Little witch academia, es propiedad de Trigger. El siguiente fanfic esta escrito sin fines lucrativos.
cualquier parecido con la realidad es mera ficción...
Los campeones le dicen NO a las drogas.
Cruce de Caminos
Los ojos azules de la rubia observaban detenidamente. El ambiente silencioso que envolvía el cuarto en el que se encontraba la ayudaba a concentrarse en aquello que observaba.
Su mirada apesadumbrada buscaba desesperadamente en aquella escena una respuesta a la situación en la que estaba, o estaban sumidas...
Una hermosa mujer joven con el cabello rubio y ojos azules miraban hacia enfrente mientras sonreía en lo que parecía ser un día soleado; a su derecha y más abajo de la estatura de la mujer se encontraba una niña casi idéntica a la mayor, de unos cinco o seis años con el mismo semblante de la primera, salvo que la sonrisa de la pequeña se veía mucho más amplia.
-Supongo que nunca la hubieras podido negar como tú hija.
Susurro para si misma, aunque bien pudo haberlo gritado sin que alguien la hubiera escuchado. Había dicho aquello de dos formas. Una era por la obvia similitud que había entre madre e hija. Y la otra forma era aquella que estaba buscando como respuesta en aquel cuadro.
Ambas se veían felices; la madre por tener el amor incondicional de su hija, y está última por tener el amor de su madre.
Con esa imagen entendió que Bernadette nunca le hubiera dado la espalda a su hija en ninguna situación; y si ella no hubiera fallecido (o si siguiera viva) estaba segura que Diana se hubiera acercado a su madre para que esta pudiera ayudarla a entender aquello que para ella, su tía, parecía un capricho o una simple confusión en los sentimientos de la menor.
Pensar en que su sobrina no le hubiera tenido confianza para acercarse a conversar sobre lo que le estaba pasando le había molestado. ¿Acaso Diana no le tenia la suficiente confianza? Era obvio que no, y tal vez no podía culparla de ello, a pesar de todo no tenían la mejor relación como familiares ¿entonces cómo podía mejorar la relación con su sobrina? ¿en realidad estaba siendo una buena tutora?
Un fuerte dolor trepó hasta su cabeza. No era la primera vez que lo sentía, desde que había recibido la carta que enviaron de Luna Nova no dejaba de sentir ese dolor de cabeza, aunque este parecía más fuerte que los anteriores...
Agacho su cabeza y llevo las yemas de sus dedos a su frente para masajearla un poco, tratando con ello que el dolor desapareciera.
Era una situación para la que no se había preparado nunca. Y es que debajo de la actitud egocéntrica y fría que la caracterizaba se encontraba una personalidad que apenas reconocerían los demás, una personalidad que sentía aún un fuerte cariño por su ya fallecida hermana y por la sucesora de ella, una adolescente a quien en los últimos días de vida de su hermana había prometido que cuidaría.
La situación era confusa. Claro podía dejar que sus hijas fueran las herederas de todo aquello que ella había vuelto a construir, que se quedaran como las representantes del linaje Cavendish, pero...
Levantó su mirada nuevamente para observar aquel cuadro y enfocó su mirada al rostro de su hermana.
Claro, su hermana había sido el rostro de la familia. Era cierto que Daryl podía mofarse de ser ella la redentora de los Cavendish, aquella que había salvado a la familia de la miseria en la que estaban o a la que se encaminaban, pero también se podía argumentar que había sido en principio culpa de ella que los Cavendish habían terminado en esa misma situación de miseria y al borde de la quiebra, situación que seguramente se hubiera evitado si su hermana aún estuviera con vida. Pero aquello no había sucedido, las cosas habías terminado como lo estaban y ya no podía hacerse mucho. Podrían recriminarla por haber sido artífice de la miseria en los Cavendish, pero también debían de admirar el nuevo rumbo que había tomado para rescatar el renombre de la familia. Al final todo había vuelto a la normalidad y había preparado a la familia para que esta siguiera siendo una familia noble distinguida al menos en lo económico. Todo eso lo había hecho justamente en un momento donde ya a casi nadie le importaba la magia y empezaban a avanzar a un mundo sin ella. Sin embargo todo había cambiado desde la aparición y resurgir del Yggdrasil y de la magia del Gran Triskellion. el mundo había vuelto a ver a la magia como algo relevante e importante para todos. Y era por esta ultima razón que la casa Cavendish necesitaba de alguien que pudiera tomar las riendas de la familia. Sin duda Daryl podría ser la primera en proclamarse como la líder de la familia, después de todo era también una bruja con buenas capacidades en la magia, pero ser buena no era suficiente como para rivalizar contra una de las brujas que habían ayudado a despertar la magia del Triskellion y un rostro que todos reconocían en el mundo de la magia como el mayor erudito de los Cavendish: Diana. Era obvio que aquel lugar como líder de la familia le correspondía a Diana, la viva imagen de su difunta hermana y quien no solo se vanagloriaba por sus conocimientos en las artes mágicas, sino también destacaba como un cerebro que podía manejar apropiadamente las finanzas de la familia, y Daryl sabía que ni ella ni sus hijas podían rivalizar jamás contra algo como eso, ni en uno ni en lo otro.
Si, ya sabía que Diana era quien debía de continuar con el legado familiar, por eso aquella situación en la que estaban era tan difícil de asimilar. Si aquello no era un simple lapso de confusión de su sobrina ¿cómo los verían las demás familias?
Nuevamente trepó por su cabeza el dolor de cabeza, pero esta vez no fue tan fuerte.
Levanto su rostro para volver a ver el cuadro que tenía en frente, enfocándose primero en el rostro inmortalizado de su sobrina cuando era una niña. Y después enfoco su mirada en su difunta hermana.
-Dime ¿qué debo hacer, hermana?
La noche de por si era oscura y las nubes cargadas de lluvia no hacían más que apretar la oscuridad de la madrugada.
Había tenido suerte de que Akko siguiera camino de vuelta a su dormitorio y que no le cuestionara más acerca del por que estaba en los pasillos a esa hora, pero lo que en verdad le ponía nerviosa era lo tarde que se le había hecho para encontrarse con "ella", era ya pasada la hora en que se suponía iban a coincidir, y no podía pensar en algo menos que en un regaño… tal vez hasta podría romper el trato que tenían y quedarse sin la poción que le había prometido. No quería eso, en realidad la necesitaba, así que apretó su paso tratando de ser lo más sigilosa posible.
Cuando al fin llego, tocó la puerta tratando de hacer el menor ruido posible y cuando estaba a punto de tocar nuevamente la puerta se abrió de par en par.
-Te estaba esperando…
La voz de la maestra sonaba tranquila y sin algún atisbo de enojo o represalia, de hecho se le notaba feliz, con una marcada sonrisa en el rostro.
Hannah se sorprendió al ver a la maestra de esa forma, incluso estuvo a punto de dar uno o varios pasos hacía atrás, pero al escuchar su voz pudo comprender la situación, y la razón para que se viera así.
La mujer mayor abrió lo suficiente la puerta y con su mano derecha hizo un ademán invitando a la castaña a entrar rápido a la habitación
-Lo lamento –Hannah se apresuró a disculparse - quise llegar antes, pero tenía que estar segura que nadie me viera, y ...
-Está bien, está bien. –la mayor le arrebato la palabra a Hannah para que esta dejara de reprocharse- No pasa nada, aparte hiciste lo que te pedí de maravilla.
El tono de la maestra era de evidente satisfacción e incluso Hannah pudo ver como la sonrisa que tenía desde que abrió la puerta se había ensanchado; eso la ayudo a relajarse en esa situación.
-¿De verdad?
-Si, de verdad. Te dije que no era nada difícil de hacer, tu haces poco y ganas mucho, y yo hago poco y también gano mucho.
La mano de la maestra se poso en la cabeza de Hannah y revolvió sus descuidados cabellos castaños, para luego reparar en el aspecto de la castaña.
»¿Sigues sin dormir bien?
La maestra ya sabía para entonces la causa de los constantes desvelos de Hannah, sin embargo, en una situación en la que la castaña se sentía por demás vulnerable y desolada esa pregunta, en la que la mayor se fijaba sobre su estado físico hizo de alguna forma que se sintiera bien, como si aquella soledad en la que se había sumido en las ultimas semanas fuera una sensación menor, sentía que al menos alguien se preocupaba por ella en un momento en el que parecía ser un fantasma para las demás personas…
Hannah agacho su cabeza y apretó lo más posible sus ojos para evitar que las lagrimas salieran de ellos; con la andanada de tristeza a punto de salir negó lentamente con la cabeza a la pregunta que le había hecho.
Las tibias manos de la mayor se posaron en sus mejillas y después sintió como levantaba su rostro. Abrió lentamente sus hermosos ojos pardos para poder ver a la maestra a los ojos; las evidentes muestras de sus lagrimas que habían quedado en las comisuras de sus ojos fueron lenta y cuidadosamente enjugados con las palmas de las manos de esta.
-Ya veras que pronto podrás descansar mejor. Para eso estamos aquí ¿no?
La castaña seguía sin poder articular una respuesta así que solo pudo asentir a la pregunta.
-Tu ya me ayudaste, Hannah, y ahora yo debo de ayudarte con...
La maestra hizo un ademán con su mano derecha, como si quisiera que la castaña continuara con la oración que había comenzado.
Con un poco de esfuerzo y ya retomando la confianza pudo responder verbalmente a aquella invitación.
-... Barbara...
-Cierto, cierto. Con Barbara y… con la entrometida de cuatro ojos ¿no?
Hannah volvió a asentir lentamente ante la pregunta de la mayor. No sin antes encontrar la ironía en el comentario despectivo a las personas que usan lentes.
-Bien, aquí tengo lo que va a ayudarte, Hannah...
La maestra se volvió, dándole la espalda y caminó hacia donde se encontraba el escritorio de la habitación, ahí yacía un pequeño recipiente similar a una muestra de perfume. El contenido del recipiente era de un rosa claro casi fosforescente, al punto que pensó que si se apagaran las luces aquella botella sería la única fuente de luz.
Se acercó a la mayor siguiendo los pasos que esta había dado hasta el escritorio. Y antes de que pudiera alcanzarla la maestra se dio la vuelta. Quedaron nuevamente de frente y, acto seguido, la maestra se apoyo un poco en sus rodillas para quedar a la altura de la castaña, tomo suavemente las manos de esta y puso en ellas el pequeño frasco con la poción.
-Diluye una gota de esto en un vaso de agua y dáselo de beber a Barbara. Después usa una gota o varias sobre tu cuello, tu ropa o tu cuerpo, justo como si fuera un perfume y en cuestión de nada verás los resultados.
»Créeme que las cosas volverán a ser como antes ... o mejores.
-¿Solo eso?
