Red Velvet

(II)

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El umbral de la puerta exhibe un hermoso arco decorativo cubierto de rosas blancas las cuales están acompañas de unas ramas estratégicamente adornadas. A su lado, las luces suaves, dan la imagen de entrar a una boda. Sin embargo, en vez de vislumbrar los asientos de los invitados y el altar donde los novios se casarían, hay una recepción elegante en la que una chica castaña nos atendería apenas fuéramos nombradas por el micrófono. Dentro de éste los muebles de color perla seguidos de algunas mesas de vidrio, así como estantes repletos de decorativos que combinarían con cualquier estilo organizativo, obsequia un ambiente agradable para las personas que ansiosas esperan su turno con la asesora o el asesor asignado en vestuario. Fuera del local, los diseños nupciales cumplen con el fin de atraer clientela.

Estamos sentadas cerca del mini bar en el que trabaja un mesero quien servía champaña a las mujeres que allí se hallan, Buttercup recibió el tercer vaso de whisky sin importarle que todavía no eran las diez de la mañana, Robin después de la segunda copa del burbujeante líquido rosado optó por declinarlo, ya que el día sería largo y su resistencia no era basta para bebidas embriagantes. Por mi lado, me límite a una copa de vino mientras hacía uso de mi paciencia en los cuarenta y cinco, ya cuarenta seis minutos, que estábamos aguardando. No me gustaba la impuntualidad, pero la demanda de la época causó que varias asistentes trabajaran el doble de lo que debían trabajar.

Mi desarrollado sentido auditivo me permitía oír con claridad las exclamaciones pasivo-agresivas que Bubbles vocifera a través de su celular aun estando a metros de distancia. Como dama de honor escogida y también organizadora de uno de los eventos más grande en mi vida, se encargaba de que cada detalle saliera como lo tenía planeado. Mi hermana no era oficialmente una promotora de eventos, bueno lo era, pero no tenía el cartón que la estatalizaba como tal. No obstante, tras varios años trabajando a medio tiempo y ahora tiempo completo en la agencia de quien se convertiría su mentora, le habían brindado la experiencia suficiente para organizar con ahínco las implicaciones de este tipo de festividad; en este caso, mi boda. Bubbles había escogido una carrera diferente, pero con los obstáculos y dilemas que vivió durante su embarazo, decidió retirarse argumentando que su pequeña primogénita necesitaba toda su atención. Sin embargo, cuando la dulce rubia de ojos zafiro cumplió su primer añito, Bubbles regresó a trabajar con Helena, pues quería seguir valiéndose para sí misma y su nueva familia mientras se oficializaba como alguien profesional.

—Me preocupa lo estresada que ésta—mencionó Robin al divisar a través de las puertas de vidrio a mi rubia consanguínea manoteando al aire como si la persona detrás de la bocina pudiera ver su expresión.

—Bueno, si a cierta caprichosa no se le hubiera ocurrido hacer su boda deseada, —Buttercup movió sus dedos de arriba para abajo denotando sarcasmo—, en una temporada pronta y poco adecuada; tal vez la rubia conseguiría lo acordado con más tiempo—finalizó bebiendo el último bocado de su vaso antes de llamar al mesero para otra ronda más.

—Si buscas que me sienta mal, estás perdiendo el tiempo—respondí tranquilamente mientras degustaba un sorbo de chardonnay cuya suave textura se combinaba con un olor afrutado.

Mi relación con Brick, para sorpresa de muchos, había funcionado mejor de lo que se creía. Lo que comenzó como un disfrute de ambos en el que las experiencias eran nueva, trascendió en vigorosos sentimientos. Me independicé de mi parentela unos meses antes que él y yo decidiéramos ir más allá, ese pequeño espacio que un inicio solo era para mí, se convirtió en el escenario perfecto para los momentos que, en su sencillez, son especiales. Las noches solitarias bajo las lámparas y una laptop con información médica, se distorsionaron en veladas donde él se ocupaba de sus asuntos mientras yo terminaba mis quehaceres, pero estando acompañados en una sola habitación. El silencio era tan cómodo que bastaba la presencia del otro para entender que ahí estábamos. Además, lo que me gustaba de Brick es que no esperaba mucho de mí como de igual forma yo no lo hacía con su persona. Su paciencia ante las demandas de mis profesiones, fue de los factores que hizo que este idilio funcionara mejor de lo imaginé. Apostando al misterio de esta relación, terminamos comprometiéndonos en un singular "para siempre"

Había decidido casarme no limitándome a la fiesta conmemorativa que se celebraba en honor a los novios, sino porque había entendido que, en mi confusión infantil sobre los términos de boda y matrimonio, el matrimonio era aquello que deseaba con presura; mi anhelo era pasar mi vida con alguien que para mí fuera especial. Y Brick lo es. Gracias a mi ahora prometido, el cual mucho antes de llamarse mi prometido ya cumplía ese deseo profundo, intensificó ese sueño que en estos momentos se estaba volviendo en realidad. No me molestaba dejarme llevar por las utopías que creaba mi cabeza cuando me encontraba en silencio, atrás debía dejar el juzgar a los demás por las fantasías en las que mínima o mayormente cada persona creaba para sí misma. Procuraba, que mis sueños no se volvieran es expectativas para que éstas no se tornaran en desilusión en caso de no cumplirse.

Hubo factores que me retuvieron en la antesala de aceptar, la madurez con la que se debe llevar un matrimonio traspasaba los pensamientos de la fiesta; empezando por nuestros roles, la economía que llevaríamos, y el cómo solucionaríamos cualquier discusión en las cuales se tiende a caer cuando hay un vínculo romántico. La realidad toca a mí puerta, puesto que, en mis incertidumbres, Brick me demuestra que está tan comprometido como yo a que esto siga funcionado. Mas, considerándome alguien que sobre piensa demasiado cualquier cosa, al verme rebasada por las inseguridades, evoco las palabras de la Señorita Keane años atrás "Y si falla, al menos lo intentaron" Aunque aceptaba que no podría funcionar, mi orgullo no me permitía pensar en un fallo cuando estaba dispuesta enfrentar lo que venía. Solo esperaba que mi paciencia no me fallara y que futuro esposo pudiera medirse como dijo desde el principio.

