Disclaimer: Ningún personaje me pertenece.

1º Pido disculpas por tardar tanto en actualizar. La idea rondaba en mi cabeza hace bastante pero me he entretenido en otros proyectos.

2º gracias por leer y gracias a quienes comentaron, me animan a seguir.

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Abrió y cerró sus dedos distraída. Un gesto extraño en inconsciente… o no tanto. Así había estado toda la bendita noche. Podía sentir aún los gruesos dedos del hombre entre los sujos, como suavemente los había separado. La textura de su piel y el calor de la misma. No había podido sacarlos de su cabeza.

Su madre la miró atenta. Una sonrisa cómplice se dibujaba en su alegre rostro. Evidentemente Bra se hacía una idea muy diferente respecto al significado de esa expresión distraída y cansada en su hija.

-y que paso anoche…- más que preguntar, daba por hecho la rubia mujer. Porque Bra era consciente que había dejado a un Vegeta con las defensas bajas y a su enamorada hija juntos en el comedor. Literalmente arrastró a su marido lejos de allí, esperando un acercamiento entre esos dos. Si bien no era partidaria de usar el dolor como excusa para iniciar una conversación, el joven Vegeta no dejaba más alternativa. Era tan cerrado y orgulloso, que no dejaba espacios en su actitud para poder interactuar a un nivel más personal. Pero anoche se había dado la ocasión perfecta.

- ¿a que te refieres?- contestó la científica mientras sorbía café, mi miraba unas pastitas que su madre recién estaba sirviendo. Su estomago rugía y tomo una de chocolate. La gustaba el chocolate. Su sabor tan fuerte que opacaba a cualquier otro ingrediente, tan exótico que era escaso de conseguir, solo lo cultivaban en las zonas centrales y cálidas del mundo, en una región especifica, tan embriagador que nublaba los sentidos uno a uno haciéndola rendirse en un mar de sensaciones y relajante. Igual a… movió su cabeza de un lado a otro. No podía compararlo con el chocolate.

-anoche… ¿hablaste con él?- Bra incapaz de contenerse se sentó a la mesa y picara miró a su retoño. ¿Cómo una mujer tan inteligente podía ser tan distraída?

- anoche….- repitió Bulma ensimismada… Anoche…. ¿Qué había sido eso? Ella había intentado agarrar la mano del príncipe en un gesto de contención y el con delicadeza, la había hecho a un lado. La miró con una expresión que no pudo descifrar y la dejó sola, en la soledad de esa cocina, sentada en esa misma silla. Y eso fue todo. Bulma, un poco herida y desconcertada, había subido a su habitación. Ya en el pasillo que compartía con el sayajin, se había detenido por un instante frente a esa puerta. Estaba tentada a insistir nuevamente, necesitaba intentar el contacto de sus manos, pero cuando miró a su habitación sintió miedo. Le pareció que esa puerta blanca y muda era más tétrica de lo que recordaba y sin intentarlo, fue a su pieza. Allí, se había tirado en su mullida cama. No se había atrevido a hacer su jugada. Vegeta le había intimidado más con su mirada que con todos los insultos y amenazas que alguna vez le hubiere proferido.

- ¡¿anoche que querida?¡- susurro expectante Bra. Sentía que con un poco más de fuerza haría estallar el jarrón lleno de té que sostenía entre sus manos.

-no paso nada- murmuro derrotada su hija, incapaz de verla a la cara.

- ¿nada?- preguntó aturdida su madre.

-nada- confirmo la hija.

-eres una tonta- dijo la rubia, algo molesta por la oportunidad que su pequeña había desperdiciado, mientras tomaba un sorbo de la bebida caliente.

Bulma boqueó un par de veces mientras buscaba las palabras justas para contradecir a su madre. Y no las encontró. Era cierto. Fue una oportunidad única para acercarse al hombre tras los muros, y ella la había desperdiciado, con la facilidad con la que resolvía ecuaciones diferenciales de 3º grado.

