Sorpresa, no sorpresa. He acabado otra traducción y dejadme decir que esta es una de mis favoritas incluso entre mis favoritas. Pero antes que nada quiero anunciar que mi relato original finalmente está a la venta en la antología "Amar o como se llame" junto a otros autores. Podéis comprar el libro en libro-amar-o-como-se-llame/9788413189758/12502199 para los que queráis apoyarme :P
Volviendo a esta traducción... Hunter X Hunter. ¿A quién no le gusta este anime? Creo que a cualquiera que lo haya visto por más de cinco capítulos le encanta. A mi desde luego que sí. Esta historia es una comedia romántica entre Hisoka (mi hombre) e Illumi Zoldyck (el hermano mayor de Killua), y está tan bien escrita, sobre todo el punto de vista de Illumi, que podría arrodillarme para besar los pies de la autora. Así que os invito a leerla sin más dilación, porque os reiréis un rato con el monólogo interno de Illumi.
Título original: The Joker and The Queen de Shade Mimir. Lo podéis encontrar en fanfiction.
El comodín y la reina
«¡Illumi! Quiero contratarte.»
Las peticiones de Hisoka siempre habían captado el interés de Illumi. Puede que hubiera sido más preciso decir que Hisoka siempre había captado el interés de Illumi… o puede que solo se tratase de una morbosa curiosidad. El primer mensaje de texto había sido suficiente para incitar una seca respuesta:
«¿Para qué?»
Los ojos de Illumi habían permanecido clavados en la pantalla hasta que una corta vibración le había avisado de que tenía un mensaje nuevo. De haber habido en su rostro cualquier expresión, esta se habría desvanecido al leer:
«¡Necesito una cita!»
—¿Una cita? —preguntó Kalluto observando a su hermano desde donde se encontraba sentado en el borde de la cama. Illumi estaba rebuscando entre el contenido de su armario. Había un amplio abanico de armas ahí, pero nada que lo preparara para…
—Una cita —confirmó Illumi en voz alta—. Puedes leer lo que pone, ¿no?
Kalluto asintió como si acabara de ser retado.
—''Hay un evento en York Shin al que me gustaría asistir, pero requiero tener una cita. Estaría más que dispuesto a pagarte, por supuesto… guiño, corazón, corazón, cora…''
—Sé lo que dice —interrumpió Illumi cerrando la puerta del ropero antes de ir a recuperar su teléfono. Kalluto se lo dio sin problemas.
—¿Vas a ir?
Esa era una muy buena pregunta. Aunque la respuesta le pareciera obvia a Illumi, no estaba del todo seguro de si esa "obvia" respuesta era un sí o un no. Estaba claro que habría alguna clase de peligro presente en el susodicho evento. Las reuniones sociales eran un lugar habitual para anarquías repentinas. Por otro lado, este parecía el trabajo de un guardaespaldas… y, dejando a un lado el hecho de que Illumi era justo lo contrario, Hisoka sin duda alguna no necesitaba un guardaespaldas.
—No —contestó Illumi.
Seguramente no fuera más que una broma. Después de todo, Hisoka tenía un sentido del humor bastante raro. Por eso, más adelante, Illumi se preguntó si seguirle la corriente a Hisoka era el motivo por el cual se hallaba presentemente esperando en la acera en frente de un lujoso hotel. Estaba seguro de que, a la larga, llevarse bien con el "mago" daría sus frutos, pero esto parecía un poco demasiado, por no mencionar un pelín degradante.
«Si aceptara, ¿qué tendría que hacer?»
«Solo tienes que presentarte.»
«¿Qué me tendría que poner?»
«Puedes decidir. Illumi siempre luce tan apuesto...»
Disfrazarse de mujer era complicado. Illumi nunca había sido capaz de conseguir que el cabello le quedara de la forma adecuada, aunque con el estilo correcto resultaba sencillo esconder las agujas a lo largo de su mandíbula y la línea de su pelo. Era la altura lo que era más difícil, aunque Illumi siempre había encontrado que ponerse un vestido largo hasta los pies le hacía parecer más bajo.
Se preguntó si Hisoka lo reconocería.