Los primeros en enterarse fueron mis padres. Programé una velada con el profesor y la señorita Keane antes que la noticia corriera a oídos de nuestros hermanos. No buscaba el permiso de mi creador, sin embargo, en la admiración y gran cariño que le profesaba, quería saber su opinión. Desde que una de nosotros mostró indicios de querer el caos al meterse sentimentalmente con villanos, nos hizo saber que estaba preocupado. Podía entenderlo, pues tan protector como era, lo que menos añoraba es que unos rufianes se aprovecharan de sus hijas aun si estás podían defenderse bien físicamente. Casi se desmaya cuando Bubbles nos confesó que salía con Boomer en su secreto amorío. No puedo olvidar que por un tiempo quiso localizar a Boomer e irse con su traje de profesor superpoderoso o el cómo los vigilaba atento cuando las visitas del rubio comenzaron a ser frecuentes en la casa. No obstante, su reticencia se transformó en aceptación y de aceptación a cariño. Al Profesor le caía bien Boomer y sin importarle si éste le tenía confianza o no, en su afabilidad y buena disposición, empezó a tratarlo como un miembro de la familia. Sí se desmayó ante la noticia del embarazo de Bubbles, pero ahora ya no estaba tan alterado como en sus inicios. Claramente, también se sorprendió sobre mi relación con Brick, pues era a quien menos confianza le tenía de los tres.

No me digas, tú también tendrás algo con el único que falta de ellos—reclamó a Buttercup quien ojeaba divertida cómo el profesor minutos atrás me sermoneaba sorprendido, mas no enojado, cómo yo había caído antes las garras del diablo.

No se preocupe profesor, yo no soy tonta. —Dio un sorbo a su café matutino en lo que se ríe después de escuchar un "Oye" por parte de Bubbles—. Siempre estaré aquí para usted. —Con su mano vuelta puño, golpeó su pecho y la mostró en señal de confianza.

Hipócrita pensé al saber que ella se acostaba con Butch cada que tenía oportunidad.

Que ese "siempre estaré aquí para usted" no sea una excusa para no independizarte de casa, querida—argumentó la señorita Keane.

Así empezó una discusión en donde Bubbles le decía mantenida a Buttercup y ella se limitaba a no golpearla por su estado de gestación. Mientras la Señorita Keane trataba de tranquilizarlas, la mirada de mi padre seguía concentrada en mí. Cuando su voz inundó el silencio de su estudio en donde los dos nos hallamos para charlar con tranquilidad, me preguntó sobre mis sentimientos hacía él. Le aseguré que ellos cambiaban de un lado para otro y que, en mi extraño sentir, me había enamorado de ese hombre. Su mirada comprensiva, pero llena de preocupación me advirtió que respetaría mis decisiones y que trataría de aceptarlo mientras supiera que eso me hacía feliz. Y lo fue, al igual que Boomer, Brick fue bienvenido en la familia incluso si para éste el ambiente era desconocido. Hasta hicimos participe a Butch con quien sólo tenía una camarería con Buttercup. Por la gentileza que aprendimos de nuestro padre, los aceptó aun si sus personalidades eran difíciles de lidiar. Me di cuenta que no le importaba si a él no lo consideraban familia, mi creador ya los hacía pertenecientes de la suya.

Por eso, cuando les dimos la noticia de que nos casaríamos, el Profesor tomó una extraña actitud en la cual Brick y él terminaron "peleando" Uno argumentaba que yo hacía alusión a una vaca cambiando de dueño y él otro decía que sus palabras se malinterpretaron y se exoneraba de la culpa. Ignorando mi cara de enojo por el cómo hablaban de mí sin importar mi opinión, les advertí que no se comportaran como niños pequeños. Sin embargo, tan necio como era mi padre, continuó con la discusión en la que Brick parecía bastante entretenido.

Tú y yo, muchacho, te espero afuera en el jardín—dictaminó mientras se iba al laboratorio a buscar algo.

Ni se te ocurra hacerle caso—dije desafiante, no quería que los dos hombres que más amaba se pelearan en serio. Brick le restó importancia a mis palabras simultáneamente esperaba por el profesor.

Cómo no intuirlo si quiso hacer lo mismo con Boomer, el profesor salía con su traje dispuesto a hablar con Brick en el jardín. Pasó de largo nuestras miradas y se quedó aguardando a que mi prometido saliera a su encuentro. Ni corto ni perezoso, Brick fue para allá. Yo también quise levantarme, pero las afirmaciones diches por la señorita Keane me detuvieron.

Déjalos. A tu padre todavía le cuesta aceptar que sus hijas han crecido. Observa a través de la ventana y lo entenderás.

Negándome a utilizar mis sentidos por la privacidad de la conversación que éstos mantenían, alcancé a divisar a través del cristal como mi padre le extendía la mano y el pelirrojo en respuesta devolvía la acción. Tanto show simplemente para custodiar una conversación de suegro a futuro a yerno. Y luego me preguntaba por qué mis hermanas y yo éramos tan dramáticas.

El resto de los integrantes se enteraron después. La fecha de la boda se estableció con la premeditación necesaria para que los preparativos estuvieran listos, aunque en el fondo comprendiera que muchas de mis demandas eran bastante para el plazo que le había dado a Bubbles aquella mañana de octubre cuando le dije que sería la dama de honor. Su voceo de alegría me contagió del mismo modo en que lo hizo con Anette quien jugaba en los brazos de su tío. Sin embargo, tan rápido como llegó la dicha, aterrizó el desasosiego al informarle a Bubbles el día de la recepción.

Espera, espera… ¡¿Quieres que organicé tu boda en tres meses?! ¡Que digo tres, menos de eso! —exclamó alerta mientras su mirada se posaba entre mi persona, Brick y la lista con los preparativos que deseaba para la ocasión.

