Todo reconocible de Obey Me! es propiedad de sus creadores y la franquicia de Shall we Date? NTT - Dating Sims de NTT Solmare Corporation.
Los personajes originales y algunas cuantas licencias creativas son de mi autoría.
Nota:
Yo ya no sé lo que estoy haciendo, además de procastinar con mis deberes y trabajo...
Ella es mía
Capítulo 1:
De cómo arruinarlo todo antes de empezar
Habían llegado tarde y todo era culpa de Asmo. Sin embargo, cuando encontraron a Lucifer en el recibidor de la casa, lo último que importó fue la hora. El avatar de la lujuria ni siquiera necesitó escuchar el regaño de su hermano mayor para salir corriendo a su habitación, mientras se disculpaba atropelladamente con ella por dejarla en esa situación.
Lucifer estaba cruzado de brazos y tenía el ceño fruncido, pero no era capaz de decirle nada en realidad. Estaba demasiado enojado para hablar. El aura oscura de su magia lo rodeaba y sus ojos brillaban tan rojos el fuego del infierno. MC estaba frente a él, le miraba desafiante, pero se podía notar que estaba nerviosa porque sus manos temblaban. Podía culpar al clima, pero la verdad era que la humana quería salir corriendo de ahí. Lo último que deseaba era una confrontación con él.
—¿Balberith? ¿En serio? —preguntó finalmente Draco, comenzando aquella conversación.
—Es… es atractivo… —balbuceó la chica, desviando la mirada—. Es un ángel caído como tú —añadió en un murmuro, dejándole saber con aquella frase que "había hecho su tarea" al investigar al demonio antes de darle su confianza y salir con él.
—¡No me jodas, MC! —bramó, perdiendo un poco los estribos—. ¿Qué clase de respuesta es esa? —gruñó, todavía más molesto que antes, tomando su forma demoniaca, desplegando las alas con tanta fuerza que los cuadros de la pared temblaron por la corriente de aire.
—Pues Bal es… es guapo y fue el príncipe de los querubines, te siguió y apoyó durante la rebelión contra Dios... tal vez no se volvió uno de los soberanos del infierno, pero es el sumo sacerdote y maestro de las ceremonias, encargado de registrar y asegurarse de que se cumplan los pactos entre demonios y mortales, ¿no? …—comenzó a decir como tonta por culpa de los nervios. No iba a negar lo que había pasado en lo absoluto, pero tampoco quería admitirlo de buenas a primeras. Sentía vergüenza de lo que había hecho y no lo podía explicar. Al principio había parecido una buena idea. Incluso había conseguido la ayuda de Asmo para propiciar la cita, transmitir historias en vivo en Devilgram que llegarían a Lucifer y ponerlo celoso. Lo único que no había esperado era que el otro demonio la sedujera de verdad.
—Me alegra mucho que estés leyendo los malditos libros, ¿me puedes decir quién es el próximo en los tomos para saber con quién te irás a manosear? —le regañó con burla, intentando contenerse lo mejor posible. Decir que estaba enojado era poco. Decir que tenía ganas de ir a buscar a Balberith para desmembrarlo era quedarse corto, pero por el bien del programa de intercambio, de Diavolo y de Devildom se tenía que controlar. Le tomó unos minutos, pero finalmente respiró profundamente, llevándose la mano a la frente como si tuviera un dolor de cabeza—. ¿Por qué él? En serio, ¿tan enojada estabas conmigo para hacerlo con él? —reclamó, cerrando los ojos y apretándose el puente de la nariz.
—¿Enojada? —repitió, parpadeó varias veces como si no creyera lo que acaba de escuchar y arrugó su naricita—. ¡Te acostaste con la bruja Maddi! —chilló de repente y ya lo había dicho, aunque se seguía sintiendo mal por lo que había pasado con Balberith en The Fall aquella noche, la situación no se comparaba con lo que Lucifer había hecho apenas una semana atrás.
La verdad era que una parte de ella lo racionalizaba y entendía. Ella no era su pareja. No había un compromiso real, por mucho que amara al mayor de los hermanos, había pasado todo el tiempo dejándose querer por los siete. Besos, abrazos, caricias, incluso compartir la cama por las noches. Aunque al único que había dejado propasarse íntimamente había sido a Lucifer, este no lo sabía y ella no se lo había dejado saber.