Bra se levantó de la mesa y se dirigió al refrigerador, sacando un pote con frutas picadas. Si la rutina seguía como siempre, en cosa de minutos bajaría el joven Vegeta a desayunar y posteriormente iría a su cámara de gravedad. Sin embargo los minutos pasaban y el sayajin no bajaba. Algo que no cuadraba en su rutina. Era evidente que lo de la noche anterior había sido algo más que una simple baja de ánimo. Una lástima.

Bulma por su parte terminó su comida y se dirigió rauda a su laboratorio, lejos de la mirada inquisidora de su madre. No era ella la culpable de que no hubiesen hablado… fue Vegeta quien no quiso hacerlo… o al menos eso creía. Es decir… el simplemente le había soltado la mano y se había ido. Y ella no había hecho nada… o quizás ese era el problema. Que no fue capaz de sobreponerse al momento y no había hecho nada. Comenzó a trabajar en su nuevo proyecto. Necesitaba despejar su mente de esas ideas recurrentes sobre aquel hombre, y prefirió tomar nuevamente su idea de crear un traje digno de batalla. Estaba empeñada en crear una réplica de ese material tan interesante que utilizaban los guerreros de Freezer para combatir. Sería una excelente patente, además. Así absorta en sus ideas y cálculos preliminares, se la pasaron volando las horas.

-Bulma- la voz de su padre la saco de sus pensamientos.

La peli celeste se volteó a ver a su progenitor. El hombre había madrugado pues tenía una conferencia virtual en el otro lado del mundo. Se veía agotado, con grandes ojeras adornando su rostro, y el eterno cigarrillo colgando de la comisura de sus labios. Le gustaba que fuera un hombre tan inteligente. Estaba orgullosa de él, no solo como científico, si no como su hija.

- cariño- volvió a hablar el hombre- tengo las correcciones del tercer plano que me envíate ayer en la tarde, para aumentar la capacidad de la cámara de Vegeta- decía al tiempo que sacaba una capsula y la hacía estallar. En su lugar unos planos aparecieron.

-¿estaban muy malos?- rio por lo bajo Bulma. Sabía que ella jamás cometía errores en cálculos, pero su padre era el experto en las teorías. Ella solía notarlos cuando comenzaban las pruebas y la manufactura propiamente tal. Le costaba un poco abstraerse a los niveles que su padre solía hacer. No era capaz de anticipar los resultados, por lo mismo era su padre quien los revisaba exhaustivamente, por algo era el mejor físico experimental del planeta.

-no, no… estaban bastante bien, simplemente algunas fallas en relación a la densidad de la aleación de la recubierta del panel de control. Tendremos que buscar algún material que nos permita mantener los cables y circuitos eléctricos inalterables bajo esas presiones. La corriente se desvía y perdemos la capacidad de hacer correr los programas más básicos.

-ya…- dijo mientras revisaba los cálculos de su padre.

-ummm Bulma- El científico murmuró mientras acariciaba a su gato- dale tiempo…

- ¿a qué papa?- contestó ensimismada en el trabajo.

- a Vegeta… es un hombre muy cerrado… le costará abrirse por sí mismo, tendrás que esperar pacientemente que él te diga algo. Pero como hombre, y es una… ehh… opinión personal… creo que no estaría de más que le demostraras algo de preocupación… aunque sientas que estás hablando con una pared. Tarde o temprano…. Él notara que tu interés es sincero, y ya verás como logras sacarlo de su caparazón. Pero creo que eres tú la que debe dar el primer paso.

Bulma miró con unos ojos gigantes a su padre. Nunca esperó que él le diera alguna clase de consejo. Jamás lo había hecho en sus años de adolecente ni en su relación con Yamsha… y tampoco esperaba ser tan evidente sobre lo que sentía, como para que él, el hombre más distraído del planeta lo notara. Un sonrojo potente comenzó a asomarse en sus pálidas mejillas, mientras su padre le sonreía y sin más se daba la media vuelta, para salir del laboratorio, acariciando al gato, quien ronroneaba gustoso en su hombro.

