Este capítulo es prácticamente el doble que los anteriores porque, bueno, así ha surgido. Aparte, esta conversación es el único motivo por el que la organización aún está en pie, porque en el momento en el que Akai y Bourbon hagan las paces y se pongan a trabajar juntos… No queda vivo ni el apuntador XD
Capítulo 3: Rei & Taka'aki
Aquello era lo que menos quería hacer y, curiosamente, lo que más necesario era. Tenían al FBI, enlaces con la CIA, a su madre y el MI6 cerca, incluso Yusaku-san había ofrecido sus contactos de la Interpol… Pero claro, todos eran extranjeros. Para poder acabar de forma segura con aquella gente necesitaban al PSB y… Furuya-kun no estaba dispuesto a colaborar con él. Por eso necesitaba dejar las cosas claras de una vez, darle un tiempo para que lo asimilase y quizás de esa forma lograr una "alianza temporal" con él. Le necesitaban, y bueno, Shuichi ya estaba acostumbrado a recibir el odio del joven agente de seguridad pública. […]
Decidió esperar a la noche, en parte porque así tendría más posibilidades de encontrarle sin alguna tarea y en parte porque así procrastinaba lo máximo posible aquella situación. No quería hacerlo, no quería, pero debía.
El recuerdo de las conversaciones que ya había tenido, de Jodie, de su hermana, de su madre, le daban una fuerza que sabía necesitaba; no obstante, era incapaz de saber cómo podría reaccionar su antiguo compañero. Tras dar un último trago de su Scotch, pidiendo al hombre al que había dejado morir que le ayudase en aquella gesta, salió a la calle en dirección al café Poirot.
Decidió ir a pie, puesto que aún la noche no había caído del todo, y el paseo sin duda le vendría bien para coger aire antes de hablar con Furuya. Al cabo de un rato, llegó hasta el pequeño establecimiento donde vio al joven tras la barra. Comprobó que no había nadie en el local y entró.
—Lo siento, estamos a punto de…— Amuro se volvió hacia él y su sonrisa amable desapareció. Akai podía notar las sospechas del joven sobre él; no obstante, enseguida se recompuso— Okiya-san. Que sorpresa. ¿Quería algo?
—Estaba por el barrio y he pasado a echar un vistazo, me han dicho que la comida aquí está de muerte.
—La mejor de la ciudad, pero por desgracia estamos cerrados. Tendrá que volver mañana.
Había un ligero tono de amenaza en su voz. Akai no se movió. Al ver su actitud, Amuro continuó recogiendo los platos y vasos de detrás de la barra. Con un movimiento lento pero seguro, Akai se llevó dos dedos a su cuello y apagó el cambiador de voz.
Ahora o nunca.
—Furuya-kun— la voz detuvo los movimientos del otro hombre al instante, pero este no se giró. Akai tampoco. Durante varios minutos, ambos permanecieron estáticos.
Amuro fue el primero en reaccionar. Con movimientos lentos, salió de detrás de la barra y comenzó a avanzar hasta situarse frente al rostro estático de Okiya. Este se preparó, en caso de que el rubio decidiese empezar otra pelea. Sin embargo, solo sonrió.
—Lo sabía…— exclamó, negando con la cabeza. Okiya le devolvió la sonrisa.
—Siempre has sido muy perceptivo.
Vio cómo el joven agente del PSB apretaba los labios. Se preguntó si se estaría conteniendo las ganas de darle un golpe. Probablemente sí.
—¿Qué demonios quieres?
Amuro hablaba en voz baja; Akai sabía que era la única forma que tenía de controlarse y no ponerse a gritar.
—Quiero solucionar las cosas.
El hombre le miró profundamente. Todo el odio, el rencor, la ira, el dolor… Todo pasó de sus pupilas al corazón de Akai. Una vez más, la culpa empezó a emerger en la boca de su estómago. Para su sorpresa, el joven rubio volvió a girarse, dándole la espalda y dirigiéndose hacia el fondo del local para terminar de ordenar las mesas.
