Discalimer: Ningún personaje me pertenece, no quiero lucrar con ellos y escribo solo por diversión y para que ustedes, lectores disfruten.

Gracias por sus comentarios y espero no decepcionar. De antemano lamento cualquier falta de ortografía o letras corridas y agregadas. Escribo lo que mi mente me impone y al revisar, no siempre noto los detalles.

Disfruten…

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Ya era de mañana y luego de pensarlo, ya había tomado una decisión. Vegeta era un buen partido, le gustaba como miembro de su disfuncional pero amorosa familia. Pero claro, antes de hacer cualquier cosa, debía saber qué pensaría su marido de ello y por supuesto, su querida Bulma. Que sentía ella. Ese era el misterio.

Bra, calmada como siempre, preparaba cada uno de los platillos que se servirían al desayuno. Un arduo trabajo desde que el ritual incluía el alimento para cierto sayajin. Pero no le molestaba, al contrario, le gustaba cocinar y era una excelente en ello y lo hacía no solo para su disfrute, también para mimar a sus dos amores: Su marido y su hija y claro, ahora también al joven Vegeta, que hacía gala de un hambre tan grande como la de Goku, pero con modales.

Mientras distraída ponía la mesa, pensó en sus objetivos del día. Ambos eran tan distintos. Bulma era apasionada, rebelde, inteligente y osada. Le gustaba la aventura y la libertad de hacer lo que le placiera, sin importar lo que el mundo quisiera pensar de ella. Por su parte, pensar en el Dr. Brief... el profesor… el tipo distraído que la había elegido hace ya maravillosos años atrás, le sacaba siempre una sonrisa de dicha. Le gustaba todo de él. Su inteligencia desmesurada, su pasión por los animales… pero por sobretodo, le gustaba que jamás la hubiera intentado cambiar. Se había enamorado de ella tal y cual era… un espíritu libre… amaba que la dejara ser, tal como lo hacía con los cientos de animales de la casa, jamás la retuvo con fuerza. Era un hombre que practicaba aquello de "Si amas a alguien, déjalo libre. Si vuelve a ti, es tuyo, si no lo hace... Nunca lo fue".

Jamás se enfureció cuando ella, cuando siguiendo a su naturaleza, coqueteaba con todo quien se pusiera por delante, por que el Dr. Brief SABÍA que ella era solo suya. Bra lo había elegido libremente y no se arrepentía.

La mujer de rubia cabellera sonrió distraída. Le gustaba verlo en las mañanas despertar a su lado, prender su eterno cigarrillo y sonreírle, antes de bajar a tomar su café matutino, mientras le daba tiempo de ducharse.

Luego él se bañaba mientras Bra preparaba el desayuno. Una rutina de años… y no la cambiaba por nada del mundo. Luego de eso tomaban desayuno, con la calma que solo puede existir en Capsule Corp, es decir interrumpida por las locuras de su hija... y últimamente también por el joven Vegeta.

A simple vista no tenían nada en común. Pero la gente suele ser tonta y no ve las sutilezas que le dan sabor a la vida. Si fueran iguales… que aburrido seria. Era ese "no tienen nada en común" lo que les hacia felices. Que cada cual fuera tan distinto, les daba siempre tema de conversación. Nunca en sus años de matrimonio se habían aburrido.

Cuando su marido bajo, distraído como siempre, junto a Tama, ella le extendió sus panqueques con mermelada. Sabía que él los adoraba. El profesor le dedico una sonrisa y comenzaron a comer en silencio. A veces… las palabras sobran.

El era un experto matemático, un genio en su campo, un tipo otrora serio y reservado.

Recordó cuando lo había conocido en la universidad, en una charla introductoria. Él, un brillante becado de la carrera de ingeniería en matemáticas, con especialidades en ecuaciones derivadas… y con una segunda carrera en física experimental (*). Ella, una chica con un doctorado en humanismo. Que diferentes eran… y tantos momentos de alegrías habían vivido juntos.

Pensando en eso… como no querer lo mismo para su adorada hija. Como no tratar de que ella buscara a un ser tan especial, que la cuidara y adorara, sin pedirle que fuera otra.