-Jaja ¿necesitas algo más que eso? Si, solo eso. Con esto no tendrás que preocuparte otra vez por la cuatro ojos. Barbara solo va a seguirte a ti. Justo como antes ¿no?
Hannah tomo con fuerza el recipiente y lo llevo a la bolsa de su pijama para guardarlo.
-Gracias maestra…
-Yo debería de agradecerte a ti, Hannah. Me ayudaste como no tienes idea. Ahora deberías ir a…
-Maestra…
Hannah interrumpió sutilmente la despedida de la maestra. Tenía sueño, pero quería saber algunas cosas más.
-¿Hannah?
-Me encontré con Akko en el pasillo…
Contrario a lo que había pensado que sucedería, el rostro de la mayor volvió a mostrarse feliz, nuevamente mostrando una sonrisa que a Hannah le pareció de lo más normal, sin ninguna intención debajo de ella.
-Me imagine que se habían encontrado, y si, antes de que también preguntes, estuvo aquí. Conversamos un poco, una simple conversación entre maestra y alumna, así como lo estamos haciendo tu y yo.
-Entiendo…
-Supongo que quieres preguntarme algo más ¿no?
Demoro un momento en responder, primero lo hizo asintiendo lentamente y después continuó, aminorando en su tono de voz la desesperación e inquietud que sentía por hacer la siguiente pregunta.
-¿Diana estará bien?
La castaña apaciguo sus sentimientos a la par con su semblante. Se había olvidado de la razón por la que había aceptado en un principio el encargo de la maestra.
Quería que Barbara dejara de prestarle atención a Lotte para que volviera a enfocarse en ella y solo en ella. Pero no importaba cuanto buscaba a Barbara para que ambas estuvieran juntas, siempre había una excusa para evitarla, por el contrarío, cuando Lotte se acercaba a ella usualmente había tiempo de sobra. No sabía como había empezado todo aquello, hasta hace unas semanas las cosas iban de maravilla entre ella y Barbara, y poco a poco Barbara empezaba a pasar más tiempo con Lotte al punto de compartir ya casi todo el día con ella…comprendía que habían descubierto los gustos en común que compartían las dos, pero sentía que aquello no era una excusa suficiente para marginarla y evitarla lo más posible. Ni siquiera en el dormitorio podían pasar tanto tiempo juntas ya que parecía que Barbara siempre tenía una excusa para evitarla.
Aquello ya era suficiente para la chica castaña y sentía que no podía empeorar más, pero trágicamente para ella, empeoro. Su ultimo pilar en el circulo de amistad que tenia, Diana, también parecía hacerla a un lado. De esta forma veía por un lado a Diana gastando más tiempo con Akko y a Barbara pasando casi todo el día con Lotte. Esa situación parecía pandear a Hannah casi al punto de quiebre; una fuerte tristeza se había empezado a apoderar de ella casi al punto de la depresión. Comía muy poco e incluso ya había llegado al punto de olvidar su característica vanidad, aunado a las ya bien pronunciadas ojeras producto de las noches que pasaba en vela por la ansiedad que le causaba su situación. Sin embargo nadie se daba cuenta de ello, a pesar de que Diana y Barbara la veían diario en el dormitorio ninguna de las dos había mostrado preocupación por ella. Había sido desplazada al punto de solo ser una persona más ahí. Por si fuera poco los últimos días habían sido desastrosos para ella.
El viernes parecía que Diana al fin se mostraba interesada por lo que le sucedía y pensó que todo volvería a la normalidad entre ellas, no obstante aquello no sucedió. Quería hablar bastante con Diana, hacerle ver la situación en la que se encontraba, pedirle que por favor no la abandonara, que estuvieran mas cercanas que antes; que si, su relación con Barbara era muy cercana, pero que no por ello despreciaba su amistad con la rubia, mucho menos ahora que estaba tan mal y que la necesitaba más que nunca, pero Diana tampoco tuvo tiempo para ella ese día… no podía culparla, y después de todo había sido también Diana quien la había alentado a acercarse nuevamente a Barbara usando otros medios, y por ello hizo lo mejor que pudo al escribirle una carta a Barbara con la ilusión de que volvieran a estar juntas.
Pero eso tampoco había funcionado…
El sábado había sido peor para ella, empezó el día sin que hubiera rastros de Diana. Y aunque quiso tomar aquello como una oportunidad para estar a solas con Barbara todo había salido contraproducente. Se despertó justo en el momento en que la chica de cabello oscuro se vestía para salir, intercambiaron miradas por un pequeño lapso antes de que pudiera decir algo.
-¿Vas a salir?
-Pueees, ¿si?
Barbara no se mostraba dispuesta a hablar, como ya venía siendo costumbre. Y de hecho pensó que aquella pregunta había sido bastante estúpida como para que esta la tomara en serio.
-¿A la ciudad?
-Si…
-¿Sin mi?
La habitación hubiera quedado en silencio de no ser por el sonido que hacía la chica de cabello oscuro al cepillar su cabello frente al espejo. Por supuesto, no había respuesta para la pregunta de la castaña.
-¿Barb?
Barbara termino de cepillar su cabello y abrió un maletín de maquillaje que tenía en su buró para empezar a maquillarse. Todo eso sin responderle a Hannah.
-Oye… te estoy hablando…
Un suspiro por parte Barbara fue suficiente respuesta para aquellas llamadas de atención, pero aún no había una respuesta verbal por parte de esta y ni siquiera detuvo su maquillar.
Con cada una de las llamadas sin respuesta Hannah sentía más y más dolores en su pecho al punto de no aguantar más. Se acerco lo menos sigilosamente a su compañera por la espalda, pero esta ni siquiera se inmuto en voltear. No fue si no hasta que sintió un peso por detrás de ella abrazándola que reacciono.
Pero no lo hizo de la forma en que la castaña quería…
-¡Aghh! ¡¿Qué te ocurre?!
Barbara aparto bruscamente a su compañera de ella, empujándola y tirándola (para fortuna de la castaña) en su cama.
-¿Por qué no me haces caso?
-¡No tengo por que hacerte caso, no tienes por que saber a donde voy y no quiero que vengas conmigo, ¿entiendes?!
Barbara tomo furiosa algo del buró para salir de la habitación sin siquiera reponer en las lagrimas que empezaban a salir de los ojos de Hannah.
-No te vayas…
Dijo en un tono apenas audible por lo quebrada que sonaba su voz en ese momento mientras se incorporaba lo más rápido posible de la cama.
De hecho tuvo una oportunidad para tomar a Barbara de sus ropas, tomarla y no dejarla ir aunque esta pusiera resistencia, quería hacerlo sin importarle que la empujara nuevamente, pero no quería dejarla ir. Desgraciadamente para ese momento ya no tenía fuerzas ni físicas ni anímicas para hacerlo. Con lagrimas cegando sus ojos solo pudo escuchar a su amiga cerrar la puerta del dormitorio tras de ella.
No hubo momento de silencio. El sonido de una fuerte caída comenzó con todo. Hannah cayó sobre sus rodillas y después de ello los llantos y sollozos no se hicieron esperar. La habitación continuó así por bastante tiempo, siendo los muebles dentro de esta los únicos testigos del pesar de la castaña.
Para la castaña aquel día las cosas habían escalado a algo que jamás había pensado que sucedería, ya tenía bastante con que Barbara la evitara cada que podía, pero lo de hacía un momento había sido una herida aún más profunda. La chica de cabello oscuro jamás, ni en sus peores momentos había actuado de aquella manera tan física contra ella. No solo había sido el que la hubiera empujado, era también lo que le había dicho lo que la había lastimado. "Y no quiero que vengas conmigo", quiso llorar otra vez al recordar las palabras tan hirientes de Barbara, pero ya no pudo hacerlo; todas sus lagrimas la habían abandonado.
Miraba hacía el techo del cuarto con la mirada perdida, había perdido la noción del tiempo y no recordaba cuanto tiempo llevaba acostada en el piso de la habitación. Para cuando había recobrado la consciencia tampoco tenía ganas de levantarse del ahí. No tenía la necesidad de hacerlo. Ya no podía perder nada más en su vida, y tampoco quería ver como todo lo que le importaba en su vida se escapaba de ella como agua en sus manos. Lo de Diana era difícil de asimilar, pero la situación con Barbara era aún más difícil por todos los sentimientos que esta última movía dentro de ella, y es que desde hacía tiempo quería dejar de verla como una amiga, ya había decidido el declararle eso a Barbara, pero había dudado tantas veces de ello que para cuando se decidió por hacerlo ya era bastante tarde y su relación como amigas se había empezado a desmoronar. Lo peor para ella es que sabía bien el nombre de la persona que había comenzado a apartarlas y que casi todos los días tenía que verle el rostro. Sin embargo saber todo aquello no le ayudaba, y por mucho que deseaba borrar a Lotte de la vida de Barbara no podía hacerlo.
Simplemente no podía competir contra ella. No le quedaba más que ver como Barbara se iba para siempre de su vida.
Y justo cuando estaba dándose por vencida "ella" había aparecido para ayudarla a cambió de un simple y sencillo favor. Le había encargado llevar a la oficina de correo de Luna Nova una carta que tenía como destinatario la residencia Cavendish. Algo que le había parecido bastante raro teniendo en cuenta que iba dirigida especialmente a la tía de Diana. ¿Qué asunto podría tener "ella" con la tía de Diana?
No quiso preguntar en ese momento sobre ello, pero algo le hacía dudar y pensar que aquello no sería nada bueno… Aún así tampoco podía rechazar la oferta que le habían propuesto.
"Si tanto la quieres, yo puedo hacer que ustedes dos vuelvan a estar juntas. Pero a cambio necesito que me hagas un pequeño favor."
No dudo al momento de escuchar aquellas palabras. Estaba dispuesta a hacer lo que fuera por tener a Barbara cerca otra vez, para no volver a dejarla ir de su vida nunca más.
Y así fue como sin querer había concretado la traición a su amiga Diana.
Realizar la tarea que la maestra le había pedido no había sido lo difícil, ni eso, ni hacer un esfuerzo extraordinario para alistarse lo mejor posible e ir a entregar la carta, lo verdaderamente difícil había sido tener que aguantar tanto tiempo hasta que pudiera retribuir su parte del trato.
"Pero tendrás que esperar un poco más, porque algo como lo que voy a darte no se hace de la noche a la mañana"
Podía haber pensado en muchas cosas que la maestra le iba a proporcionar, tal vez algún consejo o amuleto, pero su mente apenas pudo hacer un espacio para recordar el día y hora en la que tendrían que volver a verse para tomar su recompensa por el "trabajo" que había hecho.
Tenia que esperar mucho tiempo, y fuera del encuentro con "ella", las cosas no pintaban bien para ella el resto del día. No había rastro de Diana y mucho menos de Barbara así que decidió meterse a su cama y descansar ahí.