—¿Qué hay que solucionar? Se suicidó. Tú no lo impediste. Yo no le pude salvar. Y ahora está muerto. ¿Se puede solucionar algo?
Akai no dijo nada. Sabía que aquello no iba a ser tan fácil como le hubiera gustado pero también sabía que debía hacerlo. No solo porque era la opción más inteligente para poder formar una alianza definitiva con el PSB, sino porque se lo debía a Scotch. Como mínimo, le debía eso.
—Furuya-kun…
El sonido de la puerta sorprendió a ambos. Okiya se giró y vio a un hombre alto, de traje, que sostenía entre sus manos lo que parecía un sobre. Amuro suspiró, cansado, pero enseguida puso su sonrisa característica.
—Lo siento mucho, señor, hemos cerrado…
—Ah, lo siento, no vengo a consumir nada. Solo quería hablar con usted.
Okiya alzó las cejas, sorprendido. Observó cómo Amuro le dedicaba una mirada furiosa y este respondió con un gesto "yo no tengo nada que ver".
—¿Qué pasa hoy que todo el mundo quiere hablar conmigo?
—Disculpadme, ¿he interrumpido algo?
—No, no se preocupe. Pero es tarde ya y, lo lamento pero estoy un poco cansado. Si pudiera esperar a mañana…
—Mañana a primera hora tomo un tren a Nagano. Necesito hablar con usted esta noche.
Akai observó el impercitible tic que el rostro de Amuro hizo cuando el hombre comenzó a hablar. Sin duda sabía quién era ese hombre que, con paso firme, se acerco hacia la barra tras la que Amuro trataba de esconderse.
—Soy el inspector Takaaki Morofushi, de la prefectura de Nagano. Nos conocimos en el caso de la iglesia, ¿recuerda?
—Ah, cierto. ¿Y bien, qué le trae por Tokio?
—Quería preguntarle acerca de mi hermano.
—No le conozco.
—Ni siquiera le he dicho su nombre. ¿Cómo está tan seguro de que no le conoce?
Un pensamiento fugaz cruzó la mente de Akai. No puede ser…
Amuro apoyó la espalda contra la pared y se cruzó de brazos, tratando de poner la expresión más amablemente cansada que pudiera.
—No conozco a nadie llamado Morofushi. Aparte de usted, evidentemente.
Okiya observó cómo el inspector se acercó hacia Amuro, sosteniendo con fuerza el sobre. ¿Qué demonios había ahí?
—Debe confundirme con otra persona.
El inspector lanzó una mirada hacia Okiya, que este interpretó como cautela. Era evidente, sin duda el hombre quería tratar un tema delicado y peligroso con el joven rubio, y la desconocida presencia del otro individuo le mantenía en estado de alerta. Akai sonrió para sí, decidiendo tomar el riesgo. Si era verdad lo que estaba pensando, la situación no podía ser más idónea.
—Oh, ¿está hablando de Scotch-kun?
Ambos se giraron hacia él: el inspector, con una mirada confusa. Amuro, con una que parecía querer explotarle la cabeza.
—Disculpe, ¿quién es usted?
Antes de que Amuro pudiera interrumpirle, Akai continuó.
—Creo que conocí a su hermano. ¿Metro setenta y cinco, castaño, pelo corto, ojos azules? Le gusta tocar el bajo.
A medida que iba dando datos de su compañero fallecido, las expresiones de los otros dos hombres cambiaban: el inspector se giró por completo hacia él, dejando que el significado de aquellas palabras llegase hasta su rostro; Amuro, por su parte, apretaba los labios y, seguramente, sus puños escondidos. Estaba seguro de que aún no le había saltado al cuello porque no estaban solos.
—¿Es él?
El silencio respondió su pregunta. A juzgar por su reacción, no obstante lo disimulaba muy bien, debía serlo. No sabía que Scotch tenía un hermano; de hecho, ni siquiera había buscado su identidad. Con la de Furuya-kun ya tenía suficiente. Sin embargo, parece que sí que existen dioses; piadosos por dejarle disculparse también con el hermano del hombre al que había dejado morir, o bien sádicos al ponerle en la misma habitación que las dos personas que más debían odiarle en ese momento.
