Debido al huracán, la ciudad se encontraba azotada por una intensa lluvia. No había nadie caminando en las aceras, y las calles se encontraban sin autos. Unicamente un par de jóvenes que regresaban de un partido de soccer, buscando un lugar para resguardarse de la lluvia.
Ricardo era el mas alto de los dos, fornido, de cabello castaño. Era el delantero estrella del equipo, y se estaba perfilando para entrar a las fuerzas básicas de un equipo de primera división. Juan, por otro lado, era algo chaparro, ligeramente gordo, de cabello negro, con una corta barba de chivo. Él era el guardameta del equipo, y aunque no era un excelente jugador, había logrado atajar el balón varias veces.
Ambos eran amigos desde hace años. Jugaban juntos, compartían sus cómics, e incluso tuvieron sarampión al mismo tiempo. Al principio solo Ricardo había sido aceptado en el equipo de soccer de la colonia pero él insistió para que Juan pudiera entrar a equipo. Tras muchos intentos, el capitán dejó que hiciera la prueba para portero.
Ahora, los dos se encontraban corriendo por la calle, tan rápido como sus taquetes les permitían. Pensaron al principio que la lluvia no llegaría a ser tan fuerte, pero ahora las calles estaban inundándose por la fuerte corriente, y el ruido de la lluvia era tal que no podían escucharse.
Incapaces de estar bajo la lluvia por mas tiempo, decidieron buscar refugio. Ricardo apuntó hacia una gran casa con amplio pórtico, y los dos se dirigieron corriendo hacia ella. Ambos se escurrieron el agua lo mejor que pudieron de sus uniformes y recuperaron el aliento.
"Estuvo cerca..." dijo Ricardo. "No chingues, wey, se cae el pinche cielo..." Se había quitado uno de sus taquetes para escurrir el agua en su interior.
"Ya sé" dijo Juan, "Estoy todo empapado" remarcó, tratando de exprimir su playera. Lamentablemente ese día decidió usar una camisa sin mangas para poder lanzarse hacia el balón con más confianza, pero ahora sus brazos estaban mojados.
"Bueno... y ahora que hacemos?" Preguntó Ricardo. La lluvia todavía arreciaba, y las nubes negras se extendían por el cielo. Llovería por al menos un par de horas.
"Ni idea. Me prestas tu celular al menos? Quiero ver si le puedo marcar a un tío que nos dé un aventón."
"No, lo siento... se quedó sin batería. Tu no traes el tuyo?"
"No, solo tengo mis guantes de portero y una botella de agua." Respondió Juan. "Además, desde el otro que se rompió, no me alcanza el dinero para comprar uno nuevo."
"Mal plan." Dijo Ricardo. "Aunque... crees que nos dejen pasar para llamar por teléfono?"
"Lo dudo mucho... no sabes donde estamos?" Le dijo Juan. "Lo dijeron en las noticias hace poco. Se supone que hasta hace un mes era un orfanato, o algo así."
"Ah, ni idea. Yo no sé de esas cosas" respondió Ricardo. De todos modos, se acercó a la puerta de madera, tomó el picaporte, y le dio vuelta... para su sorpresa, la puerta se abrió sin ningún problema.
"Espera.. ¿que haces?" le preguntó Juan, aterrado.
"Dices que era un orfanato, no? A lo mejor todavía tienen un teléfono que podamos usar."
"Si, pero... es allanamiento de morada!" Juan le replicó. "Podemos estar en graves problemas si alguien nos descubre!"
"Está lloviendo a cántaros, podemos decir que entramos por accidente y no queríamos causar problemas. Ya, no seas gallina." Lo desafió Ricardo, entrando a la casa. Temeroso pero incapaz de dejar a su amigo solo, decidió seguirlo.
El lugar no es muy grande, pero ciertamente está lleno de pequeñas habitaciones, un comedor, una especie de auditorio, y hasta el fondo de un pasillo un cuarto enorme. Había juguetes y trapos tirados por todo el lugar, una enorme cruz colgando de la pared, y una chimenea apagada con cientos de fotos de niños huérfanos.
"Si, me suena... algo habían dicho de un orfanato en la ciudad. Le pertenece a un sacerdote o algo así?" Preguntó Ricardo.
"Creí que el dueño era un luchador, que le dejaba su dinero a los huérfanos." Recordó Juan.
