24

Al anochecer, Neji Hyūga llegó también al castillo con su ejército. Angustiado, quiso acercarse a Tenten o a sus hermanas para darles sus condolencias, pero su hermano Iroha y sus hombres se lo impidieron, por lo que, sin hacer ruido, se quedó junto a Sasuke y el resto de los guerreros.

Al alba, Naruto, incrédulo por lo que le habían contado, le preguntó a Suigetsu:

—¡¿Que Sakura es Hada?!

Su amigo asintió y respondió:

—Y tu delicada Temari otra de las encapuchadas.

—¡¿Cómo?!

—Lo que oyes, amigo... lo que oyes.

Atónito, el joven miró a Sasuke, que no muy lejos de ellos hablaba con Neji. Rápidamente, de una bolsa que colgaba de su cintura, Naruto sacó la flor seca que la encapuchada le dejó en el pelo y al ver que era de color naranja y exactamente igual que la que le había entregado Temari el día que se conocieron, sonrió.

Desde un discreto segundo plano, Karin observaba preocupada a Sakura. La joven apenas se movía ni hablaba con nadie, sólo miraba la tumba de su padre casi sin pestañear. Levantándose, buscó a Suigetsu y, acercándose al grandullón, le comentó:

—Suigetsu, estoy preocupada por Sakura. Creo que voy a acercarme a ella y...

—No, Karin —la cortó él—. Quédate donde estás. No me fío de esos Hyūga.

—Pero ¿no ves que...?

El paciente Suigetsu la sujetó del brazo con dulzura y dijo:

—Veo todo lo que tú ves, pero, por favor, no te acerques a esos hombres, no son de fiar.

Karin asintió y sonrió. Aquel hombre de ojos rasgados y soñadores le gustaba, así que en vez de volver a donde estaba, se sentó a su lado.

Naruto, al ver la cara de bobalicón de su amigo al mirarla, se le acercó y, discretamente, preguntó:

—¿Y esta joven quién es?

—Es Karin —le informó Suigetsu y, bajando la voz, le contó—: Cuando Sakura se escapó, la buscamos y la encontramos con ella. Al parecer, la pobre llevaba viviendo en el bosque cerca de dos años, sola y...

—¿La pobre? —rio Naruto.

Suigetsu, al ver que levantaba la voz, se acercó a él y siseó molesto:

—Baja la voz o te oirá.

El otro obedeció rápidamente y, mirando a la muchacha con disimulo, murmuró:

—Sin duda, no tiene bigote como...

—¡Naruto! —lo cortó Suigetsu—. Un respeto por la otra pobre mujer, que ha muerto.

Consciente de que tenía razón, el joven asintió:

—Tienes razón. Mi comentario ha sido desafortunado.

Tras un silencio en el que Naruto observó que su amigo no apartaba la vista de la joven de pelo corto, cuchicheó:

—¿Te gusta Karin?

—No.

—Pues tu sonrisa de bobo no dice lo mismo.

—He dicho que no me gusta, ¿no has oído bien? —siseó Suigetsu.

—¿Seguro? —insistió Naruto divertido.

—¿Pretendes enfadarme? —replicó Suigetsu molesto y frunciendo el cejo.

Al ver su reacción, Naruto sonrió.

—Tiene una sonrisa muy bonita y unos ojos cautivadores. Y con un vestido más nuevo que el que lleva mejoraría mucho su apariencia, ¿no crees?

Suigetsu, removiéndose nervioso, contestó:

—No dudo de lo que dices, pero a mí me gustan las mujeres de cabelleras largas y con clase. No mujeres de la calle como esta joven. Simplemente, estamos siendo cordiales con ella. La ayudamos y le damos cobijo por pena. Por no dejarla sola.

—¿En serio? —preguntó Naruto, sorprendido porque lo que veía no era lo que su amigo le decía.

—Naruto, por favor, ¿quién se fijaría en alguien como ella? ¿Con ese pelo? ¿Acaso es comparable a alguna de las bellezas con las que yo suelo estar?

—No. Sinceramente no.

Con actitud de machos dominantes ambos se rieron, sin percatarse de que Karin lo estaba oyendo todo, pero a pesar de que aquello le partió el corazón, sin inmutarse continuó mirando al frente.

Las tres hermanas Haruno dieron sepultura a los cuerpos sin vida de las personas que siempre las habían cuidado y querido.

Su tristeza y desconsuelo eran insoportables. Habían perdido todo lo que ellas consideraban familia.

