Capítulo 1: Poder.
El mundo sin magia alguna había sido una autentica tortura, empezó a sentir pena por los Muggles, quieres Vivian sin un ápice de ella. Pero su vida no había sido color de rosa aun luego de descubrir que era un mago, como él había pensado a sus once años cuando cruzó por primera vez las puertas del gran comedor.
"Jamás volveré a pasar hambre ni tendré que aguantar heridas en mis manos"
Eso había pensado, sus ojos se iluminaron al pensar que Tía Petunia lo alimentaria adecuadamente y que ya no lo obligaría a trabajar en el jardín todos los días. Pensó en lo suave que estaría su piel luego de un descanso de años de trabajar bajo el sol con manos agrietadas por las espinas florales y la tierra ardiendo sobre las cortadas. Sus ojos se aguaron al imaginar que ya no tendría que participar en "La cacería de Harry" y que su primo Dudley y sus amigos tendrían que buscar otro medio de entretenimiento. Toda su cabeza se llenó de ideas y bellos escenarios en los que él era un niño feliz como cualquier otro, jamás en su vida se había sentido con tanta esperanza. Pero nada fue como en sus fantasías debido a un solo hecho, él era El-Niño-Que-Vivió. Las personas dudaban de que fuera el elegido ¿Pero cómo no serlo luego de todo lo que había tenido que pasar?
Sonrió en medio del vagón de tren vacío, Pensar que eso había sentido apenas en su primer año le causaba gracia. Aun ahora se preguntaba inútilmente si Mc Gonagall no había notado nada raro al haber tenido que escribir tantas cartas de aceptación para él, o si Dumbledore no pudo haber intentado hablar con los Dursleys para que al menos pudiera haberse dado cuenta de la clase de personas que eran. Ese era el problema, nunca pudo confiar en ningún adulto y por su propia seguridad jamás lo haría. En su segundo año había concluido que Hogwarts era, cuanto menos, el lugar más peligroso del mundo mágico. Un basilisco, por Merlín. Tuvo que matar a una serpiente gigante y eso no fue todo, un profesor trató de desmemorizarlo, un libro repleto de magia negra que no sólo resultó ser de Tom Riddle sino que el mismo Voldemort había revivido gracias a que poseyó a Ginny Wesley, sin contar las acromántulas en el bosque prohibido.
Su tercer año fue tal vez uno de los más difíciles, haber pensado que su padrino había sido el asesino indirecto de sus padres le había carcomido el alma. Pero perderlo había sido lo más difícil, y eso que para ese entonces no había muerto aún. En cuarto se había fracturado algunos huesos junto con la relación de amistad que había mantenido con Ron Wesley cuando este lo acusó de haber puesto su nombre en el cáliz de fuego, "si quieres háblame, pero no esperes que siempre actúe en ganas de salvarte el pellejo nunca más" le había dicho cuando le pidió perdón. Desde entonces apenas y hablaban. Convivían en clases, en la sala común, en los dormitorios, en el gran comedor y por supuesto, seguían interactuando al mismo tiempo con Hermione y sus otros amigos. Parecía imposible pero no era especialmente difícil. Hermione había estado en desacuerdo y le exigió que aceptara las disculpas del pelirrojo, pero no había logrado nada además de una amenaza de cancelar su amistad si creía que su dignidad valía tan poco.
Quinto, el peor año de su vida. Como en una mala película los sucesos se repetían, Se había distanciado de Hermione en el momento en el que se enteró de que no le había escrito en el verano luego de la muerte de Cedric por orden de Dumbledore. Consideró peligroso confiarle sus secretos a una persona que se dejaba dominar tanto por la autoridad a pesar de todas las reglas que habían infringido juntos, habían salvado vidas y evitado catástrofes y aun así no dudaba cuando un mago adulto le decía que hiciera o no algo. Ginny había intentado darle una poción de amor, no había funcionado porque Headwig había derramado su "jugo de calabaza", el color rosa luminoso se reveló al tocar la madera de la mesa de Griffindor. Ahora no comía nada sin realizar hechizos diagnósticos antes, ni siquiera cuando comía directamente en las cocinas. La muerte de Cedric había sido un golpe fuerte, pero su padrino atravesando el velo había sido una de las experiencias más devastadoras de su vida.
Había olvidado un detalle, Umbrige. La bruja fue descubierta por el ministro casi a finales de año, no, el inútil no "descubrió" las reglas tontas o el acoso a los estudiantes sino los castigos con plumas de sangre al menos tres días después de empezar a efectuarlos en más de la mitad de los estudiantes. Recurrió a horas de interrogatorios injustificados y muchas más horas de transcribir libros enteros sobre la historia del ministerio y biografías de cada uno de los miembros de la corte, incluyéndola. Pero un muchacho pelinegro siempre la contradecía cuando el regreso de Voldemort y la muerte de Cedric venían a flote, Harry no podía evitar alzar la voz para contradecir cada palabra que saliera de esa insufrible mujer. Lo castigaba más de lo normal y antes de darse cuenta ya estaba preso bajo una pluma de sangre modificada con altas cantidades de magia oscura, ya no era su mano sino todo su cuerpo. Luego de unas semanas había dejado de llevarle la contraria a Umbrige por su propio bien, pero no había sido suficiente para librarlo del castigo.
Iba camino a su sexto año en Hogwarts. Llevaba un suéter cuello de tortuga negro debido a que estaba determinado a esconder cada cicatriz de su cuerpo, al igual que hizo por años peinando un flequillo para esconder la marca del Avada Kedavra en su frente. En la piel de su muñeca y al borde del final de la gruesa tela se asomaban letras rojas que lo atormentaban la mayoría del tiempo, se podía leer "Mentiras" fácilmente y eso era lo que no quería. Buscó guantes entre sus cosas y se sintió aliviado de encontrar un par, el vagón lo albergaba sólo a él, cual refugio. Se preguntó que debía enfrentar esta vez, si profesores locos o criaturas asesinas.
No quería regresar a Hogwarts, era la verdad. Si escapaba tendría que volver con los Dursley… no. Eso significaba para Dumbledore, pero él no carecía de recursos. Podría hacerlo, pero no en ese momento. Nadie jamás se había bajado del expreso antes de llegar al destino y aunque podría intentarlo si lo lograba no quería ser el primero en hacerlo como en muchas otras situaciones en las que no tuvo opción. Así que dispuesto a esperar se puso más cómodo y pensó en la cara que pondría el viejo director cuando su niño de oro y arma de guerra se esfumara completamente de su vista. No tendría que preocuparse de nadie más a parte de él, el ministerio probablemente daría una declaración pública diciendo que huyó despavorido, la orden supondría que Voldemort lo secuestró y sus "amigos" pensarían que fue sólo a una misión peligrosa para salvar al mundo mágico de nuevo. Le consolaba que en lo que respectaba a corazón de bruja probablemente se inventarían que huyó para esconderse él y su chica de tanto alboroto que no dejaba avanzar su relación amorosa.
