Antes que nada quiero agradecer a todas las personas que se movilizaron y ofrecieron su apoyo incondicional a la justa causa de apoyar a las comunidades, municipios y delegaciones del sur y centro de la República mexicana ante los sismos del mes pasado. Gracias por su apoyo.


Little witch academia, es propiedad de Trigger. El siguiente fanfic esta escrito sin fines lucrativos.

cualquier parecido con la realidad es mera ficción...

Los campeones le dicen NO a las drogas.


La bella durmiente.


Miraba el cielo azul con una mueca que presentaba intriga. Había permanecido un buen rato así y sus amigas, quienes ya se habían dado cuenta de ello detuvieron su comida y la observaban esperando a que se dignara a hablar.

Rodaba los ojos mirando al cielo como si buscara algo en el, mientras la rebanada de pastel a medio comer esperaba a ser terminado.

Después de un rato volvió la mirada a sus amigas y hablo.

- ¿Cómo se le declararían a la persona que les gusta?

- ¡¿EHHHHHHHHH?!

La voz sorprendida Lotte no se hizo esperar a la pregunta de su amiga, Sucy por otra parte se mostraba indiferente como de costumbre y simplemente encogió los hombros.

-Es una pregunta sería, hace tiempo que estoy pensando en eso y no he encontrado la forma de hacerlo.

-Bueno… -intervino aún nerviosa Lotte - supongo que podrías hacerlo de la misma forma en la que lo hizo Edgar en cae la noche, esperando hasta la noche de una luna de sangre para llevarla a la punta de la torre más alta de la ciudad y pedirle ahí que fuera su novia.

-Ehhh…puedes hacerlo de muchas formas, pero nunca lo hagas escribiéndolo en una carta... no sé, podrías decírselo en persona.

-Creo que hacerlo como en tu novela sería muy excesivo Lotte, y también pensaba hacerlo en una carta... en persona no se...

-Bueno, podríamos darte una mejor idea si supiéramos de quién se trata.

-¿Es Andrew?

-No, no es Andrew, Lotte, él es solo mi amigo y solo lo veo como eso.

-Debes de ser muy orgullosa para rechazar al "joven noble" Andrew -dijo Sucy después de dar un sorbo a su café-

-No es orgullo, solo les digo que no veo a Andrew como algo más que un amigo.

-Bueno, bueno ¿si no es el entonces quién es?

-Si ¿entonces quién es el desafortunado que te gusta?

-¡Sucy!

-Es la verdad Lotte, ¿a quién le gustaría estar con Akko?

Akko entrecerró sus ojos en una mueca de molestia para quedársele viendo a Sucy.

-Ya, ya entendí…es algo serio...

La oriental volvió a su semblante normal, lista para responder en el tono animoso que la caracterizaba.

-Bueno, en realidad no es un él…

Bajo la mirada un momento mientras chocaba sus dedos índices, dando un rato de suspenso a sus amigas y luego volvió su mirada a ellas.

»…más bien es ella.

Respondió sonriente y un poco sonrojada viendo a sus amigas, quienes discordaban de la felicidad de la oriental y la veían sorprendidas.

- ¡¿Eh? ¿Eh? ¿EHHHHHHHHHHHH?!

Un fuerte sonrojo invadió el rostro claro de Lotte mientras que Sucy por su parte cambió su semblante por uno desconcertado y con la boca abierta viendo a su amiga.

Akko cambio su semblante a uno más ligero, como si estuviera pidiendo disculpas a sus amigas.

- ¿Que con ese "Eh", Lotte? ¿Sucy?

La castaña rompió al fin la sorpresa de sus amigas quienes se dignaron a hablar.

- ¿Es en serio Akko? -comenzó Sucy- ¿O es una broma?

-No, no es ninguna broma…

-P-p-pero no has pensado en lo que dirá la...

-Si... -respondió en un tono algo desanimado la japonesa- si he pensado en eso... por eso se me hace un poco difícil...

-Somos brujas Lotte -intervino Sucy- tampoco es como si fuéramos bien vistas por las personas…

-Pero siento que después de lo del Gran Triskellion ha cambiado la forma en que nos ven...

-Aun así, seguiremos siendo brujas y continuaremos representando el mal para los ignorantes.

-Sucy tiene razón Lotte. Aparte las reglas se hicieron para romperse.

-Pero...

-Aparte vale la pena arriesgarse si es por amor -corto Akko sonriente- ¿no?

-Pero ¿y tu familia?

-Mmmhhh...Bueno...supongo que podrían entenderlo si se los explico...

-¿Y las demás personas?

-Bueno... sé que algunos lo entenderán y otros no... ¿Ustedes piensan que está mal?

-No, yo no pienso que este mal… tal vez m-me sorprendió saber eso… yo te apoyo, Akko.

Sucy solo la miro y se encogió de hombros.

La chica oriental les agradeció con una amplia sonrisa. Al fin se había armado de valor para confesar a sus amigas aquello que la mantenía despierta por las noches y ahora que sabía que contaba con su apoyo solo faltaba una última frontera para ella, la última y la más difícil.

-Bueno -rompió Sucy el silencio- volviendo a todo, si quieres confesártele a la persona que te gusta puedes hacerlo aquí Akko, no importa que este Lotte, ya puedes confesar lo perdidamente enamorada que estás de mí.

Aunque el tono de sarcasmo era claro en Sucy, Lotte no pudo evitar sonrojarse de nuevo.

-Siempre tan graciosa Sucy, -respondió Akko al sarcasmo de la mencionada- quisieras ser tú.

-No, no quisiera, tú quisieras.

Respondió fría pero sonriente Sucy.

-No, yo no quiero.

-Claro que sí y lo sab...

-Pero Akko, -corto Lotte aún sonrojada- aún no nos has dicho quién es.

-Si lo dijo Lotte, dijo que está enamorada de mí.

-Bueno, no sé si sea bueno decirles -respondió la castaña haciendo caso omiso al comentario de Sucy- pero puedo decirles que es… muy bonita.

Un largo y fuerte suspiro de parte de la oriental dio por terminada la respuesta.

-¿Es la maestra Ursula?

Pregunto Lotte tratando de mostrar dotes detectivescos.

-No, Lotte, no es Ella, ella es solo una amiga y maestra... y tampoco eres tú Sucy.

Esto último lo dijo adelantándose al comentario de la mencionada.

-Una pena, si fueras mi novia te daría pociones para que dejaras de estar tan plana.

- ¡Sucy! Akko está siendo sería.

-Y también yo -respondió Sucy en tono serio pero sin quitar la sonrisa de su rostro- o tal vez no...

- ¡Yo no estoy plana!

-Sí, si lo es…

-Bueno, bueno -intervino Lotte evitando una pelea verbal- si no es Ursula ¿entonces quién?

-N-no puedo decirles

-Ya se te ha ido mucho la lengua como para que nos dejes con la duda Akko

-¿Es Diana? -preguntó sería Lotte-


Apenas la limosina entro en el gran campo delantero del condado Diana pudo darse cuenta del empeño que habían puesto en mejorar la residencia. Sabía por parte de Anna que su tía Daryl había cambiado sus mañas de vender las piezas de arte y de legado familiar para entrar en el negocio de compra y ventas de acciones; algo similar a lo que hacía el dragón anciano Fafnir, y que de hecho había dado frutos a la familia Cavendish, haciendo con esto que el renombre de los Cavendish regresará poco a poco a la grandeza económica con la que antes había contado, aunque tristemente careciendo aún de la herencia en hechicería que hacía muchos años atrás ostentaba.

A pesar de que las mejoras en el condado Cavendish eran evidentes y emocionaban a Diana su bienvenida a casa fue amarga, pues desde su llegada había sido recibida por una muy preocupada Anna.

-Señorita Diana, estamos muy preocupados… su tía ha estado muy molesta desde el día de ayer; nunca antes la habíamos visto tan furiosa y parece ser que tiene que ver con usted ¿ha cometido algo indebido en la escuela? ¿Le ha faltado el respeto a alguien? ¿Ha gastado más dinero de lo debido? si ha sucedido algo grave estoy segura de que podríamos solucionarlo.

Por supuesto que Diana no había cometido ningún tipo de falta, de hecho, ninguna de las razones que Anna había dicho se ajustaba a algo que hubiera hecho, aunque estaba empezando a incomodarse por lo que ella le había dicho al principio. Ahora sabía que el motivo de citarla era para hablar acerca de ella y era algo que la había hecho enojar ¿que era aquello de lo que quería hablar su tía con ella? Freno por un momento todo ese sentimiento de incomodidad para responderle a su cuidadora.

-Gracias Anna. No sé qué haya pasado con mi tía, pero yo lo solucionaré con ella, solo entre ella y yo ¿está bien? Y no, tampoco he cometido ninguna falta que amerite el enojo de mi tía así que puedes perder cuidado por eso.

-Pero señorita Diana, ¿está usted segu…?

-Muy segura Anna, ahora por favor.

-E-está bien...

Anna aún tenía la palabra en la boca mientras abría la puerta principal de la residencia Cavendish, quería darle su apoyo incondicional en una situación que había puesto la residencia Cavendish de cabeza en las últimas horas. Sabía que algo grave había sucedido, pero igual que la joven rubia no sabía de qué se trataba.

Diana por su parte volvió a sentirse insegura, seguía sin entender la necesidad de su tía para hablar con ella; no recordaba haber hecho algo grave como para ganarse un citatorio tan urgente de su tía... pero su tensión aumentó cuando pasó por su mente una simple, pero compleja pregunta ¿y si su tía se enteraba de lo que sentía por Akko, que le diría?

No tuvo que esperar tanto a que eso sucediera.

