Hola!!!, Les traje un omegaverse nichu que realmente nadie pidió pero yo quería leer uno así que lo hice. En fin.

¡Advertencia!, para los que no me conocen yo suelo ser muy cruda al escribir escenas así que, mente abierta y preparada para lo que leerán.

Hablamos temas de guerra fuertes pero no profundizamos en ella.

¿Ok?.

No quiero comentarios heaters ahorrenme la molestia de bloquearlos.

Punto importante, los personajes no me pertenecen le pertenecen a Hidekaz Himaruya, sin embargo la trama es mía.

¡No copies!

Zàijiàn.

Los ojos negros de Japón admiraban la belleza china que tenía sentado frente a el. Se encontraban reunidos en uno de los tantos salones para conferencias que había en Japón. Su visita a la ONU del día de hoy tenía como simple tema el ponerse al día respecto a los temas de vital importancia que acontecian en sus países, así como que Inglaterra presumiera sobre sus nuevas instalaciones para los juegos Olímpicos que se llevarían acabo en su país el siguiente año.

Los ojos dorados de Yao en algún momento le regresaron la mirada, sonriendo de lado sonrojando un poco sus blancas mejillas. Kiku dejo que sus labios formarán una pequeña sonrisa, apenas era visible pero sabía de antemano que el omega milenario sería capaz de notarla.

Fingió regresar su atención a lo que Iván Braginski despotricaba, junto a el se encuentra el Ucraniano volviendo a insistir con la union de la URSS. Unos ojos azul eléctrico fríos y crueles observaban desde su lugar la discusión.

No pudo evitar bufar divertido por más grosero que esto fuera, ahí estaba esa mirada en el rubio, la misma mirada que ha visto en él mismo todos los días desde que terminó la guerra. No necesita preguntar, realmente no necesita preguntar para saber que Alfred desea a Iván, América desea a Rusia y finalmente pero no menos importante el Alpha quiere reclamar al Omega.

Si hay algo que no ha cambiado desde el comienzo de la tierra es eso, Alphas, Omegas y Betas. Todo siempre se ha reducido a eso. Y de la misma forma que Alfred desea a Iván, es la misma forma en la que Kiku desea a Yao.

Es tan fácil para el mundo olvidar las penas que se vivieron en el pasado, es tan fácil para los humanos observar la tierra por dónde caminan y no ver la sangre que se derramó en ella.

Por eso después de lo que son décadas para los humanos pero un parpadeo para seres inmortales como lo son ellos, es que Kiku se permite sonreír, porque finalmente Yao lo ha perdonado, porque finalmente puede estar cerca del omega, pasar tiempo con él, entrar una vez más a su casa, ser el centro de la atención de Yao.

Porque había que ser honestos, aunque China ha tenido muchos niños a su cargo, betas y omegas. Solo ha tenido un alpha, solo ha habido un favorito en el corazón de madre asia, Yao lo negara, esta seguro que lo negara, pero Japón lo sabe bien.

Él que fue el primer hijo de China, que pasó de ser su hijo a su aprendiz, que pasó de ser su aprendiz a ser su amigo para finalmente por un breve periodo de tiempo ser su alpha.

Para Kiku, Yao fue, es y será por siempre su sol, desde el primer instante el hombre estuvo a su lado otorgándole amor, conocimiento, nutriendo su cultura, prestándole su idioma. Para Kiku Yao fue su primer amor, un amor que tuvo que dejar durante años, que tuvo que superar, porque después de todo un beta como Yao no podría nunca satisfacer a un alpha como Kiku……que estúpido había sido.

"¡M…más alpha!".

Los ojos negros de Japón se cerraron unos instantes, dejando que el recuerdo lo abrume, durante un breve periodo de tiempo en la segunda guerra. Él era el alpha de Yao, su alpha, aquel que lo ayudo en su celo.

Aún puede recordarlo, había llegado a China trazando un camino de sangre, muerte y horror con cada provincia a la que visitaba, hasta que finalmente llegaron a Nankin y al igual que en su primer encuentro en el bosque de bambú, solo le bastó respirar un poco de aire cargado con la putrefacción de los cadáveres, solo le bastó pisar la tierra manchada de sangre para saber que su antiguo amor se encontraba allí. Era algo extraño, había algo biológico que los alertaba de si había o no otro ser como ellos en el mismo lugar, algo que los obligaba a estar alerta.

Paso por las casas en llamas, ignorando los gritos y súplicas del pueblo del que llegó a considerar su amor. Ignoro totalmente los actos impropios que sus soldados estaban cometiendo, bebés, niños, adultos, mujeres embarazadas, hombres, alphas, omegas, betas. Todo era lo mismo, solamente carne, parásitos que vivían en sus tierras que gastaban sus recursos y que finalmente en algún punto volverían a extinguirse para dejar a la tierra sanar y crecer antes de regresar.

Conforme se acercaba al lugar en donde podía sentir a Yao comenzaba un rastro singular de cuerpos de sus soldados exparcidos por todo el lugar. Lo primero que noto que tenían en común era la falta de piel y carne que tenían en algunos lugares, las marcas de mordidas que adornaban toda su piel ahora morada.

Ignoro totalmente el asunto hasta que finalmente llegó a lo que quedaba de una vieja casa de color verde decenas de cuerpos de su ejército estaban apilados uno sobre de otro de igual forma cumplían con el mismo diagnóstico. Les hacía falta carne.

En el momento en el que abrió la puerta lo supo, el aroma de Omega fértil inundó sus fosas nasales, el aroma de un omega en celo, de una perra de cría, en ese momento a Japón le interesó poco si era humano o no. Sin embargo aún estaba el hecho de que podía sentir la presencia de China en esa casa, ¿estaría acaso con la omega?, no importaba mucho, está podría representar la oportunidad perfecta para acabar con el beta y ponerle fin a su estúpido amor que no paraba de crecer. Estaba seguro de que abrumado por el celo de la omega podría dejar salir sus instintos para finalmente despedazar a su antiguo amor con sus propias manos, para después cuando la lucidez regresara a él, despedazar al Omega que lo había conducido a tales acciones, utilizando su caliente agujero día tras día y noche tras noche.

Claro hasta que se cansara de usarlo y se lo pasará a sus hombres.

El glorioso imperio del Japón camino lentamente, escuchando jadeos y algo similar a alguien mascando comida. Cuando finalmente abrió la segunda puerta, la puerta que lo separaba del poseedor de aquel aroma todo su mundo giro violentamente.

Ahi estaba China, su antigua figura materna, su antiguo maestro, su antiguo amigo, su antiguo amor, china, Yao, su Yao estaba recostado en lo que parecía un nido mal elaborado , su cuerpo estaba completamente expuesto, libre de cualquier molesta prenda, por primera vez lo observo desnudo, por primera vez observo esas curvas suaves, su cadera ancha , su cintura pequeña, una piel lechosa y tersa que estaba libre de cualquier marca, de cualquier golpe, Kiku era capaz de aspirar el aroma de la humedad, sintiendo como su miembro comenzaba a despertar en sus pantalones. Su largo cabello castaño caía descuidadamente hasta sus glúteos bloqueando la cicatriz que Japón había dejado en ese cuerpo hace años.

Apenas Kiku puso un pie sobre el cuarto los grandes ojos dorados de Yao lo vieron sus largas pestañas revolotearon como si trataran de disipar una ilusión. Los labios rojos de China estaban pintados de carmín, unas cuantas gotas de sangre escurrían por su boca hasta su barbilla y finalmente Kiku pudo tener una buena visión de la imagen que era China, finalmente la verdad llegó a él, Yao no era un beta, no, nada de eso, sus ojos vagaron por el cuerpo del hombre hasta sus regiones privadas en donde debería de haber estado un miembro normal si fuera un beta, o uno más grande si fuera un alpha pero en su lugar había una pequeña hendidura. Un pequeño agujero rosado, un pequeño coño por el cual salía lubricante a raudales.

China, la gran e imponente China, Yao, su Yao, su amigo, maestro, padre y amor era un omega.

Finalmente Japón le hayo sentido ha la falta de miembros de sus soldados, el Omega los estaba consumiendo. Recordaba vagamente que si un Omega no satisfacia su celo con un nudo, lo podía hacer llenando su estomago con comida.

Claro que a causa de la guerra, la hambruna se había disparado en el país y lógicamente lo único que tenía Yao para consumir era carne humana.

Se acercó lentamente observando esos ojos dorados pasaban de la incredulidad a la realidad, de creer que la imagen del japonés era una ilusión de su calor a afirmar que efectivamente el nipones estaba en la misma habitación con el. Cuando finalmente llegó hasta el Omega observo complacido como este bajaba su mirada en sumisión.

-Omega-gruño Kiku.

La reacción fue inmediata en Yao que dejó caer la carne que hasta hace un momento estaba consumiendo para poder tomar el saco negro que conformaba el uniforme militar del japonés.

-Porfavor te lo suplico, porfavor, porfavor, porfavor -rogo Yao con su vista clavada en el suelo-Necesito…

Kiku mentiría si dijera que la imagen no le causaba placer, tener a la gran China, a la gran joya de toda asia rogando como una perra.

-¿Que necesitas?-gruño Kiku tomando las hebras castañas del omega entre sus dedos.

-A ti-gimio Yao girando su cabeza dejando su cuello totalmente expuesto.

-¿Quieres mi nudo?-dijo Kiku dejando que sus rodillas cayeran en el nido mal elaborado, dejando que sus manos vagaran por la piel expuesta de Yao, su nariz se enterró en el cuello del chino, no pudo evitar gruñir con aprobación ante el aroma de peonias y dulces tradicionales que lo embriagó.

-Shì de (si)-jadeo Yao sus manos seguían apretando fuertemente el uniforme negro de Kiku en la espera de permiso para comenzar a tocar.

-¿Serás un buen omega para mí?-gruño Kiku tomando la barbilla de Yao entre sus dedos, obligando a este a mirarlo-¿Con cuántos has pasado tu celo?-.

La mirada perdida y la falta de atención del chino le dejaron en claro que tenía que ser más específico así que tomo con fiereza sus labios rojos disfrutando el sabor metálico de la sangre antes de volver a separarse de el.

-¿Alfred?¿Arthur?¿Francis?¿Iván? ¿o quizás con todos ellos a la vez? después de todo eres perra codiciosa-gruño Kiku comenzando a dejar suaves mordidas por la zona de marca del omega.

-Ninguno-jadeo Yao abriendo sus piernas instintivamente.

-¿Nadie?-dijo Kiku saliendo del cuello del omega observando con fascinación esos ojos dorados.

-Nadie sabe que soy un omega-susurro Yao con sus mejillas teñidas de rosa.

Algo salvaje, algo ancestral se instaló en Kiku y antes de poder pensar en algo más su cuerpo estaba tomando el control.

Se deshizo de su saco dejándolo caer al suelo, importandole poco si las medallas que colgaban de el se dañaban o no, se quitó bruscamente sus zapatos y su pantalón. Cada prenda fue removida de su persona, una a una, hasta finalmente hallarse igual de desnudo que el omega, su miembro ya se encontraba totalmente erecto y mojado.

No hubo juegos previos, no hubo besos simplemente se enterró en la entrada de Yao, sintiendo como sus paredes le apretaban, como su coño empapaba su miembro, muy pronto el cuarto se llenó de sonidos impropios, de gritos, de gemidos, de súplicas. La gran china, mancillada, saqueada, su pueblo siendo asesinado y masacrado, suplicaba por el nudo del imperio japonés.

Yao gemía su nombre en alto, arañaba su espalda, abría aún más sus piernas para él. Rogando porque lo llenará, por que pusiera un cachorro en su vientre, rogando porque lo marcará.

Era el celo, lo sabía de antemano, pero aún así se permitió fantasear con la idea de que Yao lo deseaba a él, a Japón, a la nación del sol naciente.

Aún recuerda sus palabras, recuerda que le dijo que lo iba a hacer suyo, su perra por toda la eternidad, que muy pronto su vientre iba a estar hinchado por el cachorro que pondría en él, le dijo que había estado enamorado de él desde hace milenios y que lo iba a marcar, pero a su debido tiempo, en una ceremonia, tal como era la tradición.

Fueron horas de asalto sexual, en diferentes posiciones una tras otra, Yao arqueaba su espalda, abriendo aún más sus piernas y rogando, rogando por la marca de Kiku, por su nudo.

