Little witch academia, es propiedad de Trigger. El siguiente fanfic esta escrito sin fines lucrativos.
Cualquier parecido con la realidad es mera ficción...
Los campeones le dicen NO a las drogas.
Traición
La habitación se encontraba en silencio, y aunque la noche apretaba por las oscuras nubes algunos rayos de luz lunar se abrían paso por el ventanal del cuarto de la rubia.
Solo se encontraban ellas dos.
La rubia estaba nerviosa, encima de la chica de cabello castaño; temblaba un poco por los nervios, por estar en una situación así con ella.
La veía desde arriba, sus brazos la sostenían y mantenían encima de su compañera, sus manos estaban fijadas en la cama a los lados de los respectivos hombros de la chica menor, como si estuviera acorralándola. Sintió como la sangre empezaba a agolparse a la par que se acercaba peligrosamente, cada vez más y más al cuerpo de la otra chica.
Empezaba a sonrojarse, sí, pero los nervios también empezaban a desaparecer. Había esperado tanto tiempo por estar en esa situación y no iba a dejar que los nervios la detuvieran, no esta vez.
La chica castaña la miraba perpleja, con la mirada atónita. Y a diferencia de la rubia que temblaba un poco por los nervios, la oriental simplemente estaba congelada, paralizada, sin poder hacer nada; ya no se sentía débil, ni enferma, pero aquella situación la había tomado por sorpresa. Solo pudo clavar sus ojos en los zafiros que tenía por ojos su compañera quien se acercaba más y más a ella.
Podía sentir la respiración agitada de la rubia que enfriaba las gotas de sudor que aún tenía en su rostro. Sus rostros se encontraban ahora peligrosamente cerca.
- ¿D-Diana?
Pudo articular en un tono muy bajo, que sin embargo rompió el silencio de la habitación.
Sintió como la sangre se estacionaba en sus mejillas para sonrojarlas y lucho contra su voluntad para no alzar su rostro y acercarlo más al de la rubia.
Las nubes que auguraban otra noche lluviosa se juntaron y acabaron con la luz lunar, poniendo en penumbra la habitación.
Y la rubia no noto el rubor en la chica oriental.
Y entonces dudo.
Y se apartó de ella.
Y se levantó, lista para emprender la huida…
Para su fortuna ya estaba vestida con sus pijamas al momento de salir huyendo de la habitación, lo que le daría mucha ventaja en caso de que la oriental quisiera salir en busca de ella. Le parecía increíble el cambió de situación en el que estaba, hacía apenas unas horas era ella quien perseguía a la chica que le gustaba y ahora huía de ella…
Las fuertes pisadas por su huida resonaron por los pasillos y dormitorios de Luna Nova que marcaban el camino hacía el patio de la escuela, a su paso salían algunas estudiantes que buscaban la fuente de aquel sonido, tan solo para encontrarse con un bólido de cabello rubio corriendo con la cabeza baja sin una dirección en particular.
¿Qué hice? Se preguntaba una y otra vez la noble rubia en su andar por los pasillos y escaleras del instituto. Y a pesar de que trataba de concentrarse para responderse su propia pregunta no encontraba respuesta alguna.
Las nubes apretaron aún más y la lluvia se precipito al suelo en forma de una fuerte lluvia que ensordeció los últimos pasos que daba en los pasillos de la institución. Ya no había testigos que la pudieran observar, y para cuando salió al patio solo un testigo lejano la pudo ver perdiéndose en la oscuridad que imperaba en esa zona abierta de Luna Nova .
Por supuesto, aquella testigo no haría nada por ayudar a la rubia.
La lluvia no tardo en empapar las níveas pijamas de la caucásica quien continuaba al punto de fatiga con su carrera. Escuchaba su respiración pesada a cada instante hasta que no pudo más, sus rodillas resintieron la inevitable caída de su cuerpo. Una caída pesada que aún así no era lo suficientemente pesada como la carga de culpa que tenia en ese momento.
Alzó su rostro hacía el oscuro cielo y dejo que la lluvia cubriera su ya mojado rostro lo que la ayudo al fin a espabilar. Bajo el yugo constante de la fuerte y fría lluvia grito y golpeo sus muslos en repetidas ocasiones, como si aquello pudiera iluminarla en su búsqueda por encontrar una respuesta a lo que había estado a punto de hacer.
La fatiga no había llegado únicamente en forma física, también había llegado de forma emocional, cargada de vergüenza y remordimiento como nunca antes lo había sentido, sentimientos que por ratos le impedían encontrar respuesta a la pregunta que se había hecho mientras emprendía su huida, sin embargo, bajo el manto de las gotas de lluvia empezaba a encontrar diferentes aproximaciones de respuesta a ella.
Una era bastante obvia, y es que había estado a punto de aprovecharse de la situación en la que estaban ¿se hubiera detenido si Akko no hubiera despertado?
¿lo hubiera hecho? Sacudió varias veces su cabeza, pegando y despegando de su rostro varios mechones rubios de su ya húmedo cabello. Sin embargo a pesar de negar varias veces no tenia una respuesta negativa para esa pregunta, quería creer que lo hubiera hecho, pero también sabia que detener el calor que había sentido su cuerpo en ese momento hubiera sido una tarea muy difícil o incluso imposible; nuevamente esa sensación de deseo que había experimentado hacía dos días en el dormitorio del equipo rojo la había invadido, salvo que en aquella ocasión había sido diferente y con un objeto inanimado, en esta ocasión había sido directamente con la dueña del uniforme ¿de verdad era eso normal? ¿sentirse de esa forma era normal? Siendo ella una chica tan estudiada no comprendía bien aquello; no era necesario que se preguntara lo que había buscado hacer cuando estaba olfateando el uniforme de Akko y tampoco tenía que rebuscar en su cabeza para saber que era lo que quería hacer en la situación de hacía unos momentos en su dormitorio, era muy obvio para ella cuales iban a ser los resultados en ambas ocasiones, lo que no comprendía bien era saber si era normal pensar en hacer ese tipo de cosas con la persona que le gustaba, teniendo en cuenta que a pesar de lo mucho que quería ser algo más de Akko ella en ese momento no era nada más que su amiga. Esa primera aproximación de la respuesta en relación a lo sucedido era bastante vaga, pues al final no pudo responderse lo suficientemente bien su propia pregunta, no obstante le había ayudado a plantearse otras preguntas en relación a la situación. ¿Es que en realidad se había apresurado en ponerle un nombre tan complejo como "amor" a sus sentimientos? ¿en realidad era amor lo que sentía por Akko, o solo la veía como un medio para sacar el libido en su cuerpo?
La fría lluvia armonizo con sus pensamientos para volverla a espabilar al punto que la hizo abrir ampliamente sus ojos.
Era increíble como una simple pregunta había abierto la puerta a otra serie de preguntas, cada una más compleja de responder de la otra, y a ellas se empezaban a juntar otras variables diferentes; empezaba a hacer énfasis en esas preguntas y cruzándolas con lo que su tía le había dicho el día anterior. En su cabeza empezaron a resonar las palabras que Daryl le había dicho, principalmente de un comentario en especifico: "tal vez solo estás confundida", recordaba haber negado aquella observación de su tía y aunque aún la negaba empezaba a darle crédito a esas palabras, tal vez porque en esos momentos de verdad se sentía confundida con todo lo que le había y estaba pasando ¿de verdad estaba confundida? Era la mejor respuesta que tenía a la mano y, tristemente, la única que podía explicar su actuar en esas situaciones. A pesar de ello, más que sentir un alivio al encontrar una respuesta a su pregunta comenzó a percibir más intriga sobre lo que sentía por la chica japonesa, después de todo, si en realidad estaba confundida como había precisado su tía aquello que sentía por Akko era en realidad un mero impulso de su libido, y si sentía algo tan vago y carente de otros sentimientos que le dieran profundidad a sentirse así entonces en efecto se había apresurado en pensar que aquello que sentía por Akko era amor…
Había arriesgado todo por algo por lo que no valía la pena.
Miró por encima de su hombro para ver el castillo tan solo para darse cuenta de lo lejos que estaba del instituto tomando como referencia las lejanas luces de Luna Nova. Inconscientemente se había asegurado de que si alguien salía a buscarla no tendrían oportunidad de encontrarla, al menos hasta el día siguiente cuando la luz del día cayera sobre su fatigado cuerpo. En realidad deseaba eso en esos momentos, quería quedarse ahí y estar lejos de toda persona.
Como si aquello no fuera menos ahora caía en cuenta del porque se sentía con tanto remordimiento, no solo era el haber sido atrapada a punto de realizar un acto tan vergonzoso y despreciable, no, era también la consecuencia de haberlo hecho lo que la hacía sentirse así. Pensó por primera vez desde que había emprendido la huida en las consecuencias; si ella no se podía perdonar por lo que había estado a punto de hacer estaba segura de que sería afortunada si Akko la llegaba a perdonar. En el mejor de los casos Akko nunca le volvería a dirigir la palabra y sabia que eso era normal, después de todo nadie que llegara a ser –o haber estado a punto de ser- agredido estaría a gusto entablando conversación con su agresor.
Ese sería el escenario más positivo en el que podía pensar, pero las cosas podían no terminar siendo tan positivas para ella, y en el peor de los escenarios la susodicha podía terminar conmocionada y con ganas de represalias contra ella, podía levantar una queja en la directiva de Luna Nova y eso desencadenaría otra serie de eventos trágicos (como si no tuviera suficiente con los que ya tenía), su expulsión del instituto sería inminente no sin antes hacer llegar la razón de la decisión a oídos de su tía quien a su vez ya al hastío de su comportamiento y con la excusa de haber manchado el nombre de la familia Cavendish terminaría expulsándola para siempre de la familia; se cumplirían los deseos de su tía de quedarse como la líder de los Cavendish y de apartarla para siempre. Para ella no habría probabilidades de regresar y tal vez jamás volvería a practicar la magia que tanto le gustaba; el lazo y único recuerdo vivido que tenía con su difunta madre.
Finalmente podía ser que se cumpliría todo lo que su tía había dicho que sucedería, y no había sido en realidad culpa de su tía o de alguien más, había sido culpa de ella misma, de haberse apresurado a ponerle un nombre a lo que sentía por la chica japonesa, y por dejarse llevar tan estúpidamente por el libido de su cuerpo.
Finalmente, cayó en el pensamiento trágico de que ella había sido la propia artífice de todas esas tragedias por las que había pasado desde el principio, una avalancha de sucesos de los que ya no dudaba terminarían en una horrible catástrofe para ella.
No hubo un dolor físico, pero pensar en eso ultimo la doblego aún más anímicamente y la preparo para un fuerte golpe de la realidad. ¿El resultado del golpe ejecutado? un shock mental.
Al final de la contienda la ilusión de Diana había sido la perdedora contra la cruda realidad de la vida. Se había quedado a nada de perderlo todo en una noche, a nada de ser expulsada de Luna Nova, a nada de quedarse sin cobijo del linaje Cavendish, a nada de quedarse sin oportunidades de quedar como la legitima heredera de la familia, a nada de perder la oportunidad de seguir practicando la magia, a nada de perder el lazo afectivo que tenía aún con su fallecida Madre. Todo eso dolía, pero lo que más le lastimaba era la perdida completa de algo en especial: se había quedado sin la ilusión del amor. Estaba destruida moralmente, perdidamente confundida. Sin rumbo. Sin ayuda.
Y todo por un estúpido sentimiento.
Todo por culpa de una mujer.
La lluvia volvió a precipitarse fuertemente, como si estuviera en sintonía con el pesar de la joven noble.
Con un shock anímico y con la fuerza física mermada no pudo haber otro resultado…
Alzó su rostro una vez más y expulso un último lamento que de no haber sido por la lluvia hubiera sonado desgarrador. Y, como si aquel grito hubiera llevado las ultimas fuerzas que le quedaban cayó desvanecida al terminar de expulsarlo.
Estaba tan agotada y perdida que no escucho ni vio un lejano rayo caer sobre los bosques del instituto.
Para cuando llego la ayuda ya había perdido bastante calor corporal.
Para cuando llego la ayuda ya se había gestado la discordia.
Para cuando llego la ayuda su mente ya estaba en blanco.
Escucho a lo lejos el llamado de la chica oriental, pero algo o alguien no la dejo acercarse. Cerró pesadamente sus ojos y no escucho nada más.