A pesar de no haber hecho gran cosa en el día se sentía cansada, probablemente por la falta de alimentación que venía arrastrando de días o simplemente por la tristeza que la abrumaba, decidió que la mejor forma para no alargar la espera de Diana o Barbara era meterse a su cama y reposar ahí lo suficiente hasta que alguna de las dos regresara. Mientras eso sucedía pensaba en la solución que la maestra le había propuesto, fuera lo que fuera esperaba que pudiera hacer uso de ello antes de que algo más sucediera con Barbara… pensar en ella le hacía mal. Después de mucho tiempo el dolor físico resonó con sus sentimientos y las lagrimas volvieron a brotar de sus ojos, y apenas pudo detenerse un poco cuando Diana regreso al dormitorio después de tantas horas ausente y apenas pudo preguntar el nombre de la rubia para cerciorarse que no fuera nadie más. Pauso un momento y volvió a llorar, esta vez sollozando en el proceso.
De verdad esperaba que nada más sucediera entre Barbara y Lotte, que nada la arrancara de ella para siempre.
Para cuando cayó rendida en sus sueños ya había dejado de sollozar y llorar. No supo en que momento había regresado Barbara a la habitación.
El Domingo llego muy similar al día anterior, sin Diana a la vista, y con las mismas ganas de destruirla anímicamente. Barbara tampoco se encontraba en el dormitorio y sabia muy bien cual era el paradero de su compañera en esos momentos, no obstante esa no fue la razón para sentirse destruida por segundo día consecutivo. Fue al levantarse de su cama y tratar de comenzar el día que todo se cayó. Sobre la cama ya tendida de Barbara se encontraban varios pedazos de papel, su curiosidad le gano para acercarse a tomarlos, aunque desde antes de tomarlos ella ya sabia de lo que se trataba: eran los restos de la carta que había escrito y puesto en el libro de Barbara…
Un fuerte llanto que empezó como un chillido salió desde su garganta para invadir con este sonido todos los rincones del silencioso dormitorio, las lagrimas no tardaron en caer y recorrer las mejillas de su rostro. La situación ya era tan irreal y desmoralizante para ella que parecía un milagro que aún se mantuviera en pie…no sabia cuanto tiempo más podría aguantar, no sabia si podría resistir toda esa situación hasta las siguientes horas en las que tendría que volver a verse con la maestra para reclamar su parte del trato y ya ni siquiera sabia si en realidad quería que la ayudaran…
Con la poca fuerza que tenia recogió todos los trozos de papel que había en la cama de Barbara, los recogió de una manera simbólica, como si aquellos trozos fueran las partes en las que su corazón se había roto.
El día catastrófico no terminaría ahí.
A pesar de que por su mente corría ya la idea de rechazar toda ayuda para dar paso a un pensamiento más trágico tuvo que retractarse de aquello. Un ultimo evento en el día dio pie a eliminar toda duda que tenia sobre la ayuda que le había otorgado a la maestra a cambio de una solución para la situación que vivía con Barbara. Era cierto que había dudado de lo que la maestra le había pedido a cambio, –principalmente por la persona a la que iba dirigida la carta- pero la situación que se presento hizo que toda duda que sentía fuera eliminada por el momento, al punto que quiso que el tiempo pasara mas rápido hasta la hora acordada…
Estaba tan mermada de fuerzas que lo único que pudo hacer después de recoger los trozos de la carta fue regresar a su cama y quedarse ahí acostada, cubierta de pies a cabeza, sin saber que hacer y con los pensamientos negativos carcomiendo su frágil consciencia hasta que escucho afuera del dormitorio una voz conocida por ella, era Barbara, pero estaba hablando con alguien más ¿con Diana? No reconoció la voz hasta después. Primero escucho la perilla de la puerta girar para abrir la puerta tan solo para después escuchar con mejor claridad las voces antes de entrar.
-Si, se supone que la habitación debe estar so…
La voz de Barbara se corto de golpe, supuso que había dejado de hablar después de verla acostada en la cama.
Hannah no pudo ver la expresión de Barbara en ese momento, ya que estaba acostada dándole la espalda a la puerta principal del dormitorio, pero supo que algo iba mal.
Entonces la otra voz rompió el silencio que se había adueñado del cuarto.
-Creo que lo mejor sería…
La castaña no quiso escuchar nada mas, sus ojos se abrieron como platos, y de una forma inadvertida por lo cubierta que estaba entre sus cobijas pudo poner sus manos en sus orejas al escuchar aquella voz en el dormitorio, la voz de su rival, la voz de Lotte.
»En otro día… pero si quieres préstame tu libro…
-¡Ah! Si, por aquí debe de estar, déjame buscarlo…
»aquí esta…
-Gracias…en cuanto termine de leerlo te lo devuelvo…
-Si… bueno, vamos…
A pesar de tener sus manos en los oídos podía escuchar vagamente las voces de ambas chicas, no hubo una conversación tan larga, pero si una que sonaba bastante incomoda y que termino con el cerrar de la puerta del dormitorio. Supuso que su presencia en la habitación había terminado con el plan que Barbara y Lotte tenían para esa tarde… tristemente había vivido una de las peores sensaciones y tal vez el peor episodio en su vida y solo esperaba que el plan de Barbara y Lotte no se concretara en algún otro lugar de la academia.
Era cierto, la situación que había vivido hacía unos minutos atrás mandaron todos sus sentimientos y su ya herida moral a una fosa a un más profunda de la que ya estaban, y sorpresivamente cuando las otras dos chicas salieron de la habitación Hannah no pudo llorar, era más fuerte el shock en el que se encontraba que cualquier otro de los acontecimientos y sentimientos que hubiera vivido en ese funesto fin de semana.
De alguna forma y a pesar de la situación en la que estaba con tantos golpes anímicos consecutivos pudo espabilar y esclarecer su mente, lo que había estado a punto de suceder era algo que nunca quería vivir jamás; no quería llegar algún día de clases y encontrarse con una escena traumática que implicara a Barbara con Lotte, porque sabia que su ya frágil mente no podría con una situación así, nunca se podría recuperar de una situación así.
El miedo al pensar en todo eso la invadió a tal grado que eso fue el catalizador para olvidar cualquier tipo de duda que tenía sobre las intenciones de la maestra, en ese momento ya no le importaba a quien iba dirigida aquella carta.
-¿Lo dices por la persona a la que iba dirigida la carta?
-…Si…
La bruja mayor paso su mano derecha a la cabeza de Hannah y después fue bajando lentamente su mano hasta su hombro para acercarla hacia ella y terminar abrazándola tiernamente. Quería acariciarla y tranquilizarla lo más posible.
-Solo quise extenderle mi preocupación por Diana a su tía… últimamente la he visto muy distraída en clases y no se que le este pasando para estar así…
Para Hannah no había nada raro en Diana, pero era cierto que la rubia ya casi no pasaba mucho tiempo en el dormitorio con ellas, o más bien, ya solo con ella, pues se pasaba ya casi todos los días ayudando a Akko o sumida en diferentes estudios en la biblioteca. Tal vez la maestra solo confundía la actitud de responsabilidad de Diana con que esta estuviera distraída. Por todo lo demás suponía que era normal que los profesores se sintieran preocupados cuando notaban distraída a una de sus alumnas ejemplares. Creyó que la maestra había hecho lo que consideraba mejor al avisarle a la tía de Diana sobre el problema que tenía… aún cuando insistía en que Diana no se veía distraída.
La castaña se aparto un poco de la maestra, terminando con la muestra de afecto que la mayor estaba realizando. Ya no tenia más que preguntar y sus dudas se habían resuelto por el momento, aparte sentía una impulsiva necesidad de usar aquella poción que le habían entregado. Su mente necesitaba desesperadamente ese alivio, esa necesidad de que su situación mejorara…
-Comprendo…bueno, ya es muy tarde, maestra.
El semblante amistoso de la maestra no cambió nada, lo que hizo que Hannah no dudara de las intenciones ocultas que podría tener.
-Si, ya es bastante tarde, debes de descansar muy bien. Regresa con cuidado.
-Gracias… hasta luego.
-De nada, gracias a ti Hannah. Que te vaya bien con ella.
Dijo eso ultimo enviándole un guiño. Después de eso la castaña se dio la vuelta y abrió lentamente la puerta para hacer el menor ruido posible y de la misma forma la cerro tras de ella.
Cuando Hannah salió del cuarto se volvió al escritorio para sentarse en la silla que había ahí. Abrió una gaveta del escritorio para encontrar otra de las pociones que había hecho y con casi la misma intensidad de color que la entregada.
-No... no será necesaria.
Tomo el recipiente con fuerza y lo azoto contra el piso, haciendo que inmediatamente se rompiera a la par que una suave y dulce fragancia se esparciera por todo el cuarto. Ya no era necesario el uso de aquella poción en sus planes. Nuevamente había hecho un cambio en su plan.
No necesitaba de aquello para convencer a la bruja japonesa. Sabía que el efecto de la poción no era real, solo una vaga ilusión entre la persona que lo bebía y la persona que lo usaba. Y no, ella no quería eso con su alumna. El cambio en su plan implicaba que Akko no sintiera en ningún momento algún atisbo si quiera de amor cuando la tuviera en sus redes, quería que esta estuviera consciente cuando aquel momento llegara. quería destruirla por todo lo que le había hecho y por fin sacarla de la jugada…
Volvió su mirada al escritorio que tenía enfrente para ver una foto que le llamo bastante la atención. En está se apreciaba uno de los momentos más especiales para ella: Chariot y Croix en su adolescencia.
-Increíble que esto aún este aquí…
Se quedó viendo ensimismada la fotografía por un largo rato hasta volver su cabeza en sus planes, no sin antes posar su mirada una ultima vez en la foto y mandarle un beso desde el lugar donde estaba sentada. Todo marchaba bien por el momento. Ya estaba solo a unos pocos pasos de sacar a la mocosa de la jugada y de terminar el juego.
Alzó su mirada al ventanal que había en la habitación tan solo para cerciorarse del clima que había esa noche. Sonrió al ver las nubes grises que contrastaban con el cielo nocturno. La tormenta había llegado y los días tormentosos continuarían.
Los ojos pardos de la chica inglesa se abrieron de par abruptamente como si hubiera despertado de una pesadilla a pesar de no haber tenido alguna en sus horas de sueño. Faltaba tiempo para que su despertador sonara y faltaba aún más tiempo para que las clases comenzaran.
Posó su mirada en el ventanal del dormitorio tan solo para darse cuenta del clima tan horrible que hacía afuera. Unas pequeñas gotas chocaban con el cristal pronosticando lluvias intermitentes durante la mayor parte del día. Pese a ello decidió por levantarse de su cama y comenzar con su día.