«Asumo que yo iré vestido de mujer»
Esa parte había sido especialmente dura de escribir. Por supuesto, Illumi ya había pedido el doble de su precio habitual, pero por algún motivo aún no parecía suficiente. Tan solo esperaba que su familia se contentase con no cuestionar sus motivos si se daba el caso de que la noticia les llegaba a través de Kalluto.
Por lo menos Illumi podía consolarse con el hecho de que hacía una noche espléndida. La temperatura era cálida. Una brisa acogedora soplaba suavemente y el cielo nuboso hacía que los lúgubres callejones y las azoteas parecieran aún más oscuros. Hacía una noche maravillosa para asesinar a alguien. Era una pena que la estuviera echando a perder jugando a los disfraces con Hisoka. Quizá no había consuelo para él al fin y al cabo.
Un coche se detuvo en la curva. Illumi no albergaba dudas sobre quién iba dentro, pero se limitó a esperar pacientemente por una confirmación visual. Se le daba muy bien ser paciente.
El sujeto en cuestión se recreó en salir del vehículo, después de lo cual le cedió al conductor una propina de forma discreta. Una vez el coche se hubo alejado por la carretera, Illumi pudo ver a Hisoka con claridad. Nunca lo había visto con traje, pero pensó que le sentaba bien. Sin el pelo engominado hacia arriba y atrás, y sin el maquillaje que siempre acostumbraba, Hisoka casi podría pasar por una persona normal, o incluso alguien gallardo. Por supuesto, este efecto fue arruinado en cuanto abrió la boca.
—Oh, señorita Illumi, ¡estás preciosa! —con un además ostentoso, Hisoka hizo aparecer una rosa de tallo largo, del mismo rojo intenso de su cabello.
Illumi aceptó la flor sin gracia.
—Ahora estoy listo para entrar.
—¿Eres tú, verdad? —Hisoka dio una vuelta a su alrededor, mirándolo de arriba abajo y sonriendo con malicia—. Mírate. Mira qué figura…
Illumi se tensó cuando sintió las manos de Hisoka en su pecho, deslizándose en un camino descendente. En cuanto estas llegaron a sus caderas, Illumi apartó los dedos de un manotazo firme. No era necesario que Hisoka continuara bajando, sobre todo porque sabía que este lo haría si se lo permitía.
—Sí, es todo muy poco confortable —confirmó Illumi, aplanando cualquier arruga que la pesquisa improvisada de Hisoka había creado en el vestido de tela negra y sedosa. El dinero nunca había sido un problema para él; aun así, le gustaba pensar que apreciaba el gasto que suponían las cosas caras. Kalluto había escogido este vestido en concreto.
—¿Cuánto tiempo crees que puedes mantener el disfraz? —inquirió Hisoka mientras se movía para ponerse a su lado y le ofrecía su brazo. Illumi se cogió a él en un ademán cordial, complacido de tener algo que romper si el coqueteo burlón de Hisoka se volvía demasiado.
—No mucho —dijo vagamente, tirando la rosa a la acera. Lo que más le preocupaba no era que su rostro volviera a su forma original, sino sus órganos internos. Los corsé nunca habían sido demasiado generosos con el espacio vital de sus portadores—. No más de tres horas.
—¿Solo eso? —dijo haciendo un puchero cuando llegaron hasta la puerta—. Y aquí estaba yo, empezando a cogerle el gusto a la señorita Illumi. ¿Te has peinado tú solo? ¡Ah!
Incluso el quejido que soltó denotó la gracia que le causaba.
—Parece una subasta —comentó Illumi, aflojando el fuerte agarre del brazo de Hisoka—. ¿Por qué necesitas una acompañante para una subasta?
—Bueno, no lo necesito, en teoría. —Hisoka marcó el camino a través del elegante vestíbulo serpenteando entre los asistentes adinerados—. Pero siempre vienen tantas parejas a estas cosas… He empezado a sentirme fuera de lugar.
—¿Fuera de lugar? —Illumi se plantó donde estaba, lo que casi provocó que Hisoka se desequilibrara hacia atrás al intentar seguir su camino—. ¿Solo me has contratado por eso?
—Sí, ¿y qué? —dio un paso hacia atrás para posicionarse a su lado una vez más—. ¿Acaso te he mentido?
Illumi se tomó un momento para considerar la pregunta. Luego asintió.
