Capítulo 2: Masumi & Mary

No fue difícil conseguir el nombre del hotel en que se encontraba su hermana, lo cual le produjo emociones contradictorias: por una parte, se alegraba de no tener que dedicar demasiado tiempo y esfuerzo en descubrir el lugar en el que se ocultaba la mitad de la familia que le quedaba. Sin embargo, había sido demasiado fácil. Si esa era la forma en la que su madre (o el MI6) trabajaba, no le extrañaba que hubiese terminado en esa situación. Siempre había sido descuidada con los pequeños detalles.

Había decidido no preguntarle al chico por ello, no obstante sabía que este conocía el lugar. De haberlo hecho, estaba seguro de que habría levantado mil preguntas en la mente del joven detective; bueno, quizás solo un par, pero las suficientes para que hubiera riesgo de que se entrometiese. Hablaría con él más tarde, cuando todo estuviese hecho; pero de momento, era un asunto exclusivamente familiar.

—Nii-san, ¿estás seguro de esto?

Shuichi se giró hacia su hermano. Había decidido que, fueran o no ciertas sus sospechas con respecto a su madre, necesitaría a su hermano con él. Shukichi no solo era el mejor cerebro de Jap- no, del mundo; también era una persona increíblemente empática que sabía cómo tratar con las personas. Shuichi siempre se había preguntado a quién demonios había salido.

El joven Taiko Meijin mostraba una fachada de calma y control, pero Shuichi conocía bien a su hermano y sabía que parte de él se moría por los nervios. Ambos habían asumido que tendrían que contar a su hermana la verdad acerca de la muerte del mayor de la familia pero… Ninguno quería hacer frente a la mirada de profunda traición que sabían que esta les dedicaría. Shuichi decidió pensar en Jodie para calmarse; si aquello había ido bien, no había ningún motivo para que esto no lo fuera.

En respuesta a la pregunta de su hermano, Shuichi dirigió sus pasos hacia la entrada del hotel, seguido de cerca por Shukichi. Cuando llegaron a la habitación, el mayor se acercó a la puerta y, tras recolocarse las gafas de su disfraz de Okiya, llamó. Una voz alegre y enérgica les respondió desde el interior.

—¡Voy!

Al cabo de unos minutos, la joven Masumi Sera abrió la puerta con actitud despreocupada, aunque Shuichi pudo ver que estaba alerta en caso de que se tratara de alguna amenaza. La chica le miró un segundo y se quedó paralizada, visiblemente sorprendida. Tras los últimos encuentros que habían tenido y las, sin duda, peligrosas sospechas que esta debía tener sobre él, era normal su reacción.

Los se mantuvieron estáticos unos segundos, Okiya observando a la chica y esta devolviéndole una mirada amenazante a la vez que nerviosa. Por fortuna, Shukichi estaba ahí.

—¡Hola! — exclamó con el tono más amigable que era capaz de alcanzar, mientras emergía de detrás de su hermano con una enorme sonrisa.

Si la pequeña de los Akai había estado hasta ese momento preocupada, ahora estaba confusa. Muy confusa.

—¡¿Kichi-nii?! ¡¿Qué estás haciendo aquí?! Y…— miró de nuevo a Okiya.

—Ey, ¿no puede un joven y atractivo jugador de shogi venir a visitar a su hermanita sin motivo oculto?

Masumi le lanzó una mirada mordaz.

—No. ¿Y qué demonios haces con él? — dijo, señalando a Okiya.

Como si hubiera sido poseído por una misteriosa fuerza, Shukichi cambió por completo: su rostro se tensó, su sonrisa desapareció y su expresión se tornó seria. Masumi frunció el ceño, preocupada.

—Tenemos que hablar de algo importante. Muy importante. ¿Podemos pasar?

Masumi dedicó una última mirada de sospecha a Okiya y se retiró de la puerta para dejar vía libre a ambos hombres. Una vez dentro, cerró la puerta con seguro.

—¿Qué pasa?

Shukichi miró a Okiya, dudando si debía empezar a hablar él o dejar que su hermano explicase la situación antes de intervenir. Antes de que pudiera hacer nada, este se llevó la mano hacia su cuello y pulsó el cambiador de voz.

—Masumi…

La chica se petrificó.