La tormenta para ese entonces ya había afectado más de lo que debía de haber afectado, pero no tenía intenciones de detenerse. Más precisamente, aquellas escenas que habían vivido la Noble Cavendish y la joven japonesa se hubieran evitado si las nubes no se hubieran tragado la luz de la luna en el cuarto de la caucásica. Diana hubiera notado el rubor en las mejillas de Akko lo que la hubiera frenado de su huida el suficiente tiempo para sentir las piernas de la japonesa reptar por su cintura con la intención de no dejarla escapar, y entonces las palabras mágicas se hubieran escuchando en esa oscura habitación… desgraciadamente para ambas adolescentes aquello no había sucedido, y eso era el beneplácito para el huracán y tormenta del mismo nombre que se cernía sobre Luna Nova con el objetivo de quitar del medio a una sola persona…
La habitación se encontraba en silencio, y aunque la noche apretaba por las oscuras nubes algunos rayos de luz lunar se abrían paso por el ventanal del cuarto de la rubia.
Solo se encontraban ellas dos.
Encima de ella se encontraba a escasos centímetros de diferencia la joven noble. La habitación estaba a oscuras pero la pálida luz lunar que entraba por el ventanal iluminaba la curvilínea figura de la rubia, no hubo necesidad de prestar atención de más para darse cuenta que los delicados brazos de la chica que tenía encima estaban al lado de sus hombros. Los suaves y sedosos cabellos rubios de la chica caían sobre su rostro acariciando apenas su piel en un constante cosquilleo que para nada le desagradaba.
La habían atrapado.
Su mente aún se encontraba vaga y perdida como para comprender lo que había sucedido y el porque habían pasado de estar en el campo abierto a estar en un lugar oscuro encima de algo bastante cómodo. Pese a la agradable situación en que se encontraba lo que en realidad le importaba en ese momento era que Diana había cumplido con lo que le había pedido: atraparla.
La gatita blanca había atrapado a su pequeña presa, y ella, como la presa que era debía de quedarse como tal. Por eso y porque los nervios se lo impedían, desistió de moverse. La escena era tal y como se la había imaginado, salvo por el cambio tan brusco de ambiente, y el hecho de no recordar como había llegado ahí, pero no deseaba comprender eso por el momento, lo que en realidad quería era deleitarse con el escenario en el que estaba.
Alzo imperceptiblemente su mirada a la cabeza de la hermosa chica rubia que tenía encima tan solo para darse cuenta de que en su cabeza ya no estaban las orejas de gato que le había puesto; cuando fijo nuevamente su mirada a los ojos de la joven noble se dio cuenta de cómo esta se iba acercando más y más a ella en lo que parecía una ruta directa al choque de labios ¿de verdad estaba despierta o estaba soñando? Había planeado su confesión y en esta esperaba que la chica de ojos azules estuviera encima de ella para cuando la atrapara, pero ese acercamiento tan atrevido de la rubia era algo que, aunque no le desagradaba, no estaba en sus planes ¿podía ser que sus corazones estuvieran en sintonía, que Diana se sintiera atraída por ella?
Su mirada al fin se perdió en los ojos de la rubia que se acercaba más y más hacía ella.
Sentía su aliento tan cerca refrescando su rostro y le fue inevitable llamarla. Era el momento exacto para su confesión.
- ¿D-Diana?
Pudo articular en un tono muy bajo, que sin embargo rompió el silencio de la habitación.
Las nubes que auguraban otra noche lluviosa se juntaron y acabaron con la luz lunar, poniendo en penumbra la habitación.
Sintió como la sangre se estacionaba en sus mejillas para sonrojarlas y lucho contra su voluntad para no alzar su rostro y acercarlo más al de la chica que tanto le gustaba. Quería confesarse antes de que aquel beso que se veía inevitable comenzara.
Antes de que pudiera abrazarla con sus piernas para no soltarla.
Antes de que pudiera decir algo.
Ella simplemente huyo…
Antes de que Diana hubiera emprendido la huida todo empezaba a salir conforme a su plan, salvo por el cambio tan abrupto de situación. No recordaba en que momento habían pasado de estar en la zona norte del patio escolar a estar en el lugar en el que estaban, pero por todo lo demás las cosas habían salido bien.
Se incorporó rápidamente de la cama para tratar de salir en pos de la rubia tan solo para darse cuenta de dos cosas, la primera fue que se encontraba en el dormitorio de Diana y más precisamente encima de la cama de la aludida. Lo segundo fue encontrarse con que estaba vestida solo con sus ropas interiores, hecho que la avergonzó y ayudo a enfatizar el sonrojo en el rostro de la chica oriental. Y sin embargo fue por esta ultima razón que no pudo salir rápidamente en busca de la rubia. Otro detalle que le impidió salir en busca fue un fuerte dolor en su frente que la mando de regreso a la cama de la chica noble.
Al tocarse se dio cuenta de un pequeño bulto anormal. No recordaba en que momento se había golpeado la cabeza y estuvo a punto de achacarle aquello a algún trato que la rubia había tenido con ella, pero antes de que lo hiciera pudo esclarecer al fin todo lo que había pasado. Recordó que estaba corriendo por los campos de la escuela, esperando que Diana la alcanzara y antes de que eso sucediera sintió como su cuerpo se quedaba súbitamente sin fuerzas, venciéndose ante la fiebre que había estado sufriendo durante todo el día. Por eso había quedado inconsciente, por eso había caído pesadamente sobre el césped, y por eso ahora se dolía de aquel golpe en su frente. Cuando recordó todo eso se sorprendió de que todos los síntomas que había tenido hasta el momento en que había desfallecido (gripa, alta temperatura y fatiga) ya no estaban… No tardo en darse cuenta de lo que había sucedido, era obvio teniendo a una amiga (y amada en secreto) que usaba una excelente magia de curación, aunque había fallado al curar el hematoma en su frente.
Tardo un poco en recuperarse ya que sentía la urgencia de salir lo antes posible en busca de la rubia, así que apresuro a su cuerpo a levantarse y buscar algo con que vestirse. Afortunadamente para ella no tardo en encontrar su uniforme a los pies de la cama, pero al levantar las piezas que conformaban el uniforme se encontró con que todas ellas estaban extremadamente húmedas, como si hubiera caído en una piscina; fue entonces cuando comprendió por completo la escena. Ni Diana ni ella habían llevado una escoba hasta aquel alejado lugar de la academia, así que si ella había perdido la consciencia debido a las complicaciones de su enfermedad y por lo tanto no había podido caminar de regreso todo ese trayecto sola lo más seguro era que Diana la hubiera tenido que llevar a cuestas de regreso al instituto, una tarea extremadamente difícil bajo el clima que imperaba ese día y que agregaba varios grados de dificultad teniendo que cargar con alguien más… por un momento dudó que Diana hubiera hecho aquello sola, pero eso no explicaba el que no hubiera nadie más en esa habitación aparte de ella, no había rastro de Hannah o Barbara y mucho menos de Sucy o Lotte.
Se culpo mentalmente por hacer que Diana tuviera que preocuparse por ella, y eso solo la hizo apresurarse a ir en pos de la noble.
Aún con la necesidad de salir en busca de Diana dudo de vestirse por el estado en que se encontraba su uniforme…
El sonido de la lluvia precipitándose fuertemente inundo la habitación, haciendo casi imposible que pudiera escucharse algo afuera.
El resonar de las grandes gotas de lluvia impactando las ventanas fue suficiente para que dejara de pensar y empezara a actuar. Su cuerpo se estremeció al sentir lo frías y húmedas que estaban sus prendas al hacer contacto con su ya templado cuerpo. Sabia que no era la mejor manera de evitar una recaída de su estado de salud, pero le urgía ir ya detrás de la rubia para aclarar lo sucedido, ya que la huida tan abrupta de la joven noble la había dejado con más intrigas que con respuestas.
Para ese momento se había dado cuenta de que las cosas ya se habían alargado de más con los planes de confesársele a Diana, había dejado ir ya como mínimo dos oportunidades para hacerlo, ya tenía suficiente de esas oportunidades fallidas, ahora saldría decidida a ir en busca de la rubia justamente para ser directa, para expresarle sus sentimientos, y hacer la pregunta que llevaba varios días pensando en hacer.
El ruido ensordecedor de la lluvia le impidió escuchar el giro del pomo de la puerta ni el rechinar de la puerta al abrirse, por lo que el primer indicio de la llegada de los inquilinos a la habitación fue el halo de las luces provenientes del pasillo, un rayo de luz que la ilumino en las penumbras de la alcoba antes de que encendieran las luces del dormitorio y la sorprendieran en el momento preciso en que terminaba de vestirse con su falda para abrocharla.
Tanto la nipona, como las inglesas quedaron congeladas ante aquella escena y transcurrió algo de tiempo antes de que alguien dijera algo.
-¡¿Akko?! ¿Qué haces aquí?
Hannah fue la primera en retomar la palabra antes de adentrarse en el dormitorio siendo seguida por su novia, quien cerró la puerta tras de si.
Akko termino de ajustarse su falda de la forma más sigilosa posible, como si quisiera que las inglesas no repararan en esa acción, algo que por supuesto no sucedió.
En realidad no sabia la respuesta a la pregunta de Hannah, podría decirles que en la tarde había estado en el patio de la escuela practicando su magia con Diana hasta que cayo inconsciente y después, cuando recupero la consciencia, había despertado en la cama de la rubia ¿pero acaso creerían eso? y si llegaran a creerlo ¿de que forma les explicaría la extraña huida que había protagonizado la noble? Entonces cometió el error de no explicar nada y desviar la atención al verdadero problema: hacerles saber que Diana había huido de la habitación.
-¡No hay tiempo para eso, tenemos que buscar a Diana! –dijo con una voz desesperada, esperando espabilar a las chicas que tenia en frente con eso-
Ninguna de las dos inglesas comprendió de que iba la necesidad de buscarla, pues hasta donde recordaban Diana estaba ausente. No fue sino hasta que Barbara fijo su vista en la cinta azul que yacía en el piso que urgieron a buscar una explicación.
-¡¿Dónde esta Diana?! –la voz de la chica de cabello oscuro respondió con la misma desesperación después de ver en el piso la cinta azul de Diana-
-No sé, salió corriendo de aquí … no hace mucho que salió ¿no la vieron?
Barbara negó repetidamente con la cabeza. El tono de voz de la oriental ya había hecho mella en ella y la desesperación la había contagiado al punto de urgirla a salir en buscar a su amiga.
Hannah por su parte, al percatarse de la cinta de su amiga busco ingenuamente por todo el cuarto a la mencionada, pensando que tal vez se trataba de una broma de Akko, la última parada de su búsqueda concluyo en el baño, lugar donde encontró el uniforme empapado de su amiga. Quiso hacerle evidente a su novia el hallazgo de estas, pero para cuando iba a hacerlo las otras dos chicas ya estaban apresurándose a la puerta para salir en busca de ella.
El recorrido por los pasillos fue igual de escandaloso salvo que la lluvia continuaba cayendo fuertemente lo que las ayudo (y entorpeció) a no tener testigos en los pasillos como si había ocurrido con el caso de Diana.
Una fuerte corazonada de Akko fue suficiente para marcar el paso hacía el patio de la escuela. Al final las tres terminaron frente al patio, resguardándose de la lluvia bajo los enormes arcos de la arquitectura palaciega.
El vaho que expulsaban evidenciaba el frío que estaba haciendo ahí afuera. No había nadie cerca y si se adentraban al patio tampoco habría luces que las guiaran. Al final, por miedo tal vez, las inglesas pensaron que su amiga no había seguido por aquel camino, no la creían con tan poco sentido común como para adentrarse en el patio a esas horas y con ese clima.
-¿En serio Diana se metería ahí?
Pregunto incrédula Hannah, reforzando la idea de abandonar la búsqueda en aquel enorme patio oscuro. Después de todo ella había encontrado el uniforme húmedo de Diana en el baño, y aunque aún no sabia que había urgido a su amiga de escapar de la cómoda habitación si sabía (o eso pensaba) que su amiga no huiría con la intención de volver a empaparse con aquella fría lluvia que caía.
Akko por su parte hizo gala de su característica impulsividad y salió corriendo hacía la oscura nada enfrente de ella, sin importarle la lluvia, sin importarle si volvía a enfermar, sin importarle nada más que encontrarla a ella; porque hacer ese tipo de cosas son normales cuando se esta enamorado y porque evidentemente ella estaba enamorada.