—Dijiste que necesitabas una cita.
—Sí, yo necesitaba una cita, no los organizadores de la subasta. Pensé que todo se vería mejor con una hermosa dama colgada de mi brazo. —La sonrisa de Hisoka se hizo más grande—. Y tú te ves fantástica en mi brazo, señorita Illumi.
De pronto, Illumi deseó encarecidamente no haber aceptado el pago por adelantado. Lo cierto era que debería haber visto venir algo como esto.
—¿Hay, por lo menos, algo importante en esta subasta? —preguntó con un mal presentimiento.
—Me temo que ya no.
—Así que la única razón por la que estamos aquí es porque estabas aburrido —supuso.
Como respuesta recibió otra de esas sonrisas entre moderadas y detestables de Hisoka.
—Ah, hermosa e inteligente.
Esto se estaba comenzando a pasar de tuerca. Hizo un esfuerzo por alejarse del otro hombre.
—Depositaré la mitad del dinero en tu cuen…
—No seas así. —Ágilmente Hisoka lo volvió a tomar del brazo, movimiento que Illumi era reacio a perdonar—. Hay un restaurante en la segunda planta. Pagaré por la comida, señorita Illumi. Eso te gustará, ¿no es así?
Lo cierto era que se sentía bastante hambriento.
—Sí —asintió finalmente—. Pero no si me sigues llamando "señorita Illumi".
Con ese asunto solventado por el momento, Hisoka se encaminó hacia el ascensor; una vez más, le ofreció su brazo, pero, por supuesto, Illumi le rechazó el gesto sin contemplaciones. Era lo mínimo que podía hacer. Era consciente de que el otro hombre podía ser peligroso, pero también lo podía ser un miembro de la familia de asesinos Zoldyck. Justo en este momento, su mente estaba dividida en dos cuestiones: volver a reagrupar las facciones de su rostro a su aspecto original y probar suerte con el asesinato de Hisoka en un ascensor abarrotado de gente. Una vez se hubiera ocupado de este, podría Gon sería el siguiente. Algo acerca de matar dos algos de un tiro le vino a la mente, pero no estaba seguro de por qué. Al fin y al cabo, no solía utilizar armas de fuego para matar gente. Las armas le quitaban la gracia al asunto, era un método demasiado burdo y carente del arte y la habilidad de un buen asesino.
Casi pareció como si Hisoka fuera capaz de leerle la mente y entender algo entre todo ese barullo de sinsentidos, porque depositó una mano sobre su hombro y dijo:
—Sabes, lo cierto es que aprecio tu disposición para ayudar a un amigo.
—Los asesinos no tienen amigos.
Illumi no supo si fue porque había demasiada contaminación acústica en el ascensor, o porque los pocos que habían escuchado sus palabras prefirieron ignorarlas, pero nadie además de Hisoka reaccionó a ellas. La sonrisa del mago, sin embargo, no flaqueó en ningún momento. No parecía perturbado en lo más mínimo por su declaración.
—En ese caso, aprecio la disposición de mi querido Illumi para ayudar a su Hisoka —y le guiñó un ojo.
Había algo que no estaba bien en la formulación de esa frase, algo terriblemente errado; tan pronto como cayera en la cuenta de qué era eso que estaba tan mal, se encargaría de corregir a Hisoka. Mientras tanto, se limitó a bajarse del ascensor junto al resto cuando este por fin se detuvo.
El restaurante cumplió las expectativas de Illumi, que siempre solían superar cualquier estándar básico de lujo o podían considerarse directamente inasequibles, siendo optimistas. Con la subasta teniendo lugar abajo, la mayoría de las mesas estaban ocupadas y una larga fila ya había empezado a formarse en los puestos, tras la cuerda de terciopelo. No le sorprendió cuando Hisoka fue derecho hacia el anfitrión. Su mano rozó discretamente el libro de reservas solo por una milésima de segundo, y un momento más tarde estaban siendo ubicados en una de las mesas. Illumi, no obstante, aún se sentía demasiado indignado como para elogiarle el truco. En lugar de eso, cogió el menú y lo ojeó tomándose su tiempo. Poco a poco, su compostura mental se fue recomponiendo. Para cuando hubo terminado de pedir, había logrado recuperar la calma y, en el momento que el camarero se llevó los menús, ya había perdonado por completo a Hisoka por sus transgresiones.