—No… No puede ser…

Esa voz… Conocía perfectamente esa voz. Pero no podía ser, era imposible, él estaba…

—¿Quién demonios eres?

Una nueva voz sorprendió a los tres hermanos. Se giraron hacia la puerta del baño, de la que vieron emerger una chica joven, apenas una estudiante, con una expresión seria y casi asesina. Shukichi la observó con sorpresa y Masumi salió del shock para correr hacia ella.

—¡Ma-¿Qué haces?! ¡No salgas!

Mary avanzó hasta ponerse delante de su hija, sin dejar de mirar a Okiya. Este la observó un último momento antes de que una pequeña sonrisa se formase en sus labios.

—Ya veo…

—No me has respondido. ¿Quién demonios eres?

La tensión se podía cortar con un cuchillo. Masumi no sabía qué hacer; Shukichi aún trataba de entender la presencia de aquella niña que le resultaba tan familia, y Shuichi mantenía la mirada con su madre.

—Bueno, creo que ya es hora de dejar este baile de máscaras— exclamó mientras comenzaba a quitarse sus gafas. Con un ágil movimiento, se deshizo de su disfraz de Okiya y alzó sus ojos verdes hacia los de su madre—. ¿No crees, mamá?

Ambas revelaciones dejaron a casi todos los miembros de la familia en shock: Masumi miraba atónita a su hermano mayor, asimilando que estaba vivo y que, por algún motivo, sabía lo de su madre. Shukichi, por su parte, no podía creer lo que oía.

—Espera, ¿cómo que mamá?

Ninguno de los dos obtuvo una respuesta. El silencio comenzó a llenar la habitación lentamente, mientras decenas de emociones diferentes comenzaban a emanar de cada uno de los ocupantes de esta.

La primera en reaccionar fue Masumi, que avanzó unos pasos hasta situarse frente a frente con Shuichi.

—¿Shuu…-nii? ¿Eres tú, de verdad?

Este le sonrió.

—Sí.

—Pero… Tú…

—Todo estaba preparado. Era necesario para conseguir un infiltrado en la organización.

Masumi parecía no entender; o no escuchar. Se volvió hacia su segundo hermano.

—¿Tú lo sabías?

Shukichi sintió como las palabras de su hermanita se clavaban en su corazón. Por supuesto que no había dudado en ayudar a su hermano pero… Comprendía cómo debía sentirse su hermanita. Solo esperaba que aquello no abriera una brecha irreparable en su relación.

Masumi se giró, dando la espalda a ambos. Solo se oían sus sollozos, imperceptibles de no ser por el silencio de ultratumba que aún dominaba la habitación.

Shuichi apretó los labios; comenzaba a notar la culpa subir por su estómago. Por cosas como aquella no se dejaba dominar por sus emociones. Pero se lo había prometido a sí mismo: que debía pasar por aquello por el bien de todos, aunque se ganara el odio de las personas a las que más quería. Para su sorpresa, unos brazos le envolvieron de pronto, dejándole atónito ante el inesperado abrazo de su hermanita. No se movió hasta escuchar sus palabras.

—Gracias a dios…

Los sollozos fueron aumentando de intensidad, y Shuichi notó como su camisa comenzaba a mojarse por las lágrimas de su hermana pequeña, que se aferraba a él como si temiese que fuese a desaparecer de nuevo si le soltaba. Con algo de duda, le devolvió el abrazo, tratando de transmitirle todo el amor que nunca se dejaba sentir. Ahora mismo estaban en un lugar seguro, solo ellos cuatro. Podía permitírselo.

Para sorpresa de todos, lograron sentarse y hablar las cosas. Los dos hermanos contaron a su madre y hermana todo lo que había pasado con Kir, su falsa muerte y todo el tema de Bourbon; ellas, por su parte, pusieron al día a los hombres de lo acontecido en Londres. Tras varios reproches, un par de casi peleas y algún golpe entre Mary y Shuichi, la familia Akai volvía a estar al completo de nuevo, unida una vez más en contra de los enemigos.

Bueno, casi al completo…

—Esto…— exclamó de pronto Shukichi—. Ahora que todo está aclarado, ¿cuándo podríamos quedar para cenar? Me gustaría presentaros a alguien…