CAPÍTULO 6
Se ha formado un silencio incómodo entre nosotros, y la verdad no sé el porqué, Eriol es un completo enigma, se ha quedado mirando todo como si estuviese buscando algo, pero ¿qué? ¿qué podría interesarle de mi casa? Igual y estoy alucinando lo que es muy común en mí últimamente.
Le ofrezco algo de tomar, intento por todos los medios que el silencio incómodo desaparezca, sin embargo, mis alucinaciones son más intensas, podría jurar que Eriol se ve incómodo en la casa, aunque es la primera vez que él viene, no tendría porqué sentirse incómodo ¿no?
Mamá aparece, tal parece que se pudo desconectar de sus pendientes por un momento, sus ojos pasean de un lado al otro al ver a Eriol y a mí juntos, incluso se ve sorprendida, lo mismo puedo decir de Eriol, es como si ellos se conocieran desde hace mucho tiempo, pero es imposible.
–¿Qué hace este tipo aquí? –cuestiona con desdén mamá–
–Madre –digo un poco apenada, no esperaba que se expresara así–
–Lo quiero fuera de mí casa –espeta sin piedad alguna–
Eriol no dice nada, permanece inmóvil a mi lado, no entiendo el comportamiento de mamá; incluso me siento avergonzada por su manera de actuar, ¿qué bicho le habrá picado.
–Te veo mañana para ir a la feria –al fin habla Eriol– con permiso señora.
En verdad no sé si mi mente me está jugando una broma, o la palabra señora la dijo en un tono demasiado despectivo, ¿se conocerán? ¿de qué me habré perdido?
Estoy por acompañarlo a la salida, más mi madre me lo impide, tira de mi brazo tan fuerte que no puedo evitar quejarme, ¡qué le pasa! Una vez que se escucha que la puerta se ha cerrado la miro en espera de alguna explicación.
–Ni se te ocurra volver a tratar a ese sujeto –amenaza– no te metas con él.
–¿Por qué? ¿Qué sucede?
No dice nada, se da la vuelta y me deja sin respuesta alguna, si de por sí no entiendo a mi mamá; ahora menos, se está comportando muy extraño y no entiendo por qué no quiere que me lleve con Eriol, para su mala suerte, soy mayor de edad, por lo que no pienso acatar su orden, yo iré con Eriol a esa feria y seré su amiga, tal vez y solo tal vez más adelante lleguemos a ser algo más, uno nunca sabe que es lo que nos depara el destino.
–Muy bien Tomoyo, ¿trajiste todo? –pregunta la psicóloga–
Le enseño la caja que he traído, me ha costado mucho meter cada cosa que Touya me regaló, sin embargo, es tiempo de la terapia y me pidió que lo trajera todo, y eso es lo que he hecho, con todo pesar metí cada obsequio que recibí por parte de mi ex.
Me explica paso a paso lo que debemos hacer, ella ha encendido la chimenea que creí que era de decoración, pone igual unos contenedores cerca de nosotras, en el fuego dejaré ir aquellos recuerdos escritos, las cartas y notas que Touya me dio, en los contenedores; colocaré los regalos que puedan ser donados, y déjenme decirles que son bastantes.
Una parte de mí siente alivio al ir vaciando la caja que he traído llena, otra parte de mí siente una opresión al ver esas notas y cartas que él me mandaba con amor, porque Touya siempre encontró la manera de demostrarme su amor, tal vez no era muy expresivo, pero al momento de escribir salía a relucir todos sus sentimientos hacia a mí.
–¿Cómo te sientes? –pregunta la psicóloga–
–Vacía –contesto mientras veo la última carta quemarse, me ha dolido–
–Acabas de cortar un vínculo que tenías con esa persona –comienza a explicarme– esto es necesario para que puedas seguir adelante.
–Duele…
–Por supuesto que duele, fue parte de tu vida por mucho tiempo –comenta– ahora te toca guardar nuevos recuerdos, con otras personas; Tomoyo, tu vida continua.
