DGM no me pertenece.

Deudas

Allen Walker veía fijamente a Road Kamelot, quien disfrutaba de una dulce paleta. No la entendía, nunca lo había hecho, pero ahora menos.

—¿Deudas? ¿Y qué deudas se supone que tengo contigo? ¿No ves que al fin me acabo de librar hasta del último centavo de deuda que mi maestro me dejó y ahora me vienes a decir que tengo que pagarte las deudas que te debo? ¿Es broma o qué? ¡No te debo ni una guinea!

Road reía divertida al verlo volverse loco solo al decir la palabra deuda.

—Allen, serás tonto, yo no me refería a una deuda monetaria. Yo me refiero a que tienes una gran deuda que pagarme por todo lo que he hecho por ti.

El chico se quedó en silencio meditando las veces en las que Road le había ayudado.

—Entonces, ¿esa es la deuda de la qué hablas? ¿Quieres que te pague esas deudas? ¿Cómo? Prometo pagarte todas y cada una de ellas.

Allen enseguida se arrepintió de haber dicho eso. Se estaba metiendo en la boca del lobo y él era Caperucita. Road ensanchó su sonrisa y Allen sintió escalofríos en su espalda. Road comenzó a andar gatunamente hacia Allen sin perder de vista a su presa. En verdad parecía un gato a punto de atacar y eso que no tenía la habilidad de transformarse como Lulubell. El joven intentó huir, la mirada de Road era demasiada intensa y no podía soportarla, pero al hacerlo no se percató de un obstáculo y cayó sentado en la cama. Road aprovechó la situación y con un ligero salto, brincó a sus piernas y enrolló sus brazos en el níveo cuello de Allen.

El chico sentía que su cara ardía. Aún no se acostumbraba a la cercanía de Road y menos cuando se ponía apasionada y eso era seguido. Road se acercó lentamente a su rostro hasta quedar a centímetros de sus labios, pero sin dejar de mirarlo a los ojos.

—¿Cuál crees que sea la manera correcta para que me pagues, Allen? —le susurró.

Allen podía sentir su aliento sobre su piel, sabía que si Road hacía un movimiento más perdería todo el autocontrol que había estado guardando todo ese tiempo. Y como supuso, Road no se quedó quieta y tomó su boca ferozmente, utilizó tal fuerza que lo hizo caer en la cama. Sintió perfectamente como una lengua intrusa entraba en su boca y exploraba el lugar, también sintió que Road desabrochaba uno a uno los botones de su camisa y le acariciaba el dorso con ahínco. Solo se separaron por falta de aire.

—En realidad, las deudas son solo una excusa, ¿verdad? —le preguntó mientras recuperaba el aliento.

—¿Y qué querías que hiciera? ¿Esperar a nuestra noche de bodas? ¡Ni siquiera me lo has propuesto!

Road siempre iba un paso delante de él, Allen tenía planeado pedirle matrimonio pronto, esa noche incluso si encontraba el momento adecuado, pero ¿acaso eso importaba ahora? No precisamente, ya que el matrimonio era también una excusa que él necesitaba para su amabilidad, para tener un pretexto de hacerla suya en cuerpo y alma. Aunque también sabía que era muy probable que lo hiciera con ella, la misma noche que se lo propusiera.

Pero, ahí estaba ella haciendo las cosas al revés y no es que lo molestara, para nada lo hacía, pero Road siempre arruinaba sus planes de esa manera.

Dicha chica intentó nuevamente adueñarse de su boca, pero Allen invirtió los papeles con un ágil movimiento, tomándola por sorpresa y dejándola bajo de él. Con una mano la sostuvo de ambas muñecas poniéndolas sobre su cabeza y la otra mano, viajaba lentamente en su pierna, ya que, al darle la vuelta de esa manera, su falda se había levantado un poco. Y mientras tanto, fue su turno de poseer su boca.

—Sabes—le dijo volviendo a recuperar el aliento perdido, con ese nuevo beso—, odio las deudas monetarias, pero este tipo de deudas no me importa pagarlas, pero ¿aceptas pagos chiquitos?

—Pero subirán los intereses.

—No importa, los pagaré también.

La chica rio.

—De esta manera no me importa estar endeudado contigo el resto de mi vida, Road.

—Y, créeme que al paso que vas, siempre lo estarás, Allen.

Ahora fue Allen quien rio.

—Pero, arruinaste mis planes.

—¿Eh? —preguntó Road, perdida en los besos húmedos que ahora le daba en el cuello.

—Ya no importa, te lo diré después.

No pudieron seguir hablando, mejor se dedicaron a disfrutar de aquella noche.