Volteo su mirada hacía donde se encontraba su compañera de cuarto como si quisiera cerciorarse de que esta estuviera en su cama -a pesar de que cuando había salido de la habitación en la madrugada la había visto-. Ciertamente era un pensamiento valido, el comportamiento de su compañera se había vuelto tan errático, y lo sucedido en la tarde del día anterior solo alimentaba la idea de que podría ser capaz de no regresar al dormitorio por las noches…para su fortuna aquello no había sucedido aún. Podía ver el bello rostro de la chica de cabello negro sobresalir por encima de las sabanas mientras respiraba por la boca. Tan solo verla ahí durmiendo tranquila le rompía el corazón, más al recordar como la había tratado en los últimos días y más aún al recordar lo mucho que había cambiado con ella. Por un momento sintió la necesidad de volver a llorar, pero se contuvo, se prometió que ese día haría todo lo posible para no derramar ninguna lagrima. Pasó su mano derecha al bolsillo de su pijama para encontrarse con la poción que la maestra le había entregado. Agacho su cabeza y sonrió vacilante para sí misma.
Últimamente había tenido días horribles, por no mencionar que había tenido un fin de semana para el olvido, pero si todo lo que la maestra le había dicho era cierto aquella poción sería la catalizadora de eliminar todos esos malos días que le auguraban.
Entonces se levanto de su cama, decidida a que ese día el sol saldría para ella, aún cuando el pronostico del día fuera horrible para las demás.
Vertió una sola gota en la botella de agua de Barbara tal y como le había instruido la profesora. Aún dudaba de que algo así fuese a funcionar, pero para ese momento ya no tenía nada que perder con intentarlo.
Dejó lo más sigilosamente posible la botella de agua en el buró de su compañera. Ahora solo faltaba que Barbara bebiera el agua.
Decidió no esperar a que eso sucediera y aprovecho el tiempo que tenía de sobra para arreglarse, empezando por bañarse.
Cuando se dirigía hacía el baño se dio cuenta de que su otra amiga, Diana, no se encontraba en su cama, pero la mayoría de sus objetos personales y cosas estaban ahí. Aquello se le hacía bastante raro. A su mente llego lo que había dicho la maestra acerca de la carta que le había enviado a la tía de Diana. Trato de atar cabos con todo ello. No fue si no hasta ese momento que había caído en lo inusual que era todo esa situación, desde el día anterior Diana no se había visto por ningún lado y apenas reparaba en recordar que por la madrugada, cuando había salido de su habitación para recoger la poción con la profesora no había escuchado sonido alguno de la rubia ¿le había pasado algo? Más extraño aún era que la ausencia de Diana había ocurrido al día siguiente que había mandado aquella carta a la residencia Cavendish.
La mala corazonada que se había perdido hacía unas horas en la habitación de la maestra había vuelto. Se metió a la ducha, esperando que el agua caliente sobre su cuerpo relajara su mente y cuerpo; esperando que aquello le pudiera dar una visión más amplia de lo que estaba ocurriendo con Diana y su extraña ausencia… la rubia no había dejado siquiera un recado de a donde iría, algo poco común en ella. Lo que la tranquilizaba era que las pertenencias de Diana se encontraban en la habitación… ¿qué había sucedido entonces? ¿a que se debía la ausencia de su amiga? ¿en dónde estaba Diana?
Salió de la bañera, lista para vestirse mientras continuaba pensando en el paradero de su amiga, antes de abrir la puerta del baño una pregunta vino a su mente ¿cómo sabia la maestra que Diana se veía distraída en clases? No necesitaba tener una memoria perfecta para recordar que ella no les impartía clases.
Pero no hubo forma de responder adecuadamente esa pregunta…
Sorpresivamente al abrir la puerta del baño para salir se encontró con ella. Por un momento los ojos pardos se perdieron con los ojos grises de su compañera. Aquel contacto visual no duró tanto tiempo, ni fue tan agradable como hubiera querido. Permanecieron en silencio por un momento. El semblante de Barbara se veía molesto y cuando Hannah estuvo a punto de preguntar si quería entrar al baño Barbara le rodó los ojos a la par que soltó un suspiro pesado en son de molestia. Hannah no tuvo porque interpretar aquello que era tan claro. Salió apresurada del baño tratando de acercarse lo menos posible a su compañera y la dejó entrar. La puerta del baño se azoto al cerrarse denostando la molestia que sentía su compañera.
El día de Hannah estaba comenzando mal. Primero había sido lo de Diana y ahora era este percance con Barbara.
Camino hacia su buró tan solo para encontrarse con su reflejo decaído en el espejo a pesar de haber salido de la ducha. No sabia que haría si las cosas continuaban así en el resto del día. Pensó en lo difícil que sería seguir aguantando aquella situación, en lo mucho que deseaba dejar de ser tratada de esa forma tan indiferente y lastimosa por la chica que le gustaba...
Quiso maquillarse para cubrir sus ojeras, pero su ánimo se había mermado ya lo suficiente como para no hacerlo.
Tan bajas eran sus fuerzas que pensó en volver a su cama y no levantarse de ahí, pero tampoco tenía ganas de que Barbara la volviera a hacer menos con la mirada. Decidió entonces salir de la habitación antes de que su compañera saliera de la ducha.
Tomo sus cosas e imperceptiblemente abrió el pequeño frasco con la poción para restregar unas gotas sobre su cuello y su uniforme.
Escucho a lo lejos como el agua de la bañera dejaba de caer y se apresuró a arreglarse para salir de la habitación lo antes posible.
No tuvo tiempo siquiera para ver qué la botella de agua de Barbara estaba ya a la mitad de su contenido.
Ató los cordones de sus zapatos lo más rápido posible, pero fue traicionada por sus nervios en varias ocasiones antes de que pudiera hacerlo bien con ambos zapatos. Escucho la perilla del baño moverse y sabia que Barbara estaba a nada de salir; no quería verla porque sabía que sus sentimientos volverían a ser lastimados.
Escucho como salía del baño y se dirigía hacia donde ella se encontraba. Estaba amarrándose el cabello con su moño cuando vio de reojo la silueta de Barbara aún con su bata de baño pasar casi a su lado. No quiso verla directamente pues sabía cual sería el resultado de ello.
Estaba tan nerviosa que no escucho cuando Barbara detuvo abruptamente su andar.
Sus dedos fallaban al momento de enredar su moño, y antes de que desistiera de hacerlo sintió un peso en la espalda. En ese momento pensó en lo peor antes de que cayera en cuenta de que aquello no era ni un empujón ni un golpe.
-Te ves mejor con el cabello suelto.
La voz suave y típica de Barbara se escucho en lo que pensó había sido un murmullo, como si fuera una alucinación, pero después sintió las manos de su compañera hundirse lentamente en su cabellera para desatar el moño que se había atado con tanto trabajo e inmediatamente el cabello castaño cayó sobre sus hombros.
Todo era tan surreal en ese momento y no sabía que estaba sucediendo. ¿Qué había pasado con la actitud indiferente de Barbara? Quiso comprender que era eso que sucedía, pero en ese momento se había olvidado de haber usado la poción y del efecto que causaba la misma.
Su mente estaba en blanco, no sabía que estaba ocurriendo, pero su cuerpo si entendía lo que estaba sucediendo. La sangre se agolpó rápidamente hacia su rostro y se estacionó en sus mejillas para sonrojarla.
-¡Aghh! ¡¿Qué te ocurre?!
Exclamo sorprendida sin darse cuenta de la ironía de emplear aquella expresión. Sin embargo a diferencia de la ocasión en que Barbara se había expresado de esa forma ella no pudo, ni quiso empujar a la de cabello negro.
-Solo digo la verdad, te ves mucho más bonita así ¿ves?
La mirada de Barbara estaba enfocada en el espejo que tenían enfrente, mientras ella miraba por encima de su hombro, como tratando de ver el rostro de la chica de cabello negro, pero el comentario de esta la obligo a fijarse en el espejo también. Con su mirada enfocada en el espejo puedo ver el reflejo de ambas. Observo en sus propias mejillas lo rojas que estaban y después subió su mirada para encontrar la mirada de Barbara observándola. Estaban haciendo contacto visual y en esta ocasión no había molestia aparente en el rostro de Barbara, al contrario, le regalaba una mirada cálida. Era nuevamente la mirada y el rostro que ella conocía de Barbara, el rostro de la chica de la que estaba enamorada.
El contacto visual fue breve, pero para ella habían parecido horas mirándose, no pensaba en nada más, en su mente no existía espacio para lo que había ocurrido con Diana, no había espacio para pensar en la mala corazonada que había sentido al ayudar a la maestra a dejar aquella carta, no había espacio para pensar en la hora de entrada a clases que estaban cerca de comenzar. No, solo podía pensar en la situación en la que estaba. En lo bien que se sentía ver el rostro de Barbara observándola.
-¿No has podido dormir bien?
La mano derecha de la chica de cabello negro acarició su rostro pasando suavemente su dedo índice por las ojera que se le notaba en el ojo del mismo lado. Por primera vez desde que aquel yugo en el que se había convertido su vida lo había notado.
Y entonces su pecho no pudo más. Sus ojos empezaron a inundarse y rompió la promesa que se había hecho al iniciar su día.
Después de tanto tiempo, de tantas veces que había pedido que alguna de sus amigas se preocupara por ella lo habían hecho de verdad, y quien mejor que lo hiciera que la chica que le gustaba. Sintió la yema de su dedo enjugar sus lagrimas. No había respondido la pregunta que le había hecho antes cuando otra pregunta más llegó.
-¿Por qué lloras?
Por un momento pensó en no responder aquella pregunta ya que en realidad no sabía que responder, así que prefirió responder con lo que sentía.
-No sabes cuanto te extrañe…
Tras esto su voz se quebró, y casi como si su voz hubiera sido el cristal quebrado de un acuario le siguió un mar de lagrimas. Lagrimas que fueron aliviadas con un gentil y fuerte abrazo por la espalda de su compañera quien como había hecho con la primer lagrima que había salido de los ojos de la castaña hizo lo propio con estas, enjugándolas con sus delicadas manos.
-Pero si siempre he estado aquí para ti, Hannah.
Y pese a que aquello no parecía ser cierto en realidad era más cierto de lo que parecía, pero ninguna de las dos hubiera podido entender en ese momento el truco en el que habían caído.
Hannah no se inmuto en responderle, en lugar de eso se dio vuelta para quedar enfrente de Barbara y acurrucarse en el pecho de esta. Ahí pudo sollozar y llorar mientras la chica de cabello oscuro la continuaba abrazando gentilmente.
Las clases ya habían comenzado para entonces, pero ambas continuaban en la habitación. Varios minutos pasaron hasta que las lagrimas y sollozos de la chica castaña cesaron.
Barbara tomo delicadamente el rostro de Hannah para levantarlo y enjugarle por ultima vez las lagrimas en sus mejillas.
-¿Ya te sientes mejor?
Asintió lentamente y apenas sintió la mano derecha de Barbara deslizarse hacía su barbilla para alzarle el rostro.
