Red Velvet
(III)
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Extendí mis brazos para que el sastre pudiera tomar las medidas que necesitaba. Según la lista de tareas que teníamos, el esmoquin se debió escoger con seis meses de antelación, pero no poseíamos tanto tiempo para eso ahora que la boda estaba casi a la vuelta de la esquina. Tenía que admitirlo, el atuendo fue de las últimas cosas que dejé para el final junto con mi lista de invitados. Bubbles me había acosado las últimas semanas para verificar el progreso de nuestro lado, y aunque ella no confiara en Butch para muchas cosas, en esta ocasión debía darle mérito. Para apaciguar su impaciencia y no me molestara con mensajes y llamadas, mi padrino le aseguró que todo eso ya estaba cubierto. Mi hermano por pura casualidad había encontrado a un viejo sastre en un lugar remoto… en otro país siendo más específicos.
—Carlo es el mejor en lo que hace—me aseguró una vez observó curioso el pequeño taller de costura mientras daba una vuelta donde yacían unos trajes colgados y apilados en fila. Lo miré por el espejo que tenía frente a mí, todavía sin moverme para que el hombre no perdiera la concentración.
—¿No pudiste conseguir a alguien más a la mano? Detesto volar de improvisto—me sinceré luego de haberlo hecho a una distancia y velocidad ridícula un martes por la noche hasta la isla de Sicilia.
—Bueno, todos los que pudieran te detestan en Townsville y el resto de negocios de tuxedos estaban hasta el culo de pedidos. Las amenazas no fueron efectivas y aunque ahora te estés cagando en dinero no iba a ganar nada con esa gente que pedía un plazo más considerable. No se iban a arriesgar contigo—comentó casual, recargándose en uno de los pilares mientras metía sus manos en los bolsillos. Parecía confiado, tanto, que decidí no replicarle más.
—Entonces, volaste hasta otro continente para conseguir que alguien me hiciera el traje...—recibí otra indicación del anciano en una mímica con sus manos y en un inglés bastante torpe pero entendible para que bajara los brazos y me girara en otro ángulo— Asumo que no querías depender de la bolita de estrés de la cuñada.
—No me parece justo que se lleve todo el mérito para que luego se regodee en la fiesta con los invitados.
—Sabes que ella no es la clase de persona que hace eso cuando no le corresponde ser la protagonista.
—No, pero yo sí lo haría—soltó con simpleza—. Debe saber que no es la única con contactos. A todo esto, ¿le enviaste tu lista de invitados?
—Sí, hace tres días—él rio levemente negando con la cabeza.
—Te casas en menos de un mes—recordó—, nadie irá con una invitación entregada tan tarde—hubo un silencio breve de tres segundos y entrecerró los ojos demostrando que había captado mis intenciones—. No quieres que ninguno de ellos asista.
—No me apetece que lo hagan—admití finalmente.
—Van a pensar que no tienes amigos—se mofó.
—No los tengo vivos—la calma en mi voz discordó de repente con la enunciación y el semblante del pelinegro quien se tensó a penas una fracción de segundo, aunque luego se repuso como si yo no hubiera traído de vuelta el recuerdo de esa tragedia al presente—. El resto son simplemente conocidos; irrelevantes para que sepan sobre mi vida privada, pero útiles para otras cosas.
—Comprendo, pero, ¿estás de acuerdo con el hecho de que todos los asistentes serán por parte de las Superpoderosas?
—La mayoría, sí—respondí sin estar muy preocupado por eso, realmente—. Te repito que todo esto es para Blossom.
Me expresó su aburrimiento con una mueca que apenas pude ver por el rabillo de mi ojo, ya que continuó su andar por la parte trasera del taller, ocultándose entre los anaqueles desordenados. Era un pequeño cuarto, ubicado en la planta baja de un viejo edificio y la luz parpadeante del recibidor no demostraba precisamente que fuera un local con renombre. Sin embargo, apenas me sirvió un rápido vistazo por el lugar y por la pared de fondo para saber que no era tan malo como aparentaba. Carlo, dueño del humilde establecimiento, coleccionaba sobre su pared algunas planas de periódicos de años anteriores, todos en la sección de espectáculos y sociales donde resplandecían las fotos de bodas de un montón de desconocidos; había confeccionado trajes para todos ellos, en galas, bodas, ceremonias y bailes de graduación.
Una primera impresión no podía dar crédito a todo eso, de hecho, uno esperaría que hubiera más reconocimiento a su trabajo, pero una pronta ojeada al sitio podía contestar los motivos de tan decaído negocio; el abrupto retiro de Carlo por la misma razón que toda la economía de su zona estaba fluctuando, se debía a un nuevo grupo criminal que extorsionaba los negocios locales. No necesité de más explicaciones por parte de mi hermano luego de entender cómo había encontrado a Carlo. Butch no había volado a Sicilia por su labor de padrino, sino por la de delincuente atendiendo trabajos ocasionales para conseguir sus propias ganancias. Las peleas entre viejas organizaciones criminales contra las nuevas que recién se levantaban eran más comunes de lo pensado, y Butch jugaba en el bando que le pagaba mejor, en este caso, junto a los que deseaban eliminar a los invasores: los extorsionadores.
Por esta razón no era extraño que Carlo quisiera ayudarlo con un favor, siempre y cuando prometiera que su antiguo local recuperaría la gloria que alguna vez tuvo en sus mejores días. Yo simplemente había llegado cuando enfrentaba una mala racha, aunque no puedo negar que la difícil situación de los lugareños me había convenido bastante. Sin tanta demanda, el sastre podía confeccionar mi esmoquin en tiempo record. Un boleto de lotería entre tanto ajetreo con la fecha límite sobre nosotros.
—¿Crees que Boomer quiera el suyo aquí también? —Preguntó de repente, distrayéndome de los hipnotizantes hilos que se asomaban de la caja en la mesa de la esquina. Lo observé confundido, para que me esclareciera lo que quería decir al no escucharlo con claridad—, me refiero a un frac, ¿crees que deba decirle para que aproveche el generoso descuento de Carlo?
—No le preguntes, sólo avísale que debe venir en la semana.
—Anda, pero si ahí está el mandón que conozco—arqueé una ceja—, oh vamos, has estado tan distante que no nos has jodido con tus órdenes. Las extraño para mandarlas a la mierda. Pensé que por tratarse de tu boda serías más exasperante de lo usual y en vez de eso has estado muy sumiso para mi gusto. Aún no te casas, pero parece que ya te tienen agarrado de las pelotas.