A partir de ese momento todo fue un borrón de sexo, adentrandose en su estrecha entrada una y otra vez. Vaciando su semilla una y otra vez.

Cuando la conciencia llegó horas más tarde no dudo en tomar al Omega en sus brazos, pasando por el campo de guerra, ocultando su cuerpo lo mejor que pudo de las miradas indiscretas de sus soldados.

Zarparon esa misma tarde rumbo a Japón en donde Yao estuvo retenido los veinte días que duró su celo así como otros veintidós días más, hasta que por un descuido escapó de regreso a su país.

Aún se arrepentía, que estúpido había sido al no marcarlo, había planeado esperar hasta el término de la guerra, hasta declararse victorioso,había comenzado a planear una gran ceremonia de unión tradicional, castigarlo con dulzura por haber dejado solo a su alpha, para posteriormente llenarlo de regalos, de atenciones, de cuidados, para comenzar a unificar a China como el nuevo imperio de China, como una extensión más del Gran imperio del Japón, solo que eso nunca sucedió, ellos los denominados "malos" en años posteriores habían perdido la guerra y por ende no pudo recuperar al chino.

Después de la guerra, cuando se instauró la ONU apenas semanas después de la segunda guerra, todos estaban agotados, llenos de heridas y aún así firmaron el acuerdo.

"El conocimiento genera confianza".

Eso había dicho el en ese entonces vocero de la organización, les había propuesto comenzar con algo sencillo así que todos acordaron hablar de sus segundos géneros, algo que hasta esos momentos era un secreto por seguridad propia.

Los nombres y las revelaciones iban y venían. Ninguno demasiado asombroso, ninguno del que valiera la pena hablar a excepción de dos sorpresas.

La primer sorpresa fue Iván comentando que era un Omega, para posteriormente restarle importancia. Y finalmente la segunda pero más grande sorpresa se la llevó Yao confesando que la nación milenaria era un Omega. Aún puede recordar el silencio apabullante que se instaló en la sala, todos podían recordar hace no mucho a esa imponente nación que en más de una ocasión había partido la cara a más de algún país.

Los halagos y alabanzas no tardaron en llegar, más sin embargo Kiku observaba en silencio, su espalda aún dolía horrores por las bombas que habían dejado caer sobre el, pero aún así no se comparaba al dolor que estaba sintiendo en su corazón, observaba con irá, con odio muchos pares de ojos a la vez observar a Yao, alabandolo por haber participado en tantas guerras aún con su segundo genero.

A partir de ahí todo cambio atrás dejaron las prendas que ocultaban su figura, atrás quedaron los bloqueadores de aromas, todos los omegas salieron a la luz con la confianza de que nadie querría hacerles daño, que nadie querría aprovecharse por su naturaleza.

Lo cual era cierto, lo que había resultado no ser tan cierto era la icónica frase "el conocimiento genera confianza", porque lo único que había generado en los alphas era una disputa silenciosa, una guerra fría por sacar del mercado a los especímenes que les atraían.

-¡Kiku!-exclamo Yao tocando el hombro del alpha sacándolo de su ensoñación.

-Disculpa Yao-san-dijo Kiku con sus mejillas ligeramente sonrojadas.

No era muy propio de un japonés quedarse perdido en sus pensamientos, sus ojos negros observaron el salón notando como todos estaban alistando sus pertenencias, la reunión había terminado y no tenía ni la más mínima idea de que se había hablado en ella. Sus ojos regresaron al Omega a lado de él, Yao vestía un saco color negro, con una camisa interior blanca, una falda negra ceñida abrazaba sus piernas, dejando ver esos muslos blancos, su largo cabello estaba recogido en una trenza descuidada y finalmente unos zapatos de tacón bajo completaban el conjunto.

-Es hora de irnos aru-dijo Yao sacando su teléfono de su saco, comenzando a programar todo el trabajo que tendría que hacer para mañana.

-Lo siento-dijo Kiku cerrando su maletín negro, sus ojos no pudieron evitar vagar en la figura de Yao.

Reconocía ese conjunto, él mismo se lo había obsequiado al omega en su última visita a Tokyo, sus ojos recorrieron sus suaves piernas hasta finalmente llegar al comienzo de la falda. Se pregunto por un momento, que ropa interior tendría bajo esa prenda, con un solo movimiento podría meter su mano debajo de está, adentrando sus dedos en esa estrecha entrada, podría hacerlo suyo en esta misma mesa, solo necesitaba levantar un poco esa falda. Kiku sacudió un poco su cabeza despejando esos pensamientos.

-Vamos Yao-san-dijo Kiku levantándose de su asiento tomando entre sus manos el maletín del omega.

Caminaron en un silencio cómodo, despidiéndose de las demás naciones que quedaban en la habitación, ignorando, ignorando las miradas lujuriosas que le lanzaban al Omega, ignorando la forma en la que algunos alphas se relamián los labios, fulminado con la mirada a estos. Porque pudiera ser que el omega aún no llevará su marca en el cuello, pero si de algo se había asegurado era de que todos supieran que China, que Yao, era suyo, de Japón de Kiku Honda.

Justo cuando llegaron al elevador Kiku pudo observar a Yong-Soo buscarlos con la mirada, más precisamente a Yao. Así que sonriendo y manteniendo la atención del omega en él, cerro las puertas del elevador dejando que esté los llevará hasta el piso subterráneo. Caminaron unos cuantos pasos más hasta que finalmente llegaron a su coche.

-¡Wow!, ¿Kiku es nuevo aru?-dijo sorprendió el omega observando el Acura en color negro guardando su teléfono en su bolsillo.

-Oh…¿No lo había visto Yao-san?-dijo Kiku fingiendo sorpresa abriendo la puerta del copiloto para el chino-¿Le gusta Yao-san?-.

-Es demasiado ostentoso aru-dijo Yao sintiendo los asientos de piel, sus ojos observaron cada detalle del interior del coche.

-Los países que estamos en la cima debemos acostumbrarnos a las cosas buenas Yao-san-dijo Kiku abrochando el cinturón del omega, cerrando la puerta del copiloto.

Claro que, los países que están en la cima tienen mejores cosas, mejores tratos, pero realmente su cambio constante de vehículos, su constante gasto en el Omega no es más que para presumir. Para recordarle que el es un alpha completo, que le puede otorgar el mundo entero si este así lo quisiera. Se adentra en su coche dejando los maletines en los asientos de los pasajeros, colocando su cinturón de seguridad encendiendo este con solo oprimir un botón. Salen del complejo siendo recibidos por el sol de Tokyo.

-No seas presumido aru-dijo Yao cerrando sus ojos dejando que la luz del sol bañé sus facciones.

-No es presunción Yao-san, es la realidad-dijo Japón dividiendo su atención entre ver al Omega y prestar atención a las calles de su país.

Inhala profundamente dejando que el aroma a peonias y a dulces le embriague. Sin poder evitarlo deja salir su aroma a ceniza, con la esperanza de que esté quedé grabado en la piel del omega.

-Creo que necesito volver a usar bloqueadores de aromas aru-dice Yao mordiendo ligeramente su labio.

-Oh, creí que usted estaba a favor del orgullo omega ¿a qué se debe el cambio Yao-san?-dice Kiku girando el volante, estacionando su auto en un pequeño supermercado.

-Si, lo estoy pero…-dijo Yao sin saber cómo terminar la frase, sus ojos están clavados en sus piernas blancas, puede sentir el auto comenzar a apagarse y más que cualquier otra cosa puede sentir los ojos negros del japonés observarlo en silencio.

-¿Ha sucedido algo?¿Alguien lo ha incomodado Yao-san?-pregunto Kiku, cambiando ligeramente su semblante.

-Es una tontería-murmura Yao tomando la manija de la puerta, dispuesto a salir del auto-olvidalo aru-.

Su mano se mueve sobre la manija intentando abrir la puerta, pero está no cede en absoluto, Yao regreso su vista al japonés listo para preguntar el porque está no se abría, pero todas las palabras que pudiese haber llegado a decir mueren en su boca, los ojos negros de Kiku lo observan fijamente, hay algo en su mirada, algo salvaje, que causa que todo su mundo tiemble violentamente.

-Puede decirme Yao-san-dijo Kiku su voz es tan serena, hace que sus palabras suenen más como una petición, en lugar de la orden que Yao está seguro que es.

-Es Neejara-comienza Yao-estaba sentado junto a mi en la reunión de hoy aru, todo estaba marchando bien pero…-.

-¿Pero?-dice Kiku alentando al otro a continuar.

-Ucrania estaba hablado sobre algo de la URSS, cuando sentí su mano debajo de mi falda, fue solo un momento, se disculpo después pero…-dice Yao observando al alpha en silencio.

Kiku tiene que cerrar sus ojos un momento, tiene que morder sus labios para evitar que el gruñido salga a flote, oh como lo odia, como lo aborrece, desde que tiene memoria puede recordar al indú visitar frecuentemente la casa en donde vivía con China por temporadas, puede recordar al alpha rondar al que en ese entonces creían todos era un beta. Recuerda que siempre llegaba con cientos de regalos, de detalles, joyas, dulces, cualquier cosa para ganarse el favor de china. Todo acababa por ser deshechado o repartido entre sus hermanos y él.

-¿Pero?-gruñe Kiku insitándo al hombre a continúa.

-Fue mi aroma, Neejara dijo que es demasiado tentador-dijo Yao observando los ojos negros de Kiku.

-No es su culpa Yao-san, usted no tiene porqué ocultar su aroma por alphas indignos que no merecen nada menos que el Seppuku-dijo Kiku observando los ojos dorados de Yao.

-Me cuidas mucho aru-dijo el Omega regalándole una sonrisa tranquilizadora al alpha.

-Tendré que hablar con Neejara-san, ese comportamiento es inaceptable-dijo Kiku presionando un botón en el tablero del coche dejando que el omega pudiera abrir la puerta-de ahora en adelante se sentará junto a mi en las reuniones Yao-san-.

-Si tu insistes aru-dijo Yao saliendo del coche cerrando la puerta tras de si.

-Insisto-reafirmo Kiku comenzando a caminar con el Omega hacia el interior del edificio, tal como esperaba la tienda se encontraba prácticamente desierta debido a la hora, tomo un carrito pasando por las diversas áreas.

Kiku dejo que el omega comenzará a dejar producto tras producto en el carrito, carne, lácteos, queso, fruta, cosas típicas en las alacenas de los omegas. Pero cosas totalmente atípicas en las alacenas de los alphas solteros.

-Bien, sera pollo Kun Pao, con unas Gyozas, arroz y salmón aru-murmuro Yao comparando las dos charolas de carne que tenía en las manos-¿Porque solo compras víveres cuando te visito aru?-.

-No es típico de mi comer en casa Yao-san-dijo Kiku ojeando un manga que había tomado pasillos atrás, frunciendo el ceño por lo previsible que era la historia.

-¡Comes en la calle aru!-exclamo el chino dejando una de las charolas en el carrito y la otra en el refrigerador.

-Soy un alpha sin unir Yao-san, es antinatural para nosotros adentrarnos a la cocina a menos que tengamos una buen razón-dijo Kiku soltando un suspiro, había llegado al final de la historia y tal como lo predijo era previsible y aburrida.

-¿Has pensado en eso aru?-dijo Yao avanzando hacia los refrigeradores.

-¿Que cosa Yao-san?-dijo Kiku observando las diversas marcas de cerveza y sake.

-Unirte aru-dijo Yao abriendo la puerta sacando dos cajas de cerveza así como dos botellas de sake.

-¿Usted lo ha hecho?-cuestiono Kiku tomando de las manos del omega las bebidas para después colocarlas en el carrito.

-¡Yo pregunte primero aru!-exclamo Yao sonrojando un poco sus mejillas.

-Oh, pues si tengo que ser sincero he pensado en eso desde hace siglos Yao-san-dijo Kiku sonriendo de lado provocando un estremecimiento en el Omega-Y usted ¿ha pensado en eso?

-Lo he hecho, inclusive creo que tengo al candidato perfecto aru-dijo Yao una sonrisa se dibujo en su facciones.

La sola mención de un posible rival causo que su sangre hirviera lentamente, sus ojos se dirigieron al cuello del omega tranquilizandose un poco cuando lo vio libre de alguna mordida, o intento de está.

-¿Es alguien que conozca?-cuestiona Japón tratando de relajar su postura, tratando de suprimir sus instintos que no hacían más que gritarle que debía cazar al chino antes de que alguien más lo hiciera.

