Red Velvet
(IV)
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Uno, dos, tres…
Veinte palpitaciones en quince segundos, multiplicado por cuatro, daría un total de ochenta palpitaciones por minuto. Lo que quiere decir que mi ritmo cardíaco no se ha alterado. Esperaba que continúe de esa manera.
No había mucha gente en la sala, pero el sonido de los pasos con las voces se mezclaba de tal forma que perturbaba a mi audición. Cerré los ojos tratando de sosegar y aplacar mentalmente la parafernalia que había invadido mi espacio desde el amanecer. Aun sabiendo que esté día llegaría con el mismo afán en que las tormentas arrastran el polvo, no me hacía a la idea de verme rodeada de tantas personas poniendo su atención en mí. El movimiento de mis dedos estipulaba el nerviosismo de mis entrañas, era muy normal que quisiera vomitar, los nervios excesivos causaban esos estímulos en el cuerpo de las personas y aunque no estaba contrariada, sí me encontraba algo preocupada por las posibles reacciones que pudiera tener en las siguientes horas.
La llegada de la estilista a las ocho de la mañana alertó a todos los presentes, junto ella venía Antony con el vestido de novia y el resto de subordinados que auxiliarían en las cosas faltantes para el gran momento. Bubbles se había levantado mucho antes pues debía vaticinar que en la madrugada ni la capilla ni la recepción hayan sufrido altercados. Siendo objetiva, estaba admirada en el cómo mi hermanita había dirigido las riendas de esta boda incluso si el padrino hacía de las suyas para molestarla. No es que la subestimará, lo contrario, le tenía más fe que nadie, por eso fue mi primera elección, no obstante, con las burlas de Butch, acompañadas de algunas participaciones de Brick, el temple de Bubbles había evolucionado de la exasperación a la seguridad. La calma de Boomer fue participe en esto, pues aun con las ganas de unirse a las mofas de sus hermanos, procuró mantenerse al margen para no desarrollar en Bubbles un episodio de estrés de esos en el que nadie puede controlarla. Ni en su faceta de Moja joja era tan irritante.
—Llegó el color, llegó el glamour—anunció Antony su entrada en un español decente si se ignoraba la acentuación en las "r" simultáneo movía sus manos hacía sus asistentes para que se encargaran de nosotras.
—No sabía que mirabas Betty la fea o que supieras español—comentó Bubbles antes de expresar una orden por medio del comunicador que reposaba en su mano.
—Medio curiosidad que el programa no bajara del top 10 de Netflix y desde el primer capítulo quedé enganchado—enfatizó cada sílaba de la última palabra. Bubbles dio la razón luego de reírse con él. Tal parecía que estos dos compartían más gustos en común y eso anudaba a la buena amistad que mantenían.
Pude apreciar el cómo Buttercup con mucha pereza se dirigía al cuarto de baño luego de oír las demandas de la rubia, Robin le pasó una toalla, ya que la morena interpretaba a un zombie con su lento caminar y bostezo constante. Apoyó su mano en el marco de la puerta del baño y su rostro descansó en su antebrazo, se hubiera quedado dormida ahí mismo si no es porque Antony la nalguea despertándola y sacándola de su estupor. Mi hermana se hubiera encolerizado e incluso ya habría golpeado al insolente, mas en el poco tiempo que llevaban conociéndose; Antony y Buttercup habían desarrollado una rara conexión que los empujó a ser confianzudos el uno con el otro; lo que quería decir que Buttercup igualmente había actuado de la misma manera con él.
—¡Despierta, Buttercup, necesitamos de tu presencia aquí! ¡Te dije que no hicieras cochinadas anoche! —regañó el hombre y la azabache levantaba el dedo de en medio como respuesta en lo que ingresaba carcajeándose al baño— Mi querida novia, estupenda te ves siempre—Antony se acercó a mí, barriendo su mirada a través de mi cuerpo, pero se detuvo en mi expresión facial—. ¿Pasa algo querida?, esas manchitas debajo de tus ojos no es un buen presagio a menos que hayas pasado tiempo de calidad con el novio—insinuó levantando las cejas en un modismo coqueto.
Desvié la mirada inconscientemente y de inmediato volví mis ojos a los suyos, descubriendo en los pares contrarios duda. Un intento de sonrisa se clavó en mi rostro porque presentía que la paciencia con la que había logrado todo esto, ya se estaba desvaneciendo. No quité mis iris de aquellos grisáceos, los cuales me fisgoneaban más de lo que me gustaría. Sin embargo, no cediendo al reproche que su expresión me atribuía, erguí mi postura y logré sonreír para demostrar la confianza con la que había iniciado este proceso… al menos ante las perspectivas ajenas. En el fondo sabía que era una fachada que había creado para mí misma pues con mi lenguaje no verbal dejaba en evidencia muchas de mis preocupaciones. Entonces, supuse que el tener el rol principal en esta odisea me había atribuido la comprensión y entendimiento de los que me rodeaban, lo cual me era ameno.
—Todo bien, Antony, ya sabes que para una novia no es fácil estar a minutos de caminar hacía el altar.
—No sé a quién tratas de engañar—miró a sus lados husmeando la presencia de otros y no encontrando a nadie cerca que estuviera interesado en nuestra conversación, puesto que la mayoría estaba arreglándose o asimilando otros detalles—pero conmigo no te va a funcionar… No obstante, no te juzgo así que mis labios están sellados—simuló un cierre sobre éstos y tiró la llave imaginaria lejos de nosotros.
Asentí entrecerrando mis párpados. Antony, ignorando mi gesto, más por respeto a mi privacidad y no por grosería, retomó la conversación hablándome sobre los retoques que hizo en el vestuario estelar. Su andar me allegó al vestido para que confirmara su estado luego de sacarlo fuera de la bolsa de protección y lo colgará para que pudiera apreciar el resultado final. Orgulloso, unió sus manos en un aplauso para hacer reverencias suaves al público ficticio, o ni tan hipotético si acaparaba a los espectadores del cuarto, recitando un agradecimiento "Gracias, gracias, muchas gracias"
Aquella prenda que modelé en la tienda hace unos meses, era la sombra de los que mis ojos pudieron presenciar en estos instantes. Las piezas cocidas en un suave toque acopladas a las finas telas, hicieron que un nudo se acrecentara en mi pecho. Como Antony nos había prometido, la maestría de su esfuerzo se podía contemplar en la esplendidez del vestido. Próximo a éste, descansaba el velo y las zapatillas blancas que usaría. Esto era más de lo que había fantaseado, parecía un sueño. En mi subjetividad vivía en una utopía que estaba haciéndose realidad.
Resoplé nerviosa al quedarme atenta en la indumentaria frente a mí, pues figuraba que en minutos tendría que ostentarlas delante de la multitud que había invitado. El pensar en acaparar tantas miradas revolvió mi estómago, ya que la diferencia entre ser el foco de atención se tergiversaba entre el heroísmo y la personalidad. Es decir, no importaba cuánto me escudriñaran como heroína, lo hacían desde una perspectiva imparcial y frívola, opuesto al ser observada como novia, como persona, ya que de allí se desvelaban deseos y sueños por cumplir.
—No lo pienses tanto, linda, ya estamos aquí. —Antony, guiñó su ojo izquierdo luego de sacarme con su voz de mis cavilaciones. No supe cómo interpretarlo, porque en mi pensar, todo esto estaba superándome.