Apenas entro a la residencia su tía ya la esperaba en el piso superior.

- ¡Diana, ahí estás!

Simples palabras que le cayeron como balde de agua fría. Fue en ese momento que entendió la preocupación de Anna y de la servidumbre por el temperamento de su tía. Y es que nunca antes la había escuchado tan enojada como lo hizo en ese momento. Si, su relación no era la mejor entre sobrina y tía, pero salvo algunos piques e insultos indirectos leves nunca le había alzado la voz y mucho menos lo había hecho con aquel tono.

La tensión aumentó mientras Daryl bajaba las escaleras.

-¿Puedo saber porque me requieres tan urgentemente tía?

Lanzó la pregunta lo más segura de sí misma que podía sin perder el aire educado que la distinguía. No quería mostrarse débil ante la actitud de su tía.

-Ahórrate las palabras, mocosa, tú sabes muy bien porque te he llamado.

Su tía se encontraba ya a solo unos pasos de ella y acortó la distancia hasta estar frente a frente antes de que la menor pudiera responder.

Para cuando su tía estuvo frente a ella pudo ver que sostenía algo en su mano derecha. Algo le pedía que prestara atención a ello y así lo hizo. Observo por un rato aquello haciendo caso omiso a su tía; trataba de descifrar que era eso que tenía en sus manos... hasta que pudo verlo bien. Su actitud serena se empezó a caer, dejando bajo de ella una actitud de sorpresa.

Aquello era el peor escenario que había imaginado con su familia. Nada la había preparado para eso.

-¡Diana, Mírame a los ojos mientras te estoy hablando!

»¡¿Qué es lo que significa esto eh?!

Diana alzo la mirada para ver el rostro furioso de su tía quien le extendía una hoja doblada. Su semblante sorprendido no tuvo ningún efecto en su tía.

¿Cómo había llegado la carta que había escrito para Akko hasta las manos de su tía?


-No, Lotte -intervino algo nerviosa Sucy- no puede ser ella, ella no es para nada bonita... tal vez le gusta Jasminka...

-¡Sucy! -está vez Akko intervino nerviosa- no, no es ella.

-¿Entonces quién es?

-Ya les dije que no voy a decir quién es, Lotte.

-Tal vez seas tú Lotte.

Una cruel y socarrona sonrisa se dibujó en el rostro de Sucy mientras observaba a Lotte sonrojarse otra vez, esta vez más fuerte que en las anteriores.

-Y-yo n-no, no p-podría p-p-porque...

-No Lotte, no eres tú -sonrió Akko tratando de relajar a la pelirroja- ni tampoco tu Sucy.

-Es Amanda, entonces.

Respondió Sucy dando el último sorbo a su café.

-Oigan, estoy tratando de ser sería, solo quiero que me den ideas de cómo confesarme y no me han dado ninguna que valga la pena.

-Lotte te dijo que necesitábamos saber quién era para poder ayudarte

-No es necesario saber quién es para que puedan darme sugerencias

Sucy resopló tratando de mostrar lo fatigada que estaba con el tema, pero respondió.

-Yo no sé de eso, pero podría aconsejarte que lo hagas en persona, solo no lo digas mientras esté hablando con alguien más ni mientras este comiendo…

- ¡Si, eso! –Exclamo la pelirroja aún con las mejillas sonrojadas- Aparte trata de hacerlo en un lugar donde no haya tanta gente o en un lugar romántico. Tienes que hacer que sea un momento inolvidable, Akko.

La castaña volvió a poner su mirada en el cielo mientras pensaba en los detalles que le habían dado sus amigas. Conocía un lugar muy alejado de la escuela y en el que no tenían permitido el acceso las estudiantes: la fuente de Polaris. Tal vez no tendría que ser forzosamente ahí, pero si por el área Norte de la escuela, una de las áreas menos concurridas.

Solo necesitaba una buena razón para citarla en ese lugar.

Al cabo de un rato se dio cuenta de que tenía la excusa perfecta para eso.

Volvió la mirada a sus amigas y les sonrió. Tomo sus cubiertos y termino con la rebanada de pastel antes de dirigirles la palabra.

- ¿Que haría sin ustedes?

-Seguramente llorar –respondió en un tono soso Sucy-

- ¿Ya sabes cómo lo harás?

-Yap, ya sé cómo hacerlo, no hubiera podido pensar en eso sin ustedes, chicas, gracias.

-G-gracias a ti por tenernos confianza.

-Si, como sea, ¿al menos sabes si tú le gustas a ella?

- ¿Eh?

-No habías pensado en eso ¿verdad?

-Pueeees… no…


Se cruzaron las miradas, Diana veía atónita a su tía y está la miraba furiosa; era la primera vez que su tía la miraba de esa forma y ya entendía el porqué de su mirada.

Lo último que pensó que sucedería estaba pasando ahí, en su propia casa.

- ¡¿Solo vas a verme con esa cara de idiota, Diana?!

La servidumbre que se encontraba tensa observaba cómo mudos espectadores la escena.

Diana no sabía que decir al respecto, pero solo se le ocurrió hacer una pregunta, una pregunta que la terminaría evidenciando como la artífice de aquella carta.

- ¿Tía... de donde sacaste eso?

- ¡¿Y a ti qué te importa de dónde la saque?!

-No debería de estar aquí -susurró Diana aún con la mirada atónita en la carta-

-Seguramente alguna de tus maestras se dio cuenta de estas conductas tan estúpidas tuyas, Diana, digo ¡¿cómo puedes hacer esto?! ¿Sabes lo que estás haciendo con el nombre de nuestra familia? de la familia que TÚ quieres proteger. ¿Y todo por qué? ¿Por una mocosa? ¿Acaso no te preguntaste en algún momento como se hubiera sentido tu padre o tu madre de saber que su hija y su única heredera era una de esas niñas "raras"?

»¡Y ustedes, regresen a donde estaban, no les di permiso de moverse!

La voz de Daryl resonó por la sala principal de la mansión, fuerte y furiosa, intimidando al personal presente. Nadie se movía, nadie hablaba ni susurraba, ni siquiera sus primas que estaban presentes lo hacían. La servidumbre por su parte se encontraba cabizbaja como si el regaño fuera también hacia ellos.

Diana volvió a llenarse de valor y encaro a su tía. La miró a los ojos, dispuesta a hablar.

-¿Quién te dio eso?

Pregunto pausando cada palabra y en un tono molesto.

-¿Tanto la quieres?

No hubo una respuesta a aquella pregunta, en cambio su tía arrugo el papel y se lo aventó en la cara. Trago su orgullo y se agachó para recogerla y desdoblarla... en efecto, era la misma que ella había escrito.

- ¿Sabes el asco que me da verte?

No hubo una respuesta verbal a esa pregunta, mas su mirada se volvió fría y agresiva, empezaba a hartarse de la actitud con la que su tía se dirigía a ella.

- ¡Maldita sea, Diana respóndeme! dime que esa carta es una broma estúpida, dime que no la escribiste tú.

El silencio se volvía incómodo, Daryl trataba de calmarse, de buscar una respuesta alternativa a todo eso, buscaba con ansias una respuesta que no fuera afirmativa por parte de su sobrina, pero cada segundo que está pasaba en silencio se iban hundiendo las ilusiones de que eso sucediera.

- ¿Es culpa de ella, verdad? Estoy segura que ella te está tratando de incitar a hacer ese tipo de cosas… anormales... ya sabes cómo son los japoneses.

Más silencio, y Daryl no pudo seguir calmando su enojo.

- ¿Sabes que es lo peor? Que la trajiste aquí... a ESTA casa, y en MI presencia. Seguramente se atrevieron a hacerlo aquí ¿verdad?

Ninguna respuesta verbal, solo podía ver los zafiros de su sobrina posarse en ella, una mirada furiosa, como si quisiera explotar, pero nada verbal.

-¡¿Es que solo imagina eso Diana?! Imagina lo asqueados que estarían tus padres al saber que eres ese tipo de mujer ¿acaso te educamos así? -suspiro pesadamente antes de hacer énfasis en lo siguiente que diría- tal vez solo estás confundida, si, seguro es eso, estás muy confundida y piensas que los hombres no te harán caso por ser una noble… aparte te hace mal estar rodeada únicamente de otras mujeres en esa estúpida escuela.

Silencio, ningún tipo de respuesta por parte de la menor. Se le había agotado la paciencia.

- ¿Vas a quedarte así como estúpida y no vas a responderme? Entonces voy a decirte algo... no quiero que la vuelvas a traer a esta casa... y tampoco quiero verte a ti aquí nunca más… ¡largo de mi vista!

Antes de que la Cavendish mayor se diera vuelta fue detenida por Diana que la tomo fuertemente del hombro.

- ¡No puedes correrme de mi casa!

El silencio que imperaba la sala principal de la mansión al fin se había roto.

Daryl sonrió fríamente y apartó de un manotazo la mano de su sobrina.

- ¿Y porque no? Ya has deshonrado bastante a nuestra familia. No eres necesaria aquí si no puedes continuar con nuestro linaje, si sabias eso, ¿no?

-¡A ti se te olvida que esta mansión era de mi madre, me pertenece a mí!

-Por favor niña, a ti se te olvida quién ha estado al pendiente de este lugar.

- ¡Tu vendiste parte de nuestra herencia y pusiste en riesgo el nombre de la familia por tu ambición económica, ¿con que cara me dices que yo pongo en riesgo a la familia cuando tú hiciste eso?!

- ¡Vendí lo que era necesario para mantener a esta familia mientras tú te divertías en esa estúpida escuela!

- ¡Estoy en la escuela para continuar con el renombre de esta familia!

