Capítulo 7 | After date

Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen.

Me sentía eufórico, alegre, capaz de hacer cualquier cosa.

Ese lunes me había despertado radiante. Cuando mi alarma sonó a las siete en punto me levanté como un resorte de la cama y, luego de estirarme como se debía y desactivar las otras alarmas que colocaba para levantarme de una vez, me encaminé a la ducha con una sonrisa estúpida.

Al bajar a la cocina, silbando una melodía, mamá se giró a verme con una ceja enarcada de desconcierto. Me acerqué a ella y le besé la mejilla dándole los buenos días.

—¿Qué mosca te picó hoy?

—¿No puedo darle un saludo mañanero a mi hermosa madre que me alimenta desde que tengo existencia? —Ella entornó los ojos cuando me senté en la mesa y estiró la mano en mi dirección, apuntándome con la espátula.

—Todos sabemos que las mañanas no son lo tuyo —señaló, y un oscuro y característico remolino deductivo de colores violáceos y azules hacía estragos en sus iris—. Me estás ocultando algo, Naruto Uzumaki, y tarde o temprano me lo tendrás que decir —le sonreí zorrunamente en respuesta y me giré para devorar mi desayuno. Estaba lleno de energía.

Era cierto que yo suelo ser un tipo muy alegre y animado, pero, como dijo mamá, las mañanas no eran lo mío. Y es que, además de ser alguien muy optimista, también era alguien que amaba demasiado su cama como para separarse de ella tan temprano. Pero ese día tenía una motivación muy importante para hacerlo, y era que iría a la universidad y podría ver a Hinata.

El domingo no pudimos vernos porque su padre había llegado de un viaje, por lo que entendí perfectamente que querrían tener un día en familia. Aunque no me reprimí a llamarla esa noche y hablar durante dos horas entre coqueteos y chistes malos de mi parte hasta que a ella le dio sueño.

Cuando estuve en clase esa mañana mi mente se dividía entre prestar atención a lo que hablaba el profesor y pensar en Hinata, y eso que disfrutaba mucho estudiar todo lo relacionado a los romanos y sus fascinantes cerebros que originaron el derecho. Así que me esforcé en poner toda mi voluntad para tomar apuntes y oír la clase, porque sabía muy bien que después me arrepentiría. Además, me había prometido ser el mejor para alguien como Hinata, no podía permitirme más notas bajas.

Ya cerca del medio día estaba afuera de la facultad de ciencias como tantas otras veces, pero esta era especialmente muy diferente.

Hinata me avisó por mensaje que su clase terminaba a las doce, por lo que arreglamos para ir a almorzar algo. De sólo pensarlo los nervios volvían a mí, pero saber que volvería a verla y a su hermosa sonrisa me hacía olvidar eso y estar impaciente.

—¡Hey, Naruto! —divisé las figuras de Sakura e Ino en la puerta de la facultad. Levanté una mano para corresponder al saludo y ellas dieron media vuelta encaminándose hacia mi dirección.

—Qué hay chicas, ¿saliendo de clase?

—De hecho, entrando —Sakura suspiró y acomodó un mechón de su flequillo que la ligera brisa había alborotado—. ¿Y tú qué haces aquí?

—¿No es obvio, Sakura? —Ino me dedicó una mirada demasiado dulce que estoy seguro en hacer bien al interpretarla como sugerente—. Nuestro Naruto viene a buscar a Hinata porque ambos están muy prendados —Sakura hizo un sonido de comprensión y ambas soltaron una risa que me hizo fruncir las cejas receloso. No es que lo negara, pero no me hacía gracia ser objeto de sus burlas—. Oh, vamos, es muy evidente. Anda cuenta, ¿qué pasó el sábado?

—¿Por qué el sábado? —preguntó Sakura con evidente interés.

—Oh, tú estabas bastante perdida ya, frentona. Pero yo vi perfectamente a estos dos bastante acaramelados durante toda la noche —Sonreí arrogante y cuando Sakura se giró a verme con los ojos bien abiertos pidiendo una explicación, decidí hablar.

—Estamos saliendo. Bueno, algo así. Comenzamos algo y veremos que sucede…

Ino soltó un grito agudo y Sakura no salía de su asombro. La rubia me dio un abrazo rápido cantando unas felicitaciones en mi pobre oído aturdido y cuando Sakura salió de su estupor me dedicó una sonrisa y me abrazó, felicitándome de igual modo que Ino.

