Ellos habían sacado lo peor de él, lo peor de lo peor. Era el único medico del pueblo, el único y había visto evolucionar la enfermedad desde el día uno. ¡Y no tenía una puta idea de qué podía hacer! Nada. Uno a uno vio a sus pacientes escaparse de sus manos sin que pudiera darles una muerta tranquila: todos sufrieron hasta el último suspiro.
—Incluso tú —dijo ante el cuerpo de su esposa. Ni ella se había salvado. Toshio no la amaba. O quizá sí. No estaba seguro de sus sentimientos ni de su humanidad a esta altura del partido. Se decía que todavía era humano, que todavía algo quedaba de él en ese cuerpo cubierto de sangre. Algo…
Después de experimentar con Kyouko, había quebrado lo último de humanidad que había en él.
O quizá no.
Si él seguía hablándole de ella, del experimento, de aquel ser que había llegado a destruir el pueblo de Sotoba, podría soportarlo y seguir adelante. Kyouko había muerto el día anterior y aunque no enterró su cuerpo, ella seguía muerta. Nunca despertó, lo que despertó fue aquella cosa en el cuerpo de Kyouko, pero no era ella. No podía aceptar que era ella.
Los gritos que escuchó mientras hacia la autopsia no eran de ella ni tampoco esa mirada de sufrimiento. No podía ser ella.
Muroi llegó cuando terminó todo y vio a Toshio manchado en sangre seca y aún sin coagular. Él sacó un cigarrillo y le habló como si no hubiese matado a nadie: Toshio no le había quitado la vida a nadie, a diferencia de los shiki. Y tenía pensado lograr que esa masacre acabara, aunque le costara la vida, que su humanidad ya se había perdido. Pero necesitaba ayuda y Muroi era quién podía dársela. O eso pensó. Pero tal y como se lo esperaba Muroi tomó otro camino que él prefería no ahondar.
Toshio lucharía por el pueblo.
Muroi lucharía por los shiki.
Al quedar solo, volvió a la habitación de operaciones, donde el cadáver del shiki descansaba cubierto de sangre y mutilado. Toshio no había tenido ni una pizca de sensibilidad en abrir y mover de aquí a allá cada órgano, cada nervio. Quería conocer bien a los shiki y cómo funcionaba su organismo y qué es lo que hacia la sangre en ellos, así que tuvo que hacer sacrificios…
Cubrió el cuerpo con una sábana hasta la cabeza. Se quedó viendo la silueta de Kyouko debajo de ella. Dio una calada al cigarrillo y le quitó la sábana hasta el mentón y vio los ojos compungidos de dolor abiertos. Toshio se quedó como ido observándolos. La oscuridad lo engullía dentro de esa pupila rojiza y demoniaca. ¿Por qué? ¿Tenían algún tipo de poder después de haberlos matado? ¿Cómo podría ver de cara a la muerte y seguir siendo una persona normal?
Levantó su mano manchada y cerró los ojos del cuerpo tieso. Metió la mano en el bolsillo y miró a su alrededor. El reflejo del vidrio de la sala de operaciones se devolvió hacia él. Su figura era deplorable. El guardapolvos que alguna vez fue blanco ahora estaba teñido de sangre. Él que alguna vez había jurado ayudar a los demás había infligido dolor.
—Nada será igual, aunque los mate a todos —soltó el humo del cigarrillo y se fijó en el rostro que mostraba el reflejo del vidrio. Ese hombre demacrado por la muerte y la tragedia.
Su reflejo le sonrió.
Toshio dejó caer el pucho de la sorpresa. Miró de nuevo y se vio a él nada más. Necesitaba dormir y descansar, aunque sabía que a su humanidad no la iba a recuperar, a Sotoba lo iba a salvar.
¡Hola, gente linda! ¿Cómo están? Toca de nuevo seguir con el fictober y en esta ocasión, elegí este maravilloso anime. Amé a Toshio y siempre quise escribir algo con él y aproveché esta oportunidad. El prompt era "Tu reflejo te sonríe". Y qué mejor que aprovechar este momento de cansancio para llevarlo un paso más cerca de la locura.
Espero que lo hayan disfrutado. Pronto estaré subiendo los que faltan.
¡Un abrazo!