- ¡¿Qué tipo de renombre?! ¡La magia ya no es necesaria!

- ¡Es necesaria!

- ¡Es necesaria para ti porque buscas una excusa para seguir viendo a esa maldita lesbiana!

Su tía apenas terminó aquella frase cuando Diana soltó una bofetada que no llego a su destino. Su tía detuvo el golpe antes de que la impactará.

Un suspiro colectivo se escuchó en el salón principal de la mansión.

- ¡¿Cómo te atreves a alzarme la mano a mí y en mi casa?!

- ¡Está no es tu casa, y no voy a permitir que hables de Akko de esa forma!

- ¡Yo he hecho lo suficiente para salvar el patrimonio de esta familia, algo que tus sueños de ser una bruja jamás podrán lograr, eso me convierte a mí en la dueña de esto!

»¡Y voy a hablar de esa mugrosa lesbiana asiática como me pegue la gana!

- ¡Piensas que solo por haber hecho eso puedes adjudicarte está casa cómo tuya?! ¡Una mujer amargada como tú no podrá devolver a la familia Cavendish la grande...!

Un rápido y fuerte golpe en su mejilla la hizo callar al instante, al principio no supo qué había pasado hasta que regreso la mirada a su tía. En el rostro de esta pudo ver enojo, tristeza y también lo que parecían ser lágrimas a punto de salir. Apartó su mirada de la de su tía y acaricio su mejilla justo en el lugar donde había recibido el golpe. La inflamación no tardó en aparecer. Le habían golpeado con el revés de la mano.

-Yo soy quien cuida de ti –hablo Daryl en un tono bajo que denotaba decepción y enojo- tu madre, mi hermana, me pidió que cuidara de ti ¿y terminas haciendo esto? No a mí, a toda la familia ¡tendrías que agradecerme a mí por ser la bruja que eres y me pagas de esta forma, manchando nuestro nombre por culpa de una maldita bruja lesbiana!

La lucha verbal había llegado a su clímax, Diana veía a su tía mientras trataba de contener sus lágrimas, pero no pudo hacerlo, no rompió en llanto, mas las lágrimas comenzaron a recorrer por sus mejillas.

Daryl Cavendish pudo retener mejor sus emociones.

- ¡Yo la amo!

Grito con lágrimas en los ojos la menor de las Cavendish. Esta vez no lo hizo para retar a su tía, lo decía sinceramente, para dejarle en claro lo que sentía por Akko.

-No vuelvas a poner un pie en esta casa -resoplo la mayor-. Si te sientes muy madura para hacer lo que quieras espero que sepas arreglártelas sola.

»Anna, llévala a la salida, no quiero verla nunca más frente a mí.

-¡No me puedes hacer esto, no puedes. Solo porque eres una maldita amargada que nunca sintió el amor por alguien más!

- ¡Anna, maldita sea ¿se te olvida quién te paga?! -grito furiosa conteniéndose las ganas de volver a golpear a su sobrina- ¡Sácala de aquí, llévatela, no la quiero ver!

-S-si señora... señorita Diana, yo no...

-¡Voy a volver aquí, y voy a volver con ella!

- ¡Anna!

- ¡Esperaba más de ti, tía!

-¿Ah sí? –pregunto la mayor, aceptando el reto de su sobrina- ¿esperabas más de mí? Entonces voy dar más de mi, y voy a mandar una carta a ese estúpido colegio para que te expulsen inmediatamente ¡Y nunca más volverás a ver a esa niña!

»Era eso lo que querías, ¿no?

La habitación volvió a quedarse en silencio. De los ojos de Diana brotaron aún más lagrimas, esta vez de frustración. Ella había empeorado la situación y ahora corría el riesgo de nunca más volver a ver a la chica que le gustaba.

Con la voz a punto de romperse pudo articular algo similar a una respuesta antes de ser interrumpida.

-¡Voy a estar con ella, y ni tu ni…!

-Señorita -susurró Anna mientras tomaba de los hombros a Diana- por favor señorita... salgamos de aquí.

-Anna...

-Señorita Diana, acompáñeme.

-¡Todos ustedes ya pueden continuar!

La voz de su tía resonó antes de que saliera de la residencia.

Aún no había una limosina esperando por ella, así que Anna aprovechó para hablar un poco con la rubia.

-De saber que esto sucedería nunca hubiera entregado esa carta, señorita, la hubiera roto cuando pude. Yo no sabía...

-Anna... no pasa nada...

Diana hablaba lentamente, mirando al piso secándose las lagrimas mientras bajaba poco a poco su frustración y enojo.

»Tú no sabías nada de esto

-¿Es cierto todo lo que dijo la señora Daryl? ¿…Sobre usted y la señorita Kagari?

La mirada de Anna era seria, no percibió nada extraño en ella. No perdía nada en aceptarlo, y tampoco había necesidad de hacerlo.

-Si Anna, es cierto, sobre lo que siento por ella...

-Entiendo señorita...

Antes de que la conversación pasara a un silencio incómodo decidió lanzar una pregunta.

-Anna, ¿quién envió la carta?

-Oh, ¿quién la envió? No venía su nombre, pero venía de su escuela, señorita.

-Gracias, Anna.

- ¿Pasa algo?

-Nada, solo necesitaba saber de dónde venía.

Sonrío forzadamente a su cuidadora ya que aún continuaba molesta por la riña con su tía. No obstante, sabía que tenía que moverse rápido y hacer a un lado su enojo y frustración. No permitiría que la expulsaran de Luna Nova y aparte tenía que dar con la persona que había mandado esa carta, fuese quien fuese se había tratado de hacer la inteligente al no poner su nombre en el sobre que había mandado a la residencia Cavendish, pero había cometido el error de mandarla desde la oficina postal de la escuela, solo necesitaría hacer unas cuantas preguntas y encontraría a la persona que lo había hecho.

Tenía muchas cosas que pensar en el camino.

Vio la limosina llegar desde el patio derecho de la residencia. Si las cosas salían bien llegaría a primeras horas del día siguiente a Luna Nova, lista para adelantarse a la petición de ser dada de baja. Ahora tenía el tiempo contado.

Sin embargo, no sabía que para entonces el mensaje de su tía había llegado ya a Luna Nova.

-Señorita Diana, ya llegaron.

-Gracias Anna... -se acercó a la cuidadora y la abrazo fuertemente por un largo rato antes de separarse-

-Sé que se le pasará el enojo a su tía, confió en eso, en que nunca la abandonaría a usted señorita Diana.

-No se Anna... no sé ni siquiera si quiero volver a verla... pero muchas gracias, gracias por estar conmigo.

-Gracias a usted señorita, me pondere en contacto con usted en cuanto pueda para contarle si algo pasa por aquí.

-Igual me pondré en contacto contigo.

El chofer de la limosina bajo de su asiento para abrir la puerta del asiento trasero y Diana entro. Entro arrastrando su frustración, tristeza, enojo y confusión, con la esperanza de que la avalancha de catástrofes se detuviera.

Pero la tragedia estaba aún lejos de terminar.

-Oh, señorita Diana...

- ¿Anna?

-Por favor, salude de mi parte a la señorita Kagari...

Alguien que la apoyaba en ese momento fue suficiente energía para no darse por vencida.

Sonrío sin necesidad de forzarse y asintió antes de hablar.

-Lo haré Anna, muchas gracias.

-Y si usted siente y sabe que es feliz con ella... hágalo, no se arrepienta. Siga los instintos de su corazón y tenga por seguro que sus padres dirían lo mismo. Cuídese y que vaya con bien en su viaje.

Una sonrisa gigante de dibujo en el rostro de la rubia y asintió nuevamente en forma de agradecimiento antes de que el chofer cerrará la puerta.

Salió en dirección a Luna Nova. Las nubes grises empezaron a tapar el atardecer.

Vendría una tormenta.


El manto oscuro de la noche se cernió sobre Luna Nova, un manto oscuro que venía acompañado de la sombra gris de las nubes que convocaban a lluvia sobre la vieja escuela.

Así fue. Una lluvia ligera comenzó a caer, aunque no sorprendió a las alumnas, ni las despertó siquiera, salvo por una.

Escucho la brisa de la lluvia golpear la pequeña ventana de la habitación y aquello fue suficiente para sacarla de un sueño ligero. Restregó su mano derecha sobre su ojo derecho mientras bostezaba tratando de hacer a un lado lo aturdida que estaba y después se quedó viendo las gotas de lluvia deslizarse sobre el vidrio. Poco a poco iba despabilándose hasta que su garganta le pidió algo de beber.

Cambio su mirada hacia enfrente para ver si Sucy estaba despierta... negativo, parecía que era la única despierta en la habitación. Se quitó las sabanas dejando entre ver sus largas piernas pálidas que recibieron al instante una suave corriente de aire frío que la termino por despabilar por completo.

A pesar de ello se levantó cautelosamente para no hacer mucho ruido y despertar a sus compañeras. No fue necesario mirar sobre su hombro para saber que Lotte también yacía dormida.

Sonrío antes de salir de la habitación. Abrió la puerta y salió del dormitorio en busca de agua.

Antes de bajar al piso de la cafetería algo llamo su atención, una sensación inusual se apoderó de su cuerpo, como si algo la viera desde las sombras del pasillo. No era algo que le ocasionara miedo, pero si curiosidad.

Antes de que se diera cuenta se encontraba en camino a la habitación de la maestra Ursula.

Caminaba rápida pero cautelosamente tratando de hacer el menor sonido que podía, antes de que se diera cuenta se encontró frente a la puerta de la habitación. Hasta ese momento cayó en cuenta de donde se encontraba.