Hablando de lo cual, había conocido a una bella chica en una cafetería ubicada en una estación de metro, era morena y con un afro bien distribuido por toda su cabeza, le había preguntado por Harry Potter el otro día y al contestarle que era una persona demasiado compasiva para su bien tal pareció que la mujer había captado la indirecta del comentario e inmediatamente quiso saber del tal Potter así que insinuó que su turno terminaba a las once. Para su completa satisfacción había declinado de la "petición" de Dumbledore de ir a un lugar a convencer a un tal Slughorn de que enseñara en Hogwarts y se alegraba de no haber hecho tal cosa porque esa noche fue muy agradable, ella era una muggle y aun así llenó la atmosfera totalmente de magia para él. No habían llegado a nada más que una mirada fija en toda aquella salida, pero por alguna razón le pareció suficiente porque pensó que de tener más probablemente se volvería loco.
Fue algo difícil decirle que se iría a un internado y que no podría verla en unos meses, a decir verdad pensó que lo acusaría de ilusionarla o jugar o algo por el estilo pero en cambio le hizo prometer que le contaría cada detalle de su viaje y cómo no, del tal Harry Potter. Contarle cada uno de los detalles iba a ser un reto, pero trataría de decidir qué hacer luego. Sus problemas eran más grandes que decirle a una muggle que era un mago, ese sólo era un bonus de inquietud en su mente.
Volvió a la tortuosa realidad, no podía tener nada con ella aunque quisiera. Él simplemente debía mantenerse lejos de las personas que le importaban, era su regla y era necesaria. Con ese pensamiento se preparó para bajar del expreso y mientras recogía un maletín de cuero negro que había comprado en su última ida solitaria al callejón Diagon ideaba un buen plan para salir de Hogwarts sin que Dumbledore o en todo caso Voldemort al final no acabara con él.
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Todos en el gran comedor lo miraron al entrar, cómo cosa rara, tarde para la cena. Aún no traía su vestimenta de Griffindor, no lo consideraba necesario ya que se marcharía pronto. Se había distraído en el camino mirando las paredes de Hogwarts, las paredes que hace mucho tiempo significaban una barrera entre el sufrimiento y una vida normal. Ahora, con una mirada lúgubre se sentó lo más alejado posible de todos en la mesa y sólo luego de comprobar que no tuviera nada extraño bebió un vaso de jugo de calabaza lentamente, pensando en su futuro.
No se había dado cuenta de que todas las miradas se posaban en su persona. Los alumnos, maestros y fantasmas se quedaron en silencio mirando a esa mancha negra andante que supuestamente era el chico-que-vivió. Recordó que vestía totalmente de negro, incluyendo los guantes y un gorro que había comprado en un bazar muggle para aplacar su cabello: parecía estar causando efecto en los demás. Sin embargo continuó con lo que hacía sin importarle la calculadora mirada de Dumbledore, sintiéndola en la nuca era difícil pero hizo su mejor esfuerzo.
Ron y Hermione sisearon su nombre, pensó que ignorarlos sería inmaduro, él enfrentaba, era lo suyo. Lo miraron con preocupación cuando decidió mirarlos a los ojos, al verlos algo en su interior se movió, pero al instante la sensación desapareció. Simplemente nada llenaba el vació de su alma. Estaba cansado, realmente cansado de las expectativas, de tener que ser un arma de guerra, de no tener opción.
En ese momento Dumbledore decidió actuar, de reojo Harry vio que le hacía una seña al profesor Snape quien estaba al otro extremo de la mesa, este asintió con su típica cara permanente de asco y resignación. Suspiró, algo pasaría esa noche y no tenía idea de qué, pero probablemente retrasaría su huida.
Con la esperanza de ejecutar su idea lo más rápido posible procedió a levantarse del gran comedor tratando de que el movimiento fuera lo más disimulado posible, lo cual fue un total fracaso. No le sorprendió, era el chico que vivió.
- Harry, ¿Te encuentras bien? – Le había preguntado Neville, quien se veía menos encorvado que de costumbre, eso alegró a Harry, Neville nunca le cayó mal. Al pasar de los años se dio cuenta de que era un chico simpático y leal, algo tímido, pero sin duda un valiente Griffindor. Tal vez más de lo que muchos podría ser.
- Todo está bien, Neville – Contestó aún de pie al borde de la mesa – Estoy cansado pero podemos hablar mañana, dicen que en sexto curso Herbología es todo un reto, tal vez puedas ayudarme.
Al muchacho antes regordete se le iluminaron los ojos, si en algo era útil era en la materia de la profesora Sprout. No dudó ni un momento en aceptar con una sonrisa que le pareció muy contagiosa a Harry.
- Por supuesto, nos vemos mañana a la hora del té para discutirlo si no cambias de opinión.
- No lo haré, Buenas noches.
No estaba seguro de qué le impulsó a alentar su relación con Neville a través de los estudios, primero que nada no iba a quedarse mucho tiempo, tal vez sí se sentía solo. Al fin salió del gran comedor, apresuró el paso hacia las cocinas, necesitaba ver a Dobby. Sin embargo una gruesa voz tras de él lo detuvo.
- ¡Potter!
Maldita sea
- Profesor Snape – Saludó calmadamente con la cabeza, lo que pareció asquear al hombre mayor.
- Potter, por órdenes del Director me acompañará en este mismo momento al aula de Defensa contra las artes oscuras.
- ¿Puedo preguntar por qué?
- No, No puede. Camine.
Empezó a caminar sin asegurarse de que lo siguiera, simplemente no era necesario, ¿cierto?, pensó Harry suspirando. Iba adonde Dumbledore lo guiara, ¿no?
El aula estaba como siempre. Snape hizo que tomara asiento mientras este se medio sentaba particularmente relajado al borde del escritorio, eso era una mala señal.
- De ahora en adelante aprenderá Oclumancia todas las noches aquí, conmigo como maestro.
La cara del pelinegro menor era un poema, ¿Oclumancia con Snape? El viejo sin duda quería matarlo.
- ¿No tiene nada que decir?
- ¿Por qué ahora?
- Hmp, Es bien sabido que usted y el señor tenebroso comparten una conexión, puede acceder a su mente y hacerla pedazos en un santiamén, hacer que se vuelva loco para poder matarlo lentamente. Ahora parece no estar al tanto de esa posibilidad así que actuaremos rápido para evitar que nuestro "salvador" muera antes de Derrotarlo.
- ¿Y si me rehúso? – Desafió con la mirada fija.
- Tendrá que resignarse a esto, pero mucho peor, ¡Llegerme!
Pero no pudo adentrarse completamente en la mente del chico de James Potter, al instante sintió una fuerte aura maligna que lo obligó a detenerse y jadear en busca de aire. Miró al mocoso y se sorprendió al verlo mirándolo, como si lo estuviera retando en silencio, además de no parecer ni un poco afectado.
- No puede conmigo, profesor Snape – Comentó con la voz queda - Usted no es capaz de penetrar mi mente porque no se imagina lo que cubre mis pensamientos, jamás lo entenderá.