Pese a su actitud fría, Iroha estuvo junto a su mujer durante el responso y, una vez finalizado, no pudo hacer nada cuando su hermano Neji, apartando a Royce, se acercó a Tenten y la abrazó con cariño.

Matsuri y Sakura se percataron de que Iroha maldecía mientras su hermano le daba el pésame a Tenten.

Sasuke, que desde la distancia lo miraba todo con ojos curiosos, recordó lo que Sakura le había contado respecto a la boda de su hermana con Iroha. Sin lugar a dudas, e incluso sin hablar con Neji, pudo percatarse de lo mucho que éste quería a la joven. Sólo había que ver cómo ambos se miraban en busca de consuelo cuando estaban separados.

Alertado por ello, observó movimientos extraños y solapados enfrentamientos entre los guerreros de Iroha y los de Neji Hyūga y les dijo a sus hombres que se mantuvieran al margen. No quería enemistarse con ninguno de los clanes, pero si había que elegir a quién apoyar, sin duda elegiría al de Neji Hyūga.

Terminado el funeral, los hombres se alejaron, dejando solas a las tres mujeres ante la tumba del laird Kizashi Haruno, y Sasuke fue testigo entonces de una violenta disputa entre los hermanos Hyūga.

—Te quiero fuera de mis tierras —siseó Iroha.

—¿Tus tierras? —se mofó Neji—. Dirás las tierras de los Haruno.

—Ahora son mías. Me pertenecen por derecho, como todo lo que hay en ellas.

—Madre me dijo que en tu carta decías que no ibas a seguir viviendo en Merrick y que le prohibías que volviera a dirigirse a ti, ¿por qué? —preguntó Neji, acercándose a su hermano.

—Porque no necesito vuestra compasión. Y al fin y al cabo ella no es mi madre.

—Eres un desagradecido, Iroha. Madre te quiere tanto como a mí y...

—Mi madre murió cuando yo era pequeño. Nunca he tenido otra madre. Y respecto a las migajas de Merrick...

—¡¿Migajas?! ¿Vivir en la mansión de Merrick para ti son migajas?

Iroha levantando el mentón respondió altanero:

—Comparado con el castillo de Glasgow donde vives tú, sí. ¿Acaso yo no puedo querer tener una fortaleza, como tú?

A cada instante más caldeado por la conversación, Neji fue a contestar cuando Iroha añadió:

—Ahora tengo mi propio castillo y, para tu disgusto, mi propia mujer. Una mujer a la que deseas pero que es mía y tú nunca poseerás.

Al oír eso, Neji se llevó la mano a la empuñadura de la espada, pero Sasuke, interponiéndose entre los dos, impidió lo que todos temían.

Iroha sonrió al verlo y se alejó con una maquiavélica sonrisa, mientras Neji y Sasuke lo miraban con inquina.

Tras hablar con Neji y calmarlo, Sasuke intentó acercarse a las mujeres. Necesitaba hablar con Sakura y saber que estaba bien, pero para su sorpresa, los hombres de Iroha no se lo permitieron.

Con el semblante demudado, empujó a varios Hyūga para abrirse paso. Nadie le impediría acercarse a ella. Cuando por fin llegó cerca de la joven, la vio depositar unas flores sobre la tumba de su padre y decir:

—Papá, te voy a echar mucho de menos, pero ahora disfruta como siempre has querido al lado de mamá. Os quiero y siempre os llevaré en mi corazón. —Acto seguido, le lanzó un beso y se echó a llorar al no recibir la respuesta de siempre.

Matsuri la abrazó y Sasuke no se movió.

Luego, las tres hermanas regresaron al castillo cogidas de la mano. Estaban desoladas. No había más que mirarlas para ver la tristeza que las embargaba. Sasuke no le quitaba ojo a Sakura, que tenía la mirada perdida. No lloraba, no hablaba, sólo miraba al suelo con una gran tristeza, con actitud derrotada.

Karin, que intentó acercarse a Sakura para darle su cariño y consolarla, fue empujada con brutalidad por uno de los Hyūga y acabó en el suelo tras tropezar con su vestido. Sin ningún temor, la joven se levantó, caminó hacia el bruto que la había empujado y, de no ser por que Suigetsu fue rápido y paró su estocada con un espadazo, aquel bruto la habría herido de gravedad.

—¿Estás bien, Karin? —le preguntó preocupado.