Las inglesas dudaron en seguir a la bruja oriental, estaban o querían estar seguras de que su amiga estaría rondando por los pasillos de la escuela, pero ya tampoco podían dejar a la castaña a su suerte bajo la lluvia y en esa penumbra.
-¡DIANA!
El fuerte llamado se perdió gracias a que la lluvia había decidido caer con más fuerza sobre ellas. La búsqueda ya era difícil con la oscuridad y ahora la lluvia comenzaba a crear charcos de lodo que retrasaban sus pasos.
-¡DIANA!
Esta vez grito con más fuerza esperando una respuesta, pero tampoco tuvo éxito. Las otras dos chicas comenzaron a llamarla también, pero no parecía funcionar. Aun con lo fallido que parecían sus llamados continuo haciéndolos, desistir en ese momento no era una opción, estaba dispuesta a seguir buscándola sin importar las consecuencias.
La caída de un rayo distante ilumino por un momento el oscuro paisaje, pero no pudo ver nada a su alrededor más que la planicie del patio.
Era claro que la desgracia la acompañaba. Había mirado al lado incorrecto cuando el rayo y su breve iluminación había descubierto el paradero de la joven noble.
Hannah estaba decidida a dejar todo con tal de regresar a la comodidad y calidez de los pasillos de Luna Nova para continuar ahí la búsqueda de su amiga; después de todo su naturaleza burguesa chocaba con la situación de búsqueda en la que se encontraba, que sus ropas se empaparan con lluvia ya era suficiente, y que ahora tuviera que lidiar con el sucio y pegajoso lodo manchando sus ropas no ayudaba en lo más mínimo. Entonces cayo el rayo iluminando todo a su alrededor y pudo avistar a lo lejos un cuerpo ataviado en prendas blancas. Automáticamente olvido todas sus quejas sobre la situación en la que estaba y apresuro su paso corriendo hacía donde había avistado el cuerpo.
-¡DIANA!
Barbara supo que el grito que su novia había lanzado no era un llamado como el que habían estado haciendo hasta el momento, no, era la expresión de alguien que ha encontrado exitosamente un tesoro. Y en efecto, así era, por eso no dudo en buscar entre la oscuridad el cuerpo de su novia y seguirla hacia el lugar al que se dirigía. Afortunadamente para ella su visión ya se había acostumbrado a la penumbra y podía ver un poco mejor en la oscuridad, lo suficiente como para avistar a Hannah.
Apretó su paso de la misma forma que lo estaba haciendo la castaña. Aun no hacia contacto visual con lo que había visto ella pero no tardo en verla detener su paso y ponerse en cuclillas. Tuvo que avanzar más para por fin tener contacto visual claro con los dos cuerpos que estaban enfrente de ella.
-¡DIANA!
Un fuerte grito salió de su garganta más como un aullido, un aullido que denotaba la preocupación de Barbara al ver a su amiga tendida en el fangoso césped. De alguna forma tomo aún más fuerzas hasta llegar a donde se encontraban las dos aristócratas, y antes de llegar se deslizo sobre sus rodillas de tal forma que cuando su cuerpo llego a donde se encontraba tendida la rubia ella ya estaba de rodillas, lista para asistirla.
Las lagrimas de las dos aristócratas conscientes no se hicieron esperar. Tal era el estado de la noble rubia que Barbara pensó por un momento que el rayo que había caído hacia unos segundos atrás era el causante de que estuviera en ese estado; deshizo esa intuición al pasar su mano por las prendas de su amiga y no encontrar quemadura alguna en ellas, entonces busco rápidamente los signos vitales de su amiga y se alivió al encontrarlos, un pulso y respiración relativamente bajos, pero nada de que preocuparse si la atendían rápido, fuera de ello no había en realidad algún indicio del porque su amiga estuviera en ese estado, pero a las dos las preocupaba.
-Diana…
Barbara dio suaves bofetadas en el rostro de la rubia mientras la llamaba por su nombre, tratando con esto que Diana reaccionara, pero era en vano, no había respuesta alguna.
Por supuesto ver a su amiga en ese estado afectaba a Hannah quien había sido la primera persona en dar con la rubia. Verla tirada en el césped con la piel helada y con los labios empezando a cambiar su coloración a un tono pálido la había dejado bastante asustada, a la vez que también le preocupaba la razón por la que su amiga hubiera quedado en ese estado; reparo en pensar acerca del uniforme húmedo que había encontrado y le hizo sacar la conjetura de que tal vez su amiga había sido víctima de la lluvia que había caído por la tarde, eso la confundió, le confundía lo que podía haber sucedido para que una persona tan inteligente y gobernada fuera en busca de una situación así de critica otra vez…
Entonces escucho a la oriental gritar a lo lejos.
-¡DIANA!
La japonesa corría hacia ellas, gritando casi de la misma forma en que Barbara había llamado a su amiga. Las gotas de lluvia camuflaban sus lagrimas y los llamados que hacia con el nombre de la chica que le gustaba iban quebrándose más y más.
-Levántala…
Ordeno Hannah a Barbara, quien, aunque no le hubieran ordenado aquello lo hubiera hecho para comenzar con el traslado de su amiga de regreso al instituto.
La castaña volteo hacía el lugar donde provenían los llantos de la nipona, lista para confrontarla.
-¡DIANA, DIANA, DIANAAAAAAAAA!
Tuvo un breve brote de fuerzas a la par que gritaba en desesperación al ver como Diana era asistida por Barbara en una escena que la lleno de pavor al ver como el cuerpo de la rubia colgaba de una forma casi inanimada. Pudo avistar incluso el trabajo que le costaba a Barbara levantar a Diana y casi podía jurar que había estado a nada de caer al piso junto con la rubia al tratar de cargarla. Por eso aceleró aún más su paso para asistir a levantarla.
Pero eso no sucedió.
Ni siquiera pudo acercársele.
Hannah ya estaba decidida a no dejarla acercársele a Diana. Aún no sabia que había sucedido entre ellas, pero si estaba segura de que la situación tan grave en la que estaba Diana, y a la que las había arrastrado era todo por culpa suya. Y es que había tratado de atar los cabos lo más rápido posible, desde cuando Akko había ido en la tarde en busca de Diana, hasta sorprender a Akko vistiéndose en la penumbra de su dormitorio y después encontrar el uniforme mojado de Diana en el baño ¿qué había ocurrido en realidad? ¿por qué Akko había ido en la tarde a buscar a Diana? ¿por qué Diana se había apresurado a escapar del dormitorio para terminar en la gélida oscuridad del patio de la escuela?
Nada de lo que había pasado con Akko hasta ese momento le daba buena espina, y ciertamente no tenía mucho sentido su actuar; claro, era cierto que les había pedido ir a por Diana todo eso con un tono de preocupación en la voz de la oriental, pero también era cierto que no le había convencido, ni le había agradado encontrarla en el dormitorio del equipo azul, y por si fuera poco haber encontrado el uniforme mojado de su amiga en el baño tampoco la tranquilizaba… había algo muy raro en todo eso.
Hannah pensó vagamente que si Diana había estado en el dormitorio azul con Akko era obvio que algo había sucedido entre ellas ¿qué? No estaba segura. Recordó ver a la japonesa abrochando su falda y entonces se sorprendió al "comprender" lo que había sucedido; pensó que tal vez ella y Barbara no eran las únicas en el Instituto que podían sentirse atraídas por otra mujer, pero lo de ellas era distinto, hasta el momento era reciproco lo que sentían. ¿pero que sucedería si alguna de las dos no hubiera sentido lo mismo por la otra? Si eso hubiera pasado, era seguro que alguna de las dos hubiera rechazado a la otra, y si el deseo por la chica rechazada hubiera sido lo bastante enfermizo estaba segura que las cosas podían resultar en una transgresión, y teniendo en cuenta la situación vulnerable en la que Diana se había encontrado no parecía ser una idea descabellada… ¿acaso Akko había tratado de abusar de Diana? Claro, era la única respuesta que tenía para que alguien tan organizada como Diana huyera de esa forma del cómodo dormitorio en el que se alojaba, después de todo, solo una persona asustada y al borde del peligro haría algo como eso… y ahora Akko quería redimirse con Diana por lo que había hecho.
Pero ella no iba a dejar que eso sucediera. Diana las cuidaba a ellas y ellas debían de cuidarla a ella.
Por eso no dudo en actuar de la forma en que lo haría.
En el momento en que la japonesa estuvo suficientemente cerca lo hizo.
-¡Largo de aquí!
Exclamo furiosa Hannah empujando fuertemente a la japonesa al punto de hacerla caer de bruces contra el húmedo césped.
Barbara no pudo reaccionar a lo que estaba haciendo su novia, y de cierta forma la veía perpleja, tratando de comprender su actuar, pero estaba muy ocupada cargando el cuerpo de Diana.
-¿Hannah? –llamo a su novia en lo que parecía un suspiro, tratando de encontrar respuesta a sus acciones, pero la castaña pareció no escucharla-
-¡Si Diana esta en esta situación es por tu culpa, Akko. no queremos que vuelvas a acercarte a ella; y no necesitamos tu ayuda para llevarla adentro!
Akko se quedo por un momento con la mirada perdida, procesando lo que había dicho Hannah. Por inercia se pudo levantar tan solo para encontrarse nuevamente de frente con su agresora quien no dudo en empujarla nuevamente y hacerla caer, esta vez con más fuerza, como si quisiera recalcar lo que había dicho.
-¡¿DIANA? DIANAAAAA!
Akko no comprendía la situación, ni el trato hacía ella, pero poco le importaba, lo que en realidad le preocupaba era que estaban apartando a Diana de ella. Trato de levantarse del suelo, pero no pudo, ignoraba en que momento sus fuerzas la habían abandonado… supuso que se habían retirado en el momento en que Hannah la había empujado por segunda ocasión –siendo que, sin darse cuenta desde que había despertado de su letargo lo había hecho la fuerza física disminuida- y solo pudo ver impotente como las dos chicas cargaban el cuerpo de Diana para llevarla de regreso al castillo tal y como Hannah había dicho, mientras que a ella la dejaban ahí, congelándose bajo la fría lluvia…
La falta de fuerza y el golpe sentimental que había recibido se habían mezclado para acabar con las pocas fuerzas que tenia. Ahí, debajo de la fría lluvia comprendió que en efecto todo por lo que Diana había pasado era por su culpa, por obligarla a acompañarla en la tarde, por llevarla tan lejos tan solo para hacer una estúpida confesión, por preocuparla, por obligarla a caminar tanto debajo de la lluvia… por haber susurrado su nombre en la oscuridad de aquella habitación…
Hannah estaba en lo cierto…
Y debajo de esa torrencial lluvia había dos personas diferentes, dos situaciones similares y dos sentimientos similares.
Akko fue más fuerte en ese aspecto que Diana. A pesar de lo oscuro que era ese momento para ella no logro romperse, y a pesar de que se arrepentía de lo que había sucedido, no dio marcha atrás con el sentimiento de amor que sentía por Diana.
Continuaba consciente, pero sin fuerzas, con la lluvia mojándola y el lodo manchando su uniforme cuando sintió la cabeza de alguien por debajo de su axila derecha, y, acto seguido, alguien más lo hacía del lado opuesto.
Un inconfundible cabello anaranjado apareció primero, y después una larga cabellera púrpura hizo lo propio.
-Te tenemos.
Lotte dijo en tono triunfal, pero con destellos de cansancio y tristeza en su voz mientras la ayudaba a incorporarse.
No tardo en sentir una suave palmada en su mejilla izquierda como si quisieran despertarla.
-No te desmayes…
El tono indiferente de Sucy era inconfundible… por supuesto que no se desmayaría, pero no se sentía con las suficientes fuerzas anímicas ni físicas para caminar. No se tuvo que preocupar por eso, en lo que fue una larga caminata bajo la lluvia de regreso al instituto sus amigas se encargaron de llevarla como pudieron hasta la entrada del mismo. Y ya resguardadas por la calidez de los pasillos del palacio tuvieron suficiente tiempo para descansar, dejando a la nipona sentada en los escalones de las escaleras, no sin antes echar ojo al estado en que se encontraba Akko.
-¿Te sientes mejor?