—No dramatices—me bajé de la plataforma cuando por fin pude hacerlo y me acerqué hasta donde él. Carlo se había retirado del cuarto, hablando consigo mismo sobre algún complemento que no alcancé a oír por fijar mi atención en el moreno—. No estoy tan interesado en todo este ritual, por eso he sido muy permisivo.
—Al carajo contigo—exclamó—. No sé qué estará pensando tu prometida, pero si yo fuera la novia y supiera que sólo me están dando por mi lado, no me daría la gana de seguir con esto cuando no me estoy casando por vanidad. Es trabajo extra innecesario.
—Afortunadamente no me voy a casar contigo—me senté en el viejo sofá y recargué mi cabeza en el respaldo para relajarme—, por consiguiente, no me afecta en nada que abras el hocico para juzgarme.
—Sé honesto y suelta qué putas te pasa—inquirió de repente—. Tu contraparte se va a volver tu esposa y lo menos que puedes hacer es disfrutar genuinamente de esta mierda, eso incluye que le muestres más de tu vida y por lo menos le presentes a los pocos que consideras amigos para invitarlos a su fiesta… Que, hablando de eso, ¿a cuáles de tus extrañas amistades les mandaron los aromatizantes?
—Invitaciones—le corregí, aunque supiera que lo hacía a posta luego de saber que éstas estarían perfumadas. Un hecho que me parecía extravagante, pero yo qué demonios iba a saber de lo que funcionaba para apantallar a la gente que iría a la recepción—. Y avisé a los que debía.
—¿Algún villano? —Cuestionó con honesta curiosidad.
—Oh, ¿crees que tendrían las bolas de ir a la boda de una enemiga, aunque ésta se case conmigo? Pues sí, uno que otro está enterado.
—¿Quiénes? Además de nuestros creadores, claro.
—Ya los verás si es que van.
—Aguafiestas—recriminó—. Tu misterio me jode, pues necesito que me digas bien para saber a quienes puedo invitar a tu despedida de soltero.
Ya. Esa cosa. A estas alturas se me hacía estúpido tener algo así cuando en esencia no había sido soltero desde hacía tres años. Pero era la excusa perfecta para embriagarnos. Empezaba a creer que esa sería la parte favorita de este imbécil, y creía que, si no le advertía que no quería algo ostentoso, haría que las cosas se salieran de control y termináramos en prisión antes de siquiera pudiera presentarme en el altar. Tal vez esto y todo lo que implicaba mis caóticas costumbres era lo que me mantenía pensativo. No quería exponer a Blossom a gente que me quería muerto o que buscara beneficios egoístas a expensas mías. Me estaba preocupando por verme descubierto aun cuando se intuyeran las cosas. Mas, ella poco o nada sabía sobre ese lado oscuro de la realidad.
Siendo objetivo, Blossom dejó de ser la imagen de súper heroína tradicional. El que se enfocara en sus estudios no le daba tanto tiempo para combatir el crimen real; aquel del que pocos pueden saber con detalles si no perteneces a las cloacas llenas de inmoralidades y nulos principios. Nada tenía que ver el atrapar a un ladrón de bancos con el seguir la pista de un poderoso empresario, quien secretamente está involucrado con una fuerte red de narcotráfico. Saberlo era diferente a vivirlo y la mayoría de los héroes con capas y vestuarios llamativos solo se enfocaban en la parte superficial de los casos. Los súper representaban la mejor imagen de la justicia, una que en mi opinión era pura fanfarronería.
¿Qué podían hacer aquellos que no corregían los problemas desde la raíz?, ¿qué sentido tenía capturar al criminal, peón de una mafia, cuando la cabecilla estaba ahí, libre y desempeñándose como funcionario público?, ¿qué podían hacer ellos, actuando a favor de estos mismos individuos que los controlaban para dar una falsa imagen al resto de las sociedades? Las Chicas Superpoderosas como cualquier otro súper héroe eran limitados por los verdaderos criminales y yo, yo deseaba ese poder. Manejar los hilos, controlar sin que otros sepan que lo hago… Sí, esa parte de mi vida debía permanecer oculta. Me sorprendía que Butch me cuestionara como si se tratara de algo tan sencillo. Más que ser un pesado exigiendo a los demás, yo era un hombre ambicioso y por eso elegía a la mujer que anhelaba como a mis propios proyectos personales. En todo este rato, buscaba el equilibrio ideal sin saber con qué me toparía en un futuro, sin embargo, no era un apostador profesional que ganaba siempre por dudar todo el tiempo.
Estaba siendo cauteloso, pero Butch no me comprendería hasta que enfrentara por sí mismo obligaciones más grandes que él. Y pensar que el menor de los tres ya había comprendido esto mucho antes que yo.
Teníamos responsabilidades, irónico viniendo de un Rowdy. Era justa la cuestión que me habían planteado. John me lo advirtió en su momento; "¿qué buscas de tu vida, muchacho? Desperdiciarías mucho si decides continuar haciendo lo mismo que haces". Y por si la intromisión de ese hombre fuera poco, entraba a la ecuación otro más: El Profesor Utonio. Mi futuro suegro.
Tan protector con sus hijas, aunque no tuviera la fuerza física para defenderlas de otros peligros, se filtró en mis asuntos sin darme tiempo de recapacitarlo. Obviamente, su función no se comparaba con la que tenía con ellas. Su presencia en la vida de éstas era distinta, sus consejos, su sabiduría ganada a partir de la experiencia y su buena voluntad por ser el mejor ejemplo de persona para aquellas que no están ni cerca de ser humanas, significaba más de lo que podría significar para mí. Sin embargo, comenzaba a aceptarlo, aunque sea un poco pues, al principio, dicho sujeto me parecía alguien ridículo. Ignoraba la particularidad de su personalidad porque no me interesaba conocer al responsable de la existencia de mis enemigas. Deseché cualquier oportunidad de saber sobre él hasta que salí formalmente con la pelirroja de ojos rosas.
