33
Tras una noche en la que se bañaron juntos, Sakura le rasuró aquellas barbas y Sasuke fue el hombre más tierno, amoroso e insaciable del mundo; ella abrió los ojos por la mañana y lo vio despierto a su lado.
—Buenos días —la saludó él.
Desperezándose sin ningún tipo de pudor, ella sonrió y dijo:
—Buenos días, cariño.
Al oírla, Sasuke sonrió también y pensó decirle algo por el uso de aquella palabra edulcorada, pero consciente de que le gustaba más de lo que quería reconocer, preguntó abrazándola:
—¿Has dormido bien?
Encantada por aquel despertar tan cariñoso, Sakura asintió, y cuando sintió que la mano de él se deslizaba por su vientre desnudo y seguía bajando, soltó un jadeo. Sasuke se rio al oírla y, acercándole la boca al oído, susurró:
—Tu sabor es delicioso.
Eso hizo que a ella le ardieran las mejillas.
—Y tus jadeos mientras me deleito con tu dulce cuerpo, maravillosos.
Todavía recordaba cuando él, la noche anterior, la besó en su intimidad y la convenció para que se relajara y lo dejara hacer. Aquello era totalmente pecaminoso, pero el placer que sintió fue tan colosal que ya estaba dispuesta a repetirlo.
Sasuke, divertido al verla, tras buscar sus labios y besarla, la miró y le ordenó:
—Cierra los ojos.
Segura de que pensaba hacer lo que segundos antes ella estaba deseando, musitó:
—Me avergüenza lo que me pides.
—¿Te avergüenza cerrar los ojos? —se mofó él.
Sonriendo, ella fue a hablar, cuando Sasuke insistió:
—Cierra los ojos.
Excitada, finalmente lo hizo. Temblaba, estaba nerviosa. Y de pronto sintió que él le cogía la mano y, tras ponerle algo en el dedo, exclamó:
—¡Ya puedes abrirlos, malpensada!
Sakura se miró el dedo y al ver un anillo con una piedra verde del mismo color del brazalete de su madre, susurró:
—Es precioso...
—No podía permitir que mi preciosa mujer no tuviera anillo de boda —contestó él, besándole la mano—. En Inverness había mercado y lo vi, vi que tenía el mismo color verde de tus ojos y supe que este anillo estaba hecho para ti.
Sakura lo miró encantada y exclamó:
—Gracias... gracias, Sasuke.
Besándola, él sonrió y murmuró:
—Sé que pensabas que te haría otra cosa cuando te he pedido que cerraras los ojos, ¿decepcionada?
Sakura le dio con una almohada en la cabeza. Durante un rato, ambos jugaron sobre la cama mientras se besaban y provocaban, y cuando terminaron de hacer el amor de nuevo, Sasuke dijo:
—Debemos ir a Caerlaverock.
Ella lo miró con el rostro arrebolado y Sasuke añadió:
—Antes de regresar a Kildrummy, debemos hablar con los hombres que se encargarán de la restauración del castillo.
Pasmada, Sakura preguntó:
—¿Lo dices en serio?
Con una encantadora sonrisa, Sasuke contestó:
—El hogar de tus padres volverá a tener el esplendor de antaño y sólo tú los puedes asesorar. Es mi regalo de boda. ¿Te parece bien?
Aquello era más de lo que nunca podría haber imaginado y, emocionada, lo abrazó y afirmó:
—Eres lo mejor que me ha pasado, aunque cuentes los días que faltan para que finalice nuestro enlace.
—Trescientos veintinueve —susurró Sasuke antes de besarla.
Ese mismo día se pusieron de camino para regresar a Caerlaverock. Neji y Tenten los acompañaron. Al llegar a las inmediaciones del lugar, la tristeza se apoderó de Sakura. Ver su bonito bosque negro y quemado no era agradable, pero más se desesperó al ver el castillo.
Tras haber estado en el de Glasgow durante esas tres semanas, y entender lo que era vivir con ciertas comodidades, al entrar en Caerlaverock y ver su deplorable estado, pensó cómo había podido vivir toda su vida allí.
Pero al reencontrarse con su vieja cama, su vieja manta y la desconchada bañera de su padre, sonrió y supo que aquél era su hogar.
Pocos días después llegaron unos hombres. Eran rudos, barbudos y fuertes y Sasuke habló con ellos. Neji se ofreció a colaborar en los gastos que todo aquello conllevara, pero Sasuke se negó. Era el regalo de boda para su esposa y él se encargaría de todo.
Tras hablar con los hombres, Sasuke llamó a Sakura y ésta les fue diciendo lo que quería que hicieran con el lugar. Ellos asentían a todo lo que les decía y, cuando acabó, Sakura preguntó:
—¿Se acordarán de todo lo que les he dicho?