La pregunta de Sucy iba dirigida claramente a su estado físico, sabia que en lo anímico seguramente estaba destruida. No había sido necesario indagar en el por qué; antes de llegar con Akko se habían encontrado con Hannah y Barbara llevando a cuestas a Diana, y para cuando los dos grupos estuvieron de frente habían recibido una mirada de lo más hostil posible por parte del grupo de las aristócratas, principalmente por Hannah. Obviamente verlas preocupándose únicamente por Diana le había hervido la sangre, y sabia que de no tener el apuro de encontrar a Akko se hubiera detenido en ese momento a golpear a alguna de las dos, por preocuparse solo por la rubia y no también por Akko. Pero tampoco podía aborrecerlas tanto, si, era cierto que se habían olvidado de Akko en esa situación, pero también gracias a ellas y de ver la dirección de la que provenían pudieron dar rápido con la japonesa.
-Deja que descanse…
El tono suave y preocupado de Lotte era incomparable a pesar de que su voz también cargaba con tristeza.
Por supuesto que Sucy estaba también al tanto de eso, y justo por esa razón no podía hacer nada más que aplaudir la postura fuerte que la Finlandesa trataba de aparentar para no contagiar con su tristeza a la ya devastada japonesa.
Claro que había notado el cambió de actitud de Lotte, Hannah no solo las había visto con esa mirada déspota, en cuestión de nada la castaña había lanzado también una mueca burlona y victoriosa a Lotte, una mirada que parecía no significar nada, pero que en realidad significaba mucho para ellas dos: la carrera que disputaban ya tenía un resultado y a una ganadora, y esa ganadora por supuesto que no era la finlandesa…
Si, sería una noche muy larga llena de sollozos en la que no dudaría en ningún momento de usar su almohada para no escucharlas y para no reavivar la tristeza que ella también sentía.
-Puedo hacerlo…
Finalmente Akko pudo esbozar palabras, con una voz que se escuchaba a punto de romper en cualquier momento. Dio media vuelta para subir dos escalones y justo cuando se encaminaba a subir el tercer escalón rompió en llanto. Un llanto que, gracias a la lluvia, solo sus amigas pudieron escuchar. Nunca la habían escuchado llorar y sollozar de aquella manera, un llanto tan lastimoso que era difícil de escuchar.
Así se escuchaba un corazón roto… Lotte hizo todo lo posible por no acompañar a su amiga en el llanto, pero sus ojos empezaban a enrojecerse y a frenar lo más posible las lagrimas para que no salieran. Sucy, no dejo que su postura de adolescente fría se manchara y contuvo todo lo que pudo sus sentimientos hasta cambiarlos por un fuerte enojo que tampoco era visible, ella sabía que Akko no merecía estar en ese tipo de situación, y también sabía que ella jamás hubiera dejado que la castaña se sintiera así…pero no podía hacer nada en ese aspecto, en vez se acerco a su amiga para volver a asistirla. Lotte hizo lo mismo, y entonces el llanto de la chica oriental disminuyo. Con sus dos amigas al lado pudo continuar con su escalar hasta que llegaron al dormitorio.
Para cuando llegaron al piso de sus dormitorio Akko ya caminaba por su propia cuenta, eso si, mas lento que de costumbre, lo que hizo que sus amigas disminuyeran su paso hasta estar a la par con el de la nipona, cuidándola de que no tropezara por quedarse nuevamente sin fuerzas.
Ninguna de las tres dijo palabra alguna en ese recorrido.
Lo primero que hicieron al estar en la comodidad de su habitación fue despojarse de sus uniformes, incluso Akko, quien tardo bastante en hacerlo.
En la habitación se contagio rápidamente el desconsuelo, encabezado por Akko…era bastante doloroso ver a una chica que usualmente era tan animada y sonriente de ese forma, tan frágil y con la mirada perdida, como si en cualquier momento pudiera romperse a llorar.
Pese a la situación Sucy no tardo en asistir a la japonesa, entregándole a esta su pijama junto con una poción que recién había preparado y que casi obligo a que la bebiera.
-Bebe, mañana me agradecerás.
Akko no quiso hacerlo, no supo si por la desconfianza constante de beber sus pociones o simplemente por no tener ánimos para ello. Por eso tuvo que pegarla en su boca y empinarla para que la bebiera, demostrando en el proceso las pocas ganas que la nipona tenía de hacer algo.
Después de prepararse con sus respectivas pijamas ninguna de las tres tardo en meterse en su respectiva cama para descansar, sin embargo tardarían en caer rendidas ante el sueño…la profecía de Sucy se cumplió y la noche se lleno de una constante mezcla del sonido de la lluvia golpeando el vidrio y los sollozos ahogados por las almohadas de sus amigas. Sucy pudo silenciar si problema el sonido de sus sollozos, pero incontables lagrimas rodaron sobre su rostro.
Ahí en la penumbra de la habitación y con los constantes sollozos Sucy pudo agradecer a la carta y consejo -¿o advertencia?- que habían recibido de la maestra Chariot. Había sido gracias a esa carta que se habían puesto en busca de Akko en esa noche lluviosa, como si la maestra Ursula supiera que Akko estaría en peligro. Claro, no habían encontrado en la mejor condición a Akko, pero al menos dieron con ella y pudieron asistirla antes de que algo peor le pasara.
Tal vez al siguiente día Sucy le diría a Akko sobre la carta que habían recibido de Chariot y con suerte eso le mejoraría el animo. Eso esperaba.
Al final, el cansancio venció escalonadamente a las tres y pudieron conciliar sin problema el sueño.
Las tres chicas llegaron al país de los sueños no sin antes dejar como cuota sus lagrimas en sus respectivas almohadas…
La lluvia caía tan fuerte que estaba segura que podía reír a carcajadas sin que nadie notara su presencia. En ultimas ocasiones todo lo que tenia planeado parecía mejorar sus expectativas, e incluso cuando sus planes parecían peligrar con irse abajo terminaban por sorprenderla con una extrema mejora en la situación planeada.
Justamente eso había pasado, y la reacción de Hannah en ese momento, cuando más lo necesitaba, había sido sublime, simplemente no podía estar más contenta con todo aquello, y ahora se preparaba para dar al fin el golpe final.
Entre esfuerzos conjuntos Hannah y Barbara terminaron subiendo por las escaleras a su amiga quien no había tenido la suerte de Akko para tener al menos un poco de energía. La rubia seguía abatida y solo Hannah creía tener una idea de lo que había llevado a Diana a caer en ese estado.
Para cuando llegaron a la habitación las dos estaban agotadas. Había sido difícil llevarla a cuestas por todo el patio y escaleras a pesar de que se habían turnado y ayudado durante todo el trayecto, pero al fin habían llegado, sin querer habían sufrido casi el mismo destino que Diana había vivido hacía unas horas cargando a Akko, y de la misma forma habían vivido la ausencia de ayuda de alguien en todo el traslado.
-¿En serio crees que este bien? -Preguntó con cierta intriga Hannah, haciendo a un lado todo el enojo que había evocado en el patio-
-No tiene fiebre… –respondió Barbara entrecortadamente evidenciando el cansancio que tenía por llevar en sus espaldas a la rubia-
»Respira poco más de lo normal.
»Y tiene un pulso regular…
-¿Y entonces por qué esta así? –volvió a preguntar, quitándole de la boca la respuesta a su novia mientras acercaba su mano a la frente de la rubia para apartar unos mechones de cabello de su frente en un gesto gentil-
-¿Hay sangre en su cabeza? –pregunto Barbara antes de expulsar un fuerte suspiro al subir el ultimo peldaño de la escalera-
-No… -nuevamente llevo su mano a la cabeza de la rubia, esta vez para tentar en ella si había alguna lesión- no tiene nada… ven, déjame ayudarte.
Hannah se adelanto un poco, quedando enfrente de Barbara para recibir de ella a su amiga. No tardo mucho para sentir el peso en su espalda y soltar un pequeño quejido por el cambio tan brusco de peso en su espalda.
Barbara por su parte, ya libre de cualquier peso en su espalda paso a acercarse al cuerpo de la rubia para confirmar que sus vitales siguieran bien. No tardo en corroborar que en efecto, seguía bien. Paso sus manos por los brazos y piernas de la rubia tratando de buscar algún cambio en su temperatura corporal, pero nada era evidente teniendo en cuenta que su cuerpo estaba apenas calentándose, pero encontró la punta de los dedos de las manos con tonalidades azules.
-Tal vez solo se desmayo… -aseguro Barbara al notar el tono azul en los dedos de su amiga que poco a poco iban recuperando su color habitual-
-Espero que se mejore…
Barbara adelanto a su novia para abrir al fin la puerta del dormitorio.
-Mejorará…
Las luces del cuarto se encendieron evidenciando la cinta azul de la rubia. Todo estaba tal y como lo habían encontrado la primera vez, salvo por la ausencia de la intrusa. Las inglesas no perdieron más tiempo y llevaron a su amiga al sofá del dormitorio para recostarla y cambiarle las ropas mojadas que llevaba puestas.
Al contrario del dormitorio rojo el dormitorio azul estaba bastante activo con Hannah y Barbara poniéndose en marcha para asistir a la chica inconsciente.
No tardaron en despojarla de las prendas húmedas, para secar y calentar el cuerpo de la rubia con las toallas y sabanas que tenían a la mano.
Antes de lo que esperaban habían ya resultados positivos con la temperatura de la rubia y suspiraron aliviadas por eso. Ya con su amiga un poco más estable se turnaron para cuidarla y cambiarse ellas mismas de ropas a sus pijamas.
Antes de que Hannah decidiera por cambiarse sus ropas una duda la abordo.
-¿No crees que deberíamos llevarla a la enfermería?
Barbara abrió los ojos al escuchar aquella pregunta. Habían hecho a un lado aquella opción por las prisas y por la preocupación que las había invadido durante todo ese momento. Y ahora parecía todo más un Déjà vu con lo que Diana había vivido, salvo con un cambio drástico de personajes. Sin embargo había algo diferente entre ambas situaciones, y es que al contrario de lo sucedido con Akko, Diana se encontraba en un estado regular de salud y fuera de cualquier tipo de complicación.
-¿Crees que esté abierta la enfermería?
-Debería de…
Barbara paso su mano derecha sobre la mejilla izquierda de la rubia y casi como si aquel gesto tuviera un don curativo los ojos de la noble se abrieron pesadamente para sorpresa de la pareja.
-¿Diana?
-¡Diana!
La felicidad invadió a Hannah y Barbara, pero la emoción no duro mucho.
Diana abrió pesadamente los ojos tan solo para darse cuenta que había vuelto al lugar donde todo había comenzado… hubiera preferido mil veces quedarse bajo el yugo de la fría noche y la gélida lluvia que volver al lugar donde estaba.
Fijo lentamente su mirada a su alrededor tan solo para encontrarse con los rostros felices de sus amigas ¿ellas la habían "rescatado"? Seguramente, solo Akko y ellas estarían al pendiente de su paradero, y de cierta manera era mejor que ellas la encontraran a que Akko la hubiera encontrado. No sabia que hubiera hecho si eso hubiera sucedido. Aún con todo eso se encontraba bastante molesta y débil como para siquiera esbozar palabras de agradecimiento aunque de igual forma de nada serviría, no quería ser una hipócrita con sus amigas y agradecerles vacíamente que la hubieran llevado de vuelta al dormitorio… prefirió mantenerse en silencio y con un semblante cansado y frío que sus amigas interpretaron rápidamente, o al menos eso quiso creer.
-¿Diana?
Barbara, que había sido la primera en sorprenderse con el despertar de Diana había cambiado su semblante alegre por uno dubitativo.
Claro, Diana había abierto los ojos, pero su mirada no mostraba sentimiento alguno, ni felicidad, ni tristeza o siquiera enojo, solo era una mirada perdida.
Hannah al ver el semblante de Diana no pudo mas evitar refutar la teoría que tenía sobre el porque la rubia había huido de Akko. Para ella era más que claro, esa mirada no era otra que la de alguien en shock, alguien que había estado a punto de vivir o había vivido una escena traumática. No pudo hacer nada más que felicitarse a si misma por haber tratado de esa forma a la japonesa, y por el bien de la oriental lo mejor era que al día siguiente no se presentara; es más, incluso empezaba a pensar seriamente en dirigirse a la directiva a denunciar lo que según ella Akko había hecho.