Hasta apenas unas semanas atrás se había plateado la idea de aclarar sus sentimientos por encima de sus caprichos. Sólo entonces había comenzado a hablar con los demás sobre la posibilidad de marcar límites, plantearles la idea de que los quería mucho, pero no de la misma manera en la que amaba a Lucifer. Sin embargo, en eso había aparecido la bruja Maddi. Ya había escuchado de ella antes, sobre todo con la anécdota de cuando Lucifer y Satán la habían tenido que escoltar. Sólo que en esta ocasión, Diavolo pidió exclusivamente que el avatar del orgullo se hiciera cargo de ella como su escolta personal durante sus tres días de visita. Durante ese tiempo, Lucifer prácticamente desapareció y, algo intrigada por las historias que habían contado los hermanos, quiso espiarles.
Tal vez si le hubiera pedido a Diavolo conocer a la bruja se hubiera ahorrado aquel mal trago. Sin embargo, el hecho de que Asmo insistiera en que Maddi era tan hermosa como las súcubos, mientras Satán y Mammon repetían que eran tan malvada como los demonios, la intrigó con una insana curiosidad. Se había escabullido en el castillo con ayuda del Pequeño D No2. Y tras utilizar hechizos básicos para mirar a través de las paredes, dio con la habitación en la que estaba la bruja con Lucifer.
La imagen era dolorosa en varios niveles y lo único que quería era olvidarla. De lo que recordaba, Maddi era tan hermosa como Asmo decía, pelirroja y exuberante. La bruja estaba encima de Lucifer, quien se encontraba en su forma demoniaca. La sostenía de las caderas y embestía hacia arriba, con tanto vigor que Maddi saltaba y gritaba de placer. Lo más hiriente de todo había sido quizá aquella frase de «¡Oh, Lucifer! Sigues siendo tan bueno como el primer día que te conocí».
Por un lado, no estaba del todo sorprendida. Le parecía lógico que Lucifer, siendo quien era, hubiera tenido un sin número de mujeres hermosas a lo largo de su vida, la cual había sido bastante larga. No obstante, se había querido convencer de que, desde que se conocían, él no había estado con nadie más. Se había engañado lo suficiente como para sentirse herida y decepcionada. ¡Tan ingenua!
—Bien, yo lo arruiné primero —admitió el aludido. Apenas había pasado una semana desde su pelea bien justificada y MC tenía toda la razón para estar enojada y resentida con él. Sin embargo, era estúpido negar que había sentimientos fuertes entre los dos. Sentimientos que iban más allá de un contacto físico o sexual. Él había querido dejar enfriar las cosas, explicarle que de alguna manera muy retorcida, aquella había sido una petición directa de Diavolo y que en el fondo sólo había aceptado para que la labor no recayera en alguno de sus hermanos. Tal vez, si la relación entre ellos hubiera sido diferente en ese momento, él habría podido argumentar algo para negarse a las órdenes, pero todo eso daba igual… Aceptaba su culpa, pero no por eso la quería perder—. Pero, Balberith… ¿En serio? —repitió con indignación.
—No sé qué tiene de malo que sea él o cualquier otro, si tú lo haces con cualquiera, yo también puedo —argumentó a su favor.
Hubo un momento de silencio incomodo en el que Lucifer ya no supo cómo rebatir. ¿Qué más podía decirle? Entre más lo pensaba, más estúpido se sentía. Por un lado, su orgullo le decía que no había hecho nada malo, que no tenía por qué disculparse. Era un demonio y jamás le había jurado fidelidad a MC. Además, la humana coqueteaba con sus hermanos tanto como con él, ¿no?
