Capítulo 3: Lados.

En el gran comedor Harry se sentía incómodo.

Sorprendentemente había algo de calor, bastante. Se quitó el gorro de lana que se habia puesto al despertar, era lo único que podía hacer. Al realizar esa acción se encontró bajo la atenta mirada de la mayoría de los estudiantes y profesores, bufó, no se quitaría nada más.

De igual forma no es como si pudiese hacerlo.

De un momento a otro podía ver que Seamus le estaba hablando, al igual que Neville. Sin embargo era incapaz de entender lo que estaba pasando a su alrededor, cuando sintió la mano de Hermione sobre la suya la apartó rápidamente. Se levantó apresuradamente tratando de llegar a la mesa de Slytherin, apenas y podía caminar. Sintió brazos sosteniendolo, llevándolo contra su voluntad.

Su cabeza daba vueltas, trató de desplegar algún hechizo, de hacer barreras, pero todo fue inútil. No sentía su magia.

Escuchaba voces cerca de sus oídos, como cuando Voldemort le susurraba cosas inimaginables por las noches. Podría reconocer la escencia de canela propia de Ron, como también el aliento a fresas de Ginny.

- ¡No pueden hacer lo que sea que estén pensando! ¡Suéltenlo!

- Aléjate Neville, ¡no es asunto tuyo!

Estuvo a punto de pedirle ayuda a Neville, ¡no te rindas, ayúdame! para su pesar cualquier esfuerzo de formular palabra fue totalmente inútil. Una explosión lo tomó por sorpresa junto con el sonido de una persona cayendo a su lado, pensó que iba a caerse, pero unos brazos que sentía como los de Ginny lo detuvieron en su camino al suelo.

- ¡Ron!

Tan rápido como había empezado todo, De estar en el gran comedor pasó a reconocer los colores y el olor a limón inconfundible, estaba en la oficina de Dumbledore.

- Albus, ¿Qué significa esto?

- Apresúrate Severus, trae al joven Malfoy, te llevarás a ambos.

- ¡De ninguna manera! Draco no puede presentarse ante él en este momento.

- Haz lo que esté en tu poder para que sobrevivan, de ahora en adelante serás su mentor.

- ¡Me rehúso a tal estupidez!

- Enséñales todo lo que tengan que saber para no ser descubiertos, si alguien puede hacerlo eres tú.

- ¡No voy a enviarlos como cerdos al matadero!

- No me hagas repetirlo. Es por esto que te he dado refugio todos estos años, para el momento en el que fueses verdaderamente útil. Este es tu oportunidad de hacer algo de valor, Severus, no me decepciones.

Lo levitaba para mantenerlo de pie, sólo hubo silencio, parecía no haber nada en la oficina. Eso pensó hasta que una mano se posó sobre su hombro, apretando cada vez más hasta que sentía que quemaba.

- No temas, Harry. Haz lo que esté en tus manos para destruir a Voldemort, te quiero, muchacho.

Sonaba tan sentimental, tan viejo y Clemente. Pero al abrir los ojos confirmó lo que era obvio, una sonrisa torcida, cruel. Lo estaba enviando a su muerte, no sólo a él.

¿Dónde estás, Draco?

-o0o-

Algo malo estaba pasando. Durante el desayuno Harry había dejado caer su copa, sus compañeros más cercanos lo tocaban y le preguntaban qué le sucedía.

Él les huía y miraba a la mesa de profesores con desprecio, trató de encontrar lo que estaba observado mientras se tambaleaba en su asiento. Sólo notó a profesores a punto de levantarse, preocupados. El único que no encajaba en esa descripción era Dumbledore, quien tenía sus manos entrelazadas bajo la barbilla. Con la cabeza inclinada y sus ojos por encima de sus gafas de media luna parecía deleitarse, por primera vez entendió realmente lo que Harry quería decir cuando decía que era un ser oscuro, la visión que estaba teniendo le recordaba mucho a Voldemort.

Quería gritar que le quitaran las manos de encima cuando dos comadrejas se lo llevaban fuera. Al querer confirmar la posición del director en la mesa de profesores se dió cuenta de que ya no estaba, al igual que Snape.

- Draco.

- Draco, ¿qué sucede?

Blaise y Pansy probablemente ya habían notado su extraño comportamiento. Pensó detenidamente qué hacer, estaba entrando en pánico. Decidió mandar todo al diablo, que los Slytherins le dijeran a sus padres o al señor tenebroso lo que quisieran sobre su apoyo hacia Harry Potter, él iría a salvarlos.

