Hola, hola, Luna de Acero reportándose.
Comisión ha pedido de Anita Ilustraciones (FB), una artista super, mega, ultra talentosa. Y si no me creen vayan a su perfil y me van a dar la razón, además hace comisiones, aprovechen que es muy accesible y la calidad de sus trabajos es para caerse de espaldas.
El arte de la portada es un dibujo de Anita Ilustraciones y de (arroba) sabrinart19 en Twitter, ya que ambas pensaron en colaboración en la idea de esta historia y gracias a sus increíbles talentos, crearon esta belleza de portada.
Es la primera vez que escribo una historia para el fandom de Boku No Hero, los que me vienen siguiendo de antes, espero seguir contando con el apoyo de ustedes, para los que están entrando por primera vez a una de mis historias: soy veterana, téngame tantita paciencia. Por lo general escribo lo que me pega en gana y lo que me divierte, pero soy muy clara con las advertencias para que nadie termine leyendo algo que no le gusta o que no quiere, por lo que les pido encarecidamente que LEAN las advertencias de cada capítulo. Ahora, si han leído y les ha gustado, tengan a bien dejar su votito, kudo o review, yo los leo todos y son mi gasolina para seguir adelante.
Por cierto, este es el primer capítulo, aunque yo creo que vamos a tener para unos 4 o 5, no sabría decirles, espero que si les gusta me animen a continuar adelante con sus mensajitos de apoyo y comentarios, desde ya muchas gracias!
Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son de Kouhei Horikoshi de su obra Boku No Hero Academy, la historia si es de mi completa invención.
Advertencias: Palabras altisonantes, uso indiscriminado del OoC para los personajes principales, mención de muerte de personaje principal, lime, lemon, situaciones R18, este fic fue pensado para ser la epítome del angst, así que preparen los pañuelos si es que les gusta llorar, sino, no, je. Enjoy!
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" Tú no te irás, mi amor, y si te fueras, aun yéndote, jamás te irías".
Rafael Alberti
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Sentía el cuerpo pesado, sus ojos intentaban abrirse sin demasiado éxito, estaba aturdido. De seguro habría quedado inconsciente de alguna batalla, pero diferente a cuando volvía en sí después de un enfrentamiento, esta vez no sentía dolor alguno. Al contrario, había calidez y una sensación de tranquilidad inesperada.
¿Estaría muerto? No, eso no podía ser posible, frunció el ceño e intentó tragar sintiendo el garguero seco, tenía sed, mucha sed. Poco a poco fue recuperando las sensaciones, era como un helicóptero que no terminaba de aterrizar del todo. Inspiró llenando sus pulmones y trató de mover sus dedos, tocó una superficie agradable, suave, como de pelo de animal. Al fin fue capaz de abrir sus ojos y observó el techo, había mucha claridad.
Una sutil brisa templada se desparramó por su rostro y tuvo que pestañear varias veces hasta que el panorama se le aclaró por completo. ¿Dónde estaba? Giró su cabeza, aún le pesaba el cuerpo, pero se sentía reconfortado, ni dolores, ni golpes, solo un cansancio como de haberse quedado dormido en las arenas de un desierto por muchas horas.
Era una habitación bastante… rústica, las paredes eran grises y porosas, como un acabado de cemento que fue dejado así a propósito, sin demasiada prolijidad, ventanas enormes, al menos unas cuatro, dos de cada lado, cubiertas por finas cortinas de una tela como lino en color crudo, ondeaban rítmicamente debido al viento que ingresaba desde afuera. Sin dudas era un día soleado, los rayos se metían por todas partes.
Con algo de esfuerzo se sentó, su torso estaba desnudo, aunque tenía unos pantalones que no reconocía como suyos, notó que lo cubría una frazada hecha de piel de algún animal de color marrón oscuro, eso había sido lo que había agarrado antes, estaba desorientado, se sorprendió cuando una persona se removió a su lado. No lo había notado antes por su mismo aturdimiento, la cama era grande y estaba recostado en el otro extremo.
Abrió los ojos a su máxima posibilidad al notar que se trataba ni más ni menos que de Katsuki, aunque seguía existiendo un ambiente en extremo raro que no lograba identificar.
—¿K-kacchan? —llamó con una voz diminuta y ronca, casi que no la reconoció como suya.
Entonces el hombre a su lado se despabiló del todo y se incorporó en la cama para mirarlo con asombro. Sus irises rojos parecían centellear y qué extraño tenía el cabello, aquel rubio ceniza que se destacaba por formar picos en todas direcciones estaba… largo, tan largo que Kacchan lo llevaba atado en una pulcra trenza, ¿pero qué…?
—I-Izu…
Su amigo parecía a punto de echarse a llorar, se precipitó contra él y lo abrazó con fuerza.
—¡Mierda! Estás aquí, realmente estás aquí.