-Si, podemos decir que lo conoces aru-afirma Yao girando sobre sus pasos caminando hasta el área de dulces.

-¿No me dirá nada más sobre él Yao-san?-interroga Kiku dejando el carrito botado para tomar la muñeca del omega deteniendo de golpe sus pasos.

Los ojos negros del japonés eran fríos, salvajes, crueles tratando de encontrar un nombre, tratando de saber quién había sido el alpha que había osado en llamar la atención de lo que era suyo.

-¿Desde cuándo te volviste un mocoso malcriado?-murmuro Yao observando los ojos negros del japonés

-Insisto en saber de él Yao-san-sentencio Japón.

-Si tanto insistes, la verdad es que no hemos tenido una buena relación en el pasado, pero, creo que ahora hemos logrado dejar esa página atrás-dijo Yao cerrando sus ojos ante el dolor de su muñeca.

-Me disculpo-murmuro Kiku aflojando un poco el agarre en la muñeca del omega -¿Han luchado en guerras?-.

-Oh si, las más violentas aru-dice Yao observando la profundidad de los ojos del japonés.

-¿Te ha lastimado?-gruño Kiku observando su entorno, como si por arte de magia su rival estuviese escondido entre las sombras.

-Si aru-comenzó Yao-pero, siempre supe que iba a ser mi perdición, desde el primer encuentro en ese bosque de bambú-.

La mente de Japón dejo de trabajar y antes de poder hacer algo más, siente los labios suaves del omega sobre los suyos. Un beso suave y tímido, que no tardo mucho en corresponder, una de sus manos se entierran en ese cabello castaño profundizando aún más el beso, mientras que la otra rodea la cintura del chino acercándolo aún más. Finalmente después de lo que parecen minutos se separan, ambos perdidos en los ojos del contrario.

-¿He sido su perdición Yao-san?-murmuro Kiku paseando uno de sus dedos por los labios rojos del omega su voz está ligeramente ronca debido a la creciente excitación.

-Siempre lo has sido aru-respondió Yao sonriendo de lado abrazando la figura de Japón enterrando su nariz en el cuello de esté.

-¡Estos jóvenes de hoy en día ya no respetan el espacio público!-exclamo una señora pasando aun lado de ambas naciones, que lo único que pudieron hacer fue separarse avergonzados e inclinarse en señal de disculpa.

-¡No respetan nada!-exclamo un señor de edad muy avanzada caminando detrás de su esposa-¡Cuando yo participe en la gran guerra nos comportamos como honor!, Pero claro, los jóvenes de hoy en día no saben nada de servir a su nación, ni de morir por ella ¡El Honor de un soldado japonés era lo principal! Eso decía nuestro comandante-.

-¿Cómo dices que se llamaba? Kimura-san-dijo la señora alejándose de los jóvenes caminando a paso lento por la tienda.

-Oh era el comandante Honda-dijo Kimura rascándose ligeramente la cabeza calva en busca del nombre completo-¡Kiku Honda! ¿Te conté de la vez en que……-.

Las palabras fueron perdiendo fuerza conforme ambos adultos mayores se iban alejando, finalmente después de minutos ambas naciones se levantaron de su posición para sonreírse con complicidad.

-Asi que, comandante Honda aru-dijo Yao sonriendo de lado regresando unos pasos para tomar el carrito que había sido olvidado.

-Asi es-dijo Kiku estrechando sus ojos en el Omega tratando de descifrar el porque de sus palabras.

-Sabes siempre me gusto tu uniforme aru-dijo Yao comenzando a caminar, adentrandose a la confitería de la tienda.

-Lo tendré en cuenta-dijo Kiku caminando detrás del omega observando como este pasaba de un estante a otro, si Yao tenía una debilidad esta eran las cosas dulces.

-Veamos, llevo frituras, galletas, Momiji, Kit Kat, Meronpan, Daifuku ¿Crees que será suficiente aru?-pregunto el Omega enumerando su basta dotación de dulces.

-¿Piensa quedarse todo un mes Yao-san?-murmuro Kiku observando al Omega formar un puchero con sus labios.

-No compartiré nada contigo aru-dijo Yao sonrojándose ante la intensa mirada del alpha.

-¿Que significó eso?-dijo Kiku.

-¿Que significo que?-dijo Yao caminando hacia la caja, tratando de ignorar la mirada de Japón.

-Me besaste-dijo Kiku sonriendo cuando noto el tono carmín pintar las mejillas pálidas del chino.

-¿Que…que quieres que signifique?-murmuro Yao entrando a la caja comenzando a sacar las cosas del carrito, separando las pertenencias que iba a pagar él de las del japonés.

-Buenas tardes, ¿Puedo comenzar a marcar?¿Sería todo junto?-dijo el cajero, un joven de apenas unos veinte años sonriéndole coqueto al omega.

-Buenas separa…-comenzó Yao sintiendo la intensa mirada del joven frente a él, no pudo terminar la frase cuando Kiku lo tomo de la cintura haciéndolo avanzar hasta el área de empaquetado.

-Junto-dijo Japón clavando sus ojos negros en el joven, ignorando por completo la mirada de enojo que le dedicaba el omega.

-Alpha orgulloso-murmuro Yao tomando los productos volviendo a comodar estos en el carrito.

-Serian 3,844.04 Yenes-dijo el cajero observando de reojo a la belleza de Omega, con cada movimiento que hacia para dejar productos en el carrito su falda se alzaba un poco más, dejándole ver el interior de sus muslos blancos.

-Yo terminaré de empacar Yao-san-comenzó Kiku entregándole el dinero al cajero-si gusta puede irse adelantando a esa tienda que le gusta mucho, la de los pandas-.

Kiku sonrió ante el brillo infantil que siguió en esos ojos dorados, eso fue lo único que necesito decir antes de que el chino se alejara sonriendo, contoneando sus caderas.

-Su cambio señor-dijo el joven observando con fastidio al hombre, preguntándose cómo había logrado conseguir tal belleza.

-Gracias-dijo Kiku terminando de guardar los productos restantes cuando finalmente termino se acercó una vez más al cajero y de un rápido movimiento lo tomo de la camisa acercándolo a él bruscamente-si vuelves a verlo de esa forma te mueres ¿Entendido?-.

-S…¡si!…lo siento-dijo el joven cayendo en el suelo cuando el alpha lo soltó de la camisa.

Hiro había atendido a muchos clientes molestos en sus largos tres años como cajero, pero si de algo estaba seguro es que jamás podría olvidar esos ojos negros que se encendieron en un rojo carmín, un rojo sangre. Se quedó unos cuantos minutos en el suelo sintiéndose por primera vez en su vida aterrado.

Kiku dejo salir un suspiro, en verdad que los jóvenes de su país eran cada vez más irrespetuosos, empujó el carrito caminando hacia la salida, hasta que finalmente llego a una tienda con fachada novedosa, llena de muñecos de panda con las combinaciones más raras, tomo asiento en una banca junto con las madres de algunos cachorros, observando de lejos la figura de su casi omega revolotear por aquí y por allá. Siendo seguido a dónde va por la mirada hambrienta de alphas.

-Debo poner mi marca en ese cuello-susurro Japón.

Después de veinte minutos el omega finalmente sale con un nuevo peluche de panda, que es básicamente alguna cruza extraña entre un panda y un pato.

-Aiyaa…son todos tan lindos, pero tú eres el más lindo de todos aru-dice Yao sosteniendo al peluche cerca de si.

-¿Es todo Yao-san?-dijo Kiku sonriendo ante la imagen, tomando la etiqueta de precio que aún cuelga del peluche ¥1400 se puede leer en esta-No pidió dinero Yao-san-.

-Es porque no lo necesitaba aru-dijo Yao comenzando a caminar hacia la salida siendo seguido de cerca por el alpha.

Caminan en silencio siendo bañados por el sol de medio día de Japón, Kiku presiona un botón del control de su coche haciendo que la cajuela se abra, comienza a comodar los víveres en silencio, tal como sabe que al omega le gusta, lo pesado al fondo y lo más delicado en la cima.

-Kiku ¿que hora es?-dice Yao entrando al asiento del copiloto, dejando su nueva adquisición en el asiento del pasajero.

-Mmm, 16:30-dice Kiku cerrando la cajuela, rodeando el coche hasta llegar al asiento del piloto-¿Tiene hambre Yao-san?, podríamos parar por algo de comer-.

-Si, pero me niego a comer esa comida procesada aru-dice Yao recostandose su cabeza en la ventana-Por esa comida es que Alfred es un gordo capitalista, cocinare aru-.

-Si usted insiste-dijo Kiku sonriendo al Omega, arranco el coche saliendo del estacionamiento marcando la ruta hacia su casa-Yao-san-.

-¿Mmm?-dice Yao observando el paisaje, como la ciudad se iba perdiendo entre los árboles frondosos.

-Aun no responde mi pregunta-dijo Kiku sonriendo al ver las mejillas del omega colorearse.

-¿Que pregunta aru?-dijo Yao observando el perfil del japonés.

-Que significó ese beso-dijo Kiku comenzando a manejar con una mano, para con la otra tomar la muñeca del omega acercándola a sus labios, plantando un suave beso en está.

-Yo…no se que quieres que signifique aru-murmuro Yao observando con fascinación esos labios rosas.

-Yo tengo muy claro que es lo que quiero Yao-dijo Kiku de forma contundente-te he deseado desde hace décadas, te he amado desde hace milenios, quiero que me pertenezcas y quiero ser tuyo-.

-¿Quieres unirte a mi?-susurro Yao.

-Yo ya estoy unido a ti Yao, ¿cree que haría las cosas que hago por usted a cualquier otro omega?, ¿que dejaría que durmiera en mi lecho?¿que estuviera en mi casa?-comenzó Kiku observando el letrero de la desviación a la provincia en la que vivía-lo que quiero es que usted se una a mi, que sea mío para toda la eternidad, pero la pregunta real aquí es ¿que quiere usted?, después de todo no tenemos el pasado más hermoso-.

Yao observo en silencio el paisaje, como el coche se adentraba en la provincia, pasando por las casas, las pocas tiendas de conveniencia, hasta que lo único que se pudo observar era una gran malla de metal, restringiendo el bosque del acceso público , el comienzo de la casa del japonés. Avanzaron un par de metros más hasta llegar a la entrada de la propiedad, el japonés oprimió un botón a distancia permitiendo que la reja se abriera dándoles paso.

-Sigo sin entender porque tienes un bosque en tu casa aru-murmuro Yao observando por la ventanilla del coche como la reja negra se cerraba.

-Es por seguridad-sentencio el alpha estacionando su auto en la entrada de su casa-en cualquier caso, no cambié de tema Yao-san quiero saber que quiere usted-.

-¿Que caso tiene decirlo aru?, de igual forma no soy digno lo has dejado muy en claro-dijo Yao.

-¿Que?-pregunto Kiku.

-¿Esa fue la razón no?, por la que me invadiste en primer lugar, por la que hiciste todo lo que hiciste-dijo Yao librando su mano del agarre del alpha abriendo la puerta del vehículo para salir de él-No soy digno.

"No soy digno".

Las palabras congelaron al japonés en su asiento, un nudo se formó en su garganta, realmente el que no era digno del Chino era él.

-¡Kiku ayudame a bajar las cosas aru!-exclamo Yao comenzando a sacar los víveres de la cajuela.

-No hay necesidad de gritar Yao-san-dijo Kiku tranquilamente saliendo del auto acercándose al castaño.

-No hay necesidad de tardarse tanto aru-murmuro Yao tomando entre sus manos unas cuantas cajas de cereales subiendo las escaleras del pórtico de la casa del japonés.

-¿Tiene sus llaves Yao-san?-cuestiono Kiku comenzando a acarrear los víveres del coche hasta la puerta.

-Si, solo que no abre aru-gruño Yao luchando con la puerta hasta que finalmente está cedió-¡Listo!-.

Yao apenas abrió la puerta cuando un gran perro de melena dorada lo tacleo, casi mandándolo al suelo.

-¡Pochi!, sentado aru, no, siéntate, ¡Que te sientes aru!-exclamo Yao comenzando a forcejear con el perro akita que no paraba de lamerlo en señal de "saludo"-Aiyaa Kiku no puedo-.

-Suwaru! (sentado)-exclamo el japonés.