—Parece que tenéis mucho de lo que hablar— se escuchó de pronto. Okiya observó cómo Amuro se dirigía hacia la salida—. Os pediría, sin embargo, de hacerlo fuera. Tengo que cerrar.
Abrió la puerta con una mano y esperó que los otros dos entendiesen su petición/amenaza. Ninguno se movió: Morofushi, porque no sabía cómo reaccionar. Akai, porque lo sabía perfectamente. Estaban al borde del precipicio, un último empujón y todo iría rodado.
—Espera, Zero…
Antes de que pudiera terminar, notó cómo su espalda golpeaba la pared tras él. Un puño se aferró al hombro de su jersey, mientras un brazo comenzó a hacer presión en su cuello, la suficiente para mantenerle inmovilizado. Los ojos de Furuya soltaban chispas de furia.
—No. Te atrevas. A llamarme. Así. Jamás— masculló entre dientes—. No tienes derecho a llamarme así.
Okiya no dijo nada. Perfecto.
—Quiero acabar con esto. Aquí y ahora. Y no soy el único— con un movimiento de cabeza, señaló a un atónito Takaaki Morofushi, que parecía preparado para intervenir si las cosas se ponían peligrosas—. Si trabajamos juntos podemos acabar con ellos de una vez y para siempre. Pero antes tenemos que solucionar esto. Por él.
Akai observó cómo la tensión hizo vibrar el rostro del que una vez fue su compañero. Si le conociera un poco mejor, diría que estaba tratando de contener el tsunami de emociones que sentía en esos momentos.
Al cabo de unos minutos, Amuro soltó a Okiya y le dio la espalda. Con las manos en las caderas, cerró los ojos e inspiró profundamente varias veces. Mientras tanto, Okiya se acercó al inspector.
—Discúlpenos, por favor. Es un tema… Delicado para todo el mundo.
—¿Saben lo que le pasó a mi hermano? — preguntó este, apretando de nuevo el sobre entre sus manos. Okiya se limitó a asentir, guiando al hombre a una de las mesas más alejadas.
Una vez se hubo tranquilizado, Amuro apagó la mayor parte de las luces, cerró las puertas y se acercó hacia la mesa, sin dirigirles la mirada a ninguno de los dos hasta que se hubo sentado frente a ellos.
Entonces, ambos respiraron profundamente una última vez antes de encararse con las consecuencias de su pasado.
—Cuando recibí su mensaje, fui corriendo hacia donde se debía encontrar pero cuando llegué…
Rei se interrumpió. Casi cuatro años y aún era incapaz de mantener la calma al recordar aquello. Lanzó una mirada furtiva a Takaaki, que no le había quitado los ojos de encima en la duración de su relato. Enseguida volvió a clavar la vista en el suelo; no podía mirarle a la cara. La culpa y el odio que sentía hacia sí mismo por no haber impedido aquello se escapaban de sus pupilas.
Por su parte, Shuichi escuchó el relato con su característico estoicismo. Había muchos detalles que no conocía de aquella historia pero, en general, estaba al corriente de todo. No podía imaginar lo que debía estar sintiendo el inspector Morofushi en esos momentos: trató de imaginar cómo estaría él si un día, dos desconocidos se acercasen a él para decirle que Shukichi había muerto. O Masumi. Sintió un escalofrío recorrer todo su cuerpo de arriba abajo. Un pensamiento le cruzó la memoria: quizás se había sentido tan atraído hacia Scotch, tan cómodo con él, porque en cierto sentido le recordaba a su hermano. Perfecto, por si aún no se sentía lo suficientemente mal.
Una vez Rei hubo terminado, Shuichi dejó unos momentos de silencio para que el inspector se recuperase de aquella información que desde luego, no debía ser fácil de oír. Sobre todo por lo que venía a continuación.