Ella, dolorida por el golpe que se había dado al caer al suelo, asintió y, alejándose para que no vieran sus lágrimas de dolor, susurró:

—Sí.

Suigetsu, molesto por aquella brutalidad, sin mirar a Karin increpó a aquel Hyūga y éste le respondió. Instantes después, la discusión proseguía y Sasuke tuvo que mediar. Los Hyūga de Iroha estaban ávidos de peleas, pero él no lo iba a consentir y gritó:

—Iroha, controla a tus hombres si no quieres problemas.

—¿Problemas yo? —rio él con superioridad y, con un gesto que a Sasuke no le gustó, añadió—: Apártate de Sakura. No eres quién para acercarte a ella.

—¿Cómo dices? —bramó él al oírlo.

—Ahora ella forma parte de mi clan —contestó Iroha—. Y yo elegiré quién se le acerca o no.

—¿Te olvidas de que su padre la dejó a mi cargo? —siseó Sasuke molesto.

Iroha soltó una risotada y respondió:

—La trajiste de vuelta a Caerlaveroch. Tu responsabilidad ha terminado.

Sasuke fue a responderle, cuando Neji Hyūga se acercó a su hermano y dijo:

—Por el amor de Dios, Iroha, ¿qué estás haciendo?

Encogiéndose de hombros, él respondió:

—Mis hombres siguen mis órdenes. Ahora quien dicta las normas en Caerlaverock soy yo.

Sai, preocupado por su amiga, intentó acercarse a Sakura, pero los hombres de Iroha tampoco se lo permitieron. Molesto por ello, el joven se encaró con ellos y el jaleo volvió a comenzar.

Sakura era como una hermana para él y nadie lo separaría de ella. De nuevo Sasuke, ayudado por unos ofuscados Naruto y Suigetsu, frenaron aquello.

Danzō Shimura al ver el enfrentamiento, tras apartar a su hijo, le gritó a Iroha, molesto:

—Sakura es como mi propia hija, ¿acaso no lo sabes, Iroha?

Pero éste repuso:

—Pues vete olvidando de ella, porque ya no lo es. A partir de hoy, yo soy el señor de estas tierras y mis normas primarán ante lo que...

—Iroha, pero ¿qué estás haciendo...? —repitió Neji al escucharle.

Pero el otro miró a su hermano pequeño y siseó:

—Querido Neji, ¿qué tal si te marchas por donde has venido antes de que te tenga que matar? No te necesito, ni a ti ni a tu ejército. No te quiero ver cerca de mi mujer ni de mi castillo nunca más.

—Tu ansia de poder te destruirá, hermano —gritó Neji furioso.

—¡Largo de mis tierras!

Los dos hermanos se miraron con odio y Neji contestó, dispuesto a todo:

—Me marcharé cuando lo crea pertinente y no vuelvas a hablarme así nunca más o vas a lamentarlo.

Dicho esto, tras mirar a las mujeres, que ajenas a todo se consolaban unas a otras, Neji se dio la vuelta y caminó hacia sus hombres.

Danzō Shimura, tras cruzar una significativa mirada con Sasuke Uchiha, que le pidió calma, bramó:

—Exijo hablar con Sakura.

—Tú aquí ya no exiges ni ordenas nada, Danzō —le espetó Iroha—. Soy el marido de Tenten, la primogénita del hombre al que acabamos de dar sepultura, y os pido amablemente a todos que abandonéis mis tierras.

Al oírlo, varios de los hombres de Iroha sonrieron con malicia. Danzō fue a responder, pero Sasuke, agarrándolo del brazo, dijo, entrometiéndose:

—Tienes mucha prisa por que nos vayamos de aquí, Iroha, ¿por algún motivo especial?

El nuevo señor del castillo de Caerlaverock respondió con gesto adusto:

—Uchiha, ¿acaso he de daros un motivo para querer que os marchéis de mis tierras?

—¿Nos echas? —preguntó él con una extraña calma.

Iroha, con una sonrisa que no le gustó nada, dijo mientras observaba a lo lejos a su hermano hablar con Royce, uno de sus hombres:

—Al amanecer os quiero lejos de aquí o lo lamentaréis.

Sasuke vio que junto a Sakura, que seguía mirando el suelo mientras caminaba, estaba Otto Hyūga, el hombre que había intentado propasarse con ella el día de la fiesta y eso lo puso enfermo. Nada más ver cómo la miraba, supo que nada bueno le esperaba a la joven.