Apenas alzo un par de decibeles la voz, pero fue más que suficiente para que el animal se sentará prontamente.

-¿Estás bien Yao-san?-dijo Kiku acercándose al chino.

-Aiyaa me lamió todo, tendré que quitarme está ropa aru-dijo Yao frunciendo el ceño.

-Puede ir a tomar un ofuru, entre tanto yo acomodarme las compras Yao-san-dijo Kiku sonriendo.

El chino se limito a asentir entrando en la casa del japonés, se quitó sus zapatos dejando estos en el recibidor, para colocarse unas sandalias de color blanco. Sus ojos dorados se paseaban por cada esquina en busca de alguna diferencia, algún cambio pequeño que el japonés hubiese puesto en su ausencia.

Pero no había nada, el piso seguía siendo de madera pulida, las paredes de un color verde oscuro, las puertas corredizas seguían siendo de bambú, cuadros, pinturas y artefactos decoraban cada rincón, todos de distintas épocas, todos de distintos periodos de Japón.

Se alejo de la sala de estar, subiendo las escaleras de madera, llegando al cuarto de Kiku, su mano se quedó a medio camino de deslizar la puerta.

"¿crees que haría las cosas que hago por ti a cualquier otro omega?".

Pero las había, de eso estaba seguro, llegando al último mes de su celebración de año nuevo perdía comunicación con el alpha debido a su celo y cuando finalmente volvía a la normalidad, cuando finalmente terminaba el año nuevo chino y visitaba a Kiku. Su casa despedía los aromas más dulces, tres, cuatro, aveces incluso cinco aromas diferentes, aromas de omegas diferentes.

-¿Sucede algo Yao-san?-dijo Kiku posando su mano en el hombro del omega causando que esté se asustase un poco.

-No…, solo pensaba-dijo Yao deslizando la puerta observando la habitación del alpha-¿deje ropa la última vez aru?-.

El chino se adentro en la habitación siendo seguido por el alpha, este último miraba en silencio al Omega preguntándose por sus pensamientos.

-Juraría que deje mi pijama aquí aru-mascullo Yao abriendo el clóset para después cerrar este frustrado al no poder encontrar nada.

Kiku observo en silencio, caminando hasta llegar a la pequeña cómoda que tenía a lado de su cama abrió el cajón suavemente, una pijama de seda con estampados de panda se encontraba doblada minuciosamente, tomo la tela con cuidado entre sus manos como si se tratara de algo sagrado.

-Tenga Yao-san-dijo Kiku pasándole las prendas al omega.

-¡Gracias aru!-exclamo el chino tomando la ropa entre sus manos, desdoblando está de manera descuidada-Bien iré a tomar un baño aru, en cuanto salga haré la comida-.

-Gracias Yao-san-dijo Kiku observando al Omega salir de la habitación.

Después de escuchar la puerta del baño abrirse y cerrarse, así como también el sonido del agua cayendo fue como se permitió observar el interior del cajón. En donde sus más grandes tesoros se resguardaban, con cuidado saco un peineta de oro con diamantes incrustados, así como anillos, brazaletes, aretes. Todo bañado en oro y decorado con las joyas más hermosas.

Ignorando como sus manos comenzaron a temblar, comenzó a sacar objeto tras objeto, colocándolo con cuidado en el piso, pasando de joyería a fotos. Todas del chino, todas de su amor, pasando de las actuales que tomaba de forma digital para posteriormente sacar sus impresiones, hasta fotos antiguas, con un china con un semblante más serio, más triste, vestido con kimonos blancos y rosas.

Hasta que finalmente lo vio, al fondo del cajón, en una esquina, como si se estuviese escondiendo de su presencia.

Un pañuelo de seda color rojo con bordado de dragones en hilo de oro resaltaba en el cajón vacío. Tomo con cuidado está sintiendo el peso extra de lo que la tela guardaba dentro, sus manos comenzaron a temblar aún más conforme sus dedos se acercaban a desenredar el nudo de está.

Uno, dos, tres tirones bastaron para que pudiera observar el contenido de está, un anillo.

Un anillo de plata, sencillo, pero elegante. Un anillo que había sobrevivido a la prueba más grande.

La prueba del tiempo.

-Luce tan hermoso, como siempre-dijo Kiku observando la pieza de joyería entre sus manos reprimiendo un suspiro comenzó a guardar todas las cosas dentro del cajón, con la misma delicadeza y paciencia, a excepción del anillo.

Bajo a paso lento hasta la cocina, bien podría ayudar al chino un poco con la comida, después de todo si todo salía bien está seria una ocasión especial.

Yao recostó su cabeza en la tina dejando que el agua caliente relajara sus músculos, observo en silencio su muñeca, en donde aún con el pasar de las décadas se podía observar la marca de dos colmillos.

-¿De cuando fue ese aru?-susurro Yao cerrando sus ojos.

Dejo salir un suspiro relajando sus cuerpo, hundiéndose por completo en el agua caliente, sintiendo como está llenaba sus pulmones, no podía morir, ninguna nación podía morir, solo sufrir, pero de igual forma la sensación era relajante, su mente comenzó a divagar entre el pasado y el presente hasta que finalmente entro a la inconsiencia.

Sus ojos dorados observaban con fastidio el salón blanco y dorado del castillo Edo, la decoración lujosa, los cuadros, las fotografías, podía ver através de la ventana la bandera de Japón.

No.

De Japón imperial ondear alto en el mástil, ¿cuántos días llevaba atrapado entre estás paredes?, hace tan solo dos días había recuperado la conciencia, hace tan solo dos días su celo había concluido y cuando finalmente regreso a sus sentidos no le gusto para nada estar en tierras japonesas, en tierras enemigas.

No le gusto para nada sentir el dolor de su pueblo, de sus hijos, conforme las injusticias y los crimenes de los japoneses se hacían cada vez peor. Podía sentir el miedo, la irá y finalmente la resignación a una muerte lenta y dolorosa.

Porque si había algo que le gustará a su hermano era la violencia desmedida, la demostración de poder subyugando a los más débiles, callándolos para siempre.

"No es tu hermano".

Su cabeza le recordó, no, ya no era su hermano, jamás volvería a serlo, porque los hermanos no hacen lo que ellos hicieron en durante esos días, no se toman una y otra vez. No se destruyen para volver a rehacerse, no se toman, no se entregan, no lo hacen como animales una y otra vez hasta que el calor se disipa, pero no sé extingue.

-Yao-hime, tiene que beber-susurro Izumi, la dama de compañía que le había asignado Kiku.

-Mmm-mascullo Yao tomando la taza de las manos de la sirvienta.

-¡Le hará mucho bien al cachorro Yao-hime!-exclamo Izumi.

Cachorro, las naciones no pueden tener cachorros, es simplemente imposible, no hay forma de que algo que ha vivido tanto tiempo siga siendo fértil, pero aún así no es un hecho, esa simple posibilidad le apretar los dientes con irá, con odio, porque se niega a tener nada con el monstruo que es Japón, no Kiku, no Nipón, no su hermano. Solo un monstruo.

-¡No quiero esa cosa!-exclamo Yao arrojando la taza de te causando que esta se quiebre vaciando todo su líquido.

-Porfavor Yao-hime, le hará bien al cachorro-dijo Izumi apresurandose a levantantar la taza del suelo con sus manos temblorosas.

Izumi había sido la encargada de ser la dama de compañía del omega del comandante Honda, la beta no entendía que papel tan importante jugaba el comandante en todo esto, pero el mismo emperador Shōwa se lo había solicitado. Desconocía quien era el comandante Kiku Honda pero podía observar como el Emperador Shōwa y la emperatriz Kōjun se arrodillában ante él.

-¡¿Es que no entiendes?!,¡No hay cachorro!¡Nunca lo habrá!-exclamo Yao levantándose del sillón, las capas de su kimono blanco se agitaba, con cada movimiento, había un tintineo constante por las diversas joyas y broches que adornaban su largo cabello.

-Porfavor no diga eso Yao-hime, hará sentir muy mal al comandante Honda, estoy segura de que desea con fervor un cachorro-dice Izumi observando esos ojos dorados y por primera vez desde que comenzó la guerra tiembla, por primera vez tiene miedo.

Porque esos ojos dorados la miran con odio, porque los ojos de Yao-hime parecen engañar a su ojo y hacerle pensar que la persona que está frente a ella, que el omega que está frente a ella cuenta con más años de los que jamás será capaz de enumerar. Porque en esos ojos puede ver sangre.

-¿Hay algún problema?-susurro una voz serena, femenina, pronunciando cada palabra con elegancia y propiedad.

-¡Emperatriz Kōjun!-jadeo sorprendía Izumi postrandose en el suelo en señal de sumo respeto.

-¡Por Nüwa! ¡que falta de educación entrar sin avisar!-exclamo Yao haciendo un gesto de desden.

Izumi observo de reojo impactada y enormemente ofendida al omega. Estaba por decir algo cuando observo de reojo las mejillas de su emperatriz teñirse de rosado, estaba avergonzada.

-Mis disculpas-susurro Kōjun reverenciando levemente-Izumi, has el favor de retirarte necesito hablar con Yao-hime en privacidad-.

Yao observo en silencio como después de aún más protocolos estúpidos, como finalmente la beta salió de la habitación, los minutos pasaban y mientras la emperatriz intentaba de todo por apartar la mirada avergonzada, él hacia de todo para observar a la mujer, a la emperatriz consorte de la nación que una vez vio como hermano.

-Me disculpo si ha causado algún tipo de problema Mazāajia (madre asia) ¿puedo?…¿podría acompañarlo un momento?-susurro Kōjun.

-No veo como eso podría causar más daño del que ya han causado -dijo tajante Yao .

La emperatriz bebió con devoción cada paso que la nación dio, soñando un día tener la misma gracia y elegancia que él. Tomaron asiento en uno de los sillones color crema, observando a la nada por largos momentos hasta que finalmente la nación decidio hablar.

-¿Te agrada?-pregunta observando los ojos negros de la emperatriz.

-¿La decoración?-indaga Kōjun sonrojándose cuando observa a la nación mirarla con desden.

-La guerra, pregunto si te agrada la guerra-dice Yao alisando los pliegues de su kimono.

-No, si soy sincera la odio Mazāajia-dice Kōjun observando las facciones de la nación milenaria-¿A usted le agrada?-.

-¡Claro que no!, he vivido suficientes guerras como para saber que nada bueno sale de una-exclamo Yao dejando salir un suspiro-No me llames así-.

-¿Cómo Mazāajia?-pregunta Kōjun.

-¡De esa forma!, yo no soy la madre de nadie-exclamo Yao.

-Pero, usted es la cuna de todas las naciones asiáticas, usted crío a Japón, tal como lo haría una madre-dijo Kōjun.

-No soy madre de Kiku, no soy madre de nadie, si, crié a todos y cada uno fue una decepción tras otra-dijo Yao con un ligero temblor en su voz.

-Pero usted es nuestra madre, de todo el pueblo de asia-insistio Kōjun-usted le enseño a nuestra nación, la nutrio, la cultivo, la hizo crecer-.

-¿Y que gane con eso?, Ser ultrajado, humillado, masacrado-dijo Yao observando la mancha de humedad que quedó en la alfombra.

El silencio se instalo entre ambos, Yao no iba a prestarse a tener más conversación con una mortal que no comprendería jamás sus penas, con una mortal que era apenas un cachorro en comparación con él. Media hora después, cuando el sol está por ponerse y el reloj marca las 4 la puerta se abre dejando entrar por ella a Kiku.

No, al comandante Honda, recordó China, observando el uniforme de color negro, no blanco, ya no más.

Trata de ignorar las manchas de sangre en el uniforme, trata de ignorar que es la sangre de su pueblo, su sangre, trata de ignorar como la mirada hambrienta del japonés se posa en el.

Con una reverencia la emperatriz sale, pronunciando una despedida que no corresponde y antes de poder notarlo el comandante Honda está a su lado, tomando asiento en el lugar donde antes estaba la emperatriz, manchando de sangre los muebles que está seguro se tendrán que cambiar.

-Yao-hime…-susurra Kiku pasando sus manos por la cintura del chino acercando su cuerpo al suyo-tengo algo para ti-.

-Mi libertad espero-dijo Yao tratando de evitar que su cuerpo tiemble ante la mirada profunda de Japón.

