Capítulo 4
SHISUI
—Y entonces esta chica se pone de rodillas y desgarra mi cierre...
—¡Joder, Naruto, cierra tu maldita boca! —Sasuke tira las pesas que está levantando y se queda mirando a Naruto, el estudiante de primer año, segundo mariscal de campo que nos había comenzado a seguir como si fuera un maldito cachorro.
—¿Qué? No es como si tú no obtuvieras suficientes coños, Bala. Algunos de nosotros somos felices con los que deshechas. Era esa pelirroja a la que te follaste unos meses atrás. La caliente con las grandes tetas. —Levanta sus manos y las mueve alrededor de su pecho.
—Naruto, hombre, ve por dos Gatorades, ahora —le ordeno. Sacudiendo la cabeza, el estudiante de primer año con apariencia de un surfista sale corriendo hacia la sala de descanso.
Sasuke camina hacia mí, contrayendo sus puños.
—Voy a terminar matando a ese maldito niño antes de que termine el año —dice firmemente.
—Solo es joven. Fuiste así una vez.
Sasuke entonces me fulmina con la mirada, y no puedo evitar reírme.
—Nunca estuve tan malditamente desesperado —suelta—. Me refiero, ¡joder! ¿Esperando por mis sobras de zorras?
Me levanto y le doy una palmada en la espalda.
—Nunca tuviste que ser como él. Naciste siendo un imán para los coños, incluso desde niños. No hay duda de que serás reclutado este año y te casaras con una maldita supermodelo. —Una mirada extraña pasa por su rostro, pero la ignoro. Sea lo qué fuese que lo estaba carcomiendo, era su problema.
Mi celular le da un rápido alivio mientras vibra en el bolsillo de mis shorts de entrenamiento. Sacándolo, leo la pantalla:
Itachi: En el campus. En Denny Chimes. Tenemos negocios. ¿Estás cerca?
Mi corazón se hunde en mi estómago.
No puede ser. No puede ser él quien esté traficando. No me haría esto. No Itachi. ¡El hijo de puta más le vale que no me estuviese haciendo esto!
—Debo irme —le digo a Sasuke y agarro mi toalla, arrojándola sobre mi hombro.
—¿Necesitas que vaya contigo? —pregunta Sasuke tristemente.
Deteniéndome en medio, sin mirar atrás, niego.
—Nah, hombre, estoy bien.
Una mano sujeta mi brazo, y dejo salir un suspiro frustrado y miro sobre mi hombro. Sasuke me mira fijamente, con preocupación en sus ojos.
—Ōtsutsuki, no tomes jodidamente esta mierda tú solo. Yo te cubro. Itachi no va a joder tu tiempo libre con los Tide. No voy a dejar que suceda esta mierda. No a ti. No ahora que has llegado tan lejos.
Pasando mi mano sobre mi cabeza, tiro de mi brazo de regreso y me retiro.
—Sasuke, no lo hagas. Me ocuparé de ello.
Antes de que tuviese una oportunidad para discutir conmigo, escapo por la puerta al aire cálido de la noche. Echo una mirada alrededor, comienzo a correr a toda velocidad hacia el lado sur del patio. Diablos, estaba volando, necesitaba detener a mi hermano de traficar en los terrenos de la escuela.
Me tomó menos de dos minutos ver movimiento detrás de Denny Chimes, la torre grande en el patio, protegida por la sombra de los árboles. Un chico que parecía alterado me pasa a toda prisa, introduciendo un pequeño paquete blanco en sus shorts. Mantengo la cabeza abajo, para que no me reconozca, pero veo lo que ha comprado.
Coca.
Maldita cocaína.
¡Coca en el campus...! ¡Maldición! El entrenador tenía razón.
—Shisui, ahí estás, hombre. Había pensado que no ibas a aparecer.
Volé hacia adelante, listo para romper a mí hermano mayor, un idiota, cuando atrapo a alguien saliendo de las sombras.
Mi corazón acababa de dar un vuelco.
No.
¡No... no... no... no, no, no, no, no, no!
Era Izuna.
—¡Hola, Shisui! —dice Izuna, saludando, y mi estómago se retuerce hasta el punto de darme nauseas. Mi hermano menor venía pavoneándose, con un pantalón y sudadera demasiado grandes para su cuerpo adolescente y todos sus bolsillos cargados de paquetes de nieve perfectamente medidos. Él era más pálido que Itachi y yo, quien francamente, podría pasar por mi gemelo. Izuna era nuestro hermano menor... el malditamente inocente. El que aún tenía una oportunidad de mantenerse alejado del lado equivocado de la ley.