No confiaba en mí y recordé sentirme bien con eso. Me regodeaba del odio, miedo o mínimos titubeos que el resto tuviera conmigo porque lo tomaba como una forma de tener poder sobre el otro. Ya sea porque crecí acostumbrado al rechazo, transformé esa negatividad en algo que me favorecía, o bien, porque se trataba de un mecanismo de defensa para no doblegar mi espíritu y ceder ante un bajo autoestima que pudiera representar si dejaba que eso me afectara. De ese modo, convertí el desprecio ajeno hacía mi en un premio. Pero, ¿qué ocurrió cuando dejé de ser tratado como un intruso en esa familia? Cuando recibí el primer gesto afable de ese hombre, o cuando me sonrió con calidez cuando me tocaba verlo en ciertas reuniones, ¿qué fue lo que había ganado –o perdido– en mi juego de cuánto desdén puedo obtener de los demás?, ¿me habían derrotado sin darme cuenta?
Desde el instante que Blossom me hizo saber de sus intenciones con respecto a la pedida formal de mano, supe que tenía que hacerme a la idea de considerar a ese creador suyo como alguien distinto. A su padre le hacía mucha ilusión que yo le pidiera permiso, aunque no lo necesitáramos. Era otra parte curiosa del ritual de casamiento; que el novio llegara con el patriarca para negociar el futuro de la mujer en cuestión.
Lo concebí absurdo, pero aun así se hizo esa cena. Keanne, la esposa del hombre sentada a un lado mientras que Blossom en el otro, pudieron ser testigos de cómo mi mirada se fijaba en la de él y viceversa, retándonos y provocando una tensión palpable durante la siguiente hora. Después de un rato, cuando por fin uno de los dos cedió al tema de conversación una vez mi novia lo pusiera sobre la mesa, entendí que era mi turno de actuar.
—Supongo que ya te imaginarás a qué se debe todo esto—le solté sin más preámbulos, demasiado relajado para el gusto de todos ahí presentes—. No quiero perder más el tiempo, desde ya te digo que tu hija será mi esposa.
—¿Pero qué clase de permiso es ese? —Cuestionó con un semblante entre firme e indignado—, ¿piensas que así es cómo se deben hacer las cosas?
—No pido tu permiso porque en realidad no lo necesito—acaté—. Es un simple aviso, solo para que no te sintieras excluido de esto, supongo.
Juntó el entrecejo y posicionó los codos sobre la mesa para remarcar autoridad. Mi postura no cambió en nada ante su figura enderezada sobre su asiento.
—Las pedidas de mano son con educación y respeto—intentó explicar sereno, pero me atreví a interrumpirlo.
¿Quería una pedida de mano formal? Si Blossom no la había tenido en su momento, él tampoco la tendría.
—Acto un tanto arcaico y degradante, ¿no lo cree, señor Utonio? —Solo me refería a él de "usted" cuando mi actitud sarcástica comenzaba a aflorar. En todo ese rato, no miré a la pelirroja que seguramente me estaría maldiciendo mentalmente aún con su recatada forma de expresarse—, siempre he pensado que es cómo si se negociara con ganado.
—¿¡Le dices vaca a mi hija?! —Exclamó ofendido luego de golpear la mesa con sus dos puños, exaltado. Blossom apenas abrió la boca, indignada mientras que Keanne se limitó a cenar como si la situación no fuera tan hostil.
—No—alegué tranquilo—, dije que tu exigencia era ridícula. Quien asumió que la vaca aquí era Blossom, fuiste tú.
—¡Y le sigues llamando vaca! —Repitió consternado. En el fondo, ya comenzaba a entender la forma de ser de este sujeto. A simple vista pudiera parecer que estaba enfadado, mas era todo lo opuesto, su dramatismo se debía a su misma personalidad infantil buscando una discusión donde no la había. Pero si intentaba asumir un papel de víctima, era más por el deleite de pelear como juego. El tipo aligeraba la situación con una falsa confrontación y lo afirmé cuando me citó afuera para "darme mi merecido y aprendiera a respetar a su hija nada gorda como a él".
Si antes su presencia me era indiferente, con eso se ganó mi reconocimiento. Ya me agradaba y lo que le siguió de su espectáculo en el comedor, lo compensó con una afable charla, una más sensata la cual me llevó a ser bienvenido de manera oficial en esa familia.
—Sé que no necesitan mi permiso para que se casen—me confesó al sabernos solos en su jardín—. Mi pequeña Blossom siempre ha demostrado ser alguien independiente pero no dudo que siga queriendo que forme parte de su vida aun cuando ya es toda una adulta y por eso necesite saber lo que pienso. El punto aquí es, que esta fue solo una excusa para que pudiera hablar de frente contigo, Brick. La formalización de su compromiso no es algo en lo que yo deba o pueda tener control en estos tiempos actuales, pero sí me corresponde hacerte saber lo especial que es mi hija para mí y que lo único que deseo es verla feliz. Si eres tú quien puede cumplir mi deseo incluso cuando sé que lo haces por ella y no por mí o los demás, entonces puedo estar en paz. Desde luego, también es para que entiendas de una vez por todas que ya eres parte de mi familia. Te la estoy confiando porque ya comienzo a ver lo que Blossom ve en ti. Eres honesto… quizás demasiado para nuestro bien…—se detuvo y luego rio por eso último—, y, por eso, sé que no le harías daño. Tú como tus hermanos dejaron de ser los niños que en antaño se divertían destruyendo la ciudad y buscaban eliminar a mis chicas. El tiempo me ha permitido tranquilizarme con respecto a las sospechas que les tenía. Aunque prime esa villanía en ustedes, no quiere decir que no puedan permitirse otros caminos más gratos, y si mi familia puede ofrecerles eso y ayudarlos, entonces no soy quién para oponerme. Tienes mi bendición, hijo. Cuídala y ámala como sé que lo harás hasta el fin.
Utonio apenas sabía lo que ocurría conmigo o mis hermanos. Tal vez ponía todas sus esperanzas en la influencia que pudiéramos recibir de ellos para mostrar una mejor versión de nosotros. Pero sinceramente eso no les correspondía. Él, Keanne y ellas no dudarían en enseñarnos muchas cosas buenas, mas si lo hacían con la esperanza de que cambiáramos, no podía sentir genuina y desinteresada esa convivencia. Por supuesto, eran simples suposiciones de mi parte ya que no tenía ni idea de lo que esperaban de tres asiduos criminales. Quería creer que nos aceptarían como éramos, pues el sentimiento de ser querido por más personas comenzaba a ser… agradable para mí. Quizás, el tiempo vuelva a hacer de las suyas y sea éste quien permita mostrarnos si esto funciona o no, pero por mi parte, no dejaría que las cosas se fueran al carajo tan fácil.