Giró la perilla lentamente; sabía que detrás de la puerta no habría nadie, que la maestra Ursula/Chariot no regresaba aún a la escuela, estaba segura que solo encontraría una habitación vacía, pero aun así se animó a girar la perilla y abrir la puerta.

Se quedó inmóvil por un momento antes de que una enorme sonrisa se dibujara en su rostro.

Antes de que de su garganta saliera palabra alguna un gesto la hizo callar. Otro gesto la hizo entrar a la habitación y cerrar la puerta detrás de ella.

-Sensei -susurró Akko mientras se acercaba a la maestra-

- ¡Akko, que sorpresa! me da gusto saber que estás aquí

-No pensé que volvería tan pronto, maestra.

-Bueno, las fechas aún no terminan, pero nos tomamos unos días descanso en lo que llegan los siguientes eventos, y… decidí regresar un momento en lo que volvemos.

- ¿Entonces aún no regresará?

-No -respondió la pelirroja levantándose de su asiento para acercarse a la menor- aún no, pero espero estar pronto contigo, Akko.

La mano de la mayor se posó en la cabeza de la chica oriental para despeinarla un poco.

-No tiene por qué preocuparse, por el momento me ha ayudado bastante Diana con los hechizos.

- ¿En serio? -preguntó en tono bajo la maestra mientras deslizaba su mano del cabello a la mejilla izquierda de Akko- ¿te ha enseñado bien? ¿Has aprendido bien?

Akko apenas percibió la mano en su mejilla, ya que seguía emocionada al ver nuevamente a su maestra favorita e ídola frente a ella, había tantas cosas que quería platicarle. Y sabía qué tal vez ella podría orientarla de mejor forma con sus sentimientos.

-Pues... me ha enseñado bien, aunque a veces es muy estricta... o muy fría...

Una sonrisa se dibujó en el rostro de la pelirroja mientras apartaba su mano del rostro de la bruja oriental.

-Bueno, si tienes problema con eso puedes visitar a Croix...

-Pero...

-Sé que será un poco difícil -interrumpió Ursula agachándose un poco hasta quedar a la altura de la menor- pero créeme que ya ha cambiado, no le haría daño a alguien como tú, no se atrevería a hacerle daño a alguien tan importante para mí, Akko.

-Pero Diana...

-Bueno -volvió a interrumpir la maestra- es solo una sugerencia, pero estaría encantada de que fuera Croix quien te siguiera enseñando, creo que es la mejor opción por lo similares que somos…

Antes de que Akko quisiera volver a hablar se adelantó, arrebatándole la palabra.

»Al menos prométeme que irás a visitarla ¿sí? Mándale saludos de mi parte.

Nuevamente poso su mano en la cabeza de la oriental para despeinarla.

- ¿No ira a usted a visitarla?

-Quisiera hacerlo, pero tengo que irme por la mañana, y no me gustaría despertarla a estas horas.

-Está bien… se lo prometo.

-¿En serio? Muchas gracias, Akko. Por cierto, no le digas a nadie que estuve aquí ¿está bien?

-No decirle a nadie...

-Sí, bueno, salvo a Croix; es para evitar que piensen que solo tome este trabajo para evadir responsabilidades como maestra.

-Pero no creo que...

-Solo no le digas a nadie ¿está bien Akko?

- ¡Entendido!

-Muy bien. Me da mucho gusto volver a verte.

-A mí igual me da mucho gusto volverla a ver Ursula-sensei. Y justo me gustaría hablar con usted sobre algo en especial. Necesito saber que piensa sobre...

El dedo índice de la mano derecha de la maestra se posó en los labios de la oriental para callarla y una sonrisa cálida se dibujó en su rostro antes de que hablara.

-Debe de ser algo muy importante para ti Akko, tanto como para acercarte a mí.

La chica oriental trato de retomar su discurso, pero antes de que eso sucediera la pelirroja alzó un poco la voz y continuó en un tono que sonaba a disculpa.

»Pero estoy muy cansada, como no tienes idea Akko, de hecho solo vine a revisar unos libros. Sea lo que sea seguro es muy importante, pero podríamos hablar de eso después ¿te parece?

Una disculpa que sonaba sincera, pero que no le complacía del todo, le parecía extraño, había pasado mucho tiempo con la maestra Ursula como para saber que fuese cual fuese el tema siempre tendría o le daría tiempo para que la escuchara.

Solo asintió lentamente, con el ánimo un poco decaído.

-Está bien...

-No te pongas triste, Akko, ya tendremos tiempo para hablar de lo que gustes, pero en estos momentos necesito descansar.

-Es que en realidad... bueno...

-Tú también deberías de ir a descansar, ¿ya viste lo tarde que es? Y en unas horas más tienes clases.

La chica oriental subió un poco su mirada a un reloj que tenía la maestra en su habitación, en efecto, ya pasaban de las 2 de la mañana y tan solo en unas horas más tenía que estar despierta alistándose para entrar a clases.

Volvió su mirada a la pelirroja quien la veía con su característica sonrisa cálida en el rostro, aunque sus ojos presentaban fatiga y cansancio.

Aun estando triste por la negativa de la mayor en escucharla decidió hablar de la manera más cortés y viva para no proyectar una imagen errónea a su maestra.

-No me había dado cuenta de lo tarde que era, de hecho solo iba por algo de agua…

»Espero que pase linda noche y que descanse maestra, espero… esperamos verla por aquí pronto y de tiempo completo.

El rostro fatigado de la maestra se llenó de alegría al escuchar las palabras de la menor. Se acercó a ella y le dio un beso en la mejilla , algo que era poco común en la mayor, pero no le dio importancia.

-Verás que si Akko, pronto estaré de vuelta con ustedes. Tú también descansa y espero que tengas un buen inicio de semana. Recuerda saludar a Croix de mi parte.

-Lo haré, sensei.

La castaña se dio lentamente la media vuelta para evitar mostrarse molesta con su maestra.

-Pasa linda noche, Akko.

-Usted también. Hasta pronto.

Abrió la puerta tratando de hacer el menor ruido posible. Antes de salir de la habitación estuvo segura de sentir la presencia de la maestra, la respiración cerca de su oído derecho, pero no se atrevió a dar la vuelta, continuo su camino hasta cerrar la puerta.

-Cuídate mucho Akko.

La voz sonó casi a un susurro bastante lejano de donde se encontraba; aquella presencia pudo haber sido imaginación suya. Aun así, no respondió, cerró igual de cautelosa la puerta y camino de regreso a su alcoba. Las ganas de beber agua habían desaparecido.

Agacho la cabeza tras cerrar la puerta, ensimismada y algo triste por lo que había pasado. Si confiaba en alguien igual o más que en Sucy o Lotte era en la maestra Ursula, sentirse desplazada o no tomada en cuenta le dolía, más que nada por el tema que pensaba abordar con ella, pues seguramente la orientaría de mejor forma que sus amigas.

Suspiro y siguió caminando por el pasillo dejando que el frío reptara por sus piernas.

Continuo a paso lento tratando de acomodar sus ideas, tratando de dejar atrás la tristeza que amenazaba con invadirla y se enfocó en lo que en realidad le importaba. Repaso entonces la idea que tenía para hacer su confesión y eso fue suficiente para sacarla de su ensimismamiento, le gustaba su idea, aunque también la ponía nerviosa pensar en un fallo dentro de este, ¿qué haría si fallaba en algo tan simple de su plan? ¿Qué haría si Diana no aceptaba acompañarla? O si todo era como Sucy lo había planteado ¿si a Diana no le gustaba?

Había pasado sin querer de un simple episodio de tristeza a un estado de nerviosismo, todo eso aunado a una suposición de que Diana rechazara sus sentimientos por el hecho de ser mujer.

Un revoltijo de sentimientos se empezaba a agolpar en su cabeza mientras apretaba su paso hacia la habitación.

Cayo en cuenta que pensar en todo eso la había puesto bastante agitada, así que para compensar aquello desvió nuevamente sus pensamientos. Otra vez paso a pensar en lo que había pasado con su maestra. Ya con la mente fuera de su tristeza y ahora nerviosa cayo en cuenta de que aquello que le parecía extraño en Ursula era principalmente la poca atención que le había mostrado, algo para nada común en su maestra, pero comprendió que seguramente el trabajo que tenía era muy agotador, tanto que requería concentrarse mucho en lo que hacía, y de ser así era normal que Chariot le restará importancia a los problemas de las demás personas. Supuso que por ello no la había tomado en cuenta. Si, debía de haber sido eso.

Sonrío para sí misma, feliz de haber comprendido todo lo que había pasado con su maestra, y aquel sentimiento de tristeza desapareció. Un lastre menos para ella.

Avanzó un poco más en los pasillos hasta ver que más adelante una figura venía desde donde se encontraba el dormitorio del equipo azul e iba en dirección a donde ella se encontraba. Los pasillos estaban en oscuridad, en parte porque las luces a esas horas eran apagadas y por otra parte porque las nubes tapaban la luz de la luna, la única luz que podía llenar los pasillos a esas horas.

La chica que se acercaba seguramente no se había percatado de su presencia por la falta de luz.

- ¿Diana?

Susurro mientras se acercaba más a aquella figura. Basto con que la silueta se acercará un poco más para darse cuenta de que aquella chica no era Diana. La otra chica siguió avanzando hasta que detuvo su avance a unos metros de Akko, percatándose apenas de la presencia de la oriental.

- ¿Hannah?

Pregunto en tono bajo acercándose más a la mencionada. Llevaba puesta su pijama y el cabello suelto, pero el cabello castaño casi rojizo la delataba como la amiga de Diana.

Hubo un rato de silencio hasta que Akko cruzo con la otra castaña.