-¿Porque deseas irte?¿acaso alguien ha mostrado algo menos que sus buenas atenciones hacia usted?¿le han ofendido de alguna forma?-cuestiona Kiku sus ojos se vuelven fríos y mortales.

Y Yao está tentado a decir que si, diría que si de no ser por el hecho de que todos en ese palacio podrían terminar siendo ejecutados uno tras otro.

-No-murmura Yao sorprendido de lograr que su voz no tiemble.

-Entonces no veo el motivo-comienza Kiku adentrando su mano en la mano de su saco sacando de este una pequeña caja de color blanco, un blanco inmaculado que difiere con la sangre que cubre, no, que baña al japonés-te entrego esto como una promesa-.

Las manos de Yao tiemblan cuando sostiene la caja, espera, anhela, desea fervientemente que no se trate de lo que se imagina, pero como se ha demostrado en los últimos tiempos, nada pasa como quiere y cuando abre la caja puede observar un anillo de plata, un anillo de unión.

-Seras mío, para la eternidad-susurra Kiku como si de una promesa se tratara toma la caja de las manos del omega, sacando el anillo de está para colocarlo en el dedo meñique del hombre-China y Japón estaran unidos para la eternidad, te verás hermoso con mi cachorro en tu vientre-.

-No-susurra Yao abriendo exageradamente sus ojos dorados.

-¿Cómo?-pregunta Kiku frunciendo el ceño ligeramente.

-No podemos tener cachorros-susurra Yao preguntándose porque el anillo pesa tanto en su dedo.

-La operación "Maruta" en omegas embarazados no dio resultados favorables, pero se que será posible, lo haré posible botan-dijo Japón sonriendo suavemente, como si no estuviese hablando de una experimentación en masa.

"Manchuria".

Pensó China, la primera señal que tuvo de que el japonés no conocía de límites, ese pedazo de su territorio que constantemente estaba tratando de ser invadido por el alpha japonés y el omega albino. Su cabeza dejo de trabajar cuando sintió las manos del Japón imperial comenzar a tocar.

Las manos del japonés se pasean por encima de la ropa del chino manchando la tela blanca de sangre, de un rápido movimiento sus guantes negros fueron removidos dejando sus manos blancas libres, para tocar y sentir el cuerpo del otro, sus manos siguieron vagando, quitando capa tras capa del kimono, dejando expuesto el cuello del omega.

-¡Japón!-gime Yao al sentir un dígito del japonés adentrarse en su entrada.

Kiku no dice nada, solo sonríe con suficiencia, otros dos dedos más se unen al primero abriendo la entrada del omega, provocando más placer en el chino, complaciéndose cuando esté arquera su espalda y clava sus uñas en su uniforme, excitandose cuando esas manos blancas se manchan de sangre, su pulgar masajea el clítoris del omega disfrutando como de su boca salen los más impropios sonidos, para él, solo para él, está cerca, lo puede sentir por la forma en la que sus paredes aprietan sus dedos, bastan dos movimientos más para que el chino se corra en su mano.

-P…ara-susurra Yao con su vista perdida en el techo, perdido en su orgasmo.

-Ya he parado por mucho tiempo-gruñe Kiku sacando sus dedos del omega, observando con fascinación el líquido, con su otra mano afloja el cinturón para bajarse los pantalones dejando expuesto su miembro, pasa sus dedos por la cabeza de esté, emapapándolo del líquido del omega, toma las piernas de su pareja separando estás con cuidado, con una dulzura inhumana que rivalizar mucho con sus acciones en el campo de batalla, posiciona su miembro en la entrada del chino perdiéndose en esos ojos dorados antes de dar el primer empujón-Ai Shiteru-.

-¡Ah…!-grita alto Yao abriendo aún más sus piernas, dejando que el alpha se acomode mejor.

-Ai Shiteru botan-susurra Kiku comenzando con las embestidas fuertes y certeras, sacando gritos y gemidos de su pareja.

El sonido de las embestidas y los gemidos inundan el cuarto, alertando a cualquiera que esté pasando afuera de la habitación no entrar, a menos que estén dispuestos sufrir las más horrendas torturas. Ambos seres pueden sentir el orgasmo cerca y como se ha hecho costumbre para evitar que el japonés marque al omega antes de la ceremonia, Kiku toma el brazo de Yao mordiendo este con fuerza.

-¡Botan!-exclama Kiku rompiendo los sueños del chino.

La luz de la habitación lo hace sentir mareado, siente como su cuerpo sale del agua que hace unas horas estaba caliente, el agua en sus pulmones lo abandona dando paso a aire.

Y el aire quema, su visión sigue borrosa y todo lo que puede hacer es sostenerse de unos brazos fuertes mientras su cuerpo escupe toda el agua que trago, es doloroso, es un suplicio y a la vez es una sensación adictiva.

El ponerse en peligro de muerte a sabiendas de que eso jamas podrá suceder, finalmente después de tortuosos minutos sus sentidos regresan, lo primero que puede observar con claridad son los ojos negros del japonés observandolo con preocupación,su cabello negro mojado, al igual que el Haori negro de su yukata gris.

-¿Q…ue?…-susurra Yao con su voz quebrada.

-¿Estás bien?-cuestiona Kiku barriendo con su mirada el cuerpo del hombre.

-S…si-murmura Yao pasando saliva lentamente.

-¡¿En qué estaba pensando?!-exclama Kiku.

El chino parapadea en la confusión por el extraño arrebato de emociones, sus ojos dorados observan los de Kiku que ahora se miran furiosos, encendidos en una irá contenida, no debería de afectarle, realmente no, pero…

-¡Deje de causar preocupaciones a las demás personas!¡Es muy desconsiderado de su parte!-exclama Kiku, una de sus manos se estira para tomar la toalla de panda doblada sobre un estante, envuelve el cuerpo del omega en esta, tratando de no ver, tratando de no tocar más de lo que tiene permitido.

-Y…yo me quedé dormido-susurra Yao enterrando su rostro en la mullida toalla, negandose a que Kiku observé cuánto le han afectado sus palabras

-¡Justamente a eso me refiero!, lo he esperado abajo por horas-dice Kiku de forma hosca cargando al hombre entre sus brazos, como puede toma la pijama de pandas soltando un suspiro al ver todo el desastre que tendrá que arreglar más tarde.

Unas cuantas lágrimas silenciosas comienzan a salir de sus ojos, presiona con fuerza la tela en su rostro en un intento de que Kiku no lo noté. Después de unos cuantos pasos y el sonido de la puerta delizarce finalmente el japonés lo deja en el futón.

-Bàoqiàn (lo lamento), yo me iré apenas me vista-susurra Yao abrazando con fuerza la toalla a su cuerpo, se niega a llorar pero aún así un sollozo sale de sus labios alertando al japonés.

Su mano tembló ligeramente a su costado, observando en silencio como el chino sollozaba y temblaba envuelto en la tela. Se había prometido no hacerlo llorar nunca más y había fallado enormemente.

-Botan, yo……porfavor no llores-susurro Kiku tomando asiento en el futón junto al chino.

-¿Me odias…?-pregunto entre llanto el omega.

-No, claro que no-se apresura a decir Kiku.

-¿Entonces porque?-susurra entre el llanto el chino.

-¿Porque…?-cuestiona dudoso el japonés.

Un silencio se instala entre ambos, observa como el gorro de panda de la toalla cae e la cabeza del chino dejándole ver su rostro, abriéndole otra herida más a su corazón. Los labios rojos del chino tiemblan violentamente, sus ojos dorados están nublados por el llanto y la expresión de estos es tan desoladora, tan triste. Y jura que apenas el omega se retire realizará un Seppuku para restaurar su ya mancillado honor.

Porque acaba de volver a hacer llorar al único ser que no merece nada más que la felicidad eterna.

-¿Por…que me dejaste?-pregunta Yao manteniendo su voz lo más firme que puede.

-¿Cuando?-pregunta Kiku, porque aunque le duela admitirlo ha dejado al otro tantas veces en el pasado que , tiene que saber de qué ocasión le está hablando ahora.

-¡Cuando me mordiste!-exclama Yao sacando su brazo enceñando la marca de unos colmillos que descansaba en su brazo, la marca que ha perdurado atraves de las décadas.

-Yo…eso, eso no signifique que estemos unidos Yao-san-dice Kiku tragando saliva, tratando de no observar el cuerpo de su amado.

-¡Para mí si aru!-exclamo Yao cerrando sus ojos con fuerza negándose a ver los ojos del alpha-se que no debí de esperar nada de un mocoso como tú, un niño, impresionable, inmaduro, se que fue mi celo lo que te llamo, sin embargo cuando huí esperaba que fueras, que me buscaras, cuando terminó la guerra, cuando lanzaron las bombas corrí en tu ayuda y aún así no me dijiste nada-.

-Yao…yo-susurra Kiku pero es prontamente callado por el omega.

-¡Estoy harto!, No quiero escuchar más de tus excusas, te he esperado todo esté tiempo solo para que me confundas una y otra vez. Dices cosas hermosas acerca de estar unido a mi, sin embargo apenas llega tu celo vas y te revuelcas con cualquier omega que te abra las piernas. Estoy harto de pasar mis celos en completa soledad mientras tú estás con una y con otra-dice Yao levantándose bruscamente con su pijama en mano, comenzando a colocarse está-¡Ya no te esperaré aru!, ya no rechazaré a ningún otro por ti, no por un alpha sin honor-.

Las palabras entran en la cabeza de Kiku, mezclando sus ideas con los hechos que el omega le está diciendo. Nunca ha sido lento, siempre se a enorgullecido de eso, de ser el tan aclamado "milagro de asia oriental" y aún así le cuesta demasiado hayar sentido a las palabras del chino, cuando finalmente logra salir de su enmismamiento, su amado ya no está.

-¡Mierda!-exclama Japón levantándose velozmente del futón, puede sentir a su amado, todavía está cerca, todavía está en su tierra, sale de la casa hecho una furia dejando abierta puerta tras puerta, hasta finalmente observa su silueta recargada en su pórtico de madera, la noche había llegado a su país, le bastó una mirada a su entorno notar que esa noche no había luna que alumbrara sus tierras.

-No te acerques aru-murmuro Yao observando los árboles de sakura-ya no quiero saber nada más de ti y no te preocupes llegaré bien a casa le diré a Neejara me lleve al aeropuerto-.

Lo primero que nota Japón es que el omega está bien, claro esta con su pijama mal puesta y el cabello mojado, pero está bien. Lo segundo que nota es su aroma generalmente dulce agriarse en cuanto se acerca. Escucha la voz del chino, lo escucha hablar, tarda unos cuantos segundos en comprender lo que dijo y cuando finalmente lo hace, cuando finalmente comprende por completo el mensaje no puede evitar enojarse, no puede evitar ver rojo.

-¡Dije que no te acerques aru!-exclama Yao observando al alpha avanzar a paso lento, la falta de luz le hace imposible divisar sus rasgos pero puede oler su aroma a ceniza y metal hacerce cada vez más fuerte.

Jamás lo ha entendido, no sabe si en algo tiene que ver el pasado sangriento del japonés, pero su aroma siempre ha olido a la ceniza que queda después de incendiar una aldea entera, con ciertos toques de metal, como el aroma de la sangre que baña sus manos, que las ha bañado en todos sus años de historia.

-¿Que no me escuchas aru?-cuestiono Yao diez pasos, diez pasos más y lo tendría junto a él.

Diez.

-¡No necesito nada de ti!-exclamo el chino.

Nueve.

-¡No quiero tu marca!-grito Yao.

Ocho.

-Siendo sinceros-dijo Yao.

Siete.

-¿Quién querría la marca de alguien como tú?-cuestiono Yao.

Seis.

-Alguien que está empapado de sangre de inocentes-dijo Yao mordiendo sus labios observando al otro avanzar,el rostro de Kiku permanecía escondido entre su fleco y la oscuridad de la noche.

Cinco.

-¿Y sabes que?, has perdido tu oportunidad aru-dijo Yao.

Cuatro.

-Jamas estaré contigo, estaré con todos los demás menos contigo-dijo Yao, estaba siendo hiriente, era muy consciente de ello, pero no podía retener más las palabras que había estado guardando desde hace décadas así como no podía detener el dolor del rechazo del japonés.

Tres.

-¿Y si no queda nadie con el que estar?-gruño Kiku.