Veronica. la chica de cabellos azabaches que contratamos para arreglarme, se me acercó. Antony nos recomendó su trabajo, pero debido a la mala comunicación, tuvimos un altercado hace unas semanas. Veronica iba a cumplir con el paquete completo de peinado y maquillaje, pero como no se aclaró las pautas necesarias del contrato ella se vio ofendida por la falta de confianza.
—Mira ella es Veronica, te maquillará y peinará.
—Oh no, no necesito que me peinen—inmediatamente repliqué, la idea de que alguien tocará mi cabello no era cómoda. Verónica había malinterpretado mis palabras, pues su expresión mutó a una de indignación, miró a Antony buscando que la defendiera, pero él parecía más dubitativo que molesto.
—Ammm, Blossy querida, puedes confiar en mi juicio, Verónica sabe lo que hace.
—No es porque no confíe en ti. Con muchos motivos de por medio es que solicitamos tu ayuda. Lo que dije anteriormente no se debe a la desconfianza o prejuicio al trabajo de Veronica, si mis palabras te hicieron creer eso, pido una disculpa—apelé antes que mis actos siguieran causando malas impresiones—, lo que pasa es no me gusta que me toquen el cabello. Es sólo eso.
—Que pena interrumpir—escuché la voz de Robin, captando nuestras miradas—, no pude evitar oír su conversación y vine abogar por Blossom aun si ésta no pidió mi ayuda—me sonrió avergonzada, mas le permití hablar en mi defensa, atareada como estaba cualquier amparo me servía incluso si no era propio de mí—. La razón por la que Blossom es desconfiada en ello se debe a Bubbles y Buttercup…
Así, Robin les narró muy superficialmente mi anécdota decisiva para no concederle a nadie la tarea de acercarse a mi cabello. Luego de disculparme otra vez, estipulamos con mejor calma las cláusulas de su trabajo para que no haya errores el día de la boda.
Traté de ser práctica y aprendí a peinarme a través de tutoriales y cursos. Aunque era quisquillosa con mi cabellera, había una excepción a mi regla, alguien más bien, aquel que a unos metros también se prepara para esperarme en el altar. Con Brick pude desenvolverme de muchas formas y negar que sus mimos, sus manos paseándose a lo largo de mi cabello delicadamente, reposando mi cabeza en su pecho entretanto mis dedos escribían un "te amo" invisible en su piel, era una de las tantas actividades que me gustaba hacer junto a él. Era simplemente permanecer juntos sumergidos en la paz del silencio.
Nuestro apartamento se convirtió en un refugio de las ajetreadas fechas, allí casi no tocábamos el tema de este evento pues era el pan de cada día de nuestros allegados desde que nos comprometimos, por lo cual podía discernir que por parte de Brick había más intriga por mi salud mental que por la celebración. Agradecía que así fuera porque de otro modo, mis temores me hubieran hecho explotar mucho antes de escoger el lugar para la ocasión. Estaba perdiendo los estribos, seguía nerviosa. Ahí estaba nuevamente el temblor de mis manos, no faltaba mucho y yo sentía que me perdía en mis divagaciones que no me llevarían a nada. ¿Hace cuántos días pensaba en espiral?
Antenoche, después de ese baño relajante, procuré reposar. Me preocupaba el hecho que mi cuerpo se estuviera acostumbrando a pasar horas en vela, porque incluso disponiendo de una buena siesta, no pude pegar los ojos después de dos horas durmiendo. Se había vuelto mecánico el despertarme abruptamente. Me mantuve dando vueltas en la cama durante una hora y media y ni así me fue fructífero descansar. En mis adentros quería creer que el estrés no aumentaría los malos ratos, y podría continuar adaptándome, pero equivocándome en mis suposiciones, para empeorar, perdí el apetito. Aburrida entre esas cuatro paredes, salí a caminar. Quienes convivían conmigo sabían que era estricta con mi alimentación. Claro, por las responsabilidades, comía a deshoras, mas no me quedaba sin comer. Por ello, no me sorprendió ver a Brick pasada la cena, trayéndome un plato de comida luego de ausentarme en la merienda. Estaba en las mesas que daban al jardín trasero del hotel. Mi aspecto le dio pistas para sus indagaciones y permaneció a mi lado después de verme probar un bocado.
Él intuía que mi estado de ánimo no estaba para una conversación, y sin agregar nada, se acomodó a mi lado para pasar un momento conmigo. Y aunque era acertado cerrar los ojos, por mucho que me haya dejado llevar por esas sensaciones, no podía ignorar las de mi futuro esposo. ¿Qué pensaría de esto? ¿habría duda en él como en mí? Que haya sido quien incentivó esta faena, no lo exoneraba de sentir agobio; él lo dictaminó, nos condenaríamos juntos. No importa cuánto lo encarcelara o no estuviera de acuerdo con su actuar, no desmeritaba que quería protegerlo de todo mal… incluso si él era el mismo mal.
El grito de Bubbles atrajo el interés de todos, hasta de Buttercup, quien salió del baño con una toalla envuelta en su cuerpo. Mi rubia hermana miraba a la nada entretanto escuchaba a través del celular las excusas que estaba recibiendo sobre algo que desconocía. Quise agudizar mi oído, pero fue una mala elección cuando la voz de Bubbles volvió a salir más imponente, agregándole groserías.
—¡¿CÓMO QUE PERDIERON LOS CANDELABROS?! ¡HACE UN MOMENTO ESTABAN AHÍ! ¡MALDITOS INÚTILES NO PUEDEN HACER NADA BIEN!
—¿Qué sucede, Bubbles? —inferí preocupada por el cambio abrupto de su actitud, la sonrisa que le había dado a su hija minutos atrás mientras la cambiaba por su vestido de gala había sido reemplazada por el gesto de alguien colérico. Me preocupaba que Anette estuviera acostumbrada a esto, pues al fijar mi visión en ella, jugaba con la Señorita Keane, quien también ojeaba a la madre de la niña con zozobra.
—Bubbles, cálmate—sugirió Buttercup.
—No me digas que me calme, eres la menos indicada para decirme que me calme cuando no has hecho nada por esta boda—culpó la rubia.
—No me vengas con tus mierdas, he estado desde el inicio, la diferencia es que no soy una loca que se altera por todo—gritó la morena en respuesta no queriéndose dejar.
—Ay pero que dices, si en cada momento te has estado alcoholizando para evadir responsabilidades.
—¡Já!, ¿proyectándote Bubbles? Te recuerdo que eres tú la maniática que ha tomado trago para no caer ante la desesperación. Maldita histérica.
—Al menos yo tengo la decencia de ser honesta… ¿y tú? Cobarde—No, no, mi preocupación aumentó, pues no deseaba que mis hermanas, en el instante menos indicado empezarán una trifulca por sacar a relucir sus verdades. No.
—Te voy a matar…—La actitud desafiante de Buttercup, hizo que Bubbles se enfrentará a ella con ganas de brindarle un escarmiento.
Uno, dos, tres…
Veinticinco palpitaciones en quince segundos, multiplicado por cuatro, daría un total de cien palpitaciones por minuto. Lo que conlleva a mi ritmo cardíaco hacía el límite de la normalidad establecida para un adulto. Mi pecho comenzó a subir y a bajar, los soplos me ayudaron a dirigir oxígeno al cerebro, tenía que evitar la taquicardia, tenía que evitar un posible ataque de pánico.
