Día 5: Gotheren y Normiekasa/Secundaria AU

- Eh, tú, rarito -con pereza, Eren levantó la vista del libro que estaba leyendo. Mikasa estaba frente a él y aunque se veía tan alta e imponente como siempre parecía avergonzada de tener que hablarle a pesar de que estaban solos en el aula-. Necesito que me hagas un favor -pronunció la última frase con un murmullo, incapaz de mirarle a los ojos.

¿Mikasa Ackerman? ¿Pidiéndole un favor a él? Eren se sacó la piruleta que tenía en la boca antes de responderle, pero no alteró en nada su postura. Estaba echado en la silla del pupitre, con los pies estirados sobre la mesa.

- Si necesitas que haga algo por ti podrías empezar por no llamarme "rarito", digo yo -se volvió a meter la piruleta en la boca, con la vista fija en su compañera de clase. Tiempo atrás Mikasa y él habían sido inseparables pero aquello parecía casi otra vida comparada con la relación que habían tenido los últimos siete años.

Mikasa le atravesó con la mirada. Tenía los ojos intensamente grises, tan oscuros que parecían negros, como su pelo liso. Llevaba puesta una diadema roja, una falda escocesa también roja, una blusa blanca y un chaleco de lana negro y rojo con el emblema del internado en el pecho. Los calcetines blancos le llegaban hasta las rodillas y los zapatos eran unos mocasines negros con tacón. A pesar de ser alta, a Mikasa le gustaba usarlos. Ella era una princesa de luz, y Eren era su opuesto.

Él también tenía que usar el uniforme del internado, que eran unos pantalones igual que la falda de la chica, una camisa blanca y el chaleco (que Eren se negaba a ponerse) podía ser intercambiado por una americana así que eso era lo que llevaba. La chaqueta y la camisa las llevaba remangadas hasta los codos, fuese invierno o verano, botas con chapa, uñas pintadas de negro, los dedos y las muñecas llenos de anillos de plata y pulseras de cuero, un choker negro en el cuello y los ojos delineados con lápiz negro.

Tras sopesarlo un segundo, Mikasa cogió una de las sillas y se sentó frente a Eren, plisando su falda con estilo.

- Eren, tú y yo no somos exactamente amigos... -esa frase le había dolido más que cualquier apodo o mal comentario. Eren aún conservaba un muñeco de él que Mikasa le había hecho a mano a los diez años. El último regalo que ella le había hecho.

- ¿Ah, no? -murmuró con la piruleta metida en la boca.

Mikasa frunció los labios antes de continuar:

- No te lo pediría si no estuviera realmente desesperada -Eren mantuvo la boca cerrada, mordisqueando el palillo de la piruleta entre los dientes y los brazos cruzados sobre su pecho-. Jean y yo hemos roto -Eren enarcó una ceja, no era una noticia nueva, se había enterado hacía un mes de eso-; pero él aún quiere volver conmigo -continuó-, y por eso mismo me está... -hizo una incómoda pausa- digamos que tiene algo mío, algo comprometedor.

- Comprometedor, ¿cómo? -insistió.

- Comprometedor, no te incumbe saber más -contestó cortante.

- No serás nudes y fotos guarras tuyas, ¿verdad? -Mikasa no contestó, en cambio desvió la mirada a otro lado.

A Eren se le cayó el palo de la piruleta que se estaba comiendo cuando abrió la boca por la impresión.

- Vamos, no me jodas, -cambió enseguida de postura, bajó los pies de la mesa y se inclinó hacia ella- Mikasa -siseó su nombre con indignación-. Pero, ¿Cómo se te ocurre? ¿Es que estás tonta o qué? -masculló.

Mikasa le atravesó con la mirada de tal manera que Eren supo que se había pasado. Si cualquier otra chica hubiese acudido a él contándole ese problema, él lo último que hubiera hecho habría sido juzgarla como lo estaba haciendo con ella en ese momento. Pero es que no podía evitarlo. Estaba enfadado.

- Lo siento -murmuró, y se sentó de manera correcta en la silla.

- Aceptaré que me llames puta mientras prometas ayudarme y guardar el secreto.

Eren giró la cabeza con brusquedad hacia Mikasa. Aquello sí que le había dolido, más que el que no lo considerase su amigo, más que el que lo llamase friki, vampiro o rarito. Más que echarla de menos. ¿Quién coño se habría atrevido a llamarla así nunca? Eren no era violento pero hubiera matado al que fuese en aquel momento si se enteraba.

- Oye, si no vas a ayudarme...

Eren se levantó de su asiento antes de que ella terminase la frase y comenzó a guardar todas sus cosas en la mochila. Mikasa tomó aire por la boca, tratando de no llorar, Eren era su última esperanza pero si no iba a ayudarla tampoco, pues...

- Invítame a comer -le contestó Eren. Mikasa alzó la vista para mirarle, tenía los ojos profundamente verdes y enmarcados con lápiz negro-. Algún pago tendrás que darme por mis servicios, ¿no? -Mikasa parpadeó, ¿iba a ayudarla?-. Cómprame una empanada, de verduras o de lentejas, de atún si no tienen, estoy dejando la carne -se echó la mochila al hombro- Te espero en el jardín de las estatuas, ahí nunca viene nadie.