Pero claro, en casa había un candidato, y antes que todo, debía que averiguar qué pasaba por el corazón de la muchacha de cabellos azules y ondulados. Suspiró. Su hija, tan extravagante como Bra misma, ahora lucia un coqueto pero algo extraño "afro". Aun así se veía resplandeciente, pues resaltaba su largo cuello y, como solía decir, le estorbaba menos al trabajar en esas tremendas maquinas en las que pasaba tardes enteras.

Los bigotes de su marido dejaron de moverse con sus mascadas. Vio a su hermosa mujer bastante pensativa.

-que pasa amor- murmuro, mientras daba una gran mordida a su panqueque y le extendía distraído otro pedazo al gato negro, que feliz comenzó a comer.

- es Bulma… creo que a ella le gusta el joven Vegeta… ¿Qué opinas?

El hombre de la bata sonrió.

Le gustaban los desafíos y ese hombre era todo un acertijo. En un principio, en su calidad de científico se había mostrado incrédulo del hecho que él fuera de otro planeta. No porque la vida fuera de la tierra no existiera… es más, era innegable, luego de ver a esos name-no-se-cuanto que su hija le había traído, si no porque las probabilidades que estos seres fueran, en apariencia tan similares a los humanos… era increíble. Una probabilidad de una en mil millones.

Luego de un par de acercamientos, un tanto violentos y otro tanto indiferentes con Vegeta, le había pedido estudiarlo.

En un principio el moreno había gritado, indignado que él "no era ningún objeto de estudio, insecto terrícola". Pero luego de un tiempo, y después de convencerlo que jamás publicaría un ensayo con sus notas, y que solo era por curiosidad científica, el joven había accedido a dejarse tomar una muestra de sangre, de cabello y a platicar de las características de ese cuerpo sobre-humano.

Con posterioridad, sus charlas se habían hecho bastante interesantes, pues el guerrero le contaba de otras razas... claro que omitía deliberadamente que él las había exterminado. El auto-proclamado príncipe de los sayajins, era un tipo algo duro y reservado, con un carácter bastante fuerte y un orgullo desmedido, que unido a una inteligencia malévola (con un coeficiente cercano al suyo propio, había deducido después de algunos exámenes) le hacían un tipo peligroso… recordó como había llegado a esa conclusión.

El sayajin no solo le ayudo en su investigación al contarle sobre otros planetas, si no que accedió a enseñarle la nomenclatura universal para que él y Bulma pudieran examinar el scouter de Raditz y sayajin, para que leyeran la bitácora personal del mismo.

Ahí había descubierto con horror que ese "jovencito" era un asesino despiadado y violento. Capaz de destruir el planeta en pocos minutos y esas amenazas tan ridículas, que solía gritarle a su hija ya no le parecían graciosos. Había pensado en encarar al joven, pedirle que se marchara de ese lugar, y a cambio de sus vidas, entregarle una nave, provisiones y lo que este le pidiera. Pero le dio miedo. Era un hombre de ciencias, no un guerrero.

Una tarde de aquellas, cuando lo miraba de reojo, escondido en su laboratorio y esperando que el maníaco homicida actuara de una vez, noto como su gato se acercaba al moreno. Y este simplemente le acaricio la cabeza.

Su gato JAMAS se acercaría a alguien peligroso. Supuso, y con razón, que fuera lo que fuera que hubiere hecho alguna vez, había quedado atrás. Tal como un tigre que tenía en alguna parte del invernadero, ese monstruo estaba "semi-domesticado"

Con el tiempo se había acostumbrado a que cada cierto tiempo lo amenazara si no le entregaba robots o no mejoraba la cámara de gravedad. Y sin darse cuenta, habían vuelto a las conversaciones civilizadas. Las amenazas ahora eran solo una muestra de ese mal carácter que tenía, y nada más. Ahora tenía la certeza que no debía temer por su vida ni por la de sus dos mujeres.

Le gustaba verlo pelear con Bulma. Cualquiera pensaría que eran peleas violentas y graves… claro, cualquiera que no conociera el carácter de su hija.

Ambos jóvenes solían gritarse durante todo el día, con la misma naturalidad con la que conversaban noches enteras, distraídos y pensando que nadie los veía.