—Has dicho que estaba con un agente de otra agencia cuando se suicidó. ¿Sabes quién era?
Rei se contuvo para no mirar directamente a Akai, que aún tenía su máscara de Okiya.
—Sí, su nombre es Akai Shuichi— respondió entonces la voz de Shuichi, sobresaltando a ambos—. Es del FBI.
—¿El FBI?
—Sí, la policía secreta no es la única que lleva años tras esta organización.
Rei no dijo nada. No tenía más que decir. Shuichi sonrió: el joven agente de la PSB ya había hecho su parte. Ahora le tocaba a él.
—Morofushi-keibu— exclamó, haciendo que el mencionado se volviese hacia él—. Furuya-kun no es el único que tiene algo que contar acerca de su hermano.
Ambos le miraron fijamente. Y entonces Shuichi empezó a hablar, a contar su parte de aquella tragedia. Cómo había conocido a Scotch, cómo había descubierto su verdadera identidad, cómo había terminado confiándole su secreto mejor guardado… Y cómo un ruido fortuito le había distraído. Aquella parte la narró observando fijamente a Rei, cuyos ojos se abrían más y más a medida que la realización de lo que verdaderamente había sucedido aquella noche se abría paso en su mente.
Una vez Shuichi terminó, el silencio se apoderó del local. Los rostros de los tres hombres apenas estaban iluminados por las luces que provenían del exterior, hecho que todos agradecían enormemente.
Al cabo de unos segundos, Rei se pudo en pie y Shuichi oyó cómo daba unos pasos, tratando de alejarse de la mesa. Se preguntó si realmente había sido necesario contarle aquello, si realmente ayudaría a su cruzada.
Sí, lo hace. ¿Cómo? Estoy lo cambia todo. Ahora ya no le odia a él, se odia a sí mismo; podría ser contraproducente. ¿Más contraproducente que su incapacidad de trabajar contigo? Podría haber buscado otra manera, no era necesario que pasase por esto. Necesitaba saber la verdad. ¿Para qué? Para aceptarla, para superarla y para poder vivir con ella. No creía que pudiera vivir con aquella verdad. Solo se puede vivir con la verdad; la mayoría de las veces no queremos hacerlo porque duele, duele mucho, pero con el tiempo te das cuenta de que era necesario saberlo. La mente crea mentiras para protegerse pero uno no puede vivir toda la vida acorazado. A veces hay que dejarse sentir el dolor. Porque toda herida sana. Toda.
Shuichi mantuvo la mirada fija en Rei, que ahora les daba la espalda a ambos. Takaaki se mantenía estático, tratando de procesar toda la historia que había detrás de aquel sobre anónimo con la última voluntad de su hermano.
—Parece que…— exclamó de pronto el joven camarero, aún sin voltearse. Shuichi escuchó las lágrimas en su voz— Tengo más cosas por las que disculparme con usted de las que pensaba.
Acto seguido, se giró hasta estar frente al inspector y con movimientos casi mecánicos, se inclinó.
—Siento mucho que mis acciones le hayan costado la vida a su hermano. Lo siento mucho.
Shuichi percibió a su antiguo compañero de batallas cerrando los ojos, sin duda para evitar el torrente de culpa y dolor que amenazaba con desbordarse de sus ojos. Del mismo modo, vio cómo el otro hombre se ponía en pie frente al joven y rodeaba sus hombros con su brazo. El contacto hizo a Rei dar un respingo.
—Un error momentáneo llega a ser un remordimiento eterno— oyeron decir al policía—. Por lo que me contáis, las circunstancias que rodean la muerte de mi hermano no fueron sino una serie de eventos desafortunados. No creo que nadie tenga la culpa, Zero-kun…
Aquel nombre hizo a Rei comenzar a temblar. La última persona que le había llamado así (sin contar al idiota de Akai unos minutos antes) había muerto. Y la penúltima también. Y las anteriores… Parecía una maldición, como si realmente el cero estuviera destinado a estar solo eternamente.