-Las clases ya comenza…
-Que frágil y hermosa te ves Hannah.
La voz de Barbara sonaba nuevamente como a un susurro suave y gentil, y después de haber dicho eso paso su mano izquierda a la mejilla derecha de la castaña. Hannah quedo paralizada por un momento, mientras el rubor volvía a aparecer, esta vez en todo su rostro.
-Barbara…
Susurro también la chica castaña.
Vio a Barbara acercar su rostro al suyo y fue en ese momento cuando cayo en cuenta de que su rostro estaba apresado en las manos de su compañera, no tenia problema con eso. Ella hizo lo propio, subió sus manos al rostro de la otra chica y la jalo a ella, apresurando el contacto inminente.
-Te amo…
Concluyo Hannah, pero en ese momento no hubo respuesta verbal de Barbara, en cambio termino por chocar sus labios con los de la castaña y ambas se fundieron en un tierno beso que duro bastante tiempo, tiempo suficiente para que las cosas empezaran a escalar poco a poco en intensidad al punto de quedar ambas tendidas en la cama de la castaña.
Antes de seguir escalando en sus acciones tuvieron tiempo para despegar sus labios, fue en ese momento cuando la respuesta de Barbara llego.
-Yo también te amo, Hannah. Te amo como no tienes idea.
Y antes de que la castaña pudiera siquiera responder los labios de Barbara la hicieron callar abruptamente para continuar con lo que habían comenzado.
Aquello no era lo que Hannah esperaba para el día en que se le confesara a su amiga, pero no podía quejarse absolutamente de nada.
Al fin, después de tantos días tristes, el sol había salido para ella. Ahora, al fin le pertenecía a Barbara y no podía pedir más.
¿Pero aquellos sentimientos que Barbara había expresado eran reales?
Esa pregunta jamás le paso por la cabeza a Hannah quien estaba embriagada por las caricias y el amor que Barbara le estaba mostrando. Sin recordar que aquello podía ser una simple ilusión causada por la poción que le había otorgado la maestra.
Los rubíes que tenia como ojos se enfocaron en la jarra de agua que tenía enfrente de ella. Una mirada decidida que irradiaba confianza y tenacidad con el objetivo de no decepcionar a Diana otra vez.
Ya había tenido suficiente con dos reprimendas de Diana ante la falta de concentración o interés en sus estudios, y en realidad no podía culpar a la rubia por eso, era bastante cierto todo lo que esta había dicho. Después de todo muchas personas en el mundo de la magia habían puesto grandes esperanzas en ella, la bruja que había logrado despertar las siete palabras, usar el poder de la vara brillante y despertar la magia del Gran Triskellion junto con el Yggdriassil, como para que siguiera con esa actitud un tanto despreocupada hacía la magia. Era tan baja su marcha al comprender y usar su magia que parecía que lo único que había aprendido desde entonces había sido medio volar en la escoba y no más. Una imagen que no cuadraba con aquel perfil de salvadora del mundo que había conseguido meses atrás…
Pero en realidad aquello no era algo que le preocupara bastante, si, era cierto que no quería que la vieran como una bruja incapaz y que había retrocedido en sus conocimientos mágicos, pero también era cierto que no le importaba que la vieran como una bruja especial o como una alumna con grandes aspiraciones como si sucedía con Diana, y también era cierto que por ello no quería ser tratada como una bruja superior. Para ella todo aquello se había vuelto algo relativamente pasajero. No obstante si había algo que deseaba bastante en ese momento: no decepcionarla.
Le había costado trabajo comprender lo que había empezado a sentir por Diana. No había sido fácil para su mente interpretar aquel cosquilleo en el abdomen o los también constantes cosquilleos que sentía en su pecho, cerca del corazón cuando cruzaba miradas con ella; aunque no podía decir que aquello fuera malo o que no le agradara, era todo lo contrario, incluso al punto en que ya no solo esperaba a que aquellas miradas cruzadas sucedieran, era más bien ella quien las buscaba continuamente al quedarse embelesada observando a la rubia en clases, fijando su mirada en aquel perfecto cabello rubio, en ese rostro tan suave, claro, fino y hermoso, la figura tan perfecta que tenía o en los bellos ojos como zafiros de Diana. Sin embargo aquella sensación tan agradable, pero inquietante había sido la misma por la que se había visto obligada a dejar de hacerlo. El miedo le había comenzado a invadir al entender de que iban todos esos sentimientos que nunca antes había sentido por otra persona. Lo difícil no había sido comprender el significado de esos sentimientos y constantes cosquilleos, lo difícil fue aceptar que tenía esos sentimientos por otra mujer; por alguien que ahora se había convertido en (y a quien ya consideraba) una de sus amigas; y también era difícil por la educación, historia y linaje que respaldaba y representaba la rubia. Eso ya era tener tres problemas ¿habría alguna forma de hacer a un lado estos problemas? Supuso que tal vez no, no habría una solución a ellos y por lo tanto prefirió desistir, tratar de apagar la llama de sentimientos que ahora sabia que tenia por la noble rubia… pero como era ya costumbre con ella, había fallado en eso.
Para entonces había pensado varias veces la misma pregunta que se había hecho anteriormente, al punto de llegar a una temprana conclusión y sin validez alguna, la decisión era simple para ella: si no quería salir lastimada al hacerse ilusiones de tener una relación amorosa con Diana lo mejor era apartarse de ella hasta que dejara de tener todos esos sentimientos por la rubia.
Pero aquello sería más difícil de lo que pensaba, comenzó con lo básico, evitando cruzar lo más posible las miradas con la rubia, y de esta forma dejo de buscar el cruce de miradas que tanto le gustaba hacer con Diana. Lo siguiente fue empezar a ser más cortante o evitar cualquier tipo de conversación con ella para finalmente cortar las lecciones que tomaba con ella al final de clases, algo con lo que tuvo que lidiar poniendo de pretexto que terminaba fatigada tratando de aprender tantas cosas en tan poco tiempo. A pesar de que todo parecía marchar bien, el resultado de todo eso había sido en realidad contraproducente, y es que pronto se dio cuenta de que no podía eliminar todo lo que sentía por Diana en tan poco tiempo (y en realidad nunca hubiera podido hacerlo. El simple hecho de no hablar con Diana el primer día desde que se había propuesto no hacerlo su corazón sintió una fuerte punzada, como si una estaca se enterrara en su pecho y fue peor cuando tuvo que abandonar las lecciones después de clases con Diana, el dolor para entonces ya se había vuelto insoportable y no podía dejar de mentirse…en realidad no quería alejarse de Diana, necesitaba verla, pasar bastante tiempo con ella y platicar a diario con ella. Había llegado ya a un punto en el que sentía que no podía vivir sin ella, y en la que los días en los que apenas le dirigía unas cuantas palabras se convertían en días tristes, días en los que sentía que todo le salía mal.
Por si fuera poco y para empeorar la situación en la que se había metido, Diana ya tampoco la buscaba, y mucho menos le insistía como antes para que estudiaran o practicaran juntas. Su situación empeoro drásticamente después de esto, una sensación de tristeza empezó a envolverla al pensar que tal vez nunca más volverían a estar cerca, no solo eso, sino que también empezó a sentir temor de perder para siempre a la persona que amaba…
Al final, esa situación la había puesto con los pies en la tierra, y antes de que algo más sucediera decidió salvar aquel barco que llevaba sus sentimientos de un inminente hundimiento.
Lo había comprendido: no estaba preparada para alejarse de Diana, ni entonces, ni nunca. Las pocas palabras que había cruzado con Diana en los últimos días también la habían puesto en su lugar. Con dos reprimendas de la rubia cargando en su espalda decidió que no quería que Diana sintiera que todo el tiempo que habían pasado juntas había sido en vano; no quería decepcionarla y alejarla mas de lo que ya lo había hecho, quería volver a verla, acercarla nuevamente y estar en cualquier situación posible siempre y cuando fuera solo con ella. Por eso había empezado a practicar de esa forma después de regresar de su día libre.
Y justo como si fuera un recordatorio de aquello por lo que había decidido pelear la aludida había aparecido. Reconoció que el encuentro que tuvo el día anterior con Diana no había sido el mejor, ya que al final la rubia había vuelto a reprenderla por su inconsistencia a la hora de estudiar y practicar, pero en esta ocasión no había tomado esa reprimenda como una señal de la posible brecha que la separaría de Diana, no, en esta ocasión lo había tomado de una forma totalmente diferente, ahora era un reto. Esa sería la forma en la que le demostraría a la rubia lo importante que era para ella, por eso quería evitar que esta se sintiera decepcionada de la que por algún momento había sido su alumna, quería mostrarle los avances de todo lo que le había enseñado. No solo era eso, en ese fin de semana se había desahogado al fin, había confiado en sus amigas por primera vez con respecto a la situación que estaba viviendo, lo había hecho para saber como actuarían ellas para confesársele a la persona que le gustaba, y de paso había sido directa y sincera al momento de decirles que aquella persona que le gustaba era otra mujer. Lo único en lo que pudo haber fallado había sido en decirles de quien se trataba…
La practica que estaba realizando desde la mañana era solo la continuación del entrenamiento que había comenzado el día anterior después de regresar de su día libre. Este día esperaba lograr mejores avances en su practica.
-¡Oluifonde Yotsz!
El resultado de su hechizo no había sido satisfactorio, pero su voluntad para continuar practicando no se veía reducida.
Fue antes de que volviera a lanzar el hechizo cuando sintió que alguien la observaba. Volvió su mirada hacía la izquierda tan solo para sorpresivamente encontrarse con la presencia de la joven noble.
- ¿Diana?
La pregunta salió de su boca en un tono de sorpresa, olvidándose por completo de su práctica. Sus miradas se cruzaron por un breve instante antes de que Diana le diera la espalda y emprendiera el camino de regreso adentro de la institución. La situación fue extraña para ella. Por alguna razón pensaba que si en algún momento la rubia la hubiera llegado a ver practicando lo ultimo que sucedería sería aquello, pensaba que tal vez se alegraría de verla practicando uno de los hechizos que ella le había enseñado, pero no había sucedido eso…
-¿Diana? Diana… espera
De alguna forma sintió que si dejaba escapar a la rubia aquella situación hubiera pasado de ser el punto de quiebre, el momento en que todo se rompería entre ella y Diana para nunca más estar juntas. No permitiría eso. Corrió entonces en busca de la rubia y no dudo en ningún momento al tomarla del hombro para frenarle la huida.
-Diana.
Susurro el nombre de la rubia como si quisiera que nadie más que ella la escuchara. Noto rápidamente algo en la mirada azul de la noble Cavendish.
-Akko... no quería ...
-Lo siento Diana.
Interrumpió, otra vez en voz baja, pero sin poder ocultar el sentimiento de frustración que llevaba días creciendo por la ausencia de la rubia en su vida. Después de todo hacía mucho tiempo que no estaba tan cerca de la mencionada y mucho menos en una situación como esa en la que estuvieran solo las dos.