Solo me bastaba con que ella fuera consciente de mi naturaleza conflictiva. No podía renunciar a mis costumbres tan arraigadas como tampoco esperaba que ella me soportara siempre. Además de amarnos, dependíamos de la tolerancia, el equilibrio, ciertos acuerdos, mucha paciencia y basta predisposición a la realidad.
El ruido de mi celular me despertó. No sabía en qué momento me había dormido pensando en todo y en nada, cuando miré un número desconocido en la pantalla mientras Butch era medido por el anciano. Al fondo se escuchó como Carlo le reprendía por su terquedad de usar un chaleco cruzado debajo de su saco. Como pudo, intentaba decirle que era demasiado alto para que tal corte quedara con su figura. Y en lo que él le daba lecciones sobre lo que implicaba estilizar la figura masculina, yo me concentré en contestar a la llamada.
—Recibí la invitación—dijo la voz al otro lado de la línea sin esperar mi respuesta. Disimulé la tensión en mi cuerpo y me incorporé todavía sentado en el sillón con mis codos sobre mis rodillas—. Casi la tiro de no ser porque leí tu nombre. Así que el niño problemático se nos casa, qué sorpresa tan… maravillosa.
—Maravillosa es la última palabra que hubiera esperado que usaras, Demian—me levanté con lentitud, tomando una distancia considerable del sastre y mi hermano para que la conversación fuera lo más privada posible. Caminé hacia la puerta y cerré detrás de mí apenas avancé por el pasillo que daba a las escaleras.
—Bueno, emplear "cruel" sería grosero de mi parte. No es como se supone que un mejor amigo reaccione luego de saber las últimas noticias.
Afuera ya era de mañana. La oscuridad del local y del taller secreto en la parte trasera nos había impedido saber la hora exacta de ese día. Me recargué detrás del mostrador, sosteniendo con firmeza mi celular mientras intentaba lidiar con el hombre que no veía desde hace más de cuatro años.
—Cruel—pronuncié distante para afirmar lo siguiente—: con que así me sigues recordando.
—¿De qué otra forma podría llamarte? Los años pasaron y con tu invitación en mis manos es imposible que no rememore los viejos días. Tu osadía es un golpe en la cara, ¿sabes?—comentó con su característica voz terciopelada, provocando una inusual calma que escondía su enojo real—, siempre supe que serías el que más lejos llegara de todos, pero nunca me imaginé que lograras incluso más de lo que yo he podido.
—¿Cómo conseguiste este número? —Me invadió tal duda de repente, ignorando la insinuación de retomar ese pasado que hacía mucho yo había tirado.
—De la misma forma en la que tú diste con mi dirección. No es complicado cuando todavía tenemos contactos en común, ¿cierto? ¿Olvidas que todo lo que aprendiste yo te lo enseñé? Me debes mucho.
—Hace tiempo te superé en todos esos aspectos, sólo quería confirmar si seguías manteniendo comunicación con "S". Además, yo no te debo, pagué mis deudas hace cuatro años—dije confiado—. ¿Tú ya olvidaste ese detalle?
—Ah, es verdad, mala costumbre mía el culparte de todo. Pero debes entenderme, la mayoría de las veces siempre fuiste responsable de las cosas malas.
—¿Por qué me llamas ahora? —El animado murmullo que Butch y el anciano tenían abajo me alentó a acelerar la plática si no deseaba que me sorprendieran al teléfono repentinamente.
—Por el mismo motivo que tú lo hiciste con hacerme saber de esta boda tuya.
—Entonces asistirás—mascullé inexpresivo.
—No me lo perdería por nada. Quiero ver el tipo de hombre en el que te has convertido.
—Quieres conocerla—lo atrapé en sus verdaderos planes.
—Deseo conocerla. Sí. Me gustaría saber cómo es la mujer que te cautivó de tal manera como para exponerte a tanto. No te preocupes, no intentaré nada con una Puff. No son mi tipo esa clase de chicas sobresalientes. No tengo remedio, viejo amigo, ya han pasado cuatro años, casi cinco, y Selene sigue siendo y será la única para mí.
"Aunque por tu culpa ahora esté muerta, cadavérica junto con los restos de su amante el cual también asesinaste", pensé.
—No te queda ser un romántico abatido por la melancolía cuando no es eso lo que sientes.
—Tienes razón. Tan solo intento aleccionarte como siempre, para que no repitas los mismos errores que yo cometí.
—No eres maestro de nada, Demian. No eres más peligroso que un hombre celoso e impulsivo que tuvo un arma en el momento menos oportuno para las víctimas.
—Es una lástima. Les hubiera gustado ir a tu boda también—su tono no era malicioso, una nostalgia cariñosa se asomó apenas los mencionó en aquella oración—. Lamento que tengas que conformarte conmigo.
—Me basta así—admití—. Habría sido problemático de otra manera.
—Fue la primera vez que te molestaste en ocultar cuerpos—comentó con gracia, como si se tratara de una anécdota inocente y casual—. Ya sabes, porque eres más del tipo genocida que del cómplice.
—Con lo mucho que detesto los funerales, eso fue lo más cercano que podías tenerme haciendo.
—Ya lo creo—siguió animado—, pero por los amigos lo que sea, ¿no? No me cansaré de agradecerte y por eso quiero en verdad desearle todo lo mejor a los futuros marido y mujer. Pero, he de suponer que tu prometida desconoce de mí y de cada uno de tus pecados, ¿estás dispuesto a ocultarle lo sórdido que puedes llegar a ser? Seguro que sí, de lo contrario, no se estaría condenando...
Condenando... regresaba a tan preciso vocablo para tan amarga conversación. Abrí los ojos sin haberme dado cuenta del momento justo cuando los cerré. Demian no era la vil rata que podía parecer en esta llamada. Lo podía asegurar. De los dos era el menos propenso a ser tan ruin. Como bien lo había dejado en claro, el hombre solo se trataba de un humano con pasiones desmedidas; imperfecto y adepto a la corrupción, pero no por ello completamente arruinado. Era inocente, por más disparatado que sonara aquello luego de confesar su crimen de haberse desquitado contra una antigua novia y un amigo de su tierna infancia. Demian sólo había actuado como una persona psicológicamente inestable haría luego de saberse traicionado. Un crimen pasional era su cruz más grande, ni siquiera su relación con un grupo criminal importante o su tendencia a realizar estafas se comparaba con ese delito que ni siquiera cometió sin estar en todas sus facultades.
