Capítulo 1

No sé en qué momento he aceptado la idea de participar en la subasta, creo que Sakura me agarró en uno de mis momentos de locura, cuando escuché su idea no me pareció tan mala, pero ahora que tengo que estar en el lugar, el pánico ha entrado en mí, no estoy preparada para tener una cita con un completo extraño.

Miro mi largo cabello, le he hecho unas mechas moradas, porque es mi color favorito, tal vez me gusta porque mis ojos aparentan ser del mismo color, a través del espejo, veo a Chiharu y a Rika, no parecen nerviosa ¿cómo le harán?

Las tres vestimos de color azul turquesa, un tono que nos queda a todas y que tuve el placer de confeccionar, si iba a estar enfrente de todos esos extraños, tiene que ser con algo con que me sienta cómoda, aunque eso es lo último que me preocupa ahora, ¿y si el que gana la subasta es un viejo? No me imagino teniendo una cita con alguien que podría llegar a ser mi padre o mi abuelo ¡en qué demonios me metí!

"Tranquila Tomoyo, es para una noble causa" me repito mentalmente como un mantra.

–Está todo listo, cuando les de la señal van pasando como lo ensayamos –un escalofrío me recorre al escuchar a Sakura–

Miro ansiosa el reloj, escucho que da comienzo el evento, ni siquiera me tomé el tiempo para leer la información de las personas que están dentro de la puja, confío en Sakura, sé que entrevistó uno a uno a todos los interesados en estas citas, si más no recuerdo, son cincuenta hombres que estarán peleando por tener una cita con una de nosotras.

Primero entra Chiharu, ¡la seguridad que demuestra es abismal! La observó tras bambalinas, camina por todo el escenario improvisado mientras Sakura habla sobre sus gustos, pronto se hace el silencio y uno a uno los participantes comienzan a levantar su paleta con el número que les asignaron mientras la cantidad de dinero va subiendo más y más.

¡La puja se detiene en los quince mil dólares! Me siento helada, esto es demasiada presión, Rika se acerca a mí para avisarme que me prepare, ya que después de ella será mi turno, una vez más observo tras bambalinas, de nuevo comienza la puja, Rika parece estar más cotizada entre todos los participantes.

–Veinte mil quinientos a la una… –un zumbido me hace dejar de escuchar lo que Sakura va diciendo, normalmente suelo ser segura de mí misma, pero hoy no aparento nada de seguridad– ¡Vendida!

Demonios, el zumbido se fue en la peor parte, sé que lo que se vende es la cita, pero así como lo escucho suena mal en todos los sentidos, inhalo y exhalo varias veces para poder recomponerme, será solo un momento y una cita, no tengo nada que temer.

–Nuestra última subastada es Tomoyo Daidouji…

Me muevo en modo automático al escuchar mi nombre, en mi cara tengo la mejor de mis sonrisas mientras que por dentro intento tranquilizarme de cualquier manera, evitando mirar a los que están frente a mí.

–Con tan solo veinticuatro años de edad es una gran diseñadora de modas… –Sakura comienza a describirme, siento que conmigo se está tomando demasiado su tiempo– le gusta mucho estar en lugares tranquilos para poder leer un buen libro, y por si no estaban enterados, es parte fundamental de esta fundación, con algunos eventos que ella ha hecho ha logrado recaudar algunos fondos para estos pequeños que lo necesitan… –sineto mis mejillas enrojecer, me ha descrito mucho más que a Rika y a Chiharu– comenzamos la puja con cinco mil dólares…

Me giro para observarla, con Chiharu y Rika inició con mil dólares ¿a qué demonios está jugando? Y para aumentar mis nervios, nadie hace el intento de levantar la paleta, me siento completamente decepcionada, elevo el mentón, intento no demostrar mi tristeza.

–Cinco mil… aquí –escucho de repente, busco entre todas las personas al dueño de esa voz, y lo encuentro al momento que eleva su paleta de la puja, en mi vida lo había visto y eso que Tomoeda no es tan grande–

–¡Seis mil! –esa voz la puedo reconocer aún con el paso de los años, Touya Kinomoto está en la última fila de participantes, se ve muy apuesto con su bata de médico, seguramente está saliendo del trabajo lo que no entiendo es por qué está en la subasta–

–¡Diez mil! –se escucha de repente, el mismo hombre de hace un rato eleva su paleta, ni siquiera da tiempo a que Sakura pregunte o comente algo–

–¡Doce mil! –Touya es ahora quien vuelve a hablar–

Son solo ellos dos quienes están compitiendo, nadie más se mete, únicamente son Touya y el desconocido quienes se están ¿peleando? ¿Podría considerarlo así? Me siento incómoda por lo que está sucediendo, por supuesto que me emociona ver a Touya intentando ganarme, después de mucho tiempo sin verlo, aquí estamos.

