Todo reconocible de Obey Me! es propiedad de sus creadores y la franquicia de Shall we Date? NTT - Dating Sims de NTT Solmare Corporation.

Los personajes originales y algunas cuantas licencias creativas son de mi autoría.

Nota:

Bueno, esta idea empezó con la canción de The One that got away de Katy Perry y la idea de una MC que originalmente hubiera sido un ángel enamorada de Lucifer antes de la guerra. Luego, mientras imaginaba el escenario, quise escribir algo y la idea mutó en esto...

Aunque hace tiempo quería hacer un longfic con varias MC para darle una pareja a cada hermano, se me terminó complicando el asunto y sigo sin poder establecer ideas claras en mi cabeza porque hay una parte de mí que le gusta aferrarse al canon del juego y eso me lo complica todo, ya que hasta el final del la tercera temporada se mantiene esa ambigüedad de poder estar con todos.


En otra vida

In another life, I would be your girl.

We keep all our promises, be us against the world...

o-o-o

Capítulo 1

A veces, solo a veces, había que aceptar la derrota y dejar ir el pasado. Los recuerdos podían llegar a ser una pesada carga, Lucifer lo sabía muy bien. La culpa por lo ocurrido con Lilith lo perseguía hasta ese momento y el peso de sus promesas le sofocaba por las noches en las que no podía dormir. Había tomado malas decisiones pensando que era lo correcto y de cuando en cuando se preguntaba qué tan diferentes hubieran sido las cosas si hubiese tomado otro camino.

Después de lo ocurrido con Belphie y de todo lo que pasó con Selena, la decisión de dejar ir a Lilith fue casi un castigo autoimpuesto. Su hermana menor había vivido plenamente como humana tras la guerra celestial y ya no tenía que seguir guardando aquel secreto. Además, Selena estaba con ellos, y eso hacía que la convivencia entre ellos fuera más amena. Sin embargo, sería absurdo pensar que Lilith era el único cargo de conciencia que tenía.

—¿Entonces, me vas a preguntar lo que querías preguntarme? —cuestionó Simeon, sacando a Lucifer de sus pensamientos.

Ambos hombres se encontraban en una cafetería de Devildom, un lugar tranquilo y poco concurrido, donde ellos eran los únicos que sobresalían por ser quienes eran: La mano derecha de Diavolo y el ángel que estaba como estudiante de intercambio. El resto eran demonios y criaturas sin importancia, inmersos en su cotidianidad cómo para prestarle mayor importancia al singular par. Simeon sabía que por eso Lucifer había escogido aquel lugar. Nadie ahí parecía interesado en acercarse o escuchar su conversación para cotillear. Aun así, habían pasado ya diez minutos en silencio y aunque disfrutaba de la compañía, no podía pasarse todo el día ahí sin decir nada. Aparte, Luke no podía pasar mucho tiempo solo y Solomon no era exactamente la mejor compañía.

—Ella —murmuró Lucifer sin voltear a verle—. Quiero saber que fue de ella —pidió, sin ser capaz de pronunciar el nombre.

—Lucifer…

Simeon suspiró y le dio un sorbo a su bebida, mientras meditaba profundamente si realmente debían de hablar sobre el tema. Habían pasado miles de años desde la guerra celestial, pero muchas cosas habían quedado inconclusas por culpa de la separación y falta de comunicación entre los mundos. Diavolo ahora quería cambiar las cosas y tras siglos de negociaciones, por fin habían comenzado a ceder un poco. No obstante, la comunicación seguía siendo un problema y no había la suficiente libertad para que ángeles, demonios y humanos se comunicaran a voluntad.

—Simeon, por favor, sé que no tengo permitido hablarle o verla, pero ¿es mucho pedir que me digas cómo está? —insistió el demonio, volteando a ver a su acompañante.

El aludido titubeó un instante, pero terminó asintiendo. Aunque una parte de él sabía que se arrepentiría pronto.

—No está —fue lo primero que pudo decir.

—¿Disculpa? —Lucifer lucía confundido y ¿enojado?

—Lailah no está en el reino celestial —repitió, siendo más específico y diciendo el nombre que había sido un tabú para Lucifer casi igual que el de Lilith.

—¿Qué quieres decir con eso? —exigió saber—. ¡Simeon! —levantó ligeramente la voz, haciendo un gran esfuerzo por mantener la compostura—. ¿Qué fue lo que pasó? Pensé que Padre la había perdonado…. —recordó.

—Así fue, Lucifer —corroboró Simeon, recordando aquella escena tan claramente como si hubiera ocurrido el día anterior. Durante la batalla celestial, los ángeles se habían divido. Las tropas que apoyaban a Lucifer habían sido dirigidas por Leviatán y quienes seguían fieles a su Padre se habían puesto a las órdenes de Michael y Raphael. Pese a lo que se asumía de forma superficial, casi un tercio de los ángeles se habían unido a la rebelión y al final, con la derrota, habían seguido voluntariamente a Lucifer y a sus hermanos al destierro en el infierno. Sin embargo, algunos de ellos habían pedido clemencia y tras ser castigados y bajados de rango, se les había permitido permanecer en el reino celestial, cumpliendo penitencia por su traición. Lailah había sido uno de eso ángeles que Dios había perdonado, aunque no exactamente por estar arrepentida, sino porque uno de sus amados arcángeles había pedido misericordia por ella. Ya había perdido a Lucifer con la rebelión, perder a Michael no era opción, cuando lo único que pedía el arcángel era que su querida hermana fuera perdonada.