Mikasa le miró salir del aula, aún quedaban dos clases más pero parecía que Eren se iba ya. Iba a ayudarla... no podía creérselo, iba a ayudarla. Mikasa ya no pudo contenerse más y rompió a llorar. Estaba segura de que la iba a mandar a la mierda, en cambio... iba a ayudarla.

No podía creérselo. Eren siempre había sido una gran persona.

Eren estaba en el jardín de las estatuas, frente a la estatua de los nenúfares. Estaba intentando dibujar en vivo una réplica de la estatua de una ninfa en el lago. Era bueno encuadrando, aunque tenía que seguir practicando las formas. Mikasa le lanzó una bolsa de papel con tres empanadas, una de cada una de las cuales le había pedido.

- Tu pago, rarito.

- ¿Piensas que comenzaré a caerte bien de nuevo si me llamas por mi nombre? -Eren abrió la bolsa y sacó la empanada de lentejas primero, la partió por la mitad y le ofreció la otra mitad a la chica, la cual rechazó el ofrecimiento con cara de asco.

- Eres un friki -le contestó.

- Y tu una amargada -contratacó, dándole un bocado a la empanada.

Mikasa le atravesó con la mirada pero no dijo nada.

A Mikasa le fastidiaba admitirlo; Eren le parecía jodidamente guapo a la luz, incluso con esas pintas... no, especialmente con esas pintas. Tenía el pelo castaño liso, la piel morena, los ojos grandes y bien delineados, las facciones finas y dulces a pesar de ser un chico. Sus dedos también eran largos, y habilidosos por la forma en que sostenía la empanada con el índice y el corazón en la mano izquierda y con la derecha sacaba el portátil de la mochila y lo encendía.

Abrió el buscador y se metió a un servidor que Mikasa no conocía, todo lo tecleó con una sola mano mientras con la otra comía. En cuestión de segundos unas letras verdes con varios espacios aparecieron en la pantalla. Mikasa se había quedado a cuadros. Sabía que Eren era bueno con la informática, pero es que la había sorprendido.

- Escribe el correo del cara caballo de tu novio -le pasó el portátil.

- No es mi novio -le corrigió y le arrebató el portátil de un tirón

- Lo que tu digas, Grumpy Cat -terminó de comerse la empanada y continuó con la de verduras.

- Era la primera vez que lo hacía -murmuró mientras intentaba dejar de temblar y escribir el maldito correo-.

- No te lo he preguntado -contestó Eren con indiferencia, mientras se lamía la salsa del pulgar-. No me mires así, -los ojos almendrados de Mikasa eran una fina línea- oye que no te estoy juzgando, ya está, cometiste un error. El amor nos vuelve estúpidos.

Mikasa evitó decir nada más. Le dio el portátil de un empujón mientras le seguía atravesando con la mirada. Eren suspiró, y cogió el ordenador. Habría ayudado a cualquier chica que se lo hubiera pedido si le venía con esa situación, pero cuando Mikasa le habló de frente después de tanto tiempo, el corazón le dio un vuelco muy fuerte, no podía negarlo, no tenía sentido.

- Esto... -murmuró-, no puedo entrar. Es un correo del internado, tiene cortafuegos.

- Estarás de coña, -la voz de Mikasa fue acero puro-. ¡Menudo inútil! -suspiró.

- Oye, tampoco te pases insultándome, que no soy Lisbeth Salander.

- Pues cualquiera lo diría con las pintas que tienes -gimoteó, mientras se revolvía el pelo negro y lacio y se escondía la cara entre las manos.

Eren no pudo evitar una sonrisa pequeñita porque había pillado la referencia a Salander. Aunque no le gustaba verla sufrir así, y no era mentira que no podía colarse en el servidor del internado, sólo sabía un par de truquillos de informática pero no era experto.

- Oye, Mikasa...

- Déjalo, Eren -le interrumpió- te agradezco el intento igualmente.

Mikasa se levantó para irse y Eren no tardó en guardar el portátil e ir detrás de ella.

- ¡Mikasa, espera!

- Eren ya te he dicho que no, -contestó tajante- no voy a dejar que vayas tú solo y me veas desnuda por muy gay que seas.

Eren se atragantó con el mordisco de la manzana verde que se estaba comiendo. Él y Mikasa habían pasado la tarde entera juntos escondidos en el jardín, como cuando eran pequeños. Eren tenía una idea para entrar al cuarto de Jean, abrirle el portátil y borrar todas las fotos que él tuviera de Mikasa.

- Espera ¿qué? -consiguió decir después de estar tosiendo un rato- ¿crees que soy gay? pero... ¿por qué?

- ¿No lo eres? -inquirió con una sonrisa traviesa.

- No -contestó él, tajante-. ¿Qué te hace pensar que lo soy?

Mikasa se encogió de hombros, intentando no reírse.

- Llevas más lápiz de ojos que yo -contestó aún conteniendo la risa.

- ¿Y eso qué tiene que ver? -se señaló a si mismo-, todo esto es tendencia.

- Sí -respondió, mirándole de arriba a abajo- tendencia a la gilipollez.

- ¿A que te ayudas tu solita, guapa? -la amenazó.