Continuo con aquello que quería decir.
»Disculpa por hacerte sentir tan mal... y por dejarte tan mal ...
-No tienes nada de que culparte Akko -corto está vez Diana- sé que fue mi culpa por dejarme llevar por lo que sentía en ese momento, sé que no es normal y eso estuvo...
-No, no, no -volvió a interrumpir Akko, pensando que Diana se refería a las llamadas de atención que le había hecho con anterioridad- entiendo que seas tan estricta al momento de enseñar, eso es lo que te ha hecho tan buena bruja. Por eso estuve practicando desde ayer con eso, para que no vuelvas a sentirte decepcionada ...
No decía mentiras. La mejor forma de volver a acercarse a Diana era simple: no decepcionarla, mostrarle que le importaba lo que había aprendido de ella y tal vez después pedirle que nuevamente practicaran juntas…
A pesar de que quería hacer sentir bien a Diana con sus palabras la mencionada seguía con duda en su rostro, aunque no sabia como interpretar la expresión que tenía.
-¿No saliste ayer con Sucy y Lotte?
La pregunta la había tomado por sorpresa, pensaba que le preguntaría algo más enfocado a la practica que estaba llevando hacia rato. Aún así no había necesidad de mentir en la respuesta que la rubia buscaba.
-Je, sí, pero cuando regresamos me puse a practicar.
Otra vez vio algo extraño en el rostro de Diana, aunque nada que la hiciera sentirse preocupada.
- ¿Y el libro? -preguntó cautelosamente la rubia- ¿lo usaste?
Para cuando la ultima pregunta había salido de la boca de Diana se había convencido más de que aquello no era normal, pero había algo de razón con lo de su libro, tal vez Diana si estaba preocupada por verla practicando como no lo había hecho con anterioridad. Si, sin duda era eso, tal vez solo quería cerciorarse de que estuviera tomando los tiempos apropiados para practicar los hechizos, de que no estuviera perdiendo el tiempo en cosas banales. Seguro Diana se sentía aliviada al saber que estaba usando el libro de hechizos que le había prestado.
Tal vez no tendría otra oportunidad como la que tenia enfrente, así que decidió aprovecharla al máximo. Sorprendería a la rubia mostrándole la seriedad y ánimos que estaba poniendo en su practica, y que mejor forma de hacerlo que demostrarle el libro con el que estaba apoyándose para ello, un libro muy especial para la noble Cavendish.
-Pueeees si... ¿lo necesitas de vuelta?
-No.…no es necesario...
Antes de que Diana pudiera agregar algo más levanto el libro que tenía sobre el pasto del patio para extendérselo.
-Se lo importante que es para ti Diana, es parte de tu legado familiar y te agradezco que me lo hayas prestado, me funcionó mucho Diana. No tanto como cuando me ayudas, pero funcionó.
Se imagino a sí misma con una amplia sonrisa al decir aquello ultimo, seguramente con eso haría que Diana se sintiera halagada, y parecía que había sucedido justamente eso que buscaba. El rostro de la rubia frunció un poco el ceño, pero no se veía para nada molesta, en cambio hojeo el libro hasta dar con el hechizo que hacía poco estaba practicando y luego le mostro la pagina en la que estaba, todo aquello con un claro aire de incredulidad en su rostro. Seguramente Diana estaba sorprendida de su iniciativa.
- ¡Si! Ese hechizo, Diana
Respondió de forma energética ante la gesticulación que había hecho la rubia.
-Pero estaba aquí, aquí.
La voz de Diana denotaba algo similar a la frustración, pero no sabia que había hecho mostrarse así. ¿Tal vez había borrado sin querer alguna nota que Diana había dejado al realizar ese hechizo?
-¿Pasa algo, Diana?
-¿No había nada aquí?
La voz de Diana se escuchaba calmada, pero con atisbos de molestia. Entonces decidió hablar con prudencia para no molestarla.
-Uhmmmm no, no había nada ¿se te perdió algo? ¿Estás bien?
-...Akko... no estoy molesta contigo –comenzó a hablar Diana en un tono suave y seguro- y quiero pedirte una disculpa por haberte dicho cosas que creo eran incorrectas y que puede que te hayan herido.
Su corazón empezó a bombear más sangre al escuchar aquellas dulces palabras de la noble Cavendish, y por un momento sintió que sus mejillas se calentaban ¿una chica de sangre noble disculpándose con una plebeya como ella? Pensó que si eso había sucedido entonces podría hacer a un lado uno de los obstáculos que sentía le podían impedir estar con ella.
Sus pupilas se dilataron al pensar eso mientras la sangre se agolpaba más y más por todo su cuerpo. Esos signos claros del enamoramiento aumentaron más cuando los hermosos ojos azules de la rubia se clavaron en sus ojos…una fuerte necesidad de acercarse a ella invadió su mente. Probablemente la rubia no pudo notar el pequeño vistazo que le había dado a sus labios; quería pegar sus labios con los de la caucásica en ese momento, pero freno y se arrepintió rápido ese pensamiento.
Dio un paso hacía atrás.
Diana dio un paso hacía adelante.
Y ambas se detuvieron.
»No quería que eso sucediera.
Justo en el momento en que había decidido frenar sus impulsos de buscar los labios de Diana para dar un paso hacía atrás la mencionada había dado un paso hacía enfrente, pero no avanzo más ¿Había desaprovechado una oportunidad?
»Aquí -Diana volvió a abrir el libro en la página donde había dejado su carta y lo apunto - había algo que necesitaba que tu leyeras y es que...
"Y es que…" Las palabras hicieron eco en su cabeza como si hubieran pasado horas desde que la rubia lo había dicho a pesar de que no habían pasado ni segundos desde que la rubia había hecho énfasis en ello. ¿Tal vez la noble se le declararía? ¿ahí mismo? Deshecho la idea por lo fantasiosa que era, era una idea absurda pensar que la chica de sangre noble correspondiera de la misma forma sus sentimientos, pero no negaba quería escuchar lo que tenia que decirle.
Pero se quedo con la duda de saber que era lo que le diría.
- ¡Señorita Diana, aquí está!
Gritó un duende de intendencia mientras se acercaba a las dos chicas, cortando de pasó el diálogo que había entre ellas.
Las dos voltearon a ver al duende acercarse.
-Señorita Diana -empezó a decir el duende en tono exaltado- la directiva quiere verla, tienen un mensaje para usted perteneciente de la residencia Cavendish que se precisa urgente, por favor tiene que acompañarme.
Ninguna de las dos chicas observo con suficiente detalle el cielo en ese momento. De haberlo hecho hubieran divisado como varias nubes grises empezaban a acercarse hacía donde ellas estaban. Nubes que pronosticaban una fuerte tormenta con lluvias de todo tipo en las siguientes horas.
Diana se quedo pasmada por un momento antes de poder responderle al duende.
- ¿Diana?
Pregunto casi en un suspiro Akko. Ya antes habían vivido una situación similar con Diana regresando a la residencia Cavendish, y no quería pensar si quiera en que la joven noble regresara allá, no por lo infame que podría ser su tía o sus primas, más bien era por el trauma de tenerla lejos de ella o de pensar que no volvería a verla nunca más… quiso levantar sus brazos para tomarla de los hombros y acercarse a ella para no dejarla ir, pero entonces escucho la voz de la rubia.
-No te preocupes Akko -le devolvió su libro y camino detrás del duende en trayectoria a la dirección de la escuela- no es necesario que me acompañes, seguramente no es algo tan grave.
Akko detuvo sus intenciones al escuchar la voz despreocupada de Diana. Eso la calmo en ese momento y la lleno de esperanzas.
-Ve con cuidado Diana
Dijo casi para si misma mientras veía la figura de la noble alejarse poco a poco. Estaba dispuesta a esperarla ahí, en el mismo lugar donde se habían despedido hasta que regresara. Pero no regreso ese día…
Una errática caída de gotas de lluvia sobre un día soleado no hubieran sido suficientes para hacer que Akko desistiera de su espera, pero las nubes comenzaban a ser más y más oscuras a la par que no veía a Diana de regreso por ninguna parte. Desistió entonces de su espera, pero durante el resto de la tarde en su habitación estuvo atenta a cualquier sonido que proviniera de los pasillos. Acción que despertó el interés de sus amigas por lo raro que actuaba.
Para sobrellevar la ansiedad que le provocaba el esperar empezó a cuartar un plan para declarársele a la rubia. En esta ocasión estaba totalmente decidida a hacerlo sin importar la respuesta que le pudiera dar Diana, eso incluía que le diera una respuesta negativa a su confesión; sabía el riesgo que tomaba al hacer algo como eso y prefería saber la respuesta a quedarse para siempre con la duda y con los sentimientos hacia ella guardados. Tardo algo de tiempo en ajustar su plan hasta que al fin lo tuvo bien pulido, era un plan arriesgado, si, pero eso era justo eso lo que le buscaba.
Para cuando tenia terminado su plan la noche ya había caído, junto con las primeras gotas de lluvia que auguraban la llegada de la tormenta que vendría. Por si fuera poco tampoco había rastro alguno de Diana…
No sería sino hasta el siguiente día que volvería a ver a la rubia.
Su estado de salud (al menos para ella) no era preocupante, aunque le constaba que se sentía mas cansada de lo normal, algo que le había afectado al momento de llegar a tiempo para sus clases.
El regaño por parte de la profesora Badcock había sido lo de menos, ni siquiera le había prestado importancia. Lo que en realidad se había robado su atención era la ausencia de la chica que le gustaba…
Ese día todas las compañeras del salón se vieron sorprendidas por un hecho totalmente inusual: ni Diana, ni Hannah, ni Barbara estaban presentes. En general había impresionado a todas, pero Akko era una de las más –sino la más- asombradas por eso. Apenas había sido el día anterior que la rubia se había dirigido a la directiva escolar y desde entonces no la había vuelto a ver, por lo que esa situación no hizo mas que alimentar su preocupación por el paradero de Diana, y es que desde antes de levantarse en la madrugada había estado ansiosa pensando en si volvería a ver a la rubia en lo que restaba del día anterior. No había sido así, pero tenia la ilusión de volverla a ver al día siguiente en clases… algo que tampoco estaba ocurriendo.
Recordaba que el duende había dicho que tenia un asunto urgente que tratar con su familia, comprendía que la mansión Cavendish estaba alejada de Luna Nova y que no era un trayecto corto de ida o de vuelta, pero la rubia había dicho que probablemente no sería un asunto grave y un incidente así se traducía en una situación con la que no tenía porque tardarse tanto tiempo, sin embargo Diana había dicho todo eso sin antes atender el mensaje que le habían enviado y ¿si en realidad si había sido un asunto grave? ¿eso no haría que Diana se tardara más de lo normal? Si era esto último podía suceder que de verdad Diana se quedara allá por un largo rato…
-¿Barbara no vino?