—No lo vayas a arruinar, ¿me oíste?

—Y ni se te ocurra lastimar a Hinata porque, por más que seas mi mejor amigo, lo lamentarás, Naruto.

Asentí aterrado y me encargué de afirmarles casi con juramento que me esforzaría todo lo posible y evitaría hacer estupideces.

Suspiré sonoramente cuando ya se habían marchado. Me agradaba ser capaz de decir que Hinata y yo teníamos algo. Hasta la semana pasada la idea de un "nosotros" sólo existía en las fantasías de mi cabeza, y ahora era tan real que daba miedo.

¿No estaría soñando? ¿Podía algo ser tan perfecto y real?

La respuesta la tuve cuando miré a Hinata salir por las puertas de la facultad y mi corazón se aceleró al contemplar como sus ojos buscaban expectantes mi silueta alrededor. Sonreí enorme cuando su mirada me encontró y pude admirar como su angelical figura se acercaba con una sonrojada y tímida sonrisa.

—Hola, Naruto-kun.

—Hola.

Dudé un segundo en cómo debía saludarla. Y finalmente me decidí por inclinarme y besar con ternura su mejilla. Cuando vi como sus pómulos se coloreaban y el brillo que había en sus ojos se hacía más intenso, supe que había hecho lo correcto.

Le sonreí alegre y comencé a caminar. Ella me siguió.

—¿Qué tal tu día? —Soltó un tierno y pequeño resoplido por sus labios y los frunció.

—Terrible. El profesor Orochimaru nos hizo un examen sorpresa, duró todas las horas de la clase; agradecí que haya tomado cosas sencillas que había estudiado bien para el último examen.

—Qué duro —comenté con una mueca—. Pero tú eres extraordinaria Hinata, estoy seguro que te irá genial.

Le guiñé un ojo en cuanto me miró y la sorpresa en su rostro me tomó algo desprevenido, pero me calmé al ver cómo, lentamente, me regaló una de sus más tiernas sonrisas y disfruté ver cuando sus aperlados ojos destellaron con un brillo invaluable.

—Gracias, Naruto-kun —Y en verdad se veía agradecida.

La contemplé por lacónicos segundos y, delineando una suave sonrisa en mi rostro, alargué mi mano para tomar la suya.

—Vamos, como es nuestra segunda cita te llevaré al mejor sitio del mundo.

Nerviosismo, sorpresa, vergüenza, curiosidad; apenas tuvo tiempo de procesar todas esas emociones que se vieron reflejadas en su rostro cuando tiré de ella, envolviendo sus dedos con los míos, directo a mi lugar favorito en el mundo.

—¿Ramen? —Hinata parpadeó despacio ante el enorme cartel frente a ella.

—Ramen de Ichiraku no Ramen —aclaré sonriente alzando mi brazo libre para levantar las cortas cortinas de la entrada e ingresar al modesto local.

La mirada de ella se paseaba con evidente curiosidad por todo el pequeño establecimiento de comida japonesa, admirando con ojos centellantes sus sutiles ornamentos que le daban un toque característico. Era cálido.

—¡Naruto! Qué sorpresa verte por aquí —reconocí el tono socarrón en la gruesa voz del viejo Teuchi detrás del mostrador—. Ya estaba comenzando a cuestionar mi propia receta al ver que no aparecías.

—Sabes que no puedo estar demasiado tiempo lejos de este lugar, viejo—Me senté en uno de los taburetes del mostrador y le indiqué a Hinata que tomara lugar en el que estaba mi lado. Se veía que estaba algo nerviosa, todo lo hacía con sumo cuidado. Aunque eso no distaba mucho de la Hinata de siempre—. Hoy Hinata me acompaña y es la primera vez que pisa este lugar, ¡así que sírvenos las dos mejores raciones de ramen de miso que tengas'ttebayo!

Luego de una afirmación efusiva el viejo Teuchi se giró hacia la cocina para preparar nuestros platos.

Me gire a Hinata y me sonreía con curiosidad.

—¿Este es tu lugar favorito en el mundo?

—Uno de ellos.

—¿Cuáles otros hay?

—Mi cama, sin duda alguna.