Izuku no entendía qué estaba sucediendo, entonces… ¿hubo alguna batalla que él no podía recordar en estos momentos que lo había dejado inconsciente por un tiempo prolongado? Por el largo del cabello de Katsuki, sus facciones más adultas y su cuerpo, joder, ¿había estado en coma durante años? Se alarmó visiblemente mientras no lograba conectar sus neuronas a su cuerpo para poder mover los brazos y devolver el abrazo como correspondía, además, ¿desde cuándo Kacchan era tan sentimental? ¿Tal vez pensaron que había muerto? Sintió escalofríos cuando notó que por su hombro bajaban sendas gotas calientes, ¿lágrimas? No, imposible, Kacchan nunca lloraría, y si alguna vez lo hacía, con seguridad no sería delante suyo.
El pecoso comenzó a preocuparse, más porque el rubio no lo soltaba, palmeó la espalda ajena, como pidiéndole que se tranquilizara, esto era tan inusual.
—Ya, estoy bien, o eso creo.
El rubio se alejó y lo miró de una manera tan intensa que por un segundo Izuku creyó que le iba a salir un rayo láser de los ojos y lo iba a terminar partiendo en dos mitades. Tomó su rostro con ambas manos, podía sentir la callosidad de su palma contra sus morros.
—Es… es como un puto milagro.
Entonces su corazonada era cierta, ¿había estado a punto de morir?
—¿Dónde estamos? —fue lo primero que preguntó, ya que no reconocía en absoluto el lugar, parecía alguna cabaña o edificación campestre.
—Estamos en Globo D-13.
Izuku lo miró elevando sus cejas, Katsuki no había alejado sus manos de su rostro.
—Eh, ¿puedo tomar un poco de agua?
—Sí, apuesto que tienes la garganta echa polvo —se levantó de la cama y fue hasta una mesa de donde le trajo una especie de cantimplora y se la ofreció.
Izuku la abrió y bebió un trago, le sorprendió, el líquido se veía como agua y no tenía olor a nada, aunque tenía un muy leve gusto como a… carbón, era apenas un matiz de sabor que aparecía luego de tragarla, siendo muy suave pero persistente. Miró a su alrededor y el rubio se sentó en la cama.
—De seguro tienes muchas preguntas —exclamó intuyendo por las expresiones del pecoso que estaba tratando de asimilar lo sucedido.
—Sí, ¿qué me sucedió? ¿Estuve lesionado por algún enfrentamiento? —preguntó mientras se miraba las manos, como buscando nuevas cicatrices o moretones.
—¿Enfrentamiento? ¿Qué es lo último que recuerdas?
El joven trató de hacer memoria, lo último que recordaba era estar saliendo de la U.A., iba camino a su casa y… ¿lo habían atacado por la espalda? Porque en ese punto se diluía su consciencia, todo era una negrura total.
—¿Qué me pasó, Kacchan?
—Kacchan —repitió el rubio y sonrió con melancolía—. Bueno, no es fácil de explicar, creo que sería mejor que lo vieras con tus propios ojos.
—¿Cuánto tiempo pasé dormido?
—Mmm, al menos unas doce horas.
—¿Doce horas? Pero, tú luces… distinto, tienes tu cabello largo, deben haber pasado al menos varios meses o años, necesito un espejo.
El hombre se puso de pie y consiguió uno en forma de triángulo, se lo extendió. Izuku se miró, estaba asombrado, el tiempo no parecía haber pasado para él, observó su rostro detenidamente, no, no había grandes cambios.
—No entiendo, ¿quedé atrapado en alguna burbuja de espacio tiempo? —el otro no decía nada, solo lo observaba con tranquilidad, como si tuviera su mente volando lejos, era inquietante, porque incluso herido de gravedad Kacchan no dejaba de despotricar y estar a los gritos quejándose por cualquier pequeña cosa, definitivamente algo había sucedido—. ¿Qué edad tienes, Kacchan?
—¿Edad? Mmm, supongo que será como los tiempos de estrellas. Según la estrella primera son 34 tiempos lunares, pero según la estrella segunda, son 28 tiempos lunares.
El de cabello verde se le quedó mirando sin decir una sola palabra, ¿qué estaba sucediendo? ¿Estaba soñando? Se pellizcó en una mano, no, se sentía demasiado real para ser un sueño.
—¿Y tú, cuáles son tus tiempos de vida?
—Eh, bueno, la última vez que festejé mi cumpleaños, fueron 19 años.
—Años… Sí, puedo notar lo joven que eres —dijo acercando su cabeza y examinándolo como si se tratara de una rareza—. Y tu cabello, lo llevas corto, nunca te había visto de ese modo, pero de alguna manera funciona, es decir, te queda bien.
Luego se giró hasta una especie de mueble en un rincón hecho con algo como cañas huecas, y trajo ropa de allí, ahora que miraba mejor al rubio notaba que las vestimentas eran… diferentes a las usuales. Todo parecía artesanal, con costuras a la vista, llevaba una especie de musculosa que dejaba sus brazos torneados y grandes a la vista, más grandes que la última vez que los hubiera visto.
—¡Vaya! Has entrenado mucho, estás más musculoso, tendré que esforzarme para ponerme a tu altura —dijo Izuku comenzando a recuperar su ánimo.