Pregunto Lotte en tono bajo, diciendo aquello de una forma en la que parecía que no necesitaba ser respondida su pregunta, más bien lo había hecho para hacer notar su preocupación. Sucy como única respuesta solo se encogió los hombros.
Todo en aquel día parecía tener un aura extraña empezando por el día lluvioso que había.
El día continuo con aquella aura peculiar durante todas las clases, si bien ninguna de las maestras que impartía clases era una maestra de renombre –salvo por Badcock- en Luna Nova todas las que se presentaron quedaron asombradas por la ausencia de una de las tercias de alumnas más importantes en ese salón de clases. Sin embargo ninguna de las maestras había resaltado de más la situación, posiblemente por que nadie sabia la causa de las ausencias.
Lotte también se veía angustiada por la notable ausencia de Barbara y, de la forma más sigilosa posible volteaba de cuando en cuando al lugar que le pertenecía a esta como si con ello pudiera convocar a la chica ausente. Una pensamiento bastante iluso. Akko también quería hacer lo mismo, y si bien se caracterizaba por ser impulsiva tampoco quería ser lo suficientemente obvia como para demostrarle a sus amigas lo inquieta que estaba por la ausencia de la rubia. Batallo lo suficiente y por varias clases a hacer aquello hasta que su impulsividad gano y volteó por un muy breve momento al lugar donde debería de estar Diana. La respuesta a ello no se hizo esperar.
-No van a aparecer mágicamente solo por que volteen a ver sus lugares vacíos
Dijo Sucy en tono bajo, pero en su común tono de voz soso, dirigiéndose obviamente a sus dos amigas.
Aquella acción casi desapercibida de Akko había sido suficiente para que Sucy sintiera un pinchazo en el timo de su corazón, el ultimo de tantos que había sentido en todo el fin se semana desde que la japonesa había expresado sus sentimientos por otra persona que no era ella. De alguna forma sabia muy bien de quien estaba enamorada, pero su mente había tratado de convencerse de que no era por la chica de sangre noble, y así lo había hecho hasta ese momento, ya estaba claro para ella de quien estaba enamorada su amiga y eso era algo que de cierta forma le dolía. Pese a ello también sabia que debía de ser lo más madura posible para afrontar un golpe a sus sentimientos de ese tamaño… por suerte podía ocultar todo ese tipo de sentimientos sin ser descubierta, sin mostrar el dolor que la invadía. Supo afrontar temporalmente aquella situación a pesar de la aflicción que sentía, sabia que sentirse triste no la ayudaría en nada y mucho menos mejoraría algo.
Tanto Akko como Lotte se vieron sorprendidas con ese comentario al punto en que las mejillas de ambas no tardaron en ruborizarse. Para ese momento la situación de Lotte estaba totalmente perdida aunque ella aún no lo sabia, pero la de Akko aún estaba gestándose.
-¿Las van a ir a buscar?
Nuevamente el tono apagado de Sucy se hizo presente entre sus amiga, pero no hubo respuesta de alguna de las dos.
Akko solo rodo sus ojos al comentario de Sucy, tratando de ocultar la preocupación que sentía en ese momento, pero sabia que esa era la mejor opción que podía tomar, por supuesto que iría a buscarla, pero primero quería esperar a que pasaran las clases, solo por si Diana llegara a presentarse. No quería salir en ese momento a recorrer todo el instituto en vano tan solo para que al regresar al salón se encontrara con que Diana había entrado al salón de clases a los pocos minutos de que hubiera salido. Definitivamente esa era la opción mas inteligente que podía tomar por el momento.
Para su buena o mala fortuna la rubia no se presento para ninguna de las siguientes materias que impartieron.
No había sido la mejor forma para evitar sentirse ansiosa, pero al menos se había comportado adecuadamente al no haber sido tan impulsiva.
Las clases habían sido largas, llenas de constantes estornudos y aquel molesto sonido al sorberse los mocos, cortesía de Akko y su gripa, así que al terminar las clases todas sus compañeras pudieron descansar de aquellos agobiantes sonidos.
No paso mucho tiempo antes de que se decidiera a separarse de sus amigas, no sin antes salir con una excusa de lo más inverosímil.
-Bueno chicas, tengo que ir a la biblioteca. Nos vemos luego.
No era como si Akko nunca hubiera ido a la biblioteca o le tuviera aversión a los libros, pero en ese escenario era obvio que se trataba de una muy mala excusa, pese a eso sus amigas no quisieron hacerle ver lo sobreactuado que era su pretexto. Al menos para Sucy ya no era tan necesario que la japonesa tratara de ocultar la razón por la que se había visto tan ansiosa durante todo el día, ni la razón de que quisiera ir a "la biblioteca". Pero si ella era feliz pensando que nadie lo notaría tampoco tenía problema por eso.
Sucy volteó a su lado para observar a Lotte, pensando que esta también saldría con alguna excusa tan torpe cómo la de Akko, pero contrario a lo que pensaba eso no había sucedido.
-¿También vas a la biblioteca?
La tez clara de Lotte fue rápidamente manchada por una capa de rubor al escuchar aquella pregunta de su amiga. Lo de ella era más obvio de detectar que lo de Akko, aunque casi estaba segura de que la japonesa no se había dado cuenta de lo que estaba pasando con Lotte y Barbara, de lo que si estaba segura era que no solo ella podían notar lo obvio que era… pero parecía que Lotte pensaba que nadie lo había notado.
La tierna voz de la chica de lentes no se hizo esperar, claro, con un muy audible nerviosismo al hablar.
-T-tal vez después, vayamos mejor a dejar nuestras cosas…
No solo se notaba nerviosa, también había tonos de tristeza en su voz y era de suponer el por que. Supuso que no podía hacer nada para alentar a su amiga a ir en busca de Barbara, no era su estilo de hacer las cosas y aparte también ella tenía que darse un descanso para relajarse.
Por su parte Akko fue en busca del lugar más obvio en el que pensó que se encontraría la rubia: su dormitorio. Apresuró su marcha hacia ese lugar. Aunque su intuición no fue la mejor en ese momento.
Toco la puerta de la habitación de Diana y espero un largo rato hasta que escucho a alguien del otro lado de la puerta ¿sería Diana? La idea la emociono, pero aquella emoción se fue abajo cuando Hannah la atendió en la puerta, eso si, sin abrir de más la puerta de la habitación. La sorprendió verla a ella siendo que no se había presentado en ninguna clase, pero al notarla tan desaliñada y con sus mejillas rojas supuso que también se había enfermado por salir en la madrugada, solo que probablemente a ella le había golpeado más fuerte la gripa.
-¿Está Diana?
-N-no, Diana no ha llegado aún, Akko. Ni siquiera ha venido a dejar sus cosas…pero no debe de tardar…
La voz de Hannah sonaba nerviosa y exaltada al recibirla. Pero no estaba ahí para preguntar sobre su estado de salud, estaba ahí para preguntar por Diana y no tenía tiempo que perder. Había planeado ya desde antes el siguiente lugar donde buscarla en caso de que no estuviera en su dormitorio. Así que apresuro a terminar la conversación con Hannah.
-Bueno… ¿si llega puedes decirle que vine a buscarla?
-Si, yo le aviso…
-Gracias…cuídate.
Dio rápidamente la vuelta para salir del dormitorio del equipo azul y regresar a los pasillos. Su siguiente objetivo era la biblioteca, otro de los lugares favoritos de la rubia. No quería perder más tiempo así que se dirigió corriendo hacía aquella ubicación. Favorablemente para ella no tuvo que llegar a su objetivo para encontrar a Diana. Increíblemente había dado con ella al momento de correr por los pasillos sin la necesidad de buscarla.
Contuvo su sonrisa y apretó su marcha hacía ella. Estaba tan segura de lo que haría que no le importo que hubieran aún otras alumnas en los pasillos.
Esta vez no dejaría ir a Diana a ningún lugar
Esta vez no se volvería a separar de ella para nada.
Esta vez estaba decidida a declarársele.
-¡DIANA!
Por desgracia el destino, y más en especifico la tormenta que estaba sobre ellas no las quería ver juntas.
Un suave y tierno gemido fue suficiente para inundar la habitación con algo de ruido después de haber pasado tanto tiempo en calma. La respiración agitada de la castaña era apenas audible al punto de que nadie que no estuviera adentro de la habitación pudiera escuchar aquello que estaba sucediendo.
Los vidrios en las ventanas y en el ventanal evidenciaban y a la vez ocultaban aquella escena, todo gracias a las dos fieras batallas que se libraban en aquella habitación, la primera entre la alta temperatura que emanaba del vaho de las chicas y la baja temperatura que hacía afuera de los cristales gracias a la lluvia; y la segunda batalla era más en especifico la que estaban librando las dos huéspedes de la habitación…
-B-Barbara…
Susurro Hannah con voz temblorosa mientras apretaba fuerte los ojos. Sus mejillas estaban pintadas con un suave rubor que resaltaba de su claro rostro por el sudor y vestigios de saliva que matizaban gran parte de su cara mientras algunos mechones de su cabello despeinado caían sobre su rostro.
La mencionada hizo caso omiso al llamado de Hannah y continuo recorriendo con su lengua el cuello de la castaña mientras sus dedos jugaban armoniosamente adentro de ella. Las manos de la Hannah se aferraron fuerte a las sabanas de la cama, pensando que con ello podía aminorar el éxtasis en el que se encontraba y de paso ahogar el siguiente gemido que venía, no estaba segura de poder hacerlo y ciertamente no quería hacerlo, desde la primera vez que había entregado su intimidad a Barbara tenía ganas de hacerlo, de deshacerse en una serie de gemidos de diferentes amplitudes y no en los simples gemidos ahogados que había emitido hasta el momento.
Un simple, pero eficaz movimiento de su ahora novia fue suficiente para poder lograr aquello que buscaba, no pudo contenerse más, sintió su aliento subir desde sus pulmones en busca de la salida más amplia al punto de llegar a su garganta donde su voz le daría un melodioso sonido al salir. Pero eso no sucedió, para antes de que aquel sonido saliera expulsado de sus labios la boca de Barbara ya los esperaba. Fundió sus labios con los de la castaña silenciando gran parte del melodioso ruido que expedía esta, y aún con aquello no pudo silenciar por completo el estruendo de los gemidos de Hannah, quien, de no tener los labios de Barbara silenciándola hubiera expulsado sonoros gemidos, tan altos como para que los pasillos de afuera de la habitación se inundaran con aquel sonido.
Los dedos de Barbara se movían con tal maestría que su cuerpo, al verse impedido de expulsar gemidos y de demostrar el placer que sentía en ese momento decidió hacerlo evidente de otra forma. Los labios de Hannah se separaron abruptamente de los de Barbara, pero no para gemir.