Mikasa le atravesó con la mirada, no toleraba bien las amenazas pero debía de claudicar y admitir que se estaba pasando con él. Eren estaba tratando de ayudarla, estaba siendo muy amable con ella de hecho, lo mínimo que podía hacer era tratarle con educación.

Él estaba sentado contra el tronco del árbol que les daba sombra sobre la manta rosa. Se había quitado las botas y los calcetines igual que ella sus mocasines. Era como haber retrocedido en el tiempo, cuando las apariencias no importaban y Eren jugaba a las muñecas con ella por tal de hacerla feliz o veían anime juntos en la televisión cada tarde como a él le gustaba hacer.

- Bueno, si no eres gay peor me lo pones. No pienso dejar que me veas desnuda y te comiences a pajear con mi imagen.

Eren volvió a atragantarse con el pedazo de manzana verde que se estaba comiendo, esta vez tuvo que incorporarse del árbol porque se estaba poniendo más rojo que un tomate.

- ¿Qué? -tosió de nuevo- no pienso pajearme con nada tuyo pero qué... cochina que eres, dios mío -el color subió enseguida a las mejillas de Eren. No podía asegurar si por vergüenza o porque se había atragantado pero Mikasa disfrutó de esa imagen.

Desde que eran pequeños había sido bastante tímido, eso lo recordaba bien.

- Ya es la segunda vez que te atragantas, ¿no crees que esa manzana está demasiado ácida para ti?.

El tono de Mikasa era burlón pero Eren lo supo encajar bien. Dio otro mordisco a la manzana, esta vez más grande que el anterior, y masticó pausadamente sin dejar de mirarla a ella, como si fuera la cosa más interesante del mundo.

- Es que me va lo ácido, se ve -contestó enarcándole una ceja.

Mikasa le dedicó una pequeña sonrisa de suficiencia sin embargo cambió de posición a una más formal, con una pierna apretada y cruzada sobre la otra y desvió la mirada hacia el resto del jardín. Estaban tumbados debajo de la sombra de un árbol, sobre una manta rosa. Hacía años que Mikasa no hacía nada parecido. Antes lo hacía siempre con Eren, pero cuando comenzó a crecer su madre comenzó a insistirle en que no podía estar tanto al sol pues su piel era demasiado pálida y delicada como para exponerla, se le estropearía, tendría envejecimiento prematuro, le saldrían incluso pecas. Un horror.

A Eren el sol parecía no importarle, el sol parecía adorarle de hecho, siempre tenía la piel dorada, incluso en invierno.

- Entonces -el chico rompió el silencio y Mikasa giró la cabeza para mirarle, tenía las piernas cruzadas y estaba apoyando sobre las palmas de sus manos hacia atrás- ¿qué piensas hacer?.

Finalmente y tras insistir dos días seguidos, Eren había logrado que Mikasa confiase en su plan de entrar al cuarto de Jean y borrar las pruebas directamente desde ordenador de su ex. Él prefería hacerlo solo pero ya ella le había advertido por activa y por pasiva que eso no pasaría y Eren la creía.

Fijaron la noche en que entrarían al cuarto de Jean en la noche de los fuegos, cuando todos estuvieran reunidos en el patio, en torno a las fogatas y tirando sus deseos para quemarlos en la noche del solsticio de primavera, Eren y Mikasa estarían en su misión secreta.

La habitación de Jean era la 104 un número simple como el mismo ocupante. Las cerraduras eran muy fáciles de abrir con ganzúas de principiante, nadie esperaba que en un internado tan pijo alguien fuese a robar o a saberse saltar una cerradura. Eren sabía, más o menos. Mikasa le metía demasiada prisa y se ponía nervioso.

- Vamos, Lisbeth -Mikasa le daba pequeñas palmadas en la cintura a Eren para apresurarle, no estaba funcionando.

- Dame un momento, no me pongas más nervioso -finalmente la cerradura cedió y ambos pudieron respirar-, ¿has visto, Mikael? -Mikasa le empujó hacia adentro en respuesta mientras Eren se quejaba de la sensibilidad de su cuerpo y la necesidad de que ella lo tratase con cariñito.

La habitación de Jean estaba algo desordenada, libros por el escritorio, ropa por el suelo, la cama al menos estaba hecha y porque el servicio de limpieza iba incluido en la cuota que pagaban sus padres al internado. El portátil estaba sobre el escritorio, abierto.

- Tendrá contraseña -le advirtió Mikasa cuando Eren se sentó a la silla y encendió el ordenador.

- ¿Qué va a tener el cara de caballo ese? -siseó y tecleó 1-2-3-4. No era esa-: Mierda -rumió.

- Te lo dije. Jean es gilipollas no tonto.

Eren frunció los labios pero no dijo nada. Se hubiera jugado el riñón derecho a que era esa, probó de nuevo esta vez con el mismo código pero al revés y... bingo. Eren sonrió con suficiencia, si es que muy complicado tampoco podía ser tratándose de Jean, que bien podía ser de los primeros de la clase pero eso no te hacía ser especialmente avispado.

Mikasa puso los ojos en blanco y le arrebató el portátil.

- Sigo sin querer que me veas desnuda -objetó.

Eren alzó las manos mientras ella le hacía a un lado con un movimiento de cadera y abría todas las carpetas inclinada sobre el teclado del portátil. La imagen de Mikasa, inclinada y sacando culo hacia atrás estaba poniendo un poquito nervioso a Eren, así que le cedió la silla para que se sentase y él se sentó en la cama, que daba con los pies justo delante del escritorio.