Draco Malfoy estaba buscando a su padrino, se estaba empezando a hartar de caminar sin éxito. Sabía que debía estar con Potter puesto que vio cómo iba tras él cuando salió del gran salón. No preguntaría sobre ello porque sabía que no iba a decirle nada, seguramente tenía que ver con Dumbledore así eso a él, no le incumbía. A diferencia de lo que muchos creían no le interesaba meterse con Potter y nunca lo hizo, tenía mejores problemas de qué ocuparse. De esos mismos quería hablar con Severus, de lo que su padre le había ordenado ese día antes de abordar el expreso a Hogwarts.
Escuchó voces cuando pasaba por el aula de defensa, seguro de que estaban ahí pasó sin pensar, sin esperarse tal escena.
- Severus, Tengo que hablar contigo sobre un asun…to…
Su padrino estaba prácticamente tendido sobre la mesa del profesor mirado a Potter como si a este le hubiera salido una segunda cabeza, el chico seguía de espaldas a él así que no sabía exactamente qué estaba pasando. Severus al fin reparó en su presencia y se recompuso a toda prisa, tratando de no verse afectado por lo que sea que hubiera pasado.
- Draco, ¿Qué se te ofrece cuando estoy… ocupado? – Miró de reojo al niño que vivió, que seguía con la mirada perdida en algún punto del aire.
- …Quería hablarte sobre algo que mi padre me dijo esta mañana pero…Puedo buscarte luego – Su cara demostraba lo confundido que estaba, trató de no incitar un enfrentamiento de cualquier tipo y se dispuso a irse hasta que un movimiento brusco llamó la atención de ambos.
- Tranquilo, Malfoy. El Profesor Snape y yo ya hemos terminado – Se había levantado fuertemente haciendo que la madera de la silla chillara contra el suelo, su mirada lanzaba reto y fuego. Los dos presentes, helados, dejaron que se fuera sin poder decir algo.
- ¿Qué demonios pasó aquí?
- No lo sé, Draco, Pero no podemos dejar que se vaya.
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El toque de queda ya había pasado hacía veinte minutos y él no había podido irse de esa endemoniada escuela de magia por una sola razón, Severus Snape y Draco Malfoy lo tenían acorralado con varitas en mano a al menos unos metros de las cocinas.
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Ahí entendió algo importante, el chico Potter tenía planeado irse de Hogwarts y probablemente nunca volver.
- Hagamos un trato, Potter.
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Harry sabía que estaba algo afectado últimamente y no siempre resultaba en él callado o simplemente ajeno a todo, la escena de la noche anterior con Snape le ayudó a descargar una parte de la ira contenida que no lo dejaba pensar correctamente en algunas ocasiones. Pero aún no sabía en concreto que se supone que debía hacer, ¿Aceptar su propuesta era realmente viable? Había adivinado que planeaba irse de Hogwarts, tal vez lo que le había dicho sólo sería una calumnia para mantenerlo a raya.
Justo lo que Dumbledore haría
Pero él no era igual a Dumbledore, si se arriesgó a tal propuesta, al menos debía de tener bases realistas.
- ¿Trato? – Bajó su varita, nadie jamás le había propuesto nada y parecía que su profesor estaba al tanto puesto que daba la impresión de querer elegir las palabras con cuidado.
- Le ofrezco opciones a cambio de que permanezca en Hogwarts.
Pensó que era un chiste, luego recordó que el que tenía en frente era su profesor de pociones.
Le había dicho que durmiera esa noche en el castillo y que el día siguiente hablarían sobre algo que los beneficiara a ambos. Dudaba mucho que algo así fuese posible. Ahora se había vuelto complicado, Tenía burlar a Snape para poder irse. Tal vez el profesor sería inteligente y quisiera planear con él una manera de que pudiera escaparse como el parásito que era sin estarse involucrado. Pero algo en su interior le decía que esas no eran sus intenciones.
Esta noche se encontrarían en el despacho del mayor, había decidido escucharlo por pura curiosidad.
Despertó en un sofá de la sala común de Griffindor, no había tenido ánimos para encontrarse con sus dormidos compañeros y ahora no tenía ánimos para levantarse. La Dama Gorda había prometido no revelar que estuvo mucho tiempo fuera de la torre luego del toque de queda. Se despertó totalmente y decidió ducharse y arreglarse antes de que los chicos se enterasen. Para su sorpresa, fue difícil desprenderse de las ropas negras que traía desde la mañana del primero de Septiembre. Al ponerse el uniforme junto con la túnica notó, desagradablemente, que mucho de su piel quedaba expuesta. Acto seguido buscó dentro de su baúl para encontrar lo que había usado durante todo el verano, cuellos de tortuga, guantes, pantalones con punto holgado y gorros. Esperaba no llamar mucho la atención, pero como siempre eso sería imposible.
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Los alumnos y maestros no habían digerido que el chico de oro ya no era lo que fue, nadie sabía por qué y nadie se atrevía a preguntarle directamente, pero sin duda era el tema de conversación en todas las casas. Había llegado temprano al comedor para evitar demasiadas miradas, pero a medida que se iba llenando se le hacía más difícil soportar los cuchicheos, sin embargó hizo el esfuerzo de ignorarlos y perderse en su mundo. Lo cual funcionó hasta que cruzó miradas con Malfoy cuando este iba a dirigirse a la mesa de Slytherin. Inclinó la cabeza en señal de saludo y además, disculpa. No había sido su intención meterlo en nada de esto. A pesar de lo que todos pensaban, ya no era un niño.
Bajo la atenta mirada de todos Malfoy bufó, para luego devolverle el saludo y seguir hacia su destino con sus compañeros boquiabiertos. Soltó una risilla que desapareció al instante, sus propios compañeros estaban confundidos. Eso le recordó que le había pedido a Neville ayuda en Herbología, no que la necesitara, pero no iba a arrepentirse que querer compañía al menos mientras se mantuviera en el castillo. También se dio cuenta de que no tenía idea de que materias verían ni con quien, no le importaba en realidad. Solo seguiría la corriente, al menos hasta saber qué tenía Snape para él.
No le encantó enterarse por murmullos molestos que la primera clase del día sería pociones. Suspiró. Pero no se esperaba que sus amigos decidieran hablarle justamente en ese momento, el día anterior habían mantenido la distancia tanto Hermione durante la cena y Ron en los dormitorios. En cuanto a los demás Griffindors, suponía que estaban esperando a que las dos personas restantes del trío de oro actuaran.
- Hola Harry – Hermione se notaba insegura y lo miraba muy atentamente, eso incomodó al pelinegro.
- Amigo, ¿Qué tal todo? – Ron estaba nervioso, era difícil no notarlo.
No tenía ganas de lidiar con ellos, no ahora. Pero no podía escapar porque se repetía una y otra vez que las cosas en su vida estaban mal y de alguna forma siempre estarían mal, había sido así desde el día en el que Voldemort cayó por primera vez. Si algo en su vida había dependido sólo de él, no lo sabía. Dudaba de todo, ahora lo hacía con sus amigos. Simplemente nada le parecía real, las únicas cosas buenas en su vida podrían ser una bonita farsa creada por Dumbledore. Tenía que averiguar en quien podía confiar y para eso debía enfrentar lo necesario, aunque no quisiera.