Al principio había querido retarlos, sabiendo que ganaría, para tenerla sólo para él. Mas había hecho un gran esfuerzo para no ser egoísta y compartirla con los otros seis. Y lo había hecho porque MC se veía feliz con ellos también. Feliz de andar paseando con Mammon, jugando videojuegos con Levi, estudiando con Satán, yendo de compras con Asmo, cocinando con Beel y tomando siestas con Belphie. Al mismo tiempo, sus hermanos se comportaban mejor y mejoraban bastante al estar en compañía de MC, ¿por qué arruinar eso? ¿Qué derecho tenía él para tenerla sólo para él?
—Tienes toda la razón —dijo finalmente el demonio y suspiró.
Lucifer seguía furioso, quería que MC le pidiera perdón, que le dijera que se arrepentía y que prometiera que solo iba a estar íntima y emocionalmente con él… y sus hermanos. Ya era suficientemente malo tener que compartirla con ellos, como para que más demonios se añadieran a la lista. Lucifer quería exclusividad, pero no podía pedirla y menos aún después de lo que había pasado.
—Entonces no hay más qué hablar —declaró la humana, retrocediendo varios pasos con lentitud, dando por finalizada esa conversación que no había querido tener desde un principio—. Me voy a la cama. Mañana hay clases y sigo siendo una estudiante más de RAD —dijo como si aquello fuera una excusa y una forma de echarle en cara lo insignificante era en comparación con otras, como la grandiosa bruja Maddi.
Lucifer se quedó en la entrada, escuchando como MC se alejaba y en lugar de seguir sus pasos e ir a su propia habitación, salió de la casa de las lamentaciones. Una parte de él quería irle a gritar a Diavolo, culparlo de toda aquella situación, pero no lo haría. No podía. Tampoco podía ir a desquitarse con Balberith y causar disturbios en Devildom sólo por sus estúpidos celos. Así que hizo lo único que le quedaba por hacer para sacar la ira dentro de él: Ir a destrozar un poco más el Valle de las almas perdidas.
Tomó su forma demoniaca y con toda la rabia que sentía por sí mismo, utilizó sus cuernos para embestir cual toro las piedras del acantilado, dejando huecos de los cuales brotaba una especie de lava negra que producía vapores de color morado al entrar en contacto con el agua verdosa, para luego convertirse en picos de roca. Aquello era venenoso y peligroso por igual. El demonio se intoxicaba y dejaba herir, para luego sólo seguir destrozando todo. Cualquier demonio promedio estaría en sus límites y moribundo, pero él era Lucifer.
Al cabo de unas horas se cansó y resignado a que todavía tenía obligaciones al día siguiente, volvió a casa. Entró volando directamente a su habitación y retomó su forma regular. Estaba herido a más no poder, como si acaba de recibir la paliza de su vida, pero nada grave que no pudiera curar después. Lo que seguía doliendo realmente era lo ocurrido con MC.
—¡Tsh! ¡Por fin volviste! —gritó Mammon, entrando a la habitación sin pedir permiso—. ¿Qué pasa contigo? Nunca llegas así, ¿y a dónde fuiste? Pensé que pondrías a Asmo en su lugar por no cuidar de MC —empezó a quejarse, siendo que él había sido el que había visto aquellas historias en Devilgram de MC con Balberith en la cuenta de Asmo y le había avisado a sus hermanos—. ¿Lucifer? —preguntó consternado y sorprendido al notar el estado en el que estaba su hermano mayor—. ¡¿Qué te pasó?! ¡No me digas que fuiste a romperle la cara a Balberith! ¡Me hubieras llevado contigo! —gritó exaltado, recibiendo una mirada asesina.
—No fue así y no tengo por qué dar explicaciones. Largo de aquí —ordenó y ni siquiera se esperó a recibir respuesta, sino que utilizó su poder para sacar a Mammon de ahí, arrojándolo fuera de la habitación y sellando la puerta con magia para que nadie más se atreviera a entrar. Escuchó los insultos y quejas de su hermano menor afuera, pero poco le importó. Tomó un baño, se curó y se dispuso a dormir unas cuantas horas. Fuera lo que fuera, no podía darse el lujo de seguir sintiéndose mal.
Notas finales:
En fin, si alguien se entretuvo ya fue ganancia. Tengo la continuación, final, semi escrita, pero decidí cortarlo aquí y publicar porque ¿por qué no?
¡Gracias por leer!