Insisto, era inocente, pues, ¿no necesitas serlo para dejarte seducir por la errática violencia, creyendo que esa era la salida a tus conflictos y dolores emocionales? Porque por inocente, me refiero a que era un completo ingenuo y estúpido al pensar que matar inmediatamente a las personas que te hacen daño te causaría algo de alivio. Eso es lo que pasa con las personas que cometen crímenes motivados por impulsos y no por mero gusto. La diferencia de un villano amando la maldad, a un humano cometiendo el error al dejarse poseer por ésta, era más compleja de lo que se podía asumir y, en definitiva, Demian no era lo primero.
En cambio yo...
—Tus preocupaciones son en vano—mencioné más seguro que nunca al retomar la plática que en realidad pausé por unos pocos segundos.
—¿Acaso me estás diciendo que has cambiado por ella?
—Te equivocas—le expliqué—. Pero amarla me permite manejar ese lado despreciable que tengo. Ahora le doy más usos.
—Ah, me intrigas, ¿qué diferencia hay con lo que dije?
—Que si antes mataba por nada y por placer, ahora también podría hacerlo con el fin de protegerla sin que lo sepa.
—¿Me adviertes, Brick?, ¿piensas que yo podría hacerles daño?
—Para nada—me adelanté—. Si te permito seguir en mi vida es porque sé que no eres una verdadera amenaza. Tus años donde eras un matón del que aprendía quedaron atrás.
—El irritante diablillo ha crecido, eh...—comentó con un peculiar orgullo—. Espléndido. Vale, ahí estaré. Me comportaré, lo prometo. Hasta entonces, te deseo todo lo mejor... Brick.
Colgó y me giré para encontrarme con la mirada inquisitiva de mi hermano. Me había escuchado y no sabía desde cuándo.
—¿Por qué él? —Se limitó a preguntar, frío.
—Porque es lo más parecido que tengo a un amigo de verdad—me encogí de hombros, sonriéndole satíricamente.
—Porque son iguales.
—No, porque yo soy peor—corregí.
No quiso seguir hablando de él. Demian era el único tema del que Butch no podía soltar un comentario ingenioso para romper tensiones. Su única salida fue cambiar abruptamente de humor para hablar de otras cosas, de la boda, de la comida, de las guerrillas entre bandas y más. Lo que fuera para no darle importancia a ese hombre, pasando de su presencia como yo había hecho tantos años.
Demian no era mi pasado completo, pero era tan solo un testigo de lo que fui y puedo seguir siendo. Invitarlo fue mi excusa para demostrarme que podía equilibrar lo que soy. Siendo franco, lo hacía para probar que podía cuidar de Blossom de ese caos aun estando muy cerca.
Mi objetivo, mi preocupación en todo este tiempo, mi nerviosismo... Todo era porque quería aprender a proteger a Blossom. Protegerla de mí mismo.
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La recepcionista de aquel hotel a kilómetros lejanos de Townsville nos dio la bienvenida con la misma calidez que en el aire se percibía. Algunos troncos se incineraban en la chimenea de la habitación principal aun si la calefacción se cernía a lo largo de la estancia. Afuera, la nevisca se había detenido, mas los helados vientos continuaban corriendo. La chica en cuestión, enumeró los cuartos en los que nos hospedaríamos antes de la gran velada, por lo cual dispuse mi andar después de brindar un último vistazo al recibidor. Una vez cómoda en una suit alejada de la de mi futuro esposo, solté el aire que estaba reteniendo desde que tomamos el vuelo hacia este destino. Para ser alguien a quien las tradiciones de este ritual le eran confusas, me estaba adaptando con facilidad gracias a las explicaciones detalladas de Bubbles.
Me lancé en la gran cama de sábanas de color perla para buscar el descanso que no había obtenido en el lapso que llevaba planeando este evento. Los tres meses pasaron tan rápidos que todavía no asimilaba el devenir del gran día. Entre preparativos, invitaciones y gajes del oficio, poco o nada era el espacio que me permitía para mí. Por momentos, llegué a creer que tal vez el arrebato de mis emociones me condujo a una mala elección. Es decir, me convertiría en esposa, pues ante la ley, mi firma sería la evidencia para anclar mi destino al de alguien más. La suavidad del algodón recorrió mis dedos mientras éstos se paseaban a lo largo del lecho, hubiera sucumbido a las quimeras del mago de los sueños sino es porque el golpeteo de la puerta interrumpió mi acción. Eran las tres de la tarde del jueves y yo ya experimentaba el cansancio de una larga jornada en el hospital o de crímenes.
—Blossom, ¿puedo pasar? —oí al otro lado de la madera a Bubbles.
—Sigue…
—Lamento molestarte—expresó avergonzada al observar como yo dejaba mi sosegada posición y me levantaba para atenderla—. En serio lo lamento, pero requiero tu presencia. —La comisura de sus labios se movieron en señal de bochorno, era un gesto que realizaba cuando tenía la sensación de hacer algo malo.
—¿Qué es esta vez? —inquirí, después de estudiarla con su libreta en manos mientras le sonreía y meneaba la cabeza suavemente para trasmitirle que de mi parte no había contrariedades.
—El restaurante ya tiene lista la zona para la cena de ensayo y ya llegaron los arreglos para el salón, me gustaría que checarás el estado de las cosas antes de dar el aval para la decoración—respondió ella alternando su mirada entre su agenda y mi persona.
Asentí.
Caminamos por los pasillos hasta llegar al restaurante que atendería a los pocos asistentes de la noche previa a la ceremonia. Las mesas estaban distribuidas por el establecimiento con los manteles perlados y vinotintos, los cuales se combinaban con la madera bien cuidada del piso. Las lámparas eran de tonos amarillos bajos, cuya ambientación le daba formalidad, elegancia, así como privacidad. Todavía faltaban algunos retoques, mas puse una sonrisa en mi rostro por el proceso y pronto resultado.