Mis ojos se estrecharon embelesados cuando admiré como, con su pequeña mano, cubría la ligera risa que se escapaba de sus labios. Admiré sus rosados y finos labios cuando su mano me dio la oportunidad de volver a hacerlo y concluí que, sí los labios de Hinata fueran un lugar sería, sin duda, el primero en mi lista.

—¿Tú no tienes un lugar favorito en el mundo? —apoyé mis codos en el mostrador mientras ella permanecía erguida en su lugar, siempre tan fina y elegante.

Sus cejas se fruncieron y la ternura me invadió cuando sus labios dibujaron una expresiva mueca. Pareciera que todo lo que pasaba por su mente su rostro lo reflejaba sin filtros.

—Realmente nunca me lo puse a pensar —miró hacia el techo con incertidumbre, permitiéndome contemplar la línea de su esbelto cuello.

—Vamos, algo tiene que venirte a la mente.

Pronunció su gesto por varios segundo en los que le tomó pensar en algo. Y, cuando pareció acordarse, su expresión se relajó.

—Creo que sería la biblioteca de mi casa…

—¿Ah, sí? ¿Por qué? ¿es linda?

—Oh, para nada. Es la habitación más fea de toda la casa; tienen un papel tapiz viejo de flores que parecen marchitas, la madera está tan añejada que se va comiendo sola y tiene tres grandes y altas estanterías llenas de libros aburridos —cerró sus ojos un momento, permitiéndome admirar como la hebras de sus voluminosas pestañas se relajaba junto con sus parpados en, lo que parecía, un pensamiento agradable.

—¿Entonces? —Cuando volvió a mirarme una sonrisa nostálgica adornaba su rostro.

—Muchos de los recuerdo que tengo de mi mamá son en ese lugar —se miró las manos y sonrió aún más—. Recuerdo que, cuando era muy pequeña, ella se sentaba en las tardes a leer uno de esos complicados libros encuadernados en cuero y yo solía agarrar otro y sentarme a su lado, fingiendo leer como ella; amaba imitar todos sus gestos, quería ser como ella —dejó salir un suave suspiró—. Al final, terminé aprendiendo a leer a los cuatro años.

Alargué mi mano y tomé la suya, sintiendo la calidez y suavidad que de ella emanaba al mismo tiempo que un hormigueo eléctrico se deslizaba a lo largo de nuestros cuerpos por medio de esa unión.

Sus cálidos ojos subieron hasta los míos y, por unos segundos, sólo me dediqué a contemplar como la suave sombra de sus largas pestañas se reflejaba en sus iris blancos como la luna.

—Eres una maldita genio —su risa gorjeó desde el fondo de su garganta como el melodioso canto de una ninfa, era la primera vez que la veía hacerlo sin cubrirse con la mano al estar apresada por la mía. Joder, hasta su boca era preciosa. Debes relajarte, Naruto.

Cuando los fideos llegaron fui el testigo ocular del exquisito y divertido gesto de deleite que formó su rostro al probar el primer bocado; le enseñé a que, sorbiendo los tallarines, era más mágico y qué se debía hacer con el jugo que quedaba en el tazón. Ella aprendió todo magníficamente.

—¡Jamás había tomado sopa directamente del tazón! —sus ojos chispeaban de emoción y me hizo reír.

—¿En serio? —Asintió efusivamente.

Estábamos regresando al campus; Hinata se reunía a estudiar con unas compañeras y yo tenía que trabajar. Aunque lo deseara con todas mis fuerzas, no podía detener el tiempo para hacer este momento eterno, por lo que debía gozar cada minuto, cada segundo.

—En serio, padre siempre fue muy estricto.

Nuestras manos unidas se hamacaban juguetonas a medida que caminábamos, una manera, también, de amenizar el frio que las hacía palidecer.

—Me encantó poder enseñártelo —nos detuvimos en el monumento con el escudo de la universidad. Tomé ambas manos de Hinata y la acomodé frente a mí. A nuestro alrededor los estudiantes iban y venían con sus aceleradas rutinas, pero nosotros nos dedicamos a que ese momento sea eterno, perdiéndonos en la mirada del otro, y vaya que perderme en los inmensos ojos de Hinata era sencillo.