Iroha, rodeado de sus hombres, miró a Danzō Shimura y, antes de marcharse, dijo:

—A partir de este instante, la joven Sakura es para ti y tus hijos lady Sakura. Se acabó la familiaridad entre vosotros. Y, en cuanto a verla, no os lo permito.

Y, tras decir eso, se dio la vuelta, al tiempo que Danzō y sus hijos se llevaban la mano a sus espadas. Pero Naruto y Suigetsu los frenaron con disimulo, mientras Sasuke se interponía en su camino y decía:

—Tranquilos, así no vais a resolver nada.

Sin duda tenía razón y, apenado, Danzō observó cómo la pequeña a la que sus hijos y él adoraban, desaparecía como un fantasma, acompañada de sus hermanas, tras los muros de Caerlaverock.

Sasuke, no dispuesto a obedecer lo que aquel idiota de Iroha le había ordenado, decidió esperar unos días.

Sólo con ver la angustia de Neji, supo que allí algo no iba bien. ¿Qué ocurría? Por ello, y a diferencia de las otras noches, decidió que aquélla pernoctarían a la puerta del castillo, junto a los guerreros de Neji Hyūga.

Allí estaban, cuando Sasuke vio un movimiento tras un árbol. Rápidamente comprobó que se trataba de Karin y caminó hacia ella. Al llegar, se percató de que la joven tenía lágrimas en los ojos y que se movía inquieta. Preocupado, le preguntó:

—¿Qué te ocurre, Karin?

Ella, apoyándose en el árbol, respondió, escondiendo una mano tras su cuerpo:

—Nada, señor... nada.

Sasuke, al ver sus ojos enrojecidos, se acercó y le dijo con afecto:

—No me engañes. Vamos, Karin, ¿qué te ocurre?

Ella, incapaz de contener más el dolor, sacó la mano de detrás de su espalda y Sasuke exclamó:

—Por el amor de Dios, muchacha, ¿cómo te has hecho eso?

Tenía el dedo anular en una posición que no era normal.

—Tengo un médico entre mis hombres —la informó Sasuke—. Ven. Te lo mirará.

—No, gracias, señor. Yo lo solucionaré.

Sorprendido, él preguntó:

—¿Cómo que lo solucionarás? Necesitas que te vean esa mano rápidamente.

—No... No...

Cada vez más extrañado por aquella joven a la que siempre veía sonreír, insistió:

—¿Qué te pasa?

—Le agradezco su ayuda, pero no quiero ser una carga para usted y sus hombres. Por favor, vuelva con su gente. Yo me ocuparé de mi problema.

Sin entender qué le ocurría, Sasuke la cogió en brazos y dijo:

—He dicho que me acompañes y no se hable más.

Sin poder parar de llorar por el dolor que sentía, finalmente la chica no se resistió y se dejó llevar, mientras ocultaba su rostro en el pecho de él, que le iba diciendo:

—Tranquila, Karin... tranquila.

A través de sus lágrimas, vio que varios de los Uchiha los observaban con curiosidad. Una vez llegaron hasta Patrick, que así se llamaba el médico, Sasuke la dejó en el suelo y, cogiéndole el mentón, afirmó con caballerosidad:

—Nunca permitiría que siguieras sufriendo y todo lo que pueda hacer para remediarlo siempre será poco.

Esas palabras tan afectuosas la hicieron sonreír y sentirse algo querida.

—El dedo está roto —dijo Patrick, cogiéndole la mano—. Habrá que recolocarlo y entablillarlo.

—Hazlo —le ordenó Sasuke.

Asustada, la joven los miró y el médico le advirtió:

—Dolerá un poco, pero no hay otra forma de curarlo, mujer.

Sasuke vio que ella negaba con la cabeza e intervino:

—Karin, la única forma de hacerlo es como Patrick dice. —Y, cogiendo un trozo de madera forrada en tela que el médico le entregaba, añadió—: Muerde esto mientras lo hace. Te ayudará a aguantar el dolor.

Acobardada, ella negó de nuevo con la cabeza, justo en el momento en que Suigetsu se acercaba presuroso y preguntaba:

—¿Qué le ocurre a Karin?

Al oír su voz, la joven se puso tensa. Y, sin mirarlo, rogó:

—Por favor, Suigetsu, aléjate de mí ahora mismo.

—¿Por qué? —preguntó él, descolocado.

—¡Vete! —gritó ella, descompuesta.

—Ya lo has oído, Suigetsu, vete —intervino Sasuke.