Bueno, estuve haciendo cálculos y veo es un tiempo prudencial para desarrollarse, creo que todos los contactos que tienes, incluso se podría hacer en menos—afirmé segura.

¡¿Estás loca ?! Con todo lo que me pides al menos necesito cinco meses como mínimo—respondió con fiereza.

Lo entiendo, pero queremos casarnos rápido y…

¡Claro que no lo entiendes! —volvió a interrumpirme frunciendo más su seño en lo que su rostro cambiaba de la altanería al enfado.

Lo que quiero decir…

Porque si lo entendieras no estarías pidiéndome que haga milagros.

Mira…

Porque no visualizas, el lugar, el banquete, el vestido, los invitados, las decoraciones, la música…

Bien me había hartado.

¡Suficiente! —Detuve su monólogo—, si desde el inicio no te sentías acta para organizar esta boda, haberlo mencionado antes de aludir a un sí—reté con mi tono de voz a la mujer que me dedicaba una mueca ofendida por lo que acababa de increpar después de que yo luciera esa actitud odiosa que tomaba cuando alguien ha colmado mi paciencia.

Bubbles fundió sus pupilas azuladas en las mías en un grito de guerra de silencioso.

Escúchame bien… Blossom Utonio y tú, Brick Him— remarcó cada sílaba de nuestros nombres y apuntó con su dedo índice también al pelirrojo luego de hacerlo conmigo. Él como respuesta siguió jugando con su hija, acostumbrado a los arrebatos de la blonda por el tiempo que vivieron juntos durante el embarazo de ésta—. ¡Nadie me subestima y les juro que tendrán su BODA DESEADA! ¡Y MÁS! ¡¿ME OYERON? ¡Y MÁS! —elevando su voz se dio la vuelta haciendo sonar sus tacones altivamente en la baldosa de nuestro apartamento. Abrió la puerta con fiereza y se fue soltando un portazo.

Brick escuchaba la carcajada de Anette entretanto una sonrisa burlona se posaba en su rostro debido a los impulsos de mi hermana. De igual manera, yo estaba aguantando la risotada mientras contemplaba la madera de roble y esperaba nuevamente la intromisión de Bubbles. Mas no fue necesario un golpeteo porque desde el pasillo pudimos escuchar su voz… Ya se había dado cuenta.

Emmm… ¡Sigo indignada!… ¡Pero podrían darme a mi hija!

Cuando Anette estuvo en sus brazos y contempló nuestras expresiones después de la burla de Brick, antes de salir, percibí en las exclamaciones personales de Bubbles un "Par de odiosos, son tal para cual"

Sabía que el expresarme de ella así no era lo mejor, pero mi hermanita era más difícil de lidiar de lo que comúnmente se creía.

Como en estos instantes, que disimulando su mueca de estrés luego de finalizar la llamada con resultados aparentemente exitosos, nos pasó de largo y se acercó al único escritorio allí ubicado, creída por lo conocida que era en esos ambientes, para solicitar nuestro turno. Soy llamada por las bocinas que están colgadas en las esquinas del establecimiento y me dirijo con mis acompañantes hacia otro pasillo donde un gran salón de color crema ostentaba el paraíso de los vestidos de novia. Entendía que el estado de ánimo de mi rubia hermana también estaba ligado a mis exigencias y ganas de que todo saliera como quería… Y cómo no estar al borde un colapso si esa era la décimo quinta tienda que habíamos visitado en el transcurso de un mes y medio, agregándole que volamos hacia un condado diferente con la esperanza de tener buenos resultados, y no habíamos logrado conseguir la ansiada prenda. Seguía sin elegir vestidura aún. Mi ventaja es que podía disponer de ciertas licencias después de hacer horas extras en el trabajo, la desventaja de Bubbles es que el día de la boda estaba cada vez más cerca y para infortunio de ambas, el crimen no se detenía. ´Por lo menos ella contaba con la ayuda de Boomer para que cuidara de su nena.

—¡Mi querida Bubbles! —un gritillo de emoción se escuchó en la lejanía proveniente de un joven de platinos cabellos que, enfundado en un traje estiloso, se acercaba a la susodicha para abrazarla con cariño— ¡Que sorpresa verte! ¿Por qué me has tenido abandonado? Helena casi no me habla de ti cuando pregunto. Me dijiste que era una emergencia y no sabes cómo me asusté—prosiguió el conocido después de recibir un fuerte abrazo por parte de ella.

—Gajes del oficio, mi dulce Antony, ¿cómo has estado? —con interés preguntó.

—Viviendo desamores, pero construyendo felicidad para otro nuevos. —Levantó sus manos regodeándose del lugar—. Al punto, mi bella Bubbles, ¿en qué puedo colaborarte?, ¿quién es la protagonista esta vez? —inquirió entretanto posaba sus retinas en Buttercup, Robin y en mí respectivamente.

Bubbles me sostuvo de los hombros e hizo que diera un paso al frente para que su compañero pudiera inspeccionarme. Noté que no perdió detalle alguno, pues sus ojos vitoreaban mi figura desde los pies hasta mi cabeza.

—Te presento oficialmente a mi hermana mayor, Blossom—aludió Bubbles mientras Antony continuaba analizándome entretanto caminaba a mi alrededor—. También te presento a Buttercup y a Robin las otras dos damas.

—Ah, ella es la famosa líder, que gusto querida, y a ustedes igual—saludó con cortesía a Buttercup y Robin—; mi nombre es Antony y seré tu asesor de vestidos de novia—volvió sus pupilas hacía mí regalándome un gesto coqueto.

—Hola—levanté mis dedos en una señal amable, detrás escuché como mis acompañantes respondían al saludo a su forma.

—Que veo, tienes un perfecto reloj de arena, pero eso ya te lo han dicho, cierto—afirmó el hombre mientras levantaba uno de mis brazos y seguía escudriñando mi anatomía. Me incomodaba un poco que tuviera esas confianzas conmigo, pero Bubbles me había hablado muy bien de él y tanto ella como yo, estábamos esperanzadas de por fin conseguir el vestuario.

