Ninguno de los personajes me pertenecen, no pretendo lucrar con ellos ni dad por el estilo, solo deseo hacer feliz a quienes leen estrás locuras.
1.- Disculpen la demora, varias cosas en la vida real me han imposibilitado escribir tanto como quisiera, pero bueno, es lo que hay.
2.- Espero les guste, el siguiente capítulo ha sido pensado en todos quienes son sorprendimos gratamente con Vegeta en la película (no por el tema del "bingo…" evidentemente, si no por eso de "mi Bulma XD"
3.- Ehhhh como leyeron en el punto dos lo comencé a escribir después de ver la batalla de los dioses, y después espere la resurrección de F…. y termine viendo toda la saga Z Kai (la primera y la saga de Boo)…. Por lo que me demore muchos meses…. Pero es que a medida que escribo, más complejo me parece Vegeta y debo conocerlo para escribir
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-Pero qué diablos- murmuro bajito, apoyada en el espectrómetro de masa, con la cara aplastada contra el aparato provocando que su propia respiración empañara el vidrio.
Desde el regreso de Vegeta, las cosas se habían sucedido un poco menos amigables de lo que ella esperaba. No porque el príncipe lo hiciera complicado ni nada por el estilo, sino más bien porque la misma Bulma se encontraba extremadamente confundida.
Vegeta era un hombre cruel y despiadado, y aun así le gustaba. Era el hombre que había jurado terminar con sus amigos y su planeta, y aun así le gustaba. Vegeta se había ido de su lado, y había vuelto sin que nadie lo llamara. Y ella se alegraba de tenerlo a su lado. Aunque fuera peligroso, molesto, gruñón y solitario. Por más que le gritara, la mandara o la despreciaba, todo valía la pena, por los momentos en que juntos se sentaban y hablaban o simplemente se acompañaban. Odiaba no poder descubrir los misterios de ese guerrero orgulloso, pero a la vez agradecía encontrar un desafío a su intelecto. Un hombre inteligente a más no poder, calculador, maquiavélico y despiadado. Y aun así le gustaba.
A pesar de todas sus dudas existenciales, se sentía contenta y terriblemente animada, como si su cuerpo estuviera lleno de energía a tal punto que si no era capaz de sacarla de alguna forma, ojala productiva, todo saldría muy mal. Y el hecho de que Vegeta no estuviera en un ritmo de entrenamiento tan frenético como usualmente llevaba, la destrucción de robots había disminuido considerablemente (un 67.59% según las cifras de su padre), no le ayudaba en nada. Por lo mismo el proyecto de su traje nuevo de batalla, el cual debía ser azul a petición del joven de negros cabellos, estaba ocupando gran parte de sus días.
Y aún no era capaz de descifrar el que componía la última molécula. Es decir era solo un porcentaje mínimo del traje, pero no le gustaba dejar nada fuera de orden. Sin siquiera una pista de que lo componía, no podía por ende buscar la forma de reemplazarla y eso se traducía en horas de frustraciones descargadas con el príncipe quien sonreía de medio lado y con un frio "te lo dije" la dejaba rabiar tranquila.
Su padre, el sr. Brief en cambio, mucho más practico le sugirió amablemente comprobar que resultaba de mezclar todo sin ese elemento misterioso y tratar de reemplazarlo con algo de algodón.
Pero para ella no se trataba simplemente de descubrirlo. Sentía de verdad que tenía mucha energía, se sentía totalmente exaltada, tratando por todos los medios de hacer algo útil. Necesitaba agotarse.
Por su parte Vegeta, contrario a lo que Bulma pensaba no había disminuido su entrenamiento, si no que había reanudado el mismo con una gravedad de 180 veces la de la atierra. Y el sujeto en cuestión apenas podía respirar. Tratar de explicar el cómo sentía que el aire en sus pulmones quería salir y no poder hacerlo porque realmente era una cuestión casi imposible mover los músculos intercostales para expulsarlo, tratar de adivinar como su corazón intentaba bombear litros de su sangre que, por falta de oxígeno se encontraba espesa y saturada… en estos instantes ser Vegeta no era nada bueno.
Pero dejemos al sayajin por momentos entrenando, y volvamos donde la bella Bulma que seguía trabajando.
- La textura es bastante similar- murmuró mientras acariciaba la tela nueva. Era posible, como las teorías de su padre señalaban que ese compuesto fuera efectivamente residuo vegetal de alguna especie diversa de algún lejano planeta.