La habitación de Jean era como la suya propia, pero en paralelo. La ventana de Jean estaba a la izquierda, la de Eren a la derecha y así toda la distribución, estaba todo como espejado. A su lado derecho estaba la mesita de noche, Eren sintió el impulso de abrirla pero se arrepintió, tenía la sensación de que encontraría condones y lubricante. Menudo asco le entró de repente.

- Aquí no hay nada -siseó Mikasa, frustrada.

Eren se mordió los labios, pensativo. Al entrar se había dado cuenta de que junto al escritorio había un zapatero y justo encima de ese zapatero, estaba el aire acondicionado. No podía ser tan rematadamente tonto... ¿verdad?

Por probar no perdía nada. Se subió al zapatero y alzó la mano por encima del aparato de aire acondicionado.

- ¿Pero qué haces, Eren? -siseó- baja de ahí que vas a dejar huellas.

Pues efectivamente, Jean podía llegar a ser así de simple, incluso estando de los primeros a nivel académico de la clase. Tras bajar Eren del zapatero lo hizo con un mini disco duro multimedia de almacenamiento, clablecito incluido.

- Me juego un riñón a que las tiene aquí -la sonrisa de Mikasa le iluminó la cara, incluso hizo ademán de abrazarle.

Lógicamente el abrazo no sucedió, eso hubiera sido pedir demasiado. Tampoco es que Eren esperase agradecimiento o afectividad de su parte, Mikasa no le debía nada y él no hacía aquello esperando nada a cambio. Lo hacía primero porque ayudar a alguien en la situación de Mikasa era lo correcto y después porque... le era imposible no ayudar a su querida amiga de la infancia aunque ya no fuesen más amigos.

Se volvió a sentar en la cama, desde hacía un rato tenía la sensación de que la habitación de Jean olía raro... estaba deseando largarse de allí aunque esa fuese a ser la última vez que Mikasa le hablase. Había estado bien volver a juntarse con ella esos dos días, seguía habiendo esa química entre ellos aunque su morenita lo negase.

Se sacó un chupachups del bolsillo y se lo llevó a la boca cuando escuchó un sollozo de Mikasa, se levantó corriendo para ir a ver qué le pasaba.

- Mikasa, ¿qué...? -pero no hizo falta que ella le respondiera porque lo estaba viendo él mismo en la pantalla del ordenador.

Lo que Jean tenía en el portátil no eran sólo fotos de Mikasa, sino también vídeos de ella con él en la cama y no era la única que salía en las miniaturas, tenía vídeos con casi todas las chicas del internado. A Eren se le revolvió el estómago, ¿cómo se podía ser tan cerdo de tratar así a las mujeres? Eren borró todas las fotos y vídeos pulsando dos botones del teclado pero Mikasa seguía llorando.

- ¡No los borres! -le gritó, agarrándole por la pechera de la camisa-, recupéralos, -siseó, aún tenía marcas de lágrimas en los ojos pero más parecía en ese momento que fuese a matar a alguien de manera lenta y dolorosa que no a derrumbarse y hacerse bolita en el suelo con el corazón roto- quiero ver con cuántas más se ha acostado además de conmigo, quiero ver... -masculló, estaba temblando de puro coraje.

Eren la agarró con fuerza por las manos que agarraban a su vez la pechera de su camisa, mirándola a los ojos, no se apartó de ella, tampoco alejó sus manos de él.

La ira en los ojos de Mikasa pareció disminuir, pero no soltó a Eren de la camisa, ni él hizo ademán de intentar que ella le soltase. Tras unos segundos Eren aflojó el agarre y comenzó a deslizar sus manos por las muñecas de Mikasa, siguió por los brazos hasta los hombros. Mikasa tenía los brazos tensos, fuertes, y seguía sin soltarle.

- Mikasa -murmuró y entonces ella le colocó la frente sobre su clavícula.

Eren quedó completamente rígido, no sabía cómo debía de actuar en ese momento, ¿estaba bien si la abrazaba?. Le colocó una mano en la cabeza y otra en la espalda. Mikasa no se alejó de él, notó su pelo en la mejilla, olía a almendras. Estaban tan cerca que respiraban el mismo aire, ella susurró su nombre, despacio, como si acariciase cada letra con la lengua. Recordó el rostro de la Mikasa niña riendo, poniéndole flores en el pelo y llamándole príncipe de las flores. Eren hizo ademán de decir algo pero calló enseguida cuando escucharon voces en el pasillo, la voz de Jean concretamente.

- Mierda -masculló.

Mikasa reaccionó en una fracción de segundos, aún tenía agarrado a Eren por el cuello de la camisa y tirando de ahí lo empujó y lo tiró a un costado de la cama. Eren se dio un golpe en el hombro con la mesilla, pero se aguantó el grito de dolor mientras Mikasa lo pateaba para que se metiese debajo de la cama. Ya se había hecho un plan preconcebido de lo que la chica pensaba hacer y si no fuera porque corría el riesgo de que lo expulsasen...

- Hazme hueco, imbécil -rumió la chica, mientras se arrastraba por el suelo junto a él.