Sabía que estaba trabajando con el equipo, obviamente. Todos los hicimos de niños, pero era estar haciendo cosas como ser el vigilante en el estacionamiento de remolques o contando el dinero y juntando paquetes, pero no había jodidamente mencionado que estaba traficando.
Muevo mi barbilla en saludo, y lo acerco a mi pecho para encontrar los ojos de Itachi sobre su hombro. El rostro de Itachi se transforma y se gira. Sabía que estaba encabronado, pero, conociendo a Itachi, no le importaba una mierda.
—Lo hicimos bien esta noche, hermano. Casi tenemos lo suficiente para el siguiente tratamiento de mamá —dijo Izuna, con orgullo en su voz mientras me mira.
Cerrando mis ojos, respiro larga y profundamente.
—¿Shisui? —pregunta Izuna, y siento sus ojos enfocados en mí—. ¿Estás bien?
Abro mis ojos, lo acerco agarrando su camiseta dos tallas más grandes.
—¿Cuándo empezaste a traficar con el equipo? —siseo, y Izuna toma un jodido trago de saliva con la sangre drenándose de su rostro.
Los ojos negros de Izuna regresan a Itachi, quien camina hacia otro grupo de chicos que se dirigen hacia nosotros. Genial. ¡Más chicos de la fraternidad buscando drogarse, drogándose por mí jodido hermano... en mi campus!
Tirando a Izuna hacia atrás, nos sitúo detrás de la protección de un árbol, muy fuera de la vista. No me pueden ver traficando o incluso que me asocien con los traficantes, o sería revocada mi beca rápidamente. El decano ya sospechaba. Diablos, él nunca me quiso en esta universidad. Fue la persistencia del entrenador y las demandas de Sasuke Uchiha las que lo hicieron ceder. Nunca quiso al chico con la hoja de rap de la caravana del parque en el lado equivocado del camino.
Está mierda jugaría bien en sus manos.
Reviso si estábamos bien escondidos y sacudo a Izuna por el cuello, quien estaba ocupado mirando el terreno.
—¡Izuna! ¿Cuándo diablos te reclutaron para traficar con coca? —siseo.
—Cerca de un mes atrás —admite de mala gana.
—Un mes —digo sin creerlo.
Un maldito jodido mes.
Asiente, y tomo su cabeza entre mis manos.
—Maldición, Izuna. ¿Por qué? Te dije que nunca siguieras ese camino. Hacer las cosas fáciles para el equipo, está bien. ¡Pero no esto! Naciste siendo un receptor como yo, pero tienes que obtener las mejores calificaciones, centrarte en la escuela para llegar aquí a la UA. El equipo, Izu, ¡el maldito equipo! Kisame jamás te dejará irte. ¡No hay forma de que los dos salgamos!
Izuna se echa hacia atrás y descansa su espalda contra el árbol, con brazos cruzados sobre su pecho desafiante, frunciendo el ceño.
—Mamá está empeorando, Shisui. El seguro médico ya no paga nada. Queremos que no tenga dolor, necesitamos pagar para eso. Necesita todo el tiempo una ayuda. No ha dejado el remolque en semanas. No puede caminar sin temblar y caerse al suelo.
Los ojos de Izuna se llenan de lágrimas, y mi garganta se obstruye fuertemente ante la imagen. El niño tenía catorce años. Catorce malditos años. No debería de estar preocupándose por pagar los recibos médicos, vendiendo drogas o cuidando a mamá.
—¿Y porque mierda se me ha ocultado esto? —pregunto a través de mis dientes apretados, con mi mandíbula doliendo de la presión.
Izuna deja caer su cabeza.
—Mamá no quería que lo supieras. Dice que ya tienes suficiente con lo que preocuparte. Y sabía que no aprobarías que yo estuviese con los Heighters.
Diablos si eso no me hacía sentir como mierda.
—Mira, Shisui, tenemos que hacer dinero de alguna forma. Itachi ya no hace suficiente él solo, no ahora que hay una guerra de territorio con los Kings. Está fuera todo el maldito tiempo, tratando de obtener más billetes. Tú estás aquí, tratando de entrar al draft... lo que solo me deja a mí. Tengo que ofrecerme, cuidar el negocio, ser el hombre de la casa. Soy bueno. Los hermanos en el equipo me cuidan, especialmente Kisame. Son mi famiglia, mis hermanos.
Cristo, si sus palabras no me atraviesan. El maldito Kisame no cuida de nadie más que de él mismo.
Doy un paso adelante y golpeo a Izuna por el pecho contra el árbol.