"Bueno... Como sea... no ve ningún teléfono en el recibidor. A lo mejor en alguno de los cuartos?" pensó Ricardo.
"Si, claro, como si le dejaran un teléfono a los huerfanos, a quien llamarían?
"Bueno... en ese caso, en el cuarto principal..." Dijo Ricardo, caminando por el pasillo."
"Oye, ya.. una cosa es entrar a la casa, pero no podemos ir viendo cuarto por cuarto!"
"Sabes qué? necesitas tener más iniciativa... por eso nos metieron los últimos 2 goles en el partido" lo desafió Ricardo, dirigiéndose al cuarto principal, que seguro pertenecía al sacerdote. De mala gana, Juan fue tras él.
El cuarto era bastante grande, en la mitad se encuentra una enorme cama king-size junto a un enorme closet (cerrado con llave). A un lado de la cama, se encuentran varios aparatos de ejercicio, entre mancuernas y pesas enormes. Hay un escritorio cubierto de objetos, entre fotografías y recortes de periódico. Justo al pié de la cama, colocado de manera torcida, se encuentra una gran mochila deportiva roja
"Wow... quién diría que a los padrecitos les gustaba ejercitarse?" Dijo burlonamente Ricardo, checando el enorme juego de pesas. Definitivamente, no era un principiante, ya que las marcas de uso dejaban ver que llevaban mucho uso. En eso, se dió cuenta de un mueble que estaba lleno de toallas blancas y secas. "Mira, para que te seques" Ricardo comentó mientras que le arrojaba una a Juan.
Sin protestar, Juan tomó la toalla y se secó lo mejor que pudo. "Gracias, aunque desearía poder cambiarme de ropa". Mientras secaba su cabeza empapada, siguió revisando el cuarto. Más allá de la mochila deportiva, el cuarto se encontraba casi vacío y desprovisto de pertenencias personales. Pero entonces, encontró una foto enmarcada debajo de la cama.
"Oye, mira esto!" Le dijo a Ricardo, mostrándole la foto de un luchador con máscara de Jaguar. "No jodas, el wey está bien mamado"
"A ver..." Dijo Ricardo, tomado la foto. "Ah, canijo...esos nada mas los ves en la tele..."
"Ya sé... creo que lo he visto luchar un par de veces." Comentó Juan. De repente, apuntó hacia las mallas del luchador, donde había un nombre escrito. "King... sí, creo que así se llamaba."
"De seguro les donó mucho dinero al orfanato, entonces." respondió Ricardo, dándose cuenta de la mochila deportiva en el piso. "A lo mejor tendrá un cambio de ropa que podamos tomar prestado?"
"Ya qué... ya invadimos su casa, no?" Dijo Juan, sarcástico, aunque el sarcasmo no le afectó a Ricardo, quien abrió la maleta y...
"No mames." Exclamó de repente. "Apesta a ropa sucia aquí adentro!" dijo, comenzando a sacar su contenido. Adentro encontró unas largas mallas azules con varios símbolos, una camisa negra XXL TAPOUT sin mangas, un suspensorio deportivo, una trusa con la leyenda "Anger of Beast", un par de rodilleras, y unas enormes botas amarillas que se ajustaban al pié por medio de bandas elásticas. Junto a ellas, un par de coderas, bandas para bíceps, y guantes sin dedos
A Ricardo y a Juan no les tomó mucho para unir dos y dos: La razón por la que el dueño del orfanato tenía equipo de entrenamiento, y de que el luchador les donara enormes cantidades de dinero, era que los dos eran la misma persona.
"Wow... Entonces el sacerdote ERA King?" Juan concluyo.
"Eso parece! Bueno, es lo que más sentido tiene." Ricardo replicó. Ambos examinaron el equipo de lucha, admirando la calidad de los materiales.
"Pues, si ese es el caso, el tipo era enorme..." Juan había tomado la foto de nuevo, imaginándose al enorme luchador usando toda esa ropa.
Justo en ese momento, Ricardo tuvo una idea maligna. "Si, lo sé... Te apuesto a que no te quedaría nada de esto."
"Posiblemente... Espera, a qué viene eso?" Juan respondió defensiva mente, sospechando que Ricardo se traía algo entre manos.
