Capítulo 3

TEMARI

—¿Sigues yendo a las reuniones en la universidad cariño?

—Sí, papá.

—¿Sigues comiendo bien? ¿Sigues yendo a las citas con el doctor Lund?

—¡Papá! ¡No he faltado a ninguna cita! Ni una en años. ¿Podemos dejar de hablar de este tema cada vez que me llamas? —gruño.

Mi padre está en silencio un momento, después habla con calma.

—Tema, es tu último año. Entraste a este equipo universitario de animadoras, lo cual sabes que fue un detonante para ti, y la presión simplemente se está volviendo más intensa académicamente. Y desde que Daisy murió... —Cada musculo en mi cuerpo se tensa inmediatamente—. Bueno, no puedes culparnos a mamá y a mí por preocuparnos sobre cómo lo estás llevando.

Suspirando, me pellizco el puente de mi nariz entre mi dedo y el pulgar.

—Lo sé. Pero estoy bien papá, lo prometo.

—Está bien, cariño. —La línea queda en silencio y mi padre susurra—: Estoy muy orgulloso de ti. Que hayas salido, peleado contra todos tus miedos, y retomado tu vida. Solo deseo que lo entiendas.

Mi garganta se obstruye mientras escucho la fuerza de la emoción proveniente de mi padre. No lo he oído así desde el día que dejé el hospital.

—Lo entiendo, papá. Tienes a tus pacientes para preocuparte por ellos. Ellos son más importantes que verme animar.

Resopla una pequeña risa.

—Son importantes, cariño. Pero no creo estar tan feliz como cuando te veo animar. Tienes esa mirada en tu rostro, la que me dice que tu alma es feliz. Ha pasado mucho tiempo desde que no te he visto así.

—Lo sé —dije suavemente.

—Llámanos pronto. Y recuerda, estamos siempre aquí si tienes un día malo.

—Está bien. Dile a mamá que la quiero.

—Se fuerte, cariño.

Con eso, cuelga, y minutos después, sigo sosteniendo mi celular. La que me dice que tu alma es feliz. No me había dado cuenta que papá pensara de ese modo. Pero entonces otra vez, no me importaba mucho nadie o nada cuando la voz me tenía en sus garras. Cuando mis días se trataban de contar los gramos de grasa y negarme mi propia comida... acerca de esforzarme por la perfección, perfección delgada y maravillosa. Era todo sobre mí. Era todo sobre comida.

No era envidiosa; la terapia me enseñó eso. Estaba enferma y no podía ver más allá de mi meta... mí... desorden.

Odiaba pensar sobre ese momento. Es difícil recordar cómo se sentía, no por la culpa, sino porque podría estar tentada de regresar. Esa tentación siempre estaría ahí. Siempre habrá la posibilidad de caer de nuevo. Pero he llegado muy lejos y era demasiado doloroso pensar en la pequeña niña rota que era en ese entonces.

Me dejo caer en mí cama negra acolchada, y miro fijamente los patrones en el techo de mi habitación de la fraternidad, después mi calendario en la pared.

Han pasado cerca de mil días.

Cuatro años hoy.

Cuatro años, este mismo día, dijeron que estaba curada, y mis padres me dieron permiso para ir a la universidad. Local, obviamente. No había forma de que ellos me dejaran mudarme a otro estado donde no podrían intervenir si recaía.

Curada. Una palabra extraña. Sabía que no estaba curada, al menos no realmente. Peleaba diariamente, cada hora contra la necesidad de regresar a ese tiempo. Aún consideraba a la comida como mi enemigo; mis amigos eran el ejercicio extremo e inanición. Pero no regresaría. No podía. Era más fuerte. Renovada. Tenía nuevos amigos, amigos que no sabían nada de mí pasado problemático. Tenía una vida de nuevo y no me rendiría. Tenía que seguir adelante, no retractarme, no rendirme.

«Temari, has subido de peso...», interrumpió la voz que peleaba tan duro en sofocar, un eco que me atormentaba en los rincones de mi mente. «Tus caderas están más amplias... Tienes celulitis en tus muslos. Sabes cómo mejorar. Solo déjame entrar, ríndete ante mí...».

Él nunca me dejó. Siempre estaba ahí, esperando el momento ideal para abalanzarse. Esperando a que me debilitara lo suficiente para lo dejara tomar el control.

Sacudiendo mi cabeza, lo empujo de regreso a su cueva. No escapará de nuevo. Si lo hiciera, finalmente él ganaría, y yo no podría seguir adelante. Conseguiría finalmente matarme.

