58

Sakura galopaba sin descanso.

Durante un buen rato no paró, hasta que la yegua, cansada, aminoró la marcha.

En la oscuridad del valle donde estaba, se sentó en el suelo y, mientras pensaba en Sasuke, miraba las estrellas.

Una lágrima escapó de sus ojos al pensar en él. Y mirando el anillo que le había regalado y que llevaba puesto, lo besó y murmuró:

—Papá, lo he intentado, pero no ha sido posible. Yo no soy su amor.

Mientras pensaba hacia adónde dirigirse, descartó la idea de volver a Caerlaverock o ir a Glasgow. Serían los primeros sitios donde Sasuke, en caso de que la buscase, iría. Y dispuesta a alejarse lo máximo que pudiera de él, pensó en Newcastle, allí nadie la buscaría.

Cuando se levantó para proseguir su marcha, una voz preguntó:

—¿Paseando por el bosque otra vez?

Al volverse, Sakura se encontró con Kakashi Hatake y sonrió. Éste, bajándose del caballo, se acercó a ella y dijo:

—Creo que Utakata Maitland aún sigue tirado en el camino.

—Se lo merece sin duda —afirmó Sakura.

Eso los hizo reír a los dos y Kakashi añadió:

—Además de bonita y tentadora, eres peligrosa.

De nuevo Sakura sonrió y Kakashi, acercándose a ella, inquirió:

—¿Qué vuelve a hacer una mujer tan bonita como tú sola de noche?

—Dando un paseo.

Convencido de que mentía, contestó:

—Sakura, no deberías alejarte tanto del campamento. —Y al ver que no respondía, susurró—: No me digas que estás huyendo de Sasuke Uchiha.

Pensó en mentirle, pero ya daba igual, por lo que asintió. Kakashi, tras soltar una risotada excesivamente escandalosa, exclamó:

—¿Te has vuelto loca?

Molesta respondió:

—Vamos a ver, Kakashi. ¿Desde cuándo yo te cuento a ti mis planes?

—Sasuke te buscará.

—Lo dudo, lo he dejado muy feliz escuchando cantar a Yamanaka.

Él volvió a sonreír y auguró:

—Sasuke te encontrará.

—Sus últimas palabras fueron que me alejara de él.

Durante un rato hablaron sobre lo ocurrido en la fiesta y Kakashi le dio su opinión. Lo que le decía era lo mismo que Tsunade le había dicho, y cuando Sakura se cansó de escuchar, lo cortó:

—Basta, Kakashi. No quiero oír nada más. Lo mío con Sasuke se acabó.

Él, acercándose un poco más a ella, susurró:

—¿Sabes?, a mí me encantan las mujeres.

—Lo sé. Sasuke me lo dijo.

—¿Te lo dijo?

—Sí, e incluso me dijo que te habías fijado en mí.

—Muy observador tu marido.

—Para lo que quiere —se mofó molesta.

Sin apartar la mirada de ella, Kakashi asintió y cuando vio que Sakura miraba las estrellas, dijo:

—Ahora que estamos aquí tú y yo, y que me juras y perjuras que lo tuyo con Sasuke se ha acabado, quiero que sepas que me pareces una mujer preciosa, una mujer tentadora y...

—Kakashi Hatake —lo interrumpió ella—, si no quieres tener problemas conmigo como los ha tenido Utakata Maitland, contén tu lengua.

Él soltó una carcajada y, con comicidad, cuchicheó:

—Sakura... ¡me asustas!

Aquel tono de voz tan bajo a Sakura no le gustó y cuando fue a desenvainar la espada, él la agarró y, atándole las manos con una rapidez que a ella la dejó sin habla, dijo:

—No, preciosa, no. No me vas a atacar.

—Maldita sea, Kakashi, ¡suéltame!

—No.

Enfadada, siseó:

—¡Cuando se entere Sasuke te matará!

—¿Y cómo se va a enterar si acabas de decir que no te va a buscar? —preguntó divertido.

Enfadada por haber sido sincera con él, masculló:

—Debí dejarte morir aquel día ante los lobos.

—Cierto. Debiste.

Tras atar su yegua a su caballo, Kakashi subió a Sakura y, cuando él se montó también y ella intentó golpearlo, sujetándola de nuevo, le expuso:

—Tienes dos alternativas, preciosa Sakura: ir con dignidad sobre el caballo o ir sin dignidad boca abajo. ¡Tú decides!

—No te atreverás.

Kakashi asintió con gesto malicioso y Sakura bisbiseó:

—Cuando me sueltes, ¡juro que te mataré!

—Vuelves a asustarme, preciosa Sakura.

Divertido y sin preocuparle los improperios que salían de la boca de ella, se lanzó al galope. Aquella mujer le gustaba y debía emprender la marcha cuanto antes.