Se levantó rápidamente y fue a la salida del gran comedor junto a Neville Lonbottom, quien parecía tener las misma intenciones de proteger a su amigo. No tardaron mucho en visualizar a dos estudiantes llevando con dificultad a un chico que vivió prácticamente desmayado.

- Entretenlos, yo iré por detrás.

Lonbottom los detuvo mientras él se adelantaba por un pasillo en común, cuando estaban distraídos lanzó un bombarda para despistar a alguno, el que se desestabilizara primero tendría el honor de caer antes que el otro. Se arrepentirían de todo.

Ron Weasley cayó al suelo y su hermana estaba desarmada, sin embargo sacó de su bolsillo lo que parecía un paquete de dulces. Listos para cualquier cosa que intentara los otros dos levantaron sus varitas en guardia, lo que menos esperaban sucedió, Ginny Weasley había desaparecido junto a Harry.

- ¡Un traslador dentro de Hogwarts!

- Escucha Lonbottom, tienes que decidir ahora.

-o0o-

Snape salió del despacho y lo primero que vió fue a Draco con una mirada decidida y amenazante queriendo entrar. Aprovechando que seguramente el director no esperaba que volviera tan rápidamente con el muchacho lo atrajo y le habló lo más bajo que pudo.

- Draco, los llevaré a ti y a Potter a la mansión Malfoy. Soy un espía, son órdenes de Dumbledore - El joven intentó zafarse del hombre que tan sólo días antes había admirado, sólo para que ahora lo enviara a su muerte - No te asustes, los protegeré a ambos cueste lo que cueste.

Draco se sintió repentinamente más calmado, miró a Severus con reproche, le había lanzado un hechizo atontador. El profesor Snape había sonado como un padre al decirle que no tuviera miedo, pero sin duda carecía de delicadeza.

- No hables ni intentes nada.

Por mucho que le costara aceptarlo, no tenía más opción. Si quería asegurarse de la seguridad de Harry debía hacer todo lo que pudiera por permanecer a su lado, por ello al entrar al despacho intentó no levantar sospechas. No miró al mago más viejo y usó todo su autocontrol por hacer lo mismo con Harry, se supone que estaba bajo un hechizo y actuaría como tal.

Náuseas lo invadieron.

-o0o-

Al despertar se encontraba en una cama desconocida. Era horriblemente cómoda, fresca. Jamás había estado tan cómodo, necesitaba una de esas. No recordaba a qué se debía su reciente comodidad, pero luego de años de dormir sobre una tabla de madera con una manta se merecía descansar. Suspiró, quería quedarse así por siempre. Lejos de los recuerdos.

- Veo que está despierto.

Volvió a la realidad. Se enderezó rápidamente y tomó su varita, extrañamente la traía con él al igual que sus anteojos. En ese momento recordó todo y la ira se expandió por su cuerpo, el maldito de Snape tenía las agallas de estar tan tranquilo frente a él. Lo mataría y luego iría por Dumbledore, les arrancaría la cabeza.

La habitación tembló junto a todo el lugar, los ojos de Harry se oscurecieron, el profesor de posiones intentaba mantener el equilibrio, lo apuntó con su varita preparado para lo que sea que Potter hiciese.

- Potter...

No estaba dispuesto a hablar. Se acercó lentamente, tan sólo sus pasos hicieron que el adulto se viera obligado a retroceder. Potter se veía fuera de sí, desprendía poder y locura, lanzó hechizos repelentes con la esperanza de no verse envuelto en su magia, no estaban funcionando.

- Crucio - La lengua de las serpientes se deslizó de su boca haciendo que el hechizo fuera especialmente extravagante. Snape se retorció en el suelo, ya había sentido ese hechizo en todas sus formas, pero jamás había experimentado ese nivel de dolor. - ¿Dónde está Draco?

- Mansión Malfoy... aquí - Aspiró aire brutalmente al verse libre de la maldición, no soportaba respirar.

- Ah...

Todo se detuvo y Harry se calmó lentamente, en ese mismo momento un peliplata entraba a espaciosa habitación. Vió todo hecho un desastre, incluyendo a su padrino. Su nuevo amigo se veía exaltado pero controlado, nada que ver con el ambiente a su alrededor. Probablemente se perdió un ataque de ira bastante impresionante. Aún no podía actuar como el ahijado de el hombre que luchaba por levantarse, le había mentido a él y a su familia, los ponía en peligro. Más los acontecimientos recientes... pasó de él y fue hacia Harry.

- ¿Estás bien?

- ¿Estamos en la mansión Malfoy?

- Si... el lord no está en este momento.

- Ya veo... - Snape quería asesinarlo con la mirada - Dumbledore me drogó, ¿cierto?