—Aquí tienes más ropa, hay bastante de tu talla, mmm, bueno, tal vez sean un poco más grandes, pero te las arreglaremos. Vístete, necesito que me acompañes afuera, ahí podré explicarte mejor lo que ha sucedido.
—De acuerdo. ¿Dónde están los demás? —Preguntó el joven poniéndose de pie, notando como le costaba hacerlo, sentía como si su equilibrio no funcionara del todo, parecía esos muñecos que tienen arena en la base y se balancean a uno y otro lado.
Katsuki lo atajó a tiempo sosteniéndolo de sus brazos con firmeza.
—¿Estás bien?, te ves como si hubieras comido mierda.
—S-sí, es solo, es como haber bebido, pero estoy seguro que no lo hice —comentó sonriendo.
Levantó su cabeza y esta vez pudo examinar más de cerca las facciones de su rubio preferido, nunca había podido estar tan cerca como para notar lo tupida que eran sus pestañas y del mismo color que su cabello, el rojo de sus ojos parecía un túnel donde uno podía perderse con facilidad, ¿desde cuándo Kacchan era tan considerado? Las manos del otro resbalaron por sus brazos de una manera tan lenta que casi le pareció que era una caricia.
—Deja que te ayudo, aún no estás en condiciones óptimas —dijo tomando una remera de color marrón claro para colocársela.
Lo hizo sentarse en la cama y trajo unos zapatos muy extraños, parecían como sandalias hechas con tiras de cuero, le calzó sus pies y le ofreció su mano para que pudiera pararse de nuevo.
—Gracias, lamento darte tantos problemas.
—No lo haces, es mi obligación cudiarte.
Izuku lo miró desconcertado y tuvo que seguirle el paso para salir de la habitación, definitivamente esto tenía que ser una especie de alucinación, sí, de seguro algún villano estaba afectando su mente, Kacchan jamás diría algo como eso, nunca de los nunca, maldición, se sentía emocionado con tan poco.
Bajaron unas escaleras, al parecer estaban en un primer piso, llegaron a la planta baja y atravesaron una sala grande, el lugar era enorme, recién estaba tomando dimensión de esa casa. Salieron por la puerta frontal e Izuku de inmediato cerró sus ojos por la resolana exterior, era demasiado para su vista, levantó la mano para taparse.
Cuando pudo enfocar un poco, apretando un poco los párpados y haciéndose sombra con una mano sobre la frente, abrió la boca a más no poder. Había dos soles en el cielo, uno pequeño y apenas un tanto más opaco, y el otro mucho más grande (se veía casi como la luna en versión sol) y más brillante. Tal vez eso podía explicar porque había tanta luz.
—¿Qu-qué? ¿Por qué, por qué hay dos soles? —preguntó alarmado.
—¿Eh? ¿En tu mundo no hay dos estrellas?
—No, solo tenemos una. Espera, ¿mi mundo? ¿A qué te refieres? Kacchan, ¿dónde están los demás? Todoroki, Uraraka, All Might, uh…
Una bandada de algo como murciélagos gigantes volando alto en el cielo les llamó la atención.
—¡¿Qu-qué son esas cosas?!
—Calpos, no te preocupes, no atacan viandantes, se alimentan de frutas.
—¿Qué está pasando?
—Cálmate, estás a salvo conmigo, pero es evidente que el mundo del que tú vienes es diferente al mío, pensé que la invocación solo afectaría la cronología de las cosas, pero al parecer esto es diferente, ¿cómo se llama el lugar del que vienes?
—¿Del que vengo? Pe-pero, yo no vine a ninguna parte, no que yo recuerde.
—Tch, solo dime el nombre de tu maldito mundo.
—Eh, mmm, planeta tierra.
—Ya veo, este mundo se llama Zefirot, es el cuarto planeta de la galaxia Triángulo.
—Oh —Izuku sentía que le fallaban sus piernas, Katsuki se acercó para sostenerlo previniendo que llegara a caerse—. Me, me duele un poco la cabeza.
—Entremos, tal vez la luz de nuestras estrellas es demasiado para tu cuerpo.
Una vez dentro lo ayudó a acomodarse sobre una poltrona, era como una especie de sofá enorme, pero sin patas, como un puf gigante y cubierto de telas tejidas y cueros de animales. Kacchan se sentó a su lado, mirándolo con cierta culpa.
—No entiendo, ¿qué hago en este mundo? —miró al rubio como pidiéndole explicaciones.
El hombre inspiró y se puso de pie, revolvió en otros muebles que había por la sala y regresó con una especie de papiro, no parecía hecho de papel, sino de algo como tela, Izuku lo desenrolló con cuidado y observó el contenido. Era un muchacho, muy similar a él, pero vestía y estaba peinado como ese Kacchan, volvió a enrollarlo y se lo devolvió.
—Él era mi compañero, era el aire de mis días, mi complemento, la mitad de mi fuerza y mi corazón. Siempre fue una guerra poder estar a su lado, desde el momento en que confesamos nuestros sentimientos todo se convirtió en caos —recordó con añoranza, su voz, si bien era grave y pesada, parecía dulcificarse cuando hablaba de su pasado—, no había lugar en las tribus para nosotros, huir, defendernos, escondernos, así fue el primer tiempo, hasta que al fin encontramos nuestro Edén, nuestro lugar predilecto, el refugio donde podíamos estar en paz. Las cosas se calmaron, eventualmente mi estirpe nos encontró, no es posible esconder tanta magia de todas maneras.