—Chicas, tranquilicence…—Pero ni la voz de Keane fue suficiente para calmar a las dos fieras que estaban a punto de saltarse a la yugular. Una porque así estaba canalizando su ira por el excesivo trabajo y la otra porque simplemente le gustaba pelear.
—No creo que ese sea el comportamiento adecuado para unas damas. —Mi intervención quedó inconclusa al oír la vigorosa, pero elegante voz de una mujer, la cual estaba parada en el dintel de la entrada–. Menos proviniendo de ti, Bubbles.
Helena McCarty, la reconocida organizadora de eventos más famosas en todo Townsville. Su fama la precedía, era una mujer calculadora y férrea a quien sólo los más adinerados del país podían adjudicarse sus servicios. La maestra de Bubbles… ¿Qué hacía aquí?
—Helena, pensé que no vendrías—el arrebato de su actitud cambio a uno más dócil por el respeto que Bubbles le tenía a la mayor.
—Quería ver con mis propios ojos como lidias con este prospecto en tiempo récord y por lo que veo, estás teniendo problemas. —Bubbles suspiró al escuchar decepción en la voz de Helena, para alguien como ella que se valía mucho de opiniones ajenas, más de su mentora, súbitamente entristeció su rostro—. Sin embargo, me di un paseo por el establecimiento y me parece sorprendente que sucumbas a la desesperación cuando el 90% de los preparativos están en orden.
—Eh…—Bubbles se quedó sin habla después de escuchar lo que parecían palabras de ánimo provenientes de la mayor.
—¿Qué te he dicho sobre si algo falla?
—Tener listas más opciones—finalizaron las dos al unísono.
—Entonces, no esperes una orden mía, encárgate. —Bubbles se disculpó y salió a solucionar lo que en su momento la alteró. Gracioso que aquella mujer no quisiera darle órdenes, pero implícitamente le mandó una.
Oí cómo la Señorira Keane recriminaba a Buttercup por el conflicto anterior mientras que yo mantenía los ojos en la mujer que se acercó a mí una vez mi hermana abandonó el cuarto. Helena había sido invitada a petición de Bubbles pero no sólo por cumplirle su deseo de que nosotros la conociéramos, o más bien interactuáramos con ella pues su nombre sobresalía del resto, sino porque gracias a ella muchos de los planes que habían para esta boda se hicieron realidad. Los contactos y el dinero podrían hacer maravillas en tiempos desesperados. Aunque se me dificultará aceptar lo último pues poco sabía de la procedencia de ese monto e imaginaba que nada tenía que ver con pagos moralmente aceptables.
–—Es grato por fin conocerte, Blossom Utonium.
—Igualmente—extendí mi mano para sellar nuestro cordial saludo.
—Bubbles me ha contado muchas cosas de ti—respondió segura en lo que tomaba asiento en la silla próxima.
—Oh vaya que casualidad, en mi caso ha hecho lo mismo. —rió, otorgándome la razón al conocer la particularidad parlanchina de Bubbles y el ahínco con el que hablaba de sus más queridos.
—Estoy sorprendida por todo esto, ha hecho bien su trabajo—comentó con deje de orgullo en su voz.
—Ha sacrificado horas de sueño por hacer realidad los míos.
—Así que siempre quisiste casarte—afirmó.
—Sí, no era mi mayor deseo, pero la idea estaba ahí.
—Supondré entonces que estás emocionada por enfundarse en el vestido y caminar hacia el altar —podía analizar en su palabrería que algo escondido, algo que no destinaba del todo a darme ánimos.
—Así es—no le daría el gusto de verme dudar, porque suficiente tenía con la arpía de mi consciencia. Mi estómago rugió anunciando su desesperación por un trozo de comida, tan ocupada como estaba, me había olvidado de alimentarme.
—Ah querida no sé si alegrarme o entristecerme por ti.
—¿Qué quiere decir? —tajante pregunté.
—Lo que quiero decir, es que este ritual es solo una pantalla que te esconde la verdad de un matrimonio… Porque te darás cuenta, querida, no hoy, ni mañana, pero te hallarás a ti misma preguntándote si esta fue la mejor decisión. Las mujeres exitosas no estamos hechas para el hogar, no a menos que renunciemos a algo que amamos—sonrió con vehemencia después de levantarse debido al llamado del Antony.
—¿Todo bien, Blossom? —preguntó la Señorita Keane al observar como esa mujer abandonaba el cuarto. Aparentemente, mi madrina había oído nuestra charla.
—Sí…—Sin escrúpulos, tal vez intuyendo mis miedos o simplemente con ganas de divertirse exteriorizó su opinión sobre el matrimonio. Yo sabía por rumores que se había casado tres veces y ninguno de ellos había funcionado. ¿Qué si causaron mella sus palabras? Sí, para mí desagradable sensación, sí.
Las habilidades de Verónica con las brochas eran grácil y delicada, tanto que no se percataba del difuminado de colores de sombras en mis párpados y eventualmente, me peiné. Luego de estas dos labores terminadas y las damas casi listas, faltaban sólo segundos para ser llamada.
—Blossy tienes 30 minutos, creo que ya debes ponerte el vestido—anunció Buttercup después de escuchar la demanda a través del auricular de Bubbles pues ella continuaba abajo organizando a los músicos, la entrada y la llegada de los invitados.
La morena hacía esfuerzos por suplir el papel de la dama principal entretanto llamaba e informaba a los demás sobre sus respectivas tareas. Buttercup había participado de este evento con sutileza, no desmeritaría su trabajo, había estado tan dispuesta a los deberes que no le importó volar hasta el otro lado del mundo para traer a los dos últimos músicos que faltaban para la cena de ensayo luego de que éstos perdieran el vuelo. Llegaron asustados por la velocidad en la que había cruzado el cielo, pero llegaron al final. "Y agradezcan que no rompí con la barrera de espacio-tiempo" se burló en la mañana la azabache. Bubbles simplemente había reaccionado así con ella porque la vio como localizador de su ira, porque sabía que en el fondo ella tampoco desmeritaba la buena disposición de la mediana.
Visualicé a Bubbles entrando más tranquila a mis aposentos una vez solucionó lo que debía solucionar, eso si se ignoraba las palabrotas que proliferaba hacia Butch "Me saca de quicio… un día de estos lo voy ahorcar"
Iniciamos la última prueba del vestido…
Y entonces, la última gota de temple que poseía, la última valentía… se esfumó.
Uno, dos, tres.
Uno, dos, tres.
Uno, dos tres…
—Blossom, bella, no te preocupes, tú no eres el problema.
Pero su voz la escuchaba lejana, abrumada por el temblor de mi cuerpo, el sonido tomó su distancia. Si la exactitud de las medidas estaba, ¿por qué ahora la prenda no cerraba? ¿no medí mi fuerza y por eso el cierre se dañó? ¿había engordado? Respira, respira, respira…Sin dignarme a mirar atrás, con el vestido a medio poner, salí corriendo de ese cuarto ignorando los llamados de todos. ¿Qué era esto? ¿Por qué me estaba pasando esto? Justo en la peripecia de la ceremonia, el vestido no cerró, no me quedó. No podía, no podía presentarme cuando tenía más miedo que seguridad, por qué tuve que esperar hasta que la gota desbordara el vaso, para sacar todo aquello que me acechaba en silencio.