-Buenas noches...

Saludo a Hannah quien seguía inmóvil. Esta última no tardó en responder, pero un claro nerviosismo se notaba en su voz.

-B-buenas noches Akko... salí por la lluvia, me da algo de miedo el clima ¿a ti no?

Aun así y a pesar del nerviosismo de Hannah decidió responder cautelosamente.

-Si... da algo de miedo...

-Bueno, y aparte me dio algo de hambre, por eso estoy aquí, no es por gusto que haya salido…

-Si… entiendo… bueno, yo iré ya a dormir... descansa

-… tu igual descansa, nos vemos después.

Haber encontrado a Hannah en el pasillo podía haber sido nada más que casualidad y el muy aparente nerviosismo seguramente era por miedo de ser descubierta despierta a esas horas, de hecho, eso era algo que también le preocupaba a ella, así que en vez de darle importancia al asunto de Hannah se centró en la necesidad de regresar a su dormitorio antes de ser descubierta.

Camino apresurada hasta llegar a su alcoba donde encontró todo en calma, la lluvia ligera seguía arañando la ventana y sus amigas continuaban dormidas. No había novedad alguna.

Subió a su cama, se recostó y se cubrió con las sabanas. Antes de conciliar el sueño volvió su cabeza hacía la ventana, seguía la lluvia ligera, pero no se veía que las nubes quisieran dar pie a tregua alguna, amenazaban incluso con volverse más intensas a lo largo de la madrugada y parte del día.

Suspiro largo y pesado pensando en que aquella lluvia podría arruinar sus planes.

Estornudo en tres ocasiones y después se limpió un poco de fluido nasal que había salido con ellos para luego cerrar los ojos.

-No hay más dormitorios después de las alcobas cercanas al del equipo azul… la cafetería también estaría cerrada y no había lugar donde encontrar algo de comer a esas horas… ¿entonces a dónde iba Hannah?

Se preguntó a sí misma antes de conciliar el sueño. No respondió a su pregunta, prefirió concentrarse en dormir, necesitaba descansar.

Antes de caer rendida en el sueño una fragancia de notas acuáticas invadió su nariz. La misma fragancia de Diana… tal vez ya estaba alucinando.

Y cayó rendida en su sueño…

Al amanecer los colores rojizos y vainilla se encontraron ausentes, en su lugar una serie de tonalidades grisáceas dieron la bienvenida al día. Los tonos variaban de un gris claro a un gris más oscuro en las nubes del horizonte, nubes que auguraban lluvias intermitentes y de diferente intensidad.

La lluvia ligera que había estado presente en la madrugada continuaba golpeteando la ventana con un viento más fuerte.

La chica oriental se despertó tarde, siguiendo una costumbre que llevaba practicando desde hacia bastante tiempo. La diferencia era que en esta ocasión no reinaba del todo su cansancio o la pereza de costumbre, no, era un leve aumento de su temperatura corporal mezclado con un constante pero leve goteo nasal que escurría de su delicada nariz, todo acompañado con una serie de estornudos. Sin duda el frío que había reptado por sus piernas en la madrugada le había pasado factura y ahora tenía gripa.

- ¿Estás bien Akko?

Pregunto preocupada Lotte mientras se sentaba en la cama de la oriental.

-Sí, estoy bien, es solo algo de gripa.

Respondió la nipona en un tono marcadamente gangoso lo que hizo que la fuerte risa de Sucy sonara en el cuarto rompiendo la calma que había dentro.

-Tu voz es tan chistosa cuando estas agripada, Akko.

- ¡Sucy!

-Es la verdad. Todas sabíamos que tarde o temprano se iba a enfermar, si siempre amanece destapada.

-No importa, es solo una gripe leve…

-Puedo hacerte un antídoto si quieres…

-No, gracias Sucy, ya sé cómo son tus "antídotos". Ya se me va a pasar Lotte, no te preocupes.

-Es que no te ves muy bien...

-Bueno, si Akko lo quiere así está bien. Solo alístate rápido que vas a llegar tarde.

Una sonrisa nerviosa se dibujó en el rostro de Lotte quien ya se encontraba vestida con el uniforme y lista para salir de la habitación en compañía de Sucy.

-Te vemos en el salón Akko.

- ¡Ehhhh! ¡¿Por qué no me despertaron?!

-Te molestas cuando te despertamos y aparte te veías muy cansada… si te sientes mal no deberías de asistir a clases, no te vas a perder de nada. Vamos Lotte…

Lotte cerró lentamente la puerta detrás de ella. La habitación volvió a estar tranquila.

Por supuesto que no iba a quedarse el día en cama, tenía que hacer algo importante ese día y no quería aplazarlo para después.

Se vistió lentamente con el uniforme a la par que limpiaba con sus manos el fluido nasal que escurría de cuando en cuando de su nariz. Todo apuntaba a que no sería su día, pero debía de intentarlo.

Lenta y desapercibidamente su temperatura estaba aumentando a la par que su cuerpo iba perdiendo fuerzas aunque ella no lo notaba.

Cuando llego al salón recibió un leve reproche por parte de la maestra Badcock, reproche que no le importo en absoluto; lo que en realidad le había llamado la atención al instante era la clara ausencia de Diana y sus amigas…


La escuela la había recibido con un día bastante gris, las clases habían comenzado apenas unas horas antes, pero no presto importancia a ello. Apenas llego a Luna Nova se dirigió rápidamente a la oficina del servicio postal de la escuela ya que tenía un asunto que atender.

Durante su camino había pensado bastante, sacando deducciones de quien había podido meterla en un lío tan grande como en el que se encontraba ¿quién había tenido la cobardía de haberla acusado con su tía?

Pensaba que la única persona que podría haber hecho aquello sin duda era alguien dentro del dormitorio de Akko, así que su deducción la había llevado nuevamente al nombre de la primera persona que se le había venido a la mente hacía horas.

Aún con todo eso evito ir directamente a reclamarle a Sucy por todo lo que había hecho; primero quería tener la certeza de que hubiera sido ella.

-Diana.

Una mano toco su hombro derecho, deteniendo su paso y sacándola de su ensimismamiento. Volteo tan solo para encontrarse con Finnelan.

-Maestra…

-Te estábamos esperando, necesitamos que vengas a la dirección.

-Pero…

-Es muy urgente…

Así parecía, el rostro de la maestra estaba pálido y atónito y ni que decir del tono de voz con el que se le había dirigido. No había espacio para dudar de sus palabras.

¿más malas noticias?

Pensó para sí misma mientras acompañaba a la maestra hasta la dirección de la escuela. Allí la esperaban ya las maestras que representaban la directiva. Sus miradas se posaron en ella al entrar.

Holbrook fue quien tomó la palabra.

-¿Cómo te fue con tú tía Diana?

-No se preocupe directora, prefiero que me informe la causa de mi cita con ustedes.

-Diana –continuo la directora en tono suave- sabes que eres menor de edad, y que por ello debemos acatar las órdenes de tus tutores en turno…

La mirada de Diana se fijó en la directora, se mostraba calmada tratando de ocultar sus verdaderos sentimientos, la frustración y enojo, a sabiendas que su tía había cumplido lo que le había dicho el día anterior. No había sido lo suficientemente rápida para interceptar el mensaje que habían mandado desde la mansión de los Cavendish.

No necesitaba que la directora la explicara más. Ya sabía a donde iba todo, así que guardo silencio, a la espera de que Holbrook continuara con su discurso.

-…Tú tía nos mandó una carta diciendo que te quiere fuera de la escuela, y no podemos oponernos a ello… Diana… quisiera no decirlo, pero tenemos que expul…

- ¡Me niego!

La voz retumbo en el silencioso salón y las maestras enfocaron nuevamente su mirada en la joven Cavendish.

-No voy a irme de aquí solo porque mi tía lo dijo, y tampoco voy a permitir que nadie quiera expulsarme de la escuela.

-Diana –hablo Finnelan- quisiéramos que no sucediera esto, pero ella es quien tiene toda la autoridad sobre tus responsabilidades académicas…

-Ustedes dijeron que podría estar estudiando sin necesidad de pagar

Un suave tono de frustración apenas evidente se asomaba en la voz de la rubia. Estaba aferrada a no cambiar su parecer, aferrada a no soltar para nada sus sentimientos por mucho que su familia así lo quisiera, a no irse del lugar donde se encontraba la persona que amaba en secreto.

-La cuestión no es de dinero, Diana –corto Holbrook- es justamente porque así lo ha dicho tú tía.

-No creas que es fácil para nosotras haber decidido acatar las órdenes de tu tía, Diana.

La maestra Finnelan tenía el mismo tono de preocupación de la directora.

-Entonces no lo hagan. Yo les dije claramente que regresaría a Luna Nova y que no me iría de aquí.

-Diana –volvió a tomar la palabra Holbrook- no…

-No me voy a ir…

-No sé qué haya pasado –retomo la directora- entre tú y tú tía, pero debió de ser algo muy grave, tan grave como para que tomará esta decisión… si nos pudieras decir porqué tomo una decisión tan drástica tal vez podríamos ayudarte.

El silencio volvió a reinar en la habitación, Diana se quedó viendo a las demás maestras, mientras su porte impávido empezaba a desmoronarse poco a poco, No sabía qué hacer. Tenía por seguro que su tía solo había mandado una carta para pidiendo la expulsión de la escuela, mas no había escrito motivo alguno aparte de su decisión; de ser así ya tenía algo de ventaja, pero ahora que tenía a gran parte de las maestras más importantes de Luna Nova frente a ella, titubeo al sincerarse ¿qué pensarían de ella si les dijera la verdadera razón por la que querían sacarla de la escuela?