—No son tu familia, Izu. La policía vendrá por ti y no harán ni una mierda. Yo soy tu famiglia. ¡Soy tu maldito hermano! ¡Soy tu sangre! ¡Io sono il tuo sangue!
Io sono il tuo sangue: «Yo soy tu sangre en italiano».
Los ojos de Izuna se agrandan con mi tono de enojo, y deslizo mi mano por mi cabeza, tratando de respirar realmente despacio.
—Mira, no es tu responsabilidad, Izu. Tú eres el pequeño. Eres el orgullo y alegría de mamá, joder. Itachi y yo, ella sabe cuan jodidos estamos. Tú. Tú eres su maldito favorito. ¡Hazla sentirse orgullosa! ¡Maldición! ¡Haz que se sienta orgullosa de uno de nosotros antes de que sea muy tarde, por favor!
Nada más que silencio se interpone entre nosotros hasta que Izuna susurra:
—Está muriendo, Shisui. No seré el favorito de nadie por más tiempo. No voy a hacer sentirse orgulloso a nadie. Debo de asegurarme que sus últimos días no los pase con dolor. No soporto verla gritar con agonía un día más. Tú no estás cerca. Itachi nunca está ahí. Me está matando...
Me lanzo para tomarlo en mis brazos cuando la voz fuerte de Itachi rompe el silencio.
—¡Perra, más vale que te pongas en camino si sabes lo que es jodidamente bueno para ti!
—¡Mierda! —escupo, atrapando con la mirada el Ford de la policía haciendo sus rondas en la distancia, dirigiéndose en nuestra dirección. El decano advirtió al departamento de policía del campus en las últimas semanas.
Metí mi cabeza alrededor del árbol, solo para ver a Itachi juntando algunos estudiantes contra la torre.
¡Mierda, mierda, mierda!
Las luces del auto comienzan a acercarse, y tengo que sacar al idiota de mi hermano de aquí. Y a Izuna también. La última cosa que necesita el niño es un registro y un periodo en el reformatorio.
Girándome hacia Izuna, le digo:
—Vete. Llega a la camioneta de Itachi. Yo traeré a Itachi.
Su boca se mueve para discutir, pero viendo que no iba a tomar su mierda, sale deprisa a través del patio.
Tomando una profunda respiración, salgo de detrás del árbol y voy directo hacia Itachi. Aún tenía a la chica contra el ladrillo de la torre.
—No has visto una mierda, ¿verdad? No vas a mencionar lo que viste esta noche a nadie. ¿Me estás oyendo perra? ¡Necesitas mantener jodidamente cerrada la boca! —dice a través de los dientes apretados.
—N... n... no...lo prometo...por favor...solo déjame ir...te lo ruego —La voz de la chica era floja y temblorosa, obviamente con miedo.
Tenía que detener a Itachi antes de que fuera demasiado lejos. Diablos, no iba a agregar asalto también a su lista de mal comportamiento.
Caminando detrás de Itachi agarro sus brazos y lo retuerzo.
—Vete a la mierda, Itachi —le ordeno mientras Itachi se tropezaba. Mirando sobre el hombro de Itachi, un par de grandes ojos verdes azulados levantan la vista hacia mí, y me congelo.
Diablos. Era una animadora. Con la que había hablado después del partido.
Alzo mi cabeza al cielo. Alguien realmente allá arriba jodidamente me odia.
Itachi de repente estaba en mi cara.
—La perra vio demasiado. Necesita saber que no puede hablar. ¡Tengo que solucionar esta mierda ahora! No puede haber cabos sueltos —sisea con sus manos en puños a los lados mientras la animadora parece hundir su pequeño cuerpo incluso más contra la pared, sus ojos miran a cualquier lado menos a nosotros. Está llorando, joder. Su maquillaje negro estaba en todo su pálido rostro.
—No lo hará. —Miro a la chica—. ¿Lo harás? —gruño prácticamente. Estaba congelada del miedo—. ¡Diablos, díselo!
Más agua llenó sus ojos y comenzó a negar.
—Yo... yo... yo no lo haré.
Girando a Itachi por el brazo, le digo:
—Los policías están por llegar aquí. Necesitamos sepáranos. Me aseguraré que ella no nos delate. —Itachi escupe en el suelo en sus pies antes de pasar empujándome, pero no antes de que lo tomara de nuevo por el bíceps, mi boca cerca de su oído—. Tú y yo necesitamos hablar. La has jodido, hermano, ¡Izuna traficando con el equipo, trayendo esto a mi universidad, todo! ¡No voy a permitir esta mierda!