-Calma, Diana ya estas bien, aquí estamos para protegerte.
A Diana no le importo la razón de ese comentario, ni quería comprenderlo, no quería comprender nada, solo quería estar sola, así que ni se inmuto en contestar con lenguaje no verbal.
Barbara pudo aliviarse un poco de la situación con la voz de su novia, pero seguía preocupándole el estado en que se encontraba la noble Cavendish. Antes siquiera de que ella le profiriera alguna palabra escucho la voz de Hannah.
-Ayúdame.
Hannah tomo las pijamas con las que se iba a vestir y extendió la blusa de dormir a Barbara en un movimiento tácito que ordenaba usarlas para vestir a Diana. Y así lo hicieron; vestir a Diana con las pijamas se torno en algo doloroso para la pareja, la rubia no parecía reaccionar a ningún estímulo, no podía moverse sola y ni siquiera esbozaba quejidos o sonido alguno, era como tratar con una pesada marioneta.
Cuando terminaron de vestirla tampoco hubo respuesta alguna.
Hannah llevo a Diana a su cama, y ya sobre esta procedieron a acomodarla y abrigarla lo mejor posible.
Era evidente que no era el mejor escenario en el que querían estar, y ciertamente los ánimos de ambas estaban bajos, lo que había aminorado el pesar de ambas fue el despertar de Diana, hecho que las pudo calmar un poco. Claro, no era la mejor forma en la que deseaban ver a su amiga, pero esperaban que sucediera un milagro, y que al día siguiente la encontraran en mejor estado.
Diana por su parte había estado a punto de apretar la espalda de Hannah al ver el lugar al que se dirigían, pero desistió de hacerlo por la falta de fuerzas. Un fuerte escalofrío recorrió su cuerpo al sentirse encima de su propia cama.
Al fin había vuelto a ese lugar…
Cuando sus amigas se marcharon a sus respectivas camas sintió en su nariz aquella distintiva esencia de arroz y canela de la bruja japonesa, prueba indiscutible de que Akko había estado en el mismo lugar donde ella reposaba ahora.
No lo sintió en ese momento debido a la fatiga que aún resentía su cuerpo, pero de sus ojos cayeron y se deslizaron dos lagrimas que terminaron en su almohada. La cuota de Diana para entrar al mundo de los sueños también había sido pagada.
Barbara abrazó por la espalda a su novia en la oscuridad de la habitación y la ayudo a despojarse del húmedo uniforme que aún vestía. Hannah se quedo quieta y en silencio sintiendo como su novia la desvestía hasta dejarla en ropas intimas, espero un beso o alguna caricia en su cuerpo semi desnudo, pero nada de eso sucedió en cambio sintió como aumentaba poco a poco la presión del abrazo de Barbara y luego la cabeza de esta sobre su espalda.
-Puedes enfermar si duermes así esta noche…
El tono triste de Barbara era evidente y no era para menos, ninguna de las dos había visto en ese estado a su amiga. Barbara no era la única que se sentía de esa forma, era una emoción reciproca…
Las manos de Barbara estaban aferradas al abdomen de Hannah y esta llevo sus manos a donde estaban las de su novia para apretarlas suavemente.
-¿D-dormirías conmigo?
La pregunta de la castaña salió en un apenas perceptible susurro, cubriendo con ello el tono de tristeza que también tenía su voz y de paso evitando que Diana pudiera escucharlas. Barbara asintió lentamente con su cabeza aún reposando en la espalda de su novia.
La castaña se aparto un poco para romper el abrazo de su novia y meterse en la cama de ella, y acto seguido, esta hizo lo propio.
A pesar de la oscuridad en la habitación Hannah avisto en la comisura de los ojos de Barbara los remanentes de sus lagrimas y las limpió en un acto gentil, acto al que la chica de cabello oscuro respondió con un tierno beso en los labios de la castaña.
-Descansa…
Hannah sonrió pesada pero genuinamente a la orden de su novia y procedió a ofrecerle su espalda, ocultando en el proceso las lagrimas que estaba a punto de derramar.
-Tú también descansa…
Barbara beso la espalda de su novia. Hannah ensancho su sonrisa al sentir estas muestras de afecto, muestras gentiles y autenticas de amor que la hicieron olvidar por esa noche el horrible escenario que estaban viviendo.
Finalmente la chica de cabello oscuro paso nuevamente sus manos al abdomen de la castaña para abrazarla. Un abrazo que duro toda la noche.
La joven pareja de brujas también había pagado su cuota para entrar al país de los sueños.
Lo que encontraron al día siguiente no supieron categorizarlo como una mejora…
-Despierta dormilona.
La voz relajada y la sensación de los labios de Barbara en los suyos la despertó de su letargo, no sin antes expulsar un pequeño quejido de molestia por ser despertada.
Tardo tiempo en procesar lo que estaba sucediendo y cuando al fin logro comprenderlo se sorprendió, eran situaciones nuevas por las que no había reparado en pensar debido al ajetreo nocturno de la noche pasada en el que se había olvidado de muchas cosas, entre ellas de las tragedias que la habían invadido en las semanas y días anteriores. Su vida había pasado de ser un mar de desgracias a un panorama de dicha y felicidad con la persona con la que tanto había deseado estar junta.
-¿No es muy temprano aún?
El clima estuvo a punto de pasar desapercibido por la castaña, pero reparo rápidamente sobre ello: el sol había vuelto a hacer acto de presencia.
El dedo índice de la mano derecha de Barbara se poso en sus labios en son de silencio; le pedía bajar el tono de voz. Le costo comprender un poco aquello hasta que vio a su novia apartarse lentamente de la cama para dirigirse al buró y empezar a cambiar sus ropas con sigilo y rapidez. Claro, habían tenido suerte en que Diana no hubiera despertado antes que ellas. Hannah al ver las acciones de su novia se levanto de la cama para copiar lo que hacía Barbara . Era lo mejor que podían hacer en ese momento para disimular la noche que habían pasado juntas.
Sorpresivamente el canto de las aves y un halo de luz solar la hizo despertar cuando este cayo sobre su terso y níveo rostro. Un día en el que al fin se podía contar con la presencia del sol que había llegado días tarde para poder animarla.
Las ganas de levantarse de su cama eran nulas, lo que la hizo recordar lo sucedido hacía dos días atrás cuando tampoco quería levantarse de cama… solo que esta vez era diferente. Tomo las cobijas con fuerza y se cubrió con ellas el rostro, no quería que el sol la tocara, de hecho no quería que nadie la tocara. Sin embargo sus amigas no tardaron en aparecer, trayendo con ellas la idea de contrariar lo que quería.
Sintió un blando jaloneo y después un suave empujón seguido de la voz de Hannah.
-¿Diana? ¿ya estás mejor?
Otro pequeño empujón.
-Se nos va a hacer tarde, Diana…
Esta vez hablaba Barbara, quien insistió en repetidas ocasiones con suaves empujes para tratar de levantarla.
La ya reducida paciencia con la que se había despertado se agotó al sentir la seguidilla de empujones.
Las cobijas con las que había cubierto su cuerpo entero volaron por el aire para destaparse y encarar a sus amigas.
-¡QUE NO ME QUIERO LEVANTAR, MALDITA SEA, LARGO DE AQUÍ. DÉJENME SOLA!
Esa había sido una muy rara forma de comenzar el día. Nunca en lo que llevaban de conocerse habían visto a Diana perder la paciencia de esa forma y mucho menos les había dirigido la palabra de esa manera. Era increíble que en menos de 24 horas habían presenciado dos facetas totalmente distintas una de la otra de Diana.
Ninguna de las dos quiso argumentar algo, así que, aún incrédulas por lo sucedido, decidieron retirarse en silencio, apresurando el paso lo menos notoriamente posible.
Al final las dos concurrieron en que aquello era sin duda una mejora al estado en el que la habían dejado antes de ir a dormir…
Diana no tuvo remordimiento por lo que había dicho -después de todo no había dicho mentira alguna- ni por haberse dirigido a sus amigas de aquella forma.
La noche le había caído pesada en cuanto a las emociones negativas que se habían acumulado en su cabeza y ya estaba en un punto en que no podía ocultar sus sentimientos de frustración. Todo lo que había sucedido hasta entonces se había acumulado tanto al punto en que no podía resistir más, y al final esa había sido la forma de demostrar lo frustrada que estaba.
Miro hacia el horizonte por la ventana, ya un poco más apaciguada, para ver al lejano astro rey saludándola con su bondadoso calor.
"Tal vez sea la ultima vez que te vea salir desde aquí" pensó. Evidentemente el descanso que había tenido en la noche había hecho mella en sus pensamientos; la noche pasada antes de caer rendida en dirección al país de los sueños había acomodado sus pensamientos, las consecuencias de sus actos y decidió ponerse en marcha, hacer menos larga la espera y así mismo, hacer menos duro el golpe que sabia iba a recibir por parte de la cruel realidad, una realidad en la que ella iba a tener que valerse de sus ganas de salir adelante por ella y para ella. Por eso cuando despertó ya tenía decidido aceptar la iniciativa de su tía y marcharse de Luna Nova, y esta vez para siempre. Nadie se tendría que enterar de eso, y estaba segura que su tía también habría pensado ya en alguna situación para que ninguna de sus amigas, compañeras o maestras dieran con su paradero. Lo sabia porque conocía la naturaleza fría de su pariente, una naturaleza que en esta ocasión estaba decidida a aceptar…
Gran parte de la decisión la había tomado debido al día en que se encontraba, ya era martes y aún no había logrado avances en nada, más bien había destruido todo lo que había avanzado. Tenía un día como máximo para convencer a su tía de quedarse en Luna Nova, pero ya tampoco había razón de quedarse ahí… ya no sentía nada por Akko, quien era la razón por la que había rechazado en un principio la orden de su tía de ser expulsada de la institución… o al menos eso era lo que quería pensar.
No obstante una cosa era pensar y otra muy diferente era sentir… una lección que por su parte la misma bruja japonesa había aprendido hacía ya tiempo.
No pudo persistir con ese pensamiento, y mucho menos tuvo tiempo suficiente para convencerse de que eso era lo que quería cuando sintió sin previo aviso un dolor en el pecho que la llevo a las lagrimas.
¿De verdad eso era lo que quería? Apretó lo mas fuerte sus ojos para evitar que las lagrimas continuaran escapando, pero los sollozos no se hicieron esperar.
Por supuesto que no era lo que quería, pero sentía que ya no había marcha atrás, que ya había arruinado todo y ahora solo le quedaba afrontar las consecuencias de sus actos.
No quería dejarla ir, no después de todo lo que había pasado, después de haber encarado a su tía, después de haber rechazado tajantemente su expulsión del instituto, después de haber pasado momentos tan agradables con la japonesa.
La fuerza que imprimía en sus párpados se fue desvaneciendo hasta que las lagrimas empezaron a salir como pequeños ríos sobre su rostro, el dolor en su pecho fue en aumento y tuvo que pasar su mano derecha a esa zona, apretando sus pijamas como si por ello fuera a desaparecer o aminorar aquel dolor… eso no sucedió, en cambio, gracias a eso pudo concentrarse en algo más.
Su mano termino apretando algo bastante rígido, pero pequeño en el bolsillo de la pijama. Antes siquiera de que pudiera pensarlo extrajo aquel objeto.
Al ver aquel pequeño objeto su mente paso de ser un total caos de emociones y sentimientos a estar en un estado perplejo. Una erudita como ella sabia que aquello que estaba dentro del recipiente podía ser solo una de dos cosas, y es que ambas pociones guardaban comparaciones muy similares la una de otra al punto que solo conocedores podían distinguir una de otra…levanto el pequeño frasco para verlo a contra luz y después procedió a rodarlo de forma horizontal y vertical; aquello parecía una poción de amor a simple vista, pero un vistazo más enfocado sacaba a relucir la verdadera naturaleza de aquella poción, a pesar de ello la destapo para olfatear un poco y corroborar que contenía lo que ella ya sabia que era.
Un inhibidor de hechizos…
Abrió los ojos sorprendida al darse cuenta de que aquella no era su pijama. Llevaba puesta la de Hannah; claro, Hannah le había donado sus pijamas, pero no comprendía aún la razón de aquella poción ¿Para que necesitaba Hannah algo así? Más importante ¿Hannah de verdad sabía lo que era aquello? No tardo en empezar a atar cabos de lo que estaba sucediendo…
-¿Barbara?