–¡Treinta y cinco mil! –grita el desconocido–

Puedo ver a lo lejos a Touya, está molesto y tiene junto a él a su papá, quien parece estarle diciendo algo, Sakura comienza a hacer parte de la subasta como debió haber sido desde un principio.

–Treinta y cinco mil a la una…. –hace una pausa– a las dos… –imploro a todos los cielos que Touya diga algo, sin embargo, solo está parado, se ha dado por vencido–

–¡CIEN MIL! –gritan de repente–

Un anciano con un móvil en la oreja es quien grita esa obscena cantidad acallando a Touya y al otro sujeto que estaba teniendo una batalla, Sakura se aclara la garganta y vuelve a tomar el mando de la situación.

–Cien mil a la una… –silencio, entre todos los asistentes se miran– cien mil a las dos… –mis peores pensamientos se han hecho realidad, tal parece tendré una cita con el anciano– ¡Vendida! –me sobresalto al escuchar las palabras de mi amiga– a los ganadores por favor pasen conmigo para poder concretar la venta de la cita.

El conjunto de música comienza a amenizar el salón, todos se esparcen por el lugar, sigo en estado de estupefacción, me voy detrás del escenario, necesito recuperarme, creo que en el fondo, me hubiese gustado que Touya ganara la puja, lamentablemente, no ha sido así.

–¡Cien mil! ¡Tomoyo fuiste la más cotizada! –escucho el grito de Chiharu– aunque… –silencio, no dice nada y creo entender el porqué, ¡mi cita es con un anciano!–

Observo tras bambalinas a Sakura, está hablando con los que han pagado por las citas y entre ellos está el anciano que curiosamente sigue con su móvil en la oreja, ¿se lo habrán pegado con colaloca o algo por el estilo? Meneo un poco la cabeza para alejar esos pensamientos de mí, ni siquiera puedo ser graciosa en estos momentos ¡Por qué a mí! ¡Qué hice para merecerme una cita con un anciano!

Me he dedicado a mi carrera, a luchar siempre por lo que quiero, ayudo a los demás y ¡Este es mi premio! Simplemente la vida es injusta, y sí sé que soy muy quejumbrosa, pero no lo puedo evitar, tenía la absurda idea de que Touya pudiese conseguir la cita y retomar lo que una vez tuvimos.

Aunque claro, es absurdo ya que fue él quien decidió que todo terminara, no debería de pensar en él, más no puedo evitarlo, eso de un clavo saca a otro clavo no funciona, o al menos a mí no me ha funcionado para nada y eso que de verdad lo he intentado infinidad de veces, sin embargo, siempre llego a un punto de comparación o de la nada hablo sobre él y prácticamente yo acabo entorpeciendo la relación.

Me acerco a la barra improvisada que hicieron para el evento y me pido un mohito, tal vez un poco de alcohol me haga sentir un poco de alivio a mi depresión y es curioso, hasta hace un momento tenía pánico y nervios y ahora estoy sumergida en una depresión por culpa de la cita que tendré.

–Cien mil dólares…

Escucho a mis espaldas me giro lentamente para quedar frente a frente con el hermano de mi mejor amiga, sus ojos castaños me miran ¿serio? La realidad es que siempre me ha mirado de esa manera, hasta cuando decía sentir amor por mí, tal vez jamás estuvo enamorado de mí.

"¡Tomoyo, basta!" me reprendo mentalmente, el barman llega con mi mohito y se lo agradezco, el compuesto me refresca un poco hasta las ideas.

–¿Me ignorarás? –lo observo un instante por encima de mi bebida, aunque me lo estuviese proponiendo, no lo puedo ignorar–

–Hola Touya –consigo articular palabra, aunque escucho mi voz un poco chillona, parezco adolescente–

–Te ves muy hermosa, aunque siempre lo has sido… –sus palabras me desarman, es verdad jamás me miró con amor, pero cada que podía me decía cosas muy hermosas, eso es lo que tiene Touya Kinomoto, por fuera lo vez todo frío, pero muy, muy en el fondo tiene su lado romántico, aunque reitero, eso es muy en el fondo–

–Gracias… –atino a decir– ¿saliendo del trabajo? –me aplaudo mentalmente por conseguir un tema de conversación–

–Efectivamente, tuve un día movido –comenta– me sorprendí cuando Sakura me dijo que participarías en la subasta –¿por qué demonios tiene que sacar ese tema? ¿A caso no se da cuenta que trato de olvidarlo? –

–Es para una buena causa –le resto importancia, no quiero seguir hablando de eso–

–Lo sé, aunque la idea de Sakura ha sido muy… –se queda en silencio un instante– poco habitual –concluye–

Me río un poco por su comentario, él siempre tratando de ser tan correcto, aunque claro solo lo hace porque estamos rodeados de personas desconocidas, en la intimidad de su casa le dice de todo a su hermana pequeña.