Eren no entendía lo que estaba pasando, Mikasa se iba a meter con él debajo de la cama, pero... él ya había creído que su papel sería meterse debajo de la cama mientras ella distraía a Jean y... pero eso no pasó.

En la cama no cabían los dos si no se pegaban demasiado, por lo que Mikasa tuvo que acoplarse al cuerpo de Eren por completo, le tapó la boca con la mano y entrecruzó las piernas con las del chico. Eren tenía el muslo izquierdo de Mikasa en la cadera y el derecho entre las piernas.

Se quería morir allí mismo, Mikasa tenía el interior de los muslos muy cálidos. Aún tapándole la boca, Mikasa se pegó más a él. Eren le rodeó los hombros y la abrazó, notó sus pechos al abrazarla, su olor se intensificaba. Notó su aliento jadeante en la cara, seguía colorada y el corazón le iba a mil por hora. A él también, no lo iba a negar y no solo por la adrenalina de haber corrido así.

Jean entró tres segundos después, arrastrando los pies y con una risa melodiosa que le resultaba familiar a Eren. La risa era de Pieck Finger de la clase B.

- Venga, pasa -por la voz de Jean se veía que estaba sonriendo, encendió la luz de la mesita de noche que era de color naranja. A gusto de Eren eso sólo le daba un ambiente aún más putero a la habitación.

Mikasa se tensó de repente entre sus brazos. Aún tenía restos de lágrimas y el rímel algo corrido. Sin poder evitarlo Eren le enjugó una lágrima de la mejilla para sorpresa de él, ella no le rechazó ni le apartó la mano de hecho aún le tapaba la boca con la suya.

- ¿Te gusta jugar duro, Kirschtein? -ronroneó Pieck y entonces ambos chicos notaron cómo la cama que tenían encima cedió bajo el peso de Jean y Pieck, oprimiéndoles aún más.

Eren no podía creerse que fuese a oír en primicia cómo Jean se follaba a Pieck de la clase B en su puñetera cama, es que no podía creérselo, estaba ojiplático del horror. Mikasa en cambio no había mostrado ninguna otra reacción que no fuese una fría y helada calma asesina. Seguía tampándole la boca a Eren con la mano, este intentó zafarse de ella pero tampoco quería moverse demasiado. Únicamente le quedaba respirar y rezar para que todo pasase pronto, porque como tuvieran que pasar la noche ahí...

Quizás Jean se quedaría dormido nada más terminar, o terminarían y se irían. Eren no tenía muy claro cómo iban esas cosas de quedarse a dormir después de echar un polvo, él nunca lo había hecho.

Mikasa se removió un poco, apegándose más a él. La falda se le había subido demasiado, tenía los muslos expuestos, y le pegaba la entrepierna contra el suyo, el centro del cuerpo de Mikasa desprendía un calor agradable y delicioso, estaba como húmedo ahí abajo. Quizás por el roce de los muslos al tenerlos Mikasa tan juntos al andar, o porque las chicas siempre eran cálidas y húmedas en su zona íntima por naturaleza. Decían que tenían un olor diferente al de un hombre, más suave, más salado, no olían como el semen al eyacular y era mucho más cálido y suave. Seguramente la sensación era muy dulce, cuando una chica te tocaba, te besaba, te recibía dentro de ella, envolvía sus piernas en tus caderas y te decía que te quería y que le gustabas tal y como eras... Seguramente Mikasa era así en la cama, la conocía bien, podía llegar a ser terriblemente dulce cuando quería y su olor, comenzaba a tener su olor pegado en todas partes. Y no precisamente el de su piel.

Eren no pudo evitar un cosquilleo en la parte baja del vientre, no podía ser, que se le estaba despertando... Si es que ¿Cómo se le ocurría? Era un cerdo, en la situación en la que estaban y él pensando en tener a su amiga debajo de él.

Piensa en Jean se dijo, sí, eso es: seguro que Jean era un eyaculador precoz, duraría dos minutos con Pieck, a lo mejor incluso le daba un gatillazo... Eso sería buenísimo, a su edad y con problemas en ese ámbito, ya le jodería a él.

Eren no pudo evitar una risilla de pensarlo, Mikasa le atravesó con la mirada en ese momento y justo al reajustar un poco la postura notó la erección de Eren. El chico se dio cuenta de que ella se había dado cuenta por la cara de horror que puso y porque le dio un manotazo en el pecho mientras gesticulaba insultos que iban desde pedazo de puerco a cerdo pervertido y pasando obseso del sexo.

Eren intentó controlar a Mikasa, explicándole que no era lo que parecía pero sin poder hacer ambos el más mínimo ruido, pues era complicado. Finalmente Eren optó por abrazarse a Mikasa como antes, ella al principio se revolvió hasta que quedó debajo de él y ahí dejó de hacerlo. Eren se apartó un poco, asustado pues posiblemente le había hecho daño, al intentar incorporarse se dio contra el somier de la cama, seguía muy pegado a Mikasa, demasiado. Mikasa había abierto las piernas de par en par, tenía las rodillas flexionadas hacia arriba y casualmente, él estaba en medio. Se habían dado la vuelta y él había quedado encima. ¿Desde cuándo era ella tan flexible? El primer botón de la blusa se le había desabrochado en el forcejeo, pero la diadema roja seguía en su sitio. Mikasa le miraba con los labios entreabiertos, estaba tan, pero tan sexy así... dios, era un cerdo.