—¿Magia?
—Sí, los dones que los antepasados nos han trasladado a través de los susurros. No te preocupes, entenderás todo en su momento y si no lo entiendes, tampoco será un problema. Pertenezco a la tribu que desciende de Helos, el fundador del fuego, dominamos a los legendarios, ellos son los dragones shine.
Izuku estaba mudo, parpadeaba de manera tardía y no podía emitir sonido, Kacchan lo estaba bombardeando con todo tipo de información confusa, no entendía absolutamente nada.
—Soy el líder de mi tribu, pero mi madre ha tomado el mando hasta que yo retorne, tal ha sido mi promesa, una vez que pudiera resolver mis problemas —caminó de nuevo hasta donde estaba el joven y se sentó a su lado muy cerca, tomó una de sus manos y la examinó con detenimiento, mirando las cicatrices de su brazo derecho—. Pero mi mayor problema… no tiene solución, ya que cuando la muerte entra en acción, no hay poder ni magia que la detenga. Cuando defendíamos nuestras tierras de los desgraciados ventosos, él, dio su vida por mí, se interpuso ante un terrible trueno dirigido a destruirme. Le fallé, no honré mi palabra de cuidarlo, se deshizo entre mis brazos de un momento a otro, sin tiempo para despedidas, me lo arrancaron de las entrañas sin piedad alguna y por eso yo… durante los últimos años he tratado de encontrar una solución, una forma de resolverlo. Si la magia existe para solucionar tantas cosas, ¿de qué mierda sirve si no puede traérmelo de regreso? Me transformé en mi peor versión posible, dejé que el odio me consumiera, erré el camino, por lo tanto no me quedó más alternativa que dejar mi tribu, hasta que pudiera resolver esta tragedia. Caminé incansables senderos, volé sobre Thunder incontables noches, debía estar completamente seguro que había revisado hasta el último rincón de Zefirot, que había agotado todas las fuentes y había probado todas las respuestas. A medida que el tiempo transcurría, así también crecía mi desesperación, el tiempo no aplacó mi necesidad en ningún momento, al contrario, ésta crecía como la voracidad de los gashones —Izuku enarcó una ceja, tal vez había muchos términos y cosas que ignoraba, pero sin duda podía sentir cómo ese hombre, tan parecido al Kacchan de su mundo, le transmitía su angustia a través del sutil roce de sus dedos y el tono desgarrador de su voz—. Y un día, cuando sentía que la vida no era para mí, que ya no podía seguir de pie… ella apareció.
—¿Ella?
—Todos decía que era una leyenda, Survaya, la diosa de las nubes, pero yo la vi con estos ojos. Con su vestido de polvo cósmico y tormentas, sopló el conocimiento sobre mi rostro. Existía un pergamino que contaba la manera de hacer un ritual, no se puede resucitar un muerto, ni en esta galaxia ni en ninguna existente, ni en el futuro, ni en el pasado, sin embargo, hay mundos que coexisten al mismo tiempo, como caminos que son paralelos, que se extienden unos al lado de los otros pero sin llegar a tocarse —Kacchan volteó la mano de Izuku y con su dedo índice marcó líneas sobre su palma para dar a entender su punto—. Tu mundo y el mío, existen, al mismo tiempo, y en este mi mundo tú desapareciste, por caprichos del destino y de lo que llaman cargamento espiritual, conocimientos infinitos que están lejanos a nuestra mente finita, imposibles de entender con nuestra lógica egoísta y simplista. Sin embargo, aunque no se puede resucitar a los que parten, sí se puede traer a otros de un mundo al otro —explicó mientras con su dedo índice hacía una línea perpendicular a las otras que había marcado antes—. Como si hicieras un túnel a través del espacio tiempo, con la magia y el ritual adecuado, puedes invocar al alma, o una parte de ella que ha encarnado en uno de estos múltiples mundos paralelos y lo traes aquí.
En este punto de la explicación levantó la mirada y la clavó en Izuku, quien al fin entendía lo que había sucedido.
—Entonces, tú, ¿tú me trajiste de mi mundo al tuyo? ¿Eso es lo que me estás diciendo?
—Sí, y créeme que lamento que mi egoísmo te haya afectado, pero… —envolvió la mano más pequeña entre las callosas suyas y trató de sobreponerse a su sentimentalismo, aunque falló miserablemente—. Solo quería verte una vez más, mi querido Izu.
—¿Qué? Pe-pero, ahora, ¿yo no podré regresar a mi mundo? —preguntó mientras los ojos verdes se le llenaban de pena y aflicción.