—No estoy entendiendo —dijo Lucifer, frunciendo el ceño.

—Michael va a matarme si se entera que te dije esto… —meditó Simeon en voz alta.

—Yo voy a matarte si no me explicas qué pasó, Simeon —gruñó el demonio, visiblemente más molesto que antes.

—Supongo que recuerdas el contexto, sino no estarías preguntando por ella —comenzó a hablar el ángel, haciendo una mueca de incomodidad—. No eres el único que se sacrificó por su hermana, Lucifer —dijo seriamente y ante la mirada inquisitiva comenzó a explicar más claramente: —Lailah te adoraba y quería seguirte, lo sabes, pero no fue contrincante para Raphael durante la batalla. No estoy seguro de quién te reportó lo ocurrido o qué historia te haya llegado de lo que pasó, pero Lailah no te abandonó, si no que fue encarcelada en pésimas condiciones. Si no la mataron fue porque Michael nos advirtió que tomaría represarías si le quitábamos la vida a su hermana, que sólo él o Padre podían decidir lo que le pasaría.

—Asmodeus fue quien me informó que ella se había quedado luchando con Raphael mientras los otros escapaban, era la única que tenía oportunidad ante un arcángel, el resto de los traidores eran ángeles de bajo nivel, niños como Luke, que hubieran muerto en un parpadear —recordó—. Luego no supe nada. La única persona a la que pude preguntarle fue a Diavolo. Entonces se me informó que al menos no había muerto, pero que tampoco estaba en las filas de los ángeles caídos que serían recibidos en Devildom.

—Así fue, Lucifer —prosiguió el ángel—. Lailah no murió en ese entonces y Michael intercedió ante Padre para que la perdonara y Padre la perdonó —dijo, mirándole fijamente a los ojos—. La que no se perdonó fue ella misma.

—Explícate —demandó Lucifer, sintiendo un nudo en el estómago como preparándose para el golpe que estaba por recibir. Lo intuía a esas alturas, pero resultaba difícil creerlo, no hasta que Simeon se lo dijera.

—Apenas se recuperó, perdió sus alas y todas sus ganas de vivir —dijo y esbozó media sonrisa melancólica al recordarla—. Fue la primera vez que vi a alguien sufrir así, muerta en vida, apagándose poco a poco con el pasar del tiempo, hasta no aguantarlo más —comentó, más para sí mismo que para su acompañante—. Esa chica dulce que nos preparaba bocadillos y que se metía a la sala del consejo con la excusa de que debíamos de alimentarnos correctamente cuando todos sabíamos que sólo quería verte, esa Lailah, que te amaba más que a nuestro Padre, se murió el mismo día que te perdió.

—Dime qué pasó, Simeon —exigió con aspereza, frustrado por la forma tan vaga en la que el ángel se expresaba y dolido al recordar aquellos momentos que había enterrado como tantos otros en un rincón profundo de su memoria. A veces, cuando estaba sólo, se permitía recordar a Lilith y en ocasiones Lailah aparecía fugazmente por ahí, aunque siempre cortaba esos pensamientos por la aflicción que le producía recordar a su amada del reino celestial. Si él había entendido porque Lilith había roto las reglas por amor, era porque él entendía lo que era estar enamorado. Claro que su situación había sido diferente, su relación era idílica y pudo ser perfecta. Lailah era un ángel al igual que él, una noble, hermana menor de Michael y lejos de prohibirles estar juntos, su unión era alentada incluso por su Padre.

—No pasaron ni diez años antes de que Lailah enloqueciera, por decirlo de alguna forma —Solomon retomó la narración—. No había día en el que no discutiera con Michael y le pidiera a gritos que la dejara ir contigo, se hacía daño constantemente, pasaba semanas sin comer hasta que se desmayaba y era obligada a recuperarse bajo la supervisión Uriel. La situación se volvió caótica, Lucifer. Lailah comenzó a comportarse de forma errática, buscando que Padre la desterrara, pero Michael siempre intercedía y los arcángeles la tenían vigilada y protegida. Si embargo, no… no duró mucho. Viendo que todos sus esfuerzos por reunirse contigo eran en vano y que era prisionera del cielo por culpa de su hermano, decidió que era mejor no existir —contó finalmente, notando como el demonio se tensaba—. Tomó la espada del juicio que pertenecía a Michael y se atravesó el estómago sin titubear, frente a nosotros, no pudimos detenerla —dijo, agachando la mirada, sintiendo culpa al recordar.