Intentó apartarse de encima de ella, rodar como pudiera pero Mikasa se lo impidió interponiéndole la pierna. Luego le cogió la cara y le hizo inclinarse hasta que juntaron sus bocas. Un beso. Eren recordaba haber besado antes a alguna chica pero... Mikasa le había agarrado el labio inferior, Eren no supo qué hacer, simplemente abrió la boca y dejó que la lengua de Mikasa chocase con la suya. Las manos de su amiga comenzaron a bajarle por el pecho, notó las yemas de sus dedos en los pezones por encima de la camisa, hasta que sus suaves y delicadas manos le tocaron en la entrepierna. La erección ya le había desaparecido, por suerte, sin embargo eso a Mikasa no pareció agradarle. Frunció los labios y apartó las manos de él, como si de repente le diese asco.

A Eren el mundo se le cayó a los pies en ese momento.

- Se han ido -murmuró Mikasa. Eren ni siquiera se había dado cuenta de que estaban solos en la habitación de Jean.

¿Tanto tiempo había pasado? ¿Habían llegado a hacerlo Jean y Pieck? No se había enterado de nada, había estado tan perdido en su fantasía que ni idea tenía. Mikasa se escabulló por el lado contrario al que habían entrado y salió de debajo de la cama, Eren rodó como pudo para seguirla mientras la llamaba por su nombre en los pasillos. La siguió hasta su dormitorio, en el ala de las chicas, donde se suponía que los chicos no podían entrar.

- Mikasa, por favor -suplicó Eren, intentando hacer que no le cerrase la puerta del cuarto en las narices.

- Eren, déjame en paz que ya bastante he hecho el ridículo por esta noche, ¿quieres?

- Pero, ¿Qué dices de ridículo, mujer? -murmuró, con el pie en la puerta para que ella no la cerrase-. Oye, te prometo, te juro que no te voy a tocar ni un pelo, -susurró-. Yo... sólo quiero no perderte más. Eres mi amiga -continuó- desde que éramos pequeños eras mi mejor amiga y estos días que hemos pasado juntos, me he dado cuenta de que sigues siéndolo. Aunque yo sea un cerdo que se excita cuando te tiene cerca, es que no he podido evitarlo pero te juro que yo jamás...

Antes de que Eren pudiese completar la frase, Mikasa abrió la puerta y le miró con el ceño fruncido.

- Entonces, ¿antes no estabas cachondo por Jean?

- ¿Qué? -preguntó escandalizado-, pero si es pensar en él y se me cae el rabo a cachos, o sea... -imitó una arcada que hizo reír a Mikasa, una risa seria, quizás incluso poco sonora-. ¿Es que sigues pensando que me van los hombres o qué? -entró dentro del cuarto de Mikasa y cerró la puerta.

Los músculos de Mikasa parecieron contraerse, mas no dijo nada. Eren no se acercó a ella, prefería mantener las distancias.

- Yo... -comenzó-, antes tú -continuó, sin saber bien qué decir-. Es que antes me has pegado la entrepierna contra el muslo -sinceridad ante todo, otro camino no le quedaba- y estabas muy caliente, o sea tu cuerpo lo estaba y tu estabas tan cerca y me tocabas, me abrazabas, me he puesto a pensar en cosas y... -ni él mismo sabía cómo había acabado así.

- ¿Te has puesto así porque era yo o porque era una mujer y tú un hombre que dice que no es gay? -Eren abrió la boca para contestar pero antes de que pudiera decir nada Mikasa continuó-; ¿quieres hacerlo conmigo? o sea, ¿me deseas? -inquirió.

Eren suspiró, frustrado.

- No lo sé, Mikasa, yo... Sí -admitió-, pero es que te quiero, Mikasa, te quiero un montón y...

Mikasa no le dio oportunidad de terminar la frase, se acercó a él, le rodeó el cuello con los brazos y volvió a besarle. Eren no titubeó ni dudó, envolvió la cabeza y la cintura de su amiga y correspondió al beso, esta vez quería creer que tuvo menos torpeza al hacerlo.

El proceso fue más o menos el mismo que antes pero sabiendo lo que se iba a esperar: la lengua de Mikasa, sus labios dominantes, dejó que le quitase la chaqueta de un tirón y también la camisa, de desabrochó el pantalón y justo cuando se lo iba a bajar todo de un tirón, Eren la detuvo.

- Espera, Mikasa -murmuró contra sus labios-, vas muy rápido. Yo nunca he hecho esto antes y quiero... disfrutarlo.

- Lo siento -suspiró contra su barbilla-, es que estoy muy nerviosa.

Eren negó con la cabeza, negándose a que se disculpara y le dio un beso en la frente. Mikasa cerró los ojos y le pidió a Eren que se sentase en la cama, él obedeció. Mikasa aún estaba completamente vestida, así que comenzó por quitarse el jersey delante de Eren, lo dejó doblado sobre el respaldo de la silla de su escritorio y continuó con la falda. Desabrochó un botón y uno de los pliegues cayó, luego el otro y dejó que la falda cayera al suelo. Tenía las bragas blancas de Hello Kitty, igual no era el atuendo más sexy pero esperaba que Eren se centrase únicamente en su cuerpo que era delgado y atlético y no en su ropa interior. Se desabrochó la camisa y la tiró al suelo también. Eren la miraba embobado, el sujetador era de color rosa también y no iba a juego con las bragas pero al menos era bonito. A Eren le pareció una ropa interior muy bonita.

