18
Esa noche, cuando todo el campamento dormía, Sasuke estaba alerta por si Sakura volvía a tener alguna de sus pesadillas, pero, por suerte, esa noche durmió.
Al amanecer continuaba lloviendo cuando retomaron el camino y, de pronto, un olor extraño inundó el ambiente. Desde el interior del carro, Sakura lo notó y asomando la cabeza entre la tela, le preguntó a Sai, que cabalgaba a su lado:
—¿No huele raro?
El joven asintió con gesto serio.
—Será algún animal muerto.
Ella asintió y, sin querer mojarse más, volvió a meterse dentro. Las horas pasaron y la lluvia no cesaba, pero el olor era cada vez más fuerte. Cuando pararon, bajó del carro y, acercándose a Danzo y Sasuke, que estaban hablando, inquirió:
—¿No oléis a quemado?
Ellos asintieron, todos se habían percatado de aquel fuerte olor. De pronto apareció al galope uno de los hombres de Sasuke y, desmontando presuroso, dijo:
—Mi señor, el bosque se ha quemado.
A Sakura se le erizó el vello en el acto al escucharlo. ¿El bosque? ¿Su bosque?
La respiración se le comenzó a acelerar, mientras cientos de imágenes grotescas pasaban por su mente, cuando Danzo, que la conocía mejor que nadie, la cogió del codo y murmuró:
—Tranquila, Sakura. —Luego, mirando a Sasuke, añadió—: Debemos partir cuanto antes para ver lo ocurrido.
El highlander asintió. Sin duda alguna debían hacerlo.
—Milady —habló a continuación—, debemos abandonar aquí el carro. Si continuamos con él nos retrasará y...
—De acuerdo... de acuerdo —contestó ella, apartándose un mechón de los ojos.
Su rápida afirmación sorprendió a Sasuke. ¿Acaso ya no temía a los caballos? Pero sin querer pensar en ello, reunió a sus hombres y Sakura vio que cuatro de ellos montaban y se alejaban al galope.
Danzo dio un silbido para llamar a Sai y Shin. Apartados del resto, Sasuke observó cómo el hombre hablaba con sus hijos y con Sakura. A ésta se la veía nerviosa, muy nerviosa, y lo sorprendió no verla llorar.
Sai sacó las cosas de Sakura del carro y, cuando desenganchó a la yegua, Danzo la miró y le aconsejó:
—No, muchacha. No debes hacerlo.
Sakura se desesperó. Quería montar en su yegua, hundir los talones y llegar cuanto antes al castillo, pero tras mirar a los highlanders, Shin susurró:
—Irás con uno de nosotros.
Ella se negó y los cuatro comenzaron a discutir. Al verlo, Sasuke se acercó, pero sólo oyó quejarse a la joven por montar en uno de los caballos. Sin ganas de seguir perdiendo el tiempo, dispuso para hacerla callar:
—Ella irá conmigo.
Al oírlo, Sakura se volvió para protestar, pero Danzo se le adelantó diciendo:
—Creo que será lo mejor.
—No. Iré con Sai o con Shin.
—Sois mi responsabilidad —respondió Sasuke, levantando una ceja—. Vuestro padre os dejó a mi cargo e iréis conmigo.
De mal talante, Sakura miró al lluvioso cielo, pero consciente de que no era momento de dramas, asintió y, agarrando la mano que Uchiha le tendía desde su imponente caballo, se dejó izar y, con una agilidad que a él lo alucinó, se sentó a horcajadas y dijo:
—Muy bien, Uchiha... vayamos en busca de mi gente.
Éste, boquiabierto, preguntó:
—¿Dónde habéis dejado el miedo a los caballos?
Sin ganas de bromear y sin mirarlo, contestó:
—Estando mi familia en peligro, no hay miedo que valga.
La rotundidad de su respuesta le hizo saber cuánto temía que les hubiera pasado algo y, levantando la mano, todos partieron presurosos hacia el castillo de Caerlaverock.
Sasuke agarró a Sakura con firmeza todo el tiempo que cabalgaron y, al llegar a la linde del bosque, se pararon. Al ver el paisaje negro y desolado ella susurró, llevándose las manos a la boca:
—¡Oh, Dios mío...!
Y comenzó a temblar. Sasuke la apretó contra él para darle calor y le dijo al oído:
—Tranquila, Sakura... tranquila.
Sai y Shin siguieron adelante junto a otros hombres de Sasuke y ella pidió:
—Continuemos, por favor... No podemos pararnos aquí.
Danzo se puso al lado del caballo de Sasuke, y los dos hombres se miraron sin decir nada. Aquello no pintaba nada bien.
La lluvia era incesante, lo que había ayudado a apagar el fuego. Sakura tosió a causa de la humareda y, rápidamente, Sasuke sacó un pañuelo que le ató sobre la nariz.
El resto de los hombres, incluidos Danzo y Sasuke, se taparon también la nariz y la boca con pañuelos, y la comitiva continuó. El paisaje era desolador: donde hasta hacía pocos días había un bosque plagado de vegetación, árboles milenarios, pájaros, venados, ardillas e insectos, ahora había un amasijo oscuro y quemado. Todo rastro de vida había desaparecido. Pero Sakura quería cabalgar deprisa y llegar al castillo, y así lo pidió, de hecho, lo exigió, pero ni Danzo ni Sasuke le hicieron caso.
A pesar de sus continuos bufidos de indignación, decidieron parar en un claro del bosque quemado. Se negaban a continuar hasta tener noticias de los que se habían adelantado.
Desesperada, se alejó de ellos mientras pensaba qué podía hacer para llegar al castillo. Estaba indignada y muerta de miedo.
Miró su yegua, que estaba atada al caballo de Danzo y cuando éste se dio cuenta de sus intenciones, con un brusco movimiento de cabeza le dijo que no.
Estaba a punto de patalear, gritar, blasfemar, cuando el sonido del galope de unos caballos al acercarse la alertó. Poco después, entre la humareda aparecieron los hombres de Sasuke junto a Sai.
Pasando junto a ella, fueron a hablar con su jefe y con Danzo, pero Sakura supo lo que ocurría con sólo ver la mirada de Sai. Leyó la amargura y la rabia en su mirada y, con los ojos anegados de lágrimas, murmuró, acercándose a él:
—Dime que están bien.
El joven la miró y, alargando una mano, la atrajo hacia él y la abrazó, mientras su propia respiración acelerada lo decía todo. Pero Sakura, dándole un empujón, gritó:
—¡He dicho que me digas que están bien!
Su grito hizo que todos la miraran. Su pesadilla más terrible se hacía realidad. Sasuke y Danzo caminaron hacia ella cuando la tensión pudo con ella y se derrumbó. Sai, asustado, la agarró, pero segundos después alguien se la arrancó de los brazos. Era Sasuke Uchiha, que, mirando a los hombres, ordenó:
—Levantad una tienda. Una vez, lady Sakura esté resguardada del agua, que cuatro hombres marchen a la abadía de Sweetheart para informar a lady Matsuri Haruno de lo ocurrido.
—Yo iré con ellos —se ofreció Naruto.
Sasuke asintió e indicó:
—Escóltala hasta aquí. Otros cuatro hombres que se dirijan a Merrick para avisar a Tenten y a Iroha. Lady Sakura se quedará aquí con dos hombres, mientras el resto vamos al castillo de Caerlaverock.