Yao dejo de respirar por un momento, esos ojos negros lo miraban con hambre, con un deseo que no había visto desde hace décadas, sentía sus piernas temblar, el deseo de ponerse de rodillas y dejar su destino en manos del alpha era tentador, muy tentador.

Dos.

-¿Disculpa?-murmuro Yao clavando sus ojos en los del otro, retándolo con la mirada.

-Es fácil olvidar para los mortales que sucedió hace menos de un siglo, pero yo sé que usted en especial si puede recordar todo el daño que soy capaz de hacer, por poder, por ambición y por amor-dijo Kiku su voz calmada y serena, desentonaba con las palabras que acababan de salir de su boca.

-¿Por amor?-bufo divertido Yao-¿Que sabes tú del amor? ¡nada!, no sabes nada-.

-En eso se equivoca Yao-san, porque yo lo he amado desde hace milenios, esperando, acechando, rogando por una oportunidad de probar-dijo Kiku.

-¿Probar que?-dijo Yao preparando sus piernas para girar y correr en cualquier momento.

-Para probar que soy digno de ser su único dueño-gruño Kiku.

El sonido de las cigarras cortan el silencio, ambos seres se miraban de forma retadora, ninguno estaba dispuesto a bajar la mirada, ninguno estaba dispuesto a ceder.

-Bien, este bosque siempre me ha gustado ¿esta deshabitado?-pregunto Yao retrocediendo un paso sin apartar la mirada del japonés.

-si, lo esta-dice Kiku sacándose el Haori color negro de encima doblandolo cuidadosamente dejándolo en el césped verde.

-Bien, no te lo dejaré fácil aru-dice Yao quitando sus zapatos dejando estos en la madera del pórtico.

-No esperaría nada menos de usted Yao-san-dijo Kiku sonriendo suavemente.

-Es tu última oportunidad-dice Yao y no puede evitar deleitarse ante el salvajismo que ve en esos ojos negros.

-No necesitaré otra-sentencia Kiku-le daré el tiempo que dicta la tradición Yao-san, quince segundos-.

Y de un momento a otro comienza, Kiku se queda fijo en su lugar observando a su compañero, al que es su casi compañero correr entre los árboles y los matorrales perdiéndose entre ellos, cuando finalmente termina de contar se permite inhalar el perfume que queda impregnado en el aire.

-Que comience la cacería-murmura Kiku antes de correr en la dirección en la que partió el omega.

Pasa por los árboles, hasta llegar al pequeño estanque donde sus peces dorados nadan, puede sentir la excitación del otro en el aire, puede oler la humedad que escurre por sus piernas, debido a la adrenalina de la cacería, debido a que lo está cazando.

Camina a paso lento, observando su entorno, las copas de los árboles, los matorrales, los arbustos de flores, en busca de cualquier movimiento en falso. Sabe que no lo debe tomar a la ligera, después de todo la gran china ha vivido más que todos, posee una sabiduría con la que nadie se podría comparar, pero él es Japón y si algo se ha demostrado en la historia es que Japón de una u otra forma siempre termina doblegando a China. Porque mientras China es paciente Japón es feroz y no se tienta en tomar lo que quiere.

No hubo diferencia en manchuria, nankin, ni en su infantil disputa por Yong-Soo y Mei nunca hubo diferencia, siempre ha doblegado a su voluntad a la gran nación y esta vez no será la excepción.

Yao se permite suspirar, han pasado dos horas desde que comenzó la cacería y aún no ha sido encontrado por el alpha. Avanza lentamente dejando que sus pies toquen el césped y la tierra, como hace tantos años no lo hacían. Sus ojos dorados escanean su entorno, en busca de cualquier señal visual de su depredador, hasta que lo siente, un objeto delgado y filoso se clava en su pie derecho causando un corte limpio. Muerde sus labios con fuerza ocasionando que por estos brote sangre le toma varios segundos calmarse hasta que finalmente levanta su pie herido tomando con sus manos temblorosas el arma que lo hirió, toma aire jalando está causando que más sangre brote de su herida. No lo matará, nada lo hará, pero aún así puede sentir el dolor, deja que su cuerpo descanse en el tronco de un árbol deslizándose poco a poco hasta el césped.

Levanta el objeto hasta que esté queda en su campo de visión al principio piensa que es una tarjeta, pero descarta rápidamente esa idea al sentir un pequeño broche, finalmente tiene una imagen clara de lo que es.

Un gafete, por el color amarillo juraría que lleva décadas enterrado en el jardín del japonés, una esquina, que es justamente con la que se cortó está más gastada, debido al tiempo y a la constante luz del sol.

Fuerza un poco su vista rebuscando en su memoria el significado de los caracteres japoneses, hasta que finalmente puede armar la frase completa.

-Tokushu butai gurūpu (grupo de fuerzas especiales) Nozomi Rei-susurro el chino observando la foto desgastada de la mujer piel pálida, ojos castaños, cabello castaño, se parecía un poco a él-¿Porque luce como yo?-.

-Por el contrario botan, esa mujer no le hacia justicia a tu belleza-gruñe el japonés.

La voz del alpha pone alerta a Yao, pero ya es muy tarde, Kiku está ahí, de pie, esperando cualquier movimiento, cualquier señal de rebelión. Inhala el aroma del alpha sintiendo la humedad traspasar el pantalón de su pijama.

-¿Quién es?-murmura Yao mostrando su cuello en sumisión.

-Nadie importante botan, una mujer insípida que ofreció sus servicios a su nación-gruñe Kiku quitándose el yukata dejando expuesto su cuerpo así como su miembro.

-¿Que le sucedió?-susurra Yao observando al alpha extender el yukata en el césped, no necesita preguntar el motivo, lo conoce muy bien, así que a duras penas se arrastra hacia el yukata recostandose en la suave tela.

-ahora botan, no es momento de hacer preguntas-gruño Kiku desgarrando el pantalón del chino dejando expuesta su entrada rosa y húmeda-eres hermoso-.

-Kiku, no digas esas cosas aru-jadea Yao sintiendo las manos grandes del japonés rasgar su camisa dejándolo completamente desnudo.

-¿Seras mío, para siempre?-pregunta Kiku paseando sus manos por la piel blanca del chino, deteniéndose en los pezones de este comenzando a jugar con ellos.

-S…si, Kiku…porfavor-jadea Yao sus dedos sueltan el gafete dejándolo olvidado en algún lugar del yukata que funge como cama.

Los labios del japonés toman los suyo, las manos del alpha se pasean por sus costados, tocando cada parte de su piel expuesta.

-Mio-gruñe Kiku terminando el beso dejando besos y mordidas por el pecho del chino, paseando su lengua por los pezones de este, complaciéndose cuando siente que esté arquea su cuerpo.

Los labios del japonés bajan por todo su vientre hasta que finalmente puede sentir el cálido aliento de Kiku en la zona más sensible de su cuerpo, antes de que si quiera pueda formular una palabra siente la lengua caliente del japonés lamer su clítoris, delineando está con su lengua.

-¡Kiku!-gime Yao enterrando sus dedos en el cabello negro del japonés, alzando su cadera necesitado de aún más contacto.

Sus ojos dorados se pierden en el manto azul del cielo, en los árboles del bosque, dedicándose únicamente a sentir, los labios del japonés dejan besos y mordiscos por su piel sensible, su boca succiona su clítoris. Y por último su lengua lame su entrada una y otra vez hasta que está entra en él. Ya no hay palabras, ya no hay pensamientos, lo único que puede hacer es gemir y suplicar por más. Conforme avanza el tiempo la sensación se va haciendo más y mas placentera, puede sentir sus paredes comenzar a apretarse, se va a correr, lo sabe pero por más que tire del cabello del japonés no lo mueve ni un centímetro.

-¡Kiku!-grita Yao importandole poco el pudor o la decencia, sus paredes se aprietan al rededor de la lengua del japonés dejando salir su orgasmo.

Kiku no se detiene, bebe cada gota del orgasmo de su amado, limpiando cada pligue, cuando considera que la tarea está completada se permite levantar su rostro observando esos ojos dorados que lo miran con deseo.

-Oishī (delicioso)-susurro Kiku con la voz ronca.

Yao dejo salir un suspiro antes de tomar con fuerza ese cabello negro atrayendo los labios del japonés a los suyos. Empieza una batalla por el dominio, una batalla que el chino sabe que está perdida desde el comienzo, con algo de ingenio y fuerza logra sentar al alfa en el yukata colocándose a ahorcadas arriba de él.

-Yao-gruñe Kiku cayendo en cuenta de la posición del omega.

-Wô aî nî-susurro Yao comenzando a enterrar el miembro del japonés en su entrada sintiendo como está tocaba lo más profundo-¡Kiku! ¡ahhh!-.

-Ai Shiteru-susurro el alpha como si de un mantra se tratara, cerro sus ojos perdiéndose ante la sensación, porque no importaba cuántas veces china hubiese sido conquistada, cuántos años de existencia tenía el omega, no importaba nada de eso porque su entrada apretaba con fuerza su miembro obligandolo a parar, obligando a enterrar sus uñas en la cadera del chino en un intento de ser paciente y no golpear su punto una y otra vez.

Los ojos dorados del chino están perdidos en los negros de su amante, comienza a moverse lentamente subiendo y bajando tomando más confianza con cada movimiento hasta terminar moviendo sus caderas de forma desesperada sobre el miembro del japonés, siendo ayudado por este que lo toma con fuerza de la cadera ayudándolo a profundizar aún más el contacto rebotando en su miembro una y otra vez hasta que siente su orgasmo acercarse, Yao arquea su espalda sintiendo su inminente orgasmo, todo su mundo tiembla mientras su líquido sale a chorros empapando aún más el miembro del alpha.

Kiku sonríe ante la escena tomando el cuerpo de su amado, recostándolo en el Yukata, toma una de sus piernas recargando está en su hombro.

-Ai Shiteru-susurro Kiku plantando un beso en la pierna blanca de Yao comenzando con las embestidas una vez más.

El largo cabello de su amado se extiende por el yukata, unos cuantos cabellos se pegan a su rostro a causa del sudor, sus grandes ojos dorados están nublados por el placer, de sus labios rojos salen los más pecaminosos sonidos, solo para él, para Japón, para Kiku, para el alpha. Y no puede detenerse, cuando el segundo orgasmo del chino llega siente la imperiosa necesidad de terminar, de marcarlo, pero no será así, lo hará de acuerdo a la tradición.

-omega…-gruñe Kiki saliendo del chino escuchado un quejido por su parte-presentate ante mi-.

Y eso es todo lo que Yao necesita para girar sus cuerpo y colocarse en cuatro, alzando su cadera hacia su pareja, su cabello cae en cascada por un costado, dejando su cuello libre. No hay más besos, no hay más palabras hermosas, Japón se entierra en él con fuerza, toma su cabello con su mano jalando de él, obligandolo a mantener sumisión en todo momento. Las embestidas son salvajes, brutales no hay descanso, no se detienen, sus rodillas están sangrando por la constante fricción, pero aunque el alpha pueda oler la sangre no se detendra.

No hay ningún romanticismo occidental con el que sueñan los omegas americanos, la union es brutal, violenta, salvaje, lo hacen como animales sucumbiendo a sus instintos, después de lo que parecen milenios Yao finalmente comienza a sentir la base del miembro de Kiku hincharce, el nudo de su alpha comenzar a extenderse y es toda la motivación que necesita para abrir más sus piernas, para que de sus boca salgan los más impropios sonidos. Es lo único que necesita para comenzar a rogar por el nudo del alpha, porque lo marque.

-Yao-gruñe Kiku su mano deja libre el cabello de su omega para poder enterrar está en la cadera de su amado dándole embestidas más violentas y brutales.

-Kiku, kiku, kiku-repite Yao entre gemidos.

El alpha siente sus colmillos crecer, está cerca, al igual que Yao, observa con excitación mórbida esa marca en su espalda, la marca que el mismo hizo con su katana hace tantos años, y justo ahora está por dejar otra en su cuello. Observa con fascinación el cuerpo de su amado, como esté arquea su espalda para él, como muestra su cuello descaradamente en una petición silenciosa, el placer es abrumador, la entrada de Yao es tan húmeda y caliente que siente que puede permanecer allí por la eternidad. Pero su omega no dura toda la eternidad, un grito aflora de los labios rojos del chino, un nombre, su nombre y con eso puede sentir las paredes contrayendose al rededor de él, puede sentir la corrida de Yao salpicar su miembro y eso es todo lo que necesita para detenerse, para dejarse llevar por su orgasmo.