Burlándose de mi amenaza con una risita, Itachi arranca su brazo de mi mano y se aleja en dirección al estacionamiento. Observo cómo se aleja, y los vellos de ni nuca se levantan. No tenía un buen presentimiento de esto. Como si un gran jodido presagio estuviera siguiendo a mis hermanos. Era obvio que Itachi se estaba metiendo más en el equipo, ascendiendo, acercándose a Kisame, y por la apariencia de las cosas, arrastrando a Izuna con él.
Arrastrándolo directo al infierno.
Un sonido de arrastre detrás de mí llamó mi atención.
Mierda. La chica. Casi me había olvidado de ella.
Justo cuando me giro, la atrapo en la acera, tratando de escapar. Eso es hasta que me ve observarla y se congela, como un maldito venado atrapado en las luces. Tenía que arreglar esta mierda rápido, proteger a mi familia. Sin importar el precio.
—¿Qué diablos viste? —regaño fríamente.
—N... nada, yo no vi nada... —murmura, con ojos grandes en su pequeño rostro. Debió de haber estado al menos a metro y medio de distancia.
—Estás mintiendo —digo fríamente.
—No... en realidad... —susurra. Puedo ver su pulso golpear en su cuello delgado.
¿Qué mierda estaba haciendo aquí en el patio, sola, a esta hora de la noche de todos modos? La única razón por la que Sasuke y yo estábamos tan tarde levantando pesas, era porque hacíamos sesiones extra, más que nadie más.
Empujo mi pecho sobre su cuerpo y oigo una corta inhalación de aire fuerte.
—Viste a mi hermano. ¿Qué estaba haciendo? Y jodidamente no me mientas.
Sabía que ella sabía lo que estaba sucediendo, claro, pero necesitaba que me tuviese miedo, para que no dijera ninguna mierda a sus amigos más cercanos. Tenía que asegurarme que mantuviera su boca cerrada. No podía andar esparciendo rumores por el campus.
Con la caída de sus hombros, vi la lucha irse de su cuerpo.
—Drogas. Creo que estaba vendiendo drogas —suspira derrotada—. Pero no estoy segura de que estaba vendiendo drogas.
Respirando por mi nariz, miro hacia abajo.
Maldición.
Adiós, beca.
—No se lo diré a nadie, te lo juro... solo... solo déjame ir, por favor —ruega, su suave voz se rompe con miedo. Me quedo observándola, vestida toda de ropa negra, delgada como un maldito palillo. Y era una animadora del primer equipo. La he visto en cada partido, cada maldito partido de la temporada. En casa y fuera—. Ōtsutsuki, por favor, déjame ir.
La atrapo contra la pared con mis brazos, agachándome para poner mi boca en su oído.
—Olvida lo que has visto esta noche. Si lo haces, seremos buenos, no habrá consecuencias. Pero si incluso dices una palabra de esto a alguien, y me refiero a quien sea, no te gustaran el montón de malditas mierdas que te sucederán. No tienes idea de con quién te has metido. Con gente que hará lo que sea para mantenerte callada. Y me refiero a lo que sea.
La escucho sorber por la nariz y asiente sumisamente, escuchando mi advertencia tan clara como el agua. Retirándome, cruzo mis brazos sobre mi pecho y muevo mi barbilla.
—Vete. Lárgate de aquí.
Un segundo después, la animadora comienza a correr por el patio, sus piernas vuela sobre el césped seco. Me siento como el mayor idiota que ha pisado la Tierra. Estaba petrificada por mí.
Maldita sea, ahora era un daño colateral.
Desde hace mil días.
Desde hace mil días que dejé la pandilla, construí una nueva vida para mi aquí en la UA y dejé atrás la mierda de traficar.
Y después, cerca de mil días después regresa y viene a morderme el trasero.
Frotando una mano ansiosa sobre mi frente, me encamino hacia el Dennis Chinas.
Itachi va a estar enfadado por el hecho de que ella lo había visto traficando coca, y él no es alguien que olvide.
Nunca deja testigos sin asegurarse de que no hablen. Los Heighters no toleran que alguien se meta en sus negocios, órdenes de Kisame.
Dándome cuenta de las luces de una patrulla de policía a lo lejos, observo mientras se detienen no muy lejos de donde estoy. Me congelo y contengo el aliento.
Justo cuando iba a huir, el policía sale del vehículo, desapareciendo de la vista en la esquina. Después de un minuto, reaparece, caminando con una chica de regreso a su auto... la chica delgada que podría hundirnos.
¡Maldición!
Al ver que el auto se mete en la calle, comienzo a correr detrás de él, manteniéndome en la parte oscura de la acera para seguir su rastro.