Pensó en varios escenarios, pero uno más recurrente se estaciono en su mente, si ellas se enteraban de la razón seguramente no dudarían de expulsarla de la escuela y no solo eso, Akko también podría sufrir consecuencias por ello, tal vez llegarían a expulsarla aún cuando no tuviera nada que ver en todo ese enredo. No quería hacer más grande el problema en el que ya estaba.

Alzo la mirada y hablo lo más tranquila posible.

-Denme tiempo, déjenme arreglar esto con mi tía, y si no puedo con esto yo misma me iré por mi propio pie de Luna Nova…solo denme unos días.

Holbrook agacho la cabeza en gesto apesadumbrado.

-No, no…

-Por favor Directora, déjeme intentarlo.

-¿Cuánto tiempo?

-Máximo al fin de semana.

-Que sea menos tiempo, Diana.

El ambiente era tenso en esos momentos, las demás maestras estaban en total silencio y aquello le recordó a la discusión que había tenido con su tía un día antes. Salvo que ahora estaba en un lugar seguro con personas a las que les importaba, fijo su mirada en la directora.

-Entonces hasta el miércoles.

-Esperamos que puedas cambiar tú situación.

-Haré lo posible Directora. Ahora si me permiten…

-Adelante, señorita…

La rubia salió de la sala de dirección de la escuela y avanzo a paso rápido hasta los pasillos. La sensación de frustración, molesta y tristeza no hacían más que aumentar, ya no podía aguantar más su situación, una situación en la que parecía que todo empeoraba cada vez más.

Aún así, toda esa mezcla de sentimientos no nublaron su visión, al contrario, se enfocó en buscar a la responsable de todo lo que le estaba sucediendo. Empezaría con eso. Sabía que si su Tía no cambiaba su parecer al menos podría irse de Luna Nova con la satisfacción de vengarse de la persona que la había metido en todo ese enredo.


-N-no, Diana no ha llegado aún, Akko. Ni siquiera ha venido a dejar sus cosas… pero no debe de tardar…

Respondió Hannah con un tono algo exaltado y nervioso desde la puerta de su habitación.

-Bueno… ¿si llega puedes decirle que vine a buscarla?

-Si, yo le aviso…

-Gracias… cuídate.

Dio rápidamente la vuelta para salir del dormitorio azul y regresar a los pasillos.

Había corrido tanto por los pasillos que no pudo notar el aumento de su temperatura ni el cansancio que resentía ya su cuerpo.

Estaba en dirección de la Biblioteca cuando se percató a lo lejos de la figura de la rubia bajando las escaleras en dirección a la planta baja. Contuvo lo más que pudo su sonrisa y salió corriendo hacía ella.


Iba bajando las escaleras lentamente, ensimismada en sus pensamientos, en todo lo que estaba sucediendo y en buscar o destapar a la persona que se había estado metiendo en su vida. Su única sospechosa hasta el momento no era otra más que Sucy, después de todo, era la única que tenía acceso al cuarto y cosas de la japonesa, aparte aún no podía hacer a un lado las sospechas que tenía de Sucy buscando llevar a otro nivel su amistad con la japonesa…el solo pensar en ella le profesaba una fuerte sensación de odio y aborrecimiento, si ella había sido la causante de enviar aquella carta a su tía no tendría remordimiento alguno de tomar venganza y desquitar su furia de manera física. Hacer ese tipo de cosas no era su estilo, de hecho era algo impropio en ella, pero de ser necesario lo haría para ponerla en su lugar…

Otra imagen que se estaba volviendo recurrente en sus pensamientos era la que tenía en relación al efecto sucedido por la carta enviada a la residencia Cavendish: convencer a su tía. Esa era una tarea difícil, tenia poco tiempo para persuadirla de su decisión de sacarla de Luna Nova, y no solo era el tiempo, era la postura tan rígida que había mostrado de sacarla de la escuela y nunca más verla. A pesar de las palabras de Anna, ella no veía a su tía ella perdonándola o siquiera apoyándola ni en corto, ni en mediano y tampoco en largo plazo… en realidad no quería volver a cruzar conversación alguna con su tía, pero si quería seguir en Luna Nova con Akko tenía que intentarlo. Tal vez podría conversar de forma más calmada con su tía y hacerle entender que aquello que sentía no era un capricho; ni estaba confundida y mucho menos era una forma de llamar la atención, era en realidad algo que sentía, un sentimiento puro de amor por la japonesa. Esa misma chica a la que tenía en esos momentos como otro de sus pensamientos recurrentes. Tenía algo pendiente con ella desde el día anterior, quería terminar con la declaración que se había quedado pendiente, saber si sus sentimientos eran correspondidos y después de eso trabajar con las demás prioridades...

Sin duda su forma de analizar las cosas era más sencilla cuando estaba en total calma, una gran virtud de la que podía mofarse.

Lo último que le preocupaba era ser rechazada por Akko... si aquello sucedía ¿qué haría? ¿Se engañaría a si misma diciendo que Akko había dejado de importarle? Y es que si de algo estaba segura era que la chica oriental sería difícil, por no decir imposible, de olvidar, imposible de que se saliera de su cabeza, que no importaría que tan lejos se fuera a vivir, o cuanto deseara olvidarla ella siempre sería un pensamiento recurrente...

Estaba tan metida en sus pensamientos que no escucho ni vio a la chica japonesa acercarse a ella por su costado derecho, no fue sino hasta que terminaba de bajar las escaleras que sintió un fuerte empujón por la espalda.

Fue hasta ese momento que salió de sus pensamientos; se molestó al sentir como la empujaban y estuvo a punto de voltearse furiosa para encarar a la persona que lo había hecho cuando unos delicados brazos rodearon su cintura, y, en acto seguido, una voz inconfundible exclamo su nombre.

- ¡DIANA!

Un leve sonrojo se asomó por las mejillas de la rubia quien rápidamente se dio cuenta de que las miradas de las alumnas que se encontraban en los pasillos se posaban en ellas. Decidió tomar todo con calma, dejo que la oriental la abrazara y en cambio hizo una expresión aturdida para disimular aquella sensación que parecía derretir su corazón.

-Akko…

Dijo en un suspiro ocultando lo feliz y sonrojada que estaba mientras se daba la vuelta para encarar a la oriental. Aquello parecía un enorme rayo de luz y un gran alivio en la situación en la que estaba. Todo lo que le aquejaba en esos momentos a la rubia desapareció instantáneamente.

-Justo te estaba buscando a ti.

Un tenue sonrojo se asomaba también en las mejillas de la oriental quien la veía con una amplia y cálida sonrisa.

- ¿A mí?

Una ligera risa salió de Akko antes de responder.

-Si, a ti, necesito mostrarte algo. Ven, acompáñame.

La oriental no dio paso a la discusión y ante la mirada atónita de muchas alumnas que se encontraban en los pasillos tomo la mano de la rubia para guiarla fuera de los pasillos hasta salir al patio de la escuela y de ahí caminar hacía la parte norte.

Caminaban en silencio. A mitad del camino Diana se había dado cuenta apenas de que su mano estaba entrelazada con la cálida mano de Akko, pero decidió continuar así hasta llegar a donde ella la dirigía, después de todo (y aunque era común que la oriental la tomara de la mano) apreciaba los momentos en que podía estar de la mano con la castaña. Apretó un poco la mano de Akko, lo menos perceptible posible y continuaron así hasta llegar.

-Aquí.

Akko rompió el silencio y se detuvo, soltó lentamente la mano de Diana y se dio la media vuelta para tenerla en frente.

La rubia quiso ocultar su sorpresa, pero no pudo. No podía combatir con aquella sensación, menos ahora que se había dado cuenta que ambas estaban lejos de toda persona, no había nadie en varios metros a la redonda. Nadie las veía (o eso creía). Fijo su mirada en el rostro de la asiática, observo detenidamente su suave rostro cubierto por un leve pero bien visible sonrojo…

Las nubes grises engañaban la noción del tiempo mientras una lluvia ligera comenzaba a caer sobre ellas.

- ¿Que hay aquí?

-Bueno... quería que me acompañaras, porque mmmmmm

Una simple sonrisa se dibujó en el rostro de Diana al ver a Akko sacando excusas, y por primera vez sintió que sus corazones podrían estar conectados, que aquello que ella sentía por Akko fuera mutuo. Fijo sus ojos en los de la oriental mientras su corazón latía rápido, las rodillas temblaban un poco, y comenzaba a sentir nervios, le sonrió, y guardó silencio ¿Akko se le confesaría? ¿de verdad sucedería eso?

-Bueno... he practicado bastante lo que me enseñaste... y quería mostrarte...

-¿Y me trajiste aquí solo para mostrarme eso?

-Bueno... si...

La sonrisa de Diana se hizo más evidente al punto que Akko podía percatarse de ella. Los nervios, el ritmo cardiaco y los temblores cedieron paso a la tranquilidad al saber que no tendría una confesión de la oriental, pero aquella era una buena oportunidad para hacerlo ella misma, a fin de cuentas debía de terminar con algo que no había dicho el día anterior por la mañana. Solo debía de ser un poco precavida.

- ¿Qué es tan gracioso?

-Nada…

- ¿Entonces porque sonríes, Diana?

-Por nada, Akko.

La sonrisa de la rubia ya era bastante evidente a este punto.

- ¡Dime!

-Ya te dije que no es por nada, Akko.

-Si no fuera nada no estarías sonriendo ¿es porque piensas que no he mejorado en nada?

-No, no es eso, estoy segura que has mejorado.

Una pequeña risa ahogada y nerviosa salió de la boca de Diana.