-D-detente…
La voz de la chica castaña a este punto sonaba exaltada, temblorosa y cerca de romperse, al punto que incluso de sus ojos salieron contadas gotas de lagrimas que quedaron afuera al momento de cerrar sus ojos con fuerza. Su cuerpo empezó a estremecerse violentamente al extremo en que su novia tuvo que poner parte de su peso encima de ella para aminorar el movimiento. Barbara hizo un ultimo movimiento con sus dedos haciendo que los temblores en el cuerpo de Hannah volvieran, esta vez con mayor intensidad.
-M-me ven…
Apretó fuertemente sus dientes evitando con ello terminar su propia frase a sabiendas que al final terminaría soltando un fuerte gemido…en ese momento alguien llamo a la puerta, pero eso no evito que el cuerpo de la castaña expulsara una buena cantidad de fluidos que terminaron regados en sus sabanas y en los dedos de su novia.
Cubrió fuertemente con la mano derecha su boca previniendo cualquier tipo de sonido que pudiera expulsar mientras Barbara se apartaba de ella con una amplia sonrisa en su rostro. Al igual que la castaña en su rostro también se mostraba un fuerte rubor, evidencia clara del tiempo que habían pasado dándose todo tipo de caricias y muestras afectivas en la privacidad de su habitación.
Barbara la apuntó con su dedo índice mientras continuaba sonriente y exaltada, una instrucción tácita con la que pedía a Hannah que ella atendiera el llamado de la puerta. Hannah dudo de hacer aquello, pero otra vez su novia la apunto con el dedo, algo que la hizo molestarse de forma infantil y que la obligó a vestirse con la bata de baño que horas atrás había sido la única prenda que usaba Barbara. Se limpió lo más que pudo de sus propios fluidos y se levanto de la cama con una evidente respiración agitada y entre pequeñas contracciones, causa de las últimas caricias de su novia. Se dirigió a la puerta de la habitación sin siquiera reparar en arreglarse el cabello.
Abrió apenas la puerta tan solo para encontrarse con la única bruja de Japón que había en Luna Nova: Kagari Atsuko. Fue gracias a la presencia de esta que muchas cosas volvieron a su mente, más cuando la oriental pregunto por la amiga, que hasta ese momento no recordaba estaba ausente.
-¿Esta Diana?
-N-no, Diana no ha llegado aún, Akko. Ni siquiera ha venido a dejar sus cosas…pero no debe de tardar…
Hubo un breve momento de silencio antes de que la chica respondiera.
-Bueno… ¿si llega puedes decirle que vine a buscarla?
-Si, yo le aviso…
-Gracias…cuídate.
La castaña quería despedir lo antes posible a la oriental, y es que apenas recordaba que faltaba una de sus amigas. Después de cerrar la puerta y antes de volverse para regresar a su cama ya tenía a Barbara sobre ella otra vez. Un escalofrío recorrió su cuerpo al sentir nuevamente la lengua de su novia sobre el cuello.
-¿Vamos a continuar?
Preguntó Barbara aún con la sonrisa que había mostrado antes de atender la puerta. Pero en esta ocasión tomo una postura menos flexible. La apartó un poco de ella no sin antes disfrutar de aquel placer que la chica de cabello oscuro le hacía sentir.
-D-Diana nos puede ver si continuamos así -dijo en un evidente tono de sorpresa-.
Al escuchar aquello, Barbara, que estaba ya de rodillas frente a ella abriendo su bata de baño se detuvo y se incorporó nuevamente. Ninguna de las dos había repuesto en aquello hasta ese momento.
-Aparte las clases ya terminaron…
Dijo en tono preocupado, pero aún excitado, esperando que aquellas palabras resonaran en su novia.
-¿Y entonces qué hacemos?
A pesar de que Barbara se había incorporado para ese momento su mano derecha continuaba acariciando suavemente las piernas de la chica castaña.
-¡¿Qué hacemos? Tenemos que irnos de aquí!
El tono desesperado de Hannah hizo que Barbara expulsara una pequeña risa burlona. Por supuesto que esa no era la respuesta que esperaba, pero la preocupación que invadía a Hannah era bastante divertida, así que decidió molestarla un poco más.
-Pensé que íbamos a continuar…
La respuesta corporal de la castaña había sido la que esperaba, llena de nerviosismo y con algo molestia.
-No, no, no, no. Tenemos que salir de aquí antes de que Diana regrese, o alguien nos escuche.
Otra risa por parte de Barbara inundo la habitación antes de que respondiera. Ya había sido suficiente de molestar a Hannah.
-Esta bien, esta bien. Ya entendí. Arreglemos aquí y vayamos a recuperar algo del día.
Una respuesta que por un momento no creyó que escucharía de su novia, pero que era bien recibida. Habían estado gran parte del día sin despegare la una de la otra, perdiéndose en todos los nuevos placeres que había experimentado ese día, tanto se habían embriagado con todo ese éxtasis que se habían olvidado de muchas cosas, por ejemplo del paradero de su amiga Diana, y por supuesto también de asistir a clases ese día.
Hannah había recordado todo eso hasta ese momento, pero lo más importante, la poción y el efecto que esta tenía era la única cosa que no recordaba.
No tardaron mucho en arreglar sus respectivas camas, y el cuarto en general. Lo que en realidad se llevo gran parte del tiempo entre ellas fue el arreglarse.
-Debes de empezar a alimentarte mejor.
Las yemas de los dedos de Barbara reptaron lentamente sobre las marcadas costillas de su novia, haciendo que en ese momento se estremeciera todo su cuerpo y, acto seguido, se cubriera con sus brazos. No porque no deseara que Barbara la tocara, más bien por las cosquillas que aquel toque le había hecho sentir.
-¡E-espera… ya tenemos que irnos!
Chillo Hannah aún cubriendo con sus brazos aquella zona, sin embargo agradeció por estar en esa situación con ella. Se vio al espejo para sorprenderse, no por darse cuenta de cómo se marcaban sus costillas por su evidente falta de alimentación, no, eso no era algo nuevo para ella que a diario se había visto al espejo, además estaba segura de que eso podía mejorar, más bien lo que la sorprendía era lo mucho que había cambiado su semblante desde la mañana en que había visto su reflejo. En sus ojos ya casi no se notaban las ojeras y de cierta forma sentía que su piel se veía más tersa que en la mañana. No tenía una explicación para eso, pero por supuesto que estaba agradecida con ese cambio. Una gran sonrisa se dibujo en su rostro algo que avisto rápidamente Barbara, quien freno las enormes ganas que tenía de abalanzarse sobre su novia al verla así. En cambió paso su cuerpo detrás de ella para ayudarla a peinarse.
-Ya repetiste eso muchas veces. Claro que vamos a irnos, debemos de buscar algo para que comas.
-Para comer…
La corrigió la castaña mientras se abrochaba su brasiere. La situación no podía ser mejor para Hannah, su día, y en general su vida había pasado de la miseria a la gloria; ya no pasaba desapercibida, ahora era el foco de atención de la persona más especial para ella. Que Barbara hiciera énfasis en la mañana sobre sus muy resaltadas ojeras y que ahora evidenciara la evidente falta de alimentación era algo que agradecía bastante. En efecto, al fin alguien se preocupaba por ella, y no podía sentirse mejor por eso.
-Bueno… para comer. ¿Qué quieres comer?
-Lo que haya en la cafetería, no me importa ¿y tú?
Una larga risa sarcástica se escucho en el dormitorio antes de que Barbara respondiera aún con la risa en su boca.
- A ti…
La risa se hizo más evidente cuando el rostro de la chica castaña volvía a enrojecerse a la par que se mostraba avergonzada y "molesta".
-¡Ya, deja de bromear!
-No estoy bromeando…
Dijo la chica de cabello oscuro mientras se terminaba de poner la falda, y la ultima prenda de su uniforme.
»Solo estoy diciendo la verdad… pero en cuanto a comida, me va igual lo que estén dando en la cafetería.
Hannah suspiro pesadamente, pero sin atisbo alguno de molestia. Sonrió mientras terminaba de ponerse su chaleco y su ultima pieza de uniforme.
Al fin las dos estaban vestidas y listas para salir de la habitación.
Al salir de la habitación ninguna de las dos dudo en besarse y mucho menos en tomarse de las manos y caminar de esa forma por todo el recorrido hasta la cafetería.
Hannah había dejado el frasco con poción en su pijama, por lo que pasaría bastante tiempo antes de que caer en cuenta de que aquello que estaba, o estaban sintiendo podía ser una mera ilusión. ¿Lo sería?
Si, se que es lo que van a decir y comprendo muy bien lo que ha sucedido. No pienso desgastarlos con miles de excusas sobre el por qué tarde tanto en actualizar, creo que de hacerlo me ganaría más bien el odio de ustedes queridos lectores.
No obstante, y a pesar de ello espero que si leen este fic nuevamente y llegan a este capítulo puedan perdonarme por la ausencia. ¿Actualizare? claro que actualizare, ¿seguiré actualizando? estoy trabajando en eso ¿puedo dar una fecha exacta? no, por el momento, pero espero que pronto puedan ver otra actualización de este fic ¡estoy trabajando en ello!
También agradezco a todos los que han dejado reviews, los que se han suscrito a este fic y obviamente a todos ustedes lectores.
I would like to thank to all the readers who use translators to read this fic, I would love to translate this fic but sadly I don't have the knowledge to translate the whole fanfic by myself … I'm sorry.
Nuevamente, gracias por darle la oportunidad nuevamente a este escritor y a este fanfic.
Finalmente, a propósito de la "intensidad" alcanzada en este capítulo del Fanfic me veo obligado a subir la categoría de edad. Espero que puedan entender.
Ya ahora sin más que decir. Los quiero mucho lectores.
¡AGUANTE EL DIAKKO!
Preview
El duende que atendía la oficina del correo se sintió intimidado ante las palabras de la rubia.
-Bueno... ya que lo dice
Susurro en un tono nervioso mientras miraba sus zapatos.
-La única persona que hizo uso del servicio ese día fue una señorita de cabello castaño del equipo azul... seguro que usted la conoce…
Diana abrió los ojos sorprendida, un fuerte dolor en el timo del corazón apareció de pronto y sintió como si alguien le hubiera pegado una bofetada. Aquello no podía ser cierto, no podía ser quien ella creía que había sido, así que en desesperación soltó una serie de preguntas.
-¿Cómo se llamaba?
-No sé, no me dijo su nombre, per...
-¿Cómo vestía? ¿Alguna señal en particular?
-...bueno... vestía las ropas del colegio... era de ojos pardos, y tenía un listón que usaba para amarrar sus cola de caballo...
Antes de que el duende terminara de hablar ella se había dado vuelta para salir corriendo del pasillo.
No quería escuchar más de él; ahora quería una respuesta clara de ella.
