53
El tiempo pasaba y Sasuke no regresaba.
En varias ocasiones, Sakura mandó a Karin para ver si continuaba donde los Yamanaka, y así era. Estaba desesperada por no poder aparecer por allí y saber de qué estaban hablando.
De madrugada, oyó a unos hombres que pasaban cerca de su tienda, hablando sobre la muerte de Itachi Uchiha.
Al escucharlos se puso alerta. ¿Cómo se habían enterado?
Nerviosa por que Mikoto no se enterara por otro que no fuera su hijo, decidió ir a buscarlo. Con paso seguro, se encaminó hacia donde estaba Sasuke y suspiró aliviada al verlo venir hacia ella. Eso le evitaría tener que entrar en la tienda de los Yamanaka.
Él la miró con gesto ceñudo y, cogiéndola del brazo, siseó:
—¿Se puede saber qué haces caminando sola de noche por el campamento?
Ella se soltó de su brazo y dijo:
—He oído a unos hombres hablar sobre la muerte de Itachi.
Sasuke asintió y Sakura, al ver que no se sorprendía, lo miró y Sasuke explicó:
—Se lo he dicho a mi madre.
—¿Se lo has dicho?
—Sí. Como has visto, la noticia se extiende rápidamente.
—¿Cómo se lo ha tomado Mikoto?
Sasuke se tocó el pelo y, bajando la vista, susurró:
—Se ha disgustado, pero por raro que parezca, está bien. Dice que ya lo intuía. Que, como madre, ya se lo imaginaba y se había hecho a la idea.
Sakura asintió y Sasuke continuó:
—Ino y su madre me han arropado para darle la noticia y...
—Yo creía que se lo diríamos tú y yo. Nunca pensé que Ino Yamanaka sería quien te ayudaría en ese momento.
Con una fría mirada, Sasuke asintió y replicó:
—Aprende a comportarte y, cuando lo hagas, quizá entonces cuente contigo para ciertas cosas.
Y dicho esto, prosiguió su camino, pero Sakura no lo siguió.
Desolada llegó a su tienda, se sentó en el camastro y, llevándose las manos a la cara, lloró. ¿Por qué, por qué Sasuke tenía que ser así con ella?
A la mañana siguiente, tras una noche en la que extrañamente pudo dormir, cuando Sakura se despertó y salió fuera de la tienda, no se sorprendió al ver que Sasuke no estaba. Patrick, que estaba hablando con Karin, al verla aparecer la informó:
—Mi señor se ha ido con los hombres a cazar.
Ella asintió y, convencida de que era mejor no moverse del campamento, se dirigió hacia el guerrero que preparaba la comida a su clan. Éste, al verla, le entregó un trozo de asado y Sakura le sonrió, dándole las gracias.
Comía plácidamente, sentada debajo de un árbol, cuando vio a la madre de Sasuke pasear. Se la veía seria y, sin dudarlo, se levantó para ir a darle el pésame.
—Señora —la llamó.
Mikoto se volvió y, al verla, la saludó con tranquilidad.
—Buenos días, señora —contestó ella y, tras un tenso silencio, dijo—: Quería darle el pésame por la muerte de su hijo Itachi. Es muy triste perder a un ser querido.
La mujer asintió y, con una apenada sonrisa, respondió:
—Gracias, Sakura.
Ésta se dio la vuelta para regresar, pero incapaz de no decir nada más, se volvió de nuevo y, al ver que la mujer la seguía mirando, añadió acercándose:
—Comprendo el dolor que siente ante esta triste noticia, pero aunque llore a Itachi, debe continuar viviendo, por usted y por Sasuke. Su hijo la quiere mucho, la adora, y lo que más temía era el sufrimiento de usted cuando lo supiera y que enfermara de tristeza. Por ello, le pido que, por favor, por favor... por favor, se cuide y no permita que la desidia entre en su vida, como le pasó a mi padre ante la muerte de mi madre y mis hermanos y que continúe viviendo para que Sasuke siga siendo feliz.