Sin más prórrogas comencé a llorar por todo. Comencé a llorar por mis preocupaciones, por mis deseos y anhelos y por cada cosa que quise que saliera bien y salía absolutamente mal. Qué me importaba en estos momentos si estaba siendo pesimista. Tal vez era una señal para no casarme, un castigo por haberme enamorado de él.
—¡Blossy! —mi llanto no cesó con la presencia de Bubbles, de hecho, aumentó más porque odiaba que mis hermanas me vieran así—Blossy, ábreme por favor—la puerta de uno de los baños nos limitaba.
—¡Déjame, Bubbles!
—Mira, sé que esto es abrumador, pero no te pongas así, podemos arreglar lo del vestido. Antony se está encargando de eso, vamos, Blossy no me gusta escucharte así—su voz se quebró, pues tan empática como era no podía no sentir tristeza por aquellos que amaba.
—Bubbles no es el vestido—exclamé sollozando—¡Es todo esto! Estoy asustada, intranquila, tengo miedo de mí, tengo miedo de Brick, pero no por las razones que se esperaría, más bien por cambios que traería esto a nuestra relación. Sé que me oculta cosas, y sé que él sabe que yo intuyo que me oculta cosas. ¿Y si lo mejor no es casarnos y si esto daña la relación? La tolerancia es un factor clave, es el hito que marcó lo que hemos construido juntos. ¿Y si no puedo ser profesional, heroína y esposa? Antes de decir el sí, ya tenía estos pensamientos, me dejé llevar por emociones. ¿Sabes algo? Lo amo, maldita sea, lamento el vocabulario, Bubbles, pero lo amo. Y… y… en verdad, no sabes cuánto deseo que esto funcione… porque para mí desgracia, la idea de un final me quebranta el alma—mis palabras se cortaron, mi pecho dolió, mas el peso en mis hombros disminuyó una vez desfogué toda la verdad.
—Nadie dijo que el amor fuera fácil y tú misma me lo enseñaste una vez, ¿lo recuerdas? En esa ocasión donde pensé que no recuperaría lo que más amaba. Me enseñaste que lo que más hermoso del amor, es la dificultad que trae con él. Por eso es tan difícil definirlo… Tú misma lo sabes, Bloss, habrá tiempos oscuros, tiempos tristes, que te ayudarán a entender el porqué lo escogiste… los escogimos.
Abrí la puerta para contemplarla, nos abrazamos rápidamente trasmitiéndonos confort y confianza. Por saberme entendida por alguien que, sin importar si la situación difiere, ha vivido estos mismos miedos y dudas. No necesitábamos palabras para decirnos que nos queríamos. Necesitaba de mis hermanas, las quería a mi lado y agradecía que en todo este proceso… jamás me abandonaron.
—¿Te sientes mejor?
—Mejor.
—¿No más dudas?
—Hay muchas dudas, pero una vez liberado este dolor para mí sé que podré darles respuestas con ayuda de él.
—¡Esa la Blossy que conozco! —El humo de mariguana inundó mi olfato, al extremo de los cubículos salía Buttercup fumándose un cigarro. ¿Cuánto tiempo llevaba ahí? Lo desconocía. Pero sabía que fue el suficiente para escuchar mi verborrea, no por nada nos había interrumpido con ese mensaje de ¿apoyo?
—¡¿Por qué te estás drogando?! —Bubbles estaba alarmada al verla con los ojos achinados y sonriendo estúpidamente.
—Me estresé—respondió con simpleza levanto sus hombros. Buttercup ya estaba entrando a un estado en el que Bubbles y yo no éramos partícipes—, ¿creen que son las únicas que atareadas? Pues no, yo también lo estoy.
—Si no te comportas, te juro que…—La voz de Bubbles se interrumpió por el inesperado accionar de la mediana. Se había acercado rápido y con su dedo índice golpeó la nariz de la rubia haciendo un sonido "pop" como si de un bebé se trataba. No pude ocultar mi sonrisa pues entendí que era el mismo ademán que hacía con Anette cuando ésta comenzaba a llorar.
Mis lágrimas habían servido porque si instantes atrás hallaba a Buttercup en ese estado, me habría vuelto loca. Ahora, viéndola tranquila, quise retomar también mi temple para hacer lo que debía hacer.
—Cálmate rubia… que lo importante es el amor, el amor heterosexual—citó haciéndome reír mientras ella también reía y Bubbles rodaba los ojos reluciendo un atisbo de alegría—pero ya en serio, era necesario que te desahogaras, porque así vuelves a ser la misma ególatra y segura de ti que no le tiene miedo al éxito… Carajo, eres Blossom Utonio, nadie puede contra a ti.
—Apoyo a Buttercup… eres la mejor, Bloss. —Eternamente agradecida, las envolví en un abrazo fuerte.
—No lo arruines, ¿sí? —pedí con tono calmo a Buttercup una vez separadas y disipando con mi mano el humo de la yerba.
—Tú tranquila que yo ready—dijo levantando sus pulgares en aceptación.
—Ya, ya, las amo. En serio, con todo mi corazón… Pero, ¡necesito que te pongas el vestido y Vero debe retocar el maquillaje y hay poco tiempo! —alertó Bubbles, en un tono afanoso pero divertido.
—Si Mask Scara estuviera aquí nos ahorraríamos ese tiempo—propuso Buttercup.
—Já, recuerdan que fui a la única que no pudo maquillar—egocéntrica relaté mientras nos dirigíamos a mi habitación para arreglarme.
—Sí… pero eso no evitó que te cayeras en el lodo—se carcajearon las dos mientras reía con ellas por tal humillación.
—Momento… ¿Quién te dio la droga, Buttercup? —antes de entrar a mis aposentos la sospecha en la cara de la rubia nos detuvo.
—No es quién crees—defendió instintivamente la azabache, huyendo de su mirada seria.
Esperaba que dichas palabras fueran verdad… no deseaba que Bubbles se estresara con Boomer y tampoco deseaba que lo regañara por su vicios. Al menos, no ahora, no hoy.
Los que me acompañaron en un inicio, ignoraron por completo mi maquillaje arruinado si con eso me sentía más sosegada. Antony se disculpó mil veces por lo del vestido, mas le hice saber que no habría problema si éste tendría arreglo. A tiempo récord, con el reloj jugándonos en contra a 10 minutos de la antesala, me prepararon como pudieron. El maquillaje fue más sencillo que el anterior, pero deje de darle importancia a aspectos superficiales. La Señorita Keane, se me acercó mientras todos tomaban posición antes que la marcha nupcial comenzara, me dio un dije que acomodó en mi cabello en simbolización al objeto nuevo para remembranzas nuevas.
Tomé el brazo de mi padre, quien me sonrió orgulloso. El violín junto al piano afianzó la nota musical entre tonadas cambiantes anunciaron mi llegada. El do revoloteaba por cada esquina del establecimiento. Mis rodillas temblaron al verlo en el altar con su expresión… tan guapo, tan seguro, tan dispuesto a compartir conmigo un para siempre. Y lo vi ahí, extendiendo su mano, esperando, esperando…
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La noche antes de la boda me quedé observando por largos minutos la escarcha en las orillas de las ventanas. Dediqué cada minuto a la calma y por primera vez en mucho tiempo no hubo pensamiento alguno que alterara ese inusual silencio en mi cabeza. No era consciente de cuánto había pasado en esa posición; cómodamente sentado y relajado en la elegante silla de cuero negro que hacía juego con la mesa de noche, la cual lucía un hipnotizante patrón de grafito en su base. Me perdí, además, en los sonidos de la ventisca golpeando ligeramente los vidrios y mi sentido del olfato se vio inundado por un olor a canela con manzana, proveniente de los productos que usaban las mucamas para mantener aseadas las habitaciones del hotel. Tan sumido en todos esos detalles, me permití cerrar los ojos unos momentos mientras seguía recargando mi mentón en el dorso de mis dedos, entregándome a las sensaciones tan cotidianas que había ignorado los últimos días por los infinitos preparativos.