Un golpe suena en mi puerta, y se abre de golpe, sacándome de mis oscuros pensamientos. Karin, mi mejor amiga pelirroja de Texas, la chica que hablaba sin filtro. El dicho es cierto: Todo es más grande en Texas, incluyendo a Karin. Pero la envidio. Ella es su dueña. Lo vive. Lleva su tamaño con orgullo.

Tan pronto como la veo, me siento derecha, sonriendo ampliamente, interpretando el papel de la chica suertuda y feliz que siempre está sonriendo. La chica que se esconde detrás de su maquillaje, la chica reinventada que vino a la UA para escapar de su pasado. Esa chica inventada es la única "Tema" que mis amigos realmente han conocido.

—¡Tú, perra! ¿Cómo estás? —Karin entra en la habitación, vistiendo un pantalón con imitación de diamantes con su habitual top negro ajustado, y se desploma en mi sofá de terciopelo negro al otro lado de la habitación—. ¿Qué haces en cama a las cinco de la tarde? —Sus ojos carmín de repente se amplían—. ¡Oh mierda! ¿Te estabas frotando la lámpara hasta sacarte el genio? ¿Necesitas algo de...? —Inclina su cabeza y susurra detrás de su mano—: ¿Tiempo de Tema?

Tomando mi almohada, gruño y la lanzo contra la cabeza de Karin justo cuando levanta su dedo medio de la mano izquierda, lo rotaba como un vibrador, y lamía sus labios. La almohada le dio justo en el rostro, y frunce el ceño.

—Bien, pero no debes avergonzarte por darte a ti misma... ¡Solo decía! Lo hago al menos dos veces al día. Bueno, lo hacía hasta que Suigetsu comenzó a hacerse cargo de esa mierda por mí. ¡Dios, lo que puede hacer ese chico solo con la punta de su lengua!

—Gracias por dejármelo saber, Karin —digo secamente. Solo mueve sus cejas en respuesta.

—Entonces, ¿dónde están Konan y Sakura? —pregunto.

Konan, la chica más hermosa que he visto, cortesía de la apariencia exótica de su madre española, y Sakura, nuestra genio británica de intercambio quien acaba de llegar aquí a la UA hace unos pocos meses para obtener su master. Era hermosa debajo de esa masa de cabello rosa y gruesos gafas ñoñas. Y Sakura, la chica más callada que conozco, logró captar la atención del chico más popular en el campus, Sasuke "La Bala" Uchiha, el primo de Konan y mariscal de campo de los Tide.

—Estudiando, ¿creo? —responde Karin finalmente.

Karin se mueve en su asiento, y se asoma por la puerta entreabierta, se acerca.

—¿Qué diablos pasa con Sakura y Sasuke?

—No lo sé. Al tipo jamás le importa nadie más que sus amigos, y entonces llega Sakura y de repente siempre la está vigilando, tratando de hablar con ella.

—Tiene a los chicos hablando.

—¿Sakura te ha dicho algo sobre eso? —pregunto.

Karin me da su expresión de sí-claro.

—Nah, querida. Sabes que esa chica no habla de sus sentimientos. Pero, joder, ¡Sasuke Rome Uchiha! ¡Qué no daría por ser embestida por detrás por ese tipo!

Mis ojos se precipitaron al movimiento de la puerta.

—¡Hola, Sakura! ¡Hola, Konan!

Sakura entra tímidamente en la habitación, empujando sus gruesas gafas en su nariz. Konan la sigue detrás, frunciendo el cejo hacia Karin en reprimenda.

—¿De qué están hablando? Oí que mencionaron mi nombre —pregunta Sakura cautelosamente.

Trago y doy una mirada a Karin, quien se está acomodando en el sofá.

—Umm... —balbuceo, felizmente mi maquillaje blanco cubre el rojo rubor de mi vergüenza Karin rueda sus ojos.

—¡Estábamos hablando sobre ti empapándote por Sasuke Rome Uchiha! ¡El señor que hace que cualquier coño se vuelva una llave de agua!

Konan hizo un ruido como si fuese a vomitar.

—¡Karin! ¡Es mi primo! ¡Jesucristo! ¡El tipo es como mi maldito hermano!

Los ojos de Sakura se agrandaron detrás de sus gafas, y escupe:

—¡Maldito infierno, Karin! ¡Podrías ser más cruel!

Karin guiña.