—No diría que es perfecto, pero gracias…—había escuchado muchos halagos por la forma de mi cuerpo, pero todavía existían ciertas inseguridades que causaban que me sintiera indecisa con los halagos de las personas. Era gracioso como en mi ámbito profesional y heroico no tenía problema con ello, pero en mi aspecto físico… las cosas cambiaban.

—Patrañas querida, te conseguiré el vestido que anhelas y te darás cuenta que "perfecta" será muy poco para ti—aseguró guiñándome un ojo como si hubiera averiguado un secreto del que yo desconocía.

Pasado el mediodía, la frustración ya era perceptible en mi rostro, en el de mi asesor y mis damas. Ningún modelo me había convencido aun si mis cercanos aclamaban que era todo lo contrario. Bubbles había perdido la cuenta de las telas que pasaron por mi cuerpo. No podía echarles la culpa a éstas, pues sabía que la complicada era yo. Nada me seducía; si ceñía mi cintura, no favorecían mis pechos, sentía el trasero demasiado ajustado para mí gusto y en bastantes costuras se me dificultaba caminar. A este paso no tendría listo ni vestido, ni accesorios, ni zapatos para el día deseado. Suspiré hastiada mirando mi figura en el espejo, una fiesta de matrimonio era más complejo de lo que creía, se podía dimensionar muchas perspectivas al respecto, pero ninguna será la más exacta hasta que lo vives en el momento. Ya me estaba arrepintiendo de darle tanto trabajo a mi hermana.

Por otro lado, comprendía que me estaba limitando en gastos porque si bien eran pagos compartidos, la incertidumbre de la procedencia del dinero de Brick me tenía disconforme-mas yo sabía a lo que enfrentaba desde el comienzo-, y de mi parte no quería derrochar mucho dinero por esa cualidad ahorrativa que poseía. No es que no tuviera o me faltara algo, era más bien mis manías de querer mantener las cosas bajo control y ser precavida. Todo estaba pasando muy rápido, pero yo lo deseé así, ¿no?

—¿Segura que no es tu gustó, Bloss? —interpeló Robin, quien era la más preocupada por nuestros estados de ánimo.

En el transcurso de esas horas, Bubbles había peleado con tres proveedores más, salió velozmente a reservar el lugar lejano donde sería la recepción, puesto que otra persona también estaba peleando la zona y había regresado con una sonrisa satisfecha por lograr su cometido. Y aun con su ausencia, yo todavía no escogía vestido.

—Blossom, usarás sólo una noche, relájate—le restó importancia Buttercup, pues en su impaciencia ya quería largarse de allí.

—No. —Bubbles ojeó a Buttercup segura de las siguientes palabras que iba proclamar—. Todo este tiempo he estado haciendo maravillas para que cada cosa salga como Blossom lo desea. Los crisantemos ya están reservados y la elaboración para los candelabros de mesa se están organizando. Las invitaciones serán entregadas una vez el perfume se impregné bien en el papel. He peleado con los floristas y los meseros, casi me pega una señora porque quería reservar la misma banda jazz que Blossom pidió. Acabo de regresar del lugar en donde se hará la recepción, es elegante y privado, debo decir—cambió de tono un instante para alardear del establecimiento—entre varias personas he sido la mejor postora. Sé Blossom, que quieres escatimar en gastos, pero no te preocupes por ello…—su frase quedó incompleta como si escondiera un secreto—Así que mi esfuerzo no será en vano, porque tendrás el vestido que deseas sí o sí. Por ende, Buttercup, no es un relájate y ya—intensificó el final mirando atentamente a la mediana la cual levantaba los brazos en son de paz.

—Bubbles tiene razón, no te rindas, Blossom, encontraremos lo que buscas… Aunque, bueno. —Antony se queda pensativo unos momentos—. No está terminado. —Sus iris que antes estaban en mí, pasan a los de mi hermana menor—. No me gusta mostrar mi trabajo inconcluso, pero por ella haría una excepción. —Se encaminó a una puerta lo guiaba a su estudio. Esperamos unos minutos y regresó con un diseño que se parecía al ideal que más o menos mi cabeza maquinaba para mi fiesta de compromiso.

—¿Le das un intento? —me pregunta simultáneamente lo exhibe. Sin proclamar una sílaba asiento en lo que tomó la prenda y entró al vestier.

El silencio predominó unos instantes después de salir para mostrarles como relucía el vestido en mí. Las mangas en una fina tela y encaje hacían que mis brazos fueran más finos. Mis senos se sobresalían redondos y levantados por el escote en "v". Me sentía más estilizada e incluso mi cuello simulaba ser más largo. Su caída en corte sirena, me permitía caminar con comodidad mientras mis cintura y caderas estilizaban mi cintura. Extendí los brazos y di una vuelta para sentir aquel vestido como si fuera una segunda piel. Creo que por fin había lo hallado.

—¡Blossom te ves bellísima! —halagó Robin con sus manos puestas en su cara por la emoción.

El silbido de Buttercup se esparció por el lugar entretanto ella asentía lentamente contemplándome. Bubbles por su lado estaba a la expectativa de mi respuesta mientras sus dedos estaban en el mentón en una señal de querer llorar por verme así. Antony lucía orgulloso por su trabajo.

—Sí, quiero esté—pronuncio más para mí que para ellos mientras aprecio desde el espejo el cómo me lucía la vestimenta.

Un ¡Aleluya! se escuchó de Buttercup al levantarse y alzar sus extremidades celebrando una gran hazaña. Robin movió sus palmas aplaudiendo junto con Antony y Bubbles se quitó la lágrima traicionera que corrió por su mejilla.

—Me enaltece mucho que te gustará, Blossom, lo terminaré para ti y te veras de lo mejor—declaró nuestro asistente.

Aquel día era uno de los tantos que debíamos experimentar en esta odisea. Lo importante es que la indumentaria principal ya estaba lista y de acuerdo a mis indicaciones para las damas, no queriendo añadir más peso a los preparativos, me informaron que no me preocupara pues ellas se encargarían de sus atuendos.

