LA LISTA DE AKAI

Prólogo

Como cada noche, Shuichi tomó un vaso y su botella de Bourbon y se dirigió al despacho de la mansión Kudo a dejar volar sus pensamientos; últimamente, tenía mucho sobre lo que reflexionar. Las palabras de su hermano resonaban en su mente: ¿sabes algo de mamá? Sabiendo lo que sabía acerca de su pequeño benefactor de hogares, tenía alguna que otra teoría pero no quería compartirla con su hermano. Al menos, no aún.

Tomó un sorbo. El hielo tintineaba contra el vidrio del vaso, y el frío de la bebida contrastaba con el ardor que bajaba por su garganta.

Volvió a pensar en su familia: no era probable que su madre hubiese dejado sola a Masumi, así que debía andar cerca. Si aún no se había mostrado, debía ser por las consecuencias de algún enfrentamiento, probablemente con esa gente, y habiendo visto lo que podían llegar a hacer, no se extrañaría si su madre hubiese cambiado de… Aspecto.

Resopló y se llevó una mano hacia sus gafas falsas. Estaba agotado. No quería revelar su situación a su hermana y su madre, no era seguro, pero sabía que aquello no podría durar más tiempo. La primera vez fue lógica, inevitable: nadie podía saber que había fingido su muerte. Incluso sus propios compañeros del FBI habían sido dejados en la sombra. Pero ahora… ¿Tenía algún motivo para ello? ¿Tenía algún motivo para no ir a decirle a su propia madre que seguía vivo? Por supuesto, el riesgo existía, pero sabía que su madre no revelaría algo como aquello ni aunque su vida dependiera de ello; y cada día que pasaba tenían más y más aliados… Bueno, primero tenía que resolver el tema de Bourbon y…

Volvió a beber, acabando de un trago lo que restaba en su vaso. Si iba a pensar sobre todo eso, desde luego que necesitaba alcohol. Y mucho. Recordó sus tiempos de scotch y se preguntó si una bebida diferente le daría una noche diferente. Sabía que enterrar la culpa en alcohol no era sano pero… Qué demonios, de algo tenía que morir.

Sé que hay muchos roces entre Bourbon y tú; os conozco bien, y aun si no lo hiciera, tengo ojos. Pero la misión que tenemos es mucho más importante que cualquier problema que tengáis. Ambos sois lo suficientemente profesionales para hacerlo.

Una sonrisa acudió a sus labios.

—Entiendo qué me odies por lo que pasó; yo también lo hago. Todos los días.

Un nuevo recuerdo acudió a su memoria.

¿Qué estás haciendo?

Ah, es… Es una lista. De personas con las que tengo que tengo que hablar.

¿Cuentas pendientes?

La mirada de su compañero se había quedado grabada a fuego en su memoria. Una mirada llena de culpa, de arrepentimiento y, sobre todo, de responsabilidad. De saber que por mucho que le doliese aquello, era lo correcto, lo justo para todos. Ahora que tenía perspectiva, no entendía cómo no había sabido antes que Scotch era un infiltrado: incluso en el agujero más profundo y oscuro del mundo, su sentido de lo justo resplandecía con la fuerza del mismo sol. Quizás si lo hubiese sabido controlar, no le habrían descubierto.

Pero él no era Scotch. Ni estaba infiltrado.

Ni conseguiría nada si las cosas seguían así.

Shuichi sonrió de nuevo. Tenía que dejar beber, estaba empezando a tener ideas peligrosas. Lo mejor sería guardar la botella e irse a dormir… O coger el bolígrafo y el bloc de notas más cercano que tuviera.

—Cuentas pendientes, ¿eh?