Capítulo 1: Jodie & Camel
Llegó justo cuando el café estuvo a punto. En cierto modo, le resultaba gracioso cómo, a pesar del tiempo que habían pasado en Japón, sus compañeros no terminaban de habituarse a ciertas costumbres niponas. Fue a abrir la puerta, tratando de no pensar demasiado en lo que iba a hacer. Él era un hombre de acción y de palabra: se había comprometido consigo mismo a hablar con ellos y cerrar una cuenta que sabía que tenía pendiente, e iba a hacerlo sin importar qué.
Había decidido empezar con Camel: si bien era una de las personas a las que consideraba más cercana (porque palabras como amigo le provocaban cierto reparo, viendo cómo habían terminado sus últimas amistades), conocía bien al hombre. Sabía que no sería demasiado complicado decirle lo que quería decirle: que, no obstante había sido algo necesario para la misión y no se arrepentía de sus actos, sí lamentaba el haber causado cualquier tipo de dolor durante el período en el que Bourbon decidió torturarles con la imagen fantasma de su amigo muerto.
Fue lo más sincero, directo y tajante que pudo; así era su relación con Camel. Sabía que no tenía que explicarse demasiado, que él lo entendía. La conversación apenas duró quince minutos. Jodie… Con Jodie sí necesitaba un café.
—¿Shuu? ¿Qué pasa, a qué ha venido esta llamada tan repentina?
Shucihi tomó su taza de café.
—Quería hablar contigo de algo importante— respondió, antes de beber. Jodie parecía nerviosa.
—¿Ocurre algo? ¿Es sobre… Eso?
El hombre dejó la taza sobre la mesa e instó a su compañera a tomar la suya, mientras se preparaba mentalmente para la conversación.
—Tiene relación, sí.
Siguiendo las indicaciones de su compañero, la mujer bebió un tragó rápido de su café. Amargo, oscuro y caliente, pero con un toque de dulzor. Como su ex.
—¿Y bien?
—Quería pedirte disculpas.
Jodie comenzó a toser; había sido mala idea beber antes de escucharle.
—¿Disculpas? ¿Por qué?
Parecía más sorprendida de lo normal.
—Raiha.
Los ojos de la mujer se abrieron momentáneamente al darse esta cuenta de que lo hablaba su compañero. Quería decirle que no tenía que disculparse, que había sido necesario, que lo entendía, pero… Ella le conocía mejor que eso.
Dejó reposar la taza sobre el pequeño plato encima de la mesa. Ambos podían escuchar los segundos pasar.
—Fue horrible, ¿sabes? Una parte de mí sabía que todo era mentira, que lo habías preparado pero, cuando comprobaron tus huellas… Sentí como si me hubieran arrancado el corazón.
Sonrió en un intento por alejar las lágrimas de sus ojos.
—Creo que no había llorado tanto desde la muerte de mi padre.
Shuichi permaneció en silencio. Al parecer, él no era el único que tenía cosas que decir.
—¿Te arrepientes de haberlo hecho?
—No.
Jodie sonrió.
—Claro que no. Y si tuvieras que volver a hacerlo, lo harías, ¿verdad?
—Sí.
La mujer bajó la mirada hacia su taza de café, que comenzaba a enfriarse.
—De no haber caído en la trampa de Bourbon… ¿Nos lo habrías contado?
Shuichi se tomó un momento para pensar la respuesta.
—No lo sé.
Sus palabras solo hicieron aumentar la sonrisa triste de Jodie. Con movimientos lentos, la agente del FBI terminó su café y se puso en pie.
—Gracias por invitarme, Shuu.
Se giró para dirigirse hacia la puerta pero, antes de que el hombre tuviera tiempo de levantarse, frenó en seco. Aún de espaldas a él, le dijo:
—Entiendo por qué tuviste que hacer lo que hiciste, y lo acepto. Ambos tenemos motivaciones mucho mayores que nosotros mismos y que cualquiera para acabar con ellos pero… Quiero que sepas que mis sentimientos por ti nunca han dejado de estar ahí. Y no creo que dejen de estarlo jamás.
Comenzó a alejarse hacia la entrada con pasos firmes pero lentos. El peso de aquella conversación era demasiado como para huir de una forma más veloz.
—Los míos tampoco.
Jodie se detuvo nuevamente y trató como pudo de contenerse. Su tono de voz… Era la misma suavidad con la que le hablaba cuando estaban juntos. Unos brazos la rodearon, envolviéndola en un cálido abrazo; por un momento, fue como volver atrás en el tiempo. Se volvió hacia el hombre para corresponderle, hundiendo su rostro en el pecho de este y dejándose acariciar por ese aroma que tanto había echado de menos.
—Shuu…— su voz era casi un susurro— Escúchame bien: tienes derecho a tener sentimientos.
Notó como asentía.
—Y tienes derecho a expresarlos. Por favor, no te guardes las cosas. Sé que tienes miedo de dejar entrar a las personas por todo lo que te ha pasado, pero si en cualquier momento necesitas llorar, gritar, desahogarte de cualquier forma o simplemente… Hablar. Por favor, llámame. Guardarse las emociones solo hará que explotes el día menos pensado. Créeme, lo sé por experiencia.
Un nuevo mmm fue todo lo que necesitó Jodie para saber que su mensaje había llegado. Dudaba si una reunión como aquella volvería a tener lugar porque conocía demasiado bien a Shuichi Akai. Sin embargo, decidió confiar en él, como siempre había hecho.
Una vez Jodie se hubo marchado, Shuichi se tomó un momento para respirar. Desde luego, si tenía alguna duda acerca sobre si hablar de sus sentimientos estaba o no en su zona de confort, aquella conversación se lo había confirmado: no lo estaba.
No obstante, debía confesar que había sido… Liberador, en cierto modo. Hablar con Jodie siempre lo era. No le había mentido: seguía queriéndola. Tal vez no era el mismo tipo de amor que cuando se conocieron por primera vez, pero desde luego la joven rubia era una de las personas más importantes de su vida.
Se dirigió hacia el despacho y tomó el bloc de notas.
Camel, hecho. Jodie, hecho. La siguiente persona…
Tomó un profundo suspiro. Hablar con sus compañeros había sido relativamente fácil, pero hablar con las próximas personas de la lista… Para ello tal vez necesitaba algo más fuerte que el café.