Uno de ellos se señaló la cabeza con el dedo y, con una encantadora sonrisa, contestó:
—Señora Uchiha, tengo muy buena memoria.
Ella sonrió y Sasuke, agarrándola de la cintura, dijo:
—Confía en ellos y en mí, ¿vale, Sakura?
Ésta asintió y, tras recibir un beso que le supo a gloria, se agarró a su cintura y no se soltó.
Después de una noche en la que de nuevo el guapísimo Sasuke Uchiha disfrutó de los placeres de la carne con su mujer, a la mañana siguiente, cuando Sakura bajó al salón, lo vio hablando con Suigetsu y Naruto y preguntó:
—¿Ocurre algo?
Sasuke le enseñó una carta.
—¿Sabes leer?
Arqueando las cejas, Sakura gruñó molesta:
—¿Tú qué crees?
Divertido por su reacción, y al ver que Tenten los observaba, con la misiva en las manos, respondió:
—No lo sé... mi cielo. Apenas sé nada de ti.
Él tenía razón y, en honor de Tenten, que los miraba con atención, repuso:
—Sé leer, cariño, ¿y tú?
Suigetsu y Naruto sonrieron. Sin lugar a dudas, aquella pequeña pelirosa no era de las que se callaban.
—Por supuesto que sí, preciosa mía —convino Sasuke sin perder el humor—. Toma, lee.
Con curiosidad, Sakura cogió el papel que le entregaba, lo leyó y miró a Karin. Después miró a Tenten y resopló. Finalmente, dobló la carta y, entregándosela a Sasuke, que no le había quitado ojo, dijo:
—No puedo ir.
Karin se abanicó con la mano y Suigetsu, que la observaba, se dio cuenta de que ella también sabía leer. Eso lo sorprendió.
—¿Por qué no puedes ir? —le preguntó Sasuke.
Consciente de que todos la miraban, con una falsa sonrisa, Sakura contestó:
—Porque no tengo nada elegante y bonito que ponerme para asistir a esa fiesta de los clanes en el castillo de Stirling, y Karin tampoco. ¿Te parece buena excusa?
Sasuke fue a contestar, cuando Karin preguntó con un hilo de voz:
—¿Stirling?
Sakura asintió.
—Sí. En la misiva se convoca a todos los lairds a su fiesta anual de dentro de tres semanas y...
—Y tú, este año, como mi mujer, me acompañarás —intervino Sasuke, que añadió—: Me gustan esas fiestas.
—Habrá bonitas mujeres —musitó Naruto.
—Muy bonitas —lo secundó Suigetsu, ante la mirada de Karin.
Sakura negó con la cabeza y protestó:
—Sasuke, ¿acaso no has escuchado lo que he dicho?
—Cariño mío —se mofó él—, compraremos un bonito vestido para cada una. No te angusties por eso.
—No es eso, Sasuke. Un bonito vestido no lo arregla todo —replicó ella.
—¿Ah, no? —preguntó él divertido, pensando que a muchas mujeres que conocía un bonito vestido les alegraba la vida.
—Piensa, por el amor de Dios. —Y, bajando la voz para que Tenten no pudiera oírla, añadió—: ¿No has pensado que allí puede estar Ino Yamanaka? ¿No crees que será embarazoso para ambas encontrarnos allí?
—Buena observación —afirmó Suigetsu—. Todos los años asiste con su clan y sin duda allí estará.
—Será bastante incómodo, ¿no crees? —susurró Sakura.
—Hablaré con ella —la tranquilizó Sasuke—. Conozco a Ino y, aunque al principio la situación la enfade, no creará ningún problema. Ella es una dama, además de bonita, tranquila, y se lo tomará con serenidad.
Sus palabras molestaron a Sakura, que gruñó:
—¡¿En serio?! —Y al ver que él asentía, de nuevo murmuró—: Eso me sorprende, porque yo, como mujer, si siento algo por mi prometido y otra mujer me lo arrebata, te aseguro que no me lo tomaría con gracia y serenidad.
—No todas sois iguales —se mofó Sasuke.
—Gracias a Dios —masculló ella en respuesta.
Durante unos minutos, Suigetsu, Naruto y Sasuke siguieron hablando sobre aquello, sin importarles que Sakura los escuchara, y, finalmente, Sasuke dispuso:
—Iremos todos juntos a ese baile de clanes y lo pasaremos bien.
—Trescientos veinticinco —siseó Sakura.
Él, al oírla, esbozó una sonrisa, y, acercándose a ella, cuchicheó:
—Yo hablaré con Ino. No te preocupes.
Sakura se desesperó. Ya odiaba a la Yamanaka sin conocerla y no dudaba que aquella joven la odiaría a ella, pero consciente de que a pesar de lo que sintiera por Sasuke, debía cumplir el trato, calló.