- Hola chicos – Les sonrió falsamente, porque así iba a ser desde ahora, todo sería una farsa para él.
Y para su alivio, ellos le seguían la corriente. No parecían sospechar nada, hasta Ron actuaba como el amigo que recordaba. Ese era el problema, sus amigos seguían creyendo que él era un niño y ya no era así. Caminaba por el mundo real desde hacía mucho tiempo y parecía de que los demás no se daban cuenta, nunca se daban cuenta de nada. Pero eso estaba bien, a pesar de todo no deseaba que nada malo les pasase. Mientras menos supieran, todo sería más fácil. Así que se dispuso a escucharlos hablar animadamente en todo el camino hacia el aula de pociones.
Le impresionó saber que Snape fue sustituido por Slugthbdn, parece que el murciélago logró lo que quería, oficialmente era el nuevo profesor de defensa contra las artes oscuras. Eso le divirtió, era bueno en D.C.A.O. y lo más probable es que le sería difícil atormentarlo de ahora en adelante. Pero por otro lado ese era el hombre al que supuestamente debía convencer en el verano. Tan sólo su presencia… había algo que no encajaba.
No parecía ser una amenaza, de hecho daba la impresión de que se asustaba al ver su sombra por la mañana. Además no lo dejó en paz en toda la clase, era insoportable que le recordara cada cinco minutos que su madre había sido una alumna excepcional y que ser el niño que vivió debía ser interesante.
Quería a Snape devuelta.
- Es muy importante que recuerden los efectos de estos ingredientes, para ti no debe ser un problema, Potter. Lily solía decir-
No pudo terminar de hablar porque un harto muchacho le dio un fuerte puñetazo a la mesa de trabajo, todo quedó en silencio aún luego de que este recogiera sus cosas y se fuera con pasos lentos. En otra situación Harry no hubiera reaccionado de esa manera, pero en realidad no le importaba.
No pudo caminar demasiado ya que el Profesor Dumbledore se interpuso en su camino, los ojos del viejo director brillaban de una forma extraña mientras que los de Harry trataban de no revelar nada. El mayor sonrió como siempre.
- Harry, muchacho. Un gusto verte al fin.
- Igualmente, Profesor, ¿Qué se le ofrece?
- Ya que no estás en clases, ¿Podrías ser tan amable de acompañarme a mi despacho?
Asintió sin tener remedio para la situación. En el camino podía sentir las punzadas inconfundibles de alguien tratando de entrar a su mente, miró la espalda del viejo insufrible queriendo preguntarle si no podía ser más descaradamente obvio. El poder de su Legeremancia lo estaba abrumando, no estaba precisamente cerca de derrumbar su escudo negro, pero un repentino vértigo le decía que su intención era hacerlo a toda costa. Por suerte llegaron a la gárgola que los llevaría a la mejor trampa mortal del castillo.
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Trató de no verse sorprendido por tal "petición" de parte del viejo loco.
- ¿Usted quiere… que le de Veritaserum a Draco Malfoy? – Se esperaba cualquier trabajo sucio, pero estaba más preparado para ir al bosque prohibido a matar unicornios que para trucar algo que Malfoy ingiriera.
- Precisamente, mi muchacho. – Le miraba risueñamente, como si no estuviera diciéndole que agrediera al hijo de Lucius Malfoy, seguramente lo mataría. Pero si lo pensaba bien, ¿desde hace cuánto tiempo el Señor Malfoy se había desprendido de su único hijo? Antes al menos parecía quererlo de una formal vil y retorcida, como todo lo que tenía que ver con ese hombre. Desde hacía al menos tres años que no se le veía, y cuando se aparecía pasaba totalmente de su hijo y hasta era más hiriente de lo normal. No era raro verlo merodeando por el castillo siendo un miembro del comité de Hogwarts. Aunque eso nunca le pareció muy normal, hasta le daba la impresión de que él mismo se había otorgado el título. – La tarea que te daré será que elocuentemente coincidas con el Señor Malfoy, cuando puedan estar a solas es preciso que lo traigas aquí para hacerle algunas preguntas. Claro, solo luego de que beba algo refrescante. Me gustaría hacerlo de otra manera, pero el Señor Malfoy no es lo que se llama una persona colaborativa.
A Harry casi le sorprende la manera tan cínica que tenía esta persona para convencer a todos a su alrededor de hacer cosas tan cínicas como aquellas. No, el problema no era que le estaba ordenando que hiciera algo inmoral (e ilegal) sino que lo hacía de manera tan natural y siempre queriéndose ver como una buena persona.
- ¿Me ayudarás, Harry? – Le preguntó poniendo sus codos sobre el antiguo escritorio y observándolo atentamente, buscando algo, cualquier cosa que delatara algo que no le gustara.
- Por supuesto, Señor. Ha de ser algo muy importante para recurrir a esos métodos, pero confío es usted. – Realmente se esforzó en sonreír dudosamente, como lo haría el viejo Harry, siempre haciendo cosas que no quería, siempre siendo usado. No tenía tiempo de pensarlo, si Dumbledore lo veía dudar sería el fin.
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Ya saliendo del despacho suspiró, había acabado.
"Por ahora", pensó rozando con los dedos el pequeño frasco de Veritaserum que reposaba en su bolsillo.
Al fin pudo alejarse un poco de la vibra pesada que provocaba estar a solas con una persona tan retorcida, su magia realmente era abrumadora.
Lo único que se preguntaba era el porqué de todo aquello. La noche anterior Malfoy había ido en busca de Snape para hablar de algo que le había dicho su padre, recordaba haberlo escuchado. Pero qué podría ser tan importante, eso era lo que temía. Claramente no iba a involucrarse y mucho menos darle "una bebida refrescante" a Malfoy. No eran mejores amigos, pero no quería a un enemigo más en su lista. Si tenía suerte podría usar esta situación con Snape, sólo tenía que esperar a reunirse con él.
Recordó de un momento a otro que quedó en reunirse con Neville, esperaba que no fuera muy tarde para ello.
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Fue al gran comedor a paso rápido esperando ver a algún Griffindor para ubicarse, no fue especialmente difícil, ya era la hora del almuerzo y todos estaban allí. Le alegró no haber quedado mal con Neville, aún faltaba para la hora del té.
Se sentó en la punta de la mesa de Griffindor, a lo lejos vio a los gemelos Wesley, los saludó con la cabeza. Ellos no le caían nada mal, sólo eran algo agobiantes. No veía a Ron ni a Hermione, eso le trajo varias ideas negativas a la mente. Algo le decía que el director ya estaría hablando con ellos, después de todo no sería la primera vez que les ordenara vigilarlo. Todo ese juego se había vuelto predecible.
