El clima helado azotaba las calles de aquel pueblo obligando a sus habitantes a llevar ropas gruesas para estarse lo suficientemente calientes. Las brisas frías solían ser molestas para algunos, otros solían disfrutarlas cuando estas golpeaban sus rostros con intensidad erizándolos.

Ese día en particular, el clima no era tan helado en la habitación de Tetsuhiro. Sus ventanas cerradas y sus ropas abrigadas le reconfortaban dándole el calor que su cuerpo exigía.

Diecisiete años, cabello azabache y piel tostada. Tetsuhiro Sato era un soldado del ejército en aquel pueblo. Su formación había empezado a la temprana edad de quince años y desde entonces, solo conocía de armas y órdenes de sus superiores. Él odiaba aquello cuando apenas entró, al pasar de los años fue tomándole cariño y hoy puede jurar ante una biblia que serviría al ejército y daría su vida por la nación si era necesario.

Era un joven que, a pesar de su vida llena de armas y sangre, solía ser amable y risueño la mayor parte del tiempo. Adoraba salir a caminar, adoraba ver la naturaleza y sobre todo adoraba pasar por la escuela de aquel sitio en donde podía ver a quien se ha convertido en su mayor secreto. Souichi Suzuki era la persona más hermosa que había visto: Una coleta sostenía sus cabellos los cuales le llegaban sobre los hombros. Sus ojos, del mismo color, brillantes y afilados cuál felino. Su cuerpo esbelto aunque no femenino y su inteligencia le hacían no poder dejar de observarlo. Pero, todos conocían a aquel sujeto de diecinueve años por ser de carácter amargo y ácido. Había oído sobre que esa persona solía ser amable, pero de repente su temperamento cambio de la noche a la mañana. Decían que había sido su padre quien amargo su vida con presiones, otros solo comentaban que la vida de adulto no le sentó bien.

Siempre pasaba caminando por aquel sitio donde impartían clases a los menores solo para poder verle gesticular palabras a través de los grandes ventanales colocados en la pared como si presentaran una obra maestra, alguna escultura imposible de tocar.

Escultura la cual desapareció como si de un vil crimen de robo se tratase. Días después de no verlo, se enteró que se había ido a estudiar a otro país a petición de su exigente padre; abogacía, era lo exigido.

Tres años después, Souichi regresó a Nagoya graduado como su padre había ordenado. Pero cuando llegó a casa con el título de biólogo en sus manos, su progenitor enfureció al punto de querer mandarlo fuera de nuevo para que estudiase lo ordenado. No lo logro, Souichi no se dejó amangualar por su padre y siguió con sus sueños.

La primera vez que vio a Souichi fue antes de su partida, específicamente un año antes. Fue en el sitio de trabajo de su padre. Curiosamente él y el padre de Souichi eran buenos amigos y colegas por lo que, no era de esperarse que algún día se encontrara al pelimiel en aquellas oficinas mientras el hombre que le dio la vida alardeaba de haber tenido un varón ideal en su casa, un ejemplo a seguir y el futuro de Nagoya.

La primera vez que lo vio luego de su regreso, fue ese día. Caminaba por las frías calles de su pueblo, no habían casi personas y el clima estaba helado como hacía un mes atrás. Aunque para algunos ese frío era molesto, para él era relajante.

Llegó a una pequeña plaza donde solían ir dueños de perros y madres para darles un rato divertido a sus responsabilidades. Le gustaba ver eso, aunque jamás había visto a un solo padre o "dueño" en ese sitio dando partido a la absurda ley que dictaba "Toda mujer casada y con hijos debe hacerse responsable del hogar. Todo hombre debe trabajar y ser atendido por su mujer luego de llevar el pan de cada día a casa" y es que su padre siempre le había inculcado aquella ley una y otra vez repitiéndole lo orgulloso que estaría cuando se casara con una buena mujer y tuviese descendencia. Cosa que no pasaría, porque la persona que deseaba estuviese vestida de blanco frente a él profesándole amor eterno era nada más y nada menos que un varón.