—Va quedando muy bien—halagué a mi hermana simultáneamente me paseaba por las sillas y recorría con mis yemas las telas que las cubrían, así como el leve listón que las rodeaba.
Mis iris rosas se posaron en los azul cielo de mi consanguínea para entrever en el brillo que irradiaban la emoción que sentía por mis palabras. A Bubbles le gustaba la sensación de estar haciendo las cosas bien, ¿y a quién no?, falacias serían de quien replicara lo contrario.
—Necesito que me ayudes con otras cosas y luego puedes disponer de ese tiempo para relajarte. —Se encaminó a la puerta esperando a que la acompañara en el resto de supervisiones que como novia debía hacer
Para mi fortuna, cada adorno había llegado en las condiciones establecidas; lo cual causó que tanto Bubbles como yo pudiéramos relajarnos, porque aquello implicaba la autorización y adecuación del salón principal en donde se llevaría a cabo la fiesta. A través de los ventanales del lugar, pude observar cómo lo copos retomaban sus pinceladas en el paisaje, dando así una vista mágica de invierno. Mis pensamientos me distanciaron de las ordenes que Bubbles dictaminaba a los trabajadores, pues con el caer de la nieve me pregunté si había escogido esta fecha por los secretos que se enconden en la blancura o por el afán de que mi nombre se registrara junto al de mi pareja en un papel.
—Por cierto, casi lo olvidaba—Bubbles golpeó con su palma su frente en lo que llamaba mi atención—; varios de los invitados de Brick ya confirmaron asistencia. ¿No te da curiosidad de saber a quién invitó? —Como si de un secreto se tratará susurró las frases finales y se quedó mirando a la nada con su pulgar en el mentón.
La mención de su nombre ocasionó en mí una corriente que no terminaba de distinguir si era buena o mala. El tema de las invitaciones fue recurrente entre nosotros en diferentes cantidades de curiosidad. Bubbles, e incluso Robin, no disimulaban la intriga que generaba los personajes a quien a última hora Brick invitó. Para mi sorpresa, Buttercup también estaba a la expectativa de saber las identidades de aquellos. Ni hablar del Profesor, quien en ocasiones participaba en el cotilleo de mis damas. Cuando esto sucedía, me quedaba observándolos, recibiendo entre el cuchicheo de sus voces, la posible realidad de aquel con el que me iba a casar. No era una niña para negarme o mentirme a mí misma sobre la naturaleza de Brick, si accedí a tener algo con él, fue a sabiendas que su villanía podría ser un impedimento para un futuro entre los dos. Irónico, porque no lo fue al principio. Teníamos ideales diversos y me atreví a enamorarme de él. Por eso, sentía que no lo conocía lo suficiente y con ello, también me inmiscuía en las suposiciones de las personas que habían tenido contacto con Brick, ¿serían sus amigos, sus colegas? Fueran lo que fueran, comprendía que varios eran parte de ese lado que Brick escondía de persona.
—¿En qué piensas, Blossom? —Acercándose a mi lado, mi castaña amiga contempló el horizonte entretanto tenía a Anette en brazos jugando con el peluche rosado que Boomer le regaló en su primer cumpleaños.
—Tantas cosas pasan mi cabeza que ya no sé en qué estoy pensando, Robin—fui sincera,
algo dentro de mí me estaba carcomiendo el estómago y entre tantas dudas y complejos no sabía decir si estaba perdida o me gustaba complicarme.
—Bueno, es normal cuando vas a casarte—Me obsequió un ademán comprensivo al haber sido alguien que pasó por esto antes y por consiguiente, poseía más experiencia en ser una novia y esposa. Aun siendo una joven universitaria, ya había dado el sí hace un año cuando Mike, nuestro amigo de infancia, se lo propuso en las vacaciones de verano—, como sea que te estés sintiendo, cualquier duda o temor, es normal, Blossom—aseguró. Inmediatamente detecté su análisis en mí, me limité a sonreírle en agradecimiento por saberme comprendida incluso sin haber soltado locución al respecto.
—Había dimensionado esto, pero ya sabes el refrán: Del dicho al hecho hay mucho trecho—canturreé aquellas palabras que tenían bastante auge en estos momentos, pues desarrollar una boda fue más que en mi cabeza.
Anette interrumpió con su balbuceo la carcajada de Robin, pues apuntó con sus bracitos hacia la dirección de su madre, quien para su infortunio dirigía su atención en los preparativos y no en ella. Su llanto atrajo las pupilas de Bubbles, ella procuró imitar muecas y cantarle tonadas infantiles con el fin de calmarla, las cuales poco sirvieron puesto que la bebé demandaba más su presencia. La sostuve en mis brazos mientras recorríamos los ventanales y trataba de jugar con ella para que encontrará reposo y no distrajera a mi dama de honor de sus labores.
Lo que pareció funcionar al principio, no sirvió por mucho tiempo, ya que Anette cuando disponía de alguno de sus padres, no había quién pudiera aquietarla. Los movimientos bruscos de parte de mi sobrina, hicieron que Bubbles se acercara rápidamente para retenerla en sus extremidades; comprendiendo con sus gestos que es lo quería, mostró su seno izquierdo y ubicó Anette para que pudiera alimentarse de él. El itinerario pasó de sus manos a las de Robin buscando su ayuda, a quien me le adelanté y lo tomé en las mías para encargarme del resto de cosas.
—No Blossom—demandó la madre de la pequeña, arrullándola con sus brazos—. Necesitas descansar—recriminó al final.
—Tú también—defendí no haciendo caso a su postura.
—Sí, pero yo estoy haciendo mi trabajo y parte de éste es que como dama y organizadora procure que no se genere más estrés en la novia. —Inquisitivamente me observó, no dispuesta a dar su brazo a torcer—. Además, ¿crees que no notamos que nos has dormido? Tus ojeras se pueden ver de aquí a california—afirmó sin titubeos por la obviedad de mi estado físico.
Los últimos días de prácticas hospitalarias habían sido tan avasallantes que mis horas de sueño disminuyeron desmesurablemente. Los minutos que tenía para descansar tampoco eran bastos cuando deparaba en los últimos detalles de la fiesta. Mantenía mi mente ocupada para no ceder ante el nerviosismo de lo que implicaba el matrimonio. Cierro mis parpados mientras me regaño internamente, porque me había dejado consumir por mis responsabilidades sin concederme un tiempo para sopesar mejor la situación.