En menos de media hora nos encontramos con Brick y mis cuñados para degustar la entrada principal de los platillos. Sé que a Bubbles le costó mucho el lograr que uno de los chefs más conmemorados de Townsville accediera a participar en mi boda; no por sus múltiples ocupaciones, sino porque sus fuertes moralismos no le permitían el hacer algo para un villano. Eso era uno de los motivos por los cuales a Bubbles se le había complicado el organizar tantos arreglos. La noticia de mi boda era un secreto que se corría a voces en la ciudad. La gente todavía no se hacía la idea que sus tres heroínas estaban con quienes durante mucho tiempo los atormentaron. Aquí entraba otro de los dilemas en los que constantemente caía desde mucho antes de darle el "sí" a Brick. Sin embargo, no iba a retroceder, no ahora que había avanzado tanto.

Al llegar al restaurante, mirando como Buttercup y Robin se adelantaban para encontrarse con los demás, detuve a Bubbles antes que ingresara.

—Sé que te estás esforzando mucho y quiero decirte que te lo agradezco—manifesté apenada y verdaderamente satisfecha por todo lo que ella estaba haciendo por mí, por caer ante mis caprichos y tratar de complacerme en esto.

Sonrío enternecida antes de brindarme un abrazo, me apretujó fuerte mientras yo también la rodeaba de la misma forma.

—Lo que sea por ti, mi querida Bloss.

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Cuando abrí las puertas de la alacena algo dentro de mí se revolvió súbitamente, con violencia, golpeando cada rincón de mi estómago para subir por mi pecho y terminar en mi garganta donde tuve la necesidad de maldecir a manera de desahogo. Pero antes de siquiera abrir la boca, ojeé cada empaque de frituras a medio terminar e identifiqué un paquete de galletas tan vacío que ni las migajas podían evidenciar señal de lo que alguna vez habitó en el plástico. Tomé una de las cajas de cereal y comprobé que estaba igual que el resto de bolsas y golosinas. Parecía más un ataque desmedido que un asalto sutil como a los que estaba acostumbrado luego de revisar la despensa a la mañana siguiente para hacer desayuno, o al menos así era cuando vivía ahí, ya que, en esta ocasión, el 70% de lo que se vislumbraba era simple basura, pues el descuido de las envolturas al ser trozadas sin cuidado me daba a entender que todo este desastre había sido obra de una bestia con apetito voraz.

Cerré los ojos y los abrí con lentitud para no mirar las bolsas de basura en la esquina de la cocina. Aspiré profundamente para no ceder ante la desesperación que me provocaba estar en un lugar sucio, y me limité a girar mi cabeza para observar a los dos idiotas que estaban recostados en los sillones, como si no estuvieran rodeados de tanta mierda acumulada.

No me sorprendió que Butch mandara al carajo las señalaciones que le hice sobre mantener el departamento aseado una vez me marché de aquí. Para él, mientras se pudiera ver el suelo y no estorbaran cosas en el camino era ganancia. Por supuesto, no esperaba que pudiera ir más allá de sus capacidades por ser un perezoso de mierda, mas, aun así, no dejaba de cabrearme con su desorden. Boomer, por otro lado, se veía despreocupado, como si los intentos del otro imbécil le fueran suficientes.

Resoplé, limitándome a pasar de largo para solo sentarme en el sofá de una pieza que quedaba libre en la sala. Mi rubio consanguíneo me miró de reojo, averiguando si estaba molesto o simplemente hastiado a un nivel inofensivo para seguir ignorándome, no obstante, al encontrarme en calma, al menos a una que no era normal luego de descubrir el "tesoro" del otro bastardo, se mostró más interesado en mí que en sus historietas.

—Oye, estás extraño—soltó de pronto, lo que logró captar la atención de Butch quien abrió los ojos luego de estar "dormido" en el sillón más grande—, sinceramente esperaba más energías de tu parte luego de valorar lo inútil que es Butch limpiando.

El susodicho ni siquiera intentó ir en contra de las palabras del menor porque me observó fijamente, más atento a mis gestos que a cualquier mínima provocación de nuestro hermano. Luego mostró una sonrisa ladina una vez logró dar con el misterio que guardaba mi cara o, en términos generales, con mis pensamientos recluidos en mis expresiones corporales. Se desperezó apenas hubo un breve silencio entre el comentario de Boomer y lo que pudo ser mi respuesta de no ser por su intromisión.

—Ese es el menor de sus problemas ahora—dijo, convencido de saber la razón de mi dócil reacción ante algo en lo que anteriormente no habría pasado por alto sin jodérmelos a golpes—. Creo que en el fondo está más acojonado que enfadado conmigo.

—Aw, ¿eso es cierto, Brick? —el rubio nos miró consecutivamente y sonrió burlón uniéndose a las teorías del mediano, al tiempo que reposaba su barbilla en la palma de su mano derecha.

—Pero no puedes culparlo—expresó el mediano en mi supuesta defensa—, falta poco para que se ate por siempre y tenga que despedirse de su vida de golfa. Hasta yo sentiría miedo luego de ser una maldita zorra promiscua y de repente me viera obligado a controlarme.

—No proyectes tus vicios e inseguridades conmigo—contraataqué sonriendo demostrando que no me importaba lo que pensara—, por lo menos yo me atreví a formalizar desde hace tiempo.

¿Golpe bajo por aludir a su reciente relación ya oficial con Buttercup? Sí, y lo volvería a hacer las veces que hicieran falta si continuaba metiéndose con mi decisión de casarme. Sin embargo, no estaba realmente molesto porque en el fondo podía entenderlo. Es decir, hasta hace no mucho era igual con respecto a las relaciones sentimentales, donde no tenía idea de lo que implicaba compartir tu tiempo con otra persona y aceptar que ésta fuera parte fundamental para ti. Mi estúpido hermanito era apenas un novato en el tema y no se había ayudado así mismo antes por esa pésima costumbre de afirmar las cosas antes de contemplar sus posibilidades. Había sido tan reacio por una considerable temporada, que cuando por fin dio el paso, sus primeras palabras fueron tan solo la sentencia que lo llevaría a ser un total idiota.