—Está bien, estábamos hablando de como "La Bala" Uchiha la tiene bien dura por ti. —Mira a Sakura—. ¿Eso está mejor para su majestad?

Sakura ahora estaba de un rojo brillante, y Konan pone un brazo alrededor de sus hombros.

—No ha pasado nada entre nosotros —murmura Sakura. Incluso Konan parece que no cree esa excusa de declaración.

—¡Mentira! —escupe Karin.

Sakura suelta sus libros sobre mi cómoda y sus manos van a sus caderas.

—¡Karin, es suficiente!

Karin se encoge de hombros.

—Lo que digas, Sakura. Estarás montando ese tren en poco tiempo; recuerda mis palabras.

Sakura suspira y pellizca el puente de su nariz.

—¿Por qué me molesto? —susurra.

—Así como yo estoy con mi fornido vaquero SH, Sakura va a estar tirándose a Bala, Konan, bueno, ella es demasiado hermosa para permanecer soltera por mucho tiempo, así que eso solo te deja a ti, sexy Tema, mi pequeña princesa gótica —dice Karin, acercándose en el asiento.

Sakura y Konan caminan y se sientan a mi lado. Sakura mira fijamente el suelo de madera. Karin tiende a inducir ese comportamiento nervioso en nuestra tímida amiga inglesa.

—No lo creo, Karin. No estoy interesada en los chicos, gracias —le aseguro.

Karin asiente y frunce sus labios.

—Ahh... te gustan los coños, no los penes. El maquillaje, la ropa extraña, la música metal, finalmente tiene sentido.

—Karin...

—No, Tema, lo entiendo. He visto que has revisado mis tetas. Está bien. Debe haber algún coño con el que puedas follar. Lo sé, comenzaremos con el equipo femenino de futbol. Esas perras aman...

—¡Karin! ¡No soy lesbiana! ¡Solo detente!

—¡Esta bien, tranquilízate chica! No te debe avergonzar lamer los clítoris.

—¡Buen Dios! ¿Sakura, Konan, pueden hacerla entender? —digo, obviamente demasiado exasperada.

Sakura pone su mano en mi espalda, provocando que mi respiración se detenga y tense mis dientes.

Odiaba que me toquen la espalda.

Sakura encara a Karin.

—Creo que lo que simplemente está diciendo, es que aún no está lista para un novio, Karin. Déjala en paz. No es de tu incumbencia.

Karin se pone seria de pronto.

—¿Por qué Tema? Nunca has traído a un chico en todo este tiempo. Te conozco. ¿Qué está pasando?

Mi corazón provoca estruendos en mi pecho y mis palmas empiezan a sudar. La mano de Sakura se congela en mi espalda, y sé que ha sentido mi reacción. Al menos ella era la única persona reservada que era más reservada que yo; no diría nada.

—Simplemente no quiero, Karin. Dejemos esta conversación, ¿está bien?

Karin suspira y levanta sus manos pero lo deja estar cuando me muevo para revisar la hora en mi teléfono.

¡Diablos, es tarde!

Salto de la cama y agarro mi bolso.

—¿Estás bien, querida? —pregunta Konan preocupada, y asiento con un entusiasmo memorizado.

—Yo... yo... yo tengo una práctica a la que tengo que ir —balbuceo evasivamente y comienzo a buscar las llaves de mi auto alrededor de mi habitación. De hecho tenía mi sesión con el doctor Lund, mi psiquiatra, y últimamente, eran esenciales. Mis pensamientos se acercaban a territorio peligroso.

Las cejas de Konan bajan.

—El escuadrón de animadoras no tiene práctica esta noche. —Me congelo, manteniéndome de espaldas a mis amigas, y trato de inventar una excusa. Metí la pata. Konan acaba de dejar el escuadrón de animadoras para centrarse en sus estudios. Ella sabía el horario de memoria.

—Yo... yo tengo una sesión privada con Lyle. Vamos a practicar nuestros dobles. Las veo luego chicas.

Mientras salía por la puerta, Karin toma mi mano.

—¿Estás segura que estás bien, Tema? Has estado muy distraída últimamente. No estás siendo tú misma.

Dibujando mi sonrisa más falsa, asiento y adopto mi personaje de vamos a ser felices fingiendo.

—Obvio que estoy bien, Karin. Mi vida solo está siendo locamente agitada ahora. Estoy bien, corazón. Lo prometo.

Con eso huyo de mi puerta, dejando la actuación y convirtiéndome en mi yo real por un rato.