Mikasa se quitó los zapatos e iba a quitarse los calcetines también pero Eren en un impulso le pidió que se los dejara, Mikasa tenía una imagen muy sensual con parte de su ropa puesta, los calcetines blancos hasta la rodilla y la diadema roja, Eren estaba descubriendo que le excitaba.

- Qué fetichista -Mikasa igual que una modelo en una pasarela y se sentó a horcajadas sobre Eren después.

- Yo... puede... -balbuceó-, ¿eso es malo? -ella negó con la cabeza.

- Me encanta, yo también lo soy -Mikasa le acarició el chocker que Eren llevaba en el cuello mientras él le acariciaba a ella los muslos, blancos y tersos. Ambos respiraron el mismo aire.

- No... no me gusta como en las películas -comentó-, no me gusta que sea brusco o que me pegues -¿pegarle? pero ¿qué cojones? cuánto mal había hecho el porno, fue lo que pensó Eren, pero no lo expresó en voz alta-. Me gustaría que me besases y que me tocases con suavidad -Eren tragó saliva, asintiendo, él también quería eso-, que seas cariñoso conmigo. Yo también lo... -su voz se fue apagando conforme acercó su boca al cuello, para besarle por encima del chocker que aún tenía puesto- seré contigo -continuó entre besos que subieron hasta su oreja y su mejilla.

El calor recorrió a Eren desde la rabadilla hasta las orejas. Subió las manos por encima de los muslos de Mikasa hasta sostenerla por la cintura, la atrajo más hacia si mientras ella le mordisqueaba el lóbulo de la oreja.

- Me encanta tu piel -gimió contra su oreja, mientras comenzaba a restregarse contra él-, es tan morena.

Eren no pudo evitar sonrojarse como un lelo, Mikasa nunca decía esas cosas, ni cuando eran pequeños. La recordaba siempre un poquito afilada, de corresponder cariños más que de darlos por iniciativa propia, ¿quién hubiera dicho que podía llegar a ser tan dulce?

Eren dio la vuelta con ella aún encima de modo que Mikasa quedó tumbada sobre la cama y con él encima. Los pechos de Mikasa rebotaron al caer sobre el colchón, escapando un poco de la suave tela del sujetador, Eren debía de tener cara de idiota porque Mikasa sonrió y estiró los brazos hacia arriba, curvando el cuerpo hacia él. Eren no tenía muy claro qué hacer, ni por dónde comenzar siquiera.

- Tócame -le pidió Mikasa.

- ¿En dónde? -de perdidos al río, si iba a quedar como un tonto al menos la haría disfrutar.

- En donde más te guste.

Eren se humedeció los labios, pensativo. Aún tenía los muslos de Mikasa alrededor de las caderas, tal y como había fantaseado antes, daba menos calor del que había imaginado pero aún así el que daba era muy agradable. Con manos temblorosas le colocó los pulgares en las costillas y los deslizó por debajo del aro del sujetador. Sin quitárselo aún, comenzó a masajearle los pezones con la yema de los dedos, no se los había visto aún pero al tacto era pequeños y se ponían más y más duros conforme los tocaba. Mikasa se movió y con una agilidad que solo una chica podía tener, se quitó el sujetador, quedando totalmente expuesta.

- La tela me molesta cuando comienzas a excitarme así -le explicó, viendo la cara de desconcierto que Eren tenía-, puedes seguir, si aún quieres -murmuró.

Ella le había pedido que siguiera así que él lo hizo, algo bien tenía que estar haciendo, colocó ambas manos en sus pechos y comenzó a masajear conforme hacía su forma redonda. La piel de sus pechos era especialmente suave, no se privó de inclinarse y besarla también en las clavículas, el canalillo y los mismos senos en si. A Mikasa parecía agradarle, mientras ella enredó los dedos en su cabello, revolviéndole y masajeándole el cuelo cabelludo, era una sensación tan placentera y nueva para Eren que le arrancó gemidos.

Continuó bajando hasta llegar a la cintura y las bragas, que aún las tenía puestas. La miró, pidiéndole su permiso, Mikasa asintió y Eren comenzó a bajárselas. Mikasa tenía las caderas redondeadas, ligeramente más pequeñas que los hombros, tenía la vagina depilada cosa que sorprendió muchísimo a Eren, no era que le importase, no tenía problemas con el vello.

- ¿Ocurre... algo? -murmuró la chica, incorporándose un poco.

- ¡No! -se apresuró a decir, todavía nervioso.

Mikasa se acercó un poco más a él y le dio un suave besito en los labios, luego le desabrochó el botón del pantalón del uniforme y tiró de él hacia abajo, calzoncillos incluidos. Eren quedó completamente desnudo, excepto por el choker y el lápiz de ojos que llevaba. Mikasa le miró entero y sin reparos, el color subió por las mejillas de Eren. Mikasa le sonrió estirando los labios, era una de las sonrisas más dulces que Eren le había visto jamás, ella le agarró por las mejillas y le atrajo hacia él, volviéndole a besar esta vez con mayor lentitud que antes. Mikasa besó los labios de Eren despacio, con lentitud, como si estos fueran de azúcar y fuesen a deshacerse con el roce de su lengua. Sus labios no sabía pero Eren sí que se iba a derretir si ella seguía haciéndole eso.