Conmovida por esas palabras, Mikoto sonrió y, asintiendo, dijo:
—He llorado tanto por mi hijo Itachi, que ahora ya no tengo lágrimas. Itachi siempre fue más revoltoso que Sasuke, y aunque su padre lo castigaba por sus travesuras, yo siempre se las disculpaba. Sasuke nunca se quejó. Siempre observaba, sonreía y callaba. Cuando ambos crecieron, Itachi tomó un mal camino y se alejó de mí. Me olvidó. Y Sasuke, aunque nunca dijo nada, nunca se lo perdonó y siempre estuvo junto a mí.
»Amo a mis dos hijos, pero ahora he de pensar en Sasuke. Él nunca me ha abandonado y se merece tener la madre que siempre ha querido, cuidado y respetado. Gracias por tu preocupación y por tus palabras, Sakura.
Con una sonrisa, ésta asintió y, dándose la vuelta, regresó a su tienda sin percatarse de cómo Mikoto la miraba y sonreía levemente.
El resto de la mañana pasó sin pena ni gloria. Cuando Sasuke regresó, la saludó al pasar por su lado, pero la frialdad que vio en él la martirizó. Poco después, una vez se aseó, se acercó a ella y le informó que irían a comer con los Yamanaka.
—¿Por qué me haces esto, Sasuke?
Sin querer entenderla, él la miró y respondió:
—Son nuestros vecinos en Kildrummy. Debes comenzar a tratar con ellos, y lo primero que harás será pedirle disculpas a Ino delante de todos y...
—¿Te has vuelto loco?
—No, Sakura.
—¿Pretendes avergonzarme entonces?
Al escucharla, sonrió con frialdad y musitó:
—Te recuerdo que ayer me avergonzaste tú a mí.
Ella no contestó. Se mordió la lengua, segura de que Ino tenía que ver algo en aquello.
—Sakura, soy juicioso y pienso en mi gente y en mi clan —continuó él—. Las relaciones con los Yamanaka siempre han sido buenas y quiero que sigan siéndolo, ¿lo entiendes? —No entenderlo sería de idiotas y, tras ella asentir, Sasuke la instó—: Cuando lleguemos, discúlpate por las acusaciones de ayer y tengamos la fiesta en paz.
Ella no se movió y él, mirándola, le ordenó:
—Vamos, acompáñame.
Sin poder negarse, Sakura lo acompañó cabizbaja. Aquello a Sasuke le dolió, pero Inochi Yamanaka los había invitado a comer y no pudo decirle que no. Al llegar a la tienda de los Yamanaka, éstos estaban sentados a una bonita mesa, junto a su madre Mikoto. Inochi, al verlos llegar, se levantó y los invitó rápidamente:
—Sentaos y comed.
Pero cuando fueron a hacerlo, Ino se levantó y, enrabietada, siseó ante todos:
—Si ella se sienta a esta mesa, yo me voy.
—Ino, ¡basta ya! —la reconvino su padre.
—No pienso compartir mesa con una mujer que me acusa de algo tan terrible como haber hecho que atacaran a Sasuke. ¡A Sasuke nada menos! —replicó ella.
Ante aquella reacción, Sakura vio su oportunidad de alejarse de allí cuanto antes y, sin moverse de su sitio, dijo:
—Te pido disculpas, Ino, no debí acusarte ayer delante de todo el mundo.
Augusta, sentada junto a Mikoto, contestó con voz molesta, tras mirar a su hija:
—Aceptamos tus disculpas, pero procura refrenar tus acusaciones y tu lengua de aquí en adelante.
Mikoto miró a su hijo y, al ver el gesto serio de éste, afirmó, mirando a la joven:
—Tu gesto te honra, Sakura.
Ella asintió. Pensó en marcharse de allí inmediatamente y casi hizo ademán de hacerlo, pero se refrenó. Debía comportarse ante ellos y, volviéndose hacia Sasuke, lo miró y preguntó con voz pausada:
—¿Te importa si regreso a la tienda? No tengo apetito.
Él, mirándola con intensidad, lo pensó un momento. Sin duda, era mentira que no tuviese apetito, pero entendía que no quisiera seguir allí. Odiaba lo que acababa de hacerle, pero aquel tipo de disculpas eran necesarias para las buenas relaciones con sus vecinos. Por ello, con delicadeza, se inclinó, la besó en los labios con dulzura y dijo:
—Ve y descansa.
Sin mirar atrás, Sakura echó a andar hacia su tienda. Una vez llegó, se metió dentro y no salió en todo el día. No deseaba ver a nadie.