—No temas, te lo explicaré, este tipo de magia tiende a ponerse inestable y a desaparecer. Básicamente la modificación que permite hacer el ritual no dura mucho y siempre termina por romperse, cuando eso suceda, volverás a tu mundo, tal como siempre fue, sin daños ni perjuicios, habrá sido como un breve sueño, solo quedará un vago recuerdo de este tiempo. Es por eso que, seguro de que esto no puede lastimarte ni cambiar el curso de tu vida, decidí que valía la pena intentarlo. Me llevó dos años completos, fracaso tras fracaso, hasta que finalmente, pude traerte, y no me arrepiento en absoluto —dijo con la voz casi rota mientras una lágrima descendía de su ojo izquierdo.
Izuku se quedó callado, procesando todo lo que estaba escuchando, pero su naturaleza solidaria primaba sobre lo demás, incluso sobre su propia lógica.
—Eso quiere decir, ¿que yo estaré aquí por un tiempo y luego volveré a mi mundo otra vez?
Katsuki asintió.
—¿Y de cuánto tiempo estamos hablando?
—Eso —el hombre hizo una mueca de dolor—, solo sé de una persona que fue capaz de hacer una invocación semejante, pero esa persona ya no está viva, de manera que solo quedaron sus experiencias en unos escritos que no son muy claros, hablaba de algo así como unos días, para serte honesto no puedo asegurarte cuánto sea.
El de cabello verde sopesó la respuesta, después de todo ya estaba ahí, no es como si se pudiera deshacer el conjuro, ¿o se podía? ¿Y si no eran días? ¿Y sí se quedaba para siempre en ese mundo? Era tan difícil poder sentirse seguro, una parte de él quería ayudar a este nuevo Kacchan, pero otra parte estaba molesta, esa parte de su héroe interno que no quería ser sometido ni arrastrado.
—¿Pero qué garantías hay de que yo pueda volver a mi mundo?
—Bueno, se puede deshacer el ritual.
El joven levantó la mirada interesado en esto.
—Por eso, te pido por favor que me cumplas este único deseo, quédate conmigo durante siete bajadas de nuestras dos estrellas, si el ritual no se termina por sí mismo, buscaremos de nuevo a la diosa Survaya y ella lo deshará. Sé que te estoy pidiendo algo muy complejo, pero, esto es muy importante para mí.
El corazón de Izuku saltó en su pecho, tragó en seco y esas emociones que había acumulado durante tanto tiempo se removieron con furia, ¿cuántas veces había rogado con tener una mínima posibilidad de acercarse a Kacchan? De tocar sus sentimientos, aunque más no fuera una sola vez. Admiraba su fuerza, incluso si era insoportable en ciertas ocasiones, pero diría que a estas alturas ya se había acostumbrado a esa personalidad violenta y explosiva. A pesar de todo existieron momentos que solo habían sido de ellos, breves minutos en que pudo ver la esencia de su rubio, podía jurar que lo conocía mejor que nadie, y cuando se dio cuenta de lo que en verdad le sucedía, fue una revelación muy fuerte. Estaba enamorado de Kacchan, el amor más difícil, más ridículo y más complejo que pudiera existir, sí, era de él. No había esperanzas, al menos no en un futuro inmediato, estaba completamente seguro que esto era unilateral, además había que sumarle su inexperiencia en estos temas, no había tiempo para desperdiciar, hacía cable a tierra con sus entrenamientos, disfrutaba de la compañía del rubio lo máximo que se podía y ya, había encerrado bajo siete llaves lo que le sucedía, siempre pensó que de nada serviría siquiera intentarlo.
Entonces, ¿no era esto acaso un milagro del universo? Tantos ruegos y súplicas en la oscuridad de su habitación, tantos anhelos por algo que en su mundo sería imposible… pero no en este. Levantó la cabeza y miró al hombre, ¿sería capaz de llenar las expectativas de esa persona? ¿Cómo habría sido la relación entre ellos? De seguro tendría que haber sido muy fuerte, porque para que alguien como Kacchan moviera cielo y tierra con tal de verlo otra vez… Ese Izuku que ya no existía, debía haber sido una persona muy amada, ¡que hermoso debía ser sentir el amor de Kacchan!
—Y… ¿qué es exactamente lo que esperas de mí? —consultó intentando que no se notara el breve temor que lo asoló de repente.
—Solo que me acompañes, no pediré nada que no quieras hacer, a lo mejor conversar, puedo mostrarte cómo funcionan las cosas aquí, con solo verte, es suficiente —dijo tomando uno de los mechones verdes, pero luego alejó su mano de inmediato—. No te sientas presionado, es probable que me haya dejado llevar por mis impulsos y no pensé bien sobre las consecuencias, así que entenderé si no quieres.
—Eso es algo que el Kacchan de mi mundo hace todo el tiempo —dijo sonriendo con calma—, es impulsivo y nada lo detiene cuando algo se le mete en la cabeza. Bueno, ¿solo será una semana, cierto?
—¿Una semana?
—Dijiste siete puestas de los soles, no sé cómo miden los días aquí, en mi mundo solo tenemos un sol, sale y se pone y luego viene la noche, todo eso es un día completo.
—Ya veo, nuestras estrellas, son diferentes, una se mantiene alto más tiempo, Helvetios, la grande, la más pequeña, Homan, esa estará ahora y luego se irá en un rato, luego Helvetios bajará por el horizonte y en unas tres seras aparecerá de nuevo junto a Homan.
