[Drabble]
Una llamada de cortesía
—Striker & Stella—
Stella sabía dónde estaba su marido… sabía lo que él hacía… y con quién estaba. Sin embargo, en lugar de reaccionar a su primer impulso que era ir y arrancarle la cabeza al maldito infiel para luego batearla con una raqueta de tenis, tomó el teléfono y marcó el número que ya se sabía de memoria.
Disclaimer:
Helluva Boss © Vivienne "Vivziepop" Medrano.
Una llamada de cortesía © Adilay Fanficker
Advertencias: Crack!Pairing. | Un poco de OOC. | Después del episodio 6.
Notas: Este es otro fic un poco más OOC, pero igual espero que sea de su agrado. Saluditos.
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En silencio, Stella miró a su hija dormir; salió de la alcoba de Octavia, cerró la puerta y trató de ignorar lo que ya sabía que estaba pasando en las profundas mazmorras de su enorme hogar.
Lo sentía, podía verlo aun cuando no usase ningún tipo de magia.
En su interior, ella sabía que su maldito marido y ese maldito plebeyo rojo estaban juntos.
Trató de decirse por milésima vez que no había nada de dramatismo en ello salvo la humillación que sentía al saberse engañada por su esposo, sin embargo, por alguna razón que no entendió del todo.
Al cabo de unos minutos en silencio, su mano se acercó al teléfono que se hallaba en la alcoba que tenía solo para ella y marcó un número en especial.
—Habla o muere.
—Háblame de esa forma otra vez y te cortaré esa cola, campesino —espetó ofendida.
—Oh, madame. Mis disculpas —su tono burlesco cantarín no la suavizó—, ¿alguna dirección donde pueda volarle los sesos al objetivo?
«En las mazmorras, justo unos metros debajo de mí» pensó enfadad.
El pistolero no habló, al parecer, poco a poco estaba empezando a entender sus lapsus de silencio.
—Ninguna —bisbiseó con el veneno atorado en su garganta. Striker rio.
—¿Acaso esta es una llamada para intentar entablar una charla casual conmigo?
Apretando el teléfono, Stella colgó con fuerza y se recostó sobre el diván de su habitación especial, esa a donde solo ella tenía acceso… y tal vez Octavia, si es que pedía permiso primero.
Miró el aparato, cerró sus ojos y volvió a pensar en las mazmorras.
De nuevo su mano fue al aparato y con sus dedos volvió a marcar con la misma velocidad el mismo número.
—¿Madame? —su voz profunda volvió a escucharse.
—Habla… —ordenó fuerte, sosteniéndose desesperadamente de su orgullo—, de lo que sea.
Curioso fue que Striker no se riese con su característica arrogancia como usualmente haría; así como también lo fue que comenzase a charlar sobre algunos inquilinos del hotel donde ahora estaba. Mencionó a algunas personalidades que Stella conocía y no sabía que frecuentasen dichos sitios en un intento patético por ocultarse de los ojos que pudiesen pasar la información a los noticieros.
—Todos los matrimonios de su círculo están rotos, madame, no solo el suyo. Todos son infieles, todos engañan y algunos, como su esposo, ya ni se molestan en ocultar sus perversiones. Por algo estamos en el infierno —canturreó con sorna—, así que… ¿por qué amargarse, eh? ¿Por qué no intenta hacer lo mismo que él y meter a su cama a alguien que le haga olvidar por algunas horas ese culo flaco?
La pregunta quedó volando, Stella se negó incluso a pensarlo.
¿Ella? ¿De verdad…?
—Como plebeyo, creo saber que tan buenos amantes podemos ser para los demonios de su alcurnia, madame —masculló endureciendo más su voz—. Pero, no crea que le propondría algo así a mi mejor clienta, claro que no; sólo tal vez… hacer una sugerencia de buen samaritano.
—Lo pensaré —musitó, y antes de darle tiempo de hablar otra vez, Stella colgó la llamada.
—FIN—
¡Gracias por leer!
Espero que les haya gustado.
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