-Omega-ruge Kiku clavando sus uñas en la piel porcelana de Yao, una de sus manos viajan hasta su cabello castaño.

Todos sus instintos le gritan que lo marque y a diferencia del pasado, está vez le interesa poco las ceremonias, tira del cabello del omega enterrando sus dientes en el blanco cuello, formando una marca. Su nudo se hincha alrededor de la entrada del omega, la sensación es tan abrumadora que lo obliga a cerrar los ojos. Ha escuchando antes sobre la formación de vínculos entre alphas y omegas, ha escuchado historias fantásticas, llenas de amor y pasión. Pero lo único que puede pensar acerca del vínculo que está formando es el instinto. El instinto que lo hace mantener a Yao debajo de él, el instinto que lo alienta a morder más fuerte, el instinto de Yao que lo obliga a luchar, a moverse. A intentar rebelarse, porque después de todo ningún omega quiere ser unido por un alpha débil.

Un gruñido retumba en su pecho provocando que el omega deje de forcejear y se relaje ante su mordida, puede sentir la sangre de esté en su boca, de su omega. Porque antes de ser China y Japón, antes de ser Yao Wang y Kiku Honda, son Alpha y Omega.

Son partes de la nada formando un todo, son dos seres uniéndose para la eternidad, sus ojos negros se clavan en las manos del omega, obsevando cómo estás aprietan con fuerza la tela de su yukata, observando con satisfacción su pelea interna. Muchos omegas ya hubieran cedido ante la mordida, pero no Yao, no China, no su omega, porque él es fuerte. Pero de nuevo, él es Japón, es Kiku, es un alpha y es feroz, es violento, es sanguinario. Así que muerde con más fuerza complaciéndose cuando lo escucha romperse, el temblor en el cuerpo del chino, así como sus sollozos.

-A…alpha-susurro con voz quebrada Yao rindiéndose.

Y esa es toda la señal que Japón necesita para retirar sus dientes, observa con fascinación la marca roja, la sangre manchando ese cuello blanco.

-Lo hiciste bien omega-susurra Kiku acariciando la espalda del mayor.

El cuerpo de Yao comienza a desplomarse, con mucho cuidado ambos terminan recostados en el Yukata, Japón abrazando la espalda de china, con su nudo aún hinchado dentro de él hombre, la lengua del japonés se pasa por la marca recién hecha, limpiando la sangre de la piel de su amado.

-Duele mucho-solloza Yao.

-Lo se, pero lo hiciste muy bien amado-susurra Kiku abrazandolo.

Los minutos pasan, escuchando solamente el canto de las cigarras, observando el cielo azul. Hasta que finalmente el omega rompe el silencio.

-¿Quién era?-pregunta Yao luchando por mantener sus ojos abiertos.

-¿Quién era que?-cuestiona Kiku acariciando el vientre del omega, es imposible, lo sabe de antemano, pero no puede evitar pensar, soñar, desear qué algo esté creciendo dentro.

-N…Nozomi-susurro Yao ronroneando ante las caricias de su alpha.

-Una mujer que sirvió en uno de mis celos, si, a diferencia de ti he estado con omegas en mi celos pero no por gusto-dijo Kiku besando el cuello del omega.

-¿Enserio?, ¿acaso es una tortura hacerlo con alguien?-se mofa Yao.

-No-comienza Kiku dejando escapar una risa, porque no importa si ahora estaban unidos o no, Yao, su Yao jamás cambiaría-Son elegidos en base a tres reglas, la primera se tienen que parecer a ti lo suficiente como para poder engañarme los primeros días de mi celo, la segunda tienen que desprender aromas similares al tuyo y por último tienen que estar dispuestos a morir-.

-¿Morir?-pregunto Yao de pronto el sueño se había disipado-¿porque se tienen que parecer a mi?-.

-Porque te he amado toda la vida, porque eres lo que más amo y deseo. Y porque eso les da una leve posibilidad de sobrevivir, de no ser violados hasta la muerte sin ningún tipo de contemplación-susurra Kiku pasando sus dedos por la cicatriz del omega-porque incluso en mi celo tú eres lo que más anhelo, ellos debían parecerse a ti para tener una mínima oportunidad de que fuese amable, de que los cuidara como te cuidaría a ti, pero irremediablemente termina sucediendo, en cuanto me doy cuenta todos terminan con un horrible final y es entonces cuando mis jefes llegan con otro más, otro sacrificio ante su nación, intentan elegir omegas fuertes, fuerzas especiales, milicia, armada, marina, pero todos acaban de la misma forma-.

-¿debo sentirme celoso aru?-pregunta divertido el omega.

-¿Has estado celoso botan?-susurra el japonés dejando besos en el hombro de su amado.

-Un poco, a diferencia de ti yo no pase mis celos con nadie aru-susurra Yao recargando su cabeza en el pecho de Japón.

-¿Nadie?-pregunta Kiku su voz es serena y calmada. Pero Yao puede reconocer el ligero tinte de locura en ella.

-Nadie, antes pasaba mis celos con humanos, es más fácil-comienza Yao delineado con sus dedos la mano del japonés que reposa en su vientre-Cuando llegaste tu tuve que comenzar a fingir-.

-Yo…yo nunca me disculpé por…-susurro Kiku solo por ser callado por el Omega.

-Eso no importa, yo nunca me disculpé contigo por el incidente de Nagasaki, ni con Vietnam por lo de 1979, por Nüwa si me pusiera a enumerar cada atrocidad que he cometido no terminaría, sin embargo aprendí que de la guerra no se gana mucho y se pierde todo-susurro Yao observando el firmamento-Ya no tiene caso disculparse, las personas que necesitaban nuestras disculpas ya no estan-.

-Aun así, me disculpo, no quisiera empezar esta nueva etapa de nuestra vida con cabos sueltos, Hontōni mōshiwakenai (lo siento mucho)-susurro el Japonés acariciando el cuerpo de su amado.

-Wô yê hên bàoqiàn (yo también lo siento mucho)-susurro Yao-Jamas había deseado nada tanto, me fascinaste, nunca nadie lo había logrado, pero tú lo hiciste posible. Y entonces al final resultó que tú me deseabas tanto como yo a ti, no me debio haber sorprendido mucho, siempre has tenido un gusto y placer por ponerme de rodillas-.

-Me gusta verte de rodillas ante mi-admitió Japón.

-Cuando huí ese día, cuando me fui esperaba, una parte de mi esperaba que fueras tras de mi tal como lo hace un alpha, entendí rápidamente que solo había sido el celo, que las palabras que me susurrabas estaban vacías y aún así…-murmuro Yao sintiendo sus ojos pesados.

-Aun así aquí estamos, después de tanto tiempo juntos, peleando por estupideces como por las islas Senkaku-susurro Japón.

-Son las islas Diaoyu y son mías, mocoso insolente-murmuro Yao dejándose llevar por el sueño.

-No, tú eres mío ai shita (amado)-susurro Kiku acariciando el cabello castaño del omega.

Su alpha estaba contento, complacido, ronroneaba desde su pecho porque finalmente su pareja estaba con él, su amado, no podía cerrar sus ojos, no podía dormir, no cuando estuvo esperando este momento por años. Cuando finalmente sintió su nudo desinflarse saco su miembro y sin mas preámbulo tomo al omega en sus brazos envolviendo su cuerpo con el yukata caminando de regreso a la casa con él.

Se adentro en su casa callando a Pochi apenas comenzó a ladrar,subió las escaleras con cuidado depositando al omega en su futón dejándolo un momento para arreglar el desorden en el baño y preparar otro ofuru.

-No hagas ruido Pochi-susurro Kiku dejando que el agua caliente llenará la tina, bajando las escaleras de regreso a la puerta de la entrada, tomo el Haori que previamente había dejado botado asi como los zapatos del omega entre sus manos volviendo a ingresar a la casa.

Debía tener todo listo, después de todo el celo del omega iba a comenzar dentro de pocas horas, dejando salir su aroma para provocar el de su alpha. Cerro la puerta subiendo las escaleras de su casa, caminando hasta llegar a su habitación en donde su omega lo esperaba.

-¿Alpha?-susurro Yao adormilado frotando con el puño de su mano sus ojos.

-Si, es hora de tomar un baño-susurro Kiku acercándose al chino tomándolo entre sus brazos.

Camino con el omega dormido en brazos hasta su baño sentándolo en un banco, recargando su cuerpo en la fría loza de la pared, comenzando a pasar una esponja con jabón por su cuerpo, limpiando la suciedad, la tierra, limpiando la sangre de las heridas de sus rodillas así como los pequeños cortes que tenía en la cadera, cortes que el mismo había hecho cuando enterró sus uñas en esa piel suave, limpio su entrada de dónde todavía brotaba su semilla así como la mordida en su cuello. Esa mordida roja, su mordida.

-Te amo mucho-susurro Kiku comenzando a lavar el cabello de su amado-llevo toda una vida esperando por esto-.

-¿Nunca te lo dije verdad?, siempre te ame, incluso cuando no sabía que eras un omega-susurro Kiku dejando caer agua en el cuerpo de Yao limpiando el jabón-Ese día cuando finalmente lo supe iba a matarte, estaba decidido, pero entonces lo supe, fue como si amaterasu me hubiese dado un regalo, como si me hubiesen quitado una venda de mis ojos, jamás te vi como un hermano porque siempre quise ser más que eso-.

-Te amo, no tenemos el mejor pasado, hemos estado en constantes luchas pero aún así, nunca he dejado de amarte-susurro el japonés comenzando a frotar su cuerpo con el jabón-no espero que cambies, porque yo no lo haré-.

-Wô aî nî-susurro Yao entre sueños provocando una sonrisa en el japonés.

El alpha tomo al omega adentrandose en el ofuru, dejando que el agua caliente desentumiera su cuerpo, acariciando el cabello castaño de su pareja.

¿Dónde estaba?, No lo sabía, podía escuchar el sonido del agua, el movimiento del mar, el sonido de las olas chocando contra..¿un barco?, pero que hacía el en un barco si estaban en medio de una guerra ¿lo estaban no?. El calor se hizo presente en su cuerpo, comenzando a invadir su piel, sus manos tocaron la tela que cubría su cuerpo, se sentía fina y suave, nada parecido a su uniforme militar, estaba por abrir sus ojos cuando escucho una voz "¿tan rápido botan?", el aroma a ceniza y metal lo inundó provocando que dejara de pensar.

Sus ojos dorados observaban con frialdad al alpha colocarse su uniforme militar blanco, Kiku, pero no su Kiku, saldrá hoy a una reunión con las fuerzas del eje dejándolo al cuidado de Izumi todo el día, dejándolo en libertad para huir, solo que eso no lo sabe.

-Es muy temprano para que un omega de tu clase este despierto botan-susurra Kiku arreglando las mangas de su uniforme observando al omega en el futón.

Clase, esa palabra le parece de lo más divertida, porque mientras el alpha lo viste con los kimonos más elegantes, lo adorna con las joyas más caras, lo maquilla realzando su belleza, el sigue siendo el mismo.

Sigue siendo Yao Wang, sigue siendo China, sigue siendo un omega, el jamás ha pertenecido a ninguna "clase", el es una nación, es fuerte, es china y china no se doblega ante nadie.

-Yo no pertenezco a ninguna clase-dice Yao ignorando la mirada llena de amor del japonés.

-Oh pero lo haces, no hay nadie que tenga más poder en este palacio, en mi tierra, que esté más arriba que tú-dice Kiku arreglando las mangas de su saco blanco.

-A excepción de ti-murmura con fastidio Yao.

-Lógicamante, soy tu alpha, estoy aquí para ayudarte, para protegerte, para proveerte de todo lo que necesites-dice Kiku tomando su katana colgando está en su cinturón.

-No eres mi alpha-dice Yao observando los ojos amables del japonés volverse salvajes.

-Aun-dice Kiku frunciendo el ceño ante la rebelión del omega-pero pronto, cuando la guerra termine, cuando ganemos te marcaré-.

-No quiero tu marca-dice Yao apretando las mantas entre sus manos.

-No está a discusión, nadie más es digno de ti que yo-dice Kiku acercándose al omega arrodillandose junto al futón.

-¡No la quiero!-exclama Yao retando al japonés.

-He esperado milenios por ti, me he hecho fuerte por ti, para que me veas como un hombre, como tú alpha, no voy a dejar que nadie me quite lo que es mío-gruñe peligroso Kiku.