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- ¿le dijiste?- su mujer le servía un suculento desayuno, mientras el hombre apagaba un cigarrillo a medio consumir.

-¿lo que tú me dijiste? Si, se lo dije- contesto el hombre, relamiéndose los bigotes de forma anticipada por el plato que su mujer le servía, mientras Tama bajaba y se colocaba muy cómodo al costado del plato, esperando su parte.

- aun así….- continuó luego de comer un par de mordiscos de esa deliciosa tarta de frutas- no entiendo tu punto.

-Oh bueno…- respondió la mujer al tiempo que se sentaba a su lado- lo que pasa es que Bulma está acostumbrada a ser la mujer perseguida. Se sabe bella y rica, los hombres la hostigan constantemente. Es obvio que no se decida a dar el primer paso. Es más, para ella es natural ser quien reciba los agasajos y se deje conquistar. Toda una mujer dispuesta a elegir a su mejor partido, no a ganarlo.

- ¿y Vegeta?

- pues él- continuó la mujer con un tono catedrático- es un hombre demasiado atormentado. Me cuesta descífralo, pero por lo que tú mismo me has contado y lo que he podido ver yo, me da la impresión que no ha tratado a mujeres delicadas en su vida. Simplemente ha tratado con guerreras y sirvientas. Siento que lo que respeta en Bulma es su carácter fuerte y su arrogancia. Si ella está decidida a conquistarlo, tomando nuevamente esa actitud fémina y delicada… lo más probable es que él se vaya a otro lado.

- mmmmm- su marido la miraba como si fuera la primera vez en su vida que la veía. No terminaba de convencerse que existieran personas capaces de entender a otras con solo mirarlas. Bueno tal vez era lo que le gustaba de su mujer. Que tuviera una inteligencia muy distinta a la que él mismo ostentaba.

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La hora de la cena se presentó distinta. Como hace muchos días, solo los Brief estaban en la mesa. No había rastro del príncipe moreno.

Bulma miró de soslayo la silla vacía. No había notado lo mucho que se había acostumbrado a esa presencia hasta que esta no estaba. Su madre parecía notar sus pensamientos, pero no estaba dispuesta a intervenir. Necesitaba ver que tan preocupada estaba la joven Brief.

La comida transcurrió lenta y silenciosa. La terminar, su padre le levantó y decidió ir al invernadero, pues en la mañana había descuidado a sus queridos animales. Dejo a ambas mujeres solas, consiente que su esposa tenía mucho que sonsacar.

- y bien….- preguntó la rubia.

- Vegeta no bajó- respondió su hija. Su nombre broto lento de sus labios.

- no está en casa cariño.

Bulma levantó la vista aterrada. ¿Se había ido? ¿Vegeta se había marchado sin decirle nada? ¿Así de simple? Por un instante sintió como su corazón comenzaba a latir más y más lento. Se sentía en medio de una escena que no le correspondía. Podía notar cada átomo de su cuerpo fuera de lugar.

-se… se fue…- musitó, tratando de convencerse a ella misma de ese hecho.

- va a volver linda- respondía su madre liviana como siempre. Bulma la miró consternada. ¿Cómo podía ella tener esa seguridad? Su madre pareció adivinar sus pensamientos y sonrió.

-él ha dejado sus cosas. Es evidente que va a volver, mal que mal… este es su hogar ¿no?

Hogar…. ¿era acaso ese sayajin mercenario y sanguinario capaz de reconocer algo como un hogar? ¿Era capaz de entender que se había ganado algo del cariño de la gente que lo rodeaba? Bulma parecía no poder comprender aún lo que su madre le decía. Simplemente no era capaz de saber exactamente lo que ocurría.