Cinco, diez o quizás quince minutos pude conservar aquella placidez que no había encontrado solo, hasta que dos golpes firmes y demandantes al otro lado de la puerta deshicieron la paz y con ello, mi serenidad. Giré mi cabeza para mirar la hora en el reloj digital del estéreo queriendo comprobar lo tarde que era, pero las nueve y trece me dijeron lo contrario. Aún así, no fue la hora ni los golpes más insistentes que los anteriores los que me hicieron resoplar por lo bajo, sino la voz de mi hermano quien pedía hablar conmigo.
Me puse de pie lentamente y me encaminé hacía la entrada sin pronunciar algún vocablo. Me encontré con Boomer alzando una botella de vodka en su mano derecha y dos vasos en la izquierda mientras me sonrió con travesura sin esperar a ser invitado pues, como costumbre nuestra, entró directo al cuarto hablando de lo mucho que había anhelado probar esa reciente adquisición desde la cena de ensayo.
—¿No deberías estar durmiendo? —Pregunté luego de notar toda esa energía en él ya que no perdió ni un segundo para destapar la botella y comenzar a servirnos.
—¿Es una pregunta para mí o para ti mismo? —Respondió juguetón y se adelantó a tomarse el trago como si de agua se tratara. Hizo lo mismo con el segundo y el tercero que se sirvió consecutivamente. Arqueé la ceja en un gesto intrigado, nunca lo había visto tomar de esa manera tan desesperado por sentir el golpe y mareo que el alcohol debe provocarte y de los tres, no era precisamente el más bebedor—, pude escaparme un rato y quise aprovechar antes de que la niña o Bubbles lo notaran. Una duerme y la otra sigue afinando ciertos detalles aunque no debe tardar en acostarse.
—Entonces debo suponer que tu invasión a mi cuarto y no al bar es para resguardarte de tus responsabilidades—me burlé—. Como sea, mejor debiste molestar a Butch. No habría dicho que no a esa botella.
—Lo hice, pero se adelantó a otros asuntos—dijo y luego se sentó en la otra silla de la mesa de noche—. Todos lidiamos con la espera antes del gran día; yo quiero beber un poco, él se coge a Buttercup escandalosamente y tú... —se detuvo luego de ver que todo el cuarto estaba impecable, como si nadie hubiera estado pues ni la cama me había molestado en deshacer—, bueno, lo que sea que estuvieras haciendo, no importa ahora porque he decidido que me vas a acompañar.
—¿Me quieres embriagar? —Cuestioné sardónico aunque su reacción fue más exagerada de lo que esperaba. Se removió incómodo luego de recordar la fiesta que habíamos tenido una semana antes en compensación por el caos que resultó ser mi despedida de soltero. Lo que sea que hubiera pasado aquella ocasión debió ser demasiado bochornoso para ellos, porque sinceramente yo no recordaba un carajo. Tanto Butch como él no volverían a hacerme beber hasta destapar al desagradable borracho que hay en mí. Por lo poco que quisieron soltar a la mañana siguiente, solo pude concluir que ni yo estaba dispuesto a hacerlo de nuevo.
—Mierda, no—soltó queriendo desviar las imágenes mentales que le llegaban a la cabeza—. Solo será un rato y luego podrás irte a dormir. Además necesitaríamos todo lo que está visible en el bar para lograr que quieras vomitar hasta tus entrañas. No, lo que yo quiero es que te relajes conmigo un momento.
—Ya me encontraba tranquilo antes de que vinieras—volví a sentarme en la silla donde me vi imperturbable minutos antes de su llegada, y tomé el vaso para probar el ardor de ese vodka deslizándose por mi garganta.
—No me importa—masculló infranqueable—. Robé esta botella para terminárnosla así que no me iré hasta que eso suceda. Empieza a beber si quieres que me largue.
—Cuando no controlas tus hábitos es porque escondes algo más—mencioné aludiendo al detalle de la botella robada. Boomer lo hacía cuando se encontraba muy distraído y esa vez lo noté demasiado inquieto—, ¿qué te pasa, zoquete?
Me estudió por una breve fracción de segundos y se encogió de hombros para terminar su quinto vaso. Lo miré detenidamente y sonreí ladinamente, leyendo como sus expresiones corporales delataban un ligero nerviosismo. Por los años aguantando a ese maldito inepto, sabía que escondía levemente su labio inferior al morderlo cuando no quería hablar del todo. De igual manera desvió su vista de la mía con su ceño fruncido porque odiaba que yo lo viera tratando de escudriñarlo siempre.
Silencio. No iba a decirme fácil.
—Bien—cedí en apariencia luego de tomar la botella, servirme el segundo vaso y tomarme todo el tiempo para degustar la fuerte sensación. Una vez deposité el vaso vacío de vuelta a la mesa, le sonreí mostrando los dientes—. Escucha, animal, tengo todo el puto derecho de obligarte a que me lo digas o si no, le haré saber a tu novia que estás aquí. Pierdes más tú que yo porque en teoría ya debería estar tratando de dormir.
Bufó con fastidio y me dedicó un rápido insulto.
—¿No estás nervioso? —No estaba evadiendo mi amenaza con una pregunta porque capté enseguida que para poder decirme sus preocupaciones primero tenía que saber de las mías si acaso seguían existiendo.
—No—mi sinceridad lo hizo analizar más de la cuenta pues ladeó su cabeza y se cruzó de brazos para demostrarme así que no me creía del todo.
—¿No?, ¿no estás ni un poco perturbado por todo este asunto de la boda?
—No lo estoy—esta vez no tuvo más opción que aceptar mi postura debido a la seguridad con la que solté mi respuesta—, ¿por qué tanta insistencia en saberlo?
—Porque me es difícil aceptar que todo esto esté ocurriendo—dejó una pequeña pausa a propósito, por si a mí se me ocurría decirle lo que quería escuchar aún si no era necesariamente la verdad. Al no tener nada, procedió a continuar más forzado—. Quiero decir, te vas a casar mañana. Tú, el maldito bastardo que hace no mucho se metía con cualquiera porque eras igual de zorra que tus ligues. Es como si fueras otro... pero luego sigues actuando como ese molesto sujeto egocéntrico que tanto me irrita, y así vuelvo a sentir que eres mi hermano, el de verdad.
No había rastro de mofa en todas sus palabras. De hecho, estaba siendo tan honesto como le era posible.
—Ay, mi pequeño cretino... ¿Pues cómo piensas que debo ser para que me veas como tu hermano "de verdad"? —Inquirí genuinamente interesado en su perspectiva de las cosas—, solo oficializo algo que ya debiste ver venir.