-No puedes estar segura hasta no verlo

-Akko…

-Déjame mostrarte...

- Si era solo eso ¿entonces porque me trajiste hasta aquí?

- ¿Eh?

-Sí, pudiste enseñarme en algún salón o en el patio.

-... ¿y si sale mal? No quiero que se burlen de mí

-Akko... a ti casi todo te sale mal y casi siempre de burlan de ti.

-Ungh...

La lluvia comenzó a caer poco a poco más fuerte, pero ninguna presto atención a ello.

-Pero por eso estoy contigo, para que puedas mejorar…

Diana se acercó lentamente a Akko hasta tenerla a escasos pasos y le regaló una sonrisa, sonrisa que fue respondida de la misma forma. Los nervios y el aumento del ritmo cardiaco volvieron a aparecer en la rubia. Estaba lista para confesarse…

Los uniformes se mojaban por la lluvia, pero ni Diana ni Akko se inmutaron en buscar refugio.

Para Diana, la situación no podía ser mejor, había olvidado por completo todo lo que estaba sucediendo, solo había un plano en ese momento, solo se enfocaba en la chica que tenía frente a ella, en esa sonrisa que se ensanchaba poco a poco y en sus mejillas sonrojadas que la hacían verse más linda y tierna de lo normal...

No pasaría mucho tiempo para que Diana entendiera y atendiera la causa de aquel sonrojo en las mejillas de la oriental.

-Eres una grosera y altanera.

Rompió el silencio con tono de broma la oriental para luego sacarle la lengua.

-Mira quien lo dice.

Respondió la rubia siguiendo la broma.

-Al menos no soy una altanera como tú Diana.

-Fíjese bien a quién está usted llamando altanera señorita japonesa.

Dijo tratando de imitar la voz de la maestra Finnelan, lo que causó una risa instantánea en Akko.

-Me dice Akko Kagari, no japonesa.

-Ejem… Akko Kagari.

Otra risotada estalló desde la garganta de la oriental, a la que le siguió una risa no tan escandalosa, pero igual de divertida de la noble Cavendish, y tardaron un breve momento hasta retomar la compostura.

- Bueno, bueno, ¡Suficiente! ahora déjame enseñarte la gran bruja que soy.

-Sorpréndame entonces, señorita Kagari.

La rubia no dejo de sonreír, pero soltó un largo suspiro tratando de mostrarse nuevamente sería, una actitud que en esos momentos se notaba sobreactuada.

-¡Claro!

La castaña saco su vara mágica, lista para lanzar un conjuro al campo, pero antes de terminar apuntó a Diana.

-¡Metamor fi fosies!

Unas blancas orejas de gato salieron de la nada de la cabeza de Diana, quien se quedó estática, enfocando con una mirada atónita a la oriental.

-¡¿Ves?! Soy mejor de lo que esperabas.

Una sonrisa burlona se dibujo en el rostro de la castaña mientras se alejaba poco a poco de la rubia, alistándose para salir corriendo.

-Ja...ja... que buena broma...

-Bueno, hice que te vieras más bonita...

Las orejas de gato se movieron un poco como si quisieran ajustarse a lo que había dicho Akko mientras un fuerte rubor se trepaba hasta sus mejillas evidenciando su nerviosismo. ¿Más bonita había dicho? ¿Entonces ya la consideraba bonita?

-¡Calla y quítame estas orejas Akko!

-Puedes hacerlo tú…

Respondió con una amplia sonrisa y ya a algunos pasos lejos de Diana.

- ¡Pero tú fuiste quien las puso, así que quítamelas!

- ¡Lo haré si me atrapas!

-Akko, no te comportes como una niña y regresa, Akko... ¡Akko!

- ¡No me atrapas!

La oriental ya se encontraba bastante lejos y continuaba corriendo y de vez en vez volteaba a ver sobre su hombro para medir su distancia con la rubia. Diana por su parte no tuvo más remedio que correr detrás de la oriental, no porque lo viera como algo obligatorio, más bien era para seguir el juego de la japonesa, de pasar más tiempo con ella, tiempo que hacía mucho no había compartido. Al poco tiempo se encontró a ella misma sonriendo mientras corría en pos de la chica castaña.

-¡Ven aquí a quitarme estás orejas!

-¡Primero atrápame!

Una larga risa se escuchó después de un estornudo mientras Akko apretaba su carrera abriendo más la distancia entre ella y la rubia, cosa que sorprendió a esta última.

-¡Eres muy buena como bruja pero muy mala corriendo Diana!

-¡Espera a que te alcance!

-¡Eres una tortuga Diana!

Otro estornudo.

La rubia saco rápidamente su varita y apuntó a la oriental, lista para lanzar un hechizo que la paralizaría.

"La voy a atrapar, lo haré y luego aprovechare la situación para decirle lo que siento por ella..."

Pero antes de que dijera hechizo alguno vio cómo Akko disminuía su velocidad hasta caer pesadamente sobre el pasto.

-Pero que torpe ere...

Antes de que terminara de hablar se percató de la situación, Akko no se levantaba y ni siquiera se dolía en el pasto.

"No, no fue un resbalón, ni se tropezó"

Pensó mientras cortaba su distancia al cuerpo de la castaña.

- Akko… ¡Akko!

Un fuerte tono de desesperación salía de su voz y continuó así incluso cuando se agachó para revisar a la castaña.

Empujó suavemente y con precaución su cuerpo para darle vuelta. Respiraba, pero estaba inconsciente, sus mejillas se encontraban anormalmente enrojecidas, tenía una pequeña herida en su frente de la cual manaba un diminuto chorro de sangre que pegaba su cabello con la piel de su frente; por último, paso su mano por la frente de Akko, ardía en fiebre, recorrió la palma de su mano hasta las mejillas rojas tan solo para encontrar lo mismo. Fiebre, mucha fiebre, el esfuerzo físico había elevado de más la temperatura corporal y aquello había sido el resultado, por no decir que el clima no ayudaba mucho aquella situación.

Estaban lejos de la escuela y no había llevado su escoba para hacer el traslado lo más rápido posible. No era el panorama que tenía en mente hacía unos segundos, pero se mantuvo calmada. Los uniformes de ambas ya se encontraban totalmente empapados para este punto, aún así se despojó del chaleco de su uniforme y cubrió con él la cabeza de la castaña para cubrirla lo más posible de la lluvia.

-Resiste...

Tomo por la espalda a Akko y la levanto, luego pasó su brazo derecho por debajo de las piernas para levantar por completo el cuerpo de la oriental. Respiro pesado antes de alzarla y cargarla en forma de princesa, para su fortuna Akko pesaba menos de lo que imaginaba lo que hizo más fácil el traslado hasta la academia.

Desgraciadamente para ella el clima había jugado una mala broma al cubrir el sol, tanto que en el trayecto de regreso la noche comenzó a caer poco a poco, reduciendo las posibilidades de encontrar ayuda cerca.

Se detuvo en pocas ocasiones para descansar, encontrándose en la última ocasión que lo hizo con que la lluvia se había detenido e incluso se abrían las nubes en el cielo nocturno para dejar ver una hermosa luna llena que de cuando en cuando iluminaba el camino.

Las nubes tormentosas y la lluvia habían dado tregua por el momento.

Había pasado cerca de una hora después del accidente cuando Diana entro al castillo de la escuela, los pasillos estaban desolados justo cuando más necesitaba de la ayuda de alguien, supuso que tanto maestras como alumnas estarían ya en sus respectivas habitaciones descansando, en parte por la hora y en parte por el clima que propiciaba el no salir del castillo de instituto, ni siquiera salir de los dormitorios. Pensó en ir al servicio médico de la escuela que seguramente estaría abierto, pero seguía quedando lejos y lo ultimo que quería era seguir perdiendo tiempo.

Tomo una decisión apresurada.

Había tocado en tres ocasiones la puerta y en ninguna había recibido respuesta alguna; abrió con muchos problemas la puerta tan solo para encontrarse con la habitación vacía, no había rastros ni de Hannah, ni de Barbara. No había tiempo de darle importancia a ello, cerró la puerta tras de sí, sin inmutarse por encender las luces y avanzó rápido a su cama para recostar ahí a la chica oriental.

- ¿Akko?

La chica respiraba agitadamente por la boca, pero no respondía a sus llamados.

Pasó sus manos nuevamente sobre la frente y las mejillas de la chica, pero la fiebre seguía sin ceder, afortunadamente para ella no había subido la temperatura. Preparo una compresa fría y la puso en la frente de la japonesa.

Echo un vistazo al cuarto, cerciorándose de que ninguna de sus amigas estuviera presente. ¿Dónde se habían metido las dos chicas? Ya era tarde pero no había rastro de alguna de ellas, parte de la idea de llevar a Akko a su habitación había nacido por la suposición de que ambas estuvieran ahí para ayudarla, pero ahora sus planes se habían modificado, tendría que hacer todo por su cuenta.

- ¿Akko?

Pregunto nuevamente para obtener la misma respuesta que en las veces anteriores, un constante respirar pesado.

Ella por su parte respiraba controladamente, muy lento a pesar de lo fatigada que estaba. Mantuvo la calma y calculó la situación. No sabía desde que momento la temperatura de Akko había aumentado a ese nivel, pero sabía que al menos más de una hora había pasado con ella en el trayecto del patio a su habitación; había sido "afortunada" de que Akko cayera desmayada y no convulsionara o que hubiera delirado por la fiebre, lo que significaba que la oriental estaba luchando contra su condición afiebrada... pero no sabía cuánto tiempo duraría así.