—A mí también me encantó…—su atractiva sonrisa provocó que mi corazón se paralice, y en ese momento solamente quería besarla, y por el brillo en su mirada, ella esperaba lo mismo. Me incliné con el permiso de sus ojos y acaricié con suavidad sus labios con los míos. Sentir el dulce sabor de Hinata era como probar el néctar más puro; quería saborearla, devorarla hasta saciarme de su sabor. Delineé su labio inferior con la punta de mi lengua al tiempo que sus manos subieron hasta mis hombros y yo tomaba sus caderas para estrecharla más contra mí. Me encargué de degustar sus deliciosos labios tomándome todo el tiempo del mundo, lento y suave. Y cuando mi lengua quiso aventurarse dentro de su boca se apartó ligeramente.

—Ha-hay mucha gente…—susurró contra mis labios.

Por un segundo bufé en mi interior, pero luego mi cerebro recordó lo tímida y reservada que era, por lo que decidí regalarle una de mis enormes sonrisas y rocé suavemente sus labios con los míos para hablar.

—Tendrá que ser en privado —tuve el mejor lugar para ver como sus mejillas se arrebolaban por mi comentario. Agachó la mirada, pero yo no quise soltarla por lo que apoyó su rostro contra mi pecho y yo aproveché para apretarla más contra mí.

—Tengo que ir con mis compañeras y tú tienes que ir a trabajar…—su voz sonaba ahogada contra mi pecho, pero pude distinguir el pesar en sus palabras. Yo me sentía de la misma forma, no me quería separar de ella, no tan pronto, con Hinata el tiempo siempre parecía como si volara.

—Lo sé…

Nos mantuvimos así por varios minutos, sólo escuchando la respiración del otro; el aire caliente de su nariz me cosquilleaba en el pecho y mi mandíbula acariciaba con suavidad su coronilla cubierta de hebras azabaches.

Si por mí fuera no me separaría nunca, pero como siempre entre nosotros Hinata era la sensata levantó el rostro hasta que sus ojos se toparon con los míos.

—Si quieres puedo pasar por el café luego de estudiar.

El cariño en su delicada voz me hizo sonreír con ternura.

—No quiero que llegues tarde a tu casa por mi culpa.

—¡Pe-pero a mí no me molesta! S-si puedo ver a Naruto-kun, yo…

Las palabras se le enredaban en la lengua al mismo tiempo que su rostro se coloreó y mi pulso se disparaba como una bala. Sentí como mi corazón se apretaba contra mi pecho, como si estuviera intentando salirse, y mis ojos se abrieron sorprendidos ante la magnitud de las cosas que me hacía sentir Hinata.

Sin poder evitarlo, me incliné nuevamente hacia ella para darle un largo y profundo beso. Nuestros labios no se movieron, pero el simple contacto hizo que mi cerebro tenga un cortocircuito. Cuando me separé y apoyé mi frente contra la suya ella dejó escapar un suave suspiro.

—Yo también quiero ver a Hinata; quiero verla todo el tiempo, todo el día, todos los días —Sus ojos se abrieron encontrándose con los mío—. Y si eso es lo que ella también quiere haré hasta lo imposible para cumplir sus deseos.

La extraordinaria sonrisa que me regalaron sus labios bastó para que mis palabras se gravaran a piedra como ley en mi corazón.

Haría hasta lo imposible por Hinata.

¡Buenis! Esto se siente muy raro jaja

Les voy a ser sinceros, esta historia no está terminada, y sé que algún día la tengo que terminar, pero soy de esas malas personas que les agarra la inspiración o la emoción por algo un tiempo y después se va y uff que me cuesta encontrar inspiración de nuevo para escribir de Naruto.

¡Pero! Después de recibir hoy el mensajito de alguien que decía que se sentía bien sólo volviendo a leer la historia me di cuenta de que estaba siendo egoísta con ustedes, porque tengo al menos tres capítulos más (contando este) escritos ya, así que hoy se los voy a subir 3

En realidad esta historia no iba a ser para nada larga, solamente quería escribir algo super fluff de Naruto y Hinata y espero que cada capítulo haya logrado eso.

Aclaro que no revisé mucho los capítulos jaja No sé como escribía hace... ¿2 años? No he escrito mucho más después la verdad, así que no tengo con qué comparar ja

¡Al que lea este capítulo: Gracias por hacerlo! Fanfiction siento que ya no es para nada lo mismo que antes, incluso hasta podría decir que medio murió, peeero quizás solo sea mi visión porque bueno, las personas van cambiando.

¡un saludo y disfruten los capítulos!