–No te contengas, di lo que pensabas decir –lo animo socarrona a lo que él me mira enarcando una ceja–

–¿Te burlas de mí? Sabes que en público no puedo –me recuerda con media sonrisa en su rostro–

–Hice el intento –me encojo de hombros, al parecer la bebida me regresó a mi manera habitual de ser–

–Te he extrañado…

Sus palabras hacen que escupa lo poco que me quedaba de la bebida en la boca, ¡no podía esperar a que lo tragara todo! El valor que había conseguido se ha esfumado por el ridículo que acabo de protagonizar, Touya me pasa unas servilletas para que me seque y se queda con unas con las que él se seca.

¿Cuándo fue la última vez que protagonicé algo tan bochornoso? ¡NUNCA! Siempre trato de ser lo más correcta y ahora me da por escupirle al decirme que me ha extrañado ¡Qué pasa conmigo! Aunque mi corazón ha comenzado a latir a mil por hora, tanto que creo que se me saldrá del pecho.

–Imaginé varias respuestas, pero jamás se me ocurrió pensar que terminaría escupido –lo miro con cara de pocos amigos, eso no ha tenido nada de gracia– venga Tommy, no es para tanto.

–Lo dices porque no a ti se te han quedado viendo –comento indignada–

–Me hubiese gustado ganar la cita para tener la oportunidad de arreglar lo que arruiné hace años –su semblante vuelve a ser serio, pero serio elevado a la máxima potencia–

–No necesitas ganar una cita, solo pídelo…

¡Que alguien le ponga cinta a mi boca! Debería de estarlo haciendo sufrir, no dejarle las cosas en bandeja, siento que hoy nada está de mi lado, alguien se despertó y dijo -quiero hacer sufrir a Tomoyo- y no es drama, simplemente hoy no ha sido mi día.

–¡Tommy!

Al fin, alguien entra a mi rescate, veo a mi amiga corriendo hacia nosotros, primero se centra en su Touya y luego se fija en mí, conoce cada detalle de la historia, bueno casi toda, hay cosas que ella no ha querido saber y es mejor así.

–¿Interrumpo? –nos mira alternadamente–

–Para nada, ¿Qué sucede? –me centro en Sakura y creo que Touya nota la indirecta porque se levanta y se va, y ahí cuando suelto un suspiro que por la potencia habrá llegado a Francia–

–Siento que sí interrumpí –Sakura me está observando detalladamente–

–Para nada, ¿Tenías algo que decirme? –me muestro lo más segura que puedo, confío en ella, pero aún no me siento capaz de hablar sobre lo que removió Touya–

–Bien, tengo los datos para tu cita, día, hora y lugar… –comienza a explicar– Tommy estoy muy contenta, con lo que se ganó podremos mantener la fundación y la mayor parte fue gracias a ti –dice con emoción mientras me abraza–

Me alegra mucho saber que ha funcionado la idea loca que tuvo, lo que no me agrada es mi cita, aunque claro, no me puedo echar para atrás, capaz y retira el dinero y metería en problemas a mi amiga.

–Tú abuelo también puso una parte –le recuerdo–

–Pero no podía hacer mucho con eso, he hecho cuentas Tommy, la fundación crece y no hay muchos que donen –me enseña la tableta que hasta el momento me había pasado desapercibida– cada día son más niños.

Veo en la pantalla gráficas y números, los porcentajes que tiene son un poco alarmantes, se necesita demasiada manutención y tal y como ella dice, son pocos los interesados en apoyarles, yo he hecho pequeños eventos con mis diseños para donar una parte y la otra es para la boutique, mi madre ha dicho que me apoyará en todo, sin embargo, quiero abrirme paso por mí misma.