—¿Murió? —preguntó Lucifer, pese a que era obvio, pero tenía un deje de esperanza…

—No exactamente —le tranquilizó Simeon—. Así como pasó con Lilith, Michael pidió un último favor a Padre para que no la dejara morir o al menos no su alma —explicó—. Michael hizo un voto a Padre renunciando a volver a ver a sus seres queridos y el derecho a amar, a cambio Lailah rencarnaría como humana, pero obviamente no tendría recuerdos de su vida como ángel.

Un silencio se formó. Lucifer no sabía si reír o no en esos instantes. La historia era cruelmente parecida a lo ocurrido con Lilith. Resultaba poético que tanto él como Michael tuvieran eso en común. Al mismo tiempo, era curioso cómo Padre había hecho lo mismo que Diavolo, preservando el alma de Lailah entre los humanos, sin recuerdos y sin posibilidades de que se reuniera con sus seres queridos de su vida pasada. Aunque de alguna manera era reconfortante saber que sus queridas hermanas no habían muerto exactamente, era un castigo cruel para ellos que eran prácticamente inmortales. ¿Y decían que el diablo estaba en los detalles? ¡Ja! Eso es porque nadie cuestionaba a Padre….

—Tengo la sensación de que no debí de preguntar —habló finalmente Lucifer, poniéndose de pie y echándose la gabardina sobre los hombros.

—Y yo tal vez no debí de contarte —respondió Simeon, permaneciendo en su lugar y tomando un poco más del café que le quedaba en la taza—. Pero ya lo hice y sólo me queda aconsejarte que no la busques, Lucifer, es como Lilith, aunque su alma perdure por la eternidad y lleve consigo el toque angelical, sus descendientes o rencarnaciones no son la misma persona… Tu Lailah, la hermana de Michael, ya no existe—advirtió.

—Lo sé, Simeon… Lo sé —dijo el demonio y se marchó sin más. Tenía demasiadas cosas que procesar después de esa conversación y también tenía trabajo pendiente.

La parte racional de su cerebro le decía lógicamente que Simeon tenía razón y que buscar a la rencarnación de Lailah era un sin sentido colosal, incluso un mal movimiento que podía poner en peligro el equilibrio que Diavolo quería que existiera entre los mundos. Además, ¿de qué le serviría? No eran la misma persona y no lo recordaría… Durante un momento maldijo la situación, casi hubiera preferido que Lailah siguiera viva como ángel, que lo hubiera traicionado al final y que estuviera todavía renegando en el reino celestial. Quizá, sólo quizá, en ese escenario, podría tener la esperanza de volverse a reencontrar, de que Padre y Michael fueran generosos y la mandaran como estudiante de intercambio a RAD para que él la pudiera volver a ver… ¡Oh, maldición! Aquella era de repente una absurda y dolorosa fantasía que se rompía. Había castigos que durarían hasta el final de los tiempos y ese, al parecer, era uno de ellos.

Lucifer llegó a la casa de las lamentaciones. Era fin de semana y apenas pasaba de medio día. Sus hermanos y Selena debían de estar ahí como de costumbre, haciendo o planeando alguna tontería. Se detuvo ante las rejas de la entrada. Por primera vez en mucho tiempo no tenía gana de verlos, a ninguno de ellos. Tal vez estaba siendo irracional, pero se sentía furioso por lo que había pasado hace tanto tiempo. Si tan solo hubiera tomado otras decisiones, si su soberbia no le hubiera llevado a la rebelión, todo habría sido tan diferente.

—¡Oi! ¡Lucifer! —gritó Mammon, quien salía de casa con Selena y Asmo—. Vamos a ir Majolish, ¿nos acompañas, hermano mayor? —informó y lo invitó, utilizando aquel tono que siempre empleaba cuando quería algo, o más explícitamente, que Lucifer se hiciera cargo de los gastos.

—¡Sííí! ¿Vienes? —animó Asmo con una sonrisa, haciendo ademán de tomarlo del brazo para arrastrarlo con ellos, pero fue esquivado con una inusual frialdad.

—¿Lucifer, estás bien? —preguntó Selena, quien había notado más claramente que el mayor de los hermanos tenía una expresión inusualmente sombría, casi melancólica.

—No se metan en problemas, tengo demasiado trabajo como para ir a rescatarlos hoy —dijo a modo de advertencia y despedida, ignorando la preocupación de la humana y entrando a la casa sin voltear a verlos ni una sola vez. No, no quería verlos, no quería pensar en ese 'hubiera' inexistente de cuan diferente serían las cosas si él no hubiera sido tan extremista y tampoco quería ver a Lilith en Selena. Él sabía que no eran la misma persona y que era injusto para la humana ser reducida a ser la descendiente de su difunta hermana, pero la comparación era inevitable con lo resiente de la noticia.

Cuando Lucifer se perdió de vista, los otros tres se miraron entre sí, confundidos. ¿Qué había sido aquello? No estaban seguros, pero no parecía nada bueno.