- ¿Quieres ponerte encima o debajo? -le preguntó mientras pasaba los besitos a su mentón.

- ¿Debajo? -preguntó más que afirmó-, si me pongo encima de ti te puedo hacer daño, ¿no?

Mikasa sonrió, negando con la cabeza.

- Tu nunca me harías daño, bobo -le aseguró-. Túmbate.

Eren tragó saliva y se tumbó quitándose los calcetines, en Mikasa podían quedar muy sexys pero en él no estaba seguro. Mikasa sonrió cuando le vio hacerlo pero no dijo nada, ambos estaban bastante nerviosos ya. Eren se tumbó en la cama, desnudo cuan largo era y Mikasa se tumbó a su lado, él la abrazó y ella le acarició el pecho con la punta de los dedos hasta llegar a su entrepierna. Ahí agarró el falo y comenzó a masajearle. Eren se había tocado él mismo antes, pero la experiencia de hacérselo él mismo a que se lo hiciera otra persona era... totalmente diferente.

Mikasa se incorporó y comenzó a darle besos que descendieron desde el esternón hasta su ombligo, mientras aún le acariciaba el pene.

- Mikasa, ¿vas a...?

- ¿Hacerte una felación? -un escalofrío recorrió a Eren, no sabía si estaba preparado para eso- No lo he hecho nunca, no sé qué tal me salga...

- Si tu me lo haces a mi, yo quiero hacértelo a ti también -se apresuró a decir. Mikasa ocultó una sonrisa, mordiéndose el labio inferior, Eren no había cambiado nada, seguía siendo aquel chico amable al que siempre estaba deseando ver-. Lo dejamos para más adelante entonces -Mikasa se movió y se colocó encima de él, volviendo a masturbarle.

Eren se mordió los labios un segundo antes de suspirar cuando Mikasa volvió a masturbarle, Eren se centró en su rostro, en sus ojos, la parte que más le gustaba de Mikasa era su sonrisa, su nariz pequeña y fina también le parecía preciosa, su pelo negro... y su sentido del humor. Eren se incorporó y tomó el mentón de Mikasa para besarla, él ya estaba totalmente excitado gracias a sus manos y a juzgar por la humedad que estaba notando sobre el abdomen Mikasa también tenía ganas.

- ¿Quieres...? -murmuró mientras le acariciaba el interior de los muslos y el principio de los labios en la vagina con la mano libre, ella asintió y se sentó sobre sus caderas finalmente mientras poco a poco, el miembro de Eren se abría paso entre ella. Mikasa le abrazó y entonces ambos se acompasaron a un ritmo lento pero placentero para los dos.

Después de dos horas de besarse, tocarse y moverse el uno contra el otro, ambos terminaron exhaustos e incapaces de seguirse moviendo pero con muchas ganas de hablar con el otro.

- ¿Me estás diciendo... que detective conan aún no tiene un final? pero si lo veíamos de pequeños en la tele, ¿cuántos años lleva ya en emisión? ¿qué coño hace Conan que aún no ha conseguido atrapar a Gin y Vodka?.

- El manga va por el tomo cien y Shinichi sigue encogido como un jersey de lana en agua caliente -Mikasa no pudo evitar carcajear por la comparación pero también bostezó, envuelta entre los brazos de Eren-, ¿tienes sueño ya? -ella asintió, estaba usando el brazo de Eren como almohada- duerme -susurró, dándole un par de besos en los párpados.

- ¿Te quedas conmigo? -ambos estaban debajo de la colcha de Mikasa porque a la madrugada comenzaba a hacer frío, a pesar de que se daban calor mutuamente.

- Claro, no pensarías echarme de tu cama ¿verdad? -la envolvió mejor entre sus brazos mientras le besaba la frente y seguía bromeando- Qué fría eres, tu eres más Lisbeth que Mikael, que lo sepas.

Mikasa ronroneó una sonrisa, estaba más dormida que despierta ya.

- Eren -murmuró-, no te separes de mi nunca más ¿vale?

- Nunca -le prometió, jamás volvería a dejar que nada ni nadie le separase de Mikasa como habían hecho antes. Le besó en la frente y finalmente ambos se quedaron dormidos.


Este es el último relato que presentaré para este proyecto porque creo que ya no me dará tiempo a escribir los dos prompts restantes y quiero daros las gracias a todos los que os habéis tomado el tiempo de leer los relatos presentados, a los que habéis votado o dejado algún comentario, significan muchísimo para mi.

Esta es la primera vez que escribo un fanfic o publico algo que haya escrito así que no se qué tal lo he hecho, pero lo he disfrutado muchísimo y haré más en el futuro. Si en alguna ocasión volvemos a coincidir, quiero daros las gracias, sois personas maravillosas, aguante eremika siempre.
Un besazo a todos/as los/as eremikas del mundo. Somos de lo más intelectual que existe, hehe.