–Deberás encontrar otro método, no creo que encuentres más chicas para subastar –apunto, mientras llamo al barman y le pido otro mohito–

–Lo sé, en eso ando trabajando –me asegura– aquí están los datos de tu cita… –me entrega un folder, y es que no es que no le esté prestando atención, pero no me había dado cuenta de todo con lo que está cargando–

–Deberías divertirte –comento mientras sujeto lo que me entrega–

–No puedo, aún hay cosas que resolver… pero tú diviértete de mi parte –dice mientras me guiña un ojo–

Tal ve crea que no me he dado cuenta, pero hace días que está más centrada en el trabajo que en su vida personal, estoy segura de que se ha peleado de nuevo con el imbécil de Hiro, ella merece algo mejor y lo que me enoja es que no se da cuenta, tal vez ella debió de subastarse, igual y conocía a alguien.

Llego a mi casa pasadas las dos de la mañana y no es porque me haya querido quedar, sino que entre Rika y Chiharu comenzaron a sacarme a bailar y a platicar con todos los que conocían, de paso tuve la oportunidad de conocer a sus citas, y las envidié en ese momento ninguno era tan anciano.

Sigo sin abrir el folder que me entregó Sakura, sé que tarde o temprano lo tendré que ver o de lo contrario terminaría dejando mal a mi amiga, pero ahora no estoy con los ánimos. Solo quiero dormir e imaginar que todo fue un sueño, un sueño que me hizo reencontrarme con Touya, creo que es lo único positivo que me trajo esta subasta.

Me quito los tacones y los dejo con cuidado en su lugar, los adoro mucho como para maltratarlos, me siento frente al tocador y comienzo a quitarme el maquillaje mientras divago un poco en el pasado, Touya sigue siendo impresionantemente guapo, al menos a mis ojos.

El delineador y el rímel desaparecen, y no es mucho el cambio que veo, con o sin maquillaje sigo siendo la misma, aunque claro, el maquillaje me encanta, me hace acentuar lo mejor de mí y jugar con los colores es mi especialidad, me cepillo el cabello un par de veces y me lo trenzo, me deshago del vestido y me pongo mi cómoda pijama, un camisón de satén en color lila.

Con toda la calma del mundo me recuesto en la cama y dejo que más imágenes del pasado me invadan, hay momentos en los que me pierdo completamente en ellos que no me dan ganas de volver a la realidad, y sé que está muy mal, no debería de estar aferrada al pasado, pero siento que mi historia con Touya no debió de terminar de esa manera.

¿Me debí de quedar en Japón? No, definitivamente no, él solo me intentó cortarme las alas, qué pasará si vuelvo a tener una oportunidad fuera de este país, ¿me volverá a hacer a un lado? He postergado mucho mi cita con el psicólogo tal vez sea tiempo de ver uno y poder dejar a un lado las inseguridades que he estado cargando desde hace años.

No sé en qué momento el sueño me vence, abro mis ojos porque la luz comienza a filtrarse por la cortina, debo recordar correrlas por completo y no solo una parte, me cubro la cara con la almohada, no quiero despertar, hoy quiero quedarme en la cama todo el día, para mi desgracia lo sucedido no fue un sueño, aún tengo la cita con el anciano.

Me quito la almohada de la cara y miro con cierto recelo el folder, una parte de mí tiene curiosidad por saber del ancianito, tal vez venga escrito el motivo por el cual compró la cita conmigo, otra parte de mí no quiere saber nada, quisiera tener un clon y poder enviarlo en mi lugar.

"Vamos Tommy, tú puedes hacerlo" me doy porras a mí misma al tiempo que me levanto y voy hacia el folder, lo tomo y me regreso a la cama.

"Solo es una cita, qué más da… ¿no?" ya parezco loca hablando conmigo misma, esta me las paga Sakura, de eso no hay ninguna duda. Debió poner un rango de edad o hacer algo cuando vio que gritó el señor de edad avanzada, creo que llamarle ancianito es demasiado grosero.

Mis manos no hacen ademán de querer abrir el folder y eso es porque mi cerebro no manda la señal necesaria, simplemente aprieto los dedos cerrando mis puños, casi puedo sentir mis uñas clavándose en las palmas de mis manos por la presión que estoy ejerciendo.

"Vamos, Tommy" me vuelvo a alentar, pero no más no puedo, ¿por qué no me pudo tocar un joven como el que le tocó a Chiharu? ¿O un adulto en forma como el de Rika? A mí me tuvo que tocar el de edad avanzada, ¡Esto es completamente injusto!

–Bien, veamos quién eres…

Aloooo cerecitos! Disculpen la demora, aquí tienen por fin el primer capítulo de esta historia que estoy trabajando poco a poco y así evitar cierres forzosos, espero que les guste, no olviden dejar sus bellísimos comentarios para que sepa si les está gustando.

Le mando un beso y nos vemos en la siguiente actualización.

CherryBlossomAngel17