El semblante serio de su laird hizo retroceder a Suigetsu, pero no marcharse. Sasuke volvió a ofrecerle a Karin el palo forrado, pero ella volvió a rechazarlo:

—No lo necesito. Aguantaré el dolor.

—Es muy doloroso —le advirtió Patrick.

—He dicho que lo aguantaré. No soy una delicada damisela y sé resistir —espetó la joven, sorprendiendo a los highlanders.

Sasuke miró a Suigetsu , que, sin entender nada, se encogió de hombros. No sabía qué le ocurría a Karin, ni por qué había reaccionado así. Sasuke se sentó a su lado mientras el médico manipulaba su mano. Con los ojos desorbitados, Karin aguantó el dolor temblando y, cuando Patrick terminó, le entablilló el dedo y le dio algo de beber, ella se lo bebió de un trago.

Luego, el médico le tendió un saquito y dijo:

—Diluye un puñado de esta hierba en agua al menos cuatro veces al día y tómatelo. El dolor desaparecerá, te lo aseguro.

Karin fue a coger el saquito, pero las manos le temblaban. Rápidamente, Suigetsu se acercó para ayudarla, pero ella, con gesto despectivo, siseó:

—No necesito tu ayuda. Las mujeres como yo sabemos cuidarnos solas.

De nuevo los hombres presentes se miraron. ¿Qué le ocurría a la simpática joven?

Entonces, tras agradecerle a Sasuke y a Patrick su ayuda, se alejó sin mirar a Suigetsu, que la observaba desconcertado.

—¿Qué le has hecho a Karin? —preguntó Sasuke sorprendido.

Sin entender su fría reacción, cuando hasta entonces siempre había sido sonrisas y amabilidad, Suigetsu respondió:

—Nada que yo recuerde.

Sasuke la miró tumbarse sobre una manta al lado del fuego y abrigarse para descansar.

—La valentía de esta muchacha me acaba de dejar sin palabras. Pocas personas aguantan el dolor como ella acaba de hacerlo. Y te digo una cosa, no sé qué ha pasado entre vosotros, pero sea lo que sea, sin duda Karin tiene razón.

Y dicho esto, se marchó dejando a Suigetsu aún más desconcertado. Tras dejar a su amigo mirando a la joven que intentaba dormir al lado del fuego, Sasuke se encaminó hacia Neji Hyūga que, apartado del grupo, miraba el abrasado bosque. Cuando llegó a su lado, preguntó:

—¿Me puedes decir qué es lo que te atormenta?

Neji cerró los ojos avergonzado y respondió:

—No quiero creer lo que me dice mi instinto, Uchiha. Pero Iroha es un hombre ambicioso y por tener el control de esta propiedad, sé que es capaz de cualquier cosa.

Atónito por lo que esas palabras daban a entender, Sasuke fue a decir algo, pero Neji continuó:

—Tenten Haruno fue mi prometida durante años, pero cuando Iroha regresó de Irlanda, tras una discusión con nuestra madre por el castillo de Glasgow, desapareció y, una semana después, regresó con Tenten convertida en su esposa. Intenté hablar con ella, pero fue inútil. Sólo sé que Iroha es codicioso y que siempre ansió todo lo que por derecho propio me correspondía a mí. Quería las tierras de mi familia y, al no conseguirlas, decidió robarme mi tesoro más preciado: Tenten.

Por fin Sasuke entendía lo que allí ocurría.

—Algo me hace temer que Iroha se ha vuelto a extralimitar —murmuró Neji.

—¿Realmente crees que él ha podido...? —preguntó Sasuke espantado.

—Sí —lo cortó Neji—. La ambición de mi hermano no conoce límites.

Él lo miró boquiabierto. Nunca se había planteado algo así y, mirando a Neji, dijo:

—Si compruebo que es cierto, te aseguro que la muerte de Kizashi y su gente no va a quedar impune.

—Tampoco por mi parte —afirmó Neji destrozado.

En ese instante, oyeron las exclamaciones de varios hombres que miraban hacia lo alto del castillo. Ellos dos miraron también hacia allí y Sasuke susurró:

—No me lo puedo creer.

—La locura lo ha cegado —musitó Neji horrorizado.

Sobrecogidos, vieron cómo los hombres de Iroha quitaban de malos modos los estandartes de la familia Haruno que ondeaban en las almenas del castillo y ponían los del clan de Iroha Hyūga. Un estandarte distinto al que Neji y sus hombres llevaban.