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A la hora de comer, Sakura, invitada por Dan y Iruka, se marchó con ellos y sus esposas, aunque le extrañó que Sasuke no apareciera. Eso la hizo suponer que continuaba con Ino.
Durante la comida, rio y se relajó con aquellos nuevos amigos. Sólo le bastó aquel rato con ellos para ver lo especiales que eran todos y cuánto querían a Sasuke.
Al terminar de comer, se sentó junto a ellos alrededor del fuego a charlar. De pronto, Ino Yamanaka se acercó a ellos y dijo:
—Sé por Mikoto que ha venido a saludarte.
—Así es.
Con una mirada guasona, la joven la miró y la interrogó:
—¿Y qué tal? ¿Todo bien?
Tsunade y Anko, que estaban al lado de Sakura, fueron a contestar, pero ésta les pidió silencio con la mirada y respondió:
—Lo que yo haya o no hablado con la madre de mi esposo no te incumbe.
Ino soltó una carcajada y miró a Dan y Iruka, que no se reían.
—¿Dónde está Sasuke? —preguntó entonces, poniéndose seria.
—No lo sé —respondió Dan.
—Necesito hablar con él.
—Pues entonces, búscalo —le soltó Iruka.
Al ver que ninguno de ellos pensaba ayudarla, Ino exigió:
—Que alguien me diga dónde está, ¡inmediatamente!
Todos se miraron y Anko le cuchicheó a Sakura:
—Mi paciencia tiene un límite.
—La mía también.
—¡Sakura! —gritó la joven Yamanaka—. Eres su mujer, ¡búscalo!
Ella, que jugueteaba con su daga, replicó:
—No me des órdenes, Ino. —Y al ver su cara al fijarse en la daga, preguntó—: ¿Se puede saber para qué lo necesitas?
—No es asunto tuyo. Pero yo si fuera tú, ¡lo buscaría!
Sakura cerró los ojos e, intentando calmarse, insistió, guardándose la daga en la bota:
—¿Quiere verlo su madre?
—Eso no te incumbe.
—Por el amor de Dios, Ino —gruñó Dan—. Me estás enfadando. ¿Es realmente urgente lo que pides?
—Mi padre quiere hablar con él —respondió la joven finalmente.
Sakura sonrió al oírla y se mofó:
—Los modales de la Yamanaka son increíbles.
—¿Hablas de modales? —replicó ella—. Porque si de ellos hablas, ya me ha contado Sasuke que en tu hogar eso no primaba.
—¿De qué hablas? —siseó Sakura, levantándose.
Todos lo hicieron. Las cosas se ponían feas y la odiosa de Ino repuso:
—Sasuke me ha contado la penosa situación en la que te encontró. Al parecer, tu padre de modales no sabía mucho y...
Sakura se le acercó muy enfadada y, con actitud intimidante, masculló:
—Vuelve a mencionar a mi padre en esos términos mentirosos y te corto la lengua. Y en cuanto a Sasuke, tú eres la última que lo ha visto esta mañana. Si tanto te interesa, búscalo tú.
Encantada por el alboroto que estaba organizando, la joven dio un paso atrás y dijo:
—Lo he dejado cerca del río, algo dubitativo tras nuestra interesante conversación. Quizá aún está pensando cómo pudo casarse contigo y rechazarme a mí o, tal vez, al darse cuenta de su error, ha huido lejos de ti.
Tsunade blasfemó. Si a ella le decía eso, le arrancaba la cabeza, pero consciente de que Sakura debía tratar el tema con delicadeza, murmuró acercándose a ésta:
—No le des el gusto de conseguir lo que quiere. Tranquilízate.
Sakura tomó aire. Tsunade tenía razón. Deseó tirar a Ino al suelo por sus palabras envenenadas, pero en vez de eso respondió convencida:
—Mi marido no huye de mí, y métete en tu creída cabeza que si se casó conmigo fue precisamente para huir de mujeres como tú.
Ino sonrió y Dan, cansado de escucharla, la cogió del brazo con fuerza y, alejándola del grupo, dijo enfadado:
—Regresa con tu clan si no quieres tener problemas, no sólo con Sakura.
Una vez se marchó, Anko murmuró:
—¡Insoportable es poco!
—Si se muerde la lengua, se envenena —comentó Iruka.
Sakura, alterada por aquel ataque tan inesperado delante de todos, suspiró y anunció:
—Me iré a mi tienda a descansar.
—¿Estás bien? —le preguntó Tsunade preocupada.
Sakura asintió y, con una cariñosa mirada a todos ellos, se alejó. Pero al llegar a su tienda, se desvió y fue hasta su yegua.
Cuando salió del campamento, hincó los talones y emprendió el galope. Necesitaba desahogarse y lo hizo de esa manera. Corrió por los campos, saltó arroyos e hizo las mayores locuras que nunca había hecho a lomos de su yegua, hasta que el agotamiento le hizo saber que tenía que regresar.