Sabía que su mujer le estaba preguntando por algo. Algo que, debido a su nula capacidad de entendimiento personal, se le estaba pasando por alto.

-mmmm- ¿que querría ella que le contestara?. Noto que Bra lo miraba atenta, sin dejar de sorbetear su taza de té con jazmín. Le gustaba ese aroma, lo relajaba.

-creo que el joven Vegeta, es un desafío para el intelecto de Bulma.- opto por decir, solo para romper el silencio.

-mucho mejor que Yamcha- replico la mujer, un tanto mosqueada.

El profesor sonrió. Recordaba como su apacible compañera, tiempo atrás, había entrado al laboratorio y sin dar explicaciones, le había hecho presente que desde ese día "Yamcha no es más bienvenido en calidad de novio de Bulma".

- Vegeta es peligroso… al menos lo fue en algún momento- volvió a decir el hombre mientras extendía un platón de leche a Tama.

-pues yo no he visto más que palabras de su parte…¿has visto que haya matado a alguien?

-no- replico el hombre. Su mujer tenía un punto. Vegeta era POTENCIALMENTE peligroso. Pero al menos NO para su familia.

Bra sonrió triunfante.

-Bulma y Vegeta deben estar por bajar- susurro, mientras acariciaba diestramente el rostro de su marido, haciéndolo sonrojar- y a ti se te hará tarde para tu reunión de directorio.

El profesor tomo un último sorbo la tasa de café y salió de la cocina. Definitivamente, era su mujer la experta en ver los corazones e intenciones de las personas, no él.

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Bulma se termino de vestir, mientras revisaba distraídamente unos planos que en la noche su padre le había pasado. Un nuevo modelo para uno de esos robots que Vegeta usaba. Le gustaba diseñarlos ella misma, y su padre los corregía, antes de que nuevamente, ella sola los armara.

Por alguna extraña razón, aun teniendo a mil empleados a su cargo, le gustaba hacer esto sola.

Nunca recibía más que gruñidos en forma de lo que tal vez se pudiera interpretar como agradecimiento. A veces y con suerte, lograba sacarle más de tres o cuatro palabras al introvertido sayajin. Le gustaba su voz grave y profunda. Por eso le gustaba cuando le hacía enfadar, pues conseguía algunos gritos e iniciaba peleas muy largas. Era entretenido en el fondo. Por supuesto, Bulma las disfrutaba.

Disfrutaba verlo perder la paciencia con nada, verlo fruncir el cejo, torcer su cuello en ese gesto tan propio antes de mirarla, con una sonrisa curvada y mustiar un par de palabras en sayano, antes de salir de la habitación, a veces derrotado y otras triunfante, luego del intercambio de opiniones.

Pero lo que más le gustaba, por sobre todas las cosas, era aquellas veces que lo veía mirando las estrellas. Tan sereno, tan… pacifico.

En un principio, el príncipe se había negado a su compañía. Se quedaba apoyado en un árbol, cerca de la cámara, perdido en mil pensamientos que Bulma no podía descifrar. A ella le gustaba sentarse a su lado, y él la miraba molesto antes de irse murmurando. Luego de noches de insistencia por parte de la peli azul, él había cambiado el patio por el balcón de su alcoba… balcón que, por obra de su madre, quedaba al lado del suyo.

Claro que la joven no tardo en descubrirlo y esta vez, más astuta, solía aparecerse de vez en cuando.

Fue una sorpresa cuando, un día, fue vegeta quien murmuro, mirando hacia el infinito un par de palabras. Lo recordaba con el celo con el que se guarda un gran tesoro "vez esa estrella, pálida y rojiza de allá… a unos…mmmm 3 cm. De lo que debería ser Júpiter…. Ese es el sol que iluminaba mi planeta. Es tétrico saber que desde acá aun la luz que el planeta reflejaba debería hacerlo notorio." Y sin más palabras, se había entrado.

Desde ese momento, salía al balcón y lo acompañaba, en silencio. Había aprendido a respetar su ostracismo, cuando su padre, un día le había hecho notar sutilmente que él era el ÚNICO de su especie vivo. Es decir… Goku era un sayajin… pero no recordaba NADA de su planeta o sus costumbres.