-Yo no te pertenezco-gruñe Yao incorporándose en el futón cerrando sus ojos ante la sensación de la semilla del japonés.

La semilla de Japón seguía dentro de él desde su encuentro anterior, el doctor, humano, mortal, ignorante de su situación había aconsejado que estuviese el mayor tiempo posible con esta dentro, para procurar un cachorro. Estúpidos eso es lo que eran, estúpidos por creer que era posible.

Y el mayor estúpido de todos era Japón.

-oh pero lo haces, solo a mí-susurra Japón tomando los labios de China en un beso salvaje y hambriento.

-¿Necesitas algo?-pregunta Kiku levantándose del tatami.

-Si-dice Yao observando los ojos del japonés mirarlo con interés-tengo un extraño antojo de chocolate-.

-¿Antojo?-murmura Kiku observando el vientre de su compañero.

-Si, un antojo aru-dice Yao en su clásico tono infantil-ultimamente he sentido nauseas y mareos-.

-¿Podría ser un cachorro?-pregunta Kiku con un ligero temblor en su voz.

-Es posible aru-dice Yao sonriendo suavemente-esperare tu regreso para visitar al doctor-.

-Bien, volveré pronto-dice Kiku tomando su gorra militar tratando de controlar sus manos temblorosas-Chocolate alemán entonces-.

Oh ha sido tan fácil piensa Yao, el alpha ha sucumbido ante sus instintos, se ha dejado envolver en una mentira. Una mentira que le dará su libertad, solo necesita hacer una cosa más. Una de sus manos viajan hasta su vientre acariciando este con amor bajo la atenta mirada de Kiku.

-Alpha-susurra Yao y él efecto es inmediato, en un segundo tiene al japonés a su lado.

-¿Si?-cuestiona Kiku observando con fascinación el vientre del chino.

-El cachorro quiere chocolate francés-dice Yao regalándole al hombre una suave sonrisa.

-Asi será-dice Kiku plantando un beso casto en la frente del omega-Duerme, necesitas descansar, regresaré dentro de unas horas-.

Yao se recuesta con cuidado en el futón cerrando sus ojos fingiendo dormir, escucha el último te amo del alpha, como desliza la puerta y sale de la habitación. Las amenazas hacia los guardias que constantemente vigilan su puerta y finalmente sus pasos que indican que se ha retirado. Espera unos minutos hasta que finalmente abre los ojos y se incorpora, es hora de ir a casa.

Una mano fría lo acaricia con suavidad, unos labios besan los suyos obligandolo a abrir los ojos, lo primero que observa cuando abre sus ojos es el sol de medio día y a Kiku regalándole una hermosa sonrisa.

-Ohayō ai (buenos días amor)-susurra el japonés plantando un beso en la frente del chino.

-Zâoshang hâo (buenos días amor)-susurra Yao.

Con un suspiro china se incorpora en el futón, o al menos eso trata porque al mínimo movimiento siente sus caderas protestar, cuando finalmente logra quedar sentado con la ayuda de Kiku no puede evitar soltar un sollozo.

-Lo lamento Yao-san-murmura Kiku acariciando la espalda del hombre en un intento de relajarlo.

-No, estoy bien aru-comienza Yao tomando la mano del alpha-estoy feliz, porque finalmente estamos juntos-.

-Ai Shiteru-susurro Kiku besando los labios rojos de su Yao-¿Cuánto tiempo antes de que inicie?-.

-Mmm, me parece que tenemos dos horas antes de que comience mi celo aru-dice Yao sonrojando sus mejillas.

-Bien es tiempo suficiente para que comas-murmura Kiku tomando la bandeja que descansa en el suelo de madera.

Los ojos dorados de Yao se iluminan ante la visión de la comida, ante la visión de fruta fresca, arroz, huevo. Sus ojos observan por primera vez que despertó la habitación del alpha notando, muchos cambios, entre estos está que puede notar, su computadora, su teléfono y varias cajas con lo que juraría es su ropa y zapatos. Todas sus cosas que el día de ayer podría jurar estaban en China.

-Kiku…-susurra Yao llamando la atención del alpha.

-¿Si?-dice Kiku alisando los pliegues de su yukata verde bosque.

-¿Porque están mis cosas aquí aru?-pregunta el omega picando la fruta en su tazón.

-¿Oh?, es la tradición Yao-san, después de todo cuando los omegas se unen naturalmente van a vivir con sus alphas-sentencia Kiku y solo basta que mire un poco esos ojos negros para darse cuenta que la desición no está a discusión-Lo que me recuerda-.

Yao mete un pedazo de sandía picada en su boca observando con curiosidad como el alpha rebusca en su Yukata hasta que finalmente saca un anillo.

Su anillo.

-He cumplido mi promesa Yao-san-susurra Kiku tomando la mano libre de su compañero dejando un beso en su dorso para después deslizar la pieza de joyería en el dedo anular del omega.

Las lágrimas vuelven a rodar por los ojos del castaño, porque después de tantos años, de tantas guerras, de tantas luchas finalmente este anillo ha dejado de pesar.

-No te puedo dar cachorros aru-susurro Yao observando los ojos del alpha.

-Yo tampoco Yao-san-dice Kiku apretando la mano del omega.

-No dejaré de discutir por cosas como las islas Diaoyu, son mías aru-sentencia el omega.

-Yo tampoco Yao-san, se que no cambiarás, yo tampoco cambiaré. Porque te amo tal como eres y se que tú me amas de la misma forma-susurra Kiku dejando un beso en los labios de China, de Yao de su omega.

-Kiku una cosa más-susurra Yao sonriendo a Japón, a Kiku a su alpha.

-¿Que es?-pregunta el alpha.

-Llámame amante, amor, omega llámame como quieras pero no Yao-san es demasiado formal para personas que hicieron lo que tú y yo hicimos anoche-dice Yao ensanchando su sonrisa cuando un rubor llega a las mejillas del japonés.

-Si amor-susurra Kiku plantando otro besos en los labios rojos.

-¡¿Que ustedes que?!-exclama el autoproclamado hero levantándose bruscamente de su asiento.

Todos los ojos, todas las naciones, observaban al par asiático más odiado, al par asiático con más conflictos en la historia sonreír penosamente tomados de la mano.

-¡¿Cómo que unidos?!, me niego, calumnias eso es lo es son-exclama Arthur golpeando con sus manos la mesa.

-¡Pero lo es aru!, estamos unidos desde hace…emm…-balbucea Yao comenzando a contar utilizando los dedos de su mano como ayuda.

-2 meses y medio, que en días es el equivalente a 75 días-murmuro Kiku.

La sala de reuniones quedó en completo silencio, nadie lo había esperado, de un momento a otro ambos llegaron con marcas rojas de unión adornando sus cuellos.

-¡No lo creo! puedes decirlo China, puedes confesarnos que Japón te marco a la fuerza-exclamo el indú Neejara clavando sus ojos en los del chino.

-Oh pero es verdad, Yao-san se ha unido a mí, como mi omega por toda la eternidad-dijo Kiku sonriendo cínicamente.

-¡Pero es que estas loco Yao!¿Cómo pudiste?,¡Después de todo lo que te ha hecho!-exclamo Neejara levantándose de su asiento.

La silla en la que estaba sentado cayó estrepitosamente en el suelo, callando todas los alegatos de las demás naciones, los ojos cafés del hindú observaban con odio al alpha.

¿Cómo pudo?,¿Cómo se había atrevido a tomar lo único que quería, al único ser que anhelaba?. Necesitaba quitar la marca del cuello de su amado, no pensó en nada más su mente se nublo en una bruma roja y antes de notarlo estaba avanzando a paso furioso hacia el omega. Se planto frente de este observando con desagrado como el alpha alzaba una de sus cejas en señal de interés, lo estaba retando a desafiar su dominio.

-¡Oye Neejara!¿Que vas a hacer?-exclamo Francis.

-Nada, no hara nada, ninguno lo hará-dijo Japón levantándose de su asiento, encarando al alpha hindú-¿Es acaso que piensa retar mi dominio?-.

"¡Si!".

La palabra estaba por aflorar de su boca cuando observo a China levantarse de su asiento, sus ojos no pudieron evitar vagar por el cuerpo del hombre, sus largas piernas lucían un pantalón negro ligeramente rasgado, un suéter de rojo de lana caía hasta su cadera, el corte de este caía hasta sus hombros dejando expuesta su mordida, unos tenis negros hacían juego, su cabello castaño caía de manera despreocupada hasta su cadera. Era hermoso, no importaba la época, no importaba la ropa, china siempre había sido hermoso, su belleza y elegancia no había podido ser imitada por ninguno de los niños que acogió como suyos.

Era simplemente único.

-Nadie aquí va a desafiar nada-dijo China y la falta del "aru", les dijo a todos que hablaba muy enserio-Nadie tiene derecho a desafiar nada, porque yo no he dado motivos para que así lo hagan, estoy contento, feliz con mi vínculo, ustedes realmente creen que si yo no hubiese querido ser marcado ¿no estaría luchando?, yo soy China, he vivido más que todos ustedes aquí mocosos impertinentes, soy más fuerte de lo que ustedes jamás podrán llegar a ser, más sabio, más listo, más preparado de lo que ustedes jamás podrán, así que no me vengan con esas estúpidas ideas de querer salvarme, porque yo estoy bien, unido, sano y salvo junto con mi alpha-.

-P…pero Yao, el te hizo tanto daño-murmuro Neejara incrédulo.

-Todos nos hemos hecho daño, no puedo nombrar ni una sola nación que se salve, pero está en uno dejar ir el pasado Neejara-dijo Yao tomando la mano de Kiku-Mi alpha no luchará, no porque no pueda defender su dominio, sino porque yo no quiero, yo no voy a ser apostado como un trofeo, ¡yo soy China!, La gran e imponente China, yo no voy a permitir que me humillen de esa forma, que me rebajen de esa manera ¿ha quedado claro?-.

-Hai(si)-dijo Japon tomando asiento, seguido de Yao.

Neejara se limito a asentir en silencio antes de regresar sus pasos, levantó su silla tomando asiento en esta, ignorando las miradas de pena que le arrojaban las demás naciones, pudo observar de reojo como Arthur mordía sus labios, como Francis clavaba sus ojos fríos en la marca roja del chino.

La junta prosiguió, pero el ambiente tenso nunca se fue y cuando está finalmente termino, tuvo que observar como lo que más amaba, lo que más anhelaba se marchaba con alguien que no era él.

Sus ojos negros observan el cielo de su país en esa noche calurosa, dio una calada a su cigarrillo antes de soltar el humo cargado de nicotina.

No puede dormir, ¿y cómo podría si está tan feliz?. Sus ojos vagan de regreso al futón en donde Yao duerme.

Su Yao.

La junta había resultado mejor de lo que había esperado, su omega defendiendo su vínculo delante de todos, delante de sus antiguos pretendientes, ahora no podrían ni siquiera soñar en quitárselo, china había sido contundente él estaba con Japón por amor.

-Ai Shiteru-susurro Kiku observando la espalda de su amado, observando la cicatriz que dejó hace tantos años, su cabello castaño extenderse por toda la almohada y finalmente observando ese cuello blanco adornado con su marca, para toda la eternidad. No puede dormir, no ha dormido en los últimos dos meses, en algún punto de la noche sus ojos se abren para admirar a su amado.

Para cerciorarse de que no es un sueño, de que es real, de que es suyo. Yao se dará cuenta en el día, siempre nota cuando está cansado por la falta de sueño, lo reprenderá y lo hará dormir la tarde entera.

Sin embargo no puede permitirse eso otra vez, no puede permitirse fallar en su trabajo, no puede permitirse bajar de la cima, no ahora que tiene a alguien a quien proteger, a quien procurar. Apaga su cigarrillo dejando la colilla en el encendedor de cristal, levantándose del tatami para volver a dormir en los brazos de su amado, cuando su teléfono suena desde su almohada rompiendo el silencio de la habitación.

-Mierda-susurra Kiku tomando este prontamente contestando la llamada, pega la bocina a su oído escuchando la voz del americano-Moshi moshi, alfred-san, este no es un buen momento, es demasiado tarde-.

Una vez que observa el nulo movimiento de su amado en el futón se permite soltar un suspiro, al parecer no lo ha levantado.

"I need your help Kiku".