaminado por el calor. La mano mayor sujeta la suya con un leve temblor, esta húmeda por la sangre y cenizas, es una mano muy bonita, pero no tan suave como la de papá.

A unos pasos más atrás, hay dos cuerpos durmiendo. Se gira para ir a despertar a mamá, pero la sujeción no le deja.

―No mires ―le ordenó el sujeto. Pero quiere ir a despertarla, estaba muy asustada, la risa de aquellos sujetos le ponía el pelo de escarpias. Papá le entregó un arma, no pudo disparar, tiene que ir a despertarlo, para que le diga que todo estará bien, que no importa que no lograra disparar, que van a estar bien. Intenta ir otra vez, pero la sombra no le deja.

―Mamá, tiene que despertar…

El ruido que hace el sujeto le llama la atención, Ani levantó el rostro para verlo bien.

Esta llorando.

Y es tan extraño. Su cabello es grueso, y cintas hermosas se mueven en la noche tomando los reflejos del fuego. Su pelo es blanco y tiene el rostro hermoso como los cuentos de elfos. Sus ojos parecen brasas como aquellas noches frente a la chimenea con papá.

Pero esta llorando, y no sabe que esta mal.

Cuando este se agacha a su altura, la toma en brazos y en un par de rápidos movimientos están lejos de mamá y papá, por la otra ala de su casa en llamas. El humo le pica los ojos y le irrita la garganta

―Pero mamá…

Este se arrodilla, y puede verle mejor. Es un vampiro, pero hizo desaparecer en gritos y cenizas a aquellos de risas estridentes. Sus manos toman su rostro.

―Animic, Animic hija de Del-vi. Lamento haber llegado tarde, lamento que te quedaras sola…

―Mamá, vamos por mamá…

―No podemos, cachorra.

―Pero mamá…

―Mamá, y papá, ya no están.

―No… vamos por mamá…

―Lamento no haberte cuidado, lamento… todo…»

Animic despertó desorientada, hay una figura sobre ella, no se asustó solo porque su olor esta completamente envuelto alrededor.

Aundrey le tomó el rostro, parece preocupado.

―Tenías una pesadilla ―le susurró suavecito. No se mueve, solo lo mira. Sus ojos grises parecen más oscuros en la habitación, el pelo le cae como una cascada alrededor.

―Lo siento ―murmuró e intentó levantarse. Su vampiro le ayudo, y aprovecho el movimiento para recostarse sobre él. Escalándole y todo, para usarlo como colchón. Es de esos pocos días en que su vampiro esta durmiendo a su lado.

―Estabas llamando a tu madre. ―Aundrey ocupo la punta de sus dedos para acariciar la arruga entre su cejo.

―Solo estaba soñando el incendio de la mansión. ―Suspiró con fuerza y se quejó mientras buscaba las mantas que se deslizaron cuando se encaramo― ¿Sabes que mi padre mando a matar al señor vampiro que procuro el ataque?

Informó y le miró. Aundrey tomó las mantas y los tapó.

―¿Jarchez?—preguntó el vampiro sin sorprenderse.

―Sí, ¿cómo lo sabías?

―Bueno, era uno de los consejeros, murió antes de los ataques. ―informó Aundrey, y luego se quedó en un breve silencio, como si estuviera rememorando información― Y hubo rastros de lobo, cuando llegaron a su hogar. Aunque no sé investigo, se dio por hecho que fue una advertencia de los ataques siguientes. Aunque ahora que lo pienso, no tiene mucho sentido. ¿Por qué los hizo?

―Puede que sea una de esas extrañas alianzas antes de la paz. Uno de los hermanos de la familia Kaskia le entrego la información al señor vampiro. Querían quitarle los guerreros a mi padre, para poder atacar al último Lascad de la nómina real.

Su padre no tenía más familia, la mayoría fueron asesinados varios años antes, cuando él estaba cortejando a su madre. Poco después del asesinato de los Lascad, papá había impuesto el retiro de los impuestos con tal de aceptar a dos guerreros Interfector de las Islas Luna, para que lo protegieran.

―Mataron a mis padres lentamente envenenando las aguas de donde se extraía. Solo habían dos sirvientes en casa, humanos que no se vieron afectado. Yo era muy pequeña para sentir los efectos de la sisaria.

―¿Sisaria? ¿Miel de luna?

―Sí, mis padres no estaban muy cuerdos en ese momento. Solo tengo algunas pocas imágenes ―recordó. Era demasiado pequeña para entender los mareos y otros síntomas que vio sin comprender. Se recostó contra Aundrey, el sueño ganándole una vez más. La mano de su vampiro hacía círculos en su cadera, el movimiento rítmico muy agradable.

No sabe si se durmió, solo que la voz de Aundrey le hizo concentrarse.

―¿Has probado la sisaria, Ani?

―¿Has estado pensando en eso, todo este rato?

―Me ha entrado la duda.

―No, no la he probado. La he olido… de lejos.

Hubo un silencio bastante largo y tan expectante de parte de su vampiro, que sonrió por lo pervertido que podía ser.

―¿Y?

―Bueno, solo la olí de lejos, no sé, fue extraño.

Otro largo silencio.

―¿Y la…

No le dejo terminar la frase, para usar sus manos sobre sus pectorales y levantarse. Aundrey estaba sonriendo como si fuera un gran gato malicioso. Si se le había iluminado la cara y todo.

―No lo sé, lo he pensado. No sé… y deja de pensar en eso. Yo estaba durmiendo.

―Estabas…

Ani fue girada tan rápido que sus pies quedaron enredados en las mantas. Aundrey se enderezo para amarrarse el cabello en una rápida coleta y le miro tan concentrado, que sus muslos temblaron expectantes. Dioses, odiaba y amaba lo rápido que podía hacerle cambiar de opinión.

―Podría convencerte.

―Claro que sí, pervertido.

Y su sueño desapareció bastante rápido.

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