Levantó la mirada hacia la mesa de Slytherin, ahí se encontraba Draco Malfoy bebiendo quien sabía qué. Por un momento sintió compasión del personaje, Dumbledore estaba tras él. Pensó en la posibilidad de ayudarlo, le atraía un poco la idea. Draco Malfoy era tal vez la representación de lo que él hubiese sido si no le hubiera dicho al sombrero seleccionador cosas tontas sobre no querer estar en Slytherin. Era impecable y educado. Orgulloso y calculador, si le restaba el ego, no le parecía mal. Él apenas podía fingir ser amigo de todos, y eso que llevaba apenas día y medio en aquel lugar.
Realmente quería irse, ya no soportaba las miradas de todos. Juzgando y diciendo cosas estúpidas en murmullos que él podía oír claramente. Detestaba el ruido, se sentía miserable. Al salir de su línea de pensamiento se dio cuenta de que el rubio lo estaba mirando, tal vez notó que lo estuvo mirando descaradamente por un tiempo. Ahí se le ocurrió una idea. Malfoy levantó una ceja hacía él, preguntándole silenciosamente si se había vuelto loco. Harry se fijó rápidamente en la mesa de profesores, Snape no estaba ahí, tampoco Dumbledore. Volvió la mirada al Slytherin que seguía mirándolo como si fuera un perro confundido, viendo directamente a sus ojos apuntó a la salida con la cabeza y se levantó, esperaba que Malfoy lo siguiera.
Salió y estuvo caminando lentamente para no alejarse demasiado, fue cuestión de minutos, de un momento a otro Draco Malfoy caminaba a su lado.
- ¿Qué te sucede, Potter? – Ambos miraban al frente aún, era una situación irrealista.
- Vamos, Malfoy. No te pongas a la defensiva, quiero hacerte un favor.
- Dudo mucho que puedas hacer algo que me beneficie. – Draco sólo se preguntaba sobre la actitud tan rara que había adoptado Potter ese año, fingía que no, pero claramente notaba un duro cambio. Ya no parecía un Griffindor tonto, en realidad si se fijaba más de cerca, hasta tenía una ligera vibra Slytherin. Le causaba cierta curiosidad. Además estaba todo el asunto de la noche anterior que no terminó por entender.
- Vamos Draco, ¿Qué querías decirme? – Le preguntó su padrino luego de asegurarse de que Potter hubiera accedido a escuchar esa propuesta tan extraña sobre un trato al día siguiente.
- ¿Qué pasó aquí, Severus? – Le preguntó más que confundido, Jamás había visto al hombre tan anonadado y exaltado. Mucho menos a un Potter con una mirada tan penetrante junto con un aura de superioridad, le recordaba mucho al Señor Oscuro. Hasta cuando se alejó por un pasillo su espalda le dio una mala sensación.
- Para ser sincero, no lo sé muy bien. Pero no debería involucrarte en lo que sea que esté pasando, me da la impresión de que tienes mejores problemas que Potter.
Claro que tenía mejores problemas, pero le estaba dando curiosidad. Ha sido bien sabido que Potter y él tenía una rivalidad tonta desde primer año, ya no se prestaban la más mínima atención, pero el instinto de ir a lo que no entendía lo estaba haciendo pensar en cosas referentes al niño que vivió.
Estar caminando a su lado le daba un mal presentimiento. El señor Oscuro estaba en la mansión Malfoy, atormentando su mente con sus pisadas silenciosas y esa maldita serpiente deslizándose por su cuerpo. Era perturbador en cierta forma estar cerca de Potter porque le recordaba al mago más poderoso y cruel siseando sobre matar al niño que vivió y a cada sangre sucia que no le sea de utilidad. Como también, para su sorpresa, le causaba tranquilidad ya que claramente, el señor Oscuro no se encontraba ahí, podía respirar aunque tuviera que hacerlo cerca de Potter. Era un sentimiento agridulce. Irónicamente ese chico era la víctima, el objetivo. Y aun así entre ellos dos era el que más expuesto estaba a Voldemort
- Escucha, Malfoy. Probablemente ya te lo imaginabas, pero Dumbledore está interesado en cierta información que parece que tú posees. – Malfoy se detuvo por un momento, luego continuó siguiendo el paso. Estaban solos, pero por no arriesgarse sacó su varita. – Eh, al menos escucha lo que quiero decirte.
- No voy a Hechizarte Potter. – Le aclaró con gracia. Puso una barrera a su alrededor para que nadie pudiera escucharlos, no le gustaban los cabos sueltos. - ¿Acaso no te enseñaron hechizos de privacidad en tu casa?
Harry no supo hacer otra cosa que reír.
- Oh si, definitivamente los muggles abusivos no son muy expertos en hechizos de privacidad. – Draco alzó una ceja, no se había imaginado tal respuesta, pero uniría cabos luego. Vieron estudiantes a lo lejos, entraron a un salón en desuso, Draco puso una cara que a Harry le pareció graciosa, estaba abandonada, pero definitivamente era un aula de Estudios Muggles. - ¿Demasiado para un Sangre Pura?
- Estás muy chistoso hoy, cara rajada. – Contestó volteando sus ojos grises en señal de burla. – Entonces, te escucho.
- Lo diré sin rodeos. Dumbledore me dio una tarea y tengo el presentimiento de que tú no terminas muy bien parado si la llevo a cabo. – Cruzó los brazos mientras se apoyaba en un escritorio, justo como lo había hecho Snape la noche anterior. No podría decir que Malfoy estaba sorprendido, pero eso era de esperarse. Los Slytherins sabían qué demostrar y qué no.
- ¿Por qué me lo estás diciendo? – Disimuladamente quiso alcanzar su varita.
- Ahora soy yo el que te dice que no te haré nada, no tenemos que iniciar un duelo. – Malfoy no se lo creía, no esperaba que Potter lo aislara para atacarlo, pero si ese era el caso no bajaría más la guardia. El pelinegro al ver la desconfianza en el rostro contrario suspiró. Levantó una mano y con la otra sacó lentamente su varita bajo la atenta mirada de alguien que no dudaría en maldecirlo. Mirada que cambió a una casi confundida cuando el Griffindor le lanzó su varita. Draco miró la varita de Potter en su mano, luego a Potter, y repitió el proceso un par de veces.
- De verdad estás loco, ¿cómo me das tu varita como si fuese una rana de chocolate?- Desde su niñez si su varita no estaba con él su padre se aseguraba de castigarlo bien, después de todo un mago no es un mago sin su varita.
- No vas a matarme, Malfoy. Relájate. – Harry realmente estaba disfrutando confundir a Malfoy, es un placer desde primer año. – Precisamente por ello quiero entablar una alianza entre nosotros.
- … ¿Qué? – No era lo que esperaba. – No es por ofender, ¿Pero en qué me beneficiaría algo así?
- Sé que Voldemort está en tu mansión, sé que tu padre está tramando algo. Sinceramente opino que estás metido en algo grave, yo también lo estoy. Podemos ayudarnos.
- ¿Qué te hizo sacar esas conclusiones? – Cuestionó con cuidado, se sentía incómodo. Nadie debería tener conocimiento de esa información. Era peligroso para su familia.