Silencio. Era extraño, hizo hechizos diagnósticos sobre la comida y bebidas, lo hacía todo el tiempo.

- Sé que estás enojado, pero debemos decidir qué haremos.

- En realidad... me precipité un poco - Confesó mirando a su alrededor - Esto es fascinantemente conveniente... - Draco entrecerró los ojos con sospecha. - No me mires así, déjame explicarte.

- Se ha vuelto totalmente loco, Potter...

- Usted ha sido insufrible estos años, me trajo como a un muñeco de trapo y además le ha mentido a la única persona que realmente lo admira como a un padre, sin mencionar todo lo que debe haber hecho bajo órdenes de Dumbledore. Creo que un cruciatus fue una venganza ligera. - Le extendió la mano. No era precisamente lo que deseaba, sin embargo era lo más conveniente al estar en un nido de mortífagos y serpientes. No tenía sentido matarlo, escuchó claramente como se rehusó al plan del viejo. Snape no tomó su mano, pero bufó mientras guardaba su varita.

- Dumbledore tiene la intención de que los vuelva espías competentes, quiere que le ayudemos desde adentro.

- Lo que quiere es deshacerse de todos nosotros - Draco no pudo haberlo dicho mejor, Increíblemente Snape parecía estar de acuerdo. Harry lo miró con insistencia.

- Pienso lo mismo. - Suspiró.

- Bienvenido al club de los cuerdos.

- Muy gracioso. Ahora hable, ¿cuál es su plan?

- ¿De qué habla?

- El señor oscuro me ordenó traerlos a ambos, dijo que en su caso usted estaría ansioso por verlo, ¿es por algo en especial?

- Bien, no tiene que ser sarcástico. - Suspiró y se cruzó de brazos. - A finales del verano pasado perfeccioné las barreras de mi mente, curiosamente ese cambio hizo que Voldemort al fin se diera cuenta de nuestra conexión. Tener más control me permitió entrar a su mente, no fue fácil, antes de lograrlo sólo veía un gran muro de cemento. No me lo permitió por mucho tiempo, en cambio, de comunicó conmigo.

- Eso es ridículo, ¿por qué querría contactarlo?

- A diferencia de lo que todos los demás creen, Voldemort es extrañamente... lúcido.

- Vaya, que gran halago acabo de recibir.

Ahí estaba, Lord Voldemort en forma una humana con los brazos cruzados, una ceja alzada y recostado en el marco de la destrozada habitación. Snape se inclinó en el suelo, Draco tuvo un mini ataque antes de mantenerse firme junto a Harry.

- Créeme, es lo único bueno que vas a escuchar sobre ti alguna vez.

- Síganme, los tres.

El ambiente se volvió pesado. Seguían a Voldemort, quien los guiaba hacia algún lugar entre los complicados pasillos de la mansión. Quiso decirle a Draco cualquier cosa que lo calmara, parecía más o menos tranquilo, pero podía notar que en el fondo era presa del miedo. Tocó su hombro y apretó para traerlo a la realidad, no importa lo que estuviese imaginando o qué escenario horrible se cruzara por su cabeza, él no iba a permitir que algo le pasara. En vista de su asentimiento y respiración normalizada asumió que el mensaje de ese pequeño gesto le llegó perfectamente.

Se detuvieron en lo que parecía ser una biblioteca con extensos muebles. Tom se sentó cómodamente, Harry lo imitó trayendo a Draco consigo, Snape de mantuvo de pie.

- Severus, no voy a matar a nadie hoy, siéntate.

Al estar todos sentados la incertidumbre fue más de lo que el peliplata y el profesor podían soportar, Harry tan sólo esperaba.

- Supongo que si estás tan tranquilo es porque has aceptado mi propuesta.

- No exactamente. No vine por mi cuenta ni porque el profesor Snape me secuestrara como le ordenaste, Dumbledore nos envió a Draco y a mí a morir en tus manos con la excusa de tenernos cómo espías.

Snape estuvo a punto de golpear al insolente muchacho en su gran boca. Tantos años manteniendo una fachada perfecta y ahora todo se veía derrumbado, ahora su señor sabría que no le había Sido leal en todo ese tiempo. Cómo protegería a Draco, quería matar a Potter. Draco tenía pensamiento similares a esos, miraba al niño que vivió con los nervios de punta.

Todas las dudas y el pánico quedaron en segundo plano cuando el mismísimo Lord Voldemort en el cuerpo de Tom Riddle se rió jovialmente por la breve historia que acababa de escuchar.

- Esto es tan interesante, me ahorró el trabajo de traerte aquí por medio del joven Draco.