—No me refiero al hecho de que estés con Blossom—se adelantó a explicar—. Aunque en su momento eso me tomó por sorpresa la verdad es que nunca lo sentí imposible, porque siempre pensé que algo similar te pasaba como a mí con su hermana. Eventualmente creí que Butch terminaría igual, y vaya que no me equivoqué. Pero era eso; estaba tan seguro con respecto a ustedes que no cabía la idea de tomarlos por unos completos desconocidos. Seguía al tanto de esos detalles que solo nuestra cercanía nos permitía saber. Pero ahora... justo cuando te mostraste tan decidido aún sabiendo que tendrías que limitarte como nunca antes, me hizo caer en cuenta de lo poco que conocía a mi hermano mayor.
Escuché atento cada razón suya sin querer juzgarlo. Me di cuenta que ya no éramos los niños de antes que aprovechábamos cualquier excusa para molestar al menor luego de que hablara sobre sus sentimientos o cualquier otro pensamiento íntimo con nosotros. Desde pequeño, Boomer fue el primero en entender ese lazo fraternal mucho antes de que Butch o yo admitiéramos que nos necesitábamos. No por nada se aferró a la premisa de los tres contra el resto del mundo. Y aún así, viéndolo unos años después ya teniendo facciones más maduras en su cara, lidiando como podía con la idea de ser un adulto, no evité ver en él a ese niño ingenuo, a uno quien no tenía idea de lo mucho que había ignorado su visión de las cosas. Por supuesto, mi egoísmo no me había permitido verlo desde su postura porque siempre posicioné mi búsqueda de la independencia como lo primero en mi lista. Me enfoqué en hacer las cosas que quería y creí que mis hermanos debían hacer lo mismo por esa costumbre mía de creerme su guía perpetuo. Era tan contradictorio como intenté hacer que ellos no dependieran más de mí para que me permitieran alejarme paulatinamente, pero en una forma indirecta los forcé a aceptarlo sin tener en consideración sus opiniones.
Soy ese líder impuesto a tomar las decisiones y dar órdenes porque así pensé debía ser, hasta que me encontré agobiado por la responsabilidad de cuidarlos como si fuera su padre. Pero jamás quise jugar a ese papel conscientemente, de ahí mis inmensas ganas por conocer a más personas de los bajos mundos y ser conocido como un villano autónomo. Lo acepto, mi arrogancia me llevó a fijarme como meta ser más que un Rowdy Ruff Boy. Mas, en el fondo, no podía negar a mis hermanos y quise que ellos pensaran como yo. Mi justificación fue por querer ayudarlos aunque, en realidad... la cruda realidad, fue para no sentirme culpable por mi soberbia.
—Soy tu hermano mayor, imbécil—hablé luego de meditar en silencio su corto monólogo—, y para tu desgracia seguiré siéndolo así me veas como un extraño. Si temes que las cosas cambien drásticamente porque voy a casarme o porque en un futuro quiera hacer algo que salga de tu ideal sobre mí, estás preocupándote en vano.
Me hizo una mueca que quise catalogar como una tenue sonrisa.
—No me culpes por sentirme así. Las cosas están cambiando a un ritmo tan... rápido, que me angustia no estar listo para afrontarlo—expresó con un deje de melancolía en su voz ya rasposa por el licor—. Intento tomarlo con calma pero en el fondo no siempre puedo hacerlo. Es estúpido, ¿cierto?, que yo esté hablando cuando fui el primero en hacer lo impensable.
—El problema que estoy viendo aquí es que siempre estás dándonos un perfil que según tú debemos llenar. ¿Qué mierda importa si vives diferente a como lo imaginabas? ¿Acaso crees que esto se trata de cumplir con una imagen? Por favor, Boomer, somos jodidos villanos. ¿Cuándo nos importó cumplir expectativas?, y aún más, ¿a quienes supuestamente les debemos el gusto? Si ni a ti, al retrasado de Butch o a mí jamás nos interesó la opinión ajena. Ahora, si crees que el otro patán y yo esperamos algo de ti, estás bien idiota.
Esta vez su sonrisa duró más de un milisegundo para luego negar con la cabeza, pensativo a la vez que se perdía en esa escarcha hipnotizante.
—Carajo, ¿por qué siempre terminas siendo el que reconforta justo cuando yo venía con las intenciones de hacerlo?
—Mejor así—hice una pausa luego de apreciar con él la congelada ventana—. Eso comprueba que hay cosas que siempre van a permanecer. Entre todo, esta porquería sentimental que nos obligas a sacar.
Su risa borró cualquier rastro de duda que quedara en él y escucharlo así me trajo más calma que antes. Tuve que admitir para mis adentros que eso de la empatía a veces me funcionaba con ellos. Par de infelices, saben cómo molestarme de diferentes maneras...
—Bueno, se hace tarde y tienes que descansar—enunció levantándose de su asiento mientras tomaba lo último de su –quién sabe cuál– vaso. Perdí la cuenta luego de la seriedad de la plática, sin embargo, no había forma de que eso fuera relevante pues, si bien el rubio no tomaba tanto si lo comparábamos con el alcohólico de Butch, seguía soportando mejor la bebida que un humano normal por su condición de super. Gracias a esa resistencia, podía regresar sin problema hasta su habitación sin fastidiar a la madre de su bebé.
Apenas se retiró pude acostarme en el colchón, y ahí, encima de la gruesa y mullida sobrecama, ubiqué mis pensamientos en mi prometida. ¿Cómo podía estar nervioso ahora si era ella quien me ayudaba a sobrellevar cualquier conflicto? La había convertido en mi ancla con todas las intenciones y mejor manera de alejar el estrés no existía para mí. Me concentré en cada característica de su rostro; sus tres diminutos lunares en la mejilla que mi memoria los podía ubicar sin problema aún si no los estuviera viendo directamente, me bastaría con tantear con la yema de mi dedo para dar con éstos de tanto que pasé mi mano por ellos cuando se quedaba dormida luego de gozar con nuestros cuerpos. Disfrutaba ver la forma en la que caían sus pestañas, tan apacible y serena aunque del mismo modo me encantaba apreciar la curvatura de sus cejas apoyando la expresión de sus orbes rosas cuando se enfadaba, se reía o estaba tan concentrada en sus tareas de la facultad. ¿Cuántas veces no me fijé en la delicadeza de su mentón cuando llevaba distraídamente su pluma a éste mientras que el perfecto equilibrio entre grosor y finura de sus labios volvían a tentarme de morderlos? Y cuando me atrapaba viéndola por el peso de mi mirada que la hacía conocedora de mis intenciones por devorarle, sonreía cómplice de mis deseos por ver, una vez más, mil, millones, eternas veces más, esa piel sonrojada y tan tersa salpicada en más lunares.
No sentía nervios. No podía llamarle así a la sensación de querer verla de una vez por todas luego de tanta ausencia por la organización y su vida profesional. Eran ansias lo que mi estado experimentaba con la ausencia de su torneada figura sobre mí. El único alivio era la fantasía de verla en su misterioso vestido de novia, con la promesa de impregnarse en mi memoria para siempre y volverla mía. Por fin mía.
.
Faltaban 42 minutos cuando me acerqué al altar decorado y preparado para que un juez nos casara legalmente. Algunos de los invitados ya habían llegado con mucho tiempo de antelación para ocupar los mejores lugares que creyeron adecuados para ser testigos del evento más "inesperado de sus vidas", o eso es lo que decían algunos tabloides de la prensa cuando el tema de mi boda con una Puff les llegó hasta sus escritorios anhelantes por jugosas notas locales. Pocos fueron los escogidos para asistir, me había asegurado que la fecha no se filtrara y así descansar de ojos indeseados, no obstante, era notoria esa diferencia de asientos ocupados por el lado de la novia.