Solo ahí Bulma comprendió. Vegeta tenia la seguridad que, después de él… nadie transmitiría la historia de su pueblo. Era el fin del reinado que nunca tuvo.

Ella no podía comprender el dolor de ser el último de su raza, pero si, podía respetar sus silencios. Y con eso había ganado, de vez en cuando, un par de palabras civilizadas de su parte.

Nada más que un "abrígate" o un "que interesante" cuando ella, agobiada, recurría a su silencio, solo para exteriorizar sus propias preocupaciones. Vegeta era un excelente oyente.

Aun así, ella tenía MUY presente que él era un asesino, mercenario y sanguinario, que era un muro de piedra, con un pasado tenebroso. Y aun así, con todo ello claro como el agua, no podía dejar de mirarlo. Había algo en esos ojos profundos y negros… algo en esa sonrisa, a veces tan diabólica, otras orgullosa y solo un par de veces divertida, que le atraía profundamente.

Sentía remecer su mundo cada vez que lo veía, sudado y algo sonrojado por el entrenamiento, beber agua de un vaso, cuando lo veía estirarse como un gato, ates de iniciar su rutina… cuando lo veía herido entre sus brazos, luego de alguna explosión o algún poder no controlado.

Definitivamente ese pequeño mono incivilizado tenía algo.

Salió de su alcoba, cuando se lo topo en el pasillo. Estaba empapado, cubierto solo con una toalla, que la desafiada divertida por ser ella, un trozo de tela quien abrazara esa cintura estrecha, acariciando desafiante el cuerpo del príncipe. Estaba secando sus cabellos negros como la noche, dejando así totalmente expuesto su torso esculpido. Si que se notaban las horas de entrenamiento. Cuando lo había visto la primera vez, junto a Nappa… era un jovencito más bien tonificado. Ahora cada uno de esos músculos, definidos… esa postura de altanería la tentaba a tocarlo, solo con la punta de sus dedos.

El joven la miró algo mosqueado, y a modo de excusa, murmuro algo que su madre había olvidado dejarle ropa adecuada.

Bulma, sonrió y le respondió que enseguida le traía algo, y bajo, ágil y flexible como un gatito.

- mamá! La ropa de Vegeta?

Su madre le miro con un brillo peculiar en sus ojos azules y señalo la lavandería.

-pero que torpe hijita, se me ha olvidado dejar las ropas del JOVEN Y APUESTO Vegeta en su alcoba. ¿Puedes llevarlas tú amor?

Bulma, casi podría jurar que su madre recalco parte de esa frase, pero rauda salió de la cocina, para buscar parte de los trajes del moreno.

Encontró un par de mallas que no duraban mucho, pues las telas no eran tan resistentes para soportar el arduo entrenamiento del sayajin y recordó que en alguna parte de la pieza del susodicho estaba su antiguo traje de batalla. El se había negado a botarlo, pues decía que era recordatorio de su tiempo como esclavo del demonio del hielo. Un recordatorio permanente y doloroso de SU fracaso.

Subió rapidísimo y llego algo agitada al pasillo y el sayajin ya no estaba allí. Entro sin tocar a la alcoba que le habían cedido, y lo encontró, de espaldas a ella, sin la bendita toalla, estirándose con elegancia y sensualidad. Su rostro se sonrojó cuando pudo notar parte de la anatomía del príncipe. También torneada por el entrenamiento.

-ahhh vegeta, disculpa, no pensé….- murmuró sonrojada.

-mujer vulgar y pervertida- respondió, con un dejo de humor el príncipe.

-cl….claro- dijo Bulma, pasando por alto las palabras del joven, mientras de reojo trataba de captar algo más de ese cuerpo. Yamcha JAMAS había tenido esos músculos, ni esa estampa de orgullo y clase.

Cerró la puerta, con más fuerza de la que hubiese querido y bajó distraída donde su madre.

Se sentó a la mesa y mientras se servía unas galletas, no podía despegar la imagen del sayajin de su cabeza.