Suspiro y ordeno a la maquina crear varios metros de la tela. Fue cosa de dos horas tener un traje del tamaño adecuado y con orgullo lo tomo entre sus manos, con una sonrisa sincera, pensó que sería una muy agradable sorpresa para el príncipe.
Cuando llego a la cámara, su corazón saltaba en su pecho como si quisiera salir con una energía potente y desconocida. Definitivamente jamás Yamcha le había causado algo así.
Tecleo la contraseña en el panel de acceso de la cámara, lo cual le permitía desactivar todas las funciones y así evitar ser aplastada o dañada por algún laser. Espero que la luz sobe la puerta cambiara a verde, el ultimo signo de que el interior era seguro para ella y entro.
Ahí la sonrisa se congelo en sus labios, su corazón se detuvo y toda la energía sobrante pareció desvanecerse- Bulma sintió como la fuerza hacia abandono total de su cuerpo, sus rodillas temblaban y los dedos de sus manos dejaron caer la tela que con tanto esfuerzo y cariño había creado.
Sus labios intentaban pronunciar en nombre de Vegeta pero de ellos nada salían.
Frente a ella, el joven sayajin se encontraba tirado en una forma algo grotesca en medio del lugar. De su nariz, boca y oídos emanaban unas líneas de lo que evidentemente era sangre. Ella comenzó con un esfuerzo sobrehumano a acercarse, con un miedo enorme a encontrar a ese excepcional hombre muerto. Apoyo una mano en su espalda, la otra en el hombro y lo volteo. Debajo de donde estaba su cabeza un gran charco de fluido rojo, indicaba que llevaba un buen rato en ese estado. Puso su mano en su pecho. No sentía nada. Bulma sentía que su mundo comenzaba a remecerse, pero su parte científica la obligo a clamarse. Acerco su oído a la boca del príncipe y pudo sentir un suave cosquilleo, aun respiraba.
Se levantó con una rapidez impensada para una mujer como ella y apretó un botón rojo, que indicaba una emergencia. A los pocos instantes, unos robots y su padre transportaban al joven a uno de los hangares de la corporación. Ahí habían improvisado una especie de enfermería con una serie de maquinarias que se encargarían de medir los niveles del muchacho, escanearlos y estabilizarlo.
Una vez que comprobaron que su estado no era crítico, lo trasladaron a una habitación en la mansión, mientras su padre enviaba los resultados a un médico amigo, muy discreto, quien sugeriría el método a seguir.
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Vegeta abrió los ojos. Nuevamente estaba en esa habitación que era usada como enfermería. El joven con algo más de esfuerzo del que reconocería volteó su rostro hacia donde sabía que se encontraría la mujer.
No era primera vez que terminaba ahí, y tampoco era la primera vez que esa hembra humana se empeñaba en cuidarlo. La primera vez cuando la cámara había estallado, le había causado una rabia y humillación terrible saber que era tan débil para que esa mujer velara por su sueño. Luego de unas cuantas veces, sabía muy bien que era obstinada y testaruda, por lo que cualquier cosa que le digiera, harían que ella se empeñara aún más en quedarse ahí y aplicar una serie de pomadas y pincharlo por todos lados. Gruño por lo bajo. La medicina terrestre era obsoleta. Quizás debería hablar con el padre de la terrícola, para desarrollar una especie de cámara de regeneración como las que se encontraban en las naves de Freezer.
Vegeta suspiró. Volvió a mirar ese techo con una curiosidad que en realidad no existía y comenzó a divagar. Cuantos recuerdos en enfermerías…. Muchos de hecho, desde el momento en que había sido entregado a Freezer, lo habían obligado a purgar planetas. Al principio llegaba mal herido después de cada misión. En la medida que ganaba experiencia, llegaba a esos recintos por heridas muy distintas. El Príncipe de los Sayajins no era el mejor compañero de batallas y era muy común que buscara pleitos con cualquiera que se cruzara en su camino. No fue mucho tiempo después cuando su comportamiento lo puso en la mira del lagarto. Desde el día que el demonio del frio se encapricho con él, las palizas solían ser tan constantes y terribles, que los médicos solían apostar si sobreviviría o bien las secuelas que dejarían aquellos ataques. Claro que jamás suponían que esas palizas eran intencionales. Muy pocos médicos conocían la capacidad de su raza de hacerse más fuerte cada vez que se recibían gran daño en batalla. Claro que los pocos médicos que lo sabían habían sido "casualmente" eliminados. De haber sabido Freezer ese detalle, lo más probable es que jamás lo hubieren mandado a misiones otra vez.