Estuve tan inmerso que de no ser por esa observación hecha por Boomer, habría ignorado el detalle que algunos evitaban a propósito estar tan cerca luego de no alcanzar un lugar decente del otro lado. Prefirieron tomar su distancia hasta el final aquellos que se veían obligados a ocupar los de mi derecha, mas nada de eso fue especialmente relevante o sorpresivo para mí. Perversamente solté una risa altanera una vez que pasé al lado de una mujer mayor y provocar en ella un espasmo. Era evidente que estaban ahí porque apreciaban lo suficiente a Blossom para luchar contra sus miedos y una moral que los obligaba a detestarme.
Miré la hora; 37 minutos más... Busqué con la mirada al patán de mi padrino pero al no verlo por ningún rincón comencé a fastidiarme. Conocía su tendencia por llegar tarde a todos los lugares pero le había amenazado lo justo para que no lo hiciera hoy.
—¿Dónde está el idiota? —Demandé saber una vez Boomer se me acercó para ayudarme a acomodar ese molesto corbatín que tenía que soportar para esto. No me sentía del todo incómodo, aunque era verdad que nunca había usado un traje tan elegante. Era una experiencia que hasta a mi hermano menor le costaba asimilar pero lo hacía por mí, cosa que agradecía y deseaba que el otro hiciera lo mismo con, al menos, presentarse de una vez por todas.
—No lo sé, la última vez que lo vi estaba saludando a Asher, Joy, Mael y Otto.
¿Esos tipos habían llegado a la ceremonia? Mi asombro no fue raro cuando había esperado que a lo mucho fueran a la recepción. Que ya estuvieran aquí solo podía significar que, o bien, querían comprobar que era cierto que estaba atándome de por vida con una súper heroína... o porque encontraban la boda de un colega algo tan normal que asistir era un acto hecho de buena voluntad. Por supuesto, hablaba de mis invitados y la primera opción era más acorde a esos bastardos.
—Se hace tarde—aclaré más interesado en la tardanza de Butch que en su rasgo social con esos criminales a quienes irónicamente catalogaba como confiables—. Falta media hora y más allá de ser un maldito narcisista arreglándose no veo porqué debe tardar tanto.
—Uy, estás irritable—se burló el menor—. Tranquilízate "señora histérica", ya llegará antes que Blossom.
Me alejé de mi lugar ignorando todo y me senté en una de las sillas vacías donde se supone estaría Mojo. No pasaron ni diez segundos cuando frente a mí ya estaba aquel mono que no había visto desde hace unas dos semanas. La coincidencia había parecido una forma perfecta de invocarlo una vez alcé mi vista y noté como lucía un esmoquin gris.
—Oh por todos los infiernos, te ves ridículo—manifesté olvidando por un momento mi creciente enojo hacía Butch. La presencia de uno de mis creadores llamó la atención del resto pero como yo, él ignoró toda habladuría entre susurros. Sin embargo, no lo hizo así cuando Boomer se acercó para analizarlo mientras éste aguantaba las ganas de soltar una carcajada.
—Par de engendros irrespetuosos—declaró arrastrando cada letra con su usual voz rasposa—, no conocen la etiqueta de una vestimenta adaptada, apropiada, ajustada y adecuada, para la asistencia de un evento de alta categoría como este.
—¿Y por eso usas ese estúpido sombrero de copa? —Cuestionó mordaz mi hermano, pero no esperó a que le respondiera con la clásica verborrea cuando una llamada a su celular los interrumpió. Por su cara supe que se trataba de Butch.
—Pregúntale dónde mierdas está—ordené.
—Ah... sí... —musitó Boomer mientras escuchaba los gritos y risas del moreno que alcancé a oír al otro lado de la línea—, espera, ¿qué...? Pues ven rápido que ya se puso insoportable—no enterarme de nada le dio la razón a ese rubio que solo sabía sonreír altanero. Claro, como no lo vi antes, desde luego que él sabía dónde estaba el otro inepto pero tanto misterio no me tranquilizaba para nada—, está bien, aquí te esperamos.
—¿Qué sucede? —Preguntó ahora Mojo quien ya se había sentado en su lugar una vez me puse de pie para probar si seguía conservando mi temple. El tiempo transcurría y mi tendencia a tener todo bajo mi control ya empezaba a cobrar factura.
—Parece que ya viene la novia—mi confusión lo obligó a aclararse—, eso me dijo así que preparen todo y ponte en tu lugar.
—Aún falta tiempo y el juez no ha salido de su oficina, ¿qué mierda están...?
Pero no pude terminar mi cuestionamiento cuando parte de mis invitados ya se acercaban a las sillas. Apenas intercambiamos algunas miradas, asentimientos de cabezas y gestos cómplices desde la distancia cuando Boomer me obligó a situarme en mi puesto. La repentina conmoción incluso provocó que la gente de las Superpoderosas guardaran silencio esperando lo que se supone no pasaría hasta dentro de 25 minutos. Entonces, me vi resistiendo todo impulso de entrar en una crisis sin sentido. ¿Qué clase de efecto de mierda era este cuando anoche estaba tan decidido a soportarlo todo?, ¿por qué justo cuando ya estaba pasando mi pecho se contraía frenéticamente mientras en mi exterior me obligaba a disimular?
Sabía que debí fumarme un cigarrillo cuando tuve la oportunidad, pero no, ahí ya estaba yo limitándome. Busqué con la mirada una última vez a mi estúpido padrino pero era más que inútil. No obstante, ahora me importaba más la ausencia del hombre que nos casaría.
—Ve y busca a ese viejo juez—le exigí a Boomer pero su calma me sacó más de quicio.
—No es necesario.
—¿Por qué coñ...?
—¡Pongan la música, gusanos! —El grito de Butch al fondo del otro lado de la puerta me interrumpió y no comprendí si estaba aliviado o irritado por ello.
Un silencio tan abrupto como se había presentado toda esa extraña situación, se hizo notar una vez que recibí los pulgares arriba de Boomer con una afable sonrisa. ¿Qué demonios pasaba y por qué no había visto ni una jodida dama si se supone que ya detrás estaba mi futura esposa? Se supone, también, que Butch debe estar a mi lado para este momento, ¿no? Bubbles nos dio las indicaciones, ¿dónde estaba esa maldita rubia? Negué con la cabeza por inercia ante ese cúmulo de emociones confusas. No, algo no estaba bien y desconocer de qué se trataba me hizo luchar con un pánico del cual no sabía podía poseer.
El comienzo de esa clásica marcha nupcial me alertó y me hizo entender que ya no había tiempo de sobreanalizar las cosas. Sin embargo, justo cuando debía prepararme para recibir a Blossom con las puertas abriéndose a un tempo del himno, éstas lo hicieron de modo brusco al son de una clara distorsión de la pieza. Se trataba de una versión más estruendosa que para nada iría con el estilo de mi prometida pero, era precisamente ese detalle el cual lo dejaba todo en claro.
Pues ese de ahí no era mi futura esposa.
—¡Ya llegué perras!
...
Para describir lo que ocurría y ocurrió a continuación me basta con decir un breve enunciado: Mi padrino, el de apariencia tosca y de matón, vestía de novia.