—Vamos, Bloss—sugirió Robin quitándome la libreta—, confía en nosotras. Todo saldrá bien.
—Sí. Fuchi, fuchi, vete de aquí—Bubbles apuntaba con su cabeza hacia la salida para que me vaya.
—¿Y Anette? —La bebé había flaqueado ante su aparente agotamiento.
—Ah sí, bueno, para que no te sientas inútil, ¿podrías llevarla con la Señorita Keane? Dijo que me ayudaría a verla en lo que Boomer no está—mencionó mi hermana menor entretanto acomodaba a su hija para que no pudiera despertarse. Sin decir nada, volví a sostener a la bebé con más suavidad de la usual y me guíe hacia la habitación en donde estarían mis padres.
No perdí ojo del camino más que para divisar a Anette dormitar tranquilamente, sus facciones lucen finas y delicadas, podía uno perderse en sus pestañas rizadas para caer en las sombras de las mismas y pasearse por su piel de porcelana, a la cual acompañaba sus labios rosados. Tenerla en mis brazos me daba un aire, una noción, un cosquilleo, que era apresurado para mí, sobre todo si las dudas me carcomían por dentro. Pero, siendo alguien acelerada por los sentimientos que se aventajan al raciocinio, no me era nueva esta calidez que reptaba a través de mi anatomía y fulgía de mi corazón un deseo interno de ser madre. Ah, soy una soñadora a quien la convencionalidad del matrimonio y la idea de una familia le hacen ilusión de igual forma en lo que lo hace el triunfar en su carrera y ser una heroína. Mas no dejándome divagar, me concentró en llegar a mi destino sin darle pie a la colisión de mis deseos sobre mi moral.
La placa sobre la puerta de roble formaba el número 406. Toqué un par de veces antes de que la puerta fuera abierta por el Profesor Utonio, quien se sorprendió por verme ahí, pero sin anunciar nada se hizo a lado para dejarme pasar. Levanté una ceja extrañada por el desorden de la habitación, sus prendas y las de la Señorita Keane por lo que puedo intuir, estaban regadas en el suelo. Me sonrió con nerviosismo, pero continuó escudriñando algo en sus pertenencias, ya que no evocó ningún sonido. Usualmente no preguntaba hasta que la persona tomará la iniciativa de comentar algo y por ello, me senté en una de orillas de la cama simultáneamente no despegaba ojo de su actuar.
—¡Qué bueno que viniste!... aunque, no sé si en estos momentos sea bueno que hayas venido—dijo con el desasosiego impregnado en su voz—, te preguntarás qué pasa y tampoco pienso decírtelo—comunicó rebuscando en las camisas tiradas en la esquina del cuarto, éstas volaron de un lado para otro mientras yo hacía un arrullo quedo para evitar que la bebé despertará—… ¡Lo encontré! —proliferó victorioso acercándose a mí para extenderme una caja transparente que traía consigo una manilla de perlas—, creo que sí fue bueno que vinieras a fin de cuentas—finiquitó sonriéndome.
Consecutivamente miré unos instantes al profesor y al amuleto antes de fijar plenamente mis iris en el brazalete, la vacilación no se dio a esperar y posee de nuevo mi mirada esperando su explicación.
—No es una ley que la novia deba traer algo nuevo, viejo, prestado y azul. Sé que te has tomado muchas atribuciones para no aceptar aquellos actos que no llaman tu atención, sin embargo, en caso de que quisieras tomar en cuenta lo que te he dicho—tomó a Anette parsimoniosamente haciendo un intercambio entre ella y la manecilla para que pudiera apreciarla mejor—, esta pulsera pertenecía a tu abuela, la usó el día de su boda también. Tu tío Eugene la envió hace unos días en compensación de su ausencia a este evento.
—Sí me informó—dije bajito, examinando entre mis dedos la pulcritud del nácar, un nudo se formó en mi garganta al comprender instantáneamente el valor sentimental que simbolizaba aquel objeto.
—Es un regalo que puedes usar cómo gustes, pensaba dártelo después, pero no imaginé que me encontrarías en la peripecia de su búsqueda—se excusó levantando sus manos luego de haber acomodado y acostado a Anette en la cama.
—¿Por… por qué? —el titubeo de mi voz me dejó en evidencia, ante tantas emociones que se experimentaba a la vez, el sentimentalismo poco a poco se apoderaba de mí. Escuché su jocosa risotada a pesar de que no había burla en ella.
—¿Cómo que por qué? Eres mi niña, mi líder ejemplar, no deberías estar preguntando el porqué—respondió risueño simultáneamente volvía acercarse a mí para sentarse a mi lado, mas mis palabras seguían atoradas en mi pecho. El profesor notó mi reacción dándole motivos suficientes para continuar hablando—, ¿hay algo de lo que quieras comunicarte, Blossom?
—No… —Aquel monosílabo significaba más de lo que pudiera expresar y cómo había aprendido de mi padre, pacientemente esperó a que mis palabras fluyeran solas antes de seguir infiriendo—; es decir, sí, hay muchas cosas de las que quiero hablar.
Suspiré, inhalando mucho aire para despedirlo en una posible verborrea que me ayudaría a estar más apacible, no obstante, en el exhalar de ese soplo retenido, no brotaron oraciones descontextualizadas o sentimientos guardados, no brotó nada… Aquello era más frustrante porque significaba que mis intenciones de explayarme no eran suficientes cuando la vergüenza primaba para hacerlo. La mano del profesor rozó con la mía incitando que mis ojos se ubicaran hacia los de él, su amabilidad y actitud amistosa me rememoraba a la imagen de una pequeña yo en su máxima fragilidad refugiándose en los brazos de su padre.
—Simplemente no quiero sentirme con esta contradicción persistente. —Tomándolo por sorpresa me abracé a él buscando su amparo y escondiendo en su pecho mi rostro para que no divisara las dos lágrimas traicioneras que se habían escapado de mis cuencas—. No me gusta cuando me dejo llevar por mis emociones, Profesor.
Su mano recorrió las hebras de mi cabello mientras iniciaba un vaivén lento como en antaño. Pocos sabían que cuando las cosas salían mal, huía del mundo a la privacidad de mi alcoba en donde minutos después mi padre se topaba con una niña o adolescente desorientada en su juicio. De alguna manera, los consejos sobraban al sentir su compañía. Así, permanecimos un instante.