Tuvo la intención de volver a levantarla para llevarla al servicio médico, pero antes de hacerlo recordó algo importante y de lo que había pasado de largo. Cayó en cuenta en la situación que tenía frente a ella, en realidad jamás había necesitado ayuda médica, y parecía que no había pensado tan delicadamente la situación desde el principio; estuvo a punto de reprenderse pero decidió dejarlo para después, primero debía de ayudar a Akko.

Saco entonces su varita y recitó un hechizo que funcionó perfecto para mejorar rápidamente la salud de la castaña.

-¡Diosir sheytana!

Acaricio la frente de la chica recostada y sonrió para sí misma al sentir como la fiebre desaparecía poco a poco, no había recobrado la conciencia, pero no faltaría mucho para que aquello sucediese.

Por supuesto se reprochó después de haber dejado llevar por la conmoción del momento, de olvidar que ya había sucedido en una ocasión algo similar con Akko, en la que había echado uso de sus dotes como heredera de la familia de sanadoras Cavendish. Dotes que pudo haber usado al momento para evitar en su mayoría lo que había sucedido.

Ahora el siguiente paso era resguardar la salud de la japonesa, así qué se acercó a su cuerpo y la levanto un poco, encontrando un pequeño quejido ante la acción, parecía ser que la magia de recuperación que había usado ya estaba haciendo efecto. Pese al quejido no cedió en ningún momento.

La mantuvo en sus brazos por un breve rato, observando detalladamente las mejillas sonrojadas de la oriental que brillaban gracias a una ligera capa de sudor en su rostro y después comenzó a despojarla de su chaleco; al dejarlo caer pudo escuchar el golpe de la prenda húmeda contra el suelo. Claro, Akko no era la única que estaba mojada por la fría lluvia, pero era quien ocupaba la mayor prioridad en ese momento. Hacer que durmiera con sus ropas húmedas no era la mejor idea, así que continuó despojándola lentamente de sus ropas, continuó entonces con la blusa, dejándola únicamente con el brassiere, después pasó a quitarle los zapatos y las calcetas que eran las prendas más húmedas de todas, y finalmente la despojo de su falda, para dejarla únicamente en ropa interior.

Para cuando termino de quitarle sus ropas el rubor en las mejillas de Akko había desaparecido y así también la temperatura elevada. La volvió a recostar sobre la cama y se sentó a un lado de ella.

-Vaya susto que me diste... Metamor fi fosies

Recitó el conjuro y eliminó las orejas de gato que le habían puesto.

»Te atrapé y ni siquiera pudiste quitármelas…

Sonrió aliviada para si misma y luego dejo sola a Akko para ir a cambiarse de ropa. Entro al baño de la habitación y se desvistió de las ropas húmedas que llevaba puestas, tal como había sucedido con las ropas de la castaña su par de calcetines habían sido los más golpeados por la lluvia y los charcos que había sorteado, aunado a eso otras de sus prendas estaban manchadas de lodo y sus rodillas estaban raspadas, todo eso sin contar la fatiga que sentía en sus piernas, brazos y en el cuerpo en general, esto ultimo a causa del hechizo que hacía poco había recitado. Apenas se daba cuenta de la hazaña que había logrado al llevar a Akko hasta ahí sin haberse sentido tan cansada durante el trayecto.

Suspiro mientras se veía al espejo y tanteaba con su mano sobre el gancho de la ropa tan solo para encontrarlo vacío. Se había olvidado de meter sus pijamas.

Salió del baño cautelosamente, esperando que en esos momentos no se les ocurriera llegar a Hannah y Barbara. No sucedió eso. Volvió a donde descansaba Akko para tomar las pijamas que yacían en su escritorio.

La luz pálida de la luna dibujó la delgada y bien marcada figura de la rubia mientras se vestía lentamente con sus pijamas. Al terminar pasó a recostarse a un lado de la otra chica.

-Vaya día...

Dijo en un susurro, sintiéndose más aliviada al estar recostada. Suspiro y volvió su mirada a la chica oriental y al hacerlo un leve sonrojo comenzó a impregnar sus mejillas.

En el momento no había prestado atención alguna a lo que estaba haciendo cuando le quitaba a Akko sus ropas, pero ahora que las cosas estaban más calmadas se daba cuenta de ello y se le hacía imposible apartar su mirada del cuerpo semidesnudo de la nipona. Su ritmo cardiaco aumento y lo que había comenzado como un leve sonrojo ahora era un fuerte sonrojo en su rostro.

Todo en la habitación estaba en calma y solo podía escuchar el latido de su corazón.

La luna había alcanzado ya su fase más hermosa, y ahora una luna llena dejaba caer su luz pálida sobre aquella habitación oscura.

Se movió nerviosa para recostarse de lado, observando a Akko que aún parecía inconsciente. Estrechó casi inconsciente su brazo izquierdo para apartar de la frente de la castaña la compresa que le había puesto y de paso se animo a acariciarle el cabello de una forma lenta y cariñosa. Sus ojos como zafiros, pasaron a observar el tierno rostro de la chica oriental que parecía dormir, se acercó a ella arrastrando su cuerpo sobre la cama hasta quedar a escasos centímetros de ella, acercó su rostro lentamente en búsqueda de chocar con sus labios con los de Akko, pero lo único que encontró fue la mejilla izquierda de ella. No era como si no le hubiera gustado, pero su mente de verdad quería besar los labios de la japonesa.

Su visión se nubló. Se incorporó un poco sobre la cama y pasó su brazo izquierdo y su pierna izquierda por encima de la oriental sin tocarla y a esto siguió la incorporación de los miembros derechos de su cuerpo, quedando sobre el cuerpo de Akko, como si la estuviera aprisionando.

Ahora se encontraba algunos centímetros por encima de la chica castaña.

Acercó lentamente su rostro al de ella.

La bruja oriental abrió pesadamente sus ojos, y lo primero que vio fue a su compañera observándola por encima, acercándose peligrosamente a ella...

Las nubes oscuras que habían dado tregua a la lluvia se volvían a juntar poco a poco, amenazando con cubrir la luz de la luna.


Se maldijo a si misma por lo que había pasado en el día, todo hasta ese día había salido bien, pero ahora sus planes habían cambiado nuevamente. Las cosas no estaban saliendo como lo planeaba y no le gustaba eso. Empezando porque Daryl había sido tan débil y tan escrupulosa en sus motivos para sacar a su sobrina de la academia. Apostaba a que había sido el miedo a que descubrieran que una heredera directa de los Cavendish sintiera algo por otra mujer la causa de que no explicara de forma clara el motivos de sacar a su sobrina de la escuela en la carta que había mandado de regreso a Luna Nova, y por eso todo había desembocado en lo demás: Holbrook le había dado tiempo a Diana de tratar de arreglar todo con su tía, y ni corta ni perezosa la mocosa había ido a buscar a Akko para continuar con lo que había dejado pendiente.

Solo pensar en ella la ponía furiosa, la hacía arrepentirse de haber dejado pasar la ocasión que había tenido para seducirla... o para haberla tomado por la fuerza cuando había podido.

Eso le había pasado por actuar "cautelosamente" con la chica... ahora solo podía depositar sus esperanzas de tener una segunda oportunidad para hacerla pagar por lo que había hecho.

Suspiro pesadamente y sonrío para sí misma, calmando su enojo, poniendo las cosas en su lugar. Después de todo, parecía que su siguiente oportunidad no estaba lejos, estaba más cerca de lo que pensaba.

Recargo sus manos por detrás de su nuca mientras observaba cómo la luna era eclipsada por las largas nubes grises que auguraban una fuerte lluvia nocturna.

Debía ponerse en marcha.


Bueno gente linda, lo prometido es deuda y bien dice el dicho más vale tarde pero seguro...

Sí, estoy bastante avergonzado por no haber actualizado a tiempo y forma, y es que se me pasó escribir en el capítulo anterior que muy probablemente actualice el fic a finales de cada mes y teniendo esto en cuenta sin duda llegué elegantemente tarde para actualizarlo. Espero que sea la última vez que me pasa esto, y no quiero tomar como excusa la serie de catástrofes que ocurrieron en el país (México) en Septiembre, pero debo de hacerlo, y es que estar en modo paranoico me afecto en la inspiración de este capítulo.

Por otra parte estoy encantado con la recepción que tuvo el primer capítulo de este fanfic :D, en serio, muchas gracias por sus reviews, por ponerlo en favoritos, por seguirlo, por seguirme como autor, por esas tantas visitas, de verdad muchas gracias.

Alguien me pregunto si voy a continuarlo, créanme que sin duda este fic se va a continuar, eso sí y como dije, la actualización del mismo me puede demorar un mes aproximadamente, pero no desesperen, de igual forma los invito a que sigan este fic para que les llegue la notificación de actualización.

Sin más por el momento los dejo con el preview y a la espera de sus comentarios, quejas, dudas o sugerencias, sea lo que sea, no duden en dejar review o ponerse en contacto conmigo.

Hasta pronto y sigan leyendo, gracias por su tiempo y que tengan buen día.

(Son casi las 5 de la mañana cuando publico esto D:)


Preview

-Te estaba esperando…

La voz de la maestra sonaba tranquila y sin algún atisbo de enojo o represalia, de hecho se le notaba feliz, con una marcada sonrisa en el rostro.


HOLA, Si, estoy saludándote a ti que terminaste de leer este Fic. Quiero agradecerte por haber seguido por todo este tiempo esta historia. Sin embargo la aceptación que este Fic tuvo fue bastante baja y después de tantos años me vi en la obligación de abandonarlo para siempre. Es algo doloroso, pero creo que es lo mejor que puedo hacer, sin embargo quiero agradecerte por leer.

Que tu próxima lectura llegue a buen destino.

¡AGUANTE EL DIAKKO!