Todo era muy raro, pero su capacidad para investigar y sacar conclusiones estaba afinándose conforme más pensaba en la incógnita que tenia enfrente. La luz no tardo en venir a su mente para resolver el caso. Ciertamente le había costado comprender la escena que habían protagonizado hacía unos minutos sus amigas y ella, no le había tomado importancia a lo que había visto por lo frustrada y molesta que había amanecido, pero ahora podía verlo claramente…era como si las dos hubieran vuelto a la normalidad…
Haber tomado el rol de guía con Akko para ayudarla a mejorar en sus habilidades mágicas en ausencia de la maestra Ursula y posteriormente en las horas que pasaba en la biblioteca la había privado del contacto que tenía usualmente con sus amigas, por eso no estaba al tanto de los problemas que sucedían entre ellas, sin embargo en los pocos ratos en los que había convivido con ellas se había dado cuenta de lo raro que actuaban, las conversaciones se llenaban constantemente de silencios incomodos, Barbara le daba más peso a ir en busca de Lotte e incluso salía antes que todas del dormitorio por las mañanas en parte para ir con la finlandesa, pero también parecía como si no quisiera tener contacto con la castaña, Hannah se veía un poco triste en ocasiones y en muy raras veces cruzaba palabras con Barbara tan solo para encontrar respuestas cortantes por parte de esta última, sin embargo, de forma irresponsable había hecho menos estas acciones entre sus amigas al punto que apenas recordaba haber tenido días atrás una conversación con Hannah en la que esta le había profesado una evidente molestia por la situación que tenía o que había entre Lotte y Barbara, indudablemente había un gran problema entre ellas dos, tal vez por Lotte; fuera lo que fuese el problema la gravedad de este las mantenía alejadas. Pero ahora parecía que su relación había mejorado mágicamente, las dos se habían mostrado muy juntas desde la noche pasada y ahora desde el día, Barbara ni siquiera había salido antes que Hannah en la mañana. Todo era muy raro y ella para nada se tragaba la idea de que la situación que habían vivido en la noche anterior las hubiera unido tan rápido.
Tal vez no era de su incumbencia el asunto que llevaban entre manos sus amigas, pero había algo bastante extraño en eso… concluyo que si lo que Hannah buscaba era volver a tener una relación cercana con Barbara lo más acertado hubiera sido usar una poción de amor, pero era evidente que aquello que tenía en las manos no servía para el amor, podía ser que a Hannah la hubieran engañado al entregarle aquel frasco… ¿o no? No había sentido en que la relación entre ellas hubiera vuelto a la normalidad gracias a un inhibidor a menos de que…
Observo nuevamente la poción a contra luz como si quisiera ver algo más en ella. Pese a que un brebaje así podía parecer sencillo de fabricar en realidad era más complejo de lo que se podía pensar, se necesitaban altos conocimientos prohibidos y una maestría casi perfecta para realizar ese tipo de brebajes ¿Quién había podido entregarle algo así a Hannah? ¿Sucy? Era la única chica que conocía que podía realizar pociones ¿con ese grado de maestría? Tal vez…
Apretó fuertemente la poción con su mano para dejar de ver el brillo rosado que emanaba y luego miro dubitativa al horizonte que se presentaba enfrente de ella a través de la ventana y se decidió.
No podía continuar en su cama.
Recordó que tenía aún un asunto pendiente con la persona que había enviado su carta al condado de los Cavendish, y si aquella persona resultaba ser Sucy entonces podía jurar que la aludida estaría metida en un gran problema del que no iba a salir fácil.
A diferencia de la última vez que había amanecido con el animo bajo en esta ocasión decidió prepararse completamente para afrontar su día.
Hizo falta tomar una ducha para despejar su mente de todo tipo de pensamiento fatídico y comenzar a maquinar bien su mente, lista para hacer algo que no había hecho antes: afrontar bien todos los retos que pudiera mandarle el día y enfocarse en lo que haría.
-¡Metamorfi vestes!
Su uniforme se veía nuevamente inmaculado, sin las manchas de lodo del día anterior.
Verse al espejo antes de salir la hizo sentirse mucho mejor y más preparada.
No dudo en mostrar la presencia tan regia que la caracterizaba.
Dio media vuelta antes de salir de su habitación. Enfoco su mirada en los rayos solares que caían del cielo, iluminando el día. Las nubes se empezaban a juntar al horizonte listas a atacar nuevamente con lluvia. Esperaba que ese día el Sol pudiera ganar la batalla por el clima.
Lo que dijo Sucy la noche anterior había sido cierto a medias, no se sentía cansada, tampoco se sentía enferma, y, tanto los golpes como los dolores ocasionados por estos habían desaparecido. Físicamente estaba bien, pero sentimentalmente sus ánimos estaban a la baja…
A diferencia del día anterior el sol cayó por la ventana para fungir como despertador, el día se veía nuboso, pero imperaba más la presencia del astro en el cielo. Era una mañana similar a la del día anterior, salvo que en esta ocasión Akko no se encontraba abatida por una enfermedad. Por si fuera poco la sensación de derrota no estaba presente solo en la japonesa, se había esparcido también en sus compañeras quienes tenían sus propias razones para sentirse de aquella forma.
Los rayos del sol las habían despertado del sueño, pero ninguna se sentía con ganas de recibir el día… Sucy fue la primera en levantarse de la cama y a ella le siguió Lotte, pero no hubo respuesta alguna de la japonesa.
No querían mostrarse poco solidarias con el problema que estaba viviendo Akko, pero tenían que animar la situación de alguna forma así que decidieron empezar a alistarse para las clases, esperando que con ello la japonesa también se animara a imitarlas…pero no había respuesta positiva.
-¿Te sientes mejor Akko?
Lotte sabia que la pregunta no era siquiera necesaria, pero tenia que tantear cual era el estado de su amiga. Akko por otra parte no tardo en negar lentamente con la cabeza a la pregunta.
-¿Quieres quedarte a descansar?
Lotte miró un poco ofuscada a la pregunta Sucy tan solo para caer en cuenta de lo necesario que era darle un tiempo en momentos como ese.
Akko asintió solo una vez a la pregunta y volvió a acurrucarse entre sus sabanas.
-Descansa…
Lotte paso su mano derecha sobre la cabeza de su amiga para acariciarla gentilmente, quería hacerle saber a Akko con ese gesto que ella estaría ahí para lo que necesitara, para hacerle saber que no estaba sola.
Sucy trato de hacer lo mismo, pero se detuvo. No era su estilo de hacer las cosas.
-Si nos necesitas ya sabes donde encontrarnos…
Lotte permaneció un poco más sentada en la orilla de la cama de Akko como esperando una respuesta a lo que había dicho Sucy tan solo para desistir de escuchar una respuesta de ella.
Dieron un ultimo vistazo a su amiga que estaba acurrucada entre sus cobijas y salieron del dormitorio en dirección a su salón de clases esperando que al regresar la encontraran de mejor animo.
Akko apretó sus cobijas lo mas fuerte que pudo mientras acercaba sus rodillas a su cara para quedar en posición fetal. Pego su frente con sus rodillas y trato de sacar el dolor que sentía… sin éxito alguno, las lagrimas no salían de sus ojos ni sentía dolor en el pecho a pesar de que eso era lo que buscaba, deseaba tener esa sensación de desahogo.
Sabia que se sentía mal, pero su cuerpo parecía no querer sentirse así, no era para menos ya había sufrido bastante desde antes de lo sucedido en la noche anterior como para que su cuerpo quisiera seguirse sintiendo así. Sin embargo vio aquello como una señal para mejorar sus ánimos, para salir adelante, pero no sabia como. Se descubrió un poco de sus cobijas y dio con la solución; enfrente estaba su póster de Shiny Chariot.
Su maestra seguramente ya habría partido de Luna Nova para continuar con las fechas de sus presentaciones, pero recordó lo que le había pedido en aquella madrugada "Saluda a Croix de mi parte".
Al pensar en ello sintió como sus ánimos subían poco a poco.
Por supuesto, esa era la solución, estaba segura de que podría hablar con la maestra Croix de mejor forma que como lo podría hacer con sus amigas, podía ser que tal vez solo necesitaba hacer catarsis en una conversación con alguien que tuviera una mentalidad más madura, con alguien con quien ni siquiera necesitara ocultarle lo que sentía ni por quien lo sentía, y si todo salía bien tal vez la maestra podría guiarla mejor con sus sentimientos… o eso esperaba. Después de todo esa había sido una de las razones por la que se había emocionado al ver a la maestra Chariot, se había sentido así de feliz porque quería que alguien mayor, con mejor visión de la vida la escuchara y la guiara con lo que sentía, tristemente eso no había sucedido y Chariot no pudo hablar mucho por las prisas que había tenido en aquella madrugada. Sin embargo era más probable que la maestra Croix la escuchara en ese momento.
Su estado de ánimo empezó a mejorar y se decidió a cambiar sus ropas para salir en busca de la maestra. Estaba segura de que ella la podía ayudar en esa situación, seguramente ella ya se había enfrentado a situaciones similares en su vida como estudiante, y si no era así, al menos podría desahogarse hablando con alguien y con suerte ser iluminada con lo que debía de hacer.
Si, eso haría. Entonces salió de su habitación, un poco más decidida y con mejor humor para afrontar el día.
La aristócrata se dirigió con paso firme a la oficina que correo de la escuela, decidida a sacarse de una vez por todas aquella duda que venía arrastrando desde su visita al condado Cavendish y de aquella amarga discusión que había tenido con su tía; esta vez estaba decidida a enfocarse en el problema que tenia enfrente, quería llegar al fondo de lo que estaba sucediendo.
Una campanilla encima de la puerta la recibió en la oficina donde un duende de la escuela espabilo al verla.
-Buenos días, señorita –recibió a la rubia atenta y educadamente el duende, más que nada por la presencia que esta despedía- ¿en que la puedo ayudar?
-Buenos días. Necesito información.
-¿Sobre…?
-El día domingo se envió una carta a la residencia Cavendish, seguramente con destinatario a la señora Daryl Cavendish, necesito información sobre eso.
-Bueno…como bien sabe, señorita, esa es información clasificada. No podemos darle ese tipo de información, pero si quiere podemos ayudarle a enviar una cart…
Diana se acerco a la barra que la separaba del duende y ella, un movimiento intimidante y para nada común en la rubia. El pequeño duende observo esta acción y no pudo evitar sentirse nervioso.
-Llevan un registro de los nombres, remitentes y destinatarios de todo el correo que llega aquí. ¡No le estoy pidiendo que me los enseñe, le estoy exigiendo que me de esa información!
El duende trago saliva al escuchar como la noble subía el tono de su voz. Tal vez estaba imaginando, pero la mirada de esta se había vuelto más fría.
-Señorita…créame que quisiera…
-¡Daryl Cavendish, Wedinburgh. Ahora!
Hubo un momento de silencio incomodo, pero antes de que la rubia volviera a dirigirse al duende este hablo.
-No hay registros de envíos el día domingo a esa dirección, señorita… pero si tenemos uno el sábado por la tarde… cuatro de la tarde…
Esa era la información que buscaba. No obstante la información recibida no concordaba con lo que ella había pensado que encontraría y ahora sentía que había destapado algo más grande de lo que esperaba, más al darse cuenta del día y la hora a la que había sido enviada la carta al condado Cavendish, aquello no cuadraba con el día en que pensaba que habían enviado la carta, y mucho menos con la llegada de Akko y sus amigas… Sucy, la persona a la que tenia como principal y única sospechosa no había sido la responsable ¿entonces quien lo había hecho?
No iba a quedarse con la duda.
-¿Quién la envió?
-Solo puedo darle esa información… entienda que ya estoy violando bastantes reglas de la ofi…
-¡No me importan sus malditas reglas ¿Quién la envió?!
Otro arranque de ira en el día, se juro a si misma que haría lo posible por evitar otro.
El duende que atendía la oficina del correo se sintió intimidado ante las palabras de la rubia.
-Bueno... ya que lo dice
Susurro en un tono nervioso mientras miraba sus zapatos.