- Sé que no estás dispuesto a admitir nada, pero yo sí. – Por primera vez en mucho tiempo Harry iba a confiar en alguien y a pesar de que ese alguien era Malfoy, no sentía que estuviera haciendo algo malo. – Lo que te voy a decir no lo sabe nadie. Ni siquiera Dumbledore, te lo puedo jurar. – Empezó a dirigirse a una ventana y se detuvo a mirar los árboles. Sin ninguna duda dirigió su mirada a Draco, quien se veía expectante y confundido para sorpresa de Harry. – Hay una filtración en tu casa, Malfoy. No actúa bajo órdenes de nadie, pero tenemos contacto.
En ese instante Draco Malfoy hizo algo bastante inesperado para él. Se acercó rápidamente y puso su brazo en el cuello de Harry, haciendo toda la presión posible. Jamás lo había visto atacar al estilo muggle, eso no es algo que los magos acostumbren hacer. Mucho menos los Sangre Pura.
- ¿A qué estás jugando? – Sus rostros estaban muy cerca, así le era más fácil distinguir los ojos furiosos frente a él. – Mi familia tiene un pie en la tumba ¿Y tú me dices que hay alguien revelándole información al famoso Harry Potter? ¿Qué demonios hiciste?
Hablaba en voz baja, pero su ira se expandió por toda el aula. Estaba tan enojado que no pudo predecir el siguiente movimiento de su ahora contrincante.
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Tenía que admitir que Malfoy era fuerte, pero él jamás sería dominado por nadie más en su vida. Imágenes empezaron a aparecer frente a sus ojos, Voldemort, luego su tío Vernom, Dudley, y por último Dolores Umbrige.
Tomó el brazo de del contrario, fue tan fácil como recoger una hoja de papel. Cegado, lo dobló para causarle dolor al que quiso ser superior a él. Con un simple movimiento lo derribó y estando ya tendido, era él quien ahora lo asfixiaba. Más y más fuerte. Pero estaba consiente, sabía exactamente lo que estaba haciendo. Y una parte de él siempre quiso ver sufrir a la persona que ya se estaba poniendo morada por la falta de aire.
- Mucho cuidado, Malfoy. – Le advirtió con desprecio – No vuelvas a provocarme.
Al fin lo soltó. Al instante el afectado tosió fuertemente por lo que parecieron minutos, se tocaba el cuello aún sorprendido. Cuando levantó la vista Potter miraba con el sueño fruncido su camisa rasgada por el forcejeo en el suelo, en ese momento Malfoy notó las rojas cicatrices, como si hubieran sido infringidas hace apenas unas horas. No logró leer lo que ponían y fue sumamente extraño, obviamente eran marcas inconfundibles de Umbrige, ¿pero en cuello? Además de que no parecían terminar ahí. Esa podría ser la razón por la que el niño que vivió era una mancha negra andante, Tal vez un cuello alto no fuera tan extraño, pero guantes y capas gruesas de ropa aún debajo de la túnica no era una manera de vestir muy normal en esa época del año.
Sumando esa actitud violenta, algo estaba realmente mal, pero no sabía qué.
- Si sabes un hechizo para arreglar esto es tu momento de brillar – Escupió Harry haciendo que Draco se exaltara, se refería a su camisa. Sin decir nada el susodicho alcanzó su varita a un lado de él para luego levantarse, apuntar y arreglar. Había quedado como nueva, pero ya había visto algo que sentía que no debía saber.
Por primera vez en mucho tiempo Draco se sintió un intruso, afloraba en él una sensación de duda y mal curiosidad. A pesar de que interiormente estaba aterrado por la tarea que le había encomendado su padre, ese rato de hostilidad con Potter hizo que una de sus tantos días miserables cambiara sólo un poco, sentía algo nuevo, no felicidad ni comodidad, sino una situación diferente al resto. Jamás pensó que no le importaría en lo más mínimo que alguien lo estrangulara, si su padre se enteraba seguramente no se sentiría tan liberado como él.
Pero seguía teniendo problemas con la información que le había dado el pelinegro, desafortunadamente se obligó a volver a la realidad. Y al hacerlo se dio cuenta de que Potter ya no se encontraba ahí, ahora tenía más problemas. Corrió rápidamente a la salida y al no divisarlo en ningún lado cercano del pasillo no pudo pensar otra cosa, Severus lo mataría si terminaba siendo responsable de que Potter saliera del castillo.
Empezó caminando con paso acelerado para no llamar tanto la atención, no supo en qué momento llegó al despacho del ahora profesor de defensa contra las artes oscuras jadeando de tanto correr.
- No lo sé con seguridad, pero es posible que Potter esté intentando fugarse.
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- ¡Harry Potter! – El nombrado sonrió, como siempre Dobby no cabía en su felicidad al verlo. Estaba agobiándolo un poco con su entusiasmo, pero tenía que admitir que lo había extrañado mucho. Llevaba una camiseta con rayas muy bonita, y oh, una sorpresa grata, traía pantalones. Se veía hasta gracioso, pero debía admitir que estaba más limpio, con autocuidado. Podía apreciar que estaba más calmado que antes, incluso él había cambiado. El elfo domestico no le hizo preguntas sobre su renovado aspecto gótico y deprimente, en cambio le ofreció un trozo gigante de pastel de calabaza, tenía muy buena pinta.
- Lo siento, Dobby. Hoy no vengo a comer, Necesito tu ayuda – Realmente hubiera deseado tener el tiempo para hablar, pero seguramente Malfoy ya debía estar buscándolo, no sería lo suficientemente osado como para dejar que se fuera sabiendo, aunque fuese a medias, que Snape tenía planes con él. – Pero es totalmente secreto, ¿entiendes?
- Dobby es experto en secretos, señor. Dobby estará encantado de ayudarlo. – Le perturbaba a veces la manera que tenía Dobby de dirigirse a él, pero a lo largo de los años había dejado de intentar cambiarlo, era inútil, Pero el cariño que le tenía a ese pequeño ser hacía que no le importase en absoluto.
- Lo sé. Es simple, sólo necesito que abras para mí el pasadizo de escape de los elfos domésticos.
- ¿El señor Harry Potter sabe sobre eso?
Sonrió, pocas veces había despertado la curiosidad de Dobby, parecía ser alguien simple pero definitivamente era más complejo que muchas personas que conocía.
- Lo descubrí en un libro muy interesante, Dobby – Historia de Hogwarts tenía algunos trucos bajo la manga. El año pasado cuando fue a la sección prohibida buscando alguna forma de contrarrestar los efectos de la pluma de sangre, sin éxito, encontró un libro especialmente antiguo con el escudo del colegio de magia. Ya había leído la Historia de Hogwarts, pero ese libro era, o parecía, una versión mucho más anterior. No sólo hablaba más extensamente de la estructura del castillo revelando secretos que ni los Merodeadores pudieron, sino que exponía mucho más el trato, o el mal trato, hacía los elfos domésticos que servían en él. Era la época en la que la esclavitud estaba en su máximo apogeo. El pasaje que planeaba usar estaba justo en las cocinas, fue hecho por un poderoso profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras para que los Elfos pudiesen tener la oportunidad de escapar. Pero fue castigado y despedido al ser delatado por los mismos elfos. El Director, en burla, hizo que los elfos usaran su magia para sellar el pasaje y que sólo ellos pudiesen acceder a él. Como era de esperarse, nunca fue abierto de nuevo.