—Bien, no entiendo mucho pero, supongo que eso de que las estrellas bajan se refiere a un día aquí.
—Sí, es una puesta de estrella completa.
—Ya iré aprendiendo. De acuerdo, Kacchan, me quedaré contigo estos días —dijo con cordialidad mientras le sonreía.
El hombre frunció el entrecejo, apretó los dientes y cerró los puños, cualquiera hubiera pensado que estaba enojado o molesto por algo, pero Izuku entendió que era su manera de no dejarse arrastrar por las emociones.
—Espero que honres tu palabra, Izu, en cuanto a mí, me comprometo a tratar de hacer que tu estadía sea la mejor posible.
Kacchan se le quedó mirando algunos segundos de manera fija, el joven héroe sintió que algo se removía dentro de él. "No es Kacchan, al menos no el que tú conoces", le recordó su mente por lo que bajó la mirada interrumpiendo el contacto visual.
—Falta poco para que Homan se vaya, aunque parece la estrella más pequeña es la que más quema de ambas, una vez que baje podrás salir afuera y con seguridad no te molestará tanto la luz.
Izuku miró a su interlocutor y notó que tenía un bronceado acentuado, el Kacchan de su mundo tenía la piel mucho más blanca.
—Nuestra piel está adaptada a estos rayos UV —explicó el hombre al notar el escrutinio—, además los del clan del fuego tenemos más resistencia a los calores, me encargaré de conseguirte una capa que te proteja.
—Por cierto, mi ropa, uh… ¿eso se quedó en mi mundo?
—No, es solo que el proceso de "extracción", por llamarlo de alguna forma, hizo que cayeras aquí envuelto en fluidos astrales —Izuku enarcó una ceja—. Es algo parecido a una mucosidad transparente.
—¿Plasma?
—Supongo que se llama de otra manera de dónde vienes, pero bueno, eso te ensució, me encargué de que tu traje fuera limpiado, mañana con seguridad podré devolvértelo —el de cabello verde hizo una expresión extraña y Katsuki se imaginó lo que estaría pensando—. Solo te limpié, solo eso.
—Cl-claro.
—¿Tienes hambre?
—Bueno, sí.
—Acompáñame —dijo tendiéndole su mano.
Aún no se acostumbraba a esa cercanía, Kacchan parecía dispuesto a tocarlo, a invadir su espacio personal, no le molestaba, pero necesitaba un tiempo para adaptarse, de todas maneras aceptó el gesto y se dejó guiar. Fueron a lo que sería la cocina de la casa, estaba lleno de cacharros y cosas similares al mundo humano colgaban de una serie de ganchos suspendidos desde el techo, había como un horno en color plateado en el centro, estaba hecho como de acero, emanaba cierto calor si uno se acercaba.
Kacchan abrió las puertas de unas estanterías y sacó algunas cosas que puso frente a Izuku. En una había como una caja de vidrio con unos gusanos blancos y viscosos enormes, del tamaño de una mano, el chico retrocedió asqueado.
—Lazan, son deliciosos, y es bueno para el cuerpo.
—Eh…
—No se comen vivos, los prepararé para ti.
—Mmm… ¿no hay otra cosa? ¿Frutas, verduras? Ya sabes, como plantas, cosas que salen de los árboles y eso.
—Ya veo —Kacchan revolvió y sacó otras cajas transparentes, en una había unas cosas amarillas redondas, parecían limones, pero cuando tomó uno y lo partió, dentro era de un color negro algo inquietante—. Simples, prueba un poco, así, debes morderlo, que no te caiga en la ropa porque mancha.
—Ok —Izuku lo acercó a rostro y olió con disimulo, era como oler pegamento y no le gustó demasiado, finalmente reunió coraje y mordió cerrando los ojos.
Para su asombro la fruta esa, o lo que fuera, tenía un agradable sabor dulce, pero a medida que masticaba se volvía un tanto picante, pero nada que no se pudiera aguantar.
—¿Y bien?
—Es bueno, extraño sin dudas, no podría decir que en mi mundo exista algo con este sabor, pero… se deja comer.
Kacchan sonrió, sacó varias cosas más y siguieron adelante con la degustación, de esa manera pudo saber más o menos que sabores y texturas eran del agrado de su invitado.
No era su Izu, el que había amado tanto años atrás, pero tampoco era tan diferente, cada vez que miraba a sus hermosos ojos expresivos volvía a sentir como si hubiera cables dentro de su cuerpo tirando de él, era imposible no sentirse atraído al chico. Su forma de reír, sus gestos de asombro, incluso su colaboración para con sus propios deseos sin pensárselo demasiado, podría apostar que en cualquier universo Izuku era pura bondad. Este joven no se había enojado, no le había reclamado nada, estaba allí quedándose a su lado y soportando la imposición provocada por él, y todo con tranquilidad, se moría por abrazarlo, por besarlo, por sentir sus pieles juntas, pero entendía que eso era pedir demasiado.