—¿Por qué yo?
—¿Por qué no tú? —retrucó este.
Illumi se consideraba una persona cautelosa, y tenía la firme convicción de que toda acción aparentemente inocente escondía algún tipo de intención oculta. Esto no era una excepción, simplemente no había conseguido descubrir todavía cuál era la intención de Hisoka. Dado que ninguna explicación plausible le vino a la cabeza, Illumi se contentó por el momento con vigilarlo de cerca.
—Quiero ese trozo de pan —dijo después de un largo silencio.
Una expresión de ligera sorpresa pasó por el rostro de Hisoka, quién tras una breve pausa bajó la vista hacia el trozo de pan que tenía a medio comer.
—¿Sabes? Hay más pan… —señaló, haciendo un gesto hacia el plato que descansaba en el centro de la mesa.
—Pero sé que ese trozo no…
—No está envenenado —terminó Hisoka por él poniendo los ojos en blanco, pero pasándole el pan con una sonrisa—. Si estuviera intentando matarte… ten claro que te lo diría.
—No se me ocurre otra razón para que me invites así —insistió Illumi dándole un bocado al pan antes de coger su bebida y alargar el brazo por encima de la mesa, hacia Hisoka. Si bien no iba a dejar que este tocara el vaso, esperó a que le diera un complicado sorbo a la bebida antes de volverla a dejar en su lado.
—¿No puedes creerte que sea solo porque te he echado de menos? —inquirió Hisoka, ladeando la cabeza de forma inquisitiva.
—No —respondió Illumi de inmediato—. No es aceptable.
—Disfruto de tu compañía. Estaba aburrido. —Se encogió ligeramente de hombros—. No puedes tener amigos, pero sí clientes. No podía limitarme a esperar a que hubiera otra casualidad como la del examen de Cazador, ¿no crees?
—Sí podías —razonó Illumi, intrigado a su pesar por las palabras del otro. No era capaz de determinar la emoción exacta que le provocaban, aunque era una sensación agradable.
—Bueno, no quería. Además —apartó las manos de la mesa cuando llegó la comida—, me parece a mí que tú también disfrutas de mi compañía, madam Illumi.
—Illumi.
—Lady Illumi.
—Illumi a secas.
—Sra. Hisoka.
—Señorita Illumi está bien, gracias. —Cogió el tenedor y mezcló pequeñas porciones de cada comida que había en su plato en un solo bocado para luego ofrecérselo a Hisoka, del mismo modo que con la bebida.
—Mmm… Esto es… —Hisoka masticó a conciencia—. De hecho, creo que noto algo de veneno en el pollo.
Si Illumi fuera dado a reírse o incluso sonreír, tal vez lo hubiera hecho ahora. En cambio, atrapó un pedazo de pollo del plato con los dedos. Los modales nunca habían sido demasiado importantes en la casa de los Zoldyck. Las comidas sólo existían como intervalo entre las horas de entrenamiento, por lo que por norma general no se habían tenido en cuenta las sutilezas. En cualquier caso, creía que a Hisoka le gustaría más así. Tiempo ha su madre había cogido un gato al que en ese entonces Illumi se había dedicado a darle premios con la mano; y Hisoka, más que a nada, le recordaba a un felino.
Al parecer no iba muy desencaminado; porque dudaba que la lengua de Hisoka en las puntas de sus dedos fuera por accidente.
«¡Necesito una cita!»
Pero si el otro hombre solo había querido una noche de diversión, ¿por qué llamarlo una cita? A Illumi se le hacía rara la elección de palabra. Para él, el género no suponía un problema en el romance. Era el romance en sí lo que era un problema. Proceder a la cópula sexual con una mujer iba a ser algo necesario si algún día quería tener un pequeño asesino por su cuenta, pero ello no requería de sentimientos como el amor. Illumi se había preguntado en más de una ocasión si sus padres se querían. Nunca les había visto exteriorizar ningún tipo de afecto, ¿pero acaso quererse implicaba necesariamente mostrar dicho sentimiento mediante abrazos o besos?