Estoy segura de que la vida continua, pero igual como ella dice, todo eso ha sido parte de mi vida por mucho tiempo, y puedo admitir que seguía leyendo las cartas, algunas noches me gustaba revivir ese amor que existió entre Touya y yo.
–Te noto más distraída que de costumbre, ¿pasa algo más?
¿Es que a esta mujer no se le escapa nada? Además de este ritual de liberación, sigo dándole vueltas a lo que pasó ayer con mamá y Eriol, tal vez más tarde podré hablar con él y preguntarle directamente, si mi madre no me quiso aclarar nada, tal vez él si lo haga.
Le cuento brevemente lo que pasó, necesito hablarlo, si algo he aprendido es que no debo de retener nada de lo que me está pasando, que necesito platicarlo.
–Haces muy bien en preguntarles, de esa manera dejas de hacerte ideas en la cabeza.
¡Vaya! Eso me ha sonado un cumplido, tal vez no estoy tan loca como pienso, aunque claro, un elogio entre tanta oscuridad. Miro el cesto en donde he dejado los peluches, quizá me pueda llevar uno a casa; y como si leyera mis pensamientos, la psicóloga retira el cesto de mi vista.
–Se acabó el tiempo –indica señalando el reloj–
–Hasta la siguiente sesión –me despido de ella–
Salgo con un enorme vacío, aunque también siento un gran alivio, acabo de cerrar un ciclo para abrir uno nuevo, quizá la vida ya me tiene algo en espera y yo lo he dejado pasar por estar aferrada a algo que no sería posible en ningún momento.
–Se acabó…
Una brisa revuelve mi cabello, alivio y vacío, sentimientos encontrados, y esta vez me siento muy bien a pesar de estar en medio de ambos sentimientos, camino hacia el auto, debo trabajar en unos diseños que quiero lanzar, hacer pedidos de tela… en conclusión, me ocuparé demasiado.
–Daidouji…
La voz me es familiar y al fijarme bien, un joven de cabello azulado está frente a mí, ¿acaso me lo toparé en todos lados? No me mal interpreten, la idea no me desagrada para nada, aunque comienza a hacerse extraño.
–Creí que dijimos que seríamos amigos –comento– llámame por mi nombre.
–Tomoyo, ¿vas al psicólogo? –cuestiona mientras señala el edificio del que acabo de salir–
–Así es, decidí tomar terapia –comento mientras busco en mi bolso las llaves de mi auto– lamento la actitud de mi madre, no sé que le ocurre.
–No pasa nada, espero que eso no te impida que salgamos hoy, ir a la feria –me recuerda la cita, estoy segura que ha aparecido en mis mejillas–
–Para nada, nos vemos en la noche para ir a la feria –confirmo–
–Entonces nos vemos –se despide cortésmente–
–Eriol…
Él detiene su marcha, ¿haré mal si le pregunto acerca de lo ocurrido ayer? Si él no me dice, nunca sabré qué pasa.
–¿De donde conoces a mi madre? –me armo de valor para soltar la pregunta–
–No la conozco –responde rápido– Acabo de llegar a la ciudad –me recuerda–
Me quedo mirando como se marcha, su respuesta no me ha aclarado nada y es obvio que se conocen y tal vez una chica castaña de ojos verdes me ayude a averiguar qué pasa.
Veo a Sakura ir de un lado a otro, al parecer si consiguió apoyo, aunque no el de Eriol, sino que el de otra persona, creo que dijo que se llama Shaoran Li, ni siquiera es japonés.
–Eres rápida –afirmo, mientras veo como organiza todo–
–¡Donó demasiado! –dice con ojos brillantes de la emoción– no tienes idea de lo feliz que serán los niños… el señor Li es muy interesante.
Creo que aquí hay mucho más que negocios, tal vez debería de pasar más tiempo con mi amiga para averiguar lo que sucede.