Bra, se sentó mirando a su hija de soslayo. A los pocos instantes bajo estoico el príncipe y la saludo con un ademán de cabeza. Algo formal, a su parecer, pero cortes. Tomo una pila enorme de panqueques y se los sirvió en poco más de tres bocados. Le sorprendía como esos seres podían comer tanto, sin reventar.

Bulma seguía distraídamente el movimiento de esos fuertes brazos en su función de llevar comida a esa boca insaciable… y por un instante minúsculo, deseo ser uno de aquellos pan-queques. Sacudió la cabeza sonrojada, y siguió disfrutando del espectáculo que es ver a un sayajin comer.

Cuando terminó Vegeta se levanto, con otro ademan agradeció la comida y se disponía a retirarse, cuando Bulma lo detuvo con un gesto de su mano. Sus largos dedos blancos contrastaban con la piel más bien mate del fuerte guerrero. Nunca se cansaba de ver lo hermoso que se veía ese contraste. La piel del joven era suave y tibia. Sabia por la investigación de su padre que la temperatura corporal de un Sayajin es de 43 grados Celsius como base, pero ello no dejaba de sorprenderle. Cada vez que lo tocaba, sentía que su propia piel se quemaba, podía sentir la sangre del hombre correr impetuosa por su sistema, imparable y cálida.

-Vegeta… quisiera que me dejaras ver tu antiguo traje de batalla… creo que… creo que sería capaz de crear una tela similar a la que usabas, para diseñar nuevos trajes- dijo un poco insegura.

-si quieres hacerlo, hazlo, pero no creo que lo consigas- dijo el sayajin, mirándola con ese eterno gesto de disgusto- el material que la confecciona no es de este mundo.

-oh, vamos- interrumpió Bra- si alguien puede crearlo, o al menos, crear algo que se le asemeje es mi hija no lo crees apuesto joven Vegeta?

El sayajin miró a Bra y asintió de forma casi imperceptible, de tal forma que Bulma no lo pudiera notar. Salió y al instante volvió con la pieza de ropa maltrecha.

Se la arrojo y torciendo su usual sonrisa, saló a su querida cámara de gravedad. Uno de los mejores inventos de esos locos… pero claro, el no lo admitiría en voz alta.

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-ughh… que tipo más mal educado- refunfuño la muchacha, mientras examinaba la tenida.

El material era extraño. Parecía agua entre sus dedos, helado y extremadamente flexible. Lo estiró y comprobó que su estructura le permitía ensancharse muchísimo más de lo que parecía, y con una de sus uñas trato de agujerearlo. Era extremadamente fuerte. Sintió tentación de ponerlo al fuego a ver si podía soportar altas temperaturas, cuando su madre, le alcanzó una taza de café, en un gesto claro para que dejara la ropa de lado.

- que apuesto se ha puesto el joven Vegeta, no crees amor?- dijo distraída, mientras la observaba con sus ojos ocultos, tras sus largas pestañas.

-sí, hay que reconocer que a ese maldito le cae bastante bien el entrenamiento.

-yo lo encuentro de lo más adorable- volvió a decir la mujer, despreocupada aparentemente, mientras su hija hacia una ademan de protesta con su mano.

-es un idiota mamá… no se cual es el afán de defenderlo y halagarlo cada vez que puedes.

-el mismo que tuviste tú cuando lo invitaste.- dijo triunfante.

Y ahí estaba su madre. Un perfecto jaque mate, y Bulma lo sabía. Siempre se pregunto que la había impulsado a invitar a un mercenario del espacio a vivir en su casa. Es decir… nada le hubiera costado habilitar la nave espacial como habitación en un patio. La excusa que esgrimía con la misma fiereza que Tama de espalda, era que no podía dejarlo con los Namek. Pero ella sabía que era mentira. Los pequeños verdecitos habían usado una pequeña parte del enorme patio de la corporación.

No, algo la había llevado a mostrar interés por esos ojos negros. Y no sabía que era… o tal vez sí.

Bufo molesta, dispuesta a no seguir hablando con su madre, pero no contaba con que Bra hoy tenía muchas ganas de analizar la psiquis de su retoño.