Illumi continuó estudiando a Hisoka mientras comía, sin darle importancia a que su constante escrutinio pudiera ser interpretado de forma extraña por cualquiera que le diera por mirar hacia donde estaban —a estas alturas por lo menos diez personas habían mirado hacia ellos y parecían tener la impresión de que, aunque no sabían con certeza cuál, Illumi no se estaba tomando su medicación. Siempre estaba la posibilidad de que Hisoka estuviera haciendo todo esto como una especie de juego. Era más que posible, era extremadamente probable.
—No voy a tener sexo contigo —declaró Illumi sin rodeos cuando terminó de comer. Apartó el plato a un lado. Por un momento, pensó que Hisoka iba a atragantarse—. Eso es lo que quieres, ¿no? Lo he descubierto.
Illumi casi se sintió satisfecho consigo mismo y con las que, ahora consideraba, unas decentes capacidades detectivescas. La nueva sonrisa que se extendió por el rostro de Hisoka, sin embargo, le indicó que cómo mínimo lo había excitado un poco. De alguna manera. Eso le preocupó ligeramente. Antes, solo había visto a Hisoka excitarse con violencia y batallas; si la válvula de escape sexual que tenía planeada estaba justo en frente… bueno, Illumi no las tenía todas consigo en cuanto a vencerle en un combate.
—Encárgate tú de la cuenta. —Illumi se puso en pie convencido de que llegados a este punto lo mejor era marcharse. Por fortuna, la perturbadora expresión de Hisoka pareció desvanecerse entonces.
—No han pasado ni tres horas —puntualizó Hisoka. El semblante de Illumi permaneció impasible—. ¿Me llevo al menos un beso de buenas noches?
Illumi solo había dicho que no al sexo. Un beso era algo que nunca antes había experimentado y, dejando fuera a su familia, no había nadie a quien conociera tanto como a Hisoka.
—Puede. —Desvió la vista hacia el móvil que Hisoka estaba haciendo girar de manera absorta una y otra vez—. Déjame ver tu móvil.
La perspectiva de recibir un beso de buenas noches era, aparentemente, demasiado buena como para dejarla pasar.
—¿Qué buscas? —preguntó Hisoka al mismo tiempo que le ofrecía el aparato.
Pero Illumi ya tenía sus sospechas cuando empezó a revisar el historial de mensajes.
«¡Necesito una cita!»
El mensaje enviado brillaba débilmente en la pequeña pantalla. «Enviado a las 23:23», leyó Illumi. El número que aparecía a continuación no era el suyo: «Para: Machi». ¿Machi? Por alguna razón el nombre le resultaba familiar. Tardó un momento, no obstante, en ponerle cara, al menos de forma provisional, pues no estaba del todo seguro. En cualquier caso, le servía como prueba de que él no era más que el "plan b" para la cita, el "de repuesto", la piedra sin afilar cuando uno no encontraba un instrumento más preciso… A Illumi nunca se le habían dado bien los modismos.
—¿Quién es Machi? —inquirió; no porque no tuviese la más mínima idea, ni siquiera porque le importara, sino porque sonaba contundente. Había oído preguntas similares algunas veces en las programaciones diurnas de la TV, y siempre les funcionaba bastante bien en esos casos. Hisoka le dedicó una sonrisa un tanto avergonzada, e Illumi pudo sentir una opresión en el pecho. Con un raudo vistazo hacia abajo, sin embargo, comprobó que su disfraz permanecía inmutable.
—Ella era tu primera opción —no era una pregunta, pero de todos modos Hisoka se encogió de hombros.
Illumi lo observó apoyar la cabeza en una mano mientras se quedaba contemplando el amplio comedor con aire melancólico; su diversión, aparentemente, había terminado.
—No pensé que ninguno de vosotros fuese a venir —dijo, deslizando un dedo por el filo de su vaso y haciendo rechinar al cristal—. Me sentía solo.
—Sabes, no volveré a responder para ningún trabajo como este —le advirtió Illumi. Luego, con un largo vistazo alrededor del restaurante y una dura mirada hacia Hisoka, que se veía notablemente decepcionado, añadió—: lo cual es una pena. No hubiera tenido sexo contigo, pero creo que me hubiera gustado un baile.