Nunca le había pasado por la cabeza la posibilidad de tenerlo tan cerca pero a la vez sentir que ya no le pertenecía, pensó en ese maldito Kacchan del otro mundo, ese que tendría la fortuna de tenerlo cerca, de verlo a cada momento, que puto afortunado era. No podía dejar que lo dominaran sus ganas de matar a esa versión de él mismo en otro mundo, no había tiempo para eso, solo podía aspirar a disfrutar de Izuku, lo máximo que él le permitiera.
El joven luego de comer a gusto, beber un poco más del líquido que parecía agua pero tenía un gusto raro, se acomodó en la poltrona y no pudo evitar quedarse dormido mientras Kacchan estaba amarrando unas puntas de piedra a unos palos para armar flechas.
El rubio se puso de pie tratando de no hacer ruido y revolvió en ese baúl que tenía en un cuarto bloqueado en la planta baja, ese cuarto donde había arrumbado todas aquellas pertenencias de su pareja. Del baúl sacó la manta que había hecho con cueros y nudos de cuerdas de color rojo, había trabajado en ese proyecto por meses, hasta que lo terminó para cuando celebraron cien puestas del sol grande, juntos. Hacía tanto que no veía ese regalo, regresó a la sala y cubrió al chico, dejó de lado las flechas, era algo que podía hacer en cualquier otro momento, se acercó al joven y lo observó de cerca, las pecas sobre su nariz, su respiración rítmica. Algo tan simple como respirar era motivo suficiente para emocionarse otra vez, ese Izuku respiraba y su corazón de seguro latía con fuerza, acercó más su cara para deleitarse con el resoplido del otro, tan lindo, tenía el sueño pesado por lo visto. Notó una ráfaga de viento y miró hacia una de las ventanas grandes de la casa, lo vio dando vueltas por arriba, su sombra cayendo sobre la colina.
Thunder, su dragón shine de escamas doradas y afilados colmillos, le decían el dragón sin fuego porque había nacido sin esa capacidad, pero eso no importaba, era el más ágil en el vuelo, el más rápido y sus filosas garras eran para temerle. Lo observó descender con majestuosidad, se sacudió haciendo que naciera un reflejo intenso desde su cabeza a su cola, y luego comenzó a caminar despacio hasta la casa.
Muy a su pesar tuvo que despertar a Izuku, para decirle que iba a presentarle a Thunder, para entonces Homan ya se había ocultado, el joven notó enseguida que ahora era mucho más agradable estar en el exterior, anteriormente se había sentido como si lo hubieran puesto bajo una lupa gigante. El animal era imponente, si erguía la cabeza con facilidad superaba los cinco metros de altura, de la cabeza a la cola (que terminaba en una especie de punta dorada hecha de alguna coraza o algo como eso), tenía una extensión total de diez metros y eso que tenía sus alas replegadas.
Izuku se apostó detrás de la espalda de Kacchan, no porque le diera miedo, aunque imponía respeto, pero la verdad es que prefería no alterarlo, no lo conocía y no sabía cómo reaccionaría a un desconocido. El rubio le hablaba mediante silbidos cortos y agudos, el dragón se aplastó contra el suelo y se quedó ahí, los ojos redondos con las pupilas algo delatadas, le daban una atmósfera inofensiva.
—Aquí —dijo Kacchan tomando su mano y asentándola sobre la grupa del bicho—. Si rascas así, con fuerza, eso le agrada.
Lo intentó y notó que el animal cerraba los ojos, algo bueno estaría haciendo y se entusiasmó enseguida.
—¿Quieres que lo montemos?
—¡Sí, claro! —respondió con entusiasmo, Kacchan lo tomó sorpresivamente de la cintura y sin mucho esfuerzo lo tiró sobre el lomo.
Luego se subió él y volvió a silbar, Izuku casi grita ante los movimientos bruscos del dragón, no le quedó más opción de agarrarse como garrapata al cuerpo de Kacchan o corría el riesgo de caer estrepitosamente al suelo, el hombre reía divertido.
—Tranquilo, en este sector no llega casi el aire, parece como que estuvieras indefenso, pero en realidad es la zona más segura, no te dejaré caer.
—Cambié de opinión, mejor nos quedamos, el señor dragón debe estar cansado.
—Ya es tarde, vamos a despegar.
—¿CómAAAAAAAAAAAAAh!
No supo ni cómo había llegado tan arriba porque estaba con los ojos apretados, sus brazos firmemente atornillados al cuello del rubio.
—Ya, afloja, que si me ahogas ahí si nos vamos a caer.
Izuku hizo un esfuerzo para aflojar el agarre, pero de igual manera siguió apretado contra el otro. Le llevó muchos minutos relajarse y ser capaz de sentarse al frente para poder disfrutar el paisaje, Kacchan lo sostuvo de la cintura para darle tranquilidad, eventualmente dejó que su espalda reposara en el pecho de este nuevo chico, recién entonces comenzó a mirar alrededor. Montañas, colores, fauna y flora de las más diversas, parecía un mundo salvaje, sin fábricas, sin contaminación, sin superpoblación, sin villanos haciendo de las suyas, sin la presión de ser la persona que debía salvar el día.