No sabía cómo Dobby tenía conocimiento de ello, pero ya no intentaba adivinar los métodos de los Elfos, ellos eran algo indescifrable.
- Dobby estará muy feliz de ayudar, Harry Potter sólo tiene que decir cuándo y Dobby estará listo.
No traía sus cosas. Pensó en pedirle a Dobby que lo trasportara a sus habitaciones y luego de regreso a las cocinas, por lo que sabía los elfos sí eran capaces de aparecerse dentro de Hogwarts (aunque nunca lo hiciesen) pero no quería enterarse de algún control que Dumbledore tuviera para darle seguimiento a tal cosa.
- Iré a buscar un par de cosas, debería estar aquí en quince minutos. Sigue tus tareas con normalidad, te llamaré cuando te necesite.
Usaría otro pasadizo para llegar lo más rápido posible a la torre de Griffindor, había leído la contraseña en el libro, creía recordarla todavía. Había avanzado tan sólo algunos metros cuando Severus Snape y Draco Malfoy le bloqueaban el camino, otra vez.
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- ¿Qué fue lo que hiciste, Draco? – Preguntó Snape más que molesto mientras corrían hacia el mismo pasillo en el que habían confrontado a Potter la noche anterior, era la única pista que tenía respecto a su huida.
- Te aseguro que no querrás saber eso hasta que estés más calmado – Escaparía de las preguntas todo el tiempo que pudiese - ¡Ahí está!
Y otra vez, se encontraban en la misma situación.
- ¿No tienen algo mejor que hacer? – Preguntó el insufrible de Potter con el ceño fruncido, en todos los años como su profesor no deseó con tanta fuerza golpearlo con su propio cuaderno durante todo el curso.
- No está cumpliendo nuestro acuerdo, Señor Potter. No sé qué haya hecho el Señor Malfoy, pero no toleraré que falte a su palabra.
- Esto es gracioso, usted no supone que fue mi culpa por primera vez en seis años – Potter tenía una ceja alzada, al muchacho ese simple hecho le causa sospecha. Severus tenía que admitir que él también estaba sorprendido. – Y por primera vez en seis años, Malfoy no hizo nada.
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Harry estaba atento, el cuadro con el pasadizo estaba en la próxima esquina.
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- No dejaré que se vaya.
Potter no estaba dispuesto a negociar, había sacado su varita. No tenía reparo en tener un duelo con el chico, pero le inquietaba. Sentía una vibra temperamental, incontrolable. No percibía magia negra, sin embargo no necesitaba hacerlo. Ayer había visto algo nuevo y oscuro, algo que estaba dentro de un adolecente con aires de fugitivo. Además, era el niño que vivió, era necesario en esta guerra, cualquier cosa que estuviese pasando tenía que resolverse. Su papel como espía no debía ser en vano. Alzó su varita, lo mantendría en el castillo costara lo que costara.
Agradecía que Dumbledore había salido al ministerio desde un poco antes del almuerzo, no quería tener que explicar tal situación luego.
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Draco no iba a involucrarse en un duelo con esas dos bestias. Potter estaba raro, más que raro, y su padrino no era precisamente muy controlado cuando quería algo.
- Usted se ha encargado de ponerme en cada situación humillante desde que entré a Hogwarts, desde el primer día me preguntaba qué le hice como para que mirara con tanto desprecio a un niño de once años. Ahora que por fin sé que la razón es mi padre ¿quiere que le diga algo? ¡No soy James Potter! – Daba pasos lentos pero firmes, se acercaba a Severus Snape como si quisiera matarlo. Habla en voz baja y amenazante, de manera muy parecida a la del hombre mayor. Además, tenía el mismo efecto. - ¡Deje de ser un maldito abusador y enfrente sus traumas! ¿Quiere verme destrozado? Esta es su oportunidad, póngase en guardia.
Draco estaba boquiabierto, no sólo por lo que el ahora loco Harry Potter le dijo a su padrino, sino porque el hombre estaba titubeando. Su varita ya no se veía tan firme y hasta él pudo notar la duda en su rostro. ¿Qué tanto de lo que le dijo era cierto? Parecía que mucho como para desestabilizar al inquebrantable profesor.
Dejó de analizar la situación y se concentró más en Potter, además de amenazante, parecía cansado. Lo notaba porque su mirada, además de su palidez, ojeras y movimientos, eran visiones similares que veía frente a su propio espejo algunas veces. Ya no era el niño Griffindor que estaba tras sus amigos todo el tiempo, el que no se defendía y vivía con la corriente. Había roto totalmente ese molde, ahora era solitario, lúgubre, decisivo y hasta podría decir que mucho más calculador. Un buen Slytherin se podría dar cuenta de que se había distanciado totalmente de sus amigos, así quisiera fingir que no era el caso. Pero su actuación no era el problema, sino el porqué de ella. ¿Por qué la intensa necesidad de dejarlo todo? Que él supiera, Dumbledore era una persona muy importante en su vida, al igual que todas las personas a su alrededor. Siempre lo había criticado internamente por observarlo tan apegado a todo y a todos, ahora no podía descifrar el por qué ya no.
Decidió ser sincero antes de que las cosas aumentaran de tono. Potter había tenido razón en algo, una alianza no era desventajosa en este caso. A lo largo de los años pudo sentir cierta simpatía por ese personaje, quien sin duda nunca ha sido lo que había aparentado hasta hace poco. Además, había una similitud entre ellos, de alguna manera lo sabía. ¿Había estado queriendo que se presentara la oportunidad de que Potter y él coincidieran?
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- ¡Alto!
Harry apenas pudo detener el hechizo.
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Acaba de evitar que tu Padrino estuviera en ese mismo momento tendido en el piso, le causó molestia pensamiento, pero no se echaría atrás.
- Potter, no sé lo que está pasando – Hablaba lentamente, a Harry no le gustó – Pero yo sé lo que es querer escapar y dejarlo todo, no lo he hecho porque la realidad es que no podremos escapar nunca de lo que no solucionemos. Lo que sea que dejemos atrás nos perseguirá hasta encontrarnos de nuevo. Hay una solución, yo no la sé, pero seguramente en el fondo tú ya la tienes.
Hubo una pausa, Harry bajó su varita. Miraba a Draco con atención, había captado su interés, parecía dudar de su actual objetivo.
- No puedo solucionarlo – Confesó con lo que Draco identificó como desanimo.
- Hagamos esa alianza entonces – Propuso sorprendiendo al hostil Griffindor y haciendo que el profesor de defensa levantara una ceja – Tú sabes cosas que me interesan y yo puedo estar de tu lado.
Por primera vez en un tiempo Harry sonrió, pero de profunda pena. Draco sintió algo caerse en su interior al estar ante ese extraño sentimiento.