–¿Interesante? Explícate
Le quito su tableta y el móvil, es la única manera en la que me preste completamente atención.
–Pues eso, es interesante, es altruista, y a pesar de tener dinero no es engreído y no se preocupa solo por él, sino que por todos los demás.
Hay mucha admiración en su voz, creo que cupido ha flechado a mi amiga.
–Te gusta –sentencio–
–Para nada, son solo negocios –responde rápido, es una señal de que está nerviosa–
–Sabes, te conozco desde el kínder, invéntame algo más creíble –le digo mientras palmeo su hombro–
–Podría decir lo mismo de ti, siento que ya no te conozco, vienes de ves en cuando, te alejas por mucho tiempo y entiendo que pasaste por mucho a causa de mi hermano, pero te he necesitado –reclama– me vale si sueno egoísta, pero quedamos en que estaríamos la una para la otra y no ha sido así.
Me que quedado sin palabras, no puedo rebatirle lo que acaba de decirme, por supuesto que en eso quedamos, pero dadas las circunstancias todo cambió, me alejé y le llamaba en algunas ocasiones o llegaba y la veía muy poco, me distancié de ella y ahora que estoy en Tomoeda sigo haciendo lo mismo.
–Lo siento, no supe cómo manejarlo –digo derrotada–
–Yo también lo siento, es solo que me dolió tu distancia, ahora que hablo con la psicóloga me he dado cuenta de ello.
Nos abrazamos, un abrazo que sana; al menos yo siento que me sana, que cura este distanciamiento que había, que yo misma creé y que terminó afectando a quien más quería.
–Tenemos que hacer más salidas de amigas
–Por supuesto que si –confirma mientras sigue abrazándome– necesitaba decirte.
–Lo entiendo, no pasa nada –respondo apartándome de ella– tienes razón en sentirte mal, no cumplí en lo que quedamos.
–Me he sentido sola todo este tiempo… te necesité por mucho.
–Yo también, solo que no sabía qué hacer, no supe cómo manejarlo.
Nos desahogamos como no habías hecho en todo este tiempo, parecía que no lo necesitábamos, pero no es así, esto es lo que necesitábamos, no solo la plática que tuvimos en la pijamada o como cuando le confesé mi situación bochornosa con Eriol, no, eso es aparte, necesitábamos acercarnos más, decirnos muchas más cosas.
–Me veo fatal –expreso frente al espejo, Sakura vino a ayudarme a escoger mi ropa para la salida con Eriol–
–Estás loca, te ves increíble –dice mientras pasa el cepillo en mi cabello–
–¿No es demasiado para la feria? –cuestiono–
–Tomoyo, es lo más casual que hemos encontrado en tu guardaropa –dice con sarcasmo–
Siento nervios por la salida, hasta le he dicho a Sakura que me siento mal para hacer que cancele mi salida con Eriol, sin embargo, no lo hace, me dice que estoy estupenda, sus palabras me ayudan un poco, más no por completo.
El timbre me sobresalta, Sakura me sigue dando ánimos y me acompaña hasta la puerta.
–Que se diviertan…
Siento que las piernas me flaquean, Eriol se ve impresionante, lleva puesto solo un pantalón de mezclilla, una playera azul con una chaqueta blanca y unos tenis, me he acostumbrado tanto a verlo en trajes a medida que es raro verlo así.
–¿Nos vamos?
Asiento como muñequito y lo sigo hasta su auto, antes de poder subir uno de los guardaespaldas de mamá me intercepta.
–¿Qué pasa?
Cuestiono al de seguridad, más no dice nada, mi madre se aparece y no se ve nada contenta.
–Te dije que no te acercaras a él –me reprende como si fuese una niña–
–Saldré con él, no me importa lo que me diga –respondo desafiante–
–No saldrás de aquí con él –espeta–
Eriol permanece al margen, esta discusión está fuera de lugar, más porque no entiendo la reacción de mamá.