- yo lo encuentro muy interesante. Un hombre con un poco de rasgos esquizoides y paranoicos… aunque creo que el fondo, solo es una máscara. Es decir… es total y absolutamente introvertido, reservado y antisocial. Rechaza toda clase de contacto humano. Pero a la vez, cada vez que puede compartir un rato a nuestro lado, lo hace. Eso si lo combinas con una faceta triunfalista, que lo lleva a auto imponerse la obligación de ser el mejor de todos e individualista, lo hacen la combinación de los peores rasgos de las personalidades que he visto. Y aun así es amable y cálido. Es un hombre intrigante, no crees?

Bulma rodó sus ojos.

-hay mama, tú y tus pseudo ciencias humanas. Eso de la psicología es absurdo e inútil.

-pues lo siento hija, eso de que las ciencias matemáticas y exactas me exasperan. Yo prefiero ver las cosas bajo un prisma diferente- contesto bastante molesta Bra.

Bulma suspiró. No quería hacer enojar a su madre.

-lo siento- mustió un poco avergonzada- es solo que lo que dices suena tan feo… no creo que él…..- silencio inundo la habitación. Solo el silencio del reloj resonaba.

- si querida?- la invito a proseguir su madre, con un tono burlón.

-es solo que no creo que él sea tan malo como parece. Más bien creo que la vida que ha llevado lo arrastró a eso. Yo sé que hay algo más en el que lo que aparenta.

-es interesante que lo defiendas- contesto su madre, mientras distraídamente tomaba unas galletas.

-vegeta es un hombre interesante- dijo al fin la hermosa heredera, más para ella misma que para su madre.

La señora Brief sonrió triunfante. Ahora las "pseudo ciencias humanas" la ayudarían

-Te gusta- dijo sentenciadora, mientras veía como los colores se subían al rostro de su hija. La madre la había arrastrado a esto. Dispuesta a demostrar su punto.

-NO MAMÁ! Como se te ocurre- negó la criatura.

-si corazón así es- dijo segura otra vez, sin despegar la mirada de la joven Bulma que se había levantado alterada. Los científicos siempre mirando en menos las ciencias sociales… pues ahora la psicología jugaba a favor de la rubia.

-Eso es ridículo- grito enojada.- Jamás un simio como él tendría a una mujer hermosa como yo!.

Bra dejo que su hija se paseara como león enjaulado. Iracunda… esa era la descripción del estado de su hija. Espero paciente a que su voluble carácter apaciguara era rabia. Y ahí, justo cuando ella volvió a bajar su guardia, su madre la contraataco.

- claro que te gusta, he visto como lo miras y lo cuidas…

-oh por favor mamá…. Vamos, concédeme el punto que es un ser bien fastidioso y si no lo atiendo o no le doy lo que quiere se molesta y podría llegar a hacer cosas malas. Como destruir la galaxia…

-oh cariño- le dijo- sabes que el joven Vegeta no hará nada. Son solo ideas tuyas.

Bulma se dejo caer en la silla, derrotada.

-y que sacaría con quererlo. Es un estúpido simio espacial que no conoce lo que es preocuparse por alguien que no sea el mismo. No creo que llegara a ser capaz de aprender sobre "sentimientos humanos"….

Su madre se levantó triunfante. Ahí estaba. El empujón que faltaba.

-amor… sinceramente con una mano en el corazón ¿crees que Vegeta es realmente peligroso?

Bulma miró a su madre. Sabía la respuesta. La sabia desde el día en que él la había amenazado en namek…. También la supo cuando le ofreció hospitalidad, y la sabia cada vez que estaba tardes enteras trabajando en proyectos para ayudarlo Podía sentirlo a gritos cada vez que lo cuidaba luego de cualquier accidente. Su mente… no, su cuerpo lo pedía cada vez que rozaba esa piel suave y caliente, cada vez que limpiaba su sangre impetuosa y orgullosa. Nunca Yamcha le había provocado esas sensaciones… ni aun queriéndolo.

-él… él me gusta- murmuro.

Aceptación del hecho innegable. Ella estaba interesada en Vegeta.

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(*) Mis disculpas a los matemáticos del mundo. No domino nada de su área y ni siquiera sé si lo que he escrito es coherente.-