- ¿Qué fue lo que te ordenó Tom, Draco?

- Eh... Quería que te envenenara. - Respondió con dificultad mirando al supuesto señor oscuro, quien no parecía ser un mounstro y a quien Harry le hablaba como a un primo lejano.

- Dije "Veneno", pero sólo es una posición para nublar los sentidos, indetectable, ya que me enteré de tu hábito de analizar todo antes de comer gracias a Severus.

- Esto es increíble. Dumbledore me drogó exactamente con lo que estás describiendo para que Snape pudiera traerme aquí sin que yo "luchara".

- Vamos, no soy tan parecido a ese repugnante vegestorio.

- No es lo único que hicieron en paralelo, también me ordenó que le diera Veritaserum a Draco para hacerle algunas preguntas

Todo lo que Harry estaba diciendo sonaba a juego, a broma. Pero hablaba tan serio como una piedra, recostado de manera relajada en sofá y atento a cualquier cosa. El Slytherin más joven, poco a poco, recuperaba su confianza en él a pesar de que aún habían muchas incógnitas.

- No es lo mismo ni aunque lo sueñes, Potter.

- Lo que no entiendo es por qué le ordenaste a Snape que me trajera si ya tenías a Draco para tal cosa.

- No exactamente, Draco pensaba que quería que te matara. Esperaba que se lo contara a Severus y ambos actuaran juntos, pero me encontré con que el joven Malfoy no le había informado nada, así que les di un empujón.

- Es bastante retorcido como Dumbledore y tu se arruinaron los planes mutuamente sin siquiera saberlo.

- Pasemos a temas más interesantes.

Sus ojos brillaron con interés. Pero le debía explicaciones a Draco, no quería que perdiera la confianza en él, no ahora.

- Escucha - Empezó a decirle ignorando momentáneamente al Lord para preocupación del Slytherin - A finales del verano me propuso estar de su lado, lo mandé al diablo al instante y como respuesta sólo dijo que lo pensara. No tenía intención de aceptar tal cosa, ¿Pero recuerdas nuestra conversación? dijimos que si podíamos acabar con esto lo haríamos sin duda, y creo que hallé una forma de hacerlo juntos.

- ¿Qué forma es esa?, Si no estás muy ocupado para responder.

- Hagamos un trato, Tom.

- Escucho.

- Te ayudaré a derrotar a Dumbledore, estaré de tu lado en esa misión específica. Colaboraré en todo lo que se refiera a matarlo y compartiré los conocimientos que puedan ser importantes para esa causa. No seré uno de tus mortífagos ni seguiré tus órdenes, una vez que Dumbledore deje de respirar mi única misión será destruirte. ¿Es suficiente para ti?

- Sólo te incluyes a ti, ¿que hay del pálido joven a tu lado? - Preguntó burlonamente pensando en lo que podría hacerle.

- Independientemente de lo que quiera hacer, lo dejarás en paz. No lo amenazarás, tocarás o siquiera intentarás acercarte a él con tu retorcidas intenciones. - La biblioteca tembló haciendo que algunos libros cayeran, a Riddle le divirtió, le encantaba el poder y tenía que admitir que era lo único que desprendía el chico.

- Bien, Malfoy está fuera de mi alcance. ¿Qué hay de Severus? ¿lo proteges también o lo dejarás en mis manos?

- Ha estado del lado de Dumbledore mucho tiempo y no sé qué postura quiere adquirir en toda esta guerra. - Snape estaba seguro de que lo mandaría a la tumba, jamás pensó que su vida estaría en manos del hijo de James Potter - Pero es el padrino de Draco, por ello quiero que se apliquen las mismas condiciones, pero en este caso, si intenta ayudar a Dumbledore u obstaculizarnos... ahí podremos hablar sobre qué hacer con él.

- Interesante... ¿Algo más?

- Tienes que colaborar, no guardarás secretos oscuros por tu orgullo Slytherin, si se trata de algo que pueda ayudarnos lo dirás con lujo de detalles.

- ¿Cómo sabrás que no estoy ocultando nada?

Seguía sonriendo, se estaba divirtiendo. Pero lo que dijo su némesis a continuación hizo que por un momento sintiera algo de rabia.

- Tu mente. La volveré trizas si percibo que hay algo sospechoso, te sacaré todo lo que crea útil.

- Muchacho insolente.

Habían pasado de estar sentados a encontrarse cara a cara con varitas en mano, ambos querían matarse a maldiciones, lo deseaban.

- ¿Aceptas o no?

- Bien. Empezaremos mañana, no retes mi paciencia.