Otro suspiro salió de su pecho, no tanto por sus recuerdos, más bien porque el oxígeno que era entregado a su cuerpo por la máscara que tenía en su cara, poco a poco era asimilado por su organismo.
Los recuerdos de tantos mundos purgados, tantos muertos… no lo asustaba, pero si lo perturbaban. Era en ese momento, cuando su cuerpo se recuperaba que estaba más vulnerable que nunca, lo sabía por experiencia. Muchas veces era en esos instantes cuando intentaban acabar con él. Tantos enemigos… demasiados. Técnicamente todos quienes no fueran sayajin lo odiaban. Eso dejaba solo a dos miembros del ejército del lagarto fuera de la lista de posibles homicidas. Vegeta intentó reír. Vaya fama la que tenía. Pero ahora estaba ahí relajado y pensando. Su parte racional y estratega le gritaba que debía mantearse alerta, pero otra parte de él, una nueva y algo molesta le decía que esa mujer y su extraña familia no aprovecharían de matarlo.
Bulma se había despertado con el primer suspiro. Disimuladamente había abierto sus ojos, y solo lo observaba.
Vegeta parecía demasiado concentrado en el techo blanco de la habitación. Bulma podía sentir como de ese hombre emanaban pensamientos lúgubres. Se le hacía imposible imaginar todo lo que había tenido que vivir. Sin embargo ella había visto el escáner tridimensional de ese cuerpo aparentemente en buen estado y eran imágenes altamente reveladoras. Bulma había encontrado rastros de fracturas múltiples, como si cada hueso hubiese sido desquebrajado en todas las partes que fueren posible y luego las hubieren vuelto a unir. Podía ver como las cabezas de sus huesos largos habían sido tiradas, como si alguien hubiese estirado a Vegeta en alguna cama de tortura. Podía ver como las vértebras habían sigo giradas, tratando de quebrar ese cuello fibroso. Todo su esqueleto era vestigio vivo de la crueldad de su pasado. Los exámenes de sangres habían resultado aún más perturbadores. El amigo de su padre había escrito en su correo, junto con las instrucciones de tratamiento una posdata muy interesante. Básicamente el medico señalaba que el daño hepático y renal acumulado revelaba una ingesta de venenos de diversos espectros de forma continua. También mencionó que en los huesos había notado rastros alarmantes de metales pesados en dosis que eran letales para cualquier humano y que probablemente en su momento habían causado molestias desagradables y dolorosas.
También respetuosamente sugería que fuese quien fuese el individuo era un milagro que hubiese llegado a la edad adulta pues los signos de maltrato habían comenzado cerca de los cuatro años, con heridas que no se podían explicar con un entrenamiento marcial.
Y eso a la hermosa científica le rompía el corazón. Había adivinado el dolor y la soledad en esos ojos, pero nunca habría imaginado que en realidad había una razón para tal desconfianza y rencor. Ella jamás había sufrido, no a nivel físico y emocionalmente tenía amigos y una familia que la amaban. Ese hombre tirado en esa cama no. Recordó nuevamente como su padre le decía que él era un príncipe sin trono. Bulma no podía imaginarse que tan terrible y solitario era eso. Vegeta literalmente no tenía nada más que su orgullo.
Vegeta bufó molesto. No eran momentos para mirar su pasado. Ahora debía estar entrenando para ser un súper sayajin, como Kakarotto… como el extraño muchacho del futuro.
Intento incorporarse, pero una mano suave y delicada se posó en su hombro.
Ahí estaba la mujer. Ella lo miraba con sus enormes ojos azul cielo, con algunas lágrimas en sus ojos. Vegeta arranco la máscara de oxígeno e intentó gritarle, como cada vez que ella lo cuidaba, que lo dejara en paz, pues debía entrenar. Pero algo interrumpió el hilo de sus pensamientos.
En ese momento la mujer se sentó al borde de su cama y lo abrazo.
- lo siento- murmuro
- sientes que cosa- gruño algo incómodo el hombre. El perfume florar de la mujer lo perturbaba. Los sayajins tienen un excelente olfato. Podía sentir el cuerpo tibio y suave de la mujer apoyado en su pecho, sentía las vibraciones de ese pecho con cada respiro, sentía los latidos rápidos del corazón de la mujer ¿o eran los suyos propios?
-siento todo lo que has vivido en el espacio… yo…- Bulma intentó continuar, pero no pudo. Y sin más se puso a llorar por cada instante de la vida de ese hombre donde él no había llorado.