-La única persona que hizo uso del servicio ese día fue una señorita de cabello castaño del equipo azul... seguro que usted la conoce…
Diana abrió los ojos sorprendida, un fuerte dolor en el timo del corazón apareció de pronto y sintió como si alguien le hubiera pegado una bofetada. Aquello no podía ser cierto, no podía ser quien ella creía que había sido, así que en desesperación soltó una serie de preguntas.
-¿cómo se llamaba?
-No sé, no me dijo su nombre, per...
-¿cómo vestía? ¿Alguna señal en particular?
-...bueno... vestía las ropas del colegio... era de ojos pardos, y tenía un listón que usaba para amarrar sus cola de caballo...
Antes de que el duende terminara de hablar ella se había dado vuelta para salir corriendo del pasillo.
No quería escuchar más de él; ahora quería una respuesta clara de ella.
Apenas salió de la habitación sintió un empujón positivo en sus emociones, lo que hizo que ganara confianza en ella misma. Justo lo que necesitaba para empezar a mejorar su día, y conforme caminaba en dirección a los aposentos de la maestra Croix sentía que la chispa de alegría que la caracterizaba iba aumentando, aunque no lo suficiente para olvidar la razón por la que había amanecido tan desanimada. Era también por esa razón que había decidido no entrar a las clases restantes, no por que no quisiera, porque se sintiera débil, o por la decisión de ir a visitar a la maestra Croix, después de todo sabia que la visita a la maestra podía hacerla después de clases; la verdadera razón por la que no quería asistir a clases tenía que ver más con la noble Cavendish, por supuesto que quería verla, disculparse y terminar con todas las dudas que tenía mostrándole sus sentimientos, concretar aquello que en la noche anterior no había podido hacer, ser más decidida y no dar más rodeos para al final hacer una simple pregunta, pero no podía obviar el sentimiento de culpa que llevaba a cuestas, una disculpa podría parecer suficiente, pero para ella eso no sería suficiente, no después de que Hannah hubiera hecho énfasis en que lo que le había pasado a Diana era por culpa suya… y ciertamente pensaba que todo lo vivido por la rubia el día pasado era por su culpa, había sido culpa suya por pensar en confesársele de la forma en que tenia planeado hacerlo siendo que no estaba en el mejor estado de salud para llevarla a cabo; había sido su culpa por pensar en hacer aquello en un día con tan mal clima; había sido su culpa que Diana la llevara a cuestas de regreso al instituto; había sido su culpa la situación en el dormitorio del equipo azul; había sido su culpa que Diana escapara del cobijo de Luna Nova en esa fría y lluviosa noche; y finalmente, también había sido su culpa el que Diana quedara tendida de aquella forma tan escalofriante en la que la había visto, escena en la que, de no haber sido por la reacción de Hannah y Barbara hubiera pensado que Diana había sufrido algo más grave…
Si, una simple disculpa no sería suficiente para remedar todo lo sucedido.
Por ello pensó que lo mejor que podía hacer en esos momentos era evitar en la medida de lo posible cualquier contacto con la noble Cavendish, al menos hasta acomodar bien sus pensamientos, y de eso se haría cargo al hablar con la maestra Croix. No sabía si ella había pasado por alguna situación similar a la que estaba viviendo, pero de lo que si estaba segura era de que podría aconsejarla y sacar provecho de eso para esclarecer mejor las cosas y ver las cosas con una visión diferente.
Apuro su paso y bajo rápidamente las escaleras, sintiendo como subía la necesidad de hablar con la maestra Croix.
En algún momento, mientras Akko doblaba para bajar las escaleras y Diana terminaba de subir las suyas pudieron haber cruzado su camino y poner fin a todo lo que estaban viviendo. Pero el destino no quería que eso sucediera…
El caminar pesado que denotaba la furia de la rubia se podía escuchar en todas las aulas que se encontraban en clase, un ruido continuo hasta que evidentemente los pasos se dejaron de escuchar al llegar a su salón de clases.
No podía describir la sensación que la invadida en ese momento por la mezcla de tantos sentimientos, y de alguna forma esperaba que Hannah estuviera saltándose las clases y dándose de caricias con Barbara en alguna otra parte del instituto; de verdad no quería hacerlo, una parte de su consciencia quería hacerlo, mientras que la otra parte no quería continuar con eso…
Entro empujando la puerta con todas sus fuerzas ante la mirada incrédula de todas sus compañeras de clase. Todas se encontraban presentes, pero su atención estaba fija únicamente en la castaña aristócrata. Escucho apenas como todas decían su nombre entre suspiros e incluso como la maestra en turno la llamaba por su nombre mientras se dirigía al asiento de Hannah. No le presto atención a nadie, no le importaba estar protagonizando la escena más dramática en todos los años de Luna Nova. Subió por las escaleras que daban al escritorio en donde se encontraba Hannah acompañada de Barbara, las dos la veían incrédulas al igual que las demás chicas en el salón de clases. Entonces tomo fuertemente por la muñeca a la castaña y la jalo con todas sus fuerzas hacía ella para levantarla de su asiento. Barbara trato de replicar tomando el brazo que Hannah aún tenía libre y al darse cuenta de esto le respondió con una voz estruendosa y estremecedora que resonó en el salón.
-¡EL PROBLEMA NO ES CONTIGO!
Simples palabras, pero el tono intimidante que usaba Diana era para pensárselo dos veces. Barbara soltó a Hannah sin pensarlo, y, acto seguido, Diana jalo nuevamente con fuerza a la castaña para obligarla a bajar las escaleras con ella hasta salir del salón de clases. Todas las presentes estaban con los ojos abiertos mirándose entre ellas buscando una explicación a lo que habían visto, incluso Akko estaba impresionada con la actitud de la rubia…
-¡Te hubiera gritado más fuerte en la mañana de haber sabido que tu eras la maldita traidora!
El grito resonó en los pasillos e incluso se escabullo adentro de los salones cercanos a la escena.
Empujo fuertemente el cuerpo de Hannah contra la pared haciendo en el proceso que la castaña golpeara su nuca y al momento en que su cabeza rebotaba de regreso a su posición normal Diana ya tenía preparada su mano extendida para golpearle el rostro…
La noble rubia sacudió su cabeza al pensar en todo lo que planeaba hacer después de entrar al salón. No, no podía actuar de esa forma, se había prometido que iba a dejar de tener esos arranques de ira tan impropios de ella, pero también pensar en ello le había dado una mejor idea de cómo actuar.
Toco suavemente la puerta del salón antes de escuchar la voz de la maestra al otro lado pidiéndole que entrara.
En efecto, la presencia de la hermosa rubia hizo que tanto sus compañeras, como la misma maestra dijeran entre suspiros su nombre.
-Una disculpa por no presentarme a tiempo a su clase, profesora. Pero he estado ocupada en otros estudios desde la mañana.
La dicción tan perfecta y cortés de la rubia hizo que todas las presentes pensaran que lo que había dicho era cierto, -aún cuando no lo era- después de todo una estudiante tan destacada y estudiada no tendría necesidad en decir mentiras.
»Aunque no estoy aquí para tomar su clase; con gusto estudiaré sobre su materia después de terminar con lo que estoy haciendo. Pero antes me gustaría que me permitiera a la señorita Hannah England. Necesito hablar con ella sobre un tema en especifico.
No tuvo que observar a la maestra para saber que esta estaba asintiendo, en vez de eso concentro su mirada en el único lugar vacío aparte del suyo que había en el salón de clases ¿por qué estaba Akko ausente? A pesar de que no le gustaba mucho asistir a clases no había día en que no estuviera presente… quería, deseaba indagar más sobre eso, salir corriendo hacía el dormitorio del equipo rojo para saber si Akko estaba ahí, e incluso se vio tentada de pedirle a la maestra que también la acompañara Sucy… tal vez Lotte, por que Sucy la estaba viendo con una mirada poco amistosa… pero tampoco quería alejarse del objetivo que tenia en ese momento, debía concentrarse en el asunto que tenia enfrente. Tal vez si todo terminaba rápido con Hannah podría acercarse a Lotte para hablar sobre Akko.
Hannah por su parte bajaba las escaleras nerviosa. Desde que había escuchado los pasos en el pasillo sabía que algo iba mal, y la presencia de su amiga Diana llamándola para hablar terminó por corroborar eso. Pensó ingenuamente por un momento que buscaría a Akko, pero evidentemente eso no había sucedido.
Al llegar con la rubia sus manos estaban llenas de sudor y pudo sentir un escalofrío al escuchar a la rubia agradecerle a la maestra por el tiempo que le había robado de clase. Algo no estaba bien con Diana, ella la conocía y si bien sabia que era una chica muy formal no solía ser así de sobreactuada. Pero obviamente esa sobreactuación solo Barbara y ella lo sabían notar.
Pensaba que apenas salieran del salón Diana le dirigiría la palabra, pero eso no sucedió, en cambio solo hizo una seña con su cabeza apuntando a los pasillos, una expresión no verbal con la que buscaba que la siguiera. Y así lo hizo, no había otra opción.
No tardaron mucho en llegar a su dormitorio.
Diana abrió la puerta e inmediatamente le hizo un gesto con la mano para que entrara primero.
-Hannah, toma asiento.
-¿Qué pasa Diana? ¿es por lo de la mañana?
-Toma asiento –insistió la rubia a la vez que ella misma tomaba asiento sobre uno de los cómodos sillones en la sala de estar-
La castaña obedeció con miedo a la orden de su amiga y tomo asiento en otro de los sillones, tratando de quedar lo más alejada posible de la rubia. Después de eso su amiga saco del bolsillo izquierdo de su chaleco un pequeño frasco que reconoció rápidamente. Un recipiente del que se había olvidado completamente. Una poción con un efecto del que se había olvidado.
Quedo en shock por un largo rato. Diana no hablo en ese mismo lapso y eso hizo que se ensimismara en sus pensamientos en ese intervalo. Muchas cosas pasaron por su cabeza. No recordaba haberla usado hasta ese momento, pero seguramente Barbara había bebido la gota de la poción mezclada con su agua y ella en algún momento que aún no recordaba la había esparcido en su cuerpo como perfume ¿el resultado? El resultado se manifestó en ese primer encuentro matutino del día anterior con Barbara, un encuentro en el que había aprendido por primera vez los placeres que traía consigo el amor, un encuentro en el que en medio de toda la pasión desbordaba se habían declarado al fin su amor, un amor correspondido por ambas, un encuentro con aquella que ahora era su novia… ¿o tal vez no lo era?
Sus ojos pardos se clavaron en la nada mientras iban abriéndose al punto de no poder continuar, pero la expresión en su rostro era inequívoca de sorpresa e incredulidad. Claro, Barbara había aceptado los sentimientos que le había expresado, sin embargo lo había hecho bajo los efectos de una poción que estaba diseñada para afectar los sentimientos de la otra persona…
Al momento de llegar a esa conclusión se levanto un poco de su asiento, lista para salir corriendo en busca de Barbara, pero antes de que eso sucediera la voz de Diana resonó en el dormitorio.
-Aún no terminamos.
Hannah salió por un momento del trance en el que estaba y volvió a tomar asiento. Estaba a punto de regresar a sus pensamientos cuando la rubia cambió nuevamente el tono de su voz, un tono fuerte y frío como su mirada que inequívocamente la hizo prestar atención.
»Quiero saber por qué lo hiciste…
La castaña sabía a que iba relacionada a esa pregunta, si Diana ya había llegado al punto en que estaban era porque sabía o al menos tenia una idea de lo que había hecho por obtener el frasco que reposaba en sus blancas manos. A pesar de eso quiso desviarse de la pregunta de su amiga.
-Pensé que habías notado como me llevaba con Barb…
-Sabes que no estoy hablando de eso, Hannah. –corto fría y tajantemente la respuesta de la castaña- estoy hablando de la carta, la carta que enviaste a mi tía.
Un silencio incomodo lleno el cuarto antes de que la castaña hablara. Hannah paso lentamente sus manos a su rostro para cubrirlo, como si con eso pudiera ocultar la vergüenza y tristeza que estaba sintiendo en ese momento.
-Fue por Barbara…
-Ya te dije que no estoy hablando de eso…
-Pasaba mucho tiempo con Lotte, –retomo la palabra sin reparar en lo que su amiga había dicho mientras apartaba lentamente las manos de su rostro- yo para entonces ya sentía muchas cosas por Barbara… pensé que nunca más íbamos a estar cerca, que jamás iba a poder decirle lo que sentía por ella.
-¿Y por eso usaste una poción como esa?