Siempre dices nunca, Butch, y a la vida le gusta cerrarte el hocico.

Al fondo, Boomer alimentaba la cizaña de la situación con ese ocasional coro para intensificar mi replica, como sé que también lo hubiera hecho con Butch si le hubiera permitido continuar con los ataques verbales. A cambio de eso, decidí romper con toda esa parafernalia tan usual en nosotros, no me encontraba de humor y debieron intuirlo desde el momento que no quise regañarlos. Pero Butch tenía razón, no eran meras suposiciones suyas que adornaba con mofas porque ya era palpable la inquietud que yo sentía con cada día que avanzara. Estaba nervioso, pero mis razones no se debían a un temor que pudiera sentir por lo radical que fui al tomar la decisión. Yo no era esa clase de persona, no podía inhibirme cuando pasé la gran parte de mi vida obligándome a un constante proceso de adaptación con lo que tuviera al alcance. Así había aprendido a sobrevivir y, sobretodo, sabía que un líder no podía permitirse titubear, mucho menos mostrar indicios de cobardía ante cualquier cambio.

Ambos me conocían tan bien y sabían que arrepentirme de mis decisiones no lo podía considerar una opción, por lo que mi insistencia de desposar a Blossom tampoco había sido un impulso o un capricho del momento aunque lo pareciera para aquellos que no trataban conmigo. Ya desde el comienzo de mi relación, mis hermanos entendieron que no era alguien predecible. Claro, que aceptaran mi disposición al tener una pareja fija, no significaba que tuvieran que reconocer mi compromiso sin preguntar mis razones. Motivados por una enorme curiosidad y por lo inconcebible que era imaginarme en medio de los preparativos de una boda, no omitieron ninguna opinión intrusiva cuando les di la noticia.

Nos estás jodiendo—proliferó Butch luego de cinco largos segundos. Boomer ni siquiera había terminado de procesar lo que dije porque estaba más entretenido con su hija, cuidando que no se acercara sus llaves a la boca.

No lo hago—aclaré sereno—. Justo antes de que me mandara preso le pedí matrimonio.

Los ojos azules de la bebé se posaron en mí y me extendió sus regordetes brazos para alcanzarme y así la cargara, entonces su padre por fin me puso atención.

¿Te casarás con Blossom? —Repitió confundido ya entrando en cuenta de mi anuncio.

Lleva el anillo que le di…—aludí a lo más obvio mientras internamente me regodeaba por ese ego complacido de tener a la mujer que quería.

Espera, ¿esto es en serio? —Continuó el moreno, ya borrando su mueca relajada y reemplazándola por una perpleja y alarmada. Al ver mi seriedad corroboró que ya no era momento de juegos—, ¿¡qué?! ¡Mierda!

Un balbuceo fuera de contexto de mi sobrina acompañó oportunamente su expresión consternada, mientras que el rubio intentó analizar el escenario que seguramente podía confundirse con un extraño sueño para él.

¿Qué estás tratando de conseguir ahora? —Inquirió entrecerrando los ojos, acusándome así de tener intenciones ocultas.

¿Qué intento? —Redundé con una media sonrisa. Me daba cierta gracia las creencias que pudiera tener el paranoico de mi hermano menor—, casarme, por supuesto. ¿Qué más podría obtener además de eso?

Según algunos pobres infelices que conocemos: Agonía, monotonía, sufrimiento, estrés, frustración, desdicha…—listó Butch—, pero si me preguntas a mí, honestamente no sé lo que conseguirías. No sé si eres tú quien se condena... o Blossom por aceptar.

Además—siguió Boomer—, no creí que consideraras el matrimonio.

Es verdad—concordó el otro luego de escudriñarme con recelo—, ¿te tenías escondida tremenda fantasía de niña adicta a los romances baratos o intentas extorsionar a la pelirroja de alguna manera?

Creo que la quiere hacer miserable—agregó el rubio regresando al casi imperceptible tono jocoso—. Empiezo a sentir pena por tu desafortunada prometida…

Oh, vamos, par de ineptos—mi condescendencia en la conversación no hizo que quitaran sus expresiones pasmadas, sólo las avivó aún más cuando me crucé de brazos y demostré mi cara más álgida—, no soy tan mezquino… al menos no con esto.

Debe estar tan malditamente enamorada de ti como para soportarte y encima volverse tu esposa.

El idiota de Butch tiene un punto. Aunque también está la posibilidad de que te adiestrara y enseñara modales. El documento que dan para constatar tu estado civil sería un comprobante como los perros con pedigree, en cualquier caso.

Lo mismo podría decir de ti con Bubbles—acaté burlón sin dejarme sobajar—, pero creo que ella te sodomizó de una manera más… patente.

Anette me sonrió sin saber que era utilizada de ejemplo para que yo pudiera molestar a su progenitor, el cual finalizó la conversación con un fino "vete al diablo". Esa tarde me dediqué a evadir más muestras de desconcierto por parte de los dos, hasta que en algún punto se acostumbraron a la idea de que ahora estaba comprometido. Eventualmente, las cosas fluyeron con más normalidad cuando los preparativos de una fiesta funcionaron como distracción para todos. Tanto ellos como yo tomábamos distancia de nuestras vidas amorosas, era poco lo que solíamos entrometernos en los asuntos ajenos, pero de vez en cuando existían situaciones como esta donde volvíamos a reunirnos en el departamento que algún tiempo atrás compartimos para permitirnos absoluta sinceridad. Nuestro lugar que imitaba a un refugio por más asqueroso que estuviera ahora por culpa del bastardo de ojos verdes, era justamente eso; un hogar.

Prescindiendo de la suciedad y desorden como tema de conversación, opté por quedarme callado a pesar de que debía extenuar mis preocupaciones. A decir verdad, no sabía exactamente de qué quería desahogarme o si quería hacerlo. Simplemente no podía ocultar mi creciente nerviosismo, uno que me atosigaba por ser nuevo en esto de comprometerme más allá de ofrecer un anillo y dejar que mi prometida como sus damas hicieran lo que quisieran con la ceremonia. ¿Qué se suponía debía hacer ahora? No cambiaba nada un documento y todo se hacía más de modo simbólico para enaltecer el matrimonio. Blossom y yo sólo le estábamos dando un valor sentimental a esta unión con todas las tradiciones que iban detrás.