—Podría… Podría haber hecho algo… Algo diferente. Yo… Lo siento mucho…
Con gestos suaves, Takaaki instó a Rei a alzarse y aumentó ligeramente la fuerza de su abrazo, llevando el rostro empapado del joven agente hacia su hombro, ahogando las disculpas en la tela de su chaqueta.
Shuichi observó la escena desde su silla, aún sentado tras la mesa. Debía reconocer que aquello había sido liberador, más de lo que había imaginado gracias al invitado sorpresa. Su único remordimiento había sido no quitarse la máscara de Okiya pero era demasiado arriesgado hacerlo en el exterior. Al cabo de unos segundos, se puso en pie y trató de avanzar hacia la salida sin interrumpir a los otros dos.
—¿Adónde te piensas que vas?
Sorprendido por la repentina reprimenda, Shuichi se giró, topándose con el rostro molesto de Rei; aún tenía los ojos un poco hinchados pero gracias a los dioses, la penumbra del lugar le ocultaba gran parte de la humillación.
—No hemos terminado de hablar.
Shuichi pasó los ojos de su interlocutor hacia el inspector, quien con una sonrisa triste se dirigió hacia la barra para tomar sus cosas. Acto seguido, se puso su abrigo y se dirigió hacia la puerta.
—Furuya-kun, Akai-kun… Gracias.
Y con aquellas palabras como despedida, desapareció entre las calles, dejando a los dos hombres solos.
Aún con su mirada molesta, Rei se acercó a la puerta y la cerró, tras lo cual se puso frente a Shuichi.
—Yo…— comenzó a balbucear, pero al parecer pronto recordó con quien hablaba y volvió a ser el mismo de siempre— Aún sigo creyendo que tuviste gran parte de la responsabilidad de lo que pasó, y que el FBI debería dejar de meterse en medio. Solo complicáis las cosas.
Shuichi solo pudo asentir.
—Sin embargo… Puede que… Te haya cargado con más culpa de la que merecías. Lo siento.
Shuichi no respondió.
—Aunque todo esto deberías habérmelo contado mucho antes.
Aquello le sacó una sonrisa.
—Porque hasta ahora, hablar contigo de forma civilizada ha sido una tarea muy sencilla, ¿cierto?
—Cállate— respondió Rei, molesto—. Tenía todo el derecho del mundo a estar enfadado. Y deja de sonreír, da mal rollo.
Tras un suspiro, Shuichi observó a su compañero acercarse hacia la barra, tomar una botella y servir dos vasos.
—Deberíamos celebrarlo, ¿no crees?
Con un gesto, Rei le indicó que se acercase. Una vez juntos, le acercó uno de los vasos. A pesar no tener la botella delante, Shuichi sabía perfectamente lo que era.
—Hace casi cuatro años que no lo pruebo— exclamó.
—Sí, yo también— respondió el otro.
Ambos observaron sus respectivos vasos unos minutos, temerosos de tomarlos entre sus dedos, como si fueran a hacerlos caer o algo similar. Shuichi no reaccionó hasta que Rei tomó el suyo y lo alzó, mirando fijamente a los ojos del hombre al que llevaba odiando demasiado tiempo.
—Por Scotch— dijo. Su voz era una mezcla de emoción, nostalgia y tristeza.
Shuichi no tardó en imitarle.
—¿Sabes qué haré cuándo acabe con esta lista?
—¿El qué?
Shuichi sabía que no importaba si pasaban cuatro o cuarenta años, jamás se olvidaría de la sonrisa que Scotch le dedicó aquel día.
—Vivir.
—Por Scotch.
El alcohol bajó por sus gargantas como un torrente de fuego. Sin embargo, el trago les supo a victoria. Shuichi miró los ojos decididos de Rei y sonrió: el trío Whisky estaba al fin de vuelta, e iban a acabar con aquella organización de una vez y para siempre. Por todo lo que había perdido como Scotch, Bourbon y Rye, y por todo lo que iban a ganar como Hiromitsu, Rei y Shuichi.