O-O-O

El fin de semana terminó sin mayores acontecimientos para los hermanos demonios, entre juegos, discusiones casuales y estar haciendo a última hora los deberes para las clases. Todo parecía normal, excepto por el humor serio y sombrío de Lucifer. El mayor de los hermanos solía ser bastante serio, pero no había que conocerlo demasiado para darse cuenta que estaba actuando fuera de lo normal, más absorto en su trabajo y distante de todos en general.

—¿Seguro que no hiciste nada, Mammon? Algo así como apostar la casa en una partida de póker —comentó Levi, aprovechando para molestar a su hermano mayor y riendo entre dientes por la reacción de este. Aunque si lo hubiera hecho, no sería novedad y Lucifer ya habría colgado a Mammon del techo hacia rato.

—¡Arg! ¡No! ¿Por qué siempre asumen que es mi culpa? —se quejó el aludido, haciendo un puchero.

—¿Y si le preguntamos? —propuso la humana.

—Dudo que nos diga qué le pasa, nunca lo hace —intervino Belphie, quien descansaba su cabeza en el regazo de Selena, recibiendo mimos en el cabello mientras hacia un esfuerzo por no quedarse dormido.

—Lucifer siempre ha sido muy reservado, pero podría funcionar si es Selena quien le pregunta, ¿no? —propuso Satán, apenas levantando la mirada de su libro.

—¿Eh? ¿Yo? —repitió Selena, algo preocupada por la situación. Aunque su relación con Lucifer había mejorado, no podía decir que eran cercanos exactamente. Al final, aun con todo lo ocurrido, no había podido hacer un pacto con él. Antes había conseguido pactar con Belphie, y eso que el avatar de la pereza había matado a una versión suya en una línea temporal alterna.

—Pues sí… hay que admitir que te tiene aprecio —prosiguió el demonio rubio—. Y tú también le tienes apreció a él —añadió, mirando el broche que llevaba la humana y que Lucifer le había regalado durante la celebración del cumpleaños de Diavolo, apenas unas semanas atrás.

—Está bien —aceptó Selena, resignada y sin querer discutir demasiado el tema. Los conocía lo suficiente como para saber que, si se negaban, iban a terminar convenciéndola de todas formas y avergonzándola en el proceso de argumentar a su favor. Era mejor no poner demasiada resistencia.

O-O-O

Aquella tarde, después de clases, Selena fue a buscar a Lucifer a su despacho. La puerta estaba cerrada, algo raro, pues el demonio solía dejarla entreabierta cuando estaba ahí trabajando, como una forma de avisar que estaba ocupado, pero que podían interrumpirlo si era necesario. Intentó girar el pomo, pero estaba con llave, así que terminó por golpear suavemente.

—Estoy ocupado, ¿qué ocurre? —se escuchó la voz de Lucifer al otro lado. Sonaba molesto.

—Lo siento, sólo quería hablar… no quería molestar —se disculpó y se dispuso a irse, pero la puerta se abrió frente a ella, dejando a ver a Lucifer detrás, con sus gafas puestas y una mueca de desagrado.

—¿De qué quieres hablar? —cuestionó, asumiendo lo peor, como de costumbre. Ya estaba tan acostumbrado a los problemas causados por sus hermanos que instintivamente evaluaba la situación con el peor de los escenarios posible.

Selena vaciló un poco y se mordió el labio inferior. El poco valor que había reunido para hablar con Lucifer acaba de irse corriendo sin ella.

—Sólo hablar, preguntarte cómo estabas y cómo ha estado tu semana —balbuceó.

El aludido enarcó una ceja, incrédulo.

—Que dichosa has de ser al tener tanto tiempo libre… —contestó, mofándose un poco de ella e intentando no ser brusco con su respuesta. No era tonto. Sabía que sus hermanos e incluso Diavolo habían notado su cambio de humor desde la conversación con Simeon, pero no podía evitarlo. Sí, se sentía mal, pero no era algo que pudiera discutir con nadie.

—Bueno, es que estamos preocupados por ti, ¿sabes? —dijo la chica, ladeando la cabeza—. Además, en dos semanas me voy y me parece triste que estos vayan a ser nuestros últimos recuerdos juntos, ¿no crees? —añadió, intentando apelar al lado sentimental del demonio.

—Razón por la cual deberías de estar haciendo esos informes que tienes que entregar antes de irte —le recordó y luego rio un poco entre dientes—. Selena, si quieres llevarte buenos recuerdos de este lugar, pasa tiempo con mis hermanos y no conmigo.

—Pero… Lucifer —se quejó la humana, frunciendo la naricita en una mueca de evidente inconformidad ante el rechazo.