"Pues... eso. Apuesto a que no te puedes poner todas esas prendas de luchador."
"Ya comenzaste con tus cosas, verdad?" Juan chasqueó la lengua, ya que sabía lo que iba a pasar.
"Te apuesto 500 pesos a que no te lo pones todo." Ricardo lo desafió.
A pesar de su larga amistad, la diferencia entre Ricardo y Juan es que el primero tenía un padre más afluente, por lo que siempre contaba con dinero para gastar, mientras el segundo tenía que vivir día a día con una mínima cantidad de dinero. Usualmente, a Ricardo le gustaba presionar a Juan para tomar riesgos y animarse a hacer cosas ofreciéndole dinero como apuesta.
"Wey... sabes que ese juego no me gusta" Bufó Juan en frustración... pero no rechazó el dinero. Sabía que lo necesitaba...
"Oye, tu eres el que dijiste que querías cambiarte de ropa. Por qué no te pones la de él? sirve que así te secas." Le dijo Ricardo, estirando su mano con cinco billetes de 100 pesos.
Juan estuvo allí, observando los billetes en la mano de su amigo. Después de dudarlo, trató de tomarlos, pero Ricardo quitó la mano.
"Tiene que ser todo lo que estaba en la maleta." le recordó Ricardo, mostrándola el suspensorio deportivo. Juan hizo una mueca de desagrado, el suspensorio se veía usado y ligeramente manchado. "Si no queda otra..." dijo Juan, tomándolo. "Pero tienes que darme algo de privacidad, no seas pervertido."
"Vale, vale... Pero si haces trampa lo voy a saber, eh?" Le advirtió Ricardo, saliendo de la habitación."
Ricardo esperó afuera por 15 minutos, en lo que Juan terminaba de vestirse. A esas alturas ya había terminado de secarse, pero esperaba no haber contagiado un catarro. Siguió caminando de un lado al otro, hasta que de repente escuchó un "Ya, pasa" de adentro de la habitación.
Ricardo tuvo que contener su risa lo más que pudo. Frente a él se encontraba Juan, su uniforme de soccer en una esquina, mientras que él usaba las ropas del luchador. La licra ajustable de las mallas apretaban sus piernas, mientras que las botas le quedaban visiblemente grandes. La playera le quedaba más como una túnica, y los guantes sin dedos eran demasiado grandes para sus dedos chiquitos.
"Wow, en serio te quedó todo!" Dijo Ricardo, apenas conteniendo la risa.
"Ya, no seas pendejo... me das mis 500 pesos?"
"Pero espera, en verdad te lo pusiste tooodo?" Preguntó Ricardo. Juan solo apuntó hacia la pila donde estaba su ropa, y brevemente bajó las mallas para que viera el elástico del suspensorio.
"Jajaja, te la rifaste carnal!" Pero espera, dejame te tomo una foto..." Ricardo rió, sacando su celular.
"Oye, habías dicho que no tenías tu celular!" Se quejó Juan de la mentira de su amigo.
"No, te dije que no tenía batería. Pero si lo dejas apagado se carga un poquito, al menos para tomar fotos. Si tratas de marcar se apaga."
"Pinche vato... seguro planeaste todo esto."
"Claro que no wey... Ya, ponte para tomarte una foto."
Juan se paró frente a Ricardo, haciendo una pose de lucha. "No, espera... Da un par de pasos hacia atrás" Le dijo, pero en ese momento, una tabla floja se levantó, dejando ver algo oculto debajo de ella.
"Espera... hay algo allí." Dijo Ricardo. Ambos se asomaron al agujero debajo de las tablas de madera de la habitación... y descubrieron la pieza faltante del disfraz.
Era una máscara de jaguar, idéntica a la cabeza del animal, con pelaje suave y amarillo con manchas negras, largos colmillos, bigotes, y unos enormes ojos verdes. La máscara parece cubrir toda la cabeza y parte del cuello, aunque no tiene ningún tipo de amarre. El interior parece estar hecho de un material similar al cuero "Wey, checa esto!"
"Ah no mames... es la máscara de King!" Dijo Juan, admirándola de cerca.
"Hehehe... a ver, póntela!" Lo desafió Ricardo.
"No lo sé... no soy mucho de ponerme máscaras, me dan claustrofobia." Comentó Juan, revisando la máscara.