No recuerdo con exactitud lo primero que hice porque la sorpresa me hizo olvidar que un grupo de personas estaban viendo lo mismo que yo y apenas fui consciente de las risas que sirvieron de fondo. De pronto me vi soltando la carcajada de mi vida mientras llevaba una mano a mi cabeza. Me escuché maldiciendo entre risas, luego de que algunos comentarios de esos colegas míos de dudosa ética vitorearan y silbaran para alentar la broma.
Butch usaba lo que parecía un vestido blanco con volantes aunque la parte superior del corsé no le había cerrado bien y quedaba muy flojo como desgarbado, ¿de dónde coño lo había sacado? Incluso el ramo que tenía era uno improvisado con flores artificiales que reconocí del hotel. Dicha imagen de mi hermano menor fue tan bizarra en el sentido anglosajón de la palabra, que apenas pude recuperarme de la risa cuando vi como se pavoneaba hacia el altar. Mis manos hicieron un hueco cubriendo mi boca y nariz para intentar controlarme pero la actuación "femenina" del moreno no me ayudó en nada.
—Este es el día más feliz de mi vida—se amaneró con una voz chillona, muy forzada, misma que hacía cuando jugaba con gestos demasiado exagerados.
—Eres subnormal—me sinceré con una sonrisa estúpida en mi cara, por lo que todo el enojo y estrés que tenía antes se esfumó a causa de todo ese circo absurdo. Sí, así era el estilo de ese imbécil.
—¡Vivan los novios! —Gritó Mael, un amigo que los tres teníamos en común y que habíamos conocido en un atraco de nuestra parte a su propia casa cuando teníamos ocho. Historia graciosa pero irrelevante ahora que la gente aplaudía divertida centrándose en la mofa que me hacía este par, pues Boomer aprovechó el número para jugar a ser el juez que nos casaba.
—A ver—llamó nuestra atención cuando se subió al postrado—, ¿aceptas a este marica como tu legítima mujer en las buenas y en las jodidas porque no te queda de otra?
—¿Quién te dio el poder de casarnos? —Le cuestioné entre risas.
—Mis huevos, ¿aceptas o no?
—Ni de coña.
—¡A no, papito, ahora me cumples!—me amenazó con su tono agudo al tiempo que tronaba sus dedos en un ademán, luego se enfocó en Mojo quien no tenía ni la menor idea de qué cara debía poner. No lo culpaba, ¿cómo debes actuar más allá de reír o sentir pena ajena luego de ver a tus creaciones hacer el tonto? Por supuesto, a Butch no le importó y con el cambio drástico de su voz más gruesa y ronca le incitó a participar en esta cosa—. Padre mono, ve sacando tu láser a ver si así no cambia de opinión.
La exhalación conjunta le dio un toque a tal teatrillo improvisado que quedaría en el vídeo porque el camarógrafo ni corto ni perezoso estaba grabando todo con lujo de detalles y enfoques. Sin contemplarlo me habían inducido a uno de esos melodramas que de vez en cuando hacíamos los tres porque no teníamos mucho qué hacer, lo novedoso es que ahora teníamos mucho público.
—¡15 minutos! —Avisaron entre la pequeña multitud que seguía consciente del tiempo. Una de las damas se había acercado y aunque no alcancé a ver de quién se trataba, entendí que ya era tiempo de ponernos serios. Butch captó la señal y antes de irse a cambiar pronto como le correspondía, se acercó a mí para abrazarme.
—Gracias, imbécil—le susurré honestamente, correspondiendo al gesto. No sabía que necesitaba tanto de una sus clásicas idioteces como recordatorio a nuestra fraternidad. Al final, Boomer no había sido el único preocupado.
Los minutos faltantes fueron más llevaderos y con ellos la actitud de los invitados de parte de Blossom. Supongo que vernos en un contexto distinto al acostumbrado y conocer esa faceta boba de los tres, los hizo relajarse inesperadamente. Y aunque no me resultara importante conocer los pensamientos de esas personas, sus expresiones faciales y corporales
reflejaron amabilidad. Desde luego, solo eran simples suposiciones, no por vernos en nuestro lado más ameno significaba que tenían que aceptarnos y perdonarnos por todo.
3 minutos...
Permanecí quieto, congelado y concentrado en la mayor emoción del día. De repente todo el lugar se vio reducido a un espacio vacío en mi mente. Estaba solo, pero eso estaba bien. La música, la verdadera tocada por esos violines y no guitarras eléctricas, hizo mella en mis sentidos donde un cosquilleo hormigueante se extendió de mis yemas hacía mi pecho y hombros. Las puertas se abrieron lentamente y con ellas la imagen de la protagonista del momento invadió cada rincón de mi subconsciente.
Sé que su padre me miraba depositando todo su orgullo en mis manos, pero la única a quien veía era a Blossom. Ladeé mi cabeza, embelesado por el trance de su paso por esa alfombra y me encontré sonriéndole levemente sin controlar mis impulsos de observarla con anhelo. Debí dedicarle todo de mí en esa mirada pues ahí estaba su reacción en su rostro.
Tan... hermosa.
Le tendí la mano para que subiera conmigo al último peldaño donde el ministro ya nos esperaba. La sujeté con una inofensiva fuerza que tenía la intención de expresarle todo; lo mucho que la había extrañado, lo mucho que necesitaba sentir su tacto, lo perfecta que estaba luciendo de blanco ante mí... Y lo enamorado que me encontraba, alabándola desde mi silencio y profunda admiración.
No quise soltarla. Así debía ser. Así se sentía amarla.
Y era mía.
Eternamente mía.
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.
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Lenore aquí
Y ya estamos en la preliminar de la fiesta, en los acontecimientos que pasaron antes de exclamar el grandioso sí. Pues nada, Blossom es de piedra y reprimirse de mucho le iba a traer consecuencias. De todas formas, esto le servirá a estar más segura de su decisión.
Ahora, Helena es uno de mis OC que he venido trabajando durante un tiempo, decidí que era momento de mostrarla en esta ocasión, ya que, su opinión influye bastante en Bubbles y en el cómo ella se vuelve organizadora de eventos. Por otro lado, se preguntarán, ¿bueno y esta quién se cree para hablarle así a Blossom? Helena es una cínica, tenía una opinión sobre las chicas superpoderosas. Las miraba fuertes e independientes, pero al ver como éstas cayeron por hombres, su visión fue cambiando y desmeritando sus acciones, sobre todo en Blossom.
Y nada, subo esto a las prisas antes que se pierda fecha, pues voy llegando de cenar.
¡Gracias por su apoyo!
Esperamos que lo estén disfrutando.
pdta: las chicas llegan a ser agresivas entre sí pero se quieren mucho (?)
Mortem en las notas…
La imagen de un Butch con vestido de novia fue una de esas ideas que llegaron por mero "mame" a las conversaciones de WhatsApp cuando preparábamos este especial, hasta que pensé; "Nel, es que sí va a pasar. Ellos son así de ocurrentes. Tengo que escribirlo, sería impensable hacer que se comporten." Y pues nada, recréenlo en sus cabezas viendo al Ruff verde como una chica linda (?)... si ignoramos que es enorme, no le prestamos atención a sus músculos, y no nos detenemos en sus tatuajes como rasgos pronunciadamente varoniles en su cara que lo hacen ver grotesco… ¡Pero ey, el labial que se puso lo compensa (?)!
Ya casi llegamos al final, gracias por leer y seguirnos. Recuerden seguirnos en instagram donde compartimos más de este proyecto.
¡Nos leemos! :D