—Yo... yo... no iré —anunció entonces Karin.
Al sentir que tenía una aliada, Sakura se apuntó:
—Me sumo a Karin. Ninguna de las dos iremos.
Sasuke, que a cabezota no lo ganaba nadie, adoptó una expresión más seria y, sin dejarse achicar, afirmó:
—Ambas iréis. Digáis lo que digáis.
—No... no puede ser —murmuró Karin acalorada.
Suigetsu se acercó a ella y, sonriendo, la calmó:
—Tranquila, te compraremos también un bonito vestido.
La joven se retiró de su lado y, con gesto de desagrado, replicó:
—No necesito nada de nadie y menos de ti.
Instantes después, los dos se enzarzaron en una discusión ante los ojos de todos y Sakura le preguntó a su marido:
—¿No vas a hacer nada?
—Es Karin quien ha comenzado —contestó Sasuke.
—Si Suigetsu no hubiera abierto la boca...
—Sólo ha dicho que le compraremos un vestido.
—¿Y por qué tiene que decir eso? ¿Acaso se lo va a comprar él?
Sasuke cerró los ojos. Cuando le rebatía las cosas con tanto ímpetu lo desesperaba y, tras reprimir sus ganas de gritar, repuso:
—Sakura, ¿por qué te empeñas en desesperarme?
—¿Yo te desespero?
—Continuamente.
Encantada, sonrió sarcástica y, levantando la voz, dijo:
—Karin, Suigetsu, ¡se acabó la discusión! —Y señalando a Sasuke con el dedo, añadió—: Me niego a ir a ese baile y te lo diré una y mil veces aunque te desespere.
—Niégate todo lo que quieras, pero vendrás una y mil veces —afirmó él, molesto por aquel tono de voz—. Y no se hable más.
—Pero por el amor de Dios —insistió Sakura ofuscada—. A los Haruno nunca nos han invitado a esa fiesta y...
—Te equivocas, hermana —le cortó Tenten, acercándose—. Cada año hemos recibido la invitación, pero padre, según llegaba, la quemaba en el hogar. Con nuestra precaria situación, no podíamos pensar en asistir a fiestas. Y haz el favor de no hablarle así a tu marido, eso no es bonito ni decoroso.
Sakura la miró boquiabierta. Su padre nunca le había hablado de aquello y, cuando fue a responder, Neji Hyūga dijo:
—Nosotros partimos para Glasgow. He de arreglar allí varios asuntos que requieren mi presencia, vosotros ¿qué vais a hacer?
Tras mirar a Sakura, Sasuke respondió:
—Partiremos al alba, si es que dejamos de discutir algún día.
El corazón de Sakura empezó a latir con fuerza al oírlo. Pronto se marcharía de lo que ella consideraba su hogar, rumbo a un futuro incierto, pero no dijo nada, sólo se dejó abrazar por su hermana Tenten y le devolvió el abrazo.
Tras despedirse ellas dos, Neji se acercó a ella y, abrazándola también, le murmuró al oído:
—Gracias por todo, cuñada. Y, tranquila, Sasuke Uchiha es un buen hombre, pero no olvides que en Glasgow también está tu hogar.
—Cuida a Tenten o te juro que te buscaré y...
—Conmigo sabes que estará bien cuidada. Porque lo sabes, ¿verdad?
Sakura asintió con una sonrisa y Sasuke preguntó:
—¿Os veremos en la fiesta de clanes?
Neji, tras mirar a Tenten con deleite, negó con la cabeza.
—El año que viene, seguro, amigo mío. Éste tengo cosas más importantes que hacer.
Sakura, al ver la felicidad de su hermana, sonrió. Sin lugar a dudas, Neji era su amor. Cogida de su brazo, salió hasta el portón principal del castillo. Allí los esperaban los hombres de Neji. Éste montó en su caballo y, tendiéndole a Tenten la mano, la levantó hasta sentarla ante él.
Las dos hermanas se miraron. Tenten, que era la que se marchaba, le lanzó un beso con la mano y Sakura, emocionada, lo cogió y se lo llevó al corazón y viceversa. Cuando la comitiva salió del castillo, Sakura se volvió para entrar, pero Sasuke, cogiéndola del brazo, le preguntó:
—¿Siempre os despedís con esos gestos?
Ella asintió.
—Era algo que hacían mis padres y cuando mamá murió, papá lo comenzó a hacer con nosotras; siempre que alguna se marchaba, nos despedíamos así.
Sasuke asintió y dijo:
—Partimos al alba hacia ese baile.
—No, yo no iré.
Él le levantó el mentón y replicó:
—Irás, cariño... claro que irás.