—¿Te encuentras mejor? —pronunció luego de varios minutos bajo el yugo del silencio—¿Puedo preguntarte algo?
—Sí…
—¿Qué esperas de Brick? —Ahí estaba la pregunta que inició toda la tormenta de incertidumbres, ¿qué esperaba de Brick?
—No tengo idea—confesé.
—No crees que tal vez te enamoraste de una idealización—preguntó el profesor, tratando de entender mis pensamientos, pero era todo lo contrario a su propuesta. Era aquella verdad que había reconocido con la proposición de matrimonio del pelirrojo, pero que prolongaba la angustia al no acostumbrarme del todo a ésta.
—No profesor, no me enamoré de la ilusión que representa Brick… me enamoré del caos que es Brick… Y me da miedo perderme por eso.
Rió.
—Aunque no encajé en ti la palabra "humana" eres tan parecida a uno…—Su profunda voz se esparció por el cuarto—Llena de virtudes y defectos que componen ese ser especial que eres. No eres un robot del que siempre se deba esperar razón o las mejores decisiones. Puedes equivocarte, hija mía. No le debes nada a nadie incluso si el mundo espera todo de ti. Si en tus deseos está el intentarlo, pues hazlo con la frente en alto—responde con confianza el hombre que me posibilitó existir—. Además, si él puede tener en la balanza el amarte y ser él, tú también podrás—levantó mi rostro, mirándome directamente a los ojos para trasmitirme esa seguridad que en algunos de sus gestos se confundía con incertidumbre debido a mis dudas.
—Estoy ignorando tantas cosas profesor…
—Y si por ahora eso no te ayuda a estar en paz, síguelas ignorando. A menos que éstas te lleven a tomar una decisión completamente distinta. Todavía puedes echarte para atrás… —Su discurso se malinterpretaría para cualquiera que lo escuché, no sería particular que llegaran a la conclusión de que no deseaba esta boda, sin embargo, comprendiendo las opiniones de mi padre, en medio de esos verbos, se hallaba un estímulo para que recapitulara mis deseos y tratará de encontrar armonía.
—Gracias por las perlas—me levanto tomando el objeto para dirigirlo a mi pecho. Se había convertido en uno de mis amuletos de gran valor—, creo que iré a descansar.
—Te lo mereces mi niña.
Me despedí del profesor luego de abrazarlo nuevamente. La contrariedad de mis emociones se convergió en desesperación del mismo modo en que mi cuerpo suplicaba descanso. El sobreesfuerzo, la falta de sueño, la lucha contra el crimen, el anhelar que todo saliera como debía, me estaban acabando segundo a segundo. Regresé a mi habitación y preparé un baño de agua caliente, necesitaba relajarme después de una larga temporada de discordancia y cansancio. Agradecí en mis adentros las palabras de mi padre, pues comprendía que los mejores consejos son esos que en la simpleza de las cosas llegan al corazón. Me sumergí en la tina a la espera de que los minutos se volvieran horas y con las horas llegará el alba.
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Mortem al teclado...
Fue un capítulo revelador, ¿no creen? Entenderé si ahora tienen más preguntas. ¿Quién es ese Demian que se hace llamar el mejor amigo de Brick?, ¿cómo, cuándo, dónde, por qué? Bien podría responderles eso en otros escritos cuando la situación requiera que se explique y se indague más en el pasado del líder, pero sé que, para llegar a ese momento, falta mucho. Por eso he decidido mencionar aquí de forma resumida esa relación de... ¿amistad?
Verán, en mi headcanon, Demian fue en parte el culpable de hacer que el pelirrojo tomara la decisión de marcharse junto con sus hermanos de Townsville. Este OC mío le lleva cuatro años a Brick, que no es mucha distancia para considerarse un trecho generacional significativo, pero para el momento en el que se conocieron, sí era importante (11 y 15 años). Mientras que uno era un mocoso, el otro ya era un adolescente metido en pandillas bastante nocivas, y conociendo la naturaleza de los niños al ser curiosos, Brick no estuvo exento de ser influenciado por mucho que su ego sea inmenso para aceptar que lo guiaron.
Por supuesto, eso del alumno superando al maestro aplica en este caso, pero es que Demian no tenía oportunidad de sobresalir como maldito cuando este niño es, literalmente, un experimento representativo del mal. No puedes competir contra eso (?), menos cuando la psique de Brick, Butch o Boomer funciona diferente. Es una constante en mi HC con ellos y sé que puede existir cierta incomodidad por cómo los llevo. Pero bueno, aquí a las que más admiro es a las chicas de Lenore por aguantarlos. Aunque al final éstas también tienen sus cosillas, xD. Todo forma parte del equilibrio ideal (?)
Lenore por aquí
¿Qué tal ese fin de semana? ¿Cómo va la vida?
Bueno, nos vamos acercando al gran día, y como pueden verlo, los nervios de la novia incrementan en cada instante. La verdad, admiro a la gente que no cae ante sus impulsos y se emocionan con la idea del matrimonio… Aunque bueno, no todos se casan con un villano proclamado, ¿no? xd.
Por otro lado, también quise poner esos deseos tempranos de Blossom de ser madre, a mi parecer llega a ser no sólo necia sino también ambiciosa, pues aun viendo que las cosas se le salen de las manos por tantos que haceres, ahí sigue pensando y jodiendo. Y por mucho que quiera ser precavida, ya vemos que la niña aprende a las malas, jaja. Creo que esto se debe a que le faltó mundo por vivir (?)
Anyway
Ya veremos cómo todo esto termina.
Por otro lado, quiero aclarar que el personaje del tío Eugene, sí es canon en la serie. Aparece en el capítulo de 67 de la temporada cinco (Y sí, de la primera y más genial versión de las chicas). Ahora, como hay menciones cortas al respecto de Eugene, obviamente parte de su personalidad dependerá de los elementos mostrados en pantalla, así como de nuestra autoría cuando vayamos a usarlo en próximas ocasiones.
Como siempre, momento del spaaaam: Pueden seguirnos en nuestro perfil de Instagram Idilios Nocturnos, ahí subimos detalles, encuestas, juegos, dibujitos por parte de Mortem y más.
Sin nada más que aclarar, me despido de todos ustedes con un efusivo abrazo.
Que sigan disfrutando de este especial.
Bye bye!