—¿Te gusta? —la voz grave del rubio lo estremeció, no sabía que estaba tan cerca de su oído.
—Es… diferente, pero a la vez muy hermoso —respondió con honestidad.
—En efecto, así es —Izuku no supo si Kacchan seguía hablando del paisaje.
El joven aprendió muchas cosas de ese nuevo mundo, era muy interesante desde varios aspectos, fiel a su naturaleza analítica, le pidió a Kacchan si podía darle una libreta o algo en qué anotar, aunque le explicó que ese artículo se consideraba un lujo se lo consiguió de todas maneras y el de ojos verdes comenzó a anotar todo con sobrado entusiasmo, no quería olvidar ningún detalle. Aprendió que los días en Zefirot eran mucho más largos que en la tierra, en un promedio de casi dos días nuestros, las estrellas de ellos bajaban por completo, primero Homan y luego Helvetios, la gigante. Cuando ambas brillaban había que tener cuidado, pues los rayos eran muy nocivos para él, en menor medida para el resto de la población de ese planeta. Luego, había un breve lapso de oscuridad, como la noche en la tierra, pero a grandes cálculos no duraba más de tres o cuatro horas, durante ese período el suelo se volvía frío, corrían unos vientos helados tan potentes que si uno no estaba a resguardo eran capaces de congelarte donde te encontraran, en esas horas todas las viviendas se cerraban con trancas y persianas pesadas. Había seis comidas abundantes a lo largo de las bajadas de sol, y terminó aceptando que los lazan (esos gusanos blancos y gigantes) eran de un sabor exquisito si se comían asados y entre hojas de una planta que se llamaba kisho (parecida a las hojas de plátano).
Apenas habían pasado dos bajadas de sol completas e Izuku ya se movía por el lugar como si hubiera estado allí desde su nacimiento. A menudo era regañado por Kacchan cuando salía a "explorar" los alrededores, apuraba el paso y una vez se había perdido un rato largo en uno de los bosques colindantes, tampoco es que fuera un ser indefenso, de cualquier manera podía activar el One for All en caso de ser necesario, aunque entendía que preocupar a su anfitrión no era lo más adecuado, después de todo ese Kacchan había perdido a su persona más importante por un descuido y no quería revivirle traumas.
Ese día, ya faltaba poco para las horas de oscuridad cuando estaban volviendo de caza, traían unas especies de liebres, había anotado el nombre en su libreta pero era tan complejo y difícil de pronunciar que se negaba a quedarse en su memoria, al igual que unas frutas con forma de gotas de color púrpura que olían como a palomitas dulces.
—Eres bueno con el arco —dijo el de cabellera verde apurando el paso para alcanzar a Kacchan.
—Bueno, si en este mundo no eres bueno para cazar tus probabilidades de sobrevivir se reducen a menos de la mitad, desde niños nos ejercitan mucho.
Entraron a la casa, atrancaron todas las ventanas y se reunieron en la poltrona mientras bebían una especie de cerveza de ese mundo, tenía un color verdoso y un leve aroma como a mentol, pero al paladar era levemente salado.
—Ten cuidado —le dijo el rubio sacándole la cantimplora de las manos—. Si abusas de esto puedes quedar demasiado indefenso.
—Pero estamos en la casa y con todo cerrado, ¿qué me puede pasar?
Kacchan lo miró de reojo y bebió un trago largo, Izuku estaba disfrutando de la estadía, la cerveza lo había ablandado un poco, aunque no estaba ebrio en absoluto. Se quedó mirando como una gota del líquido se escurría de los labios del rubio, se relamió inconscientemente y el hombre giró su rostro y lo pescó en el acto. Estaba sentado a su lado y lo tomó de la barbilla con delicadeza, el corazón de Izuku se agitó en respuesta.
—¿Quieres un poco más?
El joven asintió, no muy seguro de si seguían hablando del líquido. Kacchan mojó sus labios en la bebida y luego los posó sobre los del joven que abrió sus ojos con sorpresa, luego el rubio se alejó unos centímetros, tratando de sopesar las reacciones ajenas. El de de ojos verdes en lo único en lo que podía pensar es que acaban de robarle su primer beso y esto provocó que se sonrojara de inmediato, coloreándose su rostro y cuello.
—Lindo —soltó Kacchan mirándolo con seriedad, sus rostros tan cerca que pudo sentir su aliento mezclado con el mentol del alcohol impactarle.
El segundo beso lo recibió más tranquilo, después de todo "ese Kacchan" no podía devolver lo que ya había arrebatado, así que una vez tomado el primero, podía afrontar los siguientes sin mayores problemas.
Kacchan solo apoyaba sus labios sobre los suyos, sin atreverse a usar la lengua, aunque cada vez demoraba más en separarse. Izuku sentía tantas cosas, su mente era un caos y no podía poner orden, mucho menos resistencia.
Para la quinta vez que Kacchan lo besó, Izuku lo abrazó por el cuello indicándole con su cuerpo que no quería que volviera a alejarse. Cerraron los ojos y se dejaron llevar.
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By Luna de Acero.-