La cara de Hisoka se iluminó por un momento. Parecía estar esperando que el comentario fuese una sugerencia formulada con sutileza. Sus ojos se desviaron de manera insinuante hacia la pequeña y marmórea pista de baile, donde solo unas pocas parejas danzaban pausadamente.
—¿Y bien? —insistió, arqueando las cejas.
Illumi había aprendido a bailar para un trabajo cuando todavía era adolescente. Desde entonces, se había convertido en una actividad que disfrutaba bastante, aunque no estaba del todo seguro de por qué. Esta no sería la primera vez que alguien más dirigía en su lugar. Continuar haciendo el papel femenino no le molestaba lo más mínimo.
—De acuerdo.
Las palabras apenas tuvieron tiempo de dejar la boca de Illumi, antes de que este se viera arrastrado a través de medio restaurante.
—Solo un baile —advirtió sintiendo el mármol bajo los pies mientras las manos de Hisoka se deslizaban hasta su, en este momento, estrecha cintura femenina.
Había un deje de irritación en las facciones de Hisoka. El pequeño grupo de variados instrumentos de cuerda lo hubiera tenido complicado para seguir tocando piezas lentas. Illumi podía ver con claridad que su compañero hubiese preferido esperar a otra canción; Hisoka nunca había sido de los que se tomaban las cosas con calma. Con una postura perfecta, Illumi colocó las manos en los hombros ajenos y siguió los pasos del otro de forma un tanto envarada, pero solo al principio. El baile, lento y desapasionado, no le interesaba, así que en lugar de eso centró sus pensamientos en Hisoka y en esa mujer llamada Machi. Illumi era una persona que solía pasar mucho tiempo dentro de su propia cabeza. Nunca había sentido la necesidad de expresarse, no cuando los pequeños problemas personales podían resolverse con solo un poco de esfuerzo. No era tanto que careciera de emociones como que había aprendido a compartimentar sus sentimientos. Su trabajo debía ser su prioridad, las emociones, aunque siempre presentes, podían ser desplazadas hasta el recoveco más hondo.
Ahora Illumi estaba intentando hurgar en el fondo en busca de esta nueva emoción que no lograba terminar de definir. ¿Eran celos? Parecía improbable. Él no era una persona celosa. De hecho, no estaba celoso de Hisoka, a quién ciertamente no podría derrotar en una pelea; ni siquiera estaba celoso de Killua, quién permanecía siendo el sucesor del linaje de los Zoldyck a pesar de haberse negado de forma rotunda. No, no eran celos, decidió. En cualquier caso, podría ser que estuviera siendo egoísta. Un asesino no tenía amigos, pero tampoco los tenía Hisoka, y eso los convertía en personas similares pese a sus muchas diferencias… O al menos esa había sido su impresión hasta ahora. Sin embargo, empezaba a plantearse seriamente el acabar con esa tal Machi. Era evidente que si Hisoka había recurrido a él para una cita en lugar de a ella, había sido porque esta lo había rechazado en primer lugar. Y aún así, ¿acaso estaba Illumi dispuesto a arriesgarse a que ella lo rechazara también en futuras ocasiones? Mantener a Hisoka sin amigos significaba que podían continuar siendo parecidos. Illumi quería alguien con quién sentirse identificado en el mundo. Ah, ahora estaba seguro de que lo que estaba sintiendo no eran celos. Ciertamente estaba siendo egoísta, y puede que un poco mezquino también. Sin duda eso era aceptable.
Una de las manos de Hisoka le soltó la cintura y, muy sutilmente, ondeó en el aire, meciéndose de arriba a abajo a un ritmo que se iba haciendo más y más rápido. De forma simultánea la cadencia de la música fue en aumento y no pasó mucho tiempo antes de que Illumi rastreara el delgado hilo que unía la mano de Hisoka a la batuta del anciano y muy confuso director de orquesta. Al voltear de nuevo hacia su compañero de baile, Illumi al fin se percató de la pequeña sonrisa casi culpable esbozada en sus labios. Ambos eran, en efecto, muy parecidos. Era por eso que ahora todo empezaba a tener sentido.
—Hisoka, ¿todo lo de antes ha sido a propósito?
—¿Mmm?
