Capítulo 5

TEMARI

Mi respiración se hace más difícil y rápida mientras corro a través del patio. Al doblar una esquina, me golpeo la espalda contra el amplio tronco de un árbol, con la cabeza cayendo hacia atrás rozando contra la áspera corteza que araña mi cuero cabelludo.

No podía correr más; mis piernas no me dejaban.

Él había estado traficando con drogas. Ese chico había estado traficando drogas tan descaradamente en el campus. El hermano de Shisui Ōtsutsuki.

Shisui Ōtsutsuki, el número ochenta y tres para Alabama Crimson Tide, uno de los receptores más prometedores de toda la SEC. Shisui Ōtsutsuki, con piercings y tatuado, el chico malo-hecho-bueno, el chico del lado equivocado de las vías... traficando drogas en el campus. Supuse que tal vez no era el chico-tan-bueno como todo el mundo pensaba.

El sonido del portazo de la puerta de un auto me hace casi saltar de mi piel.

—¿Señorita? ¿Está bien?

Mi mano da una palmada sobre mi corazón que late furiosamente, exhalo un suspiro de alivio cuando me doy cuenta de que era del departamento de policía del campus.

—Sí... sí, estoy bien. Sólo me asustó —le digo sin aliento.

El policía se arrodilló delante de mí.

—¿Señorita...? —Se detuvo, queriendo saber mi nombre.

—Sabaku No. Temari Sabaku No.

—Señorita Sabaku No, si desea acompañarme, por favor —dijo el policía y extendió su mano para que la tomara.

—¿Estoy en problemas? —le pregunto en voz baja.

Su sonrisa me tranquiliza.

—No. Sólo vamos a llevarte a casa a salvo. Una chica joven como tú no debería estar tan tarde sola.

Poniéndome de pie con las piernas temblorosas, hago lo que me pide y entro en el asiento trasero del auto, perdida en mis pensamientos mientras miro por la ventana, ignorando el silbido y el estruendo de la radio de la policía.

Cinco minutos más tarde, nos detuvimos fuera de la oficina del decano. Mi estómago al instante se llena de temor.

El oficial se gira hacia mí, con una expresión de disculpa en su rostro.

—Señorita Sabaku No, si viene conmigo, al decano le gustaría verla —dice y abre la puerta del auto.

Sabiendo que no tenía otra opción, entro en el edificio del decano y sigo al oficial directamente a la oficina. Él me estaba esperando detrás de su escritorio y me saluda con una sonrisa. Inmediatamente me siento incómoda.

—Señorita Sabaku No, por favor, tome asiento.

Hecho una mirada cautelosa alrededor de la sala lujosamente decorada. Nerviosamente me siento delante de él.

¿Cómo sabe mi nombre?

El decano toma una jarra de agua sobre la mesa y se sirve un vaso. Me mira y levanta la ceja, preguntándome si quería uno también. Niego.

—Así que, Temari, entiendo que estabas en el lado sur del patio, ¿justo ahora? Mi oficial me informó que te encontró angustiada.

Mi corazón comienza a golpear en el pecho y una gota de sudor corre hacia bajo de la nuca.

—Sí, señor, estaba en el patio.

—Y... ¿viste que algo sospechoso pasaba?

Sus ojos azules se clavan en los míos, y hago una pausa, sin saber qué hacer. ¿Debo decirle la verdad? ¿O me protejo de Shisui y su hermano?

La advertencia de Shisui sonó clara en mi cabeza.

«Si incluso dices una palabra de esto a cualquiera, y me refiero a cualquiera, no te gustará la tonelada de maldita mala mierda que encontraras en tu camino».

Antes de darme cuenta, estaba sacudiendo mi cabeza otra vez.

El decano levanta las cejas con sorpresa.

—¿No viste a algunos hombres en el patio? ¿Hombres que no pertenecían a esta escuela? —Él se inclina hacia delante—. ¿Hombres que están tratando con drogas, tal vez? ¿No fue eso por lo que corriste?

—No, señor —le respondí en voz baja, con un ligero temblor indicando mi falacia—. Simplemente no me gusta estar sola en la oscuridad. Tenía prisa por llegar a casa.

—¿Y dónde habías estado tan tarde en la noche?

Bajo los ojos avergonzada.

—El hospital... tengo que asistir a terapia por un trastorno que tuve hace años. Es parte de mi recuperación.

El decano parpadea mientras piensa sobre lo que he dicho, y se inclina hacia adelante para que pueda oírle sólo yo.

—Si tienes miedo de lo que fuiste testigo, podemos asegurar tu seguridad. No podemos tolerar este tipo de problemas en nuestro campus. Sólo necesitamos una prueba de quién es el responsable. Cualquier persona en esta escuela, ¿por ejemplo?

Mirándolo con los ojos muy abiertos, le digo.

—Lo siento, señor, no vi nada ni a nadie. No puedo ayudarlo.

No sabía porque en ese momento no confesé lo que vi, Shisui Ōtsutsuki estando ligado a todo, su muy clara amenaza contra mi seguridad. Pero yo sólo quería ir a casa. Sólo quería poner esta noche detrás de mí. Mis sesiones de asesoramiento siempre me hacían sentir como si hubiera sido arrastrada a través de la suciedad y estaba cansada.

—Muy bien, señorita Sabaku No. Si se acuerda de cualquier cosa en absoluto, sólo hágamelo saber —dice el decano desanimado.

Asintiendo, me levanto, y el oficial me lleva de la sala y fuera del edificio hacia el veraniego aire húmedo de la noche.

—Vamos, señorita, la llevaré a casa. —Ofrece el oficial.

—Prefiero caminar si no le importa —le contesto, y el oficial se encoge de hombros, sube en su auto y se marcha.

Envolviendo mis brazos alrededor de mi pecho, rápidamente me dirijo hacia la casa de la hermandad de chicas. Estaba a mitad de camino por el sendero poco iluminado cuando alguien sale de la sombra de los árboles en frente de mí.

Amortiguando sorprendida un grito de mi boca, me detengo en seco. La persona da un paso adelante y su rostro queda a la vista... Shisui Ōtsutsuki.

Él me miraba fijamente, todo tatuajes y piercings, con ira en su mirada, y yo retrocedo con pánico.

—¿Tienes deseos de morir o algo así? —pregunta con frialdad—. No estaba bromeando cuando dije que la gente vendría tras de ti si los delatabas. ¿Y descubro que fuiste al decano? ¿Está jodidamente bromeando conmigo en este momento?

—¡No! Yo... entendí la ad... advertencia muy bien. N...no le dije nada. ¡Lo juro! —Salgo corriendo, mi voz temblando de miedo. La expresión de Shisui permanece dura e insensible.

Girando para hacer frente a una ruta alternativa a casa, mis pies comienzan a golpear el asfalto. Rezando para que Ōtsutsuki no me siguiera, corro todo el camino a la casa de la hermandad de chicas, corriendo directamente a mi habitación y estrellando la puerta al cerrarla.