Llevaban ya un año conviviendo y aunque sabía que eso era poco para los demonios, las experiencias vividas habían sido bastante intensas. Los lazos que se habían formado entre ella y los hermanos la habían llenado de dicha. No podía negar que sentía un cariño especial por todos y le gustaban todos, pero al mismo tiempo se había sentido especialmente atraída por el mayor desde el primer momento. Le había confesado parcialmente sus sentimientos antes del incidente de Belphie, cuando habían estado a solas en la biblioteca, creyendo que estaban atrapados en un juego de terror por culpa de Levi. Ella le había dicho que estaba interesada en él, lo cual resultaba muy conveniente para la trama del juego… Sin embargo, todo se había ido al carajo y eventualmente el tema no se había retomado. Lucifer no parecía interesado en corresponderle, a diferencia de sus hermanos, quienes individualmente habían mostrado interés romántico por ella en algún punto.

—Mira, no tengo tiempo para esto, tengo demasiado qué hacer con lo del programa de intercambio… —empezó a decir Lucifer, quitándose las gafas y pellizcándose el puente de la nariz. De repente le dolía la cabeza.

—Yo… —titubeó un segundo la humana y sin reflexionar en las consecuencias, se puso de puntillas para robarle un beso.

Lucifer abrió los ojos de par en par. El gesto le tomó por sorpresa, pero con la misma velocidad con la que había sido besado, se apartó y cambió su expresión a una que mostraba su molestia.

—¿Qué crees que haces? —preguntó enojado.

—Lo… Lo siento —balbuceó—. Es sólo que nunca me diste una respuesta y yo pensé… creía que tal vez… —siguió balbuceando, nerviosa y avergonzada. ¿En qué estaba pensando al robarle un beso de aquella manera? Una parte de ella había creído que todo se desarrollaría como una película de Hollywood, que el correspondería, le diría algo como que estaba distante porque no quería relacionarse más con ella ahora que se iba y terminaría discutiendo sobre cómo hacer que su amor funcionara a la distancia. Claro que nada fue así.

—Te respondí a todas tus preguntas ese día —recordó claramente el demonio, refiriéndose al día de su confesión—. Ahora bien, si lo que quieres es saber lo que siento por ti, te lo diré —accedió, ganándose toda la atención de la humana—. Te quiero, sí —confesó y los ojos de Selena se iluminaron—, de la misma forma en la que quería a Lilith, ¿entiendes? Eres valiosa para mí, te considero parte de esta familia, pero no puedo corresponderte de la forma en la que estás pensando —puntualizó, intentando ser lo más honesto posible, pues en verdad Selena era importante, pero si antes no se sentía románticamente atraído a ella, ahora que el recuerdo de Lailah estaba presente, su corazón estaba más oscuro que antes.

No iba a negar, así como le había dicho a Selena aquel día, que había tenido varias parejas en los últimos siglos. Le había costado tiempo, bastante tiempo recuperarse de la perdida de Lailah, pero poco a poco se dio la oportunidad de saciar con diferentes seres sus necesidades afectivas y sexuales. No obstante, pese a la cantidad de demonios, criaturas e incluso brujas que pasaron a su lado, nadie fue lo suficientemente importante para que le quisiera retener o para formalizar algo. Sólo había existido un ser que, sin importar el tiempo que había pasado, todavía se escabullía en sus sueños con la absurda promesa de estar juntos para siempre y cambiar el mundo como gobernantes del cielo.

—Pero… ¡yo no soy Lilith! —chilló Selena, dolida por aquel rechazo, por las palabras que había escogido Lucifer, porque una cosa era decirle que no estaba interesado en ella y otra el decirle que no le interesaba porque era descendiente de su difunta hermana y por ende la veía como una extensión de ésta.

—Lo sé —se defendió el aludido—, pero tampoco eres Lailah —añadió casi sin pensarlo, arrepintiéndose enseguida. Selena le había hecho perder los estribos como de costumbre.

—¿Lailah? —cuestionó confundida, pues nunca había escuchado aquel nombre. Sin embargo, la expresión de Lucifer fue lo suficientemente clara para sentirse todavía más herida. Fuera quien fuese esa persona, acaba de quedar claro que era a quien Lucifer quería y por lo tanto no iba a corresponderle.

No quedaba muy claro en qué momento todo se había complicado en ese encuentro, cómo había pasado de un simple plan para saber qué era lo que tenía a Lucifer de mal humor a una dolorosa discusión en la que Selena había comenzado a llorar por ser rechazada.

—Olvida lo que dije, Selena —pidió el demonio, pero fue ignorando. La humana le miró por última vez esa noche, con los ojos llenos de lágrimas y reproche, para luego irse corriendo de ahí.

O-O-O

Al llegar a su habitación se encontró con Mammon y Beel, quienes comían algunas frituras mientras esperaban a por ella. Lo último que quería era interactuar o dar explicaciones, pero fue inevitable que los dos demonios no notaran su estado.

—Pero ¿qué te hizo ese maldito? —Mammon fue el primero en ponerse a la defensiva al ver a su preciosa humana así.

—¿Qué pasó, Selena? —preguntó un poco más tranquilo el avatar de la glotonería, dejando la comida de lado.