"Vamos, solo póntela! a ver que tal te queda..." Le dijo Ricardo, su corazón palpitando de la emoción.
Ricardo observó como la máscara lentamente se deslizaba por la cabeza de Juan, observando como su cara desaparecía tras los rasgos felinos del jaguar. Cuando los bordes de la máscara tocaron sus hombros, Juan decide ajustarla hasta que sus ojos se acomodan con los ojos de jaguar.
"Vaya... te ves bien chido, wey!" Comentó Ricardo, con una sonrisa de oreja a oreja.
"No mames, cabrón... apesta a sudor aquí adentro.
"Pero mirate en el espejo, si no me crees!" Dijo Ricardo, guiando a su amigo enmascarado hacia el espejo más cercano. Más que un luchador parecía un cosplayer, en especial por que su cuerpo no era tan fuerte y macizo como el del luchador. Mientras Juan se miraba al espejo, Ricardo tomó su celular y tomó una docena de fotos de su amigo en distintas poses.
"Bien, suficiente de esto... dijo Juan, agarrando la parte alta de la máscara para arrancarla de su cabeza... Pero en ese momento, la parte del cuello de la máscara se encogió, haciendo que fuera imposible removería. "¿Que demo...?"
De repente, los poderes místicos de la máscara se activan... Juan siente como la máscara se vuelve cada vez más y más apretada, hasta que lentamente comienza a amoldarse sobre su cara. Lentamente la facción neutra del jaguar comienza a proyectar el terror y la sorpresa de la cara de Juan en la máscara, como si fuera su propio rostro. Los enormes ojos verdes comienzan a parpadear.
Mientras tanto Ricardo, completamente ignorante de lo que estaba pasando, revisaba las fotos que había tomado antes de que se agotara la batería. "Hahahaha, están bien chingonas las fotos..." En ese momento volteó a ver a su amigo, que sin querer exhibía los colmillos del jaguar en un gesto de agonía. "Oye, como estás haciendo eso?"
"N... NO LO SE!" respondió Juan, con una voz más profunda que la suya. Al mismo tiempo, el poder de la máscara comienza a afectar el cuerpo de Juan, mientras que el ligero exceso de grasa en su abdomen cambiaba y se desvanecía, dejando sus músculos abdominales expuestos... y al mismo tiempo, éstos comenzaban a pulsar e hincharse.
"Wey, que demonios? estás... bien?" Ricardo exclamó. Juan notó que sus biceps y triceps comienzan a hincharse, de manera que las bandas de biceps se sentían cada vez más apretadas. Al mismo tiempo, su torso y pectorales comenzaban a crujir e incrementar su tamaño, mientras que una mano enguantada admiraba como es que su estómago se convirtió en un six-pack
"N-no lo sé!" Juan de nuevo respondió, mientras que sus piernas comenzaban a llenar y estirar las mallas de luchador, y sus pies llenaban cómodamente las grandes botas de luchador. Llevó sus manos a su cuello, tratando de quitarse la máscara, pero por alguna razón no podía. "Ayudame a quitarme esto!"
"Claro..." Aseguró Ricardo, dirigiéndose a donde Juan estaba. De igual manera trató de buscar el borde de la máscara para jalarla, pero por más que tocaba el cuello de su amigo, no lograba encontrarla. La piel de su cuello terminaba de repente, y comenzaba el pelaje sedoso del jaguar, pero no había una separación entre ambas.
De repente, Juan tiró un manotazo que tumbó a Ricardo. Era como si tuviera una poderosa migraña. Sosteniendo la cabeza de jaguar, Juan trató de resistirse lo más que pudo, mientras su cabeza temblaba ligeramente. Tras unos minutos, la jaqueca cesó de repente, y Juan caía rendido al piso.
"Juan!" Preocupado, Ricardo se dirigió a donde se encontraba su amigo, que al levantarse lentamente, soltó un gruñido... solo que esta vez, el gruñido parecía el de un animal, o más particularmente, el de un felino. "J-Juan... estás bien?"
El otro chico se levantó... pero no se veía como Juan. No actuaba como Juan. Era como si hubiera sido reemplazado por el luchador en la fotografía. Al final, con una voz ronca y felina, contestó.
"No sé quien es Juan... yo soy King!" dijo el poderoso luchador, flexionando sus poderosos brazos.