- Es imposible que puedas estar de mi lado – A pesar de esa revelación el pelinegro alzó su mano, sin varita, tan sólo esperando que Draco Malfoy y él sellaran la loca idea de una alianza entre ellos.
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Potter estaba con una mano alzada, como él esa noche en primer año en el que le ofreció su amistad y este la rechazó. Ahora, nuevamente, estaba frente a él otra oportunidad. Ya no lo impulsaba la codicia o el poder, esta era una alianza sin tratos ni definiciones. Algo como aquello no eran común en su vida, pero le atraía la idea por alguna razón.
Como Slytherin lo más indicado hubiera sido dejarlo en ridículo y terminar rechazando su mano. Pero pensó que ahí no estaba ninguna persona presente a la que tuviera que rendirle cuentas por sus acciones, ni dar explicaciones para mantener algún tipo de fachada. Ahí podía existir alguien que no fuese Draco Malfoy el Slytherin, sino alguien más parecido a Draco, simplemente Draco.
Al estrechar manos con su rival nació la pequeña posibilidad de ser alguien más.
Al mirarlo a la cara no vio un enemigo más de su padre, observó a una persona que en vez de hacerle mal, propuso la paz. Él era un Slytherin de pies a cabeza, lo sabía mucho antes que el sombrero seleccionador. Estaba orgulloso de ser quien era, ¿y quién era realmente? Se supone que la respuesta correcta era "un Malfoy", ¿realmente era tal cosa? ¿Realmente quería seguir los pasos de su padre?
Aunque lo reflexionara de todas formas no tenía ni la más mínima opción. De ser ese el caso, tenía el derecho de ser alguien más. Al menos el tiempo que fuera posible
Al menos antes de que fuera obligado a tomar la marca.
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Harry había visto muchas expresiones en la cara de los Malfoys. Entre ellas había asco, altanería, sarcasmo, burla, y probablemente muchas más con esa temática. La que jamás había visto era una de las más simples, una sonrisa. No parecía ser de felicidad, más sí de tranquilidad.
Fue novedoso y agradable.
- Si no les importa – Había olvidado totalmente al profesor que, seguramente desde hacía todo el rato, lo miraba amenazante – Ya que finiquitaron su nuevo estatus, síganme.
Harry dudó, ¿seguiría a ese hombre?
Sintió una mano en su espalda y esta vez no era la del reflejo de su madre en el espejo de Oesed, pertenecía a alguien vivo, a Malfoy.
- Vamos.
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Al ver todo aquel sentimentalismo nuevo en Potter, se vio a sí mismo, supo perfectamente que dudaba. Admitía que Severus no era la mejor persona para seguir en ese momento, pero al no tener opción decidió animarlo a ir, era lo único que podía hacer por él. Al llegar al despacho del profesor y tener la puerta cerrada tras ellos, una estela de silencio se esparció, presentía que algo no muy bueno se desarrollaría.
- ¿Alguno va a explicar qué fue lo que pasó el día de hoy? – Y otra vez, mirada de asco y repulsión.
Ahora caía en lo complicado de la alianza con Potter, no podía estar de ambos lados. Tendría que elegir entre su padrino y su ex némesis. Tal vez a eso se refería hace un momento, pero se equivocaba, podía estar de su lado. Necesitaba que le dijera lo que sabía, si eso significaba darle la espalda a su padrino, lo haría. Había dicho que nadie más sabía sobre la información que poseía, concluyó que el pelinegro no quería que nadie se enterara. Y eso incluía con creces al profesor de pociones que le hace la vida imposible.
Se armó de valor.
- Eso es algo que no le incumbe.
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Boquiabierto Harry entendió que Malfoy haría lo que fuese para proteger a su familia. Y tal vez, por reforzar su alianza. Así que antes de que el profesor se le ocurriera lanzarle un Legerme o intentara cualquier otra cosa, intervino.
- Profesor – Snape lo miró, estaba seguro de que iba a maldecirlo – Le proporcioné a Malfoy información que lo obliga a no traicionarme, si usted intenta leer su mente toda la familia Malfoy estará en grave peli-
Ambos muchachos observaron cómo antes de acabar de hablar, el profesor retrocedía y se sostenía la cabeza asombrado mirando a su ahijado, el cual lo veía confundido.
- ¿Qué le hiciste a Draco, Potter? – Preguntó respirando fuerte, el nombrado suspiró y se disculpó con la mirada hacia el peliplateado, que lo miraba con sospecha.
- Bien, como la advertencia de peligro no funcionó con usted, diré que esa información está protegida contra cualquiera que intente obtenerla a la fuerza. No le hice nada a Malfoy, es un efecto en cadena que no puedo controlar. Si vuelve a intentar entrar en su mente no tendrá tanta suerte como ahora, igual que con la mía.
- ¿Alguien lo maldijo para que no revelara la información?
- Al contrario, yo hago mis propias barreras, no necesito que nadie haga esas cosas por mí.
- ¿Estás controlando mi mente?
- No, Malfoy. Tu mente sigue siendo sólo tuya - Lo miró a los ojos para que supiera que estaba siendo sincero, lanzó un suspiro - Me veo en la obligación de proteger la información, pero sólo de quien quiera obtenerla sin permiso. Si lo deseas puedes compartirla, pero nadie entrará a tu mente para sacártela a la fuerza.
- Y se puede saber ¿por qué le ha dado a Draco el beneficio de proteger información que usted no quiere que nadie sepa, si puede revelarla a voluntad a quien quiera? - Snape sólo pensaba que el muchacho era idiota.
- A diferencia de usted o Dumbledore, yo no utilizo a las personas para mis propósitos. Lo que busco en Malfoy es un aliado, no un mortífago.
En Snape salió a la superficie un sentimiento que quería alejar a toda costa, trató de no ahondar en las palabras de Potter, trató de no estar consciente de que él mismo podría estar siendo sólo un mortífago al que Dumbledore utilizaba. Para colmo el chico lo miraba intensamente, como si supiera lo que estaba pensando.
- ¿Cuál es su intención, señor Potter?
- Si se refiere a mi dudosa estadía en este castillo, todo dependerá de lo que Malfoy decida hacer con nuestra alianza.
- ¿Qué tiene que ver él con sus ridículos panes?
- Antes de hoy no pensaba que hubiera otra forma, pero eso puede cambiar. Claro, sólo si él así lo desea.
Ambos miraron a Draco, quien se sentía contra la espada y la pared a pesar de que el niño que vivió le estaba dando total libertad para escoger. Si, él sabía algo que podría o no poner en riesgo a su familia, eso podría ser coaxión suficiente para estar de su lado. Siendo así, no importaban las intenciones de Potter, siendo buenas o malas, su familia estaría primero por mucho que consideraba a su padrino como una parte crucial de ella.
- Veo que ya tomaste una decisión, Draco.
- Severus...
Antes de que Draco pudiese explicarse el adulto sintió un ardor en su brazo izquierdo, mientras que el pelinegro llevó la palma de su mano a la cicatriz de su frente
- Voldemort.