- Mi amor… - su madre tomó su mano con suavidad, en un gesto tan impropio como maternal- debes comprender que Vegeta es un hombre libre. Si lo vas a amar, debes amarlo con su libertad. Aunque te duela, por que el amar lo entrega todo…

- pero… se fue de mi lado- murmuró la peli celeste sin comprender lo que su madre le decía. Solo sentía el enorme vacío que comenzaba a rodearla.

- y si vuelve, sabrás que lo ha hecho por que ha querido, no porque lo has obligado. Y eso solo será una muestra de que te has ganado un lugar en su frio corazón- susurro Bra, mientras apretaba sus dedos alrededor de la mano delicada y temblorosa de su hija.

Volver por voluntad propia. ¿Vegeta lo haría?

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Bulma volvía a examinar el resultado del analizas de las muestras atómicas. Podía detectar estructuras y moléculas complejas en ese pedazo de tela. Los resultados arrojaban que solo había un compuesto desconocido. Evidentemente, un material imposible de identificar, y el resto eran compuesto que estaban presentes en la tierra. Suspiró cansada.

¿Cómo era posible que la mejor computadora de toda la tierra no fuera capaz de descifrar que diablos era ese compuesto? ¿No arrojaba ni una sola pista?... estaba de pésimo humor.

Llevaba casi una semana tratando de recrear el maldito traje, y todo había sido en vano.

- es más fácil crear oro de la nada que reconstruir esta estupidez- murmuro furiosa, mientras descargaba toda su frustración arrojando el traje hecho jirones lejos.

- te lo advertí- contestó una voz risueña y ronca a sus espaldas. Bulma quedó de piedra. Se volteó rápido y se encontró al príncipe de los sayajines mirándola divertido, desde la entrada del laboratorio. Estaba a unos 6 metros… y la había escuchado.

- co.. como…- murmuró

El joven, que parecía de bastante buen humor se acerco con esa sonrisa altanera y orgullosa a la mujer terrícola.

- tengo un excelente oído- respondió mientras miraba el ordenador con bastante curiosidad. Bulma lo miraba asombrada. Tal como su madre le había dicho, el joven había regresado sin que nadie lo pidiera. Su cuerpo estaba lleno de magulladuras y heridas a medio curar. Su piel estaba algo más morena, quizás debido a la exposición constante a la intemperie, y su ropa… que hablar. Con suerte el pantalón había sobrevivido. Y de milagro.

El hombre actuaba con tanta naturalidad… como si jamás hubiera desaparecido durante una semana sin dar explicaciones y sin avisar que se encontraba bien. Bulma suspiró. En realidad él era libre de hacer lo que quisiera, era un adulto. Además era evidente que nada o nadie en esta tierra le podrían hacer daño… a excepción de Goku, pero a este poco y nada le importaba acabar con la vida de su "amigo". Es más, ella debería haberse preocupado por el resto de los seres vivos que estuvieron en contacto con él.

Sin embargo las preguntas se atoraban en su garganta, no se atrevía a preguntar que había hecho, que había pasado por su cabeza aquella noche. Se moría de ganas de saber por qué se había ido…. Y mataría por saber la real razón por la que había vuelto.

Sin embargo las palabras y las emociones morían en su pecho. Su padre le había dicho que debía ser ella quien tomara la iniciativa. Pero le aterraba… ¿Qué clase de mujer le gustaría a ese hombre? Suspiró.

- estas herido- murmuró con timidez. Vegeta se volteó hacia ella, quedando a solo centímetro de su cuerpo. Nuevamente la cercanía… hacía una semana que no sentía esa presencia en su hogar, y solo ahora era consciente del peligro al que se enfrentaba. Estaba expuesta a embriagarse con ese aroma a tierra, sangre y misterio. Se suponía que ese hombre había estado a la intemperie entrenando y sudando. Pero no había rastro de mal olor. Un descubrimiento interesante, que más adelante investigaría. Bulma podía sentir su aroma, su aliento y el calor que irradiaba ese cuerpo tan masculino. Temblorosa, acerco lenta pero decididamente sus dedos a una herida notablemente más reciente y grande en el hombro del joven. Pudo notar como Vegeta se tensaba un poco, pero no hizo el más mínimo gesto por detenerla o alejarse.