Con lo que estaba diciendo la castaña pudo concluir lo que ya venía pensando desde la mañana, Hannah no sabia que había usado un inhibidor de hechizos, ella seguía pensando que lo que le habían entregado era una poción de amor. Sin embargo no podía decirle aquello en ese momento, necesitaba entender más la situación, así que permaneció en el guión de que aquello era una poción de amor.
»¿a sabiendas que todo sería una ilusión?
-Me sentía sola, Diana…
-Yo estaba aquí, Hann…
-¡No, tu no estabas ahí para ayudarme, casi nunca estabas con nosotras. Nos abandonaste, me abandonaste y nunca te diste cuenta de cómo me estaba sintiendo, nunca te diste cuenta de cómo me veía, de cómo me estaban tratando!
Hannah se levantó un poco de su asiento al decir aquello, encarando lo más posible a la rubia aunque sin pensar en agredirla, solo quería hacerle ver lo que había sido su realidad en las últimas semanas, días de angustia en los que la soledad había sido su única compañera, días en los que no había contado con nadie.
En el rostro de la castaña ya se podían empezar a atisbar los primeros signos de un inevitable lamento, causa de recordar los oscuros días que había vivido.
-Hannah…
-No estabas ahí para ayudarme cuando Barbara se empezaba a alejar de mi, nunca tuviste tiempo para escucharme y comprender lo difícil que se estaba volviendo mi vida al punto que no sabia si quería seguir viva…
Los ojos de la rubia se abrieron sorprendida, eliminando su postura impávida a causa de lo que su amiga había dicho. Le hubiera gustado negar todo lo que su amiga decía, pero no podía hacerlo, todo aquello era cierto. Recordó el semblante de Hannah hacía días recordando haber visto en ella algo raro, algo fuera de lugar en la Hannah que conocía… hasta entonces pudo reconocer que era aquello raro en el semblante de la castaña, ese porte desaliñado que apenas recordaba haber visto en ella… eran los estragos de una serie de infortunios. Se reprendió aún más a sí misma por no haber hecho caso a los signos de su amiga, y en general a no haber prestado atención a la relación tan fracturada que llevaban sus dos amigas.
Apenas empezaba a entender la situación que tenía enfrente; pensar en Hannah sintiendo y guardando esos sentimientos por alguien cercana a ella tan solo para sentirse rechazada y apartada le hacía sentir cierta empatía y de una forma muy vaga le recordaba a su propia situación.
Estuvo a punto de ponerse en el lugar de ella, pues al final compartía la culpa por aquella situación, pero decidió no hacerlo, no por que no quisiera, más bien porque aún no podía quitar la vista del escenario que quería aclarar. Comprendía la situación sin problema ¿pero cómo podía eso conectarse con la evidente traición que había sufrido?
Como si hubiera leído sus pensamientos, la chica castaña continuó, aguantando las lagrimas y haciendo lo posible por no romper su voz.
-Nadie me ayudaba…
Los ojos rojizos se posaron en las puertas que daban a la torre de la piedra filosofal, ya ahora inservible debido a la magia del Ygdriassil que se expandía por toda Luna Nova y del mundo. Supuso que la Italiana había decidido montar su cuarto temporal en ese lugar debido al entrañable apego al que había sido su laboratorio en la última visita a Luna Nova como maestra
Antes de tocar la puerta un pequeño escalofrío recorrió por toda su espalda al recordar como habían terminado las cosas la ultima vez que había estado en ese lugar…
-Nadie me ayudaba…y entonces apareció ella…
-¿Ella?
-Dijo que me ayudaría a solucionar mi situación con Barbara… que todo volvería a la normalidad, todo a cambio de que le hiciera un favor…
-¿Enviar la carta?
La castaña asintió pesadamente, haciendo notar en su rostro el malestar que la invadía.
-Me pareció raro que la carta tuviera como destino tu mansión y que fuera dirigida especialmente a tu tía.
»Por si fuera poco desapareciste al siguiente día…
La información estaba a punto de complementarse, tenía cerca ya no a la sospechosa, si no a la mente detrás de todo lo que le había sucedido. El día anterior se había achacado a ella misma los problemas por los que había pasado en los últimos días, pero ya no más. Ya no podía hacerlo, no había sido su culpa el haber escrito una carta para confesársele a la persona que le gustaba, es más, ni siquiera sentía que en verdad estuviera confundida con sus sentimientos hacia Akko como lo había hecho la noche anterior. Claro, aún quedaba el pesar por lo que había estado a punto de hacerle a la japonesa, no podía escapar de la reprimenda por haber estado a punto de aprovecharse de ella. Sin embargo, si estaba a punto de marcharse de Luna Nova por eso al menos se llevaría consigo a la persona que la había metido en tantos líos…
Ahora solo necesitaba saber si Hannah había hecho todo aquello con alevosía…
-¿Sabias lo que decía la carta que enviaste?
La pregunta salió como una esquirla de hielo de sus labios, esperando que Hannah solo hubiera sido un peón.
-No… no la abrí, solo me pidió enviarla…
Hannah sabia que ya no tenia sentido ocultarle a Diana nada, así que continuo con su confesión, más preciso a la escena en la que había recibido la poción de amor.
» Y el lunes por la madrugada me dio la poción en el mirador de Chariot…
-¡¿Chariot te pidió hacerlo?!
El tono de su voz expresaba una evidente y fuerte incredulidad. Chariot jamás podría hacer algo como eso. La persona a la que tanto había admirado de niña no podía haberle hecho eso…
Cuando recordó lo ocurrido meses atrás el escalofrío que había empezado en su espalda se extendió por todo su cuerpo. Los problemas que trajo aquella visita fueron el detonante de una serie de problemas que por poco terminaron en una catástrofe masiva. No podía creer que había dejado pasar ese detalle, y más aún, olvidar que la persona a la que estaba visitando había sido la causante de todo.
Para cuando eso paso por su mente sus nudillos ya habían golpeado la puerta.
Antes de que se diera la media vuelta para emprender una huida de emergencia las puertas se abrieron. Lo que había adentro le hizo olvidar el escalofrío que había sentido su cuerpo. Ya no era el tétrico lugar que había visitado la última vez con escaleras y repleto de maquinas, no, ahora era un lugar bien amueblado e iluminado con varias estanterías repletas de un sinfín de libros, tantos que el acervo ahí presente parecía rivalizar con el de la misma biblioteca del instituto. Muy apenas pudo ver un ordenador en todo ese lugar, pero supuso que era normal, siendo que ahí se alojaba la maestra Croix.
Por si fuera poco el aroma de aquel amplio lugar era bastante agradable, como si invitara a toda persona que estuviera ahí a alojarse. Un lugar bastante cálido.
Se sintió culpable de tener toda esa clase de prejuicios antes de que las puertas se abrieran, después de todo cuando había hablado con la maestra Chariot esta se veía confiada sobre la maestra Croix ¿y quién podía culparla? Era cierto que la italiana había sido artífice de actos bastante cuestionables que habían puesto en peligro no solo a las alumnas y maestras de Luna Nova, si no también a todo el mundo. Pero también podían adjudicarle a ella haber sido parte importante para encontrar la séptima palabra, ser parte del resurgir del Ygdriasil y de la magia del Gran Triskellion. Por último era de resaltar que después de esos hechos la maestra se había mostrado como una persona sin resentimientos, más relajada y hasta cierto punto empática al punto de ir en búsqueda de alguna forma de deshacer la maldición del polen de Wagandea que había caído sobre Chariot por culpa suya. Eso hablaba mucho sobre la persona que ahora era la maestra Croix.
Paso adentro del enorme y acogedor salón, a la espera de que la maestra hiciera acto de presencia.
-Maestra Croix…
La voz de la castaña sonaba dubitativa por la situación, pero sin duda se escuchaba mucho mejor que a como había comenzado el día, era como si su estado de animo habitual hubiera vuelto a ella.
Se adentro más al salón a la vez que las puertas se cerraban lentamente detrás de ella.
-¿Maestra Croix?
Al acercarse más a las enormes estanterías de libros pudo avistar varios objetos extraños, dignos de un museo –según ella-, entre sombreros, vestimentas y papiros. Estuvo a punto de tomar uno de los sombreros que estaban exhibidos para probárselo cuando la desarrollada figura de la maestra hizo presencia en el salón.
Su mente no podía concebir las palabras que Hannah había dicho, una persona tan amable, integra y moral como lo era la maestra Ursula no podía hacer eso, no había razón para que se hubiera convertido en un ser tan vil como para pedirle a alguien tan cercana a ella que la traicionara; no, Chariot no era así, nunca volvería a lastimar a alguien. Sabia que ella no haría algo que le causara tantos dolores y problemas, no podía ser ella la mente detrás del problema ocasionado en la mansión Cavendish, de aquel altercado con su tía, de un problema que había escalado al punto de estar a nada de perder su registro como estudiante en Luna Nova así como su oportunidad de ser la legitima heredera de la familia Cavendish.
Todo eso debía ser un error… aparte la maestra Ursula hacía semanas que había abandonado temporalmente Luna Nova y no iba a regresar hasta dentro de algunas semanas más ¿acaso ya había vuelto?
Calmo sus emociones por un momento antes de hacer movimiento alguno y entrecerró sus ojos, procesando toda la información que tenía hasta ese momento. En efecto, había destapado algo enorme. Si Chariot había ocasionado todo eso ¿entonces cuál era la función del inhibidor? Abrió los ojos sorprendida al comprender la existencia del inhibidor de hechizos. Un juego malvado.
Chariot también se había metido con Hannah y Barbara…
-Esto no es una poción de amor –dijo exaltada la rubia mientras aventaba el frasco a las manos de Hannah- es un inhibidor de hechizos. La maestra Ursula seguro aplico un hechizo en Barbara…
Se levanto rápidamente de donde estaba sentada, lista para correr en dirección de la habitación de la maestra Ursula.
Necesitaba respuestas. Pero antes de mover un pie sintió un fuerte jalón. Hannah la estaba frenando.
Antes de que Diana preguntara el porque hacía eso la castaña hablo.
-No…no es Chariot
Hannah agacho su rostro y volvió a negar, esta vez con su cabeza.
-¡Akko, justo te estaba esperando!
La voz grave de la maestra hizo un eco enorme en la habitación a pesar de los muebles que adornaban el amplio salón, sin embargo su voz se escuchaba enérgica y extrañamente amable.
-¿A mi?
La mirada triste y arrepentida de Hannah hizo contacto con los ojos azules de Diana.
Y hablo…
-Es la Maestra Croix…
Bueno, es evidente que nos vamos acercando al final de este Fanfic, quiero pedir un poco de paciencia a los que estén leyendo, pues si bien ya llevo algo de avances para el siguiente capítulo me he encontrado con algunas dificultades para terminarlo, en parte a la falta de inspiración y por otra parte por una nueva inspiración, y es que al pensar en tantas cosas que no pude incluir en este fanfic decidí por empezar a escribir uno nuevo, un poco más maduro y con una temática totalmente diferente. Solo aclaro por si ven una nueva notificación de una nueva historia no sientan que estoy abandonando este fanfic. Aclaro que lo más probable será que vean el siguiente capítulo a finales de Noviembre o Diciembre. Gracias de antemano por su paciencia.
Y bueno, ya para finalizar no podría dejar a un lado lo que este último capítulo representa. Releyendo el capítulo pasado siento que fue muy soso e incluso aburrido, pero me había visto en la obligación de mostrar una historia de fondo para comprender muchas acciones que habían sucedido y que son clave para esta parte del fanfic. No obstante creo que el relleno podría hacerse a un lado y la historia quedaría bien leyendo los dos primeros capítulos y este.
Ya como ultimo comentario agradezco a todos lo que le han dado una oportunidad este fanfic, gracias por leer.
Recuerden que si les gusto este fic no duden en compartirlo para que más gente lo lea. Muchas gracias y pasen buen día.
Los quiero mucho lectores.
¡AGUANTE EL DIAKKO!
Preview
-Tal vez deberías de probar lo que una verdadera mujer puede ofrecerte, y no lo que una mocosa como Diana puede darte...
Antes de que pudiera replicar con incredulidad a lo que la maestra Croix estaba diciendo esta ya la había rodeado con sus brazos para acercarla a ella, imprimiendo en el proceso la fuerza natural de una mujer adulta...