Entonces, ¿por qué me sentía intranquilo?

—Estoy cansado—traté de hallar la respuesta en una explicación simple—. Seguirle la corriente a esa rubia es fastidioso luego de un rato.

Boomer me analizó sin decir palabra alguna y dejó que me excusara en el agotamiento que podría causar la intensidad de su novia. Me dio por mi lado al quedarse en silencio y asentir para apoyar las supuestas conclusiones del problema, aunque realmente supiera que había más. Su personalidad desinteresada era apenas una fachada con el resto, porque si le importabas lo suficiente, demostraba ser atento con tus cambios de humor.

Si comparaba la inteligencia emocional tanto de Butch como de Boomer, el menor era bueno identificando los cambios de ánimo de las personas, mas no sabía qué hacer con ello y por esa misma razón prefería no indagar al respecto. Como el tipo más paciente que conocía –y como no serlo luego de desarrollar una respetable inmunidad ante los caprichos y forma de ser de la madre de su hija–, era más fácil dedicarse a escuchar que a emitir consejo alguno. Contrario a él, lo que funcionaba con el pelinegro era manejar esas situaciones tensas si poseía toda la información, desviando los humores negativos para aligerarlos con comentarios que, dentro de la imprudencia, eran acertados para disipar escenarios muchas veces incómodos.

Pero en esta ocasión ninguno me era útil cuando ni yo mismo sabía que me estaba ocurriendo. Lo único que sabía es que deseaba a Blossom y la deseaba feliz, prestarme a estos circos era lo de menos.

—Ah, hoy estaba más estresada de lo normal—salí de mis reflexiones mentales por un instante cuando escuché la conversación que llevaban mis hermanos. Una donde aparentemente hablaban sobre la degustación que tuvimos hoy para el banquete de la recepción—. Lo divertido de ser el padrino es que así es más sencillo molestarla.

—No deberías hacerlo—pidió Boomer algo disgustado por la actitud que Butch había tenido esa tarde con su novia—. Se está tomando su papel de dama de honor muy en serio y siendo la organizadora del evento, lógicamente lleva más presión. Por si eso no fuera suficiente tiene que lidiar contigo y tus caprichos que ni siquiera son en nombre del novio.

—Pues si quiere culpar a alguien que sea a Brick por escogerme como padrino de esta cosa—se encogió de hombros.

En mi defensa, tuve dos grandes razones para escogerlo a él y no a Boomer… bueno, quizá tres.

La primera, al saber que Bubbles sería la que llevaría las riendas de esto, adjudicarle responsabilidades a Boomer sería condenar a mi sobrina a los cuidados de otros, mientras que sus padres intentan no matarse entre ellos por el estrés. Hasta donde podía apreciar, la relación de los rubios funcionaba cuando uno era el atareado y el otro estaba para apoyar. Ponerlos a ambos en un contexto bajo presión sería desearles mal y no era tan hijo de puta para hacerlos pasar por eso.

La segunda razón fue por el mismo ofrecimiento que tuvo Butch conmigo, ya que había descubierto –gracias a lo que Bubbles nos instruyó en tiempo record sobre lo que nos correspondía hacer para la boda– su derecho de hacer mi fiesta de despedida de soltero.

Pero ya siendo honesto, si hablo de una tercera motivación influyente en mi elección, es porque, en realidad, fue la principal, aunque luego tuviera que disimular con las primeras dos que mencioné, más que nada para convencer a mi cuñada y no pensara que no me tomo en serio esto de la organización… Y es que, ¿cómo explicarle a la mujer de ojos azules que sólo lancé una moneda y se lo dejé al azar porque la verdad me daba pereza elegir, cuando cualquiera de mis dos idiotas me servía para la ocasión?

Para Butch resultó entretenido, claro, no así para la madre de mi sobrina quien discutía con él cada que existía una diferencia de opiniones causadas a propósito. Hoy, por ejemplo, con la cantidad exorbitante de comida que pedía y que yo, ya sea por hobbie de molestar a la cuñada o porque en realidad sí me parecía adecuado pedir como si alimentáramos a un pelotón completo –lo que sería el equivalente al estómago de Butch–, se convirtió en un entretenido espectáculo de ver. No podía mentir, mi parte favorita de todo esto era atormentarla, me daba lo mismo qué decoraciones, música, lugar o cualquier otro detalle se usara, pero apreciar como Bubbles ansiaba ahorcar a mi hermano era todo un privilegio. De todos modos solo fue un momento, luego tuve que tomarme las cosas con la madurez que requerían. Tenía que saber quién sería el responsable de dicho banquete, sentir un interés por el arte culinario me motivó a no desear menos, especialmente cuando estaba invirtiendo demasiado en esta boda. De ahí mi insistencia en que Bubbles se apoyara de mi dinero para que consiguiera lo necesario aunque Blossom no deseara abusar de los gastos.

No lograba comprender el porqué de su tacañería. A decir verdad, resultaba una pequeña sorpresa para mí, pues siempre creí que al tratarse de una Supepoderosa y creación/hija de un importante científico, tendría a su disposición lo que necesitara y quisiera. Al menos, esa era mi creencia luego de observar cómo creció en un ambiente donde nunca le faltó nada y hasta pudo estudiar a nivel universidad cuando no es algo precisamente barato. Obvio no podía compararla con aquella niña caprichosa y mimada que en nuestra infancia conocimos. Blossom no era como Princess quien no podía vivir sin sus fajos de billetes y regalos lujosos, pero la líder de las superheroínas tampoco era una chica que supiera lo que es la incertidumbre del comer o no el día de mañana.