—¿Quién es Lailah? —fue lo primero que quiso saber la humana, sin poder sacarse ese nombre de la cabeza y sin saber lo que significaba para los otros demonios, quienes se quedaron sin palabras en ese momento.

Selena les miró con el ceño fruncido. Reconocía esa expresión. Habían reaccionado igual la primera vez que había preguntado por Lilith y luego por Belphie cuando estaba aun cautivo en el ático. Aquello significaba que era un nombre tabú.

—¿Cómo sabes de ella? —cuestionó Mammon, intercambiando miradas con su hermano, dudoso de si debían hablar o no.

Beel negó con la cabeza.

—Solo Lucifer debe de hablar sobre ella… —intentó argumentar el demonio de cabello naranja, pero Selena chilló frustrada ante el secretismo.

—Lucifer fue quien la mencionó, dijo que no podía quererme porque yo no era ella — argumentó, esperando que eso bastara para que los demonios le dieran más información.

Los chicos se miraron de nuevo entre sí. Sus expresiones serias eran tan inusuales en ellos que la ansiedad de Selena tan solo escalaba. Debía de tratarse de alguien muy importante, alguien al nivel de Lilith… alguien con quien no podía competir. Quizá ya no quería saber más.

—Lailah era la pareja de Lucifer, cuando todavía éramos ángeles —explicó Mammon.

—Nos dio la espalda cuando terminó la guerra —añadió Beel, agachando la mirada e intentando ocultar un poco el resentimiento al recordar aquello—. Es la hermana menor de Michael, por lo que Padre la perdonó y ella prefirió quedarse en el reino de los cielos…

—Tsk —le interrumpió Mammon, chasqueando la lengua—. Todos los que amábamos a Lucifer lo seguimos por voluntad propia, aunque se nos hubiera dado la oportunidad de permanecer en el reino celestial, no había forma de que aceptáramos.

—Lucifer la doraba —dijo Beel—. Juntos planearon la rebelión, pero al final, como puedes deducir, sólo Lucifer fue castigado, incluso lo que le pasó a Lilith fue tan injusto, pero ella…

—Lailah se quedó con su preciosa posición, siendo la hermana consentida de Michael, y viviendo en la comodidad del reino de los cielos —añadió Mammon, apenas terminando la frase cuando un golpe en la boca le reventó el labio inferior.

Lucifer había ido detrás de Selena para hablar, pero no había sido lo suficientemente rápido para impedir que el tema saliera a la luz. Al llegar a la habitación ya estaban hablando de Lailah y su reacción había sido inevitable. Escuchar a Mammon juzgarla de aquella manera, más ahora que sabía que las cosas no habían sido de aquella manera…

Lailah había sido tabú mucho tiempo, pero aun antes de hablar con Simeon se había reconciliado con la idea de que su separación había sido lo mejor. Todos los ángeles caídos habían sufrido demasiado en el infierno. Se había llegado a convencer de que lo mejor había sido que ella se quedara en el cielo, no concebía la idea de que su amada fuese torturada y corrompida como todos ellos.

—¿Lucifer? —preguntó el avatar de la glotonería, poniéndose a la defensiva enseguida al ver la sangre.

—No se atrevan a hablar de lo que no saben… —advirtió, con esa aura oscura rodeándolo.

—¡Arg! —masculló Mammon, cubriéndose la boca—. ¿Por qué hiciste eso? —se quejó—. No hemos dicho nada que no sea cierto —dijo a su defensa.

—¿La sigues queriendo pese a todo lo que pasó? —intervino Selena, confundida por aquella reacción. Eran contadas las veces en las que Lucifer había perdido su compostura y no sabía si debía de sentir miedo o celos, pues quien usualmente le hacía perder el temple era ella.

El aludido no respondió a la pregunta, tan solo agachó la mirada.

Sus hermanos le miraron fijamente con indignación.

—¿Es en serio, Lucifer? —acusó Mammon, llenándose un poco de valor para afrontar a su hermano mayor—. Después de todo este tiempo… si ella te hubiera querido la mitad de lo que decía quererte… —empezó a hablar, pero tan solo recibió otro golpe que lo arrojó con fuerza al otro extremo de la habitación.

Selena gritó asustada y en pocos segundos aparecieron Satan y Asmo, alarmados por el ruido.

—¿Qué está ocurriendo aquí? —interrogó Satán, intentando entender la escena: Lucifer furioso, Mammon herido, Selena asustada y Beel sirviéndole de escudo y mirando a Lucifer con reproche.

—Luci… —llamó Asmo—. Sea lo que sea, no es para tanto, ¿o sí? —pidió para calmarlo—. ¿Qué hiciste ahora Mammon? —acusó al avatar de la avaricia, asumiendo por costumbre que todo era culpa suya.

