Es en una mañana, de esas íntimas y silenciosas que se podían tener cuando uno o el otro se escabullía sigiloso a la habitación del ajeno (casi en la madrugada, cuando en el cielo yacen pinceladas de tonalidades azules y toques de naranja). Aprovechando que todos estaban acurrucados a gusto en brazos de Morfeo, donde se recibían como amantes prohibidos y secretos.

Ya sea que Ray esperase sentado en la orilla de su cama a Norman cruzar su puerta. O que Norman fingiera dormir y sonriera al sentir un peso extra a un lado de su cama.

Eran de esas mañanas, donde el mundo no era de todos sino de ellos dos.

De Norman y Ray, de Ray y Norman. Nada más.

Eran de esos momentos de complicidad, donde no existían palabras o se necesitara un tema para conversar. Con sólo la presencia y el tacto del otro, era suficiente; con Norman descansando su cabeza en su pecho, escuchando como música los latidos calmos de Ray. O con Ray abrazando a Norman por detrás como si él fuese a desaparecer y no volver, sintiéndose aliviado de sentir su calidez y suave respiración.

Fue en una de esas ocasiones, en su mundo de dos, que Ray pasó sus dedos entre los cabellos de nieve de Norman que murmuró cuál secreto —: Tu cabello... no era blanco.

Norman, que tenía la cabeza recostada en su pecho con los ojos cerrados por las caricias tiernas de Ray, levanta ligeramente una ceja con una pequeña sonrisa.

— ¿Es así?

No hay sarcasmo en su voz, sólo genuino interés.

— Sí... tu cabello era rubio, rubio platinado para ser específico.

Ray puede jurar por su excelente (y maldita) memoria, que el cabello de Norman, no era blanco.

Y Norman sabe que no miente. (No como en antaño, al menos).

—... Probablemente se volvió así por el estrés.

No hay más necesidad de ahondar en el tema, y tampoco es prescindible hablar de eso.

El pasado, se quedará ahí. Y el presente, es este.

Y cómo si fuese un indicativo de que el tema queda zanjado, Norman abre los ojos y acercándose le besa la barbilla a Ray. Quien cierra los ojos al recibir su cariñoso gesto.

La angustiante y lúgubre travesía allá acabó, y está que parece un poco más iluminada (aún y con heridas que tardan y tardarán en sanar) es la que les espera con ansias.

Un futuro que recorrerán, los dos.


Nota: Mi headcanon es que a Norman se le blanqueó el cabello por estrés, pero mucho estrés.