Los dedos de Bulma se deslizaron por el brazo, hasta apoyarse en el nacimiento del musculo pectoral mayor (n. de la a. Es decir debajo de la clavícula XD).

Podía sentir el poder de esos músculos de acero, los sentía subir y bajar algo irregulares por su respiración. Solo eso denotaba cierto nerviosismo por parte del dueño de aquel cuerpo. Su piel estaba ardiendo. Y no sabía si era debido a su calor natural o a algo más.

No supo cuanto rato estuvo así, apoyada en ese pecho deleitándose de las sensaciones, cuando Vegeta pareció romper el embrujo en el que ambos habían caído inconscientemente.

-¿Qué dice ahí?- preguntó mientras señalaba la pantalla llena de gráficos multicolores.

Bulma retiró la mano rauda y fingió poner atención a lo que el príncipe señalaba, mientras su cuerpo pedía más cercanía al del hombre.

-es el resultado de un espectrómetro de masa, que trata de identificar de que está compuesto el traje. Así, podre trabajar de forma más fácil con las moléculas y re crearlo no debería suponer problemas.

-ah…-

- no crees que ya deberías aprender a leer… digo. No siempre estaré para responder tus preguntas en este planeta- Bulma sentía que las palabras salían atropelladamente de su boca. Solo sentía la necesidad imperiosa de llenar el silencio que amenazaba con cernirse sobre ellos. Un silencio que amenazaba no ser incomodo ni molesto, solo que con él, era algo más evidente que entre ellos existía un nuevo ingrediente. Bulma lo había notado. Entre ella y Vegeta existía una especie de tensión… algo que no podía definir aún.

- y para que, si ya es casi una lengua muerta- respondió divertido el hombre, mientras cruzaba sus brazos en el pecho y miraba a la mujer con altanería. Esa sonrisa media retorcida y algo sugerente.

-¿de qué estás hablando?- respondió la mujer molesta, mientras apoyaba sus manos en las caderas y acercaba su torso al cuerpo del hombre

- de que cuando YO derrote a esos androides, DESTRUIRE este planeta y a TODOS sus habitantes-

-NO SEAS ESTUPIDO!- gritó Bulma dejando salir toda la tensión que su cuerpo sentía- ES OVIO QUE GOKU TE DERROTARA Y TENDRAS QUE IRTE MUY LEJOS DE ACA MONO RETROGRADO!

Vegeta sonrió y, dando media vuelta, se retiró por donde había llegado. Estaba muerto de hambre, lo primero que haría sería comer, por lo cual era más que conveniente hacerse ver por la mujer rubia y luego descansaría. Mientras subía las escaleras no pudo dejar de pensar en lo que había extrañado el ambiente que se respiraba en aquel extraño lugar.

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Bra sonreía feliz. Desde hacía días que no se respiraba tanta vida en su hogar. Bulma y Vegeta discutiendo por cualquier cosa, su marido acariciando al gato, que con la llegada de Vegeta parecía que se había sobre revolucionado y solo quería acercarse al regazo del príncipe y ella misma, disfrutaba de la compañía del muchacho. Porque Vegeta había vuelto y por que parecía decidido a interactuar algo más de lo que hacía antes con su hija.

Para ella era evidente que algo había cambiado en el joven moreno, y aunque no sabía que era, estaba alegre por ello. Ahora solo habría que empujar a la testaruda de su hija y esperar, con las plegarías a Kami-sama en los labios, que su idea sobre la relación compleja de su hija y Vegeta no estuviera errada… de lo contrario, habría un gran corazón roto.