Me parecía inusual que pretendiera limitar nuestra boda. Queríamos algo íntimo por la misma naturaleza caótica que implicaba nuestra unión y eso nos daba la pauta a un presupuesto todavía menor, pero no le era suficiente, le costaba soltar el dinero cuando yo tenía los ingresos para gastarlos como quisiera. Mi modo de ver las cosas difería completamente del de mi futura esposa; ella era ahorrativa mientras que yo un derrochador.

Al crecer en los ambientes hostiles de las calles, la única guía que tuve fue la avaricia de los adultos. Rodearme de ambientes malsanos y aprender con métodos cuestionables me convirtió en lo que soy ahora. Bajo mi lógica, si tengo el dinero entonces debo moverlo, nunca quedarme con él. ¿Por qué tendría mis ganancias estancadas si puedo usarlas para invertir, acrecentar mi capital y darme lujos sin la necesidad de robarlos directamente? De niño y aún de adolescente me divertí robando lo que me gustaba, pero adquirirlo con dinero obtenido por crímenes más complejos, me daba la sensación de ser un adulto con mayores posibilidades en este mundo. Yo lo llamaba madurar, otros lo conocen como "lavado de dinero", pero, ¿quién se fija en eso?

Si bien, Blossom estaba tratando de aportar de su bolsa para la boda, yo quería ocuparme de la mayoría para hacernos el trabajo más sencillo. Bubbles más que nadie sabría que el dinero puede hacer maravillas en tiempos desesperados y nuestros preparativos lo requerían. Entonces le di acceso a mis tarjetas, a las cuentas que acudía bajo identidades falsas para que no dieran conmigo y mis sospechosas transacciones. Por supuesto, eran desechables pero perfectas para la ocasión. Mis contactos en los bajos mundos me lo permitían, mas en apariencia, no se suponía que yo tuviera que ver con ellos. Tal vez, por eso es que Blossom no se sentía cómoda dependiendo de mi dinero para la celebración, pues ya suponía que detrás de mi economía estaba toda una serie de procedimientos poco éticos.

Aún así, gastaría lo que tuviera que gastar para complacer ese sueño suyo, aunque yo lo estuviera malinterpretando a mi conveniencia. De todos modos, esto formaba parte de mi proposición; una condena que la obliga a lidiar con este lado mío como yo el ocultarlo lo más que pueda para no abrumarla.

No supe bien en qué momento me quedé dormido mientras las voces de mis hermanos se escuchaban ya lejanas. El día había sido largo porque tenía que atender no solo estas cuestiones sobre mi compromiso sino también mi trabajo como criminal. Por otro lado, escoger un traje resultaba una tarea fastidiosa. Lástima que ahí no podía recurrir al azar porque sería evidente que no utilicé mi juicio en ello. Bubbles esperaba mi participación activa como lo había hecho con la degustación del banquete, donde incluso tuve un leve altercado con el chef por ser un ciudadano prejuicioso.

No fue mi culpa. No por ser un villano puede atreverse a darme a probar una chuleta ahumada de puerco tan salada, como si me hiciera un favor al darme de tragar cualquier bocado que de su pobre cocina saliera. Suerte que ni siquiera tuve que descubrir el mal sabor por mi cuenta cuando, como dato adicional, Butch ya me había arrebatado el plato pareciendo mi catador por excelencia. Desconocía si lo que hacía era propio de un padrino, pero a estas alturas lo estábamos entendiendo como mejor nos parecía. Él sacaba provecho de eso como si se tratara de un puesto cuya función era representar mis intereses mientras ganaba tratos preferenciales, y yo, bueno, yo lo dejaba ser.

Ahora, si pudimos llegar a una resolución pacífica claramente no fue por parte de nosotros. Las mujeres cargaron con la responsabilidad como siempre. ¿Acaso eso era así con todos los matrimonios? ¿La novia y las damas sufrían de esta manera usualmente? Si ese era el caso… ¿por qué demonios eran ellas quienes siempre buscaban casarse cuando eran las más estresadas? Todo por complacer a los invitados... Su acostumbrado masoquismo, genuinamente, me confundía.

"Tú quisiste hacerlo, Brick", me tenía que repetir como mantra para entrar a un profundo sueño; "Yo acepté esto", me recordaba, mientras a ella de novia me aferraba... me aferraba... y me aferraba.

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Lenore escribiendo

Tenemos aquí el segundo capítulo, ya se podrán dar cuenta de los diferentes puntos de vista de los involucrados en una boda, jaja. Sí, no es nada fácil organizar un evento de ese estilo y el estrés es un factor clave cuando el tiempo no es un favorable.

¿Qué se mamó Blossom y fue muy gonorrea con Bubbles? ¡Sí! Jé.

Pobre Bubbles, pero ya la oyeron, a la niña nadie la subestima.

#TeamBubbles #BlossomPorQuéEresAsí #TodosSomosButtercupSinSaberQuéOnda

Bueno hoy no tengo mucho que decir, voy saliendo para un concierto de Jazz. Muchas gracias por apoyo.

¡Nos leemos!

Mortem los saluda, queridos~

Las actualizaciones más fugaces son las que tienen que ver con este proyecto. En definitiva, recomiendo tener todo ya escrito antes de publicar el primer capítulo. Jajaja…

Bueno, ahora sí tengo tiempo para platicar un momento con ustedes, ¿les gustó el episodio de hoy? Mis intenciones con Brick es lograr que puedan conocerlo un poco más y les sea más fácil entender por qué piensa, hace o dice las cosas como tal. Puede que en ciertos momentos no estén de acuerdo con él y no los culparía, xD pero es lo divertido de manejar a un personaje que se rige bajo otros principios que difieren por completo de los tuyos. En mi caso, yo soy ahorradora como la Blossom de Lenore, pero no ignoro que este muchacho funcione con otra lógica que para él es muy válida.

Ahora, este es un especial relativamente corto (largo para nuestros estándares de tres capítulos por fic que hemos publicado hasta el momento), así que tranquilos, llegarán a enterarse de esta etapa en la vida de los rojos mucho antes de que acabe el mes. ;)

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¡Hasta la próxima (pronta) actualización!