Sentado en una banca, observaba las plantas moverse al compás de la brisa ¿ellas también disfrutarán el gélido ambiente? Seguramente no. Estaba tan inmerso que no noto quienes estaban a su alrededor hasta que una queja fue oída. Se giró encontrándose con la imagen de Souichi golpeando el tronco de un árbol para luego agitar su mano en signo de dolor y maldecir la madera dura y rasposa.

Al verle nuevamente luego de tanto tiempo noto los cambios en él: Su cabello caía cual cascada por su espalda, estaba atrapado en una coleta baja. Ahora usaba unos anteojos redondos que afinaban más su rostro y parecía que su malhumor había empeorado.

Se levantó y usando eso como excusa se acercó para tratar de calmar aquella rabieta antes de que lastimara su mano.

-Disculpe. Lastimarse no creo que arregle sus problemas, Souichi-san -Sus manos se colocaron tras su espalda, una sostuvo a la otra por la muñeca.

El mencionado volteo a verlo con el ceño fruncido ¿Quién se creía para decirle cómo resolver sus problemas?.

-¿Y eso qué? No es su problema, Tetsuhiro -Se cruzó de brazos ocultando su mano lastimada, tenía razón, pero no lo admitiría.

-Aun me recuerda, me siento feliz por eso -Una sonrisa se pintó en el rostro del más alto. No podía negar que se emocionó por eso. -Será mejor se ponga hielo para bajar la hinchazón que seguramente aparecerá. Si lo que quiere es golpear algo, le recomiendo sea su almohada.

-Deje de hacerse el gracioso. Si quiero golpear este árbol hasta desbaratarme la mano, lo haré -Su cabeza de ladeo un poco, los cabellos sueltos frente a su rostro bailaron con aquel movimiento. -¿Algo más? Estoy ocupado.

-No puedo permitir que se lastime. ¿Necesita hablar? Soy bueno escuchando y aconsejando.. Supongo que este malestar se debe a el enfurecimiento de su padre por estudiar lo que no se le pidió, no?.

El rostro de Souichi cambió de enfado a sorpresa, y luego regresó a enfado. -¿Quien le contó eso? -Se acercó un poco. -No es su asunto, no ande regando chisme por ahí -Su dedo señaló acusadoramente el pecho de Tetsuhiro. Se sintió un poco avergonzado de que él lo supiera.

-Es lo que la gente dice -Respondió con simpleza. -Aunque pude confirmarlo por mi padre, recuerde que el suyo es muy cercano al mío.

Eso solo le enfureció más ¿Cómo osaba su padre a contar sus cosas a puerta cerradas? ¿Acaso quería castigarlo convirtiéndolo en el chisme de la gente?.

-Esto no es de su incumbencia, ya no me moleste más. -Se giró molesto, estaba dispuesto a encarar a su padre. Una mano en su hombro le detuvo apenas puso un pie delante listo para irse andando.

-Espera. No será prudente que vaya a su hogar enfadado, le invito unos dangos para calmar su enojo ¿Le apetece? -Sonrió dulcemente, esperaba con ansias que aceptara y así poder salir con él.

-No. Y no me toque -Aquella respuesta le hizo borrar la sonrisa, y el movimiento repentino del mayor para alejarse le dejo sorprendido. Los chismes no eran falsos, ese hombre si era terco y directo. -Tengo cosa que hacer, no me moleste.

-Por favor, se que el dulce va a calmarlo un poco. Créame que será lo mejor.. Y así podemos conocer más ¡Anímese! -Insistió, no se daría por vencido.

Souichi se quedo callado unos segundos para finalmente rodar los ojos y aceptar. Debía admitir que podría golpear a su padre en esos momentos y aquello no sería prudente.

Esa sería la primera salida de ambos juntos, y el inicio de una historia trágica con sutiles pinceladas de dulzura y amor.