Hisoka le hizo girar sobre sí mismo, pero antes pudo advertir cómo la sonrisa de este se hacía más grande. Por supuesto, existía la posibilidad de que Illumi acabara de proporcionarle un modo muy conveniente y de buen gusto para librarse de todo este lío. Fuera como fuere, no tuvo tiempo para hacerse más preguntas. Un dolor agudo le recorrió la mandíbula cuando Hisoka lo atrajo más hacia él y le hizo doblarse hacia atrás. Los ojos de Illumi se abrieron ligeramente: había un destello plateado en la mano del otro. En cuanto lograra recuperar el equilibrio esto iba a ser, sin duda, un cambio interesante; por lo que no opuso resistencia ni siquiera cuando la sala empezó a llenarse de exclamaciones de asombro y la pista de baile se quedó vacía en un santiamén. La música, empero, continuó, e Illumi cumplió su promesa de terminar la canción.
El dolor se ramificó en fuertes descargas de electricidad a lo largo y ancho de su cuero cabelludo, alrededor de su ojo derecho, por encima del puente de la nariz y hasta las comisuras de sus labios. Podía sentir cómo se le contraían los músculos faciales mientras las facciones de su rostro se alargaban y la textura de su piel simple y llanamente mutaba. Pero incluso el dolor podía ser compartimentado. El trabajo siempre tenía prioridad.
Cuando Hisoka le inclinó hacia atrás una vez más, Illumi se encontró su rostro a pocos centímetros del suyo.
—La señorita Illumi es muy hermosa —musitó meditabundo—. Pero me temo que mi Illumi es mucho más atractivo que ella.
La opresión en su pecho aumentó en el instante en que los labios de Hisoka acariciaron los suyos. Era una sensación de rigidez que, si bien resultaba incómoda, no era del todo desagradable. Con ella, su egoísmo estaba rápidamente cediendo el paso a una posesividad enloquecedora e incluso aderezada con una pizca de obsesión. Bueno, había conseguido definir estas emociones; tomó nota de ello y lo archivó mentalmente.
La canción llegó a su fin en medio de un pandemonium. En el mismo preciso instante en que la última nota reverberó en la sala, Illumi se lanzó a través de la ventana más cercana. Cayendo de espaldas, pudo ver a Hisoka, todavía erguido en medio de la pista de baile. Tras él, los músicos se apresuraban a recoger el revuelo de partituras desperdigadas por el suelo de mármol; pudo oír el chasquido de los platos al romperse cuando algunos de los presentes salieron disparados hacia la puerta mientras otros intentaban salir de allí discretamente, confusos por el pánico.
Hisoka permaneció ahí, tranquilo e imperturbable mientras observaba a Illumi con los párpados a medio caer. No había culpa en la sonrisa que esgrimía ahora, pero sí había algo inusual en la inclinación de sus labios. Porque aunque Illumi no albergaba duda de que el deseo físico aún estaba ahí, también le pareció atisbar una chispa de afecto genuino.
Illumi aterrizó ágilmente en medio de una lluvia de cristales rotos. Unos pocos transeúntes que pasaban cerca de él se sobresaltaron y gritaron antes de salir corriendo, pero Illumi no les prestó atención. Con una estudiada meticulosidad, se quitó los alfileres que todavía quedaban en su cara, aliviado por poder al fin devolverle a esta su simetría natural. Tal vez el mensaje para Machi había sido real. No tenía forma de saberlo. Incluso si le preguntaba a Hisoka, dudaba mucho de su capacidad para discernir entre las verdades y mentiras del otro hombre. Al final puede que tampoco fuera tan importante en realidad. Contra todo pronóstico, la noche no se había convertido en la pérdida de tiempo que Illumi había temido al principio. Había sacado de ella una cena, reflexionó mientras giraba la esquina del hotel a paso ligero, un baile y unas pocas medias verdades en aproximadamente una hora de su vida, un aceptable precio a pagar.
Por el rabillo del ojo, atisbó un tono de rojo obsceno y familiar. Se detuvo a un lado de la acera y se agachó para coger el objeto antes de reanudar el camino.
«No es mi amigo», se recordó Illumi mientras con delicadeza enderezaba los pétalos restantes de su rosa. «Es mi Hisoka».
¿Qué os ha parecido? Lo mejor de todo es que tiene una secuela que es aún mejor. Espero poder traerla pronto :)