El atacado se sintió ofendido, pero más que eso y que el dolor físico, se sintió molesto con Lucifer. ¿Cómo era posible que el gran avatar del orgullo siguiera enamorado de una traidora? Sí, para él y sus hermanos, Lailah era una traidora. Había fingido estar de su lado hasta el último momento, pero al final se había quedado con su Padre y su hermano en el cielo. Si realmente hubiera amado a Lucifer un poco, habría hecho lo mismo que todos los que lo siguieron. Lucifer necesitaba apoyo en el destierro, ellos habían estado ahí para él, fuera lo que fuera. ¿Y dónde había estado Lailah? Viviendo cómodamente como si nada en el su palacio en los cielos. ¡No era justo! Y en todo ese tiempo no se había dignado ni una sola vez en contactarlo. Aun con las barreras, habían llegado noticias de Michael y los otros arcángeles a ellos… pero de Lailah ni una palabra.

—Yo no hice nada —contestó serio e incorporándose—. Fue él —señaló a Lucifer— quien hizo llorar a Selana porque aún sigue enamorado de Lailah —explicó, casi escupiendo las palabras con desprecio.

Un nuevo silencio se formó entre todos. Satán fue el primero en hablar, acercándose a donde estaba la humana.

—Yo no la conocí… —dijo, mirando a Selena—. Como sabrás, nací durante la guerra… —volteó a ver a Lucifer—. Aunque conservo recuerdos ajenos y lo que vi a través de sus ojos y sentí a través de su corazón es algo de lo que no puedo deshacerme, por eso amo a Lilith como lo hacen mis hermanos… —explicó su posición, siempre complicada—. Sin embargo, de las pocas cosas que sólo podemos compartir este tipo y yo es lo que sintió por ella —añadió agachando la mirada como si sintiera vergüenza—. Selena, sé que nos quieres y que nosotros te queremos, pero no puedo olvidar las palabras que me dieron vida, el grito de desesperación que me materializó como una entidad viva, esa ira acumulada en el corazón de Lucifer…

—«Padre, perdónala. El culpable he sido yo…» —recitó Lucifer con un tono suave, casi melancólico.

—Y la respuesta fue: «No. Los dos son responsables, querían compartir el trono como rey y reina, ahora compartirán el castigo por su desobediencia…» —completó Satán, esbozando una sonrisa triste al recordar su nacimiento.

Durante unos segundos, todos guardaron silencio. Nadie, aparte de Lucifer y Satán, sabían esos detalles y no había que ser demasiado listos para saber a quién se referían en esas líneas. Michael había conseguido que perdonaran a su hermana, pero no había sido el único en pedir clemencia por ella.

—Al final la perdonó —bufó Mammon, ganándose una mala mirada por pararte de su hermano mayor.

—Lo que quiero decir, Selena es que, yo no la amé y tampoco estoy enamorado de ella, pero puedo entender el sentimiento que tuvo o tiene Lucifer por ella —explicó a dónde quería llegar Satán—. No hay que sobredimensionar esto más de lo que ya ha sido —dijo para hacerles entrar en razón a todos, luego se rio entre dientes de sí mismo—. Ni siquiera puedo decir su nombre. Vaya… curioso —reflexionó para sí—. Comparto más contigo de lo que me gustaría —recriminó a Lucifer.

El aludido frunció el ceño, pero no respondió inmediatamente. Miró a Mammon y luego a cada uno de los presentes. Faltaban Levi y Belphie para que la familia estuviera reunida propiamente. Por un momento pensó en darles una explicación a todos, pero quizá debía de tomarle la palabra a Satán y no seguir con el tema. Finalmente, Selena se iría pronto y tampoco quería problemas con Simeon, en caso de que sus hermanos no pudieran cerrar la boca y comenzaran a atosigarlo con preguntas imprudentes al querer saber más detalles.

—No importa lo que pasó al final —habló con la mayor calma posible—. Ninguno de ustedes tiene derecho a juzgarla —volvió a mirar fijamente a Mammon—. Sí, la amé, la amo, y siempre la amaré, aunque no volvamos a estar juntos. Y sí, agradezco que Padre la haya perdonado al final, alguien como Lailah difícilmente hubiera aguatado vivir en el infierno… herida y en este lugar, habría corrido la misma suerte que Lilith —añadió, sintiendo una punzada por la ironía al saber la verdad: ambas habían corrido la misma suerte al final por diferentes motivos.

—Y si yo fuera la descendiente o rencarnación de Lailah seguramente no me rechazarías —masculló Selena, sin poder evitar sentirse molesta y dolida por aquellas palabras.

Lucifer la miró unos instantes y se planteó seriamente la idea. Recordó un momento en específico con Selena y cómo al tomar su mano había sentido aquella calidez de Lilith. No iba a mentirse tan descaradamente, se había llenado de alegría al revivir esos momentos con su hermana, como si aun estuviera con él y todo el sufrimiento hubiera valido la pena por ese instante en el que se volvieron a reencontrar de otra manera.