–¿Por qué no puedo salir con él? –le cuestiono, más no dice nada–
–No puedes salir conmigo, porque tu madre no quiere que te enteres de lo que hace cuando está fuera de Japón –es Eriol el que acaba de hablar, entonces si lo conoce–
–¡Cállate! –mamá enfurece, se acerca a Eriol y le da una cachetada–
–¿Callar? Tomoyo tiene derecho a saber –mis nervios de la salida con Eriol se han convertido en nauseas– Tu madre, la intachable señora Daidouji es más que una cazafortunas –dice con evidente sarcasmo– solo así ha podido mantener su estilo de vida.
Mamá no dice nada, la miro en busca de una refutación, más no hace nada, no dice nada, Eriol se ve satisfecho con lo que acaba de decir, no le importa que acaba de lastimarme.
–Has vivido del dinero de hombres que creyeron en tu madre –espeta– la juguetería es más que una fachada, abre los ojos niña bonita.
–¡No me digas niña bonita! –grito con millones de emociones en mi interior– ¿para eso me compraste en la subasta?
–Alguien debía abrirte los ojos –confiesa– creí que me demoraría más.
Y pensar que me creí enamorada de él, me creí en fantasear en que él sería el indicado.
–Largo de aquí, no debiste de meterte con mi hija –habla mamá–
–Y usted no debió de meterse con mi padre –espeta Eriol– estamos a mano.
¿Eso es todo? ¿Fui solo un objeto de venganza? Hago acopio de mi fuerza, de mi orgullo, de mí y me entro a casa, no me permito derrumbarme frente a él, eso jamás.
Llego a mi habitación y pongo la llave, no quiero que me interrumpan, me siento utilizada, esto necesitará mucha terapia.
–Tomoyo…
Escucho la voz de mamá, no le hago caso, ahora no quiero hablar con ella, miro a mi alrededor, todo ha sido una estafa y no puedo creerlo, me niego a creer en las palabras de Eriol, aunque tampoco mamá ayudó mucho, no habló y ahora sí lo quiere hacer.
–Tomoyo, deja que te explique…
Abro la puerta, la miro de manera acusatoria, me siento defraudada.
–¡Explicar, qué! –grito histérica–
–Ese joven está equivocado, no puedes creerle.
–¿Entonces qué es lo que debo de creer? –cuestiono–
Mamá entra a mi habitación y comienza a relatarme cómo conoció a Arthur Hiragizawa, el padre de Eriol, nada de lo que él dijo tiene sentido, según la versión de mamá nada es ilegal, la juguetería si tiene problemas, pero ha intentado salir adelante, y claro he dudado de ella y sigo dudando de ella y es normal que esté dudando, me siento traicionada.
–Puedes revisar los libros de contabilidad.
–Lo haré, por supuesto que lo haré –afirmo–
–Aléjate de él, no dice nada bueno de él que haya venido aquí a decirte todo eso, son más que mentiras y hasta puedes hablar con Arthur –afirma–
–¿Hablar de su amorío? –digo burlona– no gracias, prefiero meterme solo con la juguetera.
Le hago una señal para que se marche, ahora lo que necesito es estar sola, y aunque es lo que necesito, también agarro mi móvil y le hablo a la persona que siempre me apoyará, busco el nombre entre mis contactos y espero a que me responda.
ALOOOOO CERECITOS! YA SÉ QUE HE ESTADO DESAPARECIDA Y MIL DISCULPAS PERO TODO ES UN CAOS, EN FIN AQUÍ LES DEJO EL CAPÍTULO Y ESPERO PODER SUBIRLES EL SIGUIENTE MUY PRONTO.
HA DADO UN GIRO DRAMÁTICO YA LO SÉ, ¿SE ESPERABAN LO DE ERIOL? CUÉNTENME ¿QUÉ ESPERAN EN EL SIGUIENTE CAPÍTULO?
ESPERO SUS COMENTARIOS, LES QUIERO.