—Sé que me odiarás por lo que diré, pero espero que lo puedas entender… eres una humana y no eres capaz de percibir las almas como nosotros lo hacemos, tú ves la diferencia entre las personas, como individuos que se forman por sus acciones e interacciones contigo en el presente, en el aquí y ahora —respondió Lucifer—. Para nosotros no es igual, el hecho de que tu alma sea la que alguna vez perteneció a Lilith te hace especial y sí, reconozco que no eres ella y te tengo aprecio como tal, pero es algo que no puedo separar, así que sí. Si de alguna manera tuvieras el alma de Lailah, aunque no me recordaras ni a mí ni a nuestro tiempo juntos como ángeles y aunque no fueras ella en sí, mi amor seguiría latente y no dudaría en corresponderte, en cumplir todas esas promesas que nos hicimos y que quedaron inconclusas, pero no es el caso. Así que olvídalo, no puedo darte lo que quieres, Selena y no puedes hacer nada para cambiarlo. Cuando te veo, pienso en ti como mi hermana menor… no puedo corresponderte —sentenció, produciendo un incómodo silencio.

Selena, por su parte, estaba temblando. Se sentía humillada y enojada. Volvía a ser rechazada y a hora frente a todos. Lo que más quería en esos momentos era huir. La vergüenza la estaba consumiendo y las ganas de echarse a llorar la estaba venciendo.

—No lo entiendo —pudo decir finalmente con voz quebradiza—. Podrías darme mil argumentos para rechazarme, decir lo incompatibles que somos, lo que te disgusta de mí, que no te atraigo, lo que sea, pero escoges decir que es por algo que está fuera de mi control, algo que no 'puedes' hacer por circunstancias externas —le acusó, intentando racionalizar lo que ocurría.

Los otros demonios miraban con reproche a Lucifer, empatizando con lo que decía la joven humana. Claro que ahí todos la querían, aunque había diferentes niveles, para ser honestos. Algunos como Belphie no le habían tomado cariños, ni le habían tenido respeto, hasta no enterarse de lo ocurrido con Lilith. Otros como Mammon o Beel le habían cogido cariño casi desde el principio, en parte por culpa de los pactos y lo de Lilith no había hecho más que aderezar un sentimiento ya subyacente.

—Es precisamente por eso que decidí ser claro contigo —explicó Lucifer—. Decirte cualquier otra cosa deja un espacio a la esperanza, a la posibilidad de que la situación pueda cambiar, que puedas hacer algo para que eventualmente mis sentimientos por ti cambien y eso es algo que no va a pasar —declaró con seriedad—. Te quiero, te lo he dicho ya varias veces a estas alturas. Eres importante para nosotros. No me gustaría perderte por algo así, ni quiero que me odies, pero tampoco voy a alimentar la ilusión amorosa que no se dará —añadió para hacer su punto más claro y muy a su pesar, decidió que lo mejor sería marcharse. Para bien o para mal, la discusión no podía seguir. Aunque él intentara explicarle lo que pensaba y sentía, ella estaba herida y no lo entendería de forma racional. Selena necesitaba espacio y tiempo para procesar el rechazo. Estaba siendo un cabrón, lo sabía, pero también estaba convencido de que era lo mejor.

Se fue a su estudio privado en la biblioteca, sintiendo en su nuca la reprochante mirada de sus hermanos en su nuca hasta que lo perdieron de vista. Ellos tampoco entendían lo que sentía, pues, como de costumbre, no tenían toda la información porque él la ocultaba, pensando que así era mejor para todos. ¿Para qué poner una carga emocional innecesaria en los demás?

O-O-O

Los días que faltaban para que finalizara el programa de intercambio pasaron en menos tiempo de lo que nadie hubiera querido. En su última noche en Devildom, Selena terminó con una especie de fiesta de despedida improvisada por los hermanos en el ático. Todos estaban ahí con ella, comiendo, charlando, bromeando, jugando… Todos, menos Lucifer.

En algún punto pensó en ir a buscarlo, quizá despedirse de él en privado, ya que dudaba que el mayor de los hermanos quisiera unirse a ese tipo de actividades, pero se vio frenada por sus emociones. Aunque intentaba aceptar lo que había ocurrido, seguía dolida y no dejaba de darle mil vueltas al asunto. A veces quería solo olvidar, bloquear los sentimientos o pensamientos, como si nada hubiera pasado, pero entonces el recuerdo regresaba.

Quería saber quién era Lailah, cómo era y si aún amaba a Lucifer. Quizá el demonio tenía razón, su mala costumbre de obsesionarse la llevaba a sacar conclusiones irreales. Pensaba que, si podía saber más de ella y contactarla de alguna manera, podría hacer algo por Lucifer, ya fuera que él se desenamorara del pasado o en el peor de los escenarios, reunirlos y asumir que así no sería con ella. Sí, le daba la razón. La esperanza difícilmente era una virtud para una chica tan testaruda como ella, porque a menos que viera a Lucifer en una relación con otra persona, se sentía incapaz de dejarlo ir y aceptar su derrota.


Notas finales:

En fin, aquí está esto y si alguien lo disfruta ya es ganancia.

Si continuo o no, supongo que ya dependerá de mi animo y la cantidad de trabajo o deberes que tenga